# Cohesión referencial avanzada

En una evolución clínica se lee «La paciente ingresó acompañada por su hermana. Ella explicó que desde el viernes duerme poco y que su pareja se encuentra preocupada». El pasaje parece corriente hasta que alguien necesita establecer quién explicó los hechos. *Ella* puede remitir a la paciente o a la hermana. La concordancia gramatical admite ambas lecturas. Tampoco sabemos, sin información adicional, quién duerme poco, porque la persona que habló podría estar describiéndose a sí misma o relatando la situación de otra. Un lector habituado a la escritura clínica quizá adopte una interpretación sin advertir que la nota admite otra. Si el documento se copia a un informe posterior, la conjetura puede convertirse en un antecedente que parece establecido.

El problema excede la medicina. Una noticia puede alternar el nombre de una institución, su sigla y el pronombre *esta*. Una novela introduce a un personaje sin nombrarlo durante varias páginas. Un documento legal habla de «la parte demandante» para no repetir el nombre propio. Una conversación puede mantener durante minutos un referente que nadie ha mencionado explícitamente. Las formas lingüísticas permiten introducir entidades, recuperarlas, desplazarlas del foco de atención y, en ocasiones, mantener deliberadamente incierta su identidad. Esa continuidad forma parte de la cohesión textual, aunque su funcionamiento desborda la simple repetición de palabras.

La cohesión referencial comprende los recursos con que un discurso permite establecer relaciones entre las expresiones y aquello de lo que se habla. Su estudio exige distinguir referencia, correferencia, anáfora, accesibilidad cognitiva y organización de la atención. Estas nociones se relacionan sin que ninguna sustituya a las demás. Halliday y Hasan (1976) mostraron que las dependencias de interpretación contribuyen a constituir el texto como unidad. La lingüística posterior añadió modelos pragmáticos, cognitivos y formales para explicar cómo se resuelven esas dependencias. El texto examina las dificultades que aparecen cuando una secuencia deja de ser un ejemplo escolar y empieza a comportarse como una conversación, un artículo o una entrevista real.

## La referencia como actividad discursiva

Referir consiste, en términos generales, en usar una expresión para orientar la identificación de una entidad, una situación, una propiedad o incluso un tramo de discurso. La entidad puede existir en el mundo, formar parte de una ficción o haberse propuesto solo como hipótesis. En «Marta compró una bicicleta. La dejó en el patio», la expresión *la* suele interpretarse mediante la bicicleta introducida en la primera oración. El lector conserva un modelo de la situación, en el sentido de van Dijk y Kintsch (1983), lo bastante estable para vincular ambas menciones y entender una secuencia de acontecimientos.

Esa continuidad no supone una relación fija entre palabras y objetos. El referente de *ella* cambia de una conversación a otra. Un sintagma como *la directora* puede designar a personas diferentes en distintos momentos. Incluso un nombre propio conserva su forma mientras cambia la persona a la que alude según la comunidad o el contexto. La descripción definida *el presidente* puede identificar un cargo, a una persona concreta o a un personaje ficticio. Analizar la referencia exige determinar qué información aporta la expresión y qué información añade la situación comunicativa.

La operación también puede fracasar. «Dejé el informe sobre su mesa» puede ser incomprensible para quien no sabe a quién corresponde *su*. A veces la dificultad se resuelve con una pregunta. Otras veces el interlocutor elige un antecedente probable y continúa sin aclararlo, de modo que la conversación avanza pese a mantener desacuerdos referenciales ocultos. La comunicación ordinaria tolera esa incertidumbre porque no todos los referentes son decisivos. Un procedimiento legal, una evaluación clínica o una instrucción técnica tienen motivos más fuertes para reducirla.

Hay otra complicación. Los hablantes, además de recuperar entidades ya nombradas, crean objetos discursivos. Al decir «Imaginemos una ciudad donde nadie conoce los nombres de las calles», el hablante introduce una ciudad para el razonamiento. Las oraciones siguientes pueden aludir a *sus habitantes* y a *sus avenidas* aunque no exista ciudad alguna fuera del discurso. La cohesión organiza entidades construidas durante la actividad comunicativa. Una teoría centrada solo en objetos físicos dejaría sin explicar la narrativa, la hipótesis científica y buena parte del lenguaje cotidiano.

