# Divulgación científica y explicación para no especialistas

Explicar ciencia a quien no la practica obliga a decidir qué sabe ya el lector, qué necesita saber y qué puede quedar fuera sin deformar el resultado.

## Asimetría de conocimientos

La asimetría de conocimientos es la diferencia entre los recursos que tienen un experto y un lector para comprender un asunto. Incluye conceptos aprendidos y vocabulario especializado, así como supuestos tácitos, es decir, relaciones que una explicación da por conocidas sin enunciarlas. Quien quiere volver accesible un contenido necesita identificar qué debe saber el destinatario antes de seguir el razonamiento, una tarea que orienta la escritura siempre que no convierta al público en una categoría homogénea.

La práctica experta automatiza operaciones que al principiante todavía le exigen atención. Quien reconoce de inmediato una estructura tiende a omitir los pasos que permiten reconocerla, de modo que olvida las dificultades iniciales y produce explicaciones con saltos inadvertidos. Para recuperar esos pasos hay que distinguir la observación, entendida como registro de algo perceptible, de la interpretación que le atribuye significado y de la explicación que propone por qué ocurre.

En un ejemplo didáctico hipotético, una investigadora escribe que un recipiente pierde masa porque el agua se evapora, frase ante la cual un lector puede imaginar que la materia desaparece. Una versión más desarrollada comienza por la observación (la balanza registra menos masa en el recipiente abierto) y sigue con la interpretación de que parte del agua salió del recipiente. Solo después explica que algunas moléculas pasan al aire, de manera que la materia permanece aunque queda fuera del conjunto que se pesa. El orden hace explícita la frontera de la medición.

La confusión del lector se limita a ese punto. Ese mismo lector puede conocer por experiencia cómo se seca la ropa y aportar una comparación pertinente, por lo que la dificultad está en coordinar ese saber cotidiano con la medición. Como la asimetría cambia según el tema y la situación, reconocerla exige atender también a lo que el público ya sabe.

## Modelos mentales del lector

Un modelo mental es una representación organizada con la que una persona interpreta una situación y anticipa lo que puede suceder. Reúne relaciones causales, categorías y expectativas que proceden de la experiencia y rara vez está formulado de manera consciente o como teoría completa. Al leer, el destinatario conecta las palabras con esas representaciones, por lo que una misma frase puede producir inferencias diferentes en personas con antecedentes distintos.

Un término familiar activa ciertas relaciones antes de que llegue la explicación. El modelo puede revisarse cuando el texto muestra una discrepancia comprensible y propone una alternativa que da cuenta de lo observado; acumular definiciones ayuda poco mientras la relación equivocada siga en pie. Fischhoff (2013) describe la comunicación científica como una secuencia de tareas que consiste en identificar los resultados científicos pertinentes para las decisiones del destinatario, averiguar qué sabe ya, diseñar comunicaciones que llenen los vacíos críticos y evaluar después si resultaron adecuadas. Esa orientación permite tratar la comprensión como una cuestión investigable y evita atribuir a cada lector un déficit uniforme.

Supongamos que una persona entiende un filtro como una barrera que retiene todo lo indeseable. Una explicación sobre filtración introduce partículas de tamaños diferentes y señala que algunas atraviesan los poros. La observación didáctica es que el líquido filtrado todavía contiene ciertas partículas, la interpretación identifica una retención selectiva y la explicación atribuye esa selección al tamaño de los poros y a las condiciones del proceso. Tras la revisión, el modelo inicial conserva la idea útil de barrera y abandona la expectativa de eliminación total.

Reconstruir el modelo de un lector exige más de una frase suya, ya que puede repetir una expresión por comodidad o interpretar de otra manera la situación descrita. Las inferencias sobre lo que sabe deben mantenerse provisionales y contrastarse con distintas manifestaciones de comprensión, sobre todo cuando de ellas dependen decisiones con consecuencias.

## Pregunta pública y propósito

Una pregunta pública es un problema formulado desde las preocupaciones de quienes reciben la información, que no siempre coincide con la pregunta de investigación del especialista. El propósito comunicativo establece qué comprensión se busca favorecer. Informar sobre un resultado requiere situarlo; orientar una decisión exige además explicar alternativas y consecuencias. A veces, aclarar un concepto obliga a detenerse en una distinción que el investigador había resuelto mucho antes de iniciar el estudio.

