# Historia, relato y discurso

Un tren sale de la estación con veinte minutos de retraso. A pocos kilómetros, una falla obliga a detenerlo y los pasajeros permanecen una hora en los vagones, por lo que llegan a destino cuando ya ha terminado una ceremonia. Estos hechos pueden contarse en el orden en que ocurrieron, pero también se puede empezar por una invitada que encuentra el salón vacío, regresar a la escena del tren detenido y dejar para el final la explicación de la avería. Una tercera versión podría describir solo la discusión entre dos pasajeros, cuya relación se transforma durante la espera. Los acontecimientos básicos son compatibles; cada relato selecciona otros centros de atención y produce una experiencia distinta de lo sucedido.

La posibilidad de contar de varias maneras un conjunto de hechos es el punto de partida de una de las distinciones centrales de la narratología. Los acontecimientos representados no coinciden sin más con las frases, las imágenes o los sonidos que permiten conocerlos, ni el orden en que se presentan coincide necesariamente con su secuencia temporal. A ello se suma que la elección de una perspectiva y la distribución de la información hacen que el receptor reconstruya ciertas conexiones y deje otras abiertas. Para estudiar estas operaciones se han empleado términos como *historia*, *relato*, *discurso*, *fábula*, *trama* y *narración*, con sentidos que cambian entre escuelas.

Este texto precisa esas relaciones y muestra qué se gana al separarlas. La cuestión excede la ficción, pues aparece cuando una persona cuenta un recuerdo, cuando un periodista reconstruye un acontecimiento, cuando una institución redacta un expediente o cuando un sistema automático resume una entrevista. Una distinción técnica mejora el análisis si permite identificar qué transformación ocurrió entre un conjunto de hechos y su representación. Se vuelve engañosa cuando se usa para presentar como hechos independientes las inferencias que el propio relato indujo.

## Una terminología que exige declarar el marco

La palabra *historia* designa en español tanto un conjunto de acontecimientos como una disciplina dedicada a estudiar el pasado; *relato* puede designar un texto completo o el acto de contar. *Discurso* nombra, según la tradición, la organización expresiva de la narración, el lenguaje en uso o un conjunto histórico de prácticas que establecen lo que puede decirse acerca de un objeto. En narratología hay que distinguir estas acepciones antes de establecer equivalencias.

En la formulación de Seymour Chatman (1978), la *historia* (*story*) comprende los acontecimientos y los elementos del mundo representado, mientras que el *discurso* (*discourse*) concierne al modo en que esa historia se presenta y se transmite. La distinción permite formular dos preguntas complementarias, la de qué ocurre y la de cómo llega el receptor a conocerlo, entre las cuales hay una relación estrecha, porque la historia solo se recibe a través de una manifestación discursiva determinada. Abbott (2020) insiste en ese punto al recordar que la historia llega siempre mediada por el discurso narrativo.

Gérard Genette (1972/1980) elaboró otra clasificación, en la que distingue *histoire*, *récit* y *narration*, es decir, los acontecimientos representados, el enunciado o texto narrativo y el acto de producir ese enunciado, con su situación correspondiente. En español suele traducirse la tríada como *historia*, *relato* y *narración*. La palabra *discurso* aparece también en las traducciones y discusiones de Genette, a menudo para señalar el carácter verbal del relato, pero tratarla como un cuarto nivel autónomo de su sistema sería un error.

Se pueden establecer correspondencias de trabajo entre la oposición de Chatman y la tríada de Genette, siempre que se reconozcan sus diferencias. *Discurso* en Chatman cubre un terreno cercano al de la presentación narrativa; *récit* en Genette designa de manera más específica el enunciado narrativo y *narration* permite preguntar por su producción. Fludernik (2009) recorre en su manual las principales terminologías y sus diferencias, que ninguna tabla de equivalencias recoge por completo. Por eso un análisis gana claridad cuando indica qué noción de discurso usará.

