# Diseño y límites de la evaluación lingüística clínica

## El dibujo de un reloj

Un hombre de sesenta y ocho años observa un dibujo de un reloj y no consigue nombrarlo. La respuesta fallida podría registrarse como un error de denominación. Sin embargo, antes de atribuirla a un problema del lenguaje hay que establecer que reconoce el objeto, que entiende la consigna, que la imagen le resulta visible y que dispone del canal motor necesario para responder. Si sabe explicar para qué sirve, puede señalarlo cuando escucha *reloj* y recupera el nombre con la primera sílaba, el fallo tiene un significado distinto de aquel que se acompaña de pérdida del concepto.

Una prueba es una observación construida, en la que el examinador elige el estímulo, decide cómo formular la instrucción, establece qué contará como respuesta correcta y después interpreta lo ocurrido. Esa interpretación tiene valor en la medida en que las demandas de la tarea se correspondan con la operación que se quería estudiar.

El problema se hizo visible en los textos anteriores. Un paciente con delirium falla una oración larga durante un período de inatención; otro presenta una afasia progresiva con anomia estable; un tercero produce pocos nombres porque desconoce los dibujos seleccionados para una prueba desarrollada en otro país. Si los tres reciben simplemente una puntuación baja de lenguaje, la evaluación ha eliminado la información más importante.

Diseñar una evaluación clínica obliga a anticipar hipótesis rivales y a construir contrastes que permitan distinguirlas. La batería es solo un medio. Lo que se busca es explicar el desempeño de una persona bajo condiciones conocidas y estimar qué consecuencias tiene para su comunicación real.

## La pregunta clínica define la prueba

Las evaluaciones lingüísticas no persiguen todas el mismo fin. En urgencias puede interesar si una persona comprende indicaciones inmediatas o si existe una afasia de aparición brusca. En una consulta neurológica el problema puede ser caracterizar una alteración progresiva, en rehabilitación interesa saber qué rutas de procesamiento están disponibles para diseñar una intervención y un estudio longitudinal busca detectar cambios pequeños y reproducibles.

La selección de instrumentos debería seguir esa diferencia de propósitos. Una prueba breve de cribado permite detectar indicios y decidir si se requiere una valoración extensa. Una batería de afasia describe dominios y severidad con mayor resolución (Spreen y Risser, 2003). Un diseño cognitivo-neuropsicológico plantea contrastes entre rutas de acceso para proponer mecanismos concretos (Whitworth et al., 2014).

Ningún instrumento mantiene idéntica validez para todas estas preguntas. Una tarea sensible al deterioro puede ser poco específica para un síndrome. Una tarea excelente para comparar grupos puede discriminar mal las variaciones de un mismo individuo a lo largo de seis meses. El clínico necesita saber qué pregunta responde la puntuación antes de interpretarla.

La queja inicial también exige traducción. *Me cuesta hablar* puede significar falta de palabras, pronunciación dificultosa, lentitud, miedo a equivocarse o dificultad para organizar una explicación. Pedir un ejemplo de la última ocasión en que ocurrió suele dar una hipótesis más útil que empezar con una etiqueta diagnóstica sugerida por el entrevistador.

## Reconstruir el repertorio previo

El lenguaje que se evalúa es el que una persona aprendió y utilizó durante años. Edad, educación, profesión, hábitos lectores y familiaridad con determinadas situaciones modifican el rendimiento. Una prueba de nombres de objetos poco frecuentes puede penalizar a alguien que jamás tuvo contacto con ellos. Una consigna metalingüística compleja puede resultar extraña a una persona con poca escolaridad sin que exista lesión cerebral.

La historia de las lenguas es especialmente importante. Conviene saber cuál se adquirió primero, cuál se utiliza actualmente en el trabajo, con quién se habla cada una y en qué idioma se desarrolló la alfabetización. La lengua dominante de hoy puede diferir de la de la infancia y las dos lenguas pueden contener vocabularios especializados distintos. Una prueba administrada únicamente en la lengua menos utilizada puede exagerar anomia o simplificación gramatical.

Tampoco basta con traducir un instrumento. Los ítems cambian de frecuencia y longitud, las construcciones sintácticas no siempre son equivalentes y una palabra culturalmente frecuente en un país puede ser desconocida en otro. Las normas obtenidas en una población monolingüe no se vuelven automáticamente válidas para bilingües por el hecho de que las instrucciones estén correctamente traducidas.

