# Human-Machine Communication como dominio interaccional

Una persona pregunta a un asistente por qué cambió un párrafo. El sistema responde con una justificación y propone restaurar la versión anterior; la persona acepta una parte de la explicación y corrige otra. La secuencia excede el esquema de una entrada seguida de una salida, porque las intervenciones se interpretan como acciones relacionadas, generan expectativas y modifican lo que corresponde hacer después. Estudiarla requiere atender tanto a las capacidades técnicas del sistema como a la organización comunicativa que construyen los participantes.

Human-Machine Communication, abreviada HMC, designa un campo que investiga la comunicación con máquinas y las formas de significado, relación y organización social que surgen en torno a ella. Sin presuponer que una máquina sea humana ni que toda interacción con un dispositivo sea una conversación, examina cuándo y cómo las tecnologías se presentan y son tratadas como fuentes o participantes de comunicación y qué consecuencias tiene esa posición. Este texto desarrolla una perspectiva interaccional del dominio, la cual separa el mecanismo técnico, la interpretación de los participantes y el efecto interaccional observable en las secuencias. Esa separación hace posible estudiar fenómenos comunicativos sin resolver antes todas las controversias sobre la mente artificial e impide tomar una interacción fluida como prueba suficiente de comprensión humana, de reciprocidad personal o de responsabilidad autónoma del sistema.

## Delimitación del campo de HMC

La colección editada por Guzman (2018) contribuyó a articular HMC como un área de investigación sobre significado, tecnología y comunicación. Reúne preguntas que atraviesan agentes, algoritmos y robots en contextos diversos; la delimitación del campo no depende exclusivamente de un tipo de dispositivo. Según el fenómeno y la perspectiva que orienten la investigación, cabe estudiar un mismo sistema como herramienta de trabajo, como infraestructura de mediación o como interlocutor. Esta pluralidad aconseja definir el objeto con precisión, porque analizar cómo una persona interpreta una respuesta automática, evaluar la exactitud del modelo que la produjo y estudiar cómo una organización decide incorporar ese sistema a sus servicios son tareas relacionadas que requieren datos distintos. Una investigación puede concentrarse en una de ellas, atenta a sus conexiones con las demás, sin pretender explicarlo todo con una sola medida.

El dominio interaccional se hace visible cuando las contribuciones se vinculan entre sí y se vuelven relevantes para acciones posteriores, como ocurre cuando una respuesta cierra una pregunta, provoca una objeción o abre una nueva tarea. La persona puede atribuir al sistema una función de tutor, de editor o de representante institucional. Esas funciones no se deducen solo de la arquitectura técnica. Se construyen también mediante la presentación del sistema, las prácticas de uso y las expectativas que se negocian en situaciones concretas.

Por eso HMC puede examinar las interacciones fallidas con tanto interés como las exitosas. Una respuesta fuera de lugar deja ver qué esperaba la persona, la forma de corregirla muestra cómo interpretó el error y el abandono indica límites de tolerancia o de utilidad. La investigación no debería seleccionar solo diálogos fluidos que ilustren capacidades impresionantes. En los problemas se observan las normas y distinciones que sostienen la participación cuando el intercambio funciona.

## Tecnología como medio y como fuente

En muchas situaciones la tecnología transmite mensajes producidos por personas. En otras selecciona, transforma o genera parte del contenido que se presenta. Ambas funciones pueden coexistir. Una aplicación de mensajería transporta un texto humano y sugiere una respuesta; una plataforma muestra una noticia y produce un resumen. El análisis necesita identificar qué operaciones corresponden a cada componente y cómo las interpreta quien recibe el resultado. La distinción entre medio y fuente tampoco es puramente técnica, porque un texto generado puede presentarse bajo el nombre de una institución, con la voz de un asistente o como borrador que otra persona revisará. Según el encuadre, el usuario puede entender que responde la organización, que una herramienta le hace una propuesta o que un agente conversacional le formula una recomendación. Esas atribuciones deben investigarse empíricamente y no deducirse del origen computacional de la secuencia.

