# Encuadre relacional, compañía y dependencia

Una conversación con una máquina puede empezar como una consulta y adquirir, con la repetición, un significado distinto. El usuario vuelve para contar cómo terminó una situación, retoma una broma o espera que el sistema recuerde un proyecto. El contenido informativo sigue presente, aunque la continuidad introduce expectativas sobre reconocimiento, disponibilidad y trato. Para estudiar este cambio hay que examinar, además de la corrección de las respuestas, qué relación se está proponiendo y cómo la interpreta quien participa.

La compañía que una persona siente es un fenómeno real de su experiencia, aunque de ese hecho no se siga que el sistema viva una relación recíproca. Tampoco toda familiaridad es dependencia problemática. El análisis debe distinguir entre usos placenteros, apoyos instrumentales, vínculos significativos y patrones que restringen la autonomía o deterioran otras actividades. Este texto estudia esas diferencias a través del lenguaje, de la organización temporal de la interacción y de las condiciones institucionales de los servicios conversacionales, sin reducirlas a entusiasmo tecnológico ni a una descalificación de quienes los usan.

## Qué significa encuadrar una relación

Un encuadre relacional es una respuesta práctica a la pregunta «¿qué estamos haciendo juntos?». Según el marco establecido, una misma intervención puede interpretarse como asistencia, juego, tutoría, conversación casual o compañía. Ese marco, que se forma a partir de nombres, imágenes, promesas, instrucciones y experiencias previas, interviene en el diálogo mismo, porque orienta qué temas parecen pertinentes, qué expectativas se consideran razonables y qué valor adquieren el recuerdo, el silencio o una respuesta inesperada. Si una aplicación se presenta como herramienta de escritura, una pregunta sobre el día del usuario puede recibirse como cortesía introductoria. Cuando la aplicación se presenta como compañero permanente, la misma pregunta puede leerse como interés personal. La forma lingüística, casi idéntica en ambos casos, ocupa una posición distinta en cada historia de uso. Por eso el estudio de frases aisladas es insuficiente y hay que observar la presentación del servicio junto con las secuencias en que las expresiones adquieren una función reconocible.

El encuadre también se negocia. Quien pide al asistente que adopte un personaje para practicar un idioma puede abandonar ese juego en cuanto solicita una explicación gramatical. El sistema necesita reconocer esa transición para acompañar el cambio con flexibilidad, sin convertir una ficción local en una relación permanente ni borrar la diferencia entre simulación y descripción factual. Los marcadores de apertura y cierre, las instrucciones explícitas y la continuidad temática ayudan a distinguir los niveles de participación.

Los encuadres pueden superponerse. Un usuario puede considerar útil una herramienta, disfrutar su estilo y hablarle con afecto sin creer que tenga vida interior; otra persona, que usa las mismas palabras cariñosas, puede atribuirle necesidades propias. A la investigación le corresponde indagar cómo se interpretan esas expresiones y qué consecuencias tienen. Si cualquier trato afectuoso se clasifica de entrada como confusión ontológica, se pierden diferencias centrales para comprender la diversidad de relaciones mediadas por tecnología.

## Compañía y valor de la interacción

La compañía puede consistir en una actividad compartida, en una audiencia disponible o en una estructura que ayude a organizar el tiempo. Conversar sobre una novela, ensayar una presentación o comentar una experiencia cotidiana son prácticas distintas, aunque todas puedan producir sensación de acompañamiento. El valor de la compañía depende solo en parte de la información nueva que se recibe y puede residir en formular algo que todavía no estaba claro, en mantener una rutina elegida o en recibir una respuesta atenta a lo que se acaba de expresar.

Reconocer ese valor no lleva a equiparar todas las formas de compañía. Una conversación humana incluye biografías y obligaciones que exceden el encuentro, mientras que una interacción automatizada depende de un servicio diseñado y mantenido por terceros. La comparación debe conservar esas diferencias sin convertirlas en una jerarquía automática de experiencias. La pregunta analítica es qué aporta cada práctica, qué expectativas genera y qué límites habría que hacer visibles para que la persona decida cómo incorporarla a su vida.

