# Citación, atribución y verbos epistémicos

«El estudio demuestra que la intervención mejora la comprensión» y «el estudio encontró más respuestas correctas en una tarea de comprensión» pueden referirse al mismo artículo y, sin embargo, atribuirle aportaciones distintas. La primera frase adjudica una conclusión general con un verbo de gran fuerza, en tanto que la segunda describe un resultado más delimitado. La referencia bibliográfica podría ser idéntica en ambos casos y la fidelidad de la atribución, muy diferente.

Citar consiste en incorporar una fuente dentro de un nuevo acto de comunicación, en el que el escritor selecciona un contenido, lo reformula y le asigna una función en su argumento. Esa operación exige decisiones lingüísticas sobre quién sostiene una afirmación, con qué grado de compromiso y sobre qué base. El formato de la referencia permite localizar el documento; la corrección de esas decisiones se resuelve en la redacción. Los fragmentos que siguen son ejemplos construidos para mostrar cómo la gramática de la atribución modifica la relación entre fuente, autor y lector.

## La cita como relación entre discursos

Un manuscrito académico suele reunir voces que no comparten todos sus supuestos, porque puede presentar un resultado, contrastarlo con una teoría y usar una tercera fuente para definir una categoría. El lector necesita reconocer qué aporta cada voz y qué posición adopta quien escribe. Organizar esas voces es una parte central del trabajo argumentativo.

Hyland (1999) analizó las citas de 80 artículos de investigación de distintas disciplinas y mostró que las prácticas de citación participan en la construcción del conocimiento disciplinario y en la relación del autor con su comunidad. Las citas integrales eran más frecuentes en las disciplinas humanas y sociales, mientras que en las ciencias naturales y la ingeniería predominaban las no integrales. La cita cumple así funciones que exceden el reconocimiento formal de antecedentes, puesto que permite situar una contribución, establecer afinidades y exponer desacuerdos.

La consecuencia editorial es concreta. Antes de añadir una referencia hay que decidir para qué se necesita, ya que una fuente puede respaldar una afirmación empírica, aportar una definición o exponer una posición discutida. En este último caso la cita presenta la posición sin adherir a ella. La redacción debe hacer visible esa diferencia para que una exposición de antecedentes no se lea como adhesión general a todo lo mencionado.

## Atribución y compromiso del autor

«Según el informe, el cambio mejoró los resultados» atribuye una afirmación al informe sin comprometer con ella al autor del nuevo texto, en tanto que «El cambio mejoró los resultados» adopta directamente la proposición. La diferencia puede desaparecer cuando la referencia se coloca al final de una oración sin aclarar qué parte procede de la fuente.

Hyland (2005) organizó estos recursos en un modelo de interacción del discurso académico, elaborado a partir de 240 artículos de investigación de ocho disciplinas y de entrevistas con miembros de esas comunidades. El modelo distingue la postura (*stance*), con la que el autor se posiciona frente a lo que afirma, del involucramiento (*engagement*), con el que reconoce y orienta al lector.

La distancia del autor también puede expresarse mediante verbos o construcciones evaluativas. «Los autores interpretan la diferencia como evidencia de aprendizaje» distingue un resultado de su explicación, mientras que «Los autores observaron aprendizaje» puede fusionar ambos niveles; la elección depende de qué se midió y de cómo se vincula la observación con el constructo.

Esta precisión es especialmente necesaria cuando el manuscrito usa una fuente para construir una inferencia nueva. «El estudio registró diferencias entre condiciones. Esas diferencias son compatibles con la hipótesis que aquí se propone, aunque el diseño original no la evaluó» es una formulación posible, en la que la primera oración atribuye un resultado y la segunda presenta una interpretación propia con su límite explícito. El lector puede examinar entonces ambos movimientos sin confundir a sus responsables.

