# Falacias, entimemas y premisas implícitas

En una reunión de una comunidad escolar, una madre propone modificar el horario de salida. «Desde que cambiaron el recorrido de los buses, los estudiantes llegan más tarde a sus casas», explica. Un representante responde que la demora comenzó antes de la modificación y pide revisar los registros. «Si usted cuestiona la propuesta, está diciendo que la seguridad de los niños no le importa», interviene una tercera persona. El debate, que debía examinar tiempos de viaje, condiciones de transporte y alternativas de horario, empieza entonces a girar alrededor del compromiso moral de los participantes. Nadie ha demostrado que impugnar una propuesta equivalga a desinteresarse por la seguridad; sin embargo, esa equivalencia sostiene, como premisa tácita, una acusación que puede resultar persuasiva.

La escena reúne varios problemas argumentativos. La sucesión entre el cambio de recorrido y los retrasos puede motivar una hipótesis causal, que exige establecer cuándo comenzaron las demoras y qué otros factores cambiaron en el mismo periodo; la pregunta sobre los registros es una objeción pertinente, aunque su formulación puede tensar la reunión. La acusación final introduce un vínculo implícito entre desacuerdo e indiferencia moral cuya aceptación desplazaría la discusión hacia la reputación de quien objeta. Ninguna de estas intervenciones puede analizarse adecuadamente solo identificando palabras como *porque*, *si* o *seguridad*.

El estudio de los entimemas y las falacias permite reconstruir ese trabajo inferencial. Un entimema deja parte de su fundamento a cargo del destinatario, mientras que una falacia es un defecto argumentativo relevante cuya identificación puede depender de la forma lógica, del contenido, de las circunstancias del intercambio o de sus reglas. Ambos conceptos se relacionan porque muchas inferencias problemáticas resultan convincentes gracias a supuestos que nadie ha formulado abiertamente. Su estudio requiere evitar dos supuestos frecuentes, el de que todo argumento abreviado es defectuoso y el de que nombrar una falacia equivale a refutarla.

## Lo que una conversación deja sin decir

Gran parte del razonamiento cotidiano se apoya en información compartida. «No dejemos las ventanas abiertas; va a llover» es una recomendación comprensible incluso si nadie enuncia que la lluvia puede entrar por las ventanas y causar molestias o daños, proposición omitida que conecta la previsión meteorológica con la acción sugerida. En una conversación corriente sería innecesario explicitarla; en una discusión técnica sobre ventilación, en cambio, el interlocutor podría cuestionarla con toda razón.

Hay que distinguir lo que está implícito porque es recuperable del entorno de lo que el analista añade por su cuenta para mejorar la apariencia lógica del argumento. «La muestra es pequeña; los resultados son inconcluyentes» sugiere que el tamaño de la muestra compromete la precisión o la capacidad de detectar un efecto. La consideración es legítima. Quien lea en esa frase un sesgo de selección, la ausencia de control de confusores o errores en las mediciones le atribuye posibilidades distintas, que necesitarían información adicional para sostenerse.

La reconstrucción de premisas implícitas tiene entonces dos obligaciones. Debe explicar por qué la conclusión parecía seguirse de lo expresado y evitar a la vez atribuir al hablante compromisos que nada permite sostener. Para cumplirlas cuenta el contexto, que incluye la intervención previa, el público, la finalidad del intercambio y las correcciones posteriores. Una reconstrucción puede ser útil como hipótesis de lectura y seguir siendo provisional, sobre todo cuando las palabras serán evaluadas por terceros, reproducidas en una noticia o convertidas en material docente.

## El entimema en la tradición aristotélica

Aristóteles presenta el entimema como una forma central del razonamiento retórico y, en el libro I de la *Retórica*, lo sitúa junto al ejemplo como recurso de persuasión propio de las cuestiones contingentes, aquellas sobre las que se delibera porque podrían resolverse de varias maneras. Su rasgo más característico es la economía, ya que algunas premisas pueden omitirse cuando el auditorio está en condiciones de aportarlas (Aristóteles, *Retórica*, I.2, 1357a). La fórmula escolar «silogismo con una premisa ausente» da una primera aproximación que empobrece, con todo, la amplitud de la noción retórica.