## La tríada de Genette y la situación de contar

En una crónica ficticia leemos «Tres semanas después del accidente, Clara decidió volver a conducir». La *historia* incluye, entre otros elementos, el accidente anterior y la decisión posterior. El *relato* es la formulación efectiva, que menciona un hecho en pocas palabras, omite circunstancias y coloca a Clara en el centro. La *narración*, entendida en el sentido de Genette, obliga a considerar quién cuenta, desde qué momento, en qué situación comunicativa y con qué relación respecto de lo narrado.

Esta distinción evita un error frecuente. Que el texto diga «tres semanas después» permite situar un intervalo dentro de la historia; el tiempo transcurrido entre el acontecimiento y el acto de contarlo es otra magnitud, pues una persona puede narrar veinte años después lo que en el mundo referido ocurrió durante un mes. En una novela, el narrador puede contar retrospectivamente acontecimientos cuyo desenlace conoce. En una conversación, un hablante puede modificar su versión en respuesta a lo que le pregunta otro.

El acto narrativo tampoco debe confundirse automáticamente con el autor empírico, porque cuando una novelista escribe «Yo abrí la puerta» el pronombre puede pertenecer a un narrador ficticio. Un diario íntimo escrito por una persona real ocupa otra posición y sigue requiriendo distinguir a quien escribe de la representación de sí mismo que el documento construye. La pregunta por las instancias de enunciación será desarrollada en el estudio de voz y focalización. Por ahora basta reconocer que la procedencia del relato forma parte del análisis.

En el habla institucional, narrar puede ser una obligación, una defensa o una explicación solicitada. Un testigo puede contar una secuencia por iniciativa propia y reformularla después porque se le pidió una precisión. En ese caso, la historia reconstruida depende tanto de los acontecimientos como de la información solicitada y de la forma en que se convirtió en respuesta. Ignorar la situación de producción supone que el relato llegó como un objeto ya terminado y sin interlocutores.

## La distinción emparentada entre fábula y siuzhet

La tradición formalista rusa empleó los términos *fábula* y *siuzhet* para pensar la diferencia entre el material de acontecimientos reconstruible y su organización en la obra. La fábula suele describirse como una secuencia que permite ordenar lo ocurrido según relaciones temporales y causales, mientras que el siuzhet designa el arreglo artístico de ese material. La oposición orientó desarrollos posteriores, entre ellos los análisis de la narración cinematográfica de David Bordwell (1985).

Las traducciones a *historia*, *argumento*, *trama* o *discurso* son inestables. En la lengua cotidiana, *trama* puede designar tanto lo que ocurre como el modo en que está dispuesto, con lo cual se corre el riesgo de dar por aclarado un análisis gracias a una palabra cuyo significado no se ha definido. En una investigación sobre una novela es preferible indicar si *trama* designa la disposición de los episodios o su organización causal global.

La reconstrucción de la fábula tampoco es una copia de un contenido puro, ya que el lector infiere relaciones a partir de la obra, de convenciones narrativas y de su conocimiento. En el cine, una toma de una ventana rota seguida por la imagen de un personaje que corre puede hacer pensar que alguien huyó por allí. La hipótesis es inteligible, si bien solo el desarrollo posterior del filme puede confirmarla. Bordwell estudió la actividad del espectador al construir la historia a partir de indicios narrativos y estilísticos.

## Los acontecimientos dentro del conjunto narrativo

Reconstruir la historia supone identificar cambios de estado. Si un personaje pierde una carta, otro la encuentra y una tercera persona decide no entregarla, el lector puede ordenar esos episodios y establecer relaciones que siguen siendo pertinentes aunque la novela los presente en textos distintos. Decidir qué cuenta como acontecimiento narrativamente significativo depende, sin embargo, del conjunto, porque un movimiento en apariencia trivial, como dejar una taza sobre una mesa, puede revelar su importancia mucho después.

Chatman (1978) distinguió entre acontecimientos que afectan de manera decisiva a la estructura de la historia y otros que desarrollan o complementan su curso, un recurso que ayuda a estudiar por qué ciertas supresiones alteran la inteligibilidad de un relato y otras modifican sobre todo su ritmo o su textura. Lo que no existe es una lista universal de eventos imprescindibles, puesto que una descripción secundaria para una intriga policial puede ocupar el centro de una narración sobre el duelo de un personaje.