## Citas integrales y no integrales

Swales (1990) distinguió dos formas de citar. En la cita integral el nombre del autor forma parte de la oración, como en «García distingue dos usos del término». En la no integral la referencia queda fuera de la estructura principal, como en «Se han distinguido dos usos del término (García, año)». La forma decide qué ocupa el primer plano, dado que una versión pone en primer término la contribución de una persona y la otra organiza la exposición alrededor del contenido.

Ninguna forma es superior en todos los contextos. La cita integral es útil para comparar posiciones o reconstruir una controversia; la no integral facilita una síntesis en la que distintos estudios aportan evidencia sobre una misma pregunta. El problema aparece cuando el texto cambia de forma sin controlar sus efectos y presenta, por ejemplo, una posición particular como si fuera una distinción aceptada de manera general.

Una secuencia de citas integrales puede producir una exposición centrada en autores que deja la síntesis en manos del lector. Una secuencia de citas no integrales, por su parte, puede borrar desacuerdos relevantes entre las fuentes. La elección debería responder a la función del pasaje. Cuando el argumento depende de la diferencia entre marcos teóricos es mejor nombrar a sus proponentes y explicar el criterio que los separa.

## Qué hacen los verbos de atribución

Los verbos de atribución cargan valoraciones. «Describe» presenta una actividad expositiva; «propone» señala una contribución cuya aceptación puede estar abierta; «sugiere» suele expresar una relación menos concluyente; «demuestra» atribuye un respaldo fuerte. Thompson y Ye (1991) estudiaron los verbos de cita de artículos académicos como uno de los indicadores más visibles de evaluación, entendida como la manera en que el escritor transmite su juicio sobre el estatus de la información que presenta. Distinguieron, entre otras cosas, si el escritor da lo citado por verdadero, por falso o se abstiene de comprometerse con su verdad. Estas tendencias dependen del contexto, del género y de la lengua, de modo que ninguna escala universal permite sustituir un verbo por otro sin leer la frase completa.

El objeto del verbo también cuenta. «Demuestra que el procedimiento puede fallar» puede ser adecuado ante un contraejemplo suficiente para refutar una garantía universal; «Demuestra que el procedimiento falla habitualmente» requiere evidencia sobre frecuencia. La fuerza de la atribución reside en la combinación entre «demuestra», la proposición y el tipo de justificación.

Al revisar hay que preguntar qué hizo efectivamente la fuente, que puede haber estimado una asociación, comparado dos condiciones o desarrollado un argumento conceptual. Describir esa operación suele informar mejor que un verbo genérico de autoridad. «El análisis encontró una asociación» permite al lector reconocer el tipo de evidencia; «la investigación confirma» puede ocultarlo si no especifica qué hipótesis se examinó y bajo qué condiciones.

## Verbos factivos y presuposiciones

Algunas construcciones presentan su complemento como un hecho aceptado. «El estudio revela que...» invita al lector a incorporar la proposición como verdadera, en tanto que «El estudio sostiene que...» conserva más claramente la posibilidad de desacuerdo. Estas diferencias proceden de propiedades semánticas y pragmáticas de los verbos, aunque sus efectos concretos dependen del contexto.

La factividad puede introducir compromisos incluso bajo ciertas formas de negación. «El autor no reconoce que la clasificación es inadecuada» presenta la inadecuación como algo que debería reconocerse y añade así, a la descripción de la posición del autor, una evaluación propia. Si el argumento todavía no ha establecido esa evaluación, la construcción adelanta una conclusión mediante su forma lingüística.

«El autor considera adecuada la clasificación; aquí se cuestiona ese juicio por dos razones» sería una alternativa más transparente, porque separa las posiciones y permite examinar el desacuerdo. En una revisión académica, este control evita que el resumen de una teoría rival quede cargado de presuposiciones que facilitan su rechazo antes de presentar los argumentos pertinentes.

## El alcance de una referencia

Una referencia colocada al final de un párrafo parece respaldar todas sus afirmaciones, cuando a veces sostiene solo una de ellas. Consideremos un párrafo que describe un resultado, propone una explicación y añade una recomendación. Si termina con una única cita, el lector puede atribuir a la fuente los tres movimientos, aunque la explicación y la recomendación pertenezcan al autor actual.