Una recomendación como «Conviene revisar la propuesta; el costo estimado se duplicó» puede ser un entimema, porque presupone que un cambio considerable en el costo justifica examinar de nuevo una decisión, criterio que la audiencia puede aceptar sin que nadie lo formule como regla universal. El razonamiento tiene una dimensión práctica, pues vincula una circunstancia con un curso de acción. También depende de un repertorio de valores sobre qué se considera una desviación relevante, cuánto presupuesto está disponible y quién tiene autoridad para modificar el plan.

El entimema puede apoyarse también en proposiciones compartidas que resultan discutibles. Una audiencia suele atribuir credibilidad a ciertos cargos o desconfiar de determinadas instituciones; el orador que conoce esas expectativas puede servirse de ellas para acortar la demostración, con una eficacia persuasiva que es independiente de la corrección del argumento. Por eso estudiar un entimema requiere reconstruir tanto su enlace inferencial como las condiciones sociales que vuelven plausible que el público lo complete.

## Reconstruir la garantía sin fabricar una tesis ajena

Consideremos la frase «Deberíamos probar esta herramienta en otro hospital; se evaluó únicamente en un centro». Una reconstrucción razonable le incorpora una premisa según la cual, cuando se pretende usar un instrumento fuera de la institución donde fue desarrollado, la evidencia de una sola institución puede ser insuficiente para establecer su transportabilidad. Esa premisa describe una preocupación metodológica que se ajusta a la conclusión moderada de hacer una prueba adicional.

Sería inadecuado reconstruir el argumento con la premisa «Todo estudio de un solo centro es inválido», que es mucho más fuerte. Esa versión facilitaría una refutación sencilla, porque hay investigaciones unicéntricas de buena calidad para las preguntas que estudian, pero la refutación iría dirigida contra una posición que el hablante nunca afirmó. El principio interpretativo que corrige este error suele llamarse *caridad* y se entiende como una exigencia de reconstrucción razonable, sujeta a la evidencia del texto y sin obligación de convertir todo razonamiento en impecable.

La operación inversa es igualmente peligrosa. Una argumentación explícitamente discriminatoria tampoco debe suavizarse hasta parecer una preocupación metodológica neutral. La caridad consiste en reconstruir el mejor argumento que puede atribuirse de manera responsable a lo dicho, sin ocultar sus generalizaciones injustificadas ni sus atribuciones evidentemente falsas. Esa reconstrucción se distingue de la versión mejorada que el analista querría que se hubiese pronunciado.

## Cuando hay más de un puente posible

«El informe se publicó después de la auditoría. Debemos confiar en sus conclusiones». La segunda oración podría apoyarse en varias premisas. Quizá el hablante supone que la auditoría revisó específicamente ese informe, que verificó todos los datos o que su sola existencia garantiza independencia. La proximidad temporal y el vínculo institucional entre ambos documentos son compatibles con cualquiera de esas hipótesis, de modo que el analista carece de base para escoger una única garantía.

Ante esa indeterminación, atribuir al orador la premisa más débil haría sencillo mostrar un error y resultaría injusto con lo que dijo. Lo razonable es preguntar «¿Qué aspectos del informe revisó la auditoría?», porque la respuesta delimita qué evidencia está disponible. Si la auditoría verificó procedimientos de contratación, no hay razón para considerarla una validación del análisis estadístico; si inspeccionó datos, código y protocolo, aporta razones pertinentes, si bien otras pruebas de validez siguen siendo necesarias.

En estudios de argumentación pueden documentarse varias reconstrucciones alternativas, indicando cuál exige menos supuestos adicionales. Así como no sería riguroso decidir por conveniencia a quién se refiere un pronombre ambiguo en una transcripción, la identificación de una premisa oculta es una inferencia interpretativa que debe someterse a criterios de pertinencia, economía y contraste con el comportamiento posterior del hablante. Hitchcock (2017) recoge un ensayo sobre argumentos entimemáticos en el que discute si lo que se omite en ellos es una premisa o una regla de inferencia.