El propósito elegido modifica el orden de la exposición y el detalle necesario. Cuando se trata de comprender cómo funciona una técnica, el mecanismo organiza el texto; cuando se trata de valorar una actuación, pasan al primer plano sus condiciones y los criterios para compararla con otras posibilidades. La pregunta pública tampoco puede inventarse desde el escritorio, ya que las preocupaciones del destinatario incluyen a veces costos o responsabilidades que la investigación técnica no estudió.

Pensemos en un municipio que considera instalar pavimentos permeables. El informe de investigación pregunta cuánta agua atraviesa un material bajo condiciones controladas, mientras los residentes quieren saber si disminuirán los encharcamientos de su calle. Una explicación orientada a esa decisión describe primero que el pavimento permite la infiltración y aclara luego que su efecto depende del suelo, del mantenimiento y de la intensidad de la lluvia. La infiltración medida en una prueba respalda una capacidad del material; el resultado de una intervención urbana completa requiere evidencia obtenida en calles reales.

Una explicación accesible puede modificar conocimientos y opiniones, aunque la persuasión depende también de valoraciones ajenas a la técnica. Dos personas que comprenden el mismo funcionamiento pueden juzgar de manera distinta el gasto o las molestias de la instalación, por lo que la comunicación tiene que separar las consecuencias respaldadas por evidencia de las preferencias que intervienen al decidir. Si ambas se confunden, una aclaración técnica se transforma en una recomendación cuyos fundamentos quedan ocultos.

## Selección de profundidad

La profundidad explicativa es el grado de detalle con que se describen las relaciones necesarias para comprender un asunto. Se elige según la pregunta abordada y el conocimiento previo pertinente. Un detalle merece espacio cuando cambia una inferencia importante, permite seguir el mecanismo o delimita la conclusión; la información que solo acredita erudición compite con esas relaciones por la atención del lector.

La granularidad designa el tamaño de las unidades con que se describe un proceso, que puede presentarse como un sistema completo, como un conjunto de componentes o como una serie de interacciones entre sus partes. Simplificar de manera legítima consiste en escoger una granularidad suficiente y declarar las condiciones relevantes. Hay distorsión cuando la reducción altera la dirección de una relación, suprime una excepción importante o presenta como universal un comportamiento condicionado. La extensión del pasaje dice poco sobre cuál de las dos ocurre.

Para explicar por qué un abrigo retrasa el enfriamiento, una primera aproximación indica que sus capas retienen aire y reducen la transferencia de calor entre el cuerpo y el entorno. Una exposición más detallada distingue varias vías de transferencia y considera el viento o la humedad. El nivel inicial sigue siendo legítimo mientras no afirme que el abrigo produce calor, porque esa afirmación cambiaría el mecanismo y llevaría a esperar que un abrigo calentara también un objeto inerte.

Los límites de esa selección dependen del uso. Una descripción suficiente para comprender una experiencia cotidiana puede quedarse corta para diseñar protección térmica, de modo que el texto debe indicar qué permite explicar el nivel elegido y qué condiciones deja fuera. Así, una ampliación posterior puede incorporarse sin obligar al lector a desaprender la relación central que recibió al comienzo.

## Definir términos mediante uso

Definir un término mediante el uso consiste en mostrar qué permite reconocer o hacer dentro de una situación antes de fijar su significado explícito. La definición de glosario, en cambio, presenta una formulación separada del caso. Las dos son útiles para fines distintos. El contexto da referentes y relaciones que ayudan a interpretar la definición, que después estabiliza el significado para que pueda emplearse en otros pasajes sin ambigüedad.

Presentar primero el problema reduce la carga de aprender al mismo tiempo una palabra desconocida y la relación que designa, puesto que el tecnicismo llega cuando el lector ya tiene algo a lo que vincularlo. Esta secuencia obliga a vigilar la polisemia, es decir, la coexistencia de varios significados de una palabra. El uso cotidiano puede activar una interpretación incompatible con el técnico incluso en palabras que parecen sencillas y que no presentan ninguna dificultad visible.