La solución consiste en distribuir las atribuciones según su alcance, como en «El estudio registró una diferencia entre condiciones (referencia). Una posible explicación es que los participantes interpretaran de manera distinta la instrucción». La segunda frase debe identificarse como hipótesis propia si la fuente no la plantea y atribuirse explícitamente si la plantea.

Las citas agrupadas plantean otro problema. Una lista de seis referencias después de una afirmación puede sugerir que todas dan el mismo tipo de respaldo, cuando algunas son estudios empíricos y otras ensayos conceptuales cuyas funciones habría que distinguir. La agrupación es útil si existe una relación clara entre las fuentes y engañosa si oculta diferencias que modificarían la fuerza de la síntesis.

## Paráfrasis y conservación del contenido

Parafrasear exige reconstruir una idea con palabras propias y conservar sus condiciones relevantes. Una sustitución de términos por sinónimos puede alterar la cuantificación, la modalidad o la unidad de análisis, como ocurre al pasar de «En algunos contextos» a «habitualmente», de «se asocia con» a «produce» o de «participantes que completaron la tarea» a «la población estudiada» cuando hubo exclusiones.

La paráfrasis debe conservar también la relación entre resultado y conclusión. Si un artículo advierte que su medida capta solo una dimensión del fenómeno y el nuevo texto elimina esa advertencia para usar el término amplio, atribuye a la fuente una generalización que esta no hizo, aunque todas las palabras elegidas sean habituales en el campo.

Una revisión eficaz compara la afirmación que se desea respaldar con el pasaje pertinente y con los métodos del estudio. El resumen orienta la lectura, pero a menudo omite límites importantes; cuando solo se dispone de él, corresponde restringir la atribución a lo que puede verificarse y evitar los detalles que requieren consultar el documento completo.

## Cita textual y traducción

La cita textual permite examinar una formulación cuya elección de palabras es relevante y resulta útil, por eso, en el análisis filosófico, la historia intelectual o los estudios del discurso, siempre que vaya acompañada de explicación. Un pasaje reproducido con exactitud puede estar mal usado si se extrae de una objeción que el autor presentaba para discutirla.

La traducción añade otra capa de responsabilidad. Una traducción propia debe identificarse cuando el formato académico lo requiera y conservar las distinciones pertinentes; si una palabra admite varios sentidos, puede ser necesario incluir el término original o explicar la decisión. La fluidez en la lengua de llegada nunca justifica borrar una ambigüedad que interviene en el argumento de la fuente.

La extensión de las citas debe responder a la tarea. Unas pocas palabras pueden bastar para analizar un verbo o una oposición conceptual, mientras que las citas largas sin comentario desplazan al lector la responsabilidad de interpretar por qué están allí. La escritura académica debe mostrar qué aspecto del fragmento sostiene la observación propia y qué lectura alternativa podría resultar plausible.

## Fuentes primarias y fuentes secundarias

Una fuente primaria presenta el resultado, argumento o documento que se desea estudiar directamente; una secundaria lo interpreta o lo sintetiza. La distinción depende de la pregunta, ya que una reseña puede ser fuente secundaria para conocer una teoría y fuente primaria para investigar cómo fue recibida. Identificar «primario» con «mejor» en cualquier tarea sería un error.

Para atribuir un resultado específico es preferible consultar, cuando sea posible, el estudio que lo produjo, porque una revisión puede resumirlo correctamente y aun así omitir condiciones importantes. Para comprender el estado general de un campo, en cambio, una síntesis rigurosa resulta más informativa que un estudio aislado. La elección depende de la afirmación que se quiere sostener.