La historia incluye también lo que perdura. Herman (2009) cuenta entre los elementos básicos de la narración, junto con la secuencia de acontecimientos, la construcción de un mundo narrativo que algún suceso viene a alterar. Los lugares, objetos, instituciones y relaciones entre los participantes establecen condiciones que hacen comprensibles sus acciones. Si dos hermanos no se hablan desde hace años, una llamada breve adquiere un significado que no tendría entre personas que conversan cada tarde; el estado previo, que es un dato del mundo narrado, resulta indispensable para interpretar el acontecimiento que sigue. Por eso analizar únicamente cambios visibles empobrecería la reconstrucción.

La identificación de las unidades necesita un criterio que responda a la pregunta del estudio. Para investigar la estructura de una intriga puede ser pertinente tomar como acontecimientos las decisiones y sus consecuencias; si se estudia, en cambio, la representación del espacio, habrá que atender a transiciones menores y a relaciones de ubicación. En una historia clínica, un inicio de síntomas, un cambio farmacológico y una hospitalización pertenecen a una cronología que no se obtiene de la simple cantidad de frases dedicadas a cada uno.

## El discurso selecciona qué llega a existir para el lector

La presentación narrativa incluye decisiones sobre lo que se menciona, se describe con detalle, se anticipa o se omite. Una novela puede dedicar una página al sonido de un ascensor y resolver en una oración el paso de una década. Una noticia puede comenzar por las consecuencias sociales de una medida y relegar los detalles de su adopción a un apartado posterior. Estas decisiones alteran la jerarquía con que los acontecimientos ingresan a la comprensión.

Hay que distinguir la omisión comprobable de la falta de conocimiento. Si el texto dice «Volvió a la ciudad veinte años después», ese intervalo queda sin desarrollar, quizá porque no contiene una historia adicional relevante para su proyecto. Si presenta una conversación y elimina deliberadamente una respuesta que después aparece citada, puede hablarse con mayor fundamento de una reserva informativa. En ningún caso corresponde inventar episodios ocultos para llenar todo hueco de la narración.

La selección incluye maneras de nombrar. «La dirección cambió el protocolo», «se modificó el protocolo» y «la comunidad recuperó un procedimiento anterior» pueden aludir a un mismo proceso desde orientaciones diferentes. La primera formulación atribuye agencia a una institución, la segunda prescinde de un agente explícito y la tercera evalúa la transformación desde un colectivo, de manera que el discurso incorpora una perspectiva incluso cuando la secuencia factual es compatible.

El papel de la selección se aprecia al comparar versiones del mismo material. Si un expediente conserva todas las fechas y omite sistemáticamente quién tomó las decisiones, su cronología puede ser correcta y su atribución de responsabilidad resultar insuficiente. El análisis narratológico describe cómo se distribuye la información en el texto; la conclusión de que hubo ocultamiento deliberado exige pruebas adicionales sobre el proceso de producción.

## Orden de exposición y cronología reconstruida

Un relato puede comenzar por una consecuencia, regresar a un antecedente y avanzar después hacia un desenlace, porque la cronología atribuible a los acontecimientos y el orden en que el texto los presenta son dos secuencias distintas. Genette (1972/1980) describió relaciones de orden que permiten identificar movimientos retrospectivos y anticipatorios. Sus denominaciones específicas y su tipología corresponden al estudio posterior de orden, duración y frecuencia. En esta etapa basta con la lógica general de la comparación.

Consideremos «Cuando encontraron el cuaderno, ya habían pasado cuatro años desde la desaparición». La primera cláusula presenta el hallazgo y la segunda introduce un acontecimiento anterior cuya importancia aún se desconoce. Si el texto continúa describiendo los últimos días de la persona desaparecida, el lector recibe información histórica posterior al anuncio del hallazgo, pero anterior a él dentro del mundo narrado, porque el acto de lectura tiene una temporalidad propia que no reproduce la del acontecimiento.