En un ejemplo hipotético, un sistema de clasificación denomina «reserva» a un documento que queda pendiente de revisión humana. El texto comienza describiendo un archivo borroso que el sistema no puede asignar con suficiente seguridad y explica que el archivo permanece disponible para un examen posterior. Solo entonces introduce el término y aclara que, en este sistema, «reserva» designa ese estado pendiente, un significado distinto del que tiene la palabra cuando se reserva una plaza o se mantienen existencias. Lo observado es la asignación de un estado, de manera que interpretar que el documento fue descartado sería un error.

El contexto tampoco elimina la necesidad de precisión. Si existen varios estados pendientes, la definición debe distinguirlos mediante condiciones verificables, ya que repetir ejemplos sin fijar el criterio produce familiaridad sin una comprensión que pueda transferirse. Una definición adecuada conserva el sentido empleado y delimita su alcance sin pedir al lector que abandone los demás significados de la palabra.

## Explicaciones causales y mecanísticas

Una correlación es una asociación entre las variaciones de dos características. La relación causal afirma algo más fuerte, que cambiar una condición produciría una diferencia en otra bajo circunstancias especificadas; el mecanismo describe cómo se produce esa diferencia mediante componentes y actividades conectadas. Así, la explicación causal identifica una influencia y la mecanística desarrolla el proceso que la produce. Ninguna de las dos queda establecida con una sola asociación observada.

Para narrar un mecanismo se presenta un estado inicial y se describen las transformaciones en un orden que permita seguir sus dependencias, de modo que cada etapa muestre de qué depende la siguiente. Un confusor es una condición que influye en las variables comparadas y puede generar una asociación engañosa; reconocerlo obliga a considerar explicaciones alternativas antes de atribuir un resultado a la condición más visible del relato.

En un caso enteramente hipotético, los huertos con más riego producen más frutos y reciben, además, más horas de sol. La observación registra una asociación entre riego y producción, pero interpretarla como efecto exclusivo del agua omite la posible influencia del sol. Una explicación mecanística candidata describe cómo el agua disponible favorece procesos de la planta que sostienen el crecimiento. El relato es plausible; para saber si explica la diferencia observada entre esos huertos hace falta separar el efecto del agua del efecto de la luz.

Una comparación que controle las condiciones relevantes, o una intervención bien diseñada, aportaría evidencia causal adicional cuyo alcance habría que examinar igualmente, dado que la cantidad de agua puede ayudar dentro de cierto intervalo y perjudicar fuera de él. Al comunicar el mecanismo hay que declarar qué conexiones tienen respaldo y cuáles siguen siendo hipótesis, sin presentar la fluidez de la secuencia como si fuera una prueba.

## Analogía, correspondencia y límites

Una analogía es una comparación que permite comprender un dominio mediante relaciones presentes en otro. El dominio conocido es el origen y el asunto que se explica es el destino. Gentner (1983) propuso que lo que una analogía traslada del origen al destino son las relaciones entre objetos, seleccionadas según su sistematicidad, es decir, según su pertenencia a una red de relaciones de orden superior. La semejanza superficial entre los objetos puede llamar la atención, pero rara vez permite trasladar un razonamiento útil o explicar por qué algunas comparaciones resultan productivas.

Construir una analogía exige especificar qué corresponde con qué y qué relación se conserva. De esa correspondencia surgen inferencias candidatas, es decir, expectativas que podrían aplicarse al destino y que todavía requieren comprobación. La analogía organiza una hipótesis de comprensión, mientras que la evidencia de que dos sistemas funcionan igual tiene que obtenerse por otra vía. Declarar sus límites permite usar la comparación sin extenderla a todas las propiedades de los objetos comparados.

En un ejemplo didáctico, una cola de impresión se compara con una fila ante una ventanilla. Los documentos corresponden a las solicitudes de las personas y la impresora al puesto que atiende. La relación compartida es que las solicitudes esperan cuando llegan más rápido de lo que pueden procesarse, una estructura que permite anticipar que más llegadas pueden alargar la espera. La semejanza física entre una impresora y una ventanilla es irrelevante para la comparación, como lo es la ausencia de intenciones en los documentos.

La analogía falla si se supone que siempre se respeta el orden de llegada, porque algunos sistemas asignan prioridades o procesan varios trabajos a la vez. El texto debe declarar esas diferencias cuando afectan la explicación. Como una espera observada puede deberse también a una avería, identificar su causa requiere información sobre el sistema. La correspondencia orienta el razonamiento; la evidencia del sistema determina qué inferencias pueden sostenerse.