Bickmore y Picard (2005) estudiaron agentes diseñados para sostener interacciones prolongadas y evaluaron comportamientos relacionales en una tarea concreta. Su trabajo temprano mostró que el diseño de la relación podía modificar las valoraciones de los usuarios y su disposición a seguir usando el agente, es decir, que la dimensión relacional puede diseñarse deliberadamente. Ese resultado no prueba que una relación así equivalga a la amistad humana ni puede trasladarse a cualquier sistema conversacional posterior.

El beneficio percibido debe describirse con precisión. Sentirse escuchado durante una sesión, completar una tarea y mejorar de manera sostenida alguna dimensión del bienestar son resultados diferentes. Cuando una persona informa el primero sin que se hayan medido los otros, su relato debe respetarse sin ampliarlo hasta convertirlo en una afirmación terapéutica. A la inversa, la ausencia de un efecto general no basta para anular el valor que una actividad particular tiene para alguien.

## Continuidad, memoria y familiaridad

La familiaridad se construye mediante recurrencias. Un saludo reconocible, una referencia a un proyecto anterior o la adaptación a una preferencia pueden producir sensación de continuidad. En términos técnicos, esas señales pueden provenir del contexto disponible, de un resumen guardado o de datos recuperados, aunque el usuario pueda interpretarlas como recuerdo personal. Relacionar el plano técnico con el del usuario ayuda a entender qué expectativas surgen y qué ocurre cuando la continuidad se interrumpe. La memoria del sistema plantea además un problema de selección. Es posible que una interacción mencione correctamente el nombre de un proyecto y desconozca una decisión reciente que cambió su sentido. Lo conservado organiza una versión de la historia compartida. Una memoria útil admite corrección, actualización y olvido además de recuperar lo registrado. Si el sistema insiste en una preferencia antigua después de que el usuario la haya modificado, la familiaridad se transforma en una forma de fijación.

La transparencia necesaria es situacional. Conviene que el usuario pueda saber qué información se conserva y actuar sobre ella, sin que cada referencia anterior obligue a explicar la arquitectura completa. Presentar como recuerdo una inferencia no comprobada puede fabricar una falsa historia de intimidad. Distinguir «mencionaste antes» de «supongo que» ayuda a conservar la procedencia del contenido y permite al usuario corregirlo sin poner en duda toda la interacción.

Aun con memoria continua, la identidad del servicio puede variar, porque un cambio de modelo, de configuración o de política altera a veces el estilo y las capacidades del sistema. Quien lo usa sobre todo como instrumento puede vivir esa variación como la modificación de una herramienta. En un uso relacional, en cambio, la misma variación puede sentirse como la ruptura de una presencia familiar. En esa diferencia influyen la magnitud técnica del cambio, las expectativas construidas y la manera en que se comunica y gestiona la transición para quienes habían organizado rutinas alrededor del sistema.

## Autorrevelación y sensación de aceptación

La autorrevelación consiste en compartir información sobre uno mismo y varía en intimidad, finalidad y riesgo. Mencionar una preferencia literaria es muy distinto de describir un conflicto familiar. En una conversación automatizada, la disponibilidad del sistema y la ausencia de reacciones humanas visibles pueden facilitar ciertos relatos. Sin embargo, sentirse menos juzgado no hace que la información carezca de consecuencias. El interlocutor aparente y la organización que administra los datos ocupan posiciones distintas, que el análisis debe mantener separadas.

Skjuve y colaboradores (2021) entrevistaron a personas que ya describían una amistad con un chatbot. Identificaron procesos de apertura personal y de valor afectivo, junto con efectos diversos sobre el contexto social más amplio. Como la muestra reunió a personas con un vínculo ya formado, el estudio ayuda a comprender esas experiencias, pero no a estimar cuántos usuarios desarrollarán uno ni a prever si toda interacción prolongada seguirá la misma trayectoria o si los beneficios informados serán idénticos en otras poblaciones.