## Qué significa que dos expresiones sean correferenciales

Dos expresiones son correferenciales cuando remiten a la misma entidad en la interpretación pertinente. En «Lucía entregó la solicitud. La investigadora recibió confirmación al día siguiente», *Lucía* y *la investigadora* podrían ser correferenciales, aunque el texto no lo asegura. La segunda expresión podría introducir a otra persona. En cambio, «Lucía entregó la solicitud. Ella recibió confirmación» favorece una lectura compartida, siempre que el contexto no proponga otra candidata.

La correferencia es independiente de la identidad léxica. Repetir una palabra no obliga a conservar el referente, como en «Un perro cruzó la calle; otro perro ladraba desde una casa», que alude a dos individuos. Tampoco hace falta repetirla para mantener la identidad. «El ciclista frenó. El hombre miró hacia atrás» puede describir a una sola persona. La unidad pertinente es la entidad reconocida dentro de un modelo de discurso.

Algunas relaciones cercanas no son de correferencia. «Entramos a una biblioteca. La bibliotecaria nos indicó dónde sentarnos» vincula la institución con una persona que trabaja en ella, sin identidad entre ambas. «El hospital emitió un comunicado. Su dirección informó después...» conecta una organización con una de sus partes. Tampoco son correferenciales *la operación* y *el cirujano*, aunque pertenezcan al mismo episodio. Estas relaciones asociativas construyen continuidad sin designar una sola entidad.

Hay que distinguir, además, correferencia y anáfora. La anáfora supone una dependencia interpretativa respecto de algún contenido disponible en el discurso o en el contexto. La correferencia es una relación de identidad referencial. Pueden coincidir, como en el ejemplo de *la bicicleta* y *la*. Una anáfora puede, sin embargo, recuperar una proposición entera. En «El comité rechazó la propuesta. Eso sorprendió a todos», *eso* apunta al acontecimiento del rechazo, que es una entidad distinta del comité y de la propuesta. Hay también anáforas ligadas por cuantificadores que se explican mal como dos nombres de un mismo objeto, como en «Cada estudiante revisó su examen», donde la relación entre *cada estudiante* y *su* depende de una estructura distributiva.

Estas distinciones pesan al diseñar la anotación de un corpus. Si todas las conexiones entre menciones se etiquetan como identidad, el conjunto de datos mezcla la recuperación de objetos, la asociación entre entidades y la referencia a acontecimientos. Los sistemas entrenados con esas etiquetas reproducirán la clasificación defectuosa, aunque alcancen un acuerdo superficial elevado entre anotadores.

## Anáfora, catáfora y referencia exofórica

La anáfora retrospectiva aparece cuando una expresión recupera información presentada antes, como en «Compraron una casa. Allí vivirán sus hijos». La segunda oración se interpreta en parte a partir de la primera. Es la dirección más frecuente, aunque no la única. En «Cuando por fin llegó, Teresa encontró la puerta abierta», el sujeto implícito de *llegó* se interpreta prospectivamente a partir de *Teresa*. Se habla entonces de una relación catafórica, sujeta a restricciones gramaticales y contextuales que impiden tratar cualquier mención futura como antecedente disponible.

La referencia exofórica apunta fuera del material lingüístico inmediato. Si una persona señala un vaso y pregunta «¿Me pasas ese?», el gesto y la situación permiten identificar el referente sin ningún sintagma anterior. En una videollamada, «este documento» puede remitir al archivo compartido en pantalla aunque nadie lo haya nombrado. La cohesión del episodio comunicativo depende de recursos multimodales que una transcripción textual puede perder.

La distinción entre lo endofórico y lo exofórico es útil, aunque sus fronteras no siempre son nítidas. Un informe que dice «Se adjunta la imagen correspondiente» establece una relación con un archivo situado fuera del cuerpo principal. Cabe preguntarse si ese archivo es contexto material o parte de un documento multimodal. La respuesta depende de cómo se delimite el objeto de análisis. Clasificar estos casos exige establecer de antemano qué soportes e interacciones incluye el corpus.