El orden afecta también a las atribuciones morales. «Lo acusaron públicamente; después apareció la evidencia que lo exculpaba» construye una experiencia distinta de «La evidencia exculpatoria existía desde el principio; pese a ello, lo acusaron públicamente». La segunda versión sitúa el conocimiento disponible antes de presentar la acusación y favorece una pregunta por responsabilidad. Si la prueba se conoció solo después, esa formulación sería engañosa como relato factual.

En los documentos profesionales, reconstruir bien la cronología tiene consecuencias prácticas, porque la fecha de inicio de un síntoma y la fecha en que alguien lo comunicó son distintas, como lo son el momento de una decisión y el de su registro escrito. La narración puede agruparlas por pertinencia clínica, siempre que indique cuáles son los intervalos efectivamente conocidos.

## Duración, frecuencia y proporción narrativa

Dos textos pueden preservar el mismo orden de acontecimientos y distribuir de manera diferente la atención. Frente a una versión que ocupa varias páginas en la conversación previa a un accidente, otra registra esa conversación en dos líneas y describe con detalle las consecuencias posteriores. La diferencia corresponde, en parte, a la relación entre la duración de los acontecimientos y la extensión o el tiempo de su representación. En una película intervienen la duración de los planos y las técnicas de montaje; en una novela, la extensión verbal y la modalidad de presentación.

La frecuencia introduce otra dimensión. Un acontecimiento puede contarse una sola vez, reaparecer desde varias perspectivas o resumirse como parte de una repetición habitual. «Cada tarde pasaba frente a la misma casa» reúne muchas ocurrencias bajo una formulación iterativa, mientras que «Aquella tarde pasó frente a la casa» selecciona un episodio particular. La repetición narrativa de un evento único puede señalar su importancia, presentar recuerdos discordantes o revelar interpretaciones que cambian con el tiempo.

Tales diferencias afectan a la historia que el lector reconstruye. Si una misma escena reaparece en varios testimonios, hay que advertir que varios relatos pueden referirse a un único episodio. La repetición documental puede aumentar la impresión de corroboración aunque todos los textos reproduzcan una fuente común.

## Perspectiva, mundo representado y mundo conocido

Toda historia construida mediante un discurso entrega información desde alguna posición. Un narrador puede describir el interior de una casa mientras un personaje permanece afuera o, por el contrario, limitarse a lo que ese personaje oye a través de una puerta. Las dos versiones remiten a una escena semejante y distribuyen de otro modo lo que el lector sabe, con lo cual, aun cuando los acontecimientos sean los mismos, cambia la comprensión de sus posibilidades.

En narratología se usa *focalización* para analizar la regulación del acceso a la información narrativa. Mieke Bal (2009) la integra, con decisiones terminológicas propias, dentro de un sistema que distingue texto, historia y fábula; Genette había formulado una clasificación distinta. La comparación muestra que categorías cercanas pueden tener límites diferentes y que es improcedente convertirlas en una escala simple de mayor o menor omnisciencia.

«Ana creyó reconocer a Bruno entre la multitud» informa sobre una interpretación de Ana sin confirmar que efectivamente lo haya visto. «Bruno estaba entre la multitud y Ana lo reconoció», en cambio, formula una identificación factual dentro del mundo narrado. «Un hombre que parecía Bruno cruzó la plaza» suspende otra vez la identidad. La escena representable es casi la misma en los tres casos; cambian los compromisos que el discurso solicita al lector.

En la ficción esta tensión es deliberadamente productiva, porque una narración puede mantener al lector dentro de la incertidumbre de un personaje para producir suspenso o ironía. En un testimonio y en una ficha clínica, en cambio, estas diferencias determinan qué puede documentarse como observación, percepción, creencia o inferencia, de modo que la claridad estilística debe convivir con el registro del acceso epistémico de la fuente.

## Voz, destinatario y tiempo de la enunciación

El discurso narrativo presupone alguna instancia de presentación, aunque no siempre aparezca un narrador personal explícito. Una novela puede abrir con una voz que no se identifica y un documental puede organizar imágenes y declaraciones sin una voz en off continua; en una conversación, por el contrario, hay hablantes concretos que cuentan ante interlocutores capaces de interrumpir o corregir. El análisis debe distinguir la existencia de una organización narrativa de la presencia visible de un narrador gramatical en primera persona.