Cuando se conoce una obra únicamente a través de otra, esa mediación debe quedar visible. Presentar la referencia original como si se hubiera consultado introduce una falsa apariencia de verificación y facilita que los errores de interpretación se propaguen. Una atribución transparente reconoce que la formulación se recupera de una fuente secundaria y se limita a lo que esta permite establecer.

## Cadenas de citación y autoridad acumulada

Una afirmación repetida en muchos artículos puede parecer respaldada por evidencia independiente cuando todos remiten al mismo origen. La cadena de citas multiplica su circulación mientras su fundamento sigue siendo el de la fuente inicial. Si ese documento planteaba una conjetura o un ejemplo, la repetición puede transformar gradualmente su estatuto hasta presentarla como hallazgo consolidado.

Para examinar una afirmación central hay que seguir algunas referencias hasta el trabajo donde se obtuvo el resultado o se desarrolló el argumento. La tarea se concentra en las afirmaciones que sostienen conclusiones importantes, sobre todo cuando la formulación parece más rotunda que los datos disponibles.

Los indicadores bibliométricos resuelven poco en este punto. Un artículo puede acumular citas por su método, por una controversia o por una conclusión que luego fue cuestionada, de modo que el número de citas calla qué afirmación concreta está respaldada. La lectura debe recuperar el contexto de uso y distinguir entre el reconocimiento de una influencia, el apoyo empírico y la discusión crítica.

## Comparar estudios que no dicen exactamente lo mismo

Una síntesis suele reunir investigaciones con medidas, poblaciones o tareas diferentes, por lo que la escritura debe mostrar qué nivel de generalidad admite la comparación. «Varios estudios encuentran dificultades» puede ser una descripción razonable y resultar demasiado amplia si esas dificultades corresponden a procesos distintos, caso en que la convergencia verbal oculta una heterogeneidad conceptual.

Supongamos que un trabajo evalúa el reconocimiento de palabras y otro las inferencias narrativas. Ambos pueden usar el término comprensión para operaciones diferentes, de modo que una síntesis cuidadosa señalará que se observan diferencias en tareas de distintos niveles sin atribuirlas a un único mecanismo. Si propone un mecanismo común, debe presentarlo como interpretación y discutir alternativas.

Las discrepancias también requieren precisión. Dos resultados pueden ser compatibles en magnitud y precisión aunque uno sea estadísticamente significativo y el otro no. La atribución debería describir los efectos y las condiciones relevantes antes de usar términos como contradicción o refutación, lo que exige comprender el diseño y el análisis de cada estudio.

## Una revisión completa de un párrafo de citas

«Diversos estudios demuestran que los textos claros mejoran la toma de decisiones. Pérez confirma que las frases breves son superiores. López revela que la terminología técnica dificulta la comprensión. Por ello, debe eliminarse la complejidad de los documentos». Este borrador, con referencias ficticias, permite observar varias ampliaciones no justificadas.

Una reconstrucción tendría que recuperar qué se estudió. Tal vez el primer trabajo comparó instrucciones para una tarea específica, el segundo modificó a la vez la longitud y el vocabulario y el tercero examinó a lectores sin formación en el área. En ese escenario, la síntesis podría señalar que ciertas modificaciones facilitaron respuestas correctas bajo condiciones particulares, con diseños que mezclan la longitud con otras variables y que, por eso, impiden aislar su efecto.

La recomendación final también cambiaría. El texto podría proponer que se expliquen los términos necesarios y se revisen las estructuras que dificultan reconocer relaciones, una redacción menos contundente que distingue la complejidad conceptual inevitable de los obstáculos lingüísticos modificables. La corrección de las citas modificó, por lo tanto, la conclusión del párrafo.

## Citar una teoría para utilizarla o para discutirla

Cuando un manuscrito adopta una teoría como marco, debe indicar qué compromisos incorpora y cómo usará sus categorías. Si se analiza un texto mediante relaciones retóricas, por ejemplo, hay que precisar qué unidades se segmentan y cómo se decide la relación entre ellas. La referencia sitúa el marco y el procedimiento describe su aplicación.