## Premisas descriptivas, evaluativas y normativas

Los argumentos prácticos combinan con frecuencia diferentes clases de premisas. «La sala tiene una sola salida. Por razones de seguridad, debemos limitar el aforo» parte de un hecho sobre la infraestructura, presupone una relación entre evacuación y ocupación y llega a una recomendación apoyada en una norma de protección, que puede provenir de reglas técnicas, de disposiciones legales o de una valoración compartida sobre el riesgo aceptable. Cada una de esas premisas responde a una pregunta distinta.

Para pasar de un dato empírico a una decisión obligatoria hace falta algún criterio acerca de las consecuencias, los derechos o los objetivos; a la inversa, una norma puede reconocerse como válida mientras se discute si las condiciones de su aplicación se cumplen. En una reunión sanitaria, afirmar que «todos los pacientes deben recibir atención segura» aporta una norma aceptable, pero la elección de la intervención que mejor alcanza ese resultado requiere otra clase de argumentos.

Estas distinciones mejoran la discusión porque permiten localizar el desacuerdo. Dos personas pueden aceptar la misma evidencia y valorar de modo distinto las consecuencias, mientras que otras comparten los fines y discrepan sobre los hechos. Llamar *irracional* al oponente por llegar a otra conclusión, sin examinar esas diferencias, elimina premisas del análisis y convierte una divergencia compleja en una descalificación.

## La historia de las falacias y el problema de definirlas

En las *Refutaciones sofísticas*, Aristóteles estudió maneras de producir refutaciones aparentes a partir de defectos del lenguaje o del razonamiento. La tradición posterior reunió numerosos nombres de falacias, que a menudo se enseñaron como una lista de errores que cualquiera podría reconocer de inmediato. Esas clasificaciones tienen valor histórico y didáctico; el problema surge cuando cada nombre se presenta como un diagnóstico autosuficiente, independiente de la situación en la que se argumenta.

Charles L. Hamblin (1970) revisó críticamente esa herencia y mostró que la teoría de las falacias requería un fundamento más serio que la acumulación de ejemplos escolares. Los trabajos posteriores de Walton (1995) y Tindale (2007) desarrollaron análisis atentos al uso de los argumentos y a las condiciones en que pueden fallar. Una apelación a la autoridad, por ejemplo, puede aportar evidencia razonable o sustituir ilegítimamente la prueba según la competencia de la fuente, la materia discutida y la posibilidad de cuestionar sus afirmaciones. Blair (2012) reunió trabajos en los que, entre otros problemas, discute los criterios de aceptabilidad, pertinencia y suficiencia con que la lógica informal evalúa las premisas y su relación con la conclusión.

La idea de una falacia puede incorporar defectos formales, como una inferencia deductivamente inválida, o problemas más situados, como responder a una cuestión distinta para eludir una objeción. Los defectos argumentativos difieren también en gravedad, ya que una omisión inadvertida puede repararse con una pregunta, mientras que una maniobra reiterada que impide someter una tesis a crítica afecta al intercambio completo. Evaluar estos casos exige saber qué se esperaba resolver mediante la discusión.

## Equivocación, ambigüedad y desplazamiento del significado

Un argumento puede cambiar de sentido sin que cambie la palabra. «Los modelos abiertos son transparentes. Este modelo publica parte de su código. Por tanto, es transparente en todas sus decisiones» usa *transparente* para propiedades diferentes. La disponibilidad del código puede permitir ciertas inspecciones técnicas, mientras que la comprensión de todas las operaciones, el acceso a los datos de entrenamiento o la reconstrucción de cada decisión del sistema dependen de condiciones que la publicación parcial del código no reúne.

Se llama *equivocación* al uso de una misma expresión en sentidos diferentes dentro de una inferencia que depende de tratarlos como idénticos. Los casos evidentes se convierten en ejercicios escolares sobre palabras polisémicas; los de mayor consecuencia aparecen con términos especializados cuyo significado cambia discretamente, como *eficacia*, *riesgo*, *causa*, *evidencia*, *representativo* o *seguridad*. Un informe podría usar *validado* para indicar que una herramienta fue revisada por expertos y, después, para sugerir que ha demostrado utilidad clínica. La continuidad terminológica encubre entonces un cambio de criterio.

