# Léxico mental y acceso lexical

Una persona intenta recordar el apellido de un escritor. Reconoce sus libros, podría contar dónde nació y sabe que el apellido comienza con una consonante determinada. Aun así, durante varios segundos no consigue pronunciarlo. Más tarde, mientras hace otra cosa, el nombre aparece. La experiencia cotidiana de tener una palabra «en la punta de la lengua» deja entrever la complejidad de una operación que normalmente pasa inadvertida, la de recuperar una forma lingüística a partir de un contenido que ya está disponible.

En la dirección inversa la operación es igual de compleja. Al escuchar *termómetro*, el oyente reconoce la palabra antes de completar una reflexión consciente sobre ella. Puede identificar su significado, anticipar qué objetos y acciones suelen acompañarla y detectar un uso extraño. El acceso parece inmediato porque sus operaciones parciales están coordinadas, pero reconocer una secuencia de sonidos, determinar a qué palabra corresponde, activar uno de sus sentidos y situarla dentro de una oración plantean problemas distintos.

La expresión *léxico mental* designa el conocimiento de las palabras y los mecanismos que hacen posible usarlo. Su nombre heredó la imagen de un diccionario interior, pero la analogía tiene límites. Un diccionario organiza entradas en orden alfabético y da definiciones estables. Los hablantes reconocen y producen palabras en tiempo real, soportan variaciones de pronunciación y ortografía, manejan flexiones nuevas, mantienen sentidos ambiguos y se adaptan a interlocutores diferentes. La organización que permite hacer todo eso todavía es objeto de investigación.

Este texto examina la relación entre representaciones lexicales y procesos de acceso. Interesa comprender qué información debe estar disponible, por qué algunas palabras se recuperan antes que otras y cómo se selecciona una alternativa cuando varias compiten. La distinción entre representaciones y procesos será necesaria para el texto siguiente, dedicado específicamente a reconocer palabras dentro de una señal acústica continua.

## Lo que conocemos cuando conocemos una palabra

Conocer *cantar* implica más que asociar seis letras con una definición. Un hablante del español distingue la secuencia de sonidos /kanˈtaɾ/, reconoce su categoría verbal y sabe que admite formas como *cantaba*, *cantó* y *cantaremos*. Puede interpretar *cantó en la ceremonia* aunque nunca haya oído esa oración. Sabe también que una persona puede cantar una canción, que un pájaro puede cantar y que el verbo admite extensiones figuradas. Algunas de esas relaciones pertenecen claramente a la competencia lingüística y otras dependen del conocimiento general del mundo.

El problema aparece al decidir cómo se distribuye la información. Una representación podría reunir forma fonológica, ortografía, propiedades sintácticas y significado. Esos componentes también podrían distribuirse entre sistemas parcialmente independientes. La segunda opción recibe apoyo de disociaciones observadas en producción. A veces conocemos con precisión la palabra buscada en términos semánticos, pero fallamos al recuperar sus sonidos. Los errores de habla pueden afectar al significado, a la selección del término o a fragmentos de su forma fonológica.

Levelt, Roelofs y Meyer (1999) propusieron para la producción un nivel de selección lexical asociado con el *lemma* (que contiene información pertinente para la construcción sintáctica) y otro de recuperación de forma, necesario para la codificación fonológica. El modelo especifica etapas y conexiones con las que explicar errores, tiempos de denominación y efectos de activación. Se trata de una hipótesis funcional sobre qué operaciones pueden disociarse y cómo se ordenan, sin necesidad de imaginar un fichero anatómico llamado *lemma*.

En la comprensión el desafío es distinto. Una forma como *banco* puede activar sentidos relacionados con un asiento o con una entidad financiera. El reconocimiento inicial de la forma puede producirse antes de que el contexto determine con suficiente fuerza uno de sus sentidos. El acceso lexical tiene, entonces, una dimensión temporal, porque las representaciones candidatas cambian de activación mientras progresa la oración. Una teoría satisfactoria debe explicar tanto las propiedades disponibles de una palabra como la secuencia de operaciones que hace accesible cada propiedad.