También cuenta la relación temporal entre el acto de contar y lo contado. «Ahora recuerdo aquella tarde» sitúa el relato en un presente de evocación, mientras que «Mañana volveré y entonces sabré la respuesta» puede narrar anticipatoriamente un acontecimiento previsto que todavía no ha ocurrido. Una novela escrita en presente puede representar hechos pasados respecto de su mundo ficcional. El tiempo verbal aislado no determina la situación completa de enunciación.

Rimmon-Kenan (2002) y Genette (1983/1988) proponen herramientas para examinar las posiciones narrativas, los niveles y la representación de voces ajenas. Para el problema actual basta reconocer que quien narra y quien recibe el relato forman parte de sus condiciones de producción; incluso una historia que se presenta como autónoma solo es accesible a través de procedimientos de enunciación.

## Dos versiones de un mismo incidente

Imaginemos un episodio ficticio ocurrido en una biblioteca. Una estudiante deja su portátil en una mesa y sale brevemente para atender una llamada. Mientras está fuera, un funcionario retira los objetos abandonados porque el edificio debe cerrarse, de modo que, cuando la estudiante vuelve, encuentra la mesa vacía y solo después recupera el portátil en recepción. Esta reconstrucción fija cinco hechos para el ejercicio y evita añadir motivos que ninguna fuente haya declarado.

Una primera versión podría decir lo siguiente.

> Al regresar, Julia encontró vacía la mesa donde había dejado el portátil. Durante unos instantes pensó que se lo habían robado. Más tarde supo que un funcionario lo había llevado a recepción mientras despejaba las salas para el cierre.

La historia comienza por una consecuencia que el personaje interpreta erróneamente y después da un antecedente que reorganiza la situación, con lo cual sitúa al lector cerca de su desconocimiento inicial y produce una breve secuencia de sospecha y aclaración.

Una segunda versión podría leerse en un registro institucional.

> A las 18:00 se inició el despeje de salas. Un funcionario trasladó a recepción un portátil que permanecía en una mesa sin su propietaria presente. La estudiante se presentó posteriormente y recuperó el equipo.

Aquí la reconstrucción pone en primer plano el procedimiento y la continuidad de la custodia. Desaparece la sospecha de robo porque no es indispensable para el objetivo administrativo, aunque podría ser relevante si el informe buscara reconstruir una reclamación.

Las dos versiones son compatibles respecto de los hechos establecidos y difieren en el inicio, la selección, las denominaciones, el acceso a la experiencia de Julia y la finalidad, sin que ninguna sea necesariamente una traducción neutra de la otra. Si el registro administrativo añadiera «La estudiante abandonó negligentemente su equipo», introduciría una evaluación que requeriría criterios ajenos al conjunto de hechos. Si la narración personal afirmara que el funcionario intentó robar el portátil, pasaría de una sospecha inicial a una atribución factual igualmente injustificada.

## Cuando el narrador descubre que sabía menos de lo que creía

La diferencia entre historia y discurso se vuelve visible cuando una narración rectifica su propia reconstrucción, como cuando un personaje afirma «Pensé durante años que mi hermano había vendido la casa; ahora sé que la operación nunca se completó». La versión inicial pertenece a su historia de creencias; los hechos patrimoniales comprobados son los que presenta la segunda oración. El texto obliga a mantener dos planos, el de lo que ocurrió o se considera ocurrido y el de lo que alguien creyó acerca de ello.

En la ficción, la corrección puede convertir escenas anteriores en señales de otra trama. Un lector que interpreta una reunión como una despedida y descubre después que era una negociación reconoce, si vuelve a leer, detalles que antes no habían adquirido relevancia. Las palabras iniciales siguen siendo las mismas, pero la historia que el lector construye a partir de ellas ha cambiado; la distinción entre ambas capas es analítica y su contenido puede modificarse durante la lectura. Ricoeur (1983/1984) situó en ese punto la culminación de la trama, que configura acontecimientos heterogéneos y solo se completa en el acto de leer.