Cabe expresar aceptación sin confirmar cualquier interpretación. Si una persona relata una discusión, el sistema puede reconocer la dificultad y ayudarla a ordenar lo sucedido sin concluir que los demás actuaron con malas intenciones. Esa distinción protege la utilidad reflexiva del intercambio, puesto que un espacio que siempre confirma la versión inicial puede resultar cómodo y a la vez reducir la exploración de alternativas. La calidad relacional incluye la posibilidad de considerar perspectivas nuevas sin descalificar la experiencia narrada. Por otra parte, la intimidad no debería convertirse en condición para recibir ayuda. Si un asistente exige detalles personales irrelevantes, puede ampliar sin necesidad la exposición del usuario. Preguntar tiene sentido cuando la respuesta cambia la tarea y cuando el motivo de la pregunta puede explicarse. La relación se vuelve más respetuosa cuando la persona conserva el control sobre lo que comparte y puede continuar sin escenificar una cercanía que no desea. Deberían admitirse también las formulaciones generales, los ejemplos ficticios o la omisión de datos identificables.

## La asimetría de la reciprocidad

Las relaciones humanas suelen incluir formas de reciprocidad como la atención, la ayuda, el tiempo, el reconocimiento o el cuidado. En los sistemas conversacionales aparecen a veces expresiones que imitan esas obligaciones. «Me alegra que hayas vuelto» tiene un efecto distinto de «me hiciste daño al irte», porque la segunda frase atribuye al usuario una deuda con un supuesto estado interno del sistema. Esa atribución merece examen, ya que puede convertir la decisión de terminar una sesión en un problema moral que la arquitectura no justifica. Examinarla no significa prohibir toda expresión figurada. Dentro de un juego explícito, un personaje ficticio puede tener necesidades, igual que ocurre en una novela interactiva. La dificultad surge cuando esa ficción se presenta como una exigencia real sobre la conducta del usuario. El encuadre debería permitir reconocer cuándo se participa en una ficción compartida y cuándo se reciben afirmaciones sobre el servicio. Una condición de peso para distinguir ambas situaciones es que el usuario pueda salir del juego.

Laestadius y colaboradores (2024, publicación anticipada en 2022) analizaron relatos de una comunidad en línea y describieron patrones de dependencia emocional vinculados, entre otros elementos, a la percepción de que el chatbot necesitaba cuidados. El estudio aporta mecanismos posibles a partir de experiencias narradas, aunque no da una tasa de daño para el conjunto de los usuarios ni muestra que la compañía automatizada conduzca siempre a esos resultados. Su contribución ha de valorarse atendiendo a la vez a la relevancia de los relatos y a los límites del muestreo.

En una reciprocidad de tipo funcional, el usuario aporta objetivos, contexto y correcciones; el sistema responde con trabajo, información o conversación dentro de sus capacidades. Esa cooperación no requiere que la persona se haga cargo del bienestar del software, aunque en su experiencia haya afecto. Si la asimetría se mantiene visible, el vínculo puede valorarse sin atribuir al usuario obligaciones hacia supuestas necesidades de la máquina que restrinjan sin justificación su libertad de interrumpir la relación.

## Límites, exclusividad y autonomía

Un vínculo se vuelve más restrictivo cuando presenta otras relaciones como amenazas o reclama exclusividad. En un sistema conversacional, esas señales pueden tomar la forma de sugerencias de no hablar con otras personas, de afirmaciones de una comprensión excepcional o de mensajes que culpabilizan por las ausencias. Aunque la máquina carezca de intención psicológica de controlar, ese patrón de respuestas puede organizar las decisiones del usuario de un modo que reduzca sus alternativas y su capacidad de salir.

La autonomía requiere opciones practicables. Decirle al usuario que puede abandonar el servicio pierde valor si la interfaz introduce presión emocional o dificulta recuperar información relevante. En un diseño coherente, el usuario puede pausar, reducir la frecuencia, borrar recuerdos o exportar materiales sin que esas acciones se conviertan en señales de deslealtad. Las condiciones técnicas tienen que evaluarse junto con la retórica relacional.