## Entradas, redes y representaciones distribuidas

Hablar de entradas lexicales tiene una ventaja descriptiva. Identificamos unidades relativamente estables que pueden repetirse en diferentes contextos, recibir marcas gramaticales y participar en relaciones de oposición. Ahora bien, una entrada funcional no exige que toda su información esté almacenada en un mismo lugar del cerebro.

Los modelos conexionistas representan con frecuencia una palabra mediante un patrón de activación distribuido. Parte de la información aparece en conexiones compartidas con otras palabras. Esta arquitectura explica de manera natural que expresiones semejantes se faciliten o interfieran entre sí. Activar *gato* modifica temporalmente la accesibilidad de *perro*, *felino* o *garra*, aunque las relaciones no sean iguales. El significado puede depender de un patrón de propiedades que se solapa con los patrones de otras expresiones.

Hay que evitar una falsa oposición entre «tener entradas» y «tener redes». Una teoría puede describir palabras como unidades funcionales y realizar computacionalmente esas unidades mediante representaciones distribuidas. Las diferencias se vuelven relevantes cuando ambos enfoques hacen predicciones distintas sobre qué ocurre al aprender un término nuevo, cómo se deteriora un grupo de palabras ante una lesión o qué tipos de error aparecen cuando se activa parcialmente una representación.

La organización semántica tampoco se reduce a proximidad asociativa. *Médico* y *hospital* coaparecen con frecuencia; *médico* y *psiquiatra* mantienen una relación categorial; *médico* y *paciente* suelen ocupar papeles complementarios en una misma situación. Esas relaciones pueden producir efectos parecidos en determinadas tareas y divergir en otras. Construir una teoría del léxico exige distinguir lo que la persona sabe de una palabra, lo que suele encontrar junto a ella y lo que infiere al usarla.

Hay además unidades mayores que una palabra aislada. *Tomar una decisión* es una combinación relativamente convencional y *dar por sentado* tiene una interpretación que exige conocer la construcción completa. Un hablante puede recuperar estas secuencias con facilidad sin ensamblarlas desde cero en cada ocasión. Las teorías que admiten representaciones de distintos tamaños explican mejor esa continuidad entre palabras y expresiones recurrentes. El desafío consiste en precisar cuánto de una construcción está almacenado y qué parte se genera productivamente. Esa pregunta es empírica. Las medidas de frecuencia de secuencia, el comportamiento ante sustituciones y los errores de producción pueden ayudar a responderla.

## Frecuencia, familiaridad y edad de adquisición

Los hablantes no acceden con idéntica facilidad a todas las palabras. Desde los estudios de Forster y Chambers (1973), el efecto de frecuencia se ha documentado repetidamente. Las palabras más frecuentes suelen reconocerse y denominarse con mayor rapidez que otras menos habituales, una vez controladas las variables relevantes. La diferencia es pequeña en cada ocasión y adquiere peso cuando se extiende a un vocabulario completo.

Los modelos explican el efecto de manera distinta. Una búsqueda organizada puede situar las palabras frecuentes en posiciones de acceso preferente y un sistema de umbrales puede requerir menos evidencia para activar una representación muy usada. Una red de aprendizaje puede fortalecer las conexiones modificadas por exposiciones repetidas. El efecto también puede expresarse en términos probabilísticos, si se admite que ante una señal ambigua una palabra frecuente comienza con mayor probabilidad previa que una rara. Estas formulaciones coinciden en el fenómeno y discrepan sobre su mecanismo.

Conviene precisar qué significa «frecuente». Los corpus registran cuántas veces aparece una expresión en textos o conversaciones de una muestra. Esa distribución aproxima la experiencia de una comunidad, pero la historia individual puede ser muy distinta. *Sinapsis*, *afasia* o *palilalia* tienen una frecuencia reducida en conversaciones generales y pueden ser familiares en una especialidad. La exposición profesional cambia el tiempo de acceso e incrementa la precisión de las distinciones conceptuales.