Cuando la teoría se presenta para discutirla, la exigencia cambia y obliga a reconstruir su versión pertinente antes de plantear objeciones. Una formulación simplificada tomada de un manual resulta insuficiente si la crítica pretende afectar el núcleo de la propuesta. Hay que distinguir, además, entre la teoría original y los desarrollos posteriores que modificaron sus supuestos.

El verbo de atribución ayuda en esta tarea, puesto que «adopta», «extiende», «reformula» y «cuestiona» describen relaciones intelectuales distintas. Bien usados, permiten que el lector sepa qué parte del aparato conceptual procede de una tradición y qué parte corresponde a la contribución actual, sin presentar como innovación una distinción previa ni atribuir al marco original una decisión propia.

## Verificación bibliográfica y correspondencia interna

Una referencia debe permitir localizar la obra correcta, de modo que autoría, año, título y datos de publicación tienen que corresponder al documento usado. El identificador persistente facilita esa localización cuando existe, aunque la comprobación del contenido sigue siendo necesaria; un DOI válido puede conducir a un artículo que no respalda la afirmación asociada.

La correspondencia interna exige el mismo cuidado. Toda cita del cuerpo debería remitir a una entrada identificable, puesto que las variantes de año o autor pueden hacer parecer que existen obras diferentes. Cuando se usa una reedición, es preferible distinguir la fecha de publicación original de la edición consultada si la diferencia resulta relevante, para no atribuir retrospectivamente una idea a un momento histórico equivocado.

Los gestores bibliográficos ayudan con el formato y la consistencia, pero desconocen la función argumentativa de cada cita. La revisión intelectual debe comprobar si la fuente describe, propone o demuestra aquello que el texto le atribuye y si las condiciones importantes sobreviven a la reformulación.

## La evidencia negativa y el desacuerdo atribuido

Las fuentes que no encuentran el resultado esperado requieren una exposición especialmente cuidadosa. «El estudio no encontró diferencias» describe un desenlace del análisis; «El estudio demostró que no existen diferencias» añade una conclusión que solo podría sostenerse con un diseño y una interpretación adecuados para ese propósito. La atribución debe conservar la incertidumbre de la estimación y las condiciones bajo las cuales se buscó la diferencia.

También es necesario distinguir entre la ausencia de resultados compatibles y los resultados directamente contrarios. Un trabajo que no estudió una población guarda silencio sobre ella. Del mismo modo, una revisión que excluyó cierta clase de estudios informa sobre su criterio de selección sin decir nada sobre la existencia de esos estudios. Expresiones como «la literatura ignora» o «ninguna investigación considera» requieren una búsqueda y un alcance explícitos; de otro modo convierten una limitación del acceso del autor en una propiedad del campo completo.

El desacuerdo entre fuentes abre una oportunidad de análisis si se describe en qué coinciden y dónde comienza la diferencia, ya sea en la definición, la medición, la población o la interpretación. Esa reconstrucción permite formular una pregunta más precisa que la afirmación genérica de que «los resultados son contradictorios» y evita usar una fuente contraria como simple adorno de equilibrio. Si afecta una premisa central, su contenido debe modificar la evaluación del argumento.

## Construir una síntesis sin borrar las diferencias entre fuentes

Imaginemos tres fuentes hipotéticas sobre la comprensión de instrucciones. La primera compara dos versiones que difieren en el orden de presentación y en la longitud, la segunda observa que los lectores con mayor experiencia responden mejor a un mismo documento y la tercera desarrolla un argumento conceptual sobre la necesidad de hacer explícitas las condiciones de una recomendación. Las tres son pertinentes para discutir la claridad, aunque la evidencia que aporta cada una es de distinto tipo.