Las referencias catafóricas cumplen también funciones de organización. «Hay una cuestión que debemos resolver, la de quién asumirá la responsabilidad» anuncia un contenido antes de formularlo. En la narrativa, «Cuando la vio, comprendió que había cometido un error. Elena permanecía inmóvil...» administra la información para generar expectativas. La demora puede servir a una finalidad literaria y no tiene por qué ser un fallo de claridad. El mismo procedimiento sería menos conveniente en un protocolo donde el lector necesita identificar de inmediato a quién corresponde una instrucción.

## Las formas que compiten por un referente

Una entidad puede recuperarse mediante un nombre propio, una descripción definida, un sintagma demostrativo, un pronombre personal, un posesivo, una elipsis o la ausencia de sujeto explícito. En «María llegó al servicio. La residente examinó al paciente. Después llamó a su madre», el sujeto omitido de *llamó* probablemente se asocia con *la residente*, aunque el contexto podría alterar esa preferencia. La posibilidad de omitir el sujeto en muchas construcciones del español multiplica los casos en que la continuidad depende de la flexión verbal, de la estructura informativa y del conocimiento de la situación.

Cada forma lleva instrucciones parcialmente distintas. «La doctora» da una descripción de rol. «Esta doctora» puede señalar un contraste o una proximidad discursiva. «Ella» presupone que la entidad es recuperable sin repetir una descripción. Un nombre propio suele permitir reintroducir a un participante tras un intervalo o distinguirlo de varios competidores. Son tendencias de uso que interactúan con el género, la prosodia y las convenciones particulares, lejos de un código único que funcione igual en todas las lenguas.

Al alternar formas, quien escribe puede producir efectos de perspectiva. «La directora rechazó el informe. La autoridad académica consideró insuficientes las pruebas» presenta a una misma persona, si esa es la lectura pretendida, mediante dos caracterizaciones institucionales. La segunda destaca una fuente de legitimidad, de modo que tampoco es un simple sinónimo estilístico. En «La acusada respondió. La mujer negó los hechos», el cambio puede reducir el peso del rol procesal o introducir una mirada distinta. Reconocer la identidad referencial deja intactos los efectos semánticos y retóricos de la denominación elegida.

Las descripciones también pueden discutirse. Una organización se presenta como *el movimiento ciudadano* y sus críticos la llaman *el grupo de presión*. Si ambas expresiones remiten a la misma colectividad, su diferencia revela cómo se la clasifica y se la evalúa. En el estudio del discurso, la continuidad referencial y la disputa denominativa deben observarse juntas. Una cadena de correferencia puede ser estable en la identidad y conflictiva en la caracterización.

## Accesibilidad cognitiva y elección de expresiones

¿Por qué un hablante dice *ella* en una oración y repite *la profesora* en otra? Ariel (1990) propuso que las expresiones referenciales codifican grados de accesibilidad del antecedente. La accesibilidad depende de factores como la distancia respecto de la mención previa, la prominencia del referente, la competencia con otros antecedentes posibles y la unidad del segmento discursivo. Una expresión reducida suele ser adecuada cuando el referente está activado y puede recuperarse con poco esfuerzo. Una descripción más informativa ayuda cuando el lector necesita localizarlo entre varias alternativas.

Consideremos un relato breve. «Ana abrió la carta. La leyó de pie. Entonces sonó el teléfono». En la segunda oración, *la* tiene un antecedente próximo y gramaticalmente compatible. Si el relato dedica tres párrafos al visitante que acaba de llegar y después vuelve a la carta, quizá haga falta recuperarla con una descripción explícita. La cantidad de palabras que requiere cada mención depende menos del tiempo transcurrido que de cuánto ha cambiado el centro de atención.

Gundel, Hedberg y Zacharski (1993) desarrollaron la llamada *jerarquía de lo dado*, que relaciona las formas referenciales con estados cognitivos del destinatario. Entre esos estados distinguen, por ejemplo, lo identificable de manera única, lo familiar, lo activado y lo que se encuentra en el foco de atención. Las expresiones, según esta propuesta, contienen información sobre cómo el hablante representa el acceso del destinatario al referente. La elección de un demostrativo o de un pronombre participa en la coordinación de estados cognitivos y expectativas mutuas.