Muchas oscilaciones semánticas son inofensivas. Las expresiones adquieren matices diferentes según la actividad y pueden desambiguarse durante la conversación, de modo que el defecto aparece solo cuando la conclusión necesita una equivalencia que el texto no justifica. Una buena revisión señala las definiciones operativas y comprueba que los términos centrales mantengan un alcance compatible con las afirmaciones que sostienen.

## De la coincidencia temporal a la atribución causal

La falacia conocida por la fórmula latina *post hoc ergo propter hoc* se ilustra cuando alguien infiere que un acontecimiento causó otro solo porque ocurrió antes. «Se instaló un nuevo sistema de citación y disminuyeron las consultas; el sistema provocó la disminución» puede ser una hipótesis que merece estudio, pero como conclusión causal exige descartar o evaluar explicaciones alternativas, pues quizá cambiaron la demanda, los horarios, los criterios de registro o la capacidad del equipo.

La dificultad aumenta con las correlaciones observadas entre grupos. «Los servicios con mayor dotación presentan más incidentes informados» es compatible con un peor funcionamiento, con un mayor volumen de atención o con sistemas de reporte más completos. Una correlación positiva puede deberse a cualquiera de esas vías o a variables de confusión. Atribuirle una dirección causal, o negarla, requiere un diseño más exigente que la observación de dos cambios conjuntos.

Hay que distinguir el error de afirmar el consecuente, introducido en el texto anterior, de las inferencias causales débiles. «Si hubiera una falla eléctrica, la alarma sonaría; la alarma sonó; hubo una falla eléctrica» tiene una forma deductiva inválida, aunque la misma alarma puede aportar evidencia probabilística de una falla cuando se conocen su sensibilidad y su tasa de falsas alarmas. La evaluación correcta depende de la fuerza que pretende tener la conclusión y de los datos disponibles sobre alternativas.

## Generalizar sin conocer el denominador

«Conozco a tres personas que recibieron respuestas equivocadas; el sistema siempre falla» toma episodios reales y los convierte en una afirmación universal que excede el material disponible. Las experiencias personales pueden identificar problemas importantes y orientar una investigación; su valor para estimar frecuencias depende del muestreo, de los casos que no se observaron y del criterio empleado para identificar un fallo.

En contextos de salud, una complicación poco frecuente puede ser grave aunque su prevalencia sea baja, de modo que rechazar una advertencia por proceder de un caso aislado sería igualmente apresurado. El caso señala la posibilidad de un daño; para pronunciarse sobre su incidencia hace falta otra clase de evidencia. El investigador tiene que distinguir la existencia de un mecanismo, la frecuencia con que se presenta y la conveniencia de responder a él, preguntas emparentadas que requieren denominadores y diseños diferentes.

También puede producirse la generalización contraria. Ocurre cuando una estadística poblacional se usa para afirmar algo sobre un individuo. La tasa promedio de recuperación de un grupo es compatible con evoluciones muy distintas en las personas que lo forman. La falacia ecológica y la confusión entre niveles de análisis consisten justamente en olvidar que una relación agregada admite muchas trayectorias particulares, razón por la cual el discurso académico debe precisar la población sobre la que hablan sus resultados.

## Autoridad, testimonio y competencia

En una sociedad con conocimientos especializados resulta inevitable apoyarse en autoridades, porque un ciudadano no puede repetir cada ensayo farmacológico ni verificar por cuenta propia todos los cálculos de ingeniería. El testimonio experto aporta una razón que puede ser fuerte si la persona tiene competencia pertinente, conoce el asunto, trabaja con procedimientos apropiados y no está contradicha por evidencia mejor sustentada. Depender de especialistas forma parte del razonamiento responsable.

La apelación se vuelve defectuosa cuando la autoridad invocada carece de competencia sobre la cuestión, cuando se presenta su prestigio como sustituto de datos disponibles o cuando se ocultan conflictos que afectan la confiabilidad. «Es un investigador prestigioso, por tanto su interpretación económica debe aceptarse» atraviesa dominios sin justificación. En cambio, «El comité revisó los resultados mediante este protocolo» aporta un respaldo más específico, aunque todavía es pertinente preguntar qué evaluó y con qué información.