## Ejemplos típicos y extremos

Un ejemplo prototípico reúne los rasgos centrales de una categoría y facilita reconocer su funcionamiento habitual. Un caso extremo, en cambio, presenta valores o condiciones alejados de lo ordinario y permite explorar límites. El primero da una referencia comprensible y el segundo hace visible una posibilidad que podría pasar inadvertida. Al elegir entre ellos hay que considerar qué inferencia se quiere apoyar y qué impresión quedará sobre el conjunto de casos.

Un ejemplo influye en las expectativas porque presenta una situación concreta, más fácil de recordar que una definición abstracta. Si el texto presenta solo un extremo, el lector puede tomarlo por el comportamiento general; si presenta solo el prototipo, oculta variaciones relevantes. La palabra «típico», por su parte, puede significar frecuente o representativo de ciertos rasgos, por lo que hay que precisar cuál de esos sentidos está en juego antes de usarla para describir una población.

En un ejemplo didáctico sobre colas de atención, el caso prototípico muestra solicitudes que llegan espaciadas y esperan mientras se atiende la anterior. El caso extremo concentra muchas llegadas en el mismo momento y produce una espera prolongada, lo cual ayuda a comprender la saturación sin decir nada sobre su frecuencia real. Para explicar la variación, el texto añade que la duración de cada atención también influye, ya que con igual cantidad de solicitudes las esperas pueden ser distintas.

Observar una cola muy larga documentaría esa situación concreta; interpretarla como señal de saturación requiere contexto y explicarla exige examinar las llegadas y la capacidad de atención. Los ejemplos hipotéticos aíslan relaciones para comprenderlas y dicen poco sobre cómo opera un servicio real. Una distribución efectiva solo puede describirse con registros cuya selección permita estimar qué situaciones son frecuentes y cuáles son raras.

## Probabilidades, frecuencias y denominadores

La probabilidad expresa la posibilidad de un resultado dentro de un conjunto de referencia y se llama condicional cuando ese conjunto queda restringido por una condición previa. La probabilidad de que falle una pieza entre las que se sometieron a calor puede diferir de la que corresponde al conjunto de todas las piezas. Explicar una cifra exige identificar el resultado contado y su denominador, entendido como el total respecto del cual se calcula.

Las frecuencias naturales presentan cantidades de casos dentro de conjuntos concretos. En un ejemplo enteramente hipotético, de 1000 piezas fabricadas mediante el procedimiento habitual fallan 20 durante una prueba definida. De otras 1000 piezas comparables, producidas mediante un procedimiento alternativo, fallan 10. Las proporciones observadas son 2 % y 1 %, respectivamente. El riesgo absoluto es aquí la proporción de fallos en cada grupo; entre ambos hay una diferencia de un punto porcentual.

El riesgo relativo compara esas proporciones mediante una división. En el ejemplo, el procedimiento alternativo tiene la mitad del riesgo observado con el habitual, lo que equivale a una reducción relativa del 50 %. Esa descripción debe acompañarse de la diferencia absoluta, que es de 10 fallos menos por cada 1000 piezas. Las dos formulaciones describen la misma comparación desde ángulos distintos. Quien dice únicamente «50 % menos» oculta cuántos fallos había al comienzo y deja indeterminada la magnitud práctica del cambio.

Lo observado son resultados en las condiciones de la prueba. Para interpretar la diferencia como una mejora hay que considerar la comparabilidad de los grupos y la incertidumbre de las estimaciones; atribuirla al procedimiento requiere además un diseño causal adecuado. Esas proporciones valen para las temperaturas y duraciones probadas. Mantener explícitos los denominadores permite detectar cambios del conjunto de referencia y evita confundir la probabilidad de un resultado bajo una condición con la probabilidad inversa.

## Comunicar incertidumbre sin espectáculo

La incertidumbre es una limitación para determinar con precisión un estado, una cantidad o un resultado. Puede proceder de la variabilidad real entre situaciones, de la imprecisión de la medición, de los supuestos del modelo empleado o de la falta de conocimiento sobre procesos relevantes. Distinguir esas fuentes permite explicar qué parte podría reducirse con mejores instrumentos y qué parte seguirá variando por cuidadosa que sea la observación.