En los testimonios, esta estructura exige otra disciplina. Una persona puede recordar «Vi a alguien salir de la casa» y precisar después «En realidad vi una sombra en la puerta», corrección que debe conservarse. Un resumen que elija la primera versión por ser más concreta transforma una impresión revisada en un hecho aparente, mientras que otro que suprima por completo la primera pierde la historia del proceso de aclaración, pertinente en ciertas investigaciones.

El análisis no necesita decidir de inmediato cuál es la verdad definitiva y puede limitarse a describir las afirmaciones sucesivas, sus fuentes y el grado de certeza disponible. Separar la historia propuesta del recorrido mediante el cual se llegó a ella impide confundir una narrativa convincente con una reconstrucción corroborada.

## Relatos compartidos y negociaciones de cronología

En una conversación familiar, alguien comienza «Fue el sábado cuando se cortó la luz». «No, el sábado habíamos salido; fue el viernes», interviene otro. La primera persona acepta la corrección y continúa, de modo que la historia que termina contándose incorpora una fecha negociada durante la interacción. Una transcripción que presenta solo la versión final la hace parecer producto de una memoria individual estable y deja fuera el procedimiento con que se estableció.

Las narraciones orales se construyen en secuencias que incluyen solicitudes de explicación, correcciones y evaluaciones. Mishler (1986) estudió la entrevista como una producción discursiva conjunta. En el análisis de conversación, las reparaciones y la orientación al turno anterior permiten observar dónde surgió una duda y cómo se resolvió o se dejó abierta, de manera que la situación de narración forma parte de la evidencia y puede modificar el contenido de la historia reconstruida.

El investigador tiene que decidir qué pregunta persigue. Si quiere reconstruir la cronología de un acontecimiento, deberá corroborar los hechos con fuentes pertinentes; si quiere estudiar cómo una familia negocia su memoria compartida, las correcciones y los desacuerdos serán el centro del material. Ambas investigaciones pueden usar la misma conversación y producir resultados distintos sin confundirse.

## Del expediente a la historia clínica

Un documento sanitario puede conservar una secuencia temporal amplia y omitir la forma en que se construyó. El profesional pregunta por el comienzo de un malestar, el paciente recuerda primero una crisis reciente, vuelve después a episodios anteriores y un acompañante agrega otra fecha. La ficha puede ordenar el resultado como una cronología de síntomas y tratamientos, reorganización que facilita la atención y cambia la relación entre el documento y la conversación original.

Hay que identificar qué afirmaciones proceden del paciente, cuáles de terceros y cuáles de la evaluación profesional. «No durmió durante tres noches» puede ser una declaración directa, una estimación familiar o una conclusión obtenida al reconstruir horarios. Si no indica su procedencia cuando es relevante, la frase condensada pierde esas diferencias, del mismo modo que una respuesta como «Creo que comenzó a fines de julio» pierde su incertidumbre al transformarse en una fecha exacta.

El relato clínico tiene condiciones particulares de verificabilidad. La continuidad asistencial requiere síntesis y términos estables, a condición de mantener las inferencias separadas de las observaciones. Cuando un paciente explica que dejó de salir «porque todo se volvió amenazante», el profesional puede explorar y documentar esa experiencia. Otra cosa sería escribir que un hecho externo identificado causó un síntoma sin haber investigado el vínculo. La cronología, la experiencia y la explicación necesitan niveles separados.

El análisis narratológico puede detectar dónde la nota cambia de temporalidad, dónde desaparece una voz y qué hechos quedan tratados como antecedentes causales. Como sus conclusiones atañen a la organización textual, la precisión clínica depende de integrarlas con una evaluación adecuada, que conserve la diferencia entre lo que el paciente dijo y lo que el profesional observó o interpretó.

## Historia y discurso en cine e imágenes secuenciales

Una película puede representar una misma historia mediante un montaje cronológico, una sucesión de recuerdos o escenas alternadas de personajes que desconocen lo que hacen los demás. El espectador construye una relación entre planos, sonidos y acciones visibles que no siempre se presenta de manera verbal, construcción que Bordwell (1985) estudió junto con la contribución de las convenciones cinematográficas al trabajo inferencial del espectador.