La estimación premórbida adquiere todavía más valor durante el seguimiento (Lezak et al., 2012). Una persona con alta habilidad verbal puede experimentar una disminución significativa y permanecer en el rango promedio de una prueba. Otra puede obtener puntuaciones bajas desde hace décadas sin que exista un cambio reciente. El deterioro designa una trayectoria, que la sola posición en una distribución normativa describe de manera incompleta.

## Condiciones que hacen interpretable la respuesta

Antes de examinar palabras y oraciones hay que verificar acceso sensorial, estado cognitivo y capacidad motora. La hipoacusia modifica la comprensión auditiva y puede aumentar la latencia. Un problema visual afecta la denominación de dibujos y la lectura. La apraxia o una disartria grave pueden limitar la respuesta oral incluso cuando las representaciones lingüísticas están conservadas.

El nivel de alerta merece una observación explícita. Una persona que se duerme entre preguntas no está en condiciones de producir una muestra comparable con la de alguien que sostiene atención durante la sesión. En delirium, la capacidad puede oscilar entre minutos. Registrar el momento de mayor lucidez permite interpretar el dato y, a veces, elegir otra oportunidad para examinar.

También influyen dolor, ansiedad, fatiga y medicación. Los fármacos sedantes pueden aumentar las pausas y una situación de evaluación muy exigente puede empeorar la búsqueda lexical. Si una prueba se administra inmediatamente después de una mala noche de sueño y la siguiente en condiciones favorables, una diferencia de puntuación contiene más de una posible causa.

Una preparación elemental, que incluye asegurar audífonos y lentes cuando corresponda, reducir el ruido, utilizar una lengua accesible y comprobar que el paciente entendió la tarea, mejora la validez. Esa preparación no elimina el déficit y ayuda a que el déficit observado pertenezca al proceso que se intenta medir.

## La primera muestra de habla

La conversación inicial es una observación amplia y relativamente poco estructurada. El clínico puede escuchar velocidad, longitud de frases, pausas, elección de palabras, errores fonológicos y organización del discurso. También observa cómo responde la persona a aclaraciones y si detecta sus propios errores.

Esa amplitud tiene como costo que el contenido de dos conversaciones no sea necesariamente comparable. Una pregunta sobre una experiencia familiar permite usar vocabulario sobreaprendido; otra sobre un procedimiento médico exige conceptos y sintaxis menos habituales. Si se busca comparación longitudinal, conviene repetir además tareas con contenidos y consignas relativamente estables.

La descripción de una escena ocupa un terreno intermedio. El estímulo es compartido y permite observar cómo el paciente selecciona información, nombra objetos y mantiene referentes. Nicholas y Brookshire (1993) desarrollaron un sistema para cuantificar unidades de información correctas en habla conectada. El procedimiento separa, al menos parcialmente, hablar mucho de comunicar información pertinente.

La transcripción aporta detalles que suelen desaparecer en una impresión global. Una pausa de búsqueda léxica es distinta de una distorsión articulatoria. La persona que dice *cuchi... cuchillo* puede estar mostrando una recuperación fonológica y una autocorrección. Si solo se registra *denominación correcta*, se pierde parte de lo que ocurrió.

## Del nombre de un objeto a su significado

La denominación por confrontación visual reúne reconocimiento perceptivo, acceso conceptual, selección lexical y producción fonológica. Su puntuación resume todos esos pasos y para localizar el fallo hay que explorar rutas complementarias. Ante el dibujo de un camello, un paciente no dice el nombre, pero explica que es un animal del desierto con jorobas. Al escuchar la palabra correcta la reconoce y, con una pista fonológica, logra producirla. Otro responde *caballo*, no reconoce *camello* entre alternativas y falla al comparar las propiedades de ambos animales. El primero parece conservar información conceptual suficiente y tener dificultades de recuperación de la forma; en el segundo hay evidencia de un problema semántico más amplio.

Las pruebas de asociación conceptual aportan otro contraste. El *Pyramids and Palm Trees Test* de Howard y Patterson (1992) permite examinar relaciones semánticas mediante palabras o dibujos. Una respuesta convergente en varias modalidades ayuda a distinguir pérdida de conocimiento de una dificultad específica de acceso visual o verbal.