Los autores apoyaron la propuesta con datos de cinco lenguas, entre ellas el español. Las lenguas difieren, aun así, en sus formas pronominales, sus artículos, sus marcas de género, su concordancia, sus sistemas demostrativos y sus posibilidades de elipsis, de modo que la jerarquía describe tendencias que cada lengua realiza a su manera. Las condiciones de uso varían también según el registro. Una nota clínica puede repetir el sustantivo *paciente* con una frecuencia que resultaría poco natural en una novela. Su finalidad documental favorece la estabilidad denominativa, aunque el exceso de repetición perjudique la fluidez.

La accesibilidad es una hipótesis explicativa que el texto deja ver solo indirectamente. Puede investigarse mediante tareas experimentales, patrones de producción, tiempos de lectura y análisis de corpus. Decir que un personaje «era accesible» porque el autor eligió un pronombre corre el riesgo de circularidad. Hay que mostrar qué factores independientes permiten anticipar la elección o facilitan la recuperación.

## Foco de atención y transiciones entre oraciones

La teoría del *centering*, o centrado discursivo, desarrollada por Grosz, Joshi y Weinstein (1995), es otra aproximación a la continuidad local. Parte de que las intervenciones de un discurso mantienen entidades más o menos prominentes y de que la interpretación de las menciones se relaciona con la estabilidad o el cambio de ese centro. El análisis distingue, en líneas generales, los referentes propuestos como candidatos para sostener la atención y el referente que conecta una intervención con la anterior. Los modelos específicos establecen preferencias de transición y de realización lingüística.

Comparemos dos versiones de una pequeña historia. En la primera, «Inés llamó a Clara. Ella le explicó el problema. Después volvió a llamarla», la economía expresiva obliga a reconstruir varias relaciones pronominales y puede dejar dudas sobre quién habla y quién recibe la explicación. En la segunda, «Inés llamó a Clara. Clara le explicó el problema a Inés. Después Inés volvió a llamar a Clara», se sacrifica fluidez a cambio de identificaciones explícitas. Una versión intermedia puede ser más adecuada según qué personaje se quiera mantener en primer plano, por ejemplo «Inés llamó a Clara. Clara le explicó el problema. Inés volvió a llamarla por la tarde».

El *centering* muestra que la coherencia local excede el hecho de que cada oración comparta alguna palabra con la anterior. Cuentan la entidad que sigue siendo central, la manera de resolver la referencia y el costo interpretativo de los cambios. Dos textos pueden introducir los mismos hechos con las mismas expresiones y diferir en la facilidad con que se reconoce quién actúa en cada momento. La organización referencial contribuye a esa diferencia.

El modelo tampoco pretende explicar toda la coherencia textual. Una argumentación puede cambiar de referente en cada frase y conservar una línea lógica impecable. Una narración puede sostener durante varias páginas al mismo protagonista y carecer de una progresión inteligible. La continuidad de las entidades es una dimensión del discurso, cuyo análisis completo requiere examinar también las relaciones causales, las metas comunicativas y la estructura argumentativa. Hobbs (1979) mostró, de hecho, que la resolución de la correferencia depende a menudo de la relación de coherencia que el lector supone entre las oraciones.

## Anáfora asociativa y antecedentes no nombrados

«El tren se detuvo. Los pasajeros miraron hacia la puerta». La primera oración no menciona a los pasajeros, pero activa un marco en el que su presencia es normal. «Entramos al restaurante. El camarero nos ofreció una mesa» funciona de modo semejante. La tradición lingüística habla de *anáfora asociativa*, o de *bridging* en la terminología de Clark (1975), para estas conexiones que exigen relacionar el nuevo referente con información previa y con conocimientos sobre situaciones habituales.