Consideremos un mensaje automático que informa del estado de una solicitud. Si reproduce un dato de una base institucional, su autoridad depende de esa fuente y del proceso que mantiene el registro. Cuando añade una explicación generada, interviene una segunda operación cuya fidelidad hay que comprobar. Si la interfaz fusiona ambas operaciones en una sola voz, la cuestión comunicativa es si el destinatario puede reconocer qué está confirmado y qué es una interpretación adicional. El análisis de HMC sigue estas capas de producción y recepción. Preguntar solo si el mensaje lo escribió una persona o una máquina deja fuera la selección de datos, la configuración del sistema, la revisión, la presentación y el uso posterior. La posición de comunicador puede repartirse entre componentes y actores sin que desaparezca la responsabilidad humana e institucional, cuya descripción requiere más detalle que la atribución global al asistente visible.

## Diferentes énfasis de HCI y HMC

La interacción humano-computador (HCI) suele estudiar cómo las personas utilizan sistemas dentro de sus actividades y cómo mejorar esa relación. HMC presta especial atención a lo que ocurre cuando la tecnología participa en procesos de comunicación y es interpretada como fuente, interlocutor o presencia social. Los dos campos se superponen y pueden compartir métodos. Por su diferencia de énfasis, pueden plantear preguntas complementarias sobre un mismo episodio sin trazar una frontera rígida entre disciplinas.

En una tutoría automática, una evaluación de uso puede examinar si el estudiante encuentra los ejercicios y completa la tarea. Una investigación comunicativa, en cambio, puede estudiar cómo interpreta el estudiante una corrección, qué autoridad atribuye a la explicación y cómo cambia su disposición a preguntar. Ambos aspectos inciden en el aprendizaje sin reducirse el uno al otro. Un sistema fácil de usar puede desalentar las preguntas si formula sus respuestas de un modo que el estudiante percibe como juicio personal. La eficacia operativa tampoco agota el significado social del intercambio. Hay quien realiza una acción correctamente y se siente ignorado porque el sistema pasó por alto una preocupación suya y, a la inversa, quien valora una conversación agradable aunque la información sea inexacta. Satisfacción, exactitud, relación percibida y resultado de la actividad han de tratarse como dimensiones separadas, puesto que confundirlas puede ocultar las compensaciones entre comodidad comunicativa y calidad del apoyo recibido.

La distinción orienta el diseño de los estudios. El tiempo de respuesta es un indicador insuficiente de la autoridad que se concede a un sistema. En un estudio sobre reparación, la encuesta final puede complementarse con el análisis de secuencias; en uno sobre confianza, hay que observar qué decisiones se delegan y cómo se revisan. Cada pregunta requiere una operacionalización propia que conecte concepto y evidencia, para no aplicar una etiqueta comunicativa amplia a resultados que miden solo una parte del fenómeno.

## Tres conjuntos de preguntas

Guzman y Lewis (2020) organizaron una agenda de investigación para HMC en torno a las dimensiones funcional, relacional y metafísica de la inteligencia artificial comunicativa. Esa organización permite distinguir cómo se reconoce a un sistema como comunicador, cómo se desarrollan relaciones a su alrededor y qué categorías se ponen en cuestión. Es una propuesta que ayuda a ordenar problemas de investigación, no una clasificación definitiva de todas las experiencias posibles con la tecnología.

Las preguntas funcionales examinan qué hace una contribución dentro de una actividad, sea informar, sugerir, evaluar o coordinar. La frase «Puedes revisar este punto» puede ser, según su posición y el encargo, una sugerencia editorial o la instrucción de un tutor. Para estudiar la función conviene observar la formulación, lo que precede a la contribución y la conducta que habilita o provoca después.