Walton, Reed y Macagno (2008) proponen analizar las inferencias presuntivas mediante esquemas acompañados de preguntas críticas. En una apelación experta, esas preguntas indagan la competencia, el contenido exacto del testimonio, su fundamento, su concordancia con otras fuentes y los posibles sesgos; con ellas se ve por qué una inferencia apoyada en autoridad puede ser razonable sin ser una demostración definitiva.

## Ataques personales y pertinencia del carácter

Una discusión se deteriora cuando alguien intenta sustituir la evaluación de una tesis por una descalificación de quien la sostiene, como cuando se afirma que «El informe está equivocado porque su autora es arrogante», frase que carece de vínculo pertinente entre el supuesto rasgo personal y los resultados del estudio. Es un uso típico de *ad hominem*, en el que una característica de la persona, que nada resuelve sobre la cuestión investigada, ocupa el lugar de la discusión de las razones.

Las circunstancias personales pueden, con todo, ser pertinentes. Si se analiza el testimonio de alguien sobre hechos que afirma haber observado, su acceso a esos hechos o una contradicción documentada pueden afectar la credibilidad; si una persona decide sobre una contratación en la que mantiene un interés económico, corresponde examinar el conflicto. Señalarlo puede justificar un procedimiento independiente de evaluación. Sus argumentos técnicos siguen requiriendo, de todos modos, un examen propio.

La diferencia está en identificar qué afirmación se examina y cómo se vincula con ella la información personal, ya que un comentario sobre la integridad de un testigo exige criterios distintos de los que se aplican a un razonamiento matemático. El nombre *ad hominem* resulta poco útil cuando se emplea para prohibir toda pregunta sobre intereses, responsabilidades o confiabilidad.

## El espantapájaros y las versiones convenientes del adversario

Un *hombre de paja* aparece cuando se reemplaza la posición de otra persona por una versión más fácil de desacreditar, como cuando «Sería conveniente estudiar los efectos del nuevo horario» se convierte en «La oposición pretende paralizar indefinidamente todas las actividades», frase que atribuye una conclusión mucho más extrema, sobre la cual resulta sencillo construir objeciones mientras el argumento original queda sin examen.

El fenómeno puede producirse sin una intención consciente de manipular, ya que una pregunta mal interpretada, una paráfrasis excesivamente breve o la pertenencia a tradiciones terminológicas distintas bastan a veces para crear un adversario imaginario. Por eso es útil conservar una cita representativa y comprobar que el interlocutor reconoce la reformulación antes de criticarla. Cuando ello no es posible, el analista debe documentar el texto original y explicar qué interpretación atribuye a cada segmento.

Hay ocasiones en que una posición tiene consecuencias que su defensor no ha reconocido. Argumentar que una tesis conduce a otra consecuencia es una crítica legítima si la inferencia se justifica de manera independiente, pero se trata de una operación distinta de afirmar que el interlocutor defendía explícitamente esa consecuencia. Quien separa lo afirmado de lo implicado puede sostener un debate exigente sin fabricar citas ajenas.

## Falsas alternativas y pendientes resbaladizas

«O aprobamos esta propuesta hoy o aceptamos el deterioro del servicio» presenta dos caminos como si agotaran el conjunto de opciones, cuando tal vez existan variantes, un ensayo temporal o medidas alternativas. La llamada *falsa dicotomía* aparece cuando la exclusividad entre opciones carece de fundamento. Algunas decisiones exigen efectivamente escoger entre dos alternativas mutuamente excluyentes, de manera que la tarea consiste en comprobar si el problema se describió con toda la amplitud pertinente.

Los argumentos de pendiente resbaladiza requieren una evaluación igualmente contextual. «Si autorizamos una excepción, terminaremos sin ninguna regla» propone una secuencia de consecuencias que puede advertir sobre un mecanismo real de precedentes y presiones institucionales o especular sin evidencia acerca de una cadena inevitable. El juicio depende de qué pasos intermedios se describen, de las condiciones que favorecen las transiciones y de los controles que podrían detenerlas.