La inferencia puede fallar. Si un relato habla de un edificio abandonado y después menciona «la enfermera», el lector necesita saber por qué esa persona aparece allí. Activar cualquier asociación posible es insuficiente, porque la conexión debe ser razonable para el episodio y para la finalidad del texto. Un mismo sustantivo puede abrir asociaciones distintas. «La sala estaba vacía. La iluminación era deficiente» recupera una propiedad del espacio; «La sala estaba vacía. La audiencia permaneció afuera» remite a sus usuarios potenciales. En ninguno de los dos casos hay identidad referencial entre las expresiones.

Estas anáforas muestran que la interpretación incorpora conocimiento del mundo. Encontrar un antecedente gramatical compatible es solo una parte del trabajo. El lector debe reconocer relaciones de parte y todo, de institución y función, de acontecimiento y participantes, de objeto y propiedades. Debe evaluar también cuánto puede inferir sin inventar hechos. De «Llegó al hospital» no se sigue que la haya atendido un médico, aunque la atención sea una continuación probable. El salto sería especialmente delicado si alguien transformara una narración fragmentaria en un resumen documental.

En los textos técnicos, las conexiones asociativas reducen el número de definiciones repetidas. Un artículo presenta «el estudio» y luego menciona «la muestra», «el seguimiento» o «los resultados», relaciones que se comprenden gracias al esquema de investigación que comparte la audiencia. Cuando el lector no domina ese esquema, la cohesión aparente se vuelve opaca. Una explicación pedagógica necesita introducir los vínculos que un especialista daría por establecidos.

## Plurales, conjuntos cambiantes y referentes divididos

La referencia plural plantea problemas que una cadena entre dos nombres singulares no deja ver. «María habló con Daniel. Se reunieron al día siguiente» construye un conjunto formado por ambos participantes, aunque el plural carezca de un antecedente expresado en un único sintagma nominal. En «Entraron tres estudiantes. Dos entregaron los documentos», el segundo sintagma alude a un subconjunto. Si el texto continúa con «Los otros volvieron por la tarde», la recuperación dependerá de cómo se haya repartido el grupo y de qué se considere pendiente.

Los conjuntos pueden variar con el tiempo. «El equipo recibió a dos nuevos integrantes. Ellos revisaron los resultados» favorece la lectura de que *ellos* designa a los recién llegados, aunque en otro entorno podría aludir al equipo completo. La gramática aporta información de número y persona; la estructura del discurso permite calcular grupos, subgrupos y cambios de pertenencia. Cuando las categorías son institucionales, la dificultad aumenta, porque *el equipo*, *los responsables* y *la dirección* pueden superponerse en parte sin ser equivalentes.

Hay también expresiones cuantificadas que requieren una lectura distributiva. «Cada profesor revisó su programa» no presenta un programa único compartido por todos. La lectura normal vincula a cada individuo con su programa. En «Ningún paciente olvidó su cita», el posesivo expresa una relación distributiva determinada por el cuantificador. La semántica dinámica, en particular la teoría de representación del discurso de Kamp y Reyle (1993), estudia este tipo de dependencias y muestra que la referencia discursiva incluye operaciones lógicas además de la identificación de personas.

Una documentación precisa debe distinguir individuos, colectivos y relaciones distributivas. «Los residentes informaron que sus supervisores habían aprobado las rotaciones» admite varias correspondencias entre residentes y supervisores. El plural gramatical deja abierto si hubo un supervisor común, varios supervisores asignados a distintas personas o una aprobación institucional colectiva. Si la conclusión administrativa depende de esa diferencia, hace falta una formulación más explícita.

## Referencia a proposiciones y fragmentos completos

Los pronombres neutros y algunas descripciones abstractas permiten recuperar hechos, juicios y segmentos de discurso. «El ensayo fue suspendido por problemas de seguridad. Esto generó una discusión entre los investigadores» remite probablemente a la suspensión, aunque *esto* podría abarcar la situación completa. «El laboratorio presentó resultados contradictorios. Ese problema retrasó la publicación» convierte la situación descrita antes en una entidad discursiva tratada como problema. La continuidad opera aquí sobre un contenido proposicional.