Las preguntas relacionales atienden a expectativas de continuidad, confianza, distancia y trato. Pueden plantearse sin presuponer una relación equivalente a la que existe entre personas, por ejemplo al examinar cómo el usuario vuelve al sistema, qué información le entrega o qué cambios de estilo le parecen relevantes. Abarcan también los efectos sobre las relaciones humanas, como cuando una recomendación automática modifica una conversación entre colegas o la manera en que alguien presenta su propio trabajo.

Las preguntas metafísicas tratan de lo que los participantes entienden por humano, máquina, autor, herramienta o interlocutor. Estas categorías pueden ganar o perder relevancia a lo largo de la actividad. Quien conoce perfectamente el origen artificial del sistema puede emplear al mismo tiempo formas de trato propias de las conversaciones humanas. Sería un error tomar cada expresión social como evidencia de confusión ontológica, puesto que el sentido de esa conducta depende de cómo se integra en el intercambio.

## La secuencia como unidad de análisis

Una intervención adquiere parte de su sentido por su relación con otras. «Sí» puede aceptar una propuesta, confirmar un dato o autorizar que se continúe; aislado, su función es indeterminada. En HMC, la secuencia muestra cómo el usuario interpreta la contribución del sistema y cómo este responde a esa interpretación. La unidad relevante puede abarcar varios turnos e incluir cambios en documentos, herramientas u otros objetos de la actividad. Las acciones posteriores dan una evidencia particularmente útil. Quien corrige un nombre después de una respuesta trata algo de ella como erróneo; quien solicita una fuente quizá pone en duda el respaldo de una afirmación. Esas conductas no revelan de manera transparente todos los estados internos, pero muestran orientaciones observables en que el análisis puede apoyarse sin reducirse a adivinar qué pensaba cada participante.

Los tiempos y los canales también intervienen. Puede ocurrir que una respuesta tardía llegue cuando la persona ya haya modificado su petición, que un mensaje de voz se solape con una corrección o que la interfaz textual admita editar un turno previo. Estas condiciones afectan lo que cuenta como continuación pertinente. El dominio interaccional incluye la infraestructura de recepción y respuesta aunque el análisis se centre en el contenido verbal.

La secuencia debe conservarse en los datos, porque la interpretación comunicativa se apoya en el recorrido completo del intercambio. Las frases llamativas extraídas de una conversación pueden inducir a error cuando se omiten las instrucciones, las correcciones o los resultados que las rodeaban. Un análisis riguroso documenta el contexto necesario, identifica los ejemplos construidos y distingue las transcripciones de las reconstrucciones. Reconoce también cuándo faltan registros de herramientas o de cambios de interfaz que podrían explicar la conducta observada.

## Asimetrías de contexto y conocimiento

Las personas y los sistemas no acceden necesariamente a los mismos recursos. Es posible que el usuario vea un documento abierto que el modelo no recibió, recuerde una conversación anterior que ya no está disponible o dé por supuesta una convención institucional ausente del contexto. El sistema, a su vez, puede utilizar información recuperada que el usuario no ha leído. Estas asimetrías afectan las referencias, las expectativas y las posibilidades de comprobar una respuesta. Lo que parece un fallo de comprensión puede deberse a esa diferencia de acceso. Si la persona dice «corrige el segundo apartado» y el sistema dispone de otra versión del documento, ambas partes operan sobre objetos distintos. En ese caso, la reparación exige identificar la discrepancia material, además de reformular la frase. Por eso conviene estudiar qué documentos, selecciones y estados están disponibles en cada momento y cómo se hacen visibles para los participantes.

La asimetría alcanza también a la memoria. Un nombre, un estilo o un historial parcial pueden sugerir continuidad aunque el contexto efectivo sea limitado. El usuario quizá tome por recuerdo personal lo que proviene de información recién recuperada o de una inferencia. El análisis no debe aceptar sin examen la descripción que el sistema da de sus propios procesos. Necesita relacionar la presentación, las capacidades observables y los efectos sobre las expectativas de continuidad.