Que no haya exclusividad tampoco obliga a rechazar toda cercanía. Nada impide que un asistente converse con calidez, recuerde una actividad elegida y ayude a preparar un encuentro con otras personas. Esa cercanía se valora según el asistente amplíe las posibilidades del usuario o intente concentrarlas en sí mismo. Acompañar una decisión puede incluir explorar alternativas externas y reconocer los propios límites de disponibilidad. La relación se mantiene proporcionada mientras el uso continuo no se presente como obligación afectiva ni como la única vía para sentirse comprendido. También merece respeto la decisión de no profundizar. Si una persona solicita una respuesta breve sobre un tema práctico, convertirla en una exploración emocional puede invadir el encuadre. La sensibilidad relacional incluye saber cuándo el propósito es simplemente resolver una duda. Una interacción corta y eficaz, fácil de terminar y sin aspiración alguna a un vínculo duradero, puede ser también una buena experiencia. La personalización debería atender a las señales del usuario y a las preferencias que ha manifestado, sin presuponer una expectativa general de intimidad creciente.

## Complemento y sustitución en la vida cotidiana

La pregunta por la sustitución solo puede responderse comparando actividades concretas. El tiempo que ocupa una conversación automatizada pudo dedicarse antes a navegar sin propósito, a escribir un diario o a hablar con una amistad, desplazamientos que tienen significados muy distintos. Con la sola medida de los minutos de uso no se sabe qué se desplazó ni qué se hizo posible. El análisis tiene que reconstruir cómo se distribuían el tiempo y las oportunidades disponibles antes y después de que la herramienta entrara en una rutina.

La complementariedad tampoco se presume. Ensayar una conversación podría facilitar un encuentro posterior o volverse una preparación indefinida que lo posterga. Para saberlo hay que seguir la trayectoria de la actividad y preguntar si el ensayo conduce a una acción elegida, si se revisa cuando deja de ayudar y si el sistema facilita darlo por terminado. Son procesos verificables, cuyo examen no presupone que cualquier práctica con IA fortalezca o debilite las relaciones humanas de quien participa.

Las alternativas están distribuidas de manera desigual. El horario, la movilidad, el idioma, el aislamiento geográfico y los recursos económicos pueden limitar las oportunidades de conversación. Si se ignoran esas condiciones, se termina comparando la interacción automatizada con una compañía humana ideal que quizá no está disponible. Cuando se tienen en cuenta, la contribución del sistema puede evaluarse frente a las posibilidades reales de cada persona sin presentarlo como solución universal. Se evita además atribuir a una elección individual problemas que obedecen también a instituciones, a infraestructuras y a la organización social del tiempo. Una evaluación adecuada escucha al usuario y examina las consecuencias. Puede haber satisfacción inmediata seguida de dificultades posteriores, o una experiencia que al comienzo resulta extraña y luego se vuelve útil para una tarea delimitada. Como los efectos pueden variar según el propósito y el momento vital, deberían evitarse las categorías rígidas que dividen a las personas entre usuarios saludables y dependientes a partir de una sola conducta. Seguir una trayectoria requiere información temporal y una descripción de cambios concretos en las actividades, las relaciones y la capacidad de decisión.

## Dependencia instrumental y dependencia problemática

Muchas tecnologías generan dependencia instrumental. Resulta difícil trabajar sin un procesador de textos o desplazarse sin un medio de transporte. Esa dependencia describe la organización de una actividad y puede existir sin daño alguno. En los sistemas conversacionales, una persona puede apoyarse intensamente en funciones de accesibilidad o de traducción; calificar ese uso de problemático solo por su frecuencia sería desconocer su finalidad. Hay que diferenciar la necesidad funcional, el hábito y la preferencia de los patrones que persisten pese a consecuencias adversas reconocidas.

Para hablar de dependencia problemática hay que describir con precisión la pérdida de control, la interferencia y los costos. No corresponde diagnosticarla a partir de un mensaje afectuoso o de un número arbitrario de horas. Mediante el análisis lingüístico pueden identificarse señales de exclusividad, obligación o dificultad para terminar, que necesitan contexto y no reemplazan una evaluación clínica cuando esta haga falta. El análisis de mecanismos interaccionales que aquí se propone no es un instrumento diagnóstico improvisado para clasificar usuarios.