Algunas expresiones introducen además una evaluación. «La comisión modificó las reglas. Esa maniobra provocó críticas» recupera el hecho de modificar las reglas y lo recategoriza como maniobra. El sustantivo presupone una interpretación de la acción. Llamarla *decisión*, *corrección*, *intervención* o *maniobra* cambia lo que se da por sabido y orienta el juicio del lector. Un análisis que solo preguntara si hay antecedente perdería esa transformación.

Una dificultad aparece cuando lo recuperado es más amplio de lo que parece. «Se entrevistó a los participantes, se revisaron sus registros y se excluyeron documentos incompletos. Esto permitió construir la muestra final». El demostrativo puede resumir el procedimiento completo. Cada paso cumple, sin embargo, una función distinta. La entrevista, la revisión y la exclusión sostienen conclusiones de alcance diferente. Cuando está en juego la reproducibilidad del método, una expresión general como *esto* puede ocultar el mecanismo con que se obtuvo un resultado.

## Voces ajenas, citas y desplazamientos de perspectiva

Cuando un hablante reproduce las palabras de otro, las expresiones de primera y segunda persona cambian de anclaje. En la cita «Yo no firmé el documento», atribuida a Ana, *yo* pertenece a la perspectiva de Ana. Si el narrador continúa con «Ella agregó que el informe era incorrecto», la anáfora remite a Ana desde una perspectiva externa. Un análisis cuidadoso necesita reconocer los límites de la cita y la voz responsable de cada enunciado.

En conversaciones complejas, los pronombres pueden señalar perspectivas superpuestas. «Mi madre dice que ellos nunca la escucharon» obliga a reconstruir quiénes son *ellos*, a quién remite *la* y qué parte del contenido atribuye el hablante a su madre. La misma oración podría describir una experiencia propia, reproducir una queja ajena o ironizar sobre una acusación. Resolver las identidades deja pendiente la posición del hablante respecto de lo narrado.

El problema es frecuente en los informes clínicos. «El paciente señala que su pareja considera que él está mejor, aunque ella cree que todavía presenta dificultades» resulta ambiguo si no se controla la cadena referencial. El estilo indirecto puede convertir una atribución, lo que alguien dijo que otra persona opinaba, en una afirmación del redactor. Repetir alguna vez *la pareja* o *el paciente* evita errores más costosos que una pequeña redundancia estilística.

En los textos literarios, el estilo indirecto libre añade otro nivel. Una narración en tercera persona puede adoptar la valoración o el vocabulario de un personaje sin usar comillas, de modo que el referente gramatical se mantiene estable mientras se desplaza el centro de experiencia. Si el lector no distingue la voz narrativa de la conciencia representada, confundirá la descripción del mundo con la interpretación de un personaje. La cohesión referencial participa de ese desplazamiento sin explicarlo por completo.

## Ambigüedad referencial y reparación conversacional

La ambigüedad puede resolverse mediante la sintaxis, el contexto o una intervención explícita. «Hablé con Paula después de llamar a Elena. Ella estaba enferma» deja abiertas dos candidatas femeninas. El lector puede preferir a Elena por proximidad, aunque la estructura del relato podría favorecer a Paula. Los hablantes resuelven a menudo estas dificultades con preguntas como «¿Elena o Paula?» y con respuestas que corrigen la interpretación compartida.

La reparación no supone necesariamente que el primer enunciado fuera defectuoso. Quien habla puede suponer que su interlocutor conoce una conversación previa, el destinatario puede haber olvidado un nombre o una información nueva puede volver ambigua una referencia antes suficiente. El análisis de la conversación observa cuándo se pide la aclaración, qué alternativa propone quien pregunta y cómo responde quien tiene la información. La resolución es colaborativa, aunque con derechos desiguales de acceso a los hechos.

En la escritura, el lector no siempre puede pedir aclaraciones. Por eso hay que localizar, antes de publicar o firmar un documento, las expresiones con varios antecedentes plausibles. Una revisión útil pregunta si la concordancia, la posición y el contexto llevan razonablemente a la misma persona. Cuando esos indicios divergen, lo adecuado suele ser reintroducir el nombre o una descripción inequívoca. Sustituir todos los pronombres sería otro error, porque un texto sin economía referencial resulta pesado y oculta qué entidades siguen realmente activas.