«Tres investigaciones demuestran que simplificar las instrucciones mejora la comprensión», podría afirmar una síntesis defectuosa. La primera fuente mezcla los efectos del orden y de la longitud, la segunda examina la experiencia del lector y la tercera carece de comparación empírica, de manera que la frase reúne aportaciones relacionadas mediante un verbo que les atribuye una operación común inexistente. El defecto persiste si se cambia «demuestran» por «sugieren» y se conserva la misma atribución indiscriminada.

Una reconstrucción puede comenzar por separar preguntas. «La interpretación de instrucciones depende tanto de su organización como de los conocimientos disponibles para el lector» sería una proposición general cuyo respaldo hay que precisar. El primer estudio aporta evidencia sobre un conjunto de modificaciones del documento y el segundo describe una asociación entre experiencia y desempeño, en tanto que la tercera fuente da una razón conceptual para examinar si las condiciones de aplicación quedan explícitas. La síntesis puede explicar cómo se combinan esos aportes sin presentarlos como réplicas de un mismo resultado.

«En una comparación hipotética entre versiones, la combinación de menor longitud y distinto orden de presentación se relacionó con más respuestas correctas. Otro estudio hipotético encontró diferencias de desempeño según experiencia previa de los lectores. Considerados conjuntamente, estos resultados motivan examinar la interacción entre diseño textual y conocimientos del destinatario; no permiten atribuir una ventaja general a la brevedad por sí sola», podría decir el párrafo resultante, cuya conclusión integra los aportes y conserva los límites de cada diseño.

La fuente conceptual podría incorporarse después con una frase como «Desde un análisis del contenido de las instrucciones, se ha propuesto distinguir la recomendación de las condiciones que autorizan aplicarla», donde el verbo «propuesto» identifica el estatuto de la contribución. Si el autor desea defender que esa distinción explica los resultados empíricos, deberá mostrar por qué y reconocer que los estudios no examinaron directamente esa explicación. La relación entre textos se convierte así en una inferencia visible y discutible.

Este procedimiento evita otra distorsión habitual, la de resumir las fuentes únicamente por sus conclusiones. Dos artículos pueden terminar con una misma frase y haber llegado a ella mediante procedimientos muy diferentes. Del método, el lector de la revisión necesita los detalles que determinan qué puede compararse y qué hipótesis permanecen abiertas.

La síntesis también debe controlar el orden de las voces. Si primero se presenta una propuesta conceptual y después un resultado compatible, el lector puede entender que el estudio puso a prueba esa propuesta; cuando no fue así, hay que indicarlo. El orden expositivo puede organizar una relación intelectual útil sin reproducir una secuencia histórica o experimental real, una diferencia que hay que respetar al reconstruir teorías y al discutir hallazgos que luego recibieron una interpretación nueva.

Un último problema aparece cuando las fuentes comparten datos. Dos artículos sobre el mismo corpus pueden aportar análisis diferentes y seguir siendo una sola observación de la frecuencia del fenómeno, relación que la revisión debería señalar cuando afecta el peso de la evidencia. Contar publicaciones como unidades empíricas independientes puede inflar una convergencia aparente incluso si cada cita individual está correctamente formulada.

El análisis puede terminar identificando qué estudio faltaría para resolver la pregunta. En el ejemplo, una comparación que manipule por separado el orden y la longitud ayudaría a distinguir sus contribuciones; una evaluación con lectores de experiencia diversa permitiría examinar si el efecto depende de conocimientos previos. Estas propuestas pertenecen al autor de la síntesis y deben redactarse como consecuencias del análisis, sin atribuirlas retrospectivamente a las fuentes originales.

Una atribución clara permite reconocer, además, desacuerdos productivos. Si una investigación encuentra ventaja en una versión breve y otra favorece una explicación extensa, la diferencia puede depender de la dificultad de la tarea o del conocimiento inicial. Presentar ambos resultados con sus condiciones permite formular hipótesis comparables, cosa que se pierde si se los reduce a una oposición entre «autores a favor» y «autores en contra».