También importa cuándo se aprendió la palabra. Los términos adquiridos tempranamente suelen procesarse con ventaja, incluso cuando se controlan las diferencias de frecuencia. La edad de adquisición, sin embargo, está entrelazada con familiaridad, concreción, posibilidad de formar imágenes y exposición acumulada. No basta observar que *mesa* se recupera antes que *estenosis* para atribuir la diferencia a una etapa especial del desarrollo. Se requieren conjuntos de estímulos cuidadosamente equilibrados y medidas normativas que separen variables correlacionadas.

La frecuencia tampoco opera de manera independiente del contexto. Una palabra rara puede ser muy predecible después de una frase técnica y una palabra común puede sorprender si aparece en una construcción improbable. La accesibilidad resulta de la interacción entre experiencia acumulada y situación actual. Ese principio une el estudio del léxico con las teorías probabilísticas de los textos posteriores.

## El vecindario compite

Imaginemos que el oyente recibe una señal que comienza con *ca*. La forma parcial admite numerosas continuaciones, algunas de las cuales conducirán a *cama*, *casa*, *capa* o *cana*. La palabra objetivo todavía carece de identificación segura y varias alternativas reciben apoyo de la misma evidencia. La competencia depende del vocabulario disponible y de la distribución de sus formas.

En reconocimiento auditivo se habla de *vecindario fonológico* para describir el conjunto de palabras semejantes según una métrica determinada. Una forma habitual de definirlo reúne candidatos obtenidos al sustituir, añadir o eliminar un fonema. En reconocimiento escrito existen métricas análogas para vecinos ortográficos. La elección de una métrica importa, porque dos palabras pueden estar próximas bajo una medida y bastante alejadas bajo otra.

Luce y Pisoni (1998) mostraron que la densidad y la frecuencia del vecindario influyen en el reconocimiento de palabras habladas. Una palabra rara, rodeada de competidores frecuentes y similares, puede exigir más evidencia que otra de la misma longitud situada en una región poco poblada. El sistema debe identificar el objetivo mientras descarta interpretaciones compatibles con fragmentos de la entrada.

El fenómeno es relacional y no existe una dificultad fija de *casa* desligada de las demás palabras de la lengua. Un equivalente en otra lengua puede tener muchos menos vecinos y ser más fácil de discriminar. Las diferencias fonotácticas y morfológicas modifican el espacio de competición. El texto «Reconocimiento de palabras habladas» examinará cómo esa competición evoluciona milisegundo a milisegundo durante el habla.

## De buscar una entrada a acumular evidencia

Los primeros modelos de acceso plantearon arquitecturas muy distintas. Forster (1976) propuso una búsqueda organizada en archivos de acceso que permiten localizar una entrada y consultar después un repertorio de información. El orden por frecuencia explicaba que determinadas palabras se encontraran antes. El modelo da una descripción explícita de las operaciones necesarias, pero su búsqueda relativamente serial encuentra dificultades ante fenómenos donde múltiples candidatos parecen permanecer activos a la vez.

Morton (1969) formuló el modelo de los *logogens*. Cada unidad lexical acumularía evidencia sensorial y contextual hasta superar un umbral de activación. Una palabra frecuente partiría con ventaja por requerir menos activación adicional. Esta arquitectura permite representar la acumulación gradual de evidencia y explica que el contexto facilite el reconocimiento aun cuando la forma perceptiva esté degradada.

McClelland y Rumelhart (1981) desarrollaron un modelo de activación interactiva para la percepción de letras dentro de palabras escritas. Los niveles de rasgos, letras y palabras se influyen mediante conexiones facilitadoras e inhibitorias. Al reconocer una palabra familiar, el sistema puede favorecer las letras que la componen. Las letras, a su vez, apoyan palabras compatibles. El modelo reproduce el llamado efecto de superioridad de palabra, por el cual en ciertas condiciones se identifica una letra más fácilmente dentro de una palabra real que en una secuencia carente de estructura lexical.