La ausencia de reparación observable tampoco prueba que hubiera comprensión compartida. En una reunión, una persona puede asentir entendiendo *ellos* como el equipo técnico, en tanto que otro participante lo entiende como la gerencia. El desacuerdo aparecerá después, cuando ambos actúen según instrucciones diferentes. El análisis retrospectivo debe evitar dar por correcta una interpretación solo porque nadie cuestionó el pronombre en el momento.

## Un análisis completo de una secuencia clínica

Examinemos un fragmento ficticio redactado para ilustrar el método.

> «Claudia consultó acompañada por su hermana Paula. La paciente comentó que su jefatura había recibido el informe, pero que todavía no había respondido. Su hermana agregó que ella había hablado con la empresa el lunes. Eso le preocupaba, porque temía que la despidieran».

La primera oración introduce dos referentes individuales y una relación de parentesco. *La paciente* recupera sin ambigüedad a Claudia gracias a su función en la consulta. *Su jefatura* abre un referente institucional asociado con su empleo. El sujeto implícito de *había respondido* favorece a la jefatura, aunque habría que verificarlo si la historia incluyera otros agentes posibles. *Su hermana* permite reidentificar a Paula por la relación establecida al comienzo.

La secuencia se vuelve menos clara con *ella había hablado*. El pronombre puede designar a Paula, la hermana que acaba de intervenir, o a Claudia, de quien Paula está hablando. La oración siguiente incorpora *eso*, que podría remitir a la conversación con la empresa, a la falta de respuesta o a todo un episodio de incertidumbre laboral. El clítico *le* señala a alguien preocupado, pero la gramática no determina quién es. Por último, *la despidieran* sugiere a Claudia como posible destinataria del despido, aunque haría falta contexto para descartar que la preocupación se refiera a Paula.

La corrección debe atenerse a lo efectivamente conocido. Supongamos que la grabación permite establecer que Paula habló con la empresa y que Claudia teme perder su trabajo. Una versión posible sería «Claudia indicó que su jefatura había recibido el informe y aún no respondía. Paula añadió que ella misma se comunicó con la empresa el lunes. Claudia manifestó preocupación por un posible despido». La reformulación elimina dos ambigüedades importantes. Si la grabación no permite identificar a quién preocupaba la situación, sería improcedente decidirlo por plausibilidad. Corresponde mantener la atribución incierta o consultar la fuente.

El ejercicio muestra la utilidad de separar tres tareas. La primera registra las menciones y sus candidatos. La segunda reconstruye las conexiones que autorizan el contexto y el conocimiento disponible. La tercera decide qué grado de precisión necesita el documento final. Un texto literario podría conservar la ambigüedad para representar una relación confusa entre las hermanas. Un registro clínico destinado a orientar decisiones exige mayor control sobre la identidad de quien refiere, observa o experimenta cada hecho.

## Métodos de anotación y evaluación de corpus

Una investigación sobre cohesión referencial empieza por definir qué cuenta como mención. Algunas anotaciones incluyen solo sintagmas nominales; otras incorporan pronombres, sujetos tácitos, posesivos, referencias a acontecimientos y menciones genéricas. Hace falta también una política para las entidades colectivas, los nombres institucionales, las citas directas y las relaciones de parte y todo. Si la definición cambia entre documentos, las diferencias observadas pueden deberse al instrumento de anotación.

Después se forman cadenas de menciones asociadas con un referente común. El procedimiento deja en pie el desacuerdo interpretativo, porque dos anotadores pueden identificar bien las mismas expresiones y asignarlas a entidades diferentes. Esas discrepancias deben conservarse y revisarse para distinguir la ambigüedad auténtica de los errores de procedimiento. Una guía de anotación precisa incluye ejemplos problemáticos, reglas para los casos irresolubles y criterios de decisión compatibles con la finalidad del corpus.

Los sistemas computacionales de resolución de correferencia estiman qué menciones remiten a las mismas entidades. Su rendimiento depende de los datos y de la definición de correferencia adoptada. Que un modelo enlace bien nombres y pronombres en noticias dice poco sobre su desempeño en español clínico, en conversaciones con sujetos omitidos o en narraciones con varias voces. Cuando una aplicación produce resúmenes, un solo enlace equivocado puede atribuir a una persona los síntomas o las decisiones de otra.