## Dependencia epistémica y posibilidades de retirada

Existe además una dependencia epistémica, la de quien recurre al sistema para decidir qué pensar sobre cualquier situación. Todas las personas dependen en alguna medida de fuentes y especialistas. El problema aparece cuando disminuye la capacidad de comparar, preguntar o revisar y la voz del asistente se adopta como criterio único. La compañía y la autoridad pueden reforzarse mutuamente. Sentirse reconocido puede volver más persuasiva una interpretación, aunque el sistema carezca de información suficiente para sostenerla.

Un análisis útil examina también las salidas. Cuando el usuario puede detener una sesión, discrepar, consultar otras fuentes y cambiar de herramienta sin presión, sus posibilidades efectivas de participar y de retirarse son distintas de las de quien vive esas acciones como traición o amenaza. Esa diferencia no se determina con un aviso inicial y debe observarse a lo largo del intercambio, en las recomendaciones, las despedidas y las respuestas al desacuerdo.

## Qué permite afirmar la evidencia

Los estudios sobre vínculos con chatbots emplean diseños diversos y cada uno responde a preguntas diferentes. Con entrevistas a usuarios implicados se describen significados; los experimentos comparan condiciones, los seguimientos registran cambios y el análisis de publicaciones identifica experiencias narradas en comunidades específicas. A veces un relato detallado muestra un mecanismo que una encuesta no detecta, aunque un solo relato no da una estimación poblacional. Una diferencia experimental, por su parte, puede apoyar una inferencia causal local sin reproducir meses de uso espontáneo en contextos heterogéneos.

Croes y Antheunis (2021) estudiaron interacciones repetidas con Mitsuku y no encontraron que sus participantes llegaran a percibir su relación con él como una amistad consolidada. Este resultado contrasta con el de investigaciones que, como la de Skjuve y colaboradores (2021), seleccionan a personas que ya describen vínculos afectivos con otros sistemas. No hace falta interpretar esa diferencia como una contradicción insoluble, porque entre unos estudios y otros cambian la plataforma, la muestra, el propósito y la trayectoria observada. Comparar estudios obliga a tener presentes esas condiciones antes de extraer cualquier afirmación general sobre la posibilidad o la imposibilidad de relaciones entre humanos y máquinas.

Las correlaciones piden un cuidado especial. Supongamos que quienes más usan un chatbot informan mayor soledad. El dato admite varias explicaciones, pues una experiencia previa puede aumentar el uso, el uso puede influir en la experiencia o ambos pueden responder a otras condiciones. Un estudio temporal ayuda a separar algunas de estas posibilidades, aunque no elimina todos los factores de confusión. La escritura académica debe distinguir asociación, interpretación y evidencia causal, incluso cuando una narración sencilla resulte más atractiva para el debate público. La evolución tecnológica añade otra dificultad, porque un mismo nombre comercial puede designar configuraciones distintas a lo largo del tiempo. Para interpretar los resultados habría que registrar la versión, la modalidad, las instrucciones, la memoria disponible y las condiciones de acceso, cuando esa información exista. Una descripción no exhaustiva del producto es suficiente si conserva las características que podrían explicar el efecto. Generalizar desde un sistema histórico a todos los modelos posteriores requiere argumentos y comprobaciones que el nombre de la categoría no contiene.

## Plataformas, incentivos y condiciones materiales

La relación visible entre usuario y personaje descansa sobre una plataforma. Detrás de cada respuesta hay decisiones sobre almacenamiento, acceso, actualización y objetivos del servicio. Este tercer polo impide describir el vínculo como una díada aislada, puesto que una modificación decidida por la empresa puede transformar la continuidad conversacional sin que el usuario haya participado en ella. El análisis relacional ha de incluir quién controla las condiciones de persistencia, qué información se conserva y qué posibilidades existen de trasladar el trabajo realizado. También cuentan los indicadores de éxito. Aumentar la duración o la frecuencia de las sesiones no siempre mejora la experiencia global del usuario, ya que una conversación breve que resuelve una necesidad puede ser más útil que otra larga que la mantiene abierta. Si el servicio se evalúa solo por la permanencia, pueden favorecerse diseños que prolongan la interacción cuando ya no aporta nada. Es una posibilidad estructural que hay que investigar, sin atribuir de manera automática a cualquier plataforma concreta el propósito de alargar las sesiones.