Un rango comunica incertidumbre cuando el texto explica qué expresa, ya que puede describir valores observados, resultados compatibles con un método de estimación o escenarios calculados bajo supuestos diferentes. Cada una de esas lecturas dice algo distinto. El lenguaje calibrado une expresiones como «compatible con» o «estimación provisional» a una razón concreta. Una duda expresada en términos vagos puede dramatizar un resultado estable, del mismo modo que una cifra demasiado precisa puede ocultar limitaciones que afectan su interpretación.

En un ejemplo hipotético, un equipo estima que el secado de un recubrimiento tardará entre seis y nueve horas bajo determinadas condiciones de humedad. El intervalo resume escenarios del modelo para esas condiciones; cada aplicación concreta puede apartarse de él. La observación disponible son los tiempos registrados en pruebas previas, cuya variación identifica la interpretación. La explicación propuesta atribuye parte de esa variación a la humedad ambiental y reconoce que todavía falta caracterizar el efecto de algunos espesores de aplicación.

Comunicar esa limitación implica indicar cuándo dejaría de ser pertinente el rango y qué información podría modificarlo. El intervalo tiene que reflejar el modelo y los datos, sin ampliarse para parecer prudente ni estrecharse para transmitir seguridad. Tampoco toda incertidumbre vuelve equivalentes las alternativas, pues una relación puede estar bien establecida mientras su magnitud exacta sigue en estudio. La explicación debe mantener visible esa diferencia entre lo conocido y lo que todavía falta resolver.

## Historia y evidencia

La historia de un conocimiento reconstruye cómo surgieron sus problemas y cómo cambiaron las interpretaciones disponibles, en tanto que su justificación explica por qué una afirmación merece aceptarse a la luz de la evidencia. La cronología ordena acontecimientos; la fuerza de una conclusión depende de las relaciones entre datos y afirmaciones. Una idea posterior puede estar mejor respaldada que una anterior cuando la evidencia la favorece, con independencia de su fecha.

La evidencia es información evaluada por su pertinencia para apoyar o cuestionar una afirmación. Una teoría organiza conceptos y relaciones que permiten explicar fenómenos y derivar expectativas, cuya observación es un paso posterior y separado. La narración debe señalar cuándo presenta una propuesta, cuándo describe un registro y qué une a ambos, para que la coherencia del relato no pase por confirmación de su contenido.

En un caso didáctico hipotético, un equipo propone que unas grietas aparecen por cambios repetidos de temperatura. Primero observa las fisuras, después formula la hipótesis y por último hace pruebas con ciclos térmicos, que es el orden que sigue el relato histórico. La justificación necesita además comparar los resultados con condiciones de referencia y examinar explicaciones alternativas, como las diferencias de composición. Encontrar grietas tras calentar una muestra es compatible con la hipótesis; para descartar otras causas y estimar el peso de cada una se requieren comparaciones adicionales.

El informe de las National Academies (2017) plantea una agenda de investigación sobre la comunicación científica que pide examinar los objetivos y las condiciones de cada situación comunicativa. Como programa de preguntas, orienta el análisis del caso hipotético sin aportar resultados sobre él. Las historias explicativas dan contexto y hacen visibles las decisiones, aunque también simplifican trayectorias, por lo que el texto debe conservar las dudas relevantes y evitar que el desenlace conocido parezca inevitable desde el comienzo.

## Desacuerdo razonable y falsa equivalencia

El desacuerdo razonable aparece cuando personas competentes sostienen posiciones diferentes mediante argumentos examinables y reconocen condiciones que podrían llevarlas a revisar sus conclusiones. Puede versar sobre la calidad de los datos, sobre los supuestos con que se interpretan o sobre la valoración de las consecuencias. Distinguir esos planos evita presentar una diferencia de prioridades como si fuera una controversia sobre mediciones, o tratar una incertidumbre empírica como una simple preferencia personal.

La falsa equivalencia atribuye un peso semejante a posiciones cuyo respaldo es muy diferente. Para evitarla hay que describir la calidad y la pertinencia de la evidencia disponible, además de señalar que existen opiniones contrapuestas. Ese examen alcanza también a las posiciones que defienden personas con autoridad. Una exposición proporcionada distribuye el espacio según la relevancia y el sustento de cada argumento, sin hacer de la simetría formal entre voces un criterio de solidez.