La selección de lo que se cita también tiene consecuencias. Un párrafo que incluye únicamente resultados favorables a una interpretación conocida y omite estudios pertinentes que la restringen puede ser correcto en cada atribución y engañoso en su conjunto, porque la fidelidad de una cita y la representatividad de una selección son controles diferentes. A una revisión narrativa se le pide que explique su foco y atienda los desacuerdos que afectan su argumento central, sin que deba afirmar exhaustividad.

El autor puede reconocer esa delimitación con una formulación precisa como «Se examinan aquí los estudios que comparan versiones de instrucciones para una misma tarea; quedan fuera las investigaciones sobre adquisición general de vocabulario». La decisión aclara qué pregunta responde la selección y obliga a incluir los resultados incómodos que cumplen el criterio anunciado, puesto que la transparencia depende de que el procedimiento descrito corresponda a las decisiones realmente tomadas.

Las conclusiones de la síntesis deben poder revisarse, por último, si cambia la evidencia. Una afirmación como «los estudios examinados favorecen esta interpretación bajo estas condiciones» identifica un alcance recuperable; «La ciencia ha demostrado» suele borrar tanto la selección como las condiciones. Con la primera, el lector sabe qué parte del enunciado puede mantenerse al incorporar otro estudio, otra población o un procedimiento de medida distinto.

La atribución también debe conservar la fecha intelectual de una afirmación, ya que un texto puede describir correctamente lo que una fuente sostenía al publicarse y presentar de manera insuficiente el estado posterior de la discusión. En un caso hipotético, un artículo inicial informa una asociación que trabajos posteriores restringen a una condición particular. La formulación «el estudio encontró una asociación» sigue siendo históricamente fiel, pero usarla como respaldo único de una generalización actual requeriría examinar esas restricciones posteriores.

Esta dimensión temporal se vuelve más exigente cuando el manuscrito reúne publicaciones de varias décadas, en las que el autor debe distinguir la reconstrucción de una controversia de la defensa de una posición vigente. Una obra antigua puede seguir siendo la referencia adecuada para presentar el origen de un concepto, aunque carezca de la evidencia necesaria para evaluar todas sus aplicaciones posteriores. Actualizar una bibliografía consiste, por eso, en asignar a cada referencia una función justificable y en comprobar que el conjunto sostiene la afirmación efectivamente formulada, tarea en la que el tiempo verbal ayuda a hacer visible la función histórica de cada fuente.

## Responsabilidad por la síntesis

El autor responde por la proposición que construye con un conjunto de citas. Si las fuentes estudian aspectos separados, la relación que las integra puede ser una aportación propia que el autor ha de reconocer como suya, sin que la fórmula «la literatura demuestra» oculte una inferencia que ningún trabajo examinó directamente.

Una atribución responsable deja a la vista del lector quién sostiene la afirmación, qué evidencia se aporta y qué interpretación hace el manuscrito. Su claridad depende de la sintaxis, del alcance de las referencias y de la elección de los verbos. Una corrección pequeña puede cambiar de manera apreciable el compromiso asumido. Junto con la representación fiel de las fuentes, el escritor debe calibrar sus propias afirmaciones y decidir cuándo usar una formulación categórica, cómo expresar incertidumbre y qué condiciones deben acompañar una conclusión para que su fuerza sea proporcional al respaldo disponible.

## Referencias y lecturas

- Hyland, K. (1999). Academic attribution: Citation and the construction of disciplinary knowledge. *Applied Linguistics, 20*(3), 341–367. https://doi.org/10.1093/applin/20.3.341
- Hyland, K. (2005). Stance and engagement: A model of interaction in academic discourse. *Discourse Studies, 7*(2), 173–192. https://doi.org/10.1177/1461445605050365
- Swales, J. M. (1990). *Genre Analysis: English in Academic and Research Settings*. Cambridge University Press.
- Thompson, G., & Ye, Y. (1991). Evaluation in the reporting verbs used in academic papers. *Applied Linguistics, 12*(4), 365–382. https://doi.org/10.1093/applin/12.4.365