Estas diferencias no impiden toda coordinación. Las personas también interactúan con conocimientos parciales y recurren a preguntas, confirmaciones y documentos compartidos. La cuestión empírica es qué recursos permiten reducir la discrepancia en un sistema particular. Mostrar la versión consultada, citar un fragmento o delimitar el alcance de una acción puede aportar evidencia suficiente para avanzar. La coordinación se construye mediante procedimientos concretos como estos, aun cuando ninguno de los participantes tenga una comprensión total y simultánea de la situación.

## Participación comunicativa y mente artificial

Si un sistema participa en la comunicación y si posee experiencia subjetiva son preguntas que pueden formularse por separado. La primera admite un examen de contribuciones, interpretaciones y consecuencias observables, mientras que la segunda plantea problemas filosóficos y empíricos adicionales. Vincularlas de manera automática conduce a dos errores posibles. Uno consiste en negar todo fenómeno comunicativo porque falta una mente humana; el otro, en inferir una mente humana a partir de una interacción que parece natural.

Esposito (2022) propone estudiar la participación de los algoritmos en la comunicación sin hacer depender toda la explicación de que reproduzcan la inteligencia humana. Su perspectiva da pie a desplazar la atención hacia cómo las operaciones computacionales generan diferencias informativas dentro de procesos sociales. No resuelve todas las controversias sobre la comunicación, pero con ella pueden investigarse efectos y coordinaciones sin tomar la equivalencia psicológica como punto de partida obligado.

La distinción analítica adoptada aquí separa los tres niveles ya mencionados. El mecanismo técnico explica cómo se genera una salida, la interpretación describe cómo alguien la entiende y el efecto interaccional concierne a lo que cambia en la actividad.

Estos niveles pueden relacionarse sin confundirse. Una respuesta producida estadísticamente puede tener consecuencias institucionales y una atribución humana de intención puede ser injustificada como descripción del mecanismo.

Esta separación exige un vocabulario cuidadoso. Decir que el sistema «promete» puede describir la forma de una intervención y la función que se le atribuye, sin que de ello se siga que tenga intención o capacidad de obligarse como una persona. El análisis debe precisar en qué sentido usa el término y quién responde si la promesa no se cumple. Las categorías comunicativas pueden emplearse como herramientas de investigación siempre que sus supuestos y límites queden explícitos.

## Roles y expectativas situadas

Hay interfaces que se presentan como asistente, tutor, compañero de escritura o representante de un servicio. Cada denominación orienta expectativas sobre los conocimientos, el trato y la responsabilidad del sistema, aunque el rol efectivo depende también de lo que ocurre durante el uso. En la práctica, un tutor puede usarse como buscador y un asistente general como evaluador. El análisis necesita observar qué funciones se solicitan y cómo se aceptan, rechazan o modifican. Esta atención al uso sigue la línea de Suchman (2007), quien mostró que la acción con sistemas interactivos es situada (los planes la orientan sin anticipar todas sus circunstancias) y que la frontera entre lo humano y lo maquinal se reconfigura en esas mismas prácticas.

Los roles pueden cambiar también dentro de una conversación, como cuando el sistema propone primero ideas, revisa luego una decisión y termina por ejecutar una operación. Cada transición modifica lo que cuenta como respuesta adecuada; un estilo exploratorio, útil durante la ideación, puede quedarse corto cuando se trata de confirmar una acción. La continuidad de la voz no debería ocultar esas diferencias. Cabe examinar cómo se marcan los cambios de rol y qué ocurre cuando los participantes los interpretan de manera distinta.

Ocupar un rol requiere más evidencia que una frase de presentación. De un sistema que se denomina editor interesa saber si revisa textos con criterios pertinentes, acepta correcciones y mantiene las distinciones de autoría, capacidades que indican qué parte de la práctica realiza y en qué condiciones entra en un flujo de trabajo. Otra cuestión es si puede considerarse editor institucional y quién responde por su trabajo. Las expectativas pueden exceder las capacidades reales, como cuando una respuesta bien articulada lleva a atribuir al sistema un acceso a documentos que no posee o una autoridad que nadie le concedió. El estudio de roles debe incluir por ello la presentación y los errores, además de las tareas exitosas. Cuando una persona pregunta «¿por qué lo hiciste?», puede estar pidiendo una explicación técnica, una justificación normativa o el reconocimiento de una falta. Distinguir esas demandas ayuda a entender por qué algunas reparaciones resultan insatisfactorias.