En un ejemplo hipotético, dos equipos estiman cuánto reduciría una barrera el ruido de una instalación. Coinciden en las mediciones iniciales y emplean modelos diferentes de propagación del sonido, de manera que su desacuerdo es técnico y puede contrastarse con nuevas mediciones. Otra persona rechaza cualquier barrera porque modifica el paisaje, una posición que introduce un valor legítimamente discutible y que se mueve en un plano distinto del cálculo acústico. Una afirmación sin registros que niegue todo efecto sigue teniendo menos respaldo que los informes, aunque se publique junto a ellos.

La observación establece niveles de ruido, la interpretación evalúa diferencias y la explicación las atribuye a condiciones físicas. Las decisiones posteriores incorporan además costos y preferencias. Como el peso de la evidencia puede cambiar con nuevos resultados, la proporcionalidad de una exposición es provisional y obliga a precisar dónde hay convergencia y qué discrepancias siguen abiertas.

## Fuentes y enlaces

Citar consiste en identificar la procedencia de una afirmación o del marco empleado para interpretarla. Enlazar facilita el acceso al material. Las dos operaciones permiten examinar el respaldo y delimitar responsabilidades, aunque la explicación que el lector necesita sigue a cargo del texto. Una página llena de enlaces puede resultar opaca si no aclara qué afirma cada fuente y por qué es pertinente para el argumento de ese pasaje.

Al presentar una fuente hay que indicar su tipo, su alcance y la fecha pertinente. Un estudio original aporta registros obtenidos mediante un procedimiento, una revisión organiza trabajos existentes y un documento orientativo puede reunir criterios sin nuevas observaciones; de esa diferencia depende qué conclusiones puede apoyar cada uno. La fecha sitúa el material. Una fuente reciente puede ser de baja calidad y una anterior puede seguir siendo pertinente.

En un ejemplo didáctico, una referencia expresamente hipotética remite a un informe técnico sobre el desgaste de un recubrimiento. El texto explica que el documento describe pruebas de laboratorio sobre superficies secas, señala que en una referencia real habría que consignar su fecha y atribuye a la fuente únicamente el resultado correspondiente, el desgaste registrado bajo aquellas condiciones. El enlace permitiría revisar el método. Para afirmar que el recubrimiento falla del mismo modo al aire libre se necesitarían pruebas en ese entorno, que queda fuera del alcance descrito.

La observación atribuida a la fuente debe distinguirse de la interpretación de quien la usa. Cuando el texto añade una explicación propia, tiene que marcarla como tal y precisar sus fundamentos. Una fuente inaccesible limita la comprobación y una accesible puede contener errores. La trazabilidad facilita evaluar las afirmaciones, siempre que vaya acompañada de una lectura crítica del contenido y de sus condiciones de producción.

## Caso completo con un clasificador de 1000 casos

Un clasificador es un procedimiento que asigna casos a categorías mediante una regla. Este caso didáctico es completamente hipotético y trabaja con documentos, sin contexto médico. Se evalúan 1000 archivos, de los cuales 100 contienen una marca y 900 carecen de ella, por lo que la prevalencia, entendida aquí como la proporción de casos realmente marcados, es del 10 %. La condición real se establece mediante una revisión independiente, que es la referencia de esta demostración.

La sensibilidad es la proporción detectada entre los casos realmente positivos. El sistema identifica 90 de los 100 archivos marcados, lo que equivale al 90 %. La especificidad es la proporción correctamente descartada entre los negativos reales; el sistema descarta 720 de los 900 archivos sin marca (el 80 %). En consecuencia, no detecta 10 archivos marcados y señala por error 180 archivos sin marca. La tabla conserva los denominadores de referencia.

| Resultado del sistema | Con marca | Sin marca | Total |
| --- | --- | --- | --- |
| Positivo | 90 | 180 | 270 |
| Negativo | 10 | 720 | 730 |
| Total | 100 | 900 | 1000 |

El valor predictivo positivo indica qué proporción de los resultados positivos corresponde a casos realmente marcados, para lo cual cambia el denominador, que ahora incluye los 270 archivos señalados por el sistema. Como solo 90 contienen la marca, el valor es 90 dividido entre 270, aproximadamente el 33,3 %. La sensibilidad del 90 % responde a otra pregunta, cuyo denominador contiene únicamente los 100 positivos reales. Confundirlas invierte la condición de referencia.