Identificar menciones es un problema distinto de establecer qué inferencia corresponde extraer. Un programa puede reconocer que *el paciente*, *Claudia* y *ella* son correferenciales sin decidir si la afirmación «teme perder el empleo» es un hecho documentado, una hipótesis del profesional o una atribución de la hermana. La cadena referencial ayuda a preservar responsabilidades, aunque el análisis de la fuente, la modalidad, la negación y el grado de certeza sigue siendo necesario.

## Cohesión referencial y decisiones de escritura

Elegir entre un pronombre y una descripción explícita es una decisión de estilo con consecuencias cognitivas. En una narración con dos personajes, repetir el nombre adecuado puede evitar que el lector reconstruya a posteriori quién realizó una acción. En una exposición científica, introducir un término técnico de manera estable ayuda a conservar la identidad de un constructo. En una discusión jurídica, pasar de *acusado* a *imputado*, *demandado* o *declarante* puede tener implicaciones conceptuales que no deben tratarse como meros sinónimos.

La buena edición no busca un porcentaje ideal de pronombres. Compara el costo de recuperación con la información que añade cada expresión. Un pronombre mantiene la fluidez cuando el referente está activo y no tiene competidores. Una descripción breve puede sostener una distinción y una reformulación más amplia puede hacer visible una relación que el lector necesita conocer. La repetición, que a veces se juzga un defecto automático, cumple funciones legítimas cuando conserva un referente inequívoco y estabiliza la terminología.

Una revisión práctica consiste en leer el texto como si se hubiera perdido su contexto original. Puede preguntarse si otra persona sería capaz de identificar quién hizo cada afirmación, si *ese resultado* remite a un hallazgo, a una interpretación o a toda la secuencia metodológica, si un colectivo se transforma inadvertidamente en individuo o si la frase atribuye a un participante lo que otro dijo acerca de él. Estas preguntas vuelven visible el trabajo inferencial que un lector habitual realiza sin esfuerzo aparente.

La cohesión referencial sostiene una condición modesta y decisiva de la comunicación, la de saber de qué o de quién se está hablando a medida que el texto avanza. Esa condición es insuficiente para producir un argumento válido o una narración inteligible. Permite, con todo, que entidades y voces mantengan la continuidad necesaria para construir relaciones más amplias. Sobre esa base se examina en el texto siguiente la coherencia local y global, que depende de algo más que conservar bien los referentes.

## Referencias y lecturas

- Ariel, M. (1990). *Accessing Noun-Phrase Antecedents*. Routledge. https://www.routledge.com/Accessing-Noun-Phrase-Antecedents/Ariel/p/book/9781138965737
- Clark, H. H. (1975). Bridging. En R. C. Schank & B. L. Nash-Webber (eds.), *Theoretical Issues in Natural Language Processing* (pp. 169–174). Association for Computational Linguistics. https://doi.org/10.3115/980190.980237
- Grosz, B. J., Joshi, A. K., & Weinstein, S. (1995). Centering: A framework for modeling the local coherence of discourse. *Computational Linguistics, 21*(2), 203–225. https://aclanthology.org/J95-2003/
- Gundel, J. K., Hedberg, N., & Zacharski, R. (1993). Cognitive status and the form of referring expressions in discourse. *Language, 69*(2), 274–307. https://doi.org/10.2307/416535
- Halliday, M. A. K., & Hasan, R. (1976). *Cohesion in English*. Longman.
- Hobbs, J. R. (1979). Coherence and coreference. *Cognitive Science, 3*(1), 67–90. https://doi.org/10.1207/s15516709cog0301_4
- Kamp, H., & Reyle, U. (1993). *From Discourse to Logic: Introduction to Modeltheoretic Semantics of Natural Language, Formal Logic and Discourse Representation Theory*. Kluwer Academic Publishers. https://doi.org/10.1007/978-94-017-1616-1
- van Dijk, T. A., & Kintsch, W. (1983). *Strategies of Discourse Comprehension*. Academic Press.

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