Los distractores modifican la dificultad. Elegir entre un camello y una bicicleta requiere una discriminación distinta de elegir entre camello, llama y dromedario. Del mismo modo, una palabra frecuente puede recuperarse con facilidad y una poco familiar mostrar un fallo sin significado patológico. Los materiales necesitan adecuación cultural y una hipótesis clara sobre la discriminación que exigen.

## Fonología, repetición y habla motora

La repetición parece una prueba sencilla porque el contenido ya está dado. Repetir una palabra conocida, una pseudopalabra y una oración larga moviliza operaciones diferentes. La pseudopalabra reduce el apoyo semántico; una oración extensa exige mantener una secuencia mientras se articula; un enunciado sintácticamente complejo puede añadir demandas de análisis estructural.

Si el paciente repite *casa* y falla repetidamente al reproducir *La enfermera que llamó al médico llegó después del turno*, pueden intervenir memoria verbal, fonología, sintaxis o atención. Importa si omite elementos, sustituye sonidos o transforma la estructura gramatical. Las diferencias entre tipos de error orientan mejor que la suma de aciertos.

En habla espontánea, las parafasias fonológicas deben diferenciarse de la apraxia del habla y la disartria (Brookshire y McNeil, 2015). Una sustitución de fonemas bien articulada puede señalar un problema de selección o secuenciación fonológica. Las distorsiones motoras, la segmentación y el esfuerzo articulatorio sugieren explorar planificación y ejecución del habla. La escritura o el señalamiento pueden revelar contenido lingüístico que la producción oral no consigue expresar. La evaluación motora del habla es por eso parte necesaria del diagnóstico diferencial. Confundir habla poco inteligible con lenguaje pobre equivale a atribuir a la formulación de un mensaje un problema que puede encontrarse en su ejecución periférica.

## Sintaxis bajo condiciones controladas

Una persona puede comprender palabras aisladas y fallar cuando debe reconstruir relaciones gramaticales. Las oraciones reversibles son particularmente útiles, porque el conocimiento general no basta para decidir quién realizó la acción. En *El niño al que empuja la niña lleva sombrero*, los dos participantes podrían empujar; hay que analizar la estructura.

Sin embargo, una oración compleja suele ser también más larga. Si se compara con otra breve, la diferencia puede corresponder a memoria de trabajo. Un diseño mejor intenta mantener constantes longitud y vocabulario mientras cambia la relación sintáctica que interesa estudiar.

En producción se examinan concordancia, artículos, preposiciones, flexión verbal y orden de constituyentes. La información disponible depende de la lengua. El español tiene una morfología que una prueba originalmente construida para inglés puede omitir. Un hablante puede utilizar frases breves como estrategia compensatoria y mantener intacta la gramática; para hablar de agramatismo hacen falta errores estructurales consistentes.

La distinción entre conocimiento sintáctico y costo de procesamiento también tiene importancia en adultos mayores o con dificultades atencionales. Una oración mal comprendida bajo presentación rápida puede entenderse cuando se segmenta o repite. La manipulación experimental permite observar ese cambio y acotar la explicación.

## Lectura y escritura como rutas hacia el lenguaje

La lectura separa reconocimiento de formas escritas, acceso fonológico y construcción del significado. Leer una palabra en voz alta es una tarea diferente de comprenderla. Una persona puede decodificar correctamente un párrafo y no integrar su contenido por dificultades semánticas o discursivas.

La escritura exige recuperar formas ortográficas y ejecutar una respuesta motora. Dictar palabras, escribir pseudopalabras y redactar un mensaje espontáneo exploran capacidades parcialmente distintas. El temblor, una apraxia o limitaciones visuales pueden afectar la ejecución sin explicar toda la formulación verbal.

La historia de alfabetización cambia además qué tareas resultan pertinentes. Una persona con poca práctica de escritura formal puede cometer errores ortográficos previos a cualquier enfermedad. Un texto producido en una lengua que utiliza principalmente de forma oral tampoco debería juzgarse con las mismas expectativas que un texto en su lengua de escolarización.

La comparación entre modalidades puede localizar un problema. Si un paciente no consigue nombrar una imagen y escribe correctamente la palabra, dispone de una ruta que su habla no logró aprovechar. Si falla al comprender el concepto tanto por voz como por escritura, la interpretación semántica gana apoyo. El resultado orienta también qué apoyos pueden resultar útiles en la vida cotidiana.