Una política que admite excepciones justificadas puede tener procedimientos transparentes para impedir aplicaciones arbitrarias; en otro entorno, un primer precedente podría crear expectativas difíciles de revertir. Reducir todos estos casos a una etiqueta de falacia oculta la tarea propiamente evaluativa, que consiste en juzgar la plausibilidad y la fuerza de las relaciones causales o normativas que unen cada paso.

## Silencio, ausencia de evidencia y carga de prueba

«Nadie ha demostrado que el sistema sea peligroso; por lo tanto, es seguro» puede confundir ausencia de prueba con prueba de ausencia. Su valor depende del método de búsqueda, porque si hubo un programa exhaustivo de detección, con sensibilidad suficiente para identificar los daños relevantes, la ausencia de hallazgos es alguna evidencia negativa. Si nadie investigó el problema, el silencio aporta mucho menos. La calidad del procedimiento transforma el valor inferencial de una misma formulación verbal.

También se invierte la carga de prueba cuando quien propone una afirmación exige a otro demostrar que es falsa, sin ofrecer razones iniciales para aceptarla, maniobra que puede inmovilizar la discusión frente a hipótesis muy generales o difíciles de refutar. La distribución de obligaciones depende de la finalidad y de las reglas de la actividad. En un procedimiento jurídico existe una regulación específica; en una investigación científica la responsabilidad por respaldar una hipótesis se organiza de otra manera.

Las afirmaciones negativas también necesitan evidencia. Quien sostiene que cierta intervención no produce ningún efecto formula una conclusión que puede exigir un diseño capaz de detectar efectos suficientemente pequeños, por lo que las inferencias negativas deben calibrarse según lo investigado, con independencia de cualquier regla retórica simple sobre qué participante tiene que hablar primero.

## Petición de principio, circularidad y confirmación aparente

Una argumentación incurre en petición de principio cuando presupone, de una manera relevante para la discusión, aquello que pretende establecer. «El procedimiento es confiable porque fue diseñado por un equipo que siempre produce procedimientos confiables» puede ser circular si la única evidencia de la confiabilidad del equipo es que diseñó ese mismo procedimiento, caso en que el apoyo invocado no aporta información independiente a la cuestión inicial.

La circularidad puede ocultarse en cadenas documentales. Una revisión cita un informe que repite los resultados de una revisión anterior; un artículo posterior reúne ambas referencias como si fueran corroboraciones independientes, cuando quizá todas procedan del mismo conjunto original de datos. El número de documentos aumenta mientras la cantidad de observaciones independientes permanece constante. En estos casos la falacia nace de un problema de procedencia que no se detecta examinando únicamente la forma verbal de las citas.

Hay razonamientos circulares con funciones filosóficas o metodológicas complejas, como ocurre con algunas justificaciones de principios básicos que deben discutirse mediante coherencia mutua, reglas constitutivas o procedimientos de revisión. Los círculos aparentes tienen, por tanto, valores distintos. Cuando hay un defecto, debe explicarse indicando qué conclusión estaba en disputa, qué premisa requería justificación independiente y qué evidencia se presentó realmente, preguntas a las que la etiqueta *petición de principio*, aislada, no responde.

## Esquemas argumentativos y preguntas críticas

Una salida al problema de los catálogos mecánicos consiste en reconstruir los esquemas de razonamiento que operan en cada situación. Una analogía compara casos respecto de propiedades que podrían justificar una inferencia, una generalización proyecta un patrón observado, una inferencia causal relaciona acontecimientos bajo alguna hipótesis y una recomendación práctica vincula objetivos, medios y consecuencias. Cada esquema tiene condiciones de uso y preguntas específicas que permiten examinarlo.

En una analogía entre dos programas de capacitación, hay que preguntar qué características son relevantes para el resultado, qué diferencias existen y si la propiedad comparada depende justamente de esas diferencias. En un argumento de consecuencias debe estudiarse la probabilidad de los efectos, su magnitud, el horizonte temporal y las alternativas disponibles, mientras que en una apelación a precedentes corresponde investigar si las circunstancias que justificaron una decisión siguen presentes. Las preguntas críticas permiten evaluar razonamientos presuntivos que admiten revisión, sin transformarlos en deducciones necesarias.