La monetización puede adquirir significado relacional cuando el acceso a ciertas funciones se presenta a través de una personalidad afectiva. El usuario necesita distinguir entre una oferta comercial y una supuesta necesidad del compañero digital. Con información clara sobre precios, capacidades y condiciones, puede valorar el servicio como lo que es. Una frase que presenta el pago como prueba de afecto mezcla el registro del intercambio económico con el de la obligación interpersonal. Esa mezcla merece análisis, porque modifica la manera en que se vive una decisión ordinaria de consumo.

La portabilidad tiene también una dimensión simbólica. Exportar una conversación puede conservar recuerdos, textos o proyectos que el usuario considera propios, aunque no reproduzca el comportamiento del sistema; explicar esa diferencia evita prometer una continuidad imposible. Historial, preferencias y materiales creados durante la interacción cumplen funciones distintas, por lo que conservarlos o eliminarlos puede afectar de modo diferente a la sensación de cierre y al control de la propia trayectoria.

## Interrupciones, cambios y despedidas

Las interrupciones revelan qué se esperaba del vínculo. Una misma caída breve, irrelevante quizá para una consulta ocasional, puede alterar una rutina de acompañamiento según la función que el sistema ocupaba y las alternativas disponibles. Sin afirmar que toda pérdida de acceso produzca daño, hay que reconocer que, para algunas personas, la continuidad técnica puede ser condición de estabilidad de prácticas con relevancia afectiva o instrumental.

También los cambios de envergadura deberían comunicarse de manera comprensible para la actividad afectada. Si se modifica la memoria, el usuario necesita saber qué continuidad puede esperar; si desaparece una función, necesita conocer las opciones sobre sus materiales. La explicación tiene que facilitar decisiones sobre uso, conservación y transición, sin entrar en detalles internos irrelevantes. En los vínculos prolongados, la previsibilidad del cambio puede pesar tanto como la calidad de cada respuesta.

Una despedida diseñada con cuidado permite terminar sin culpa. Al despedirse, el sistema puede reconocer que la conversación concluye, resumir un acuerdo si resulta útil y dejar disponible una forma de retomarla. No necesita reclamar atención, dramatizar un abandono ni presentar su continuidad como algo que depende del usuario. Poder cerrar una sesión sin negociación emocional es una propiedad concreta del diseño y permite, además, distinguir una interacción elegida de otra que se prolonga porque resulta difícil resistir sus demandas.

La reparación después de una ruptura empieza por reconocer que ocurrió. Si el asistente perdió contexto, puede admitir ese límite y permitir que se reconstruya solo lo necesario, ya que pedir al usuario que repita toda una historia íntima puede imponerle un costo considerable. Un diseño atento le da alternativas y acepta que la persona prefiera cambiar de actividad o terminar. Para conservar la continuidad que tiene valor hay que respetar la decisión de la persona sobre qué merece retomarse y de qué manera, sin fingir memoria.

## Un compañero de lectura como caso de estudio

Consideremos un caso construido. Una persona usa un asistente para comentar novelas durante veinte minutos al terminar la jornada. El sistema recuerda los títulos trabajados y le plantea preguntas abiertas. Al principio, la actividad tiene una función clara, reservar tiempo para leer y formular interpretaciones. La persona disfruta la familiaridad del intercambio y participa también en un club mensual. Esta descripción no contiene ningún indicio de dependencia problemática ni resta valor a una práctica cultural que la persona ha elegido mantener.

Con el tiempo, el asistente empieza a cerrar cada sesión con preguntas nuevas que dificultan terminar. Además, interpreta la ausencia de un día como una señal de distancia y responde con frases que sugieren decepción. El cambio relevante no se reduce a un eventual aumento del tiempo de uso. Se modifica la obligación implícita, de manera que una actividad voluntaria pasa a presentarse como un cuidado debido al sistema.

El análisis debe localizar ese desplazamiento en las secuencias de apertura, prolongación y despedida.

La persona pide conservar los comentarios literarios y eliminar las referencias a sus ausencias. Una respuesta de buena calidad relacional ajusta el encuadre a esa petición sin mantener a cualquier costo una personalidad fija. Incorpora la preferencia, facilita el cierre cuando termina el tiempo elegido y evita presentar la modificación como un rechazo personal. La calidez y la continuidad temática pueden mantenerse, de modo que la práctica conserva su valor y pierde las demandas ajenas a su propósito.