## De las palabras al discurso y a la conversación

Las baterías tradicionales aíslan componentes necesarios y pueden subestimar dificultades que aparecen cuando hay que mantener una representación durante varios turnos. Narrar una experiencia exige seleccionar acontecimientos, conservar los participantes y establecer relaciones temporales o causales. Un paciente puede nombrar objetos adecuadamente y perderse al contar qué ocurrió ayer.

La coherencia debe analizarse en relación con la tarea. Una narración personal permite recurrir al conocimiento autobiográfico; volver a contar una historia o describir una escena da un material más controlado. Las dos situaciones aportan información distinta. También resulta útil observar si el paciente puede reformular cuando alguien pregunta *¿quién?* o *¿por qué?*. La reparación muestra cuánto puede ajustar su comunicación ante una dificultad.

En conversación aparecen fenómenos pragmáticos que una prueba de denominación no registra. Interpretar una petición indirecta, mantener turnos, identificar una ironía y adaptar una explicación a otra persona exige integrar lenguaje y cognición social. Una respuesta literal puede surgir de dificultades inferenciales o de haber recibido un contexto insuficiente. El examinador necesita distinguir esas posibilidades antes de asignar una etiqueta.

La prosodia agrega otra capa. Una entonación atípica puede afectar percepción de intención mientras el contenido lexical permanece intacto. Del mismo modo, una voz monótona por parkinsonismo no informa directamente sobre la experiencia emocional. La evaluación de comunicación exige considerar modalidades que exceden las palabras.

## Qué aportan las baterías estandarizadas

Instrumentos como el *Western Aphasia Battery-Revised* (Kertesz, 2007) o el *Boston Diagnostic Aphasia Examination* descrito en la obra de Goodglass, Kaplan y Barresi (2001) establecen procedimientos comunes para examinar perfiles de afasia. Su ventaja principal es que reducen parte de la variabilidad entre evaluadores y hacen comparables ciertos resultados. Los protocolos de evaluación cognitivo-neuropsicológica añaden tareas dirigidas a hipótesis específicas sobre rutas de procesamiento.

La elección entre ellos depende de la pregunta y del paciente. La guía de la American Speech-Language-Hearing Association (s. f.) distingue el cribado de una evaluación exhaustiva y considera pertinentes la historia de las lenguas, las alteraciones motoras del habla y el funcionamiento en actividades. Una batería construida para una persona adulta con afasia vascular puede no ser adecuada sin modificaciones para alguien con delirium fluctuante o para un hablante de una variedad poco representada en sus normas. La estandarización no convierte un instrumento en universal.

Las puntuaciones compuestas son útiles para describir severidad y seguimiento. A veces ocultan disociaciones, como cuando dos personas obtienen la misma puntuación total y presentan perfiles incompatibles. Una conserva comprensión de palabras y falla en repetición; otra repite adecuadamente y pierde conocimiento conceptual. La suma tiene sentido estadístico, pero puede ser insuficiente para decidir una intervención. La práctica clínica debería conservar ambas escalas, es decir, una medida comparable cuando la prueba es válida para esa población y un análisis del tipo de error que permita explicar cómo se produjo el resultado.

## Validez, fiabilidad y alcance del resultado

La validez pertenece a la interpretación que se hace de una puntuación para un uso determinado. Una prueba puede ser válida para detectar dificultades de denominación y tener escaso fundamento para inferir una etiología neuropatológica. Los *Standards for Educational and Psychological Testing* (American Educational Research Association et al., 2014) insisten en la necesidad de reunir evidencia que respalde las interpretaciones y decisiones asociadas a un instrumento.

La fiabilidad responde a otro problema, que es saber si dos examinadores que codifican una narrativa obtienen resultados semejantes y cuánta variación es esperable cuando se repite una prueba sin que el paciente haya cambiado. Una puntuación muy sensible al evaluador o al día tiene poca utilidad para establecer cambios clínicos pequeños.

Los efectos de techo y suelo también importan. Una tarea demasiado fácil no distingue alteraciones leves. Cuando todos los pacientes graves obtienen la puntuación mínima, deja de medir diferencias de progresión. El rango informativo debe corresponder al grupo y al objetivo.

Las pruebas repetidas pueden introducir aprendizaje del material. Recordar los dibujos o las estrategias de la sesión previa mejora el resultado sin modificar necesariamente la función subyacente. Las formas alternativas pueden reducir este problema, aunque requieren equivalencia demostrada. No basta con intercambiar palabras y suponer igual dificultad.