Los conteos resumen esta evaluación hipotética y su interpretación describe el rendimiento bajo estas condiciones. Como los negativos son mucho más abundantes, los falsos positivos superan a los verdaderos positivos. Con otra composición del conjunto, el valor predictivo cambiaría aunque la sensibilidad y la especificidad se mantuvieran. Para explicar por qué se producen los errores o prever el rendimiento en otros archivos haría falta examinar el funcionamiento del sistema con nuevas muestras.

## Evaluación de comprensión

Evaluar la comprensión consiste en reunir indicios de que el lector ha construido relaciones que puede recuperar y usar. Recordar una expresión muestra familiaridad con ella, mientras que comprender su alcance se manifiesta en otras conductas registrables, como una paráfrasis que conserva el significado o una aplicación correcta a una situación distinta. Para interpretar esos indicadores hay que considerar cuánto apoyo recibió la persona y qué conocimientos adicionales exige la situación empleada para evaluarla.

La prueba de paráfrasis examina si una reformulación mantiene la relación central sin copiar el texto. La de inferencia atiende a consecuencias que se desprenden de lo explicado sin estar dichas de manera directa; la de aplicación observa el uso del concepto en un caso nuevo. Cada una informa sobre algo distinto. Un resultado débil puede deberse a dificultades conceptuales tanto como a problemas de lenguaje o de atención.

Volviendo al clasificador anterior, una evaluación hipotética registra que una persona explica correctamente que la sensibilidad parte de los archivos realmente marcados, distingue ese conjunto del de los archivos señalados por el sistema y conserva la diferencia cuando cambia la cantidad total de documentos. Lo observado es esa actuación concreta. Interpretarla como comprensión es razonable porque la persona mantiene los denominadores pertinentes y transfiere la distinción; el dominio de las demás medidas emparentadas requeriría otras pruebas.

Explicar un error exige más cautela. Confundir un denominador puede deberse a una lectura apresurada o a una representación equivocada persistente; para elegir entre ambas posibilidades se necesitan varios resultados. La satisfacción declarada y el aprendizaje son cosas distintas, como lo son una redacción elegante y un razonamiento correcto. La evaluación gana solidez cuando varios indicadores convergen y sus condiciones permiten distinguir la comprensión conceptual de otras capacidades necesarias para responder.

## Voz autoral y alcance de las afirmaciones

La voz autoral en la no ficción es la posición reconocible desde la cual un texto selecciona hechos y asume sus afirmaciones. El registro define la relación lingüística con el destinatario; la responsabilidad epistémica, por su parte, exige ajustar la certeza al respaldo disponible. Una voz sobria reconoce sus limitaciones sin perder precisión y gana autoridad cuando hace identificables las operaciones que conectan lo registrado con lo que se concluye.

La semiótica estudia cómo los signos producen sentido en contextos de interpretación; desde esa perspectiva, el texto propone relaciones y presupone un lector capaz de completarlas con los conocimientos de que dispone. En un ejemplo didáctico, «el material resiste» sugiere una propiedad general, mientras que «el material resistió la prueba descrita» limita la afirmación a un registro. El cambio verbal modifica el alcance interpretativo sin añadir evidencia. La segunda formulación dice qué ocurrió y deja para nuevas pruebas el comportamiento del material en otras condiciones.

La voz aparece también al atribuir una explicación, como cuando la frase «proponemos que la humedad interviene» separa una hipótesis del registro observado. Esa elección deja claro que el mecanismo está por demostrar y permite evaluar la afirmación en sus propios términos. Como la legibilidad depende de convenciones compartidas y del contexto, ninguna formulación controla todas las lecturas. Quien escribe responde por las distinciones que pone a disposición del lector y por las inferencias previsibles que su redacción facilita.

## Referencias y lecturas

- Fischhoff, B. (2013). The sciences of science communication. *Proceedings of the National Academy of Sciences, 110*(Supplement 3), 14033–14039. https://doi.org/10.1073/pnas.1213273110
- Gentner, D. (1983). Structure-mapping: A theoretical framework for analogy. *Cognitive Science, 7*(2), 155–170. https://doi.org/10.1207/s15516709cog0702_3
- National Academies of Sciences, Engineering, and Medicine. (2017). *Communicating Science Effectively: A Research Agenda*. The National Academies Press. https://doi.org/10.17226/23674