## Instituciones y voces delegadas

En muchas interacciones con sistemas de universidades, empresas o servicios públicos, el usuario puede atribuir las respuestas a la institución aunque parte del texto se genere dinámicamente. La autoridad proviene entonces de una configuración organizativa y de expectativas sobre representación. El análisis debe preguntar qué puede confirmar el sistema, qué información utiliza y cómo comunica los límites de su intervención. Una respuesta sobre requisitos académicos puede interpretarse como orientación o como decisión oficial, según la formulación, la interfaz y los procedimientos posteriores. Si el sistema afirma que una solicitud fue aprobada cuando solo evaluó condiciones generales, confunde una explicación con un acto institucional. Una mayor exactitud factual resuelve solo una parte de ese problema, porque además hay que representar correctamente qué operación ocurrió y con qué autoridad pueden atribuírsele consecuencias.

La delegación afecta también a los trabajadores. Un mensaje generado puede usarse como borrador, como recomendación o como respuesta enviada sin revisión. Cada configuración distribuye de manera distinta las tareas de supervisión y la responsabilidad. Desde HMC se puede seguir cómo los participantes revisan, corrigen y presentan esos textos a terceros. El intercambio visible entre usuario y asistente forma parte de una cadena más amplia de producción comunicativa. La trazabilidad ayuda a comprender esa cadena, porque el registro de fuentes, revisiones y estados relevantes permite reconstruir qué intervención provino de qué proceso. Ello no requiere que cada mensaje incluya una descripción técnica extensa, sino que las distinciones necesarias estén al alcance de quienes toman decisiones. Un diseño que oculta sistemáticamente la procedencia puede facilitar una experiencia uniforme y, al mismo tiempo, dificultar la atribución de errores y la reparación de sus consecuencias.

## Normas comunicativas y asimetrías

Las personas pueden recurrir a la cortesía, los agradecimientos, las disculpas o el humor con los sistemas automáticos, prácticas cuyas funciones merecen un análisis que no presuponga que siempre expresan una creencia literal sobre la máquina. Con un agradecimiento es posible cerrar una secuencia, expresar satisfacción o mantener un hábito de interacción. Una disculpa del sistema puede reconocer un error en términos conversacionales aunque no corresponda a ninguna experiencia moral interna; su efecto depende de cómo se relaciona con las acciones posteriores. Surge una asimetría cuando una forma social sugiere capacidades inexistentes. Acompañada de una corrección verificable, la disculpa puede ser adecuada; repetida sin que cambie el comportamiento, puede resultar frustrante. La cortesía no debería ocupar el lugar de una reparación material. Del mismo modo, una expresión de compromiso puede generar expectativas de seguimiento que la aplicación es incapaz de cumplir. Las formas lingüísticas han de examinarse junto con las posibilidades operativas del sistema.

Las normas varían además entre contextos. Cabe que un tono informal facilite la exploración y parezca inapropiado en una comunicación institucional; una respuesta breve admite leerse como eficiencia o como falta de atención. Como ningún estilo es adecuado para toda persona y actividad, la evaluación requiere usuarios y situaciones diversos, criterios explícitos sobre el propósito del servicio y un contraste entre las preferencias declaradas y los efectos sobre comprensión, confianza y resultado.

Estas observaciones plantean preguntas sobre la reciprocidad. Para una persona, una interacción puede ser importante sin que exista una relación simétrica de necesidades o vulnerabilidades. Reconocer esa importancia no obliga a atribuir al sistema la misma condición. Corresponde estudiar los efectos reales en los usuarios y describir con precisión las asimetrías de producción, memoria, disponibilidad y responsabilidad que organizan el encuentro.