En el discurso espontáneo la fiabilidad es particularmente exigente. Definir qué cuenta como pérdida de referente, unidad informativa o cambio de tópico permite mejorar el acuerdo. Las categorías que parecen obvias al escucharlas pueden producir desacuerdo cuando dos personas intentan codificarlas de forma independiente.

## Sensibilidad, especificidad y decisiones individuales

Una prueba sensible detecta muchos casos verdaderos; una prueba específica clasifica correctamente a muchas personas sin el trastorno. Ninguna propiedad describe por sí sola qué significa un resultado positivo en la población donde se aplica. Ese significado depende también de la prevalencia.

Supóngase un instrumento con sensibilidad y especificidad del 90 % utilizado en cien personas, de las que diez tienen el trastorno buscado. Detectaría aproximadamente nueve casos verdaderos y clasificaría erróneamente como positivos a nueve de las noventa personas sin trastorno. Entre dieciocho resultados positivos, solo nueve corresponderían a casos verdaderos. La mitad de los positivos serían falsos aun con un rendimiento que, expresado en porcentajes aislados, parece excelente.

En una unidad especializada, donde la prevalencia es mayor, el valor predictivo cambia. Por eso una herramienta validada en una clínica de afasia puede funcionar de otro modo como cribado general. La extrapolación requiere estudiar la población de destino.

Los puntos de corte introducen además pérdidas de información. Una puntuación justo bajo el umbral y otra muy inferior reciben ambas la etiqueta «positiva», aunque su evidencia no sea equivalente. Para determinadas decisiones, el perfil, los intervalos de incertidumbre y la historia longitudinal son más informativos que una clasificación dicotómica.

## El examen como serie de contrastes

Una evaluación bien diseñada se parece a un experimento clínico de pequeña escala. Cada tarea debe discriminar entre explicaciones posibles. Si una persona no nombra *estetoscopio*, el siguiente paso no consiste necesariamente en administrar diez pruebas similares. Puede ser más útil solicitar que lo señale entre opciones, preguntar por su función o pedir que complete la palabra después de una pista fonológica.

Las pistas son manipulaciones del problema. Una pista semántica favorece información conceptual; una fonológica ayuda a recuperar la forma. Que una respuesta aparezca después de una pista no la convierte retrospectivamente en una respuesta espontánea. La cantidad y tipo de ayuda deben documentarse.

Otro contraste separa competencia y carga. Un paciente comprende una instrucción de un paso y falla la versión extensa; luego comprende esa misma información presentada en fragmentos. El resultado sugiere que mantener la secuencia contribuye al problema. Si falla incluso en palabras aisladas conocidas, hay que explorar otros niveles.

El diseño es iterativo. Una respuesta modifica las hipótesis y orienta la siguiente tarea. Administrar una batería íntegra por rutina puede resultar menos informativo que elegir un conjunto limitado de contrastes pertinentes. El rigor de un examen depende de que cada inferencia esté justificada, cosa que la acumulación de puntuaciones no asegura.

## Función comunicativa y entorno

El desempeño en pruebas debe relacionarse con actividades reales (Murray y Clark, 2015). Una persona puede recuperar con dificultad nombres infrecuentes y mantener conversaciones familiares perfectamente eficaces. Otra aprueba pruebas lexicales y fracasa al seguir una conversación grupal porque pierde referentes, oye mal en ruido o no consigue coordinar los turnos.

El marco de la Clasificación Internacional del Funcionamiento, de la Discapacidad y de la Salud (Organización Mundial de la Salud, 2001) ayuda a distinguir funciones corporales, actividades y participación. En lenguaje, la relación no es lineal. Una misma dificultad de denominación puede producir una discapacidad pequeña o importante según el trabajo, el entorno y los apoyos disponibles.

Observar el funcionamiento permite preguntar qué necesita comunicar la persona, por ejemplo si es capaz de explicar una urgencia, si comprende indicaciones médicas, si expresa preferencias o si utiliza escritura o gestos cuando falla una palabra. El repertorio disponible importa tanto como los errores.

Los familiares aportan información longitudinal que la consulta no reproduce y de la que conviene obtener ejemplos concretos. *Ya no conversa como antes* puede significar pérdida de palabras, menor audición, apatía o cambios de coherencia. La discrepancia entre la descripción familiar y el rendimiento formal merece análisis y no debe resolverse automáticamente a favor de una sola fuente.