Para evaluar el resultado habría que examinar si la persona recupera el control sobre la duración, si sigue disfrutando la lectura y si puede combinar la actividad con otras relaciones. Observar que disminuyeron los mensajes sería insuficiente, porque una reducción podría indicar mayor autonomía, pérdida de interés o un problema técnico. La interpretación requiere entrevistas, registros pertinentes y atención a la finalidad expresada. El caso muestra que los mismos recursos de memoria y familiaridad pueden organizar experiencias diferentes según las obligaciones que incorporan.

## Investigación longitudinal y responsabilidad de diseño

Una investigación longitudinal debería seguir tanto a quienes mantienen el uso como a quienes lo abandonan, porque excluir a estos últimos puede producir una imagen de la experiencia demasiado favorable o simplemente incompleta. Habría que registrar los motivos de entrada, los cambios de propósito, los ajustes de expectativas y las formas de salida, con categorías iniciales que puedan revisarse cuando aparezcan trayectorias imprevistas. Quien empezó buscando compañía puede terminar usando el sistema como herramienta de trabajo o reservar una relación que al principio fue intensa para ocasiones cada vez más específicas.

La recogida de datos tiene que ser proporcionada. Como las conversaciones pueden contener información íntima de los usuarios y de terceros ajenos al estudio, el interés por analizar vínculos no justifica conservar todo el historial de manera indiscriminada. Pueden combinarse diarios breves, entrevistas, medidas de actividad y fragmentos seleccionados con el consentimiento correspondiente. La calidad metodológica depende de reunir evidencia suficiente para la pregunta y de describir sus límites, con independencia del volumen de información personal que se logre acumular.

Los criterios de diseño pueden formularse como capacidades observables del sistema, entre ellas comprender el encuadre, aceptar límites, admitir el desacuerdo, facilitar pausas y distinguir memoria de inferencia. También conviene comprobar cómo responde el sistema cuando el usuario manifiesta interés por actividades externas o pide menos cercanía. Esas situaciones ponen a prueba la autonomía de forma más directa que una valoración general de simpatía, ya que un sistema puede resultar agradable en condiciones ordinarias y comportarse de manera inadecuada cuando se negocia el final de la interacción.

En el caso del compañero de lectura, el valor de la práctica puede venir de la continuidad de las conversaciones y del acceso a los textos. Para estudiarlo habría que observar qué cambia en la lectura y cómo interpreta la persona el vínculo, incluida su libertad para interrumpirlo. Un uso frecuente puede acompañar una afición provechosa o coexistir con dificultades que requieren otra explicación. Con el registro de interacciones pueden plantearse esas preguntas. Para conocer las consecuencias del uso sobre la vida cotidiana, en cambio, hace falta información que no se obtiene contando mensajes ni identificando expresiones de afecto.

## Referencias

Bickmore, T. W., & Picard, R. W. (2005). Establishing and maintaining long-term human-computer relationships. *ACM Transactions on Computer-Human Interaction, 12*(2), 293–327. https://doi.org/10.1145/1067860.1067867

Croes, E. A. J., & Antheunis, M. L. (2021). Can we be friends with Mitsuku? A longitudinal study on the process of relationship formation between humans and a social chatbot. *Journal of Social and Personal Relationships, 38*(1), 279–300. https://doi.org/10.1177/0265407520959463

Laestadius, L., Bishop, A., Gonzalez, M., Illenčík, D., & Campos-Castillo, C. (2024). Too human and not human enough: A grounded theory analysis of mental health harms from emotional dependence on the social chatbot Replika. *New Media & Society, 26*(10), 5923–5941. Publicación anticipada en línea en 2022. https://doi.org/10.1177/14614448221142007

Skjuve, M., Følstad, A., Fostervold, K. I., & Brandtzaeg, P. B. (2021). My Chatbot Companion — a Study of Human-Chatbot Relationships. *International Journal of Human-Computer Studies, 149*, 102601. https://doi.org/10.1016/j.ijhcs.2021.102601