## Métodos y comparaciones para estudiar el dominio

El análisis de conversaciones se ocupa de secuencias, reparaciones y cambios de actividad; las entrevistas aportan relatos sobre expectativas y experiencias. Los experimentos pueden comparar encuadres, voces o formas de presentación, mientras que las observaciones de uso muestran cómo el sistema se incorpora a prácticas habituales. Como cada método produce un tipo distinto de evidencia, combinarlos exige una pregunta común que dé sentido a los datos reunidos bajo la etiqueta general de interacción humano-máquina.

La selección de casos tiene que corresponder al fenómeno estudiado. La formación de expectativas puede estudiarse en los primeros encuentros con un sistema; para la continuidad relacional resulta insuficiente una prueba breve. Cuando la pregunta trata de autoridad institucional, un asistente genérico probado en laboratorio quizá no reproduzca las condiciones pertinentes. El diseño debe reconocer estas limitaciones e impedir que la facilidad de reclutamiento determine en silencio el alcance de las conclusiones.

Los registros técnicos complementan la observación comunicativa. Saber qué contexto recibió el modelo, qué herramientas utilizó y qué errores ocurrieron puede explicar diferencias que el diálogo visible no muestra. Esos registros, sin embargo, tampoco revelan directamente cómo interpretaron los usuarios la experiencia. Articular ambos niveles permite evitar dos explicaciones unilaterales, la que atribuye todo a las percepciones humanas y la que reduce todo a mecanismos internos sin considerar el sentido que estos adquieren en la actividad. Las versiones y condiciones también deben documentarse, porque un cambio de modelo, de instrucciones o de interfaz puede alterar el comportamiento del sistema durante el estudio. Debe registrarse igualmente si los participantes saben que interactúan con un sistema automático y qué se les dijo de las capacidades de este. La información del consentimiento y los procedimientos de investigación deben ser coherentes con la pregunta. Cuando se trabaja con simulaciones, sus límites han de distinguirse de las afirmaciones sobre el rendimiento de una tecnología real.

Para identificar qué cambia con un sistema conversacional conviene comparar configuraciones pertinentes. Una revisión automática presentada como lista puede producir una experiencia distinta de la misma revisión expresada como diálogo; un texto atribuido a una institución puede interpretarse de otra manera que un borrador anónimo. Estas comparaciones permiten separar contenido, forma y encuadre, siempre que las condiciones no difieran a la vez en demasiados aspectos.

También deben considerarse explicaciones alternativas de la conducta. Quien sigue una recomendación puede hacerlo por falta de tiempo, por confianza en la fuente o porque ya coincidía con ella. Como el comportamiento observable, tomado aisladamente, no indica cuál de esas razones domina, pueden combinarse preguntas, tareas y variaciones controladas para distinguirlas. El objetivo es ajustar la fuerza de las conclusiones a la evidencia disponible, aunque persista alguna ambigüedad psicológica.

Las comparaciones con interlocutores humanos requieren especial cuidado, porque un humano puede disponer de conocimientos, responsabilidades y posibilidades de acción diferentes. Comparar solo la superficie de los mensajes expone a atribuir al origen artificial efectos del contexto o de la calidad de la información. La condición humana tampoco es una medida uniforme, ya que la experiencia, la relación previa y el rol institucional pueden modificar profundamente el intercambio.

Los resultados deben indicar su dominio de validez. Un efecto observado en una actividad breve de laboratorio no demuestra una relación estable a largo plazo, ni la experiencia de un grupo representa automáticamente a todas las comunidades. La acumulación de conocimiento requiere que los estudios describan con suficiente detalle sistemas, participantes y contextos, porque así pueden compararse por fenómenos y condiciones y no únicamente por nombres comerciales que cambian con rapidez.

## Caso de estudio sobre la revisión de un manuscrito

Imaginemos una autora que pide a un asistente que revise un argumento. El sistema señala una supuesta contradicción y propone eliminar un párrafo. La autora explica que la diferencia corresponde a dos niveles analíticos y pide conservarla; el sistema reformula entonces su comentario y propone aclarar la transición. En esta secuencia pueden estudiarse funciones editoriales, autoridad, reparación y distribución de la responsabilidad sin suponer que el asistente posee la experiencia de un editor humano.