Walton (1996) había caracterizado estos razonamientos como presuntivos, es decir, como inferencias que trasladan la carga de prueba y quedan sujetas a preguntas críticas; Walton y colaboradores (2008) propusieron después un repertorio de esquemas útil para analizar el razonamiento ordinario y diseñar herramientas computacionales. El repertorio vincula formas típicas de apoyo con obligaciones de justificación. Gracias a ello es posible aceptar provisionalmente una recomendación y pedir datos adicionales sin que uno de los interlocutores tenga que declarar absurda la posición del otro.

## Falacias como obstáculos para una discusión crítica

Van Eemeren y Grootendorst (2004) elaboraron un modelo pragma-dialéctico que estudia la argumentación como un procedimiento para resolver diferencias de opinión y en el que una falacia puede entenderse como violación de las reglas que permiten una discusión crítica. Impedir al adversario exponer su posición, atribuirle una tesis que no sostuvo o presentar como compartida una premisa en disputa afecta a las condiciones del intercambio, incluso cuando las oraciones tienen una gramática impecable.

La discusión real incluye tensiones entre fines. Una comisión puede deliberar para seleccionar una opción antes de un plazo, un seminario investiga la fuerza de una tesis y una negociación busca un acuerdo posible sin exigir coincidencia completa de creencias. Por eso el análisis debe reconocer qué clase de diálogo se desarrolla, ya que una maniobra aceptable en una negociación puede ser improcedente si se presenta como prueba de una afirmación científica. Cambiar inadvertidamente la finalidad del intercambio puede convertirse en parte del problema argumentativo.

Nada de esto obliga a que toda discusión adopte una solemnidad académica. La ironía, el desacuerdo intenso y las respuestas breves pueden ser legítimos. El criterio es si los participantes conservan oportunidades razonables de plantear sus razones, cuestionar las premisas y revisar los compromisos, condiciones de examen crítico que la cortesía facilita en ocasiones, si bien nunca las reemplaza.

## Un argumento institucional reconstruido paso a paso

Volvamos a la comunidad escolar. Un informe hipotético registra retrasos del transporte en veinte jornadas, ante los cuales una propuesta de cambio de horario afirma que resolverá el problema porque permitirá a los buses salir treinta minutos antes. Alguien observa que la congestión se concentra a una hora distinta y que varios estudiantes toman rutas que no dependen de los buses de la institución. «O aceptamos el horario nuevo o seguimos exponiendo a las familias a riesgos», replica otro miembro.

Podemos reconstruir la recomendación inicial con cuatro elementos. Hay un dato (el registro de retrasos) y un mecanismo propuesto (adelantar la salida para evitar cierta congestión). Una premisa práctica implícita sostiene que una modificación que reduce los retrasos sin generar perjuicios desproporcionados merece considerarse, de donde se sigue la conclusión de adoptarla. Una discusión informada preguntaría por la confiabilidad del registro, el recorrido de cada bus, el efecto esperado del nuevo horario y sus consecuencias para otras actividades.

La respuesta dicotómica desplaza el análisis. Presenta el horario nuevo como única protección disponible y atribuye al rechazo un efecto moralmente inaceptable. Su defecto central, que puede identificarse sin suponer una intención maliciosa, es la falta de razones que excluyan otras medidas. El cambio de horario puede resultar conveniente aunque la dicotomía que lo defendía sea falsa, porque su evaluación depende de sus propios méritos; la crítica correcta separa la insuficiencia de una defensa particular de la evaluación de la opción que se defiende.

Este caso ilustra una práctica general de lectura. Consiste en recuperar la conclusión, registrar qué datos la sostienen, identificar los puentes implícitos, comparar alternativas y determinar qué información modificaría el juicio. Si las partes comparten ese procedimiento, el desacuerdo puede volverse más preciso aunque ninguna cambie de opinión de inmediato.

## Escritura científica, modelos generativos y revisión editorial

En un manuscrito académico las falacias pueden adoptar formas poco visibles. Una introducción presenta varios estudios observacionales y termina afirmando que un mecanismo ha quedado demostrado, una discusión confunde significación estadística con relevancia clínica o una conclusión atribuye a toda una disciplina resultados obtenidos en una población estrecha. Los conectores refuerzan la apariencia de continuidad aun cuando el argumento contenga un salto, porque el problema reside en la relación entre evidencia, inferencia y alcance, con independencia del vocabulario.