Un plano de unas manos que dejan una llave sobre una mesa seguido por una toma de una puerta cerrada puede sugerir que la llave abre esa puerta. Si después alguien intenta usarla y fracasa, la película corrige una expectativa que el montaje había vuelto plausible. La historia reconstruida cambia al recibir nueva información, porque la sucesión de imágenes orientaba una inferencia sin que el relato la asumiera como hecho.

En una historieta, la separación entre viñetas exige al lector integrar intervalos que no se muestran. Dos imágenes de una habitación, una con la ventana cerrada y otra con ella abierta, permiten reconstruir algún cambio, cuya atribución a un personaje depende de otras pistas. En una fotografía única pueden existir señales que evocan una historia anterior o posterior. La representación de un acontecimiento completo queda en gran medida a cargo del observador o del texto que la acompaña.

Marie-Laure Ryan (2004) sostiene que los relatos atraviesan distintos soportes y adquieren formas condicionadas por sus posibilidades materiales. La distinción entre historia y discurso ayuda a comparar adaptaciones, siempre que no lleve a suponer una historia completa e idéntica, recuperable sin pérdidas en cualquier medio. Lo mostrado mediante gestos, duración y encuadre tiene relaciones de sentido que una paráfrasis verbal difícilmente conserva intactas.

## Interfaces, trayectorias alternativas y relatos generados

En los entornos digitales, el orden de acceso a los acontecimientos puede depender de elecciones del usuario, enlaces, algoritmos de presentación y condiciones de interacción. Un archivo histórico interactivo que permite entrar por una fecha, por un lugar o por una persona puede mantener igual la historia mientras cambia el recorrido que propone la interfaz. Un juego narrativo, en cambio, puede modificar efectivamente los acontecimientos representados según las decisiones que se toman dentro de sus reglas.

Hay que distinguir las historias alternativas concebidas por el diseño de las múltiples lecturas de una sola historia. Si el usuario elige qué documento consultar primero, la variación afecta principalmente a la presentación; si una decisión del personaje conduce a una partida o a una reconciliación, el mundo narrativo admite trayectorias diferentes. El término *interactividad* agrupa operaciones heterogéneas cuya contribución debe describirse con precisión.

Los modelos generativos introducen otra variante, ya que una misma solicitud puede producir diferentes textos sobre unos hechos proporcionados por el usuario. Un sistema puede conservar la cronología y cambiar el énfasis, o presentar erróneamente como acontecimiento una explicación que solo estaba sugerida. Cuando genera ficción, la variación puede ser un recurso creativo; cuando resume material factual, debe evaluarse su fidelidad respecto de la fuente.

Un texto puede integrar con soltura en una trama el nombre de una persona, un lugar y una fecha inventada, de modo que su coherencia nada dice sobre su verdad. La naturalidad del relato tampoco revela la procedencia de cada dato, por lo que la comparación entre entrada, transformaciones y salida debe conservarse como práctica de verificación, sobre todo cuando el texto pueda circular después como registro institucional.

## Un procedimiento de análisis por niveles

Un método práctico comienza por delimitar el material tal como fue producido, ya se trate de un texto de novela, una entrevista grabada, una secuencia cinematográfica o dos versiones documentales de un mismo suceso. Antes de reconstruir la historia, hay que establecer el soporte, la situación de narración, los participantes disponibles y el grado de integridad de la fuente. Un fragmento extraído de una conversación pierde parte de su sentido si no se conoce la pregunta a la que respondía.

Después se identifican los acontecimientos y estados mencionados explícitamente, con sus participantes, sus relaciones temporales y las incertidumbres de atribución. Una fase distinta propone el orden reconstruible de los hechos e indica qué conexiones dependen de inferencias y cuáles se sostienen en señales directas, para que una lectura verosímil no aparezca inadvertidamente como una cronología establecida.

El examen del discurso atiende a la selección, la disposición, los modos de descripción y las fuentes de conocimiento representadas. Se pregunta dónde comienza el texto, qué reserva, qué presenta como causa, cómo maneja las voces y qué relaciones espera que el lector complete. Puede compararse una versión con otra y localizar diferencias de contenido o de enunciación. Si se estudia la situación narrativa, habrá que examinar quién cuenta, a quién y bajo qué condiciones.