La primera cuestión es qué trató cada intervención como relevante. El sistema interpretó como contradicción una diferencia que la autora redefinió como distinción conceptual. La respuesta posterior muestra si el sistema incorporó la corrección o solo cambió el tono. Para evaluar el episodio es aconsejable revisar el texto resultante y las modificaciones propuestas. Una aceptación verbal de la aclaración puede coexistir con una edición que vuelve a borrar la distinción.

Una segunda cuestión concierne a la autoridad. Si la autora acepta la sugerencia, puede ser porque le parece bien argumentada, porque confía en experiencias previas o porque dispone de poco tiempo para revisar. Cada posibilidad requiere una evidencia distinta. El relato de la autora puede explorarse en una entrevista y la comparación de sus decisiones deja ver qué revisa en realidad. Una única aceptación es insuficiente para inferir sumisión o confianza plena, puesto que la relación se construye mediante patrones y circunstancias que el estudio debe documentar.

Queda la cuestión de la autoría y la responsabilidad. En el texto final pueden convivir formulaciones generadas, decisiones de la autora y convenciones editoriales. La intervención del sistema no exime de revisar fuentes y argumentos; su influencia en el resultado merece además estudio propio. Al describir qué transformaciones se propusieron y cuáles se aceptaron, la investigación puede observar cómo se reorganiza una práctica de escritura cuando algunas propuestas provienen de un agente automático.

## Circulación de las respuestas y sus consecuencias

Las respuestas de un sistema pueden circular fuera de la conversación en que surgieron. Un resumen se incorpora a un informe, una recomendación orienta una reunión o una formulación se presenta a otra persona. Como el efecto comunicativo puede aparecer más tarde y en otro contexto, el análisis del dominio no termina necesariamente en el último turno registrado. Al seguir los resultados se aprecia cómo una contribución automática adquiere nuevas atribuciones y consecuencias dentro de prácticas humanas. Esa circulación puede también borrar la procedencia. Una frase generada y revisada acaba a veces bajo una firma humana; un dato resumido puede perder la referencia que permitía verificarlo. Las condiciones de integración determinan qué responsabilidades y posibilidades de revisión siguen siendo visibles. El estudio no necesita juzgar del mismo modo todas estas configuraciones, pero ha de describirlas y examinar cómo afectan la comprensión, la atribución y la posibilidad de corregir la información cuando surge un problema.

Entendida como dominio interaccional, HMC investiga encuentros en los que lenguaje, tecnología y organización social se constituyen mutuamente. Su análisis parte de secuencias y consecuencias y sitúa los sistemas dentro de prácticas e instituciones, con una distinción expresa entre mecanismos y atribuciones. Esta perspectiva permite reconocer fenómenos comunicativos reales sin tomar la fluidez de un intercambio como prueba de humanidad y prepara preguntas más específicas sobre antropomorfismo, turnos, confianza y roles, cada una de las cuales requiere estudios propios.

## Referencias

Esposito, E. (2022). *Artificial Communication: How Algorithms Produce Social Intelligence*. MIT Press. https://artificialcommunication.mitpress.mit.edu/

Guzman, A. L. (Ed.). (2018). *Human-Machine Communication: Rethinking Communication, Technology, and Ourselves*. Peter Lang. https://www.peterlang.com/document/1055458

Guzman, A. L., y Lewis, S. C. (2020). Artificial intelligence and communication: A Human–Machine Communication research agenda. *New Media & Society, 22*(1), 70–86. https://doi.org/10.1177/1461444819858691

Suchman, L. (2007). *Human-Machine Reconfigurations: Plans and Situated Actions*. Cambridge University Press. https://www.cambridge.org/core/books/human-machine-reconfigurations/9D53E602BA9BB5209271460F92D00EFE