Los modelos generativos pueden reproducir esos defectos con prosa fluida, pues son capaces de escribir «por consiguiente» donde solo hay una asociación temática, completar una premisa que no aparece en los documentos o atribuir un juicio al autor equivocado. Una auditoría útil requiere recuperar las afirmaciones que realmente sostienen las fuentes y diferenciar una síntesis legítima de una elaboración del sistema. Dar a un modelo la instrucción de «detectar falacias» puede producir etiquetas plausibles y escasamente justificadas si no se exige reconstruir los argumentos concretos.

En la edición hay que localizar los pasajes donde la fuerza de la conclusión aumenta, aparecen cuantificadores absolutos o cambia el significado de un término central. También es útil observar qué premisa tendría que ser verdadera para que la conclusión se siguiera y si el texto aportó razones para aceptarla, procedimiento que permite corregir con pocos cambios un argumento bien encaminado. A menudo basta matizar un verbo causal, precisar el dominio de una generalización o hacer explícita una condición, sin necesidad de reescribir toda la sección.

## Razones que admiten corrección

La teoría de las falacias alcanza su mayor utilidad cuando ayuda a formular objeciones pertinentes ante una expresión con varios sentidos, una conclusión que exagera la evidencia o un argumento que se apoya en una premisa compartida que nunca se examinó. Dar nombre a esos problemas puede orientar la investigación, siempre que la denominación se acompañe de una explicación que el interlocutor pueda contrastar con lo dicho.

Los entimemas recuerdan que argumentar requiere confiar en conocimientos y valores que los participantes aportan sin formularlos continuamente. Esa economía vuelve posible la conversación y la enseñanza, si bien también puede dejar sin examinar los supuestos de los que depende una decisión. Una discusión rigurosa recupera esos supuestos cuando resultan importantes, sin exigir que cada enunciado se convierta en un tratado de lógica.

Las falacias recuerdan, por su parte, que una inferencia persuasiva puede fallar por distintos motivos, sea su forma, la calidad de una premisa, la pertinencia de una respuesta o la distribución de la carga de prueba. Preguntar qué defecto concreto se produjo y qué revisión permitiría repararlo evita que el desacuerdo se convierta en un concurso de etiquetas y prepara el examen de otro nivel de la argumentación, el de la forma en que un problema se define antes de que comiencen a discutirse sus soluciones.

## Referencias y lecturas

- Aristóteles. *Retórica*, libro I, texto «Saussure y Peirce: dos programas para pensar el signo», 1357a. Texto griego en Perseus Digital Library: https://beta.perseus.tufts.edu/urn:cts:greekLit:tlg0086.tlg038.perseus-grc2:1.2/
- Aristóteles. *Refutaciones sofísticas*. En *Órganon* (ediciones y traducciones diversas).
- Blair, J. A. (2012). *Groundwork in the Theory of Argumentation: Selected Papers of J. Anthony Blair* (C. W. Tindale, Ed.). Springer. https://doi.org/10.1007/978-94-007-2363-4
- Hamblin, C. L. (1970). *Fallacies*. Methuen.
- Hitchcock, D. (2017). *On Reasoning and Argument: Essays in Informal Logic and on Critical Thinking*. Springer. https://doi.org/10.1007/978-3-319-53562-3
- Tindale, C. W. (2007). *Fallacies and Argument Appraisal*. Cambridge University Press. https://doi.org/10.1017/CBO9780511806544
- van Eemeren, F. H., & Grootendorst, R. (2004). *A Systematic Theory of Argumentation: The Pragma-Dialectical Approach*. Cambridge University Press.
- Walton, D. N. (1995). *A Pragmatic Theory of Fallacy*. University of Alabama Press.
- Walton, D. N. (1996). *Argumentation Schemes for Presumptive Reasoning*. Lawrence Erlbaum Associates.
- Walton, D., Reed, C., & Macagno, F. (2008). *Argumentation Schemes*. Cambridge University Press. https://doi.org/10.1017/CBO9780511802034