Finalmente se relacionan esas observaciones con la pregunta principal. Para investigar el suspenso, lo pertinente es la distribución de información; en un expediente puede ser determinante la atribución de hechos e inferencias y en una adaptación audiovisual, la manera en que los medios transforman el acceso a los acontecimientos. Los resultados deben justificarse con pasajes localizables y con interpretaciones alternativas, siempre que el material las admita.

## Cuando la historia se modifica mientras se cuenta

Los niveles analíticos parecen claros cuando una historia ya está fijada y dos discursos se limitan a presentarla. Algunas narraciones, sin embargo, hacen que el propio acto de contar produzca acontecimientos. En una novela, un personaje recibe una carta cuyo contenido desencadena una decisión; en una conversación familiar, narrar una ofensa antigua puede abrir un conflicto nuevo. En un juicio, el testimonio es simultáneamente relato sobre hechos anteriores y acto presente sometido a reglas institucionales.

El problema muestra que *historia* y *relato* son distinciones analíticas que interactúan, puesto que una narración puede hablar de otra narración, incorporar documentos o alterar el curso de una acción mediante una declaración. En ciertos experimentos literarios los límites entre niveles se vuelven deliberadamente inestables, transgresiones que Genette estudió también en otros momentos de su obra. Para analizarlas no hace falta suponer una única cronología exterior a todo discurso.

Incluso en los materiales factuales, narrar modifica la situación comunicativa. Un paciente que comunica una experiencia difícil puede recibir una pregunta que le permite precisar su sentido. Un funcionario que explica una decisión puede comprometerse públicamente con una justificación. El contenido de la historia reconstruida y el acontecimiento de contarla pertenecen a temporalidades relacionadas que una descripción completa debe conservar.

La distinción entre historia, relato y discurso permite formular por separado preguntas que la lectura ordinaria suele mezclar, como qué ocurrió según la fuente, cómo fue organizado y bajo qué condiciones se presentó como algo que debía entenderse de cierta manera. Aplicada con rigor, permite además seguir las transformaciones entre esas dimensiones y reconocer cuándo un recurso legítimo de narración se convirtió, sin respaldo suficiente, en una afirmación sobre el mundo.

## Referencias y lecturas

- Abbott, H. P. (2020). *The Cambridge Introduction to Narrative* (3.ª ed.). Cambridge University Press. https://doi.org/10.1017/9781108913928
- Bal, M. (2009). *Narratology: Introduction to the Theory of Narrative* (3.ª ed.; C. van Boheemen, trad.). University of Toronto Press.
- Bordwell, D. (1985). *Narration in the Fiction Film*. University of Wisconsin Press. https://uwpress.wisc.edu/Books/N/Narration-in-the-Fiction-Film
- Chatman, S. (1978). *Story and Discourse: Narrative Structure in Fiction and Film*. Cornell University Press.
- Fludernik, M. (2009). *An Introduction to Narratology*. Routledge.
- Genette, G. (1980). *Narrative Discourse: An Essay in Method* (J. E. Lewin, trad.). Cornell University Press. (Obra original publicada en 1972).
- Genette, G. (1988). *Narrative Discourse Revisited* (J. E. Lewin, trad.). Cornell University Press. (Obra original publicada en 1983).
- Herman, D. (2009). *Basic Elements of Narrative*. Wiley-Blackwell. https://doi.org/10.1002/9781444305920
- Mishler, E. G. (1986). *Research Interviewing: Context and Narrative*. Harvard University Press. https://doi.org/10.2307/j.ctv26070x9
- Ricoeur, P. (1984). *Time and Narrative* (vol. 1; K. McLaughlin & D. Pellauer, trads.). University of Chicago Press. (Obra original publicada en 1983).
- Rimmon-Kenan, S. (2002). *Narrative Fiction: Contemporary Poetics* (2.ª ed.). Routledge.
- Ryan, M.-L. (Ed.). (2004). *Narrative across Media: The Languages of Storytelling*. University of Nebraska Press.