## Grabación, telemedicina y sistemas automáticos

Una muestra grabada permite revisar errores y comparar evaluaciones. También crea obligaciones de privacidad, porque la voz es identificable y el discurso puede contener datos sensibles. Las transcripciones facilitan codificación y suelen perder aspectos como entonación, pausas y solapamientos. La decisión sobre qué registrar debe corresponder a la pregunta.

La evaluación remota modifica las condiciones. La compresión de audio puede degradar consonantes, la cámara puede dar una vista insuficiente para tareas visuales y un familiar puede intervenir sin que el examinador lo advierta. Algunos procedimientos pueden adaptarse, pero su equivalencia con la administración presencial necesita evidencia específica. Conviene documentar condiciones técnicas y tipo de asistencia recibida.

Los métodos de inteligencia artificial permiten transcribir, medir velocidad, extraer diversidad lexical o estimar coherencia. Esa automatización puede ahorrar tiempo y mejorar reproducibilidad bajo condiciones controladas. Su principal vulnerabilidad es que los errores de transcripción son sistemáticos en ciertos acentos, lenguas y trastornos motores del habla. Una consonante interpretada incorrectamente por el sistema podría convertirse en una parafasia que el paciente nunca produjo.

Los clasificadores agregan otro problema. Si los pacientes se grabaron en un hospital y los controles en un laboratorio silencioso, el modelo puede aprender el entorno. Si las etiquetas diagnósticas se establecieron mediante las mismas tareas que luego se utilizan para entrenarlo, existe riesgo de circularidad. Una validación externa debería demostrar que el sistema aporta información por encima de la evaluación convencional, para lo cual es insuficiente que reproduzca el criterio con el que fue construido.

## Del dato a la conclusión clínica

Una paciente obtiene malos resultados en denominación, mantiene comprensión de palabras, reconoce objetos y falla la repetición de frases largas. En conversación hace pausas de búsqueda, conserva la gramática y sostiene bien el tópico. La combinación permite formular una hipótesis sobre recuperación lexical y mantenimiento fonológico, sin establecer todavía una etiología.

Si la dificultad apareció bruscamente después de un accidente cerebrovascular, el diagnóstico diferencial será diferente de aquel de una progresión insidiosa durante dos años. Si la misma paciente se encontraba somnolienta y recupera su desempeño al mejorar el estado de alerta, la interpretación cambia de nuevo. Las pruebas describen operaciones que la historia temporal y el síndrome sitúan clínicamente.

La documentación debe mantener esa secuencia. Una anotación como *lenguaje severamente alterado* podría sustituirse por *denominación visual reducida, con circunloquios precisos y mejoría ante pista fonológica; comprensión de palabras aisladas conservada; repetición de frases extensas comprometida; discurso espontáneo coherente, con pausas frecuentes de acceso lexical*. La síntesis diagnóstica puede añadirse después. Este modo de escribir permite revisar el razonamiento e indica a otro profesional qué se observó y qué permanece inferido. Una medida global sin ejemplos sería más difícil de reinterpretar si cambia el diagnóstico.

## El límite entre observar lenguaje y atribuir psicopatología

El resultado de una evaluación lingüística puede mostrar que una persona produce relaciones discursivas débiles, responde de manera poco informativa o interpreta literalmente determinadas expresiones. Pasar de esos datos a un diagnóstico psiquiátrico exige integrar contenido, curso temporal, experiencia subjetiva, estado afectivo y otras funciones cognitivas.

Una respuesta breve puede surgir de retardo psicomotor, dificultad de lenguaje, reserva interpersonal o una pregunta mal formulada. Una transición extraña puede esconder una referencia cultural desconocida. El problema es especialmente delicado con categorías que parecen describir directamente la mente, como «pensamiento desorganizado» o «déficit de teoría de la mente», cuando la evidencia inicial procede de una producción verbal particular.

La evaluación lingüística aporta un lenguaje técnico para hacer visible qué se observó, sean errores fonológicos, sintaxis, referencia, coherencia, actos de habla o condiciones de producción. La psiquiatría aporta preguntas sobre experiencia, creencia y trayectoria clínica. El texto siguiente vincula ambos campos mediante un marco multinivel que permita avanzar desde la forma de una emisión hacia inferencias psicopatológicas sin confundir esos niveles.

## Referencias

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