La cuestión de fondo es qué parte del procesamiento ocurre en paralelo y hasta dónde llega la influencia del conocimiento lexical sobre la percepción temprana. Algunos efectos admiten explicaciones alternativas mediante decisiones posteriores. Por eso conviene comparar predicciones de modelos completos, sin inferir una arquitectura a partir de una sola tarea. Un resultado puede demostrar que la información lexical modifica el rendimiento y dejar abierta la etapa exacta donde actúa.

## Lo que revelan las tareas experimentales

La decisión lexical pide determinar si una cadena, por ejemplo *mesa* o *mepa*, pertenece a la lengua. Es una tarea sencilla, útil para manipular frecuencia, longitud y semejanza. El tiempo necesario para responder suele tomarse como indicador de dificultad de acceso, aunque decidir «palabra» o «no palabra» introduce una operación adicional que no está presente en la conversación ordinaria. El participante puede adaptar su criterio a la proporción de pseudopalabras o a la similitud de los estímulos.

La lectura en voz alta agrega el requisito de convertir una representación escrita en una salida fonológica. La denominación de imágenes parte de la representación de un objeto y exige seleccionar y pronunciar su nombre. Las tareas de identificación perceptiva modifican la cantidad de señal disponible. Cada procedimiento hace visible una parte diferente del sistema. El *English Lexicon Project* de Balota et al. (2007), con gran cantidad de estímulos y participantes, ilustra el valor de combinar medidas de rendimiento con información lexical estandarizada.

La medida temporal exige prudencia interpretativa. Una respuesta lenta puede provenir de activación débil, competencia entre candidatos o cautela al decidir. Incluso una manipulación exitosa de frecuencia puede afectar más de una etapa. Los estudios que cruzan tareas, comparan errores y modelan simultáneamente los tiempos ayudan a delimitar mecanismos. Las latencias informan sobre el procesamiento, pero no son etiquetas automáticas de las operaciones internas.

## Las palabras dejan activadas a otras

Si alguien lee *médico* y poco después encuentra *enfermera*, el segundo término suele procesarse con mayor facilidad que si antes hubiera leído una palabra ajena al mismo dominio. Meyer y Schvaneveldt (1971) estudiaron esa facilitación, conocida como *priming* semántico. El efecto indica que la actividad provocada por una palabra modifica el estado del sistema para la siguiente.

No todas las relaciones producen el mismo efecto. Una asociación fuerte por coocurrencia puede diferir de una semejanza taxonómica. *Doctor* facilita *hospital* por su relación situacional; *perro* y *gato* comparten una categoría de nivel superior y muchos atributos. Las expectativas estratégicas también pueden influir cuando el intervalo entre estímulos es suficientemente largo. Para estudiar activación relativamente automática suelen usarse intervalos breves y condiciones donde predecir deliberadamente el segundo estímulo es poco útil.

Un efecto semántico puede también originarse en la elección de una respuesta. Si la tarea consiste en decir rápidamente una palabra mientras se ignora otra relacionada, el distractor puede interferir porque compite por el mismo tipo de respuesta. En otras tareas, una relación semántica facilita el acceso. La aparente contradicción desaparece cuando se considera qué operación exige el experimento. Facilitación e interferencia no identifican mecanismos opuestos en todas las circunstancias, porque dependen de la dirección de la tarea y de la posición en que se produce la competición.

El *priming* morfológico abre otra pregunta. Si *cantando* facilita *cantar*, quizá ambas formas acceden a una raíz compartida, pero su parecido fonológico y semántico también puede producir facilitación. El desafío experimental consiste en separar la estructura morfológica de esas otras relaciones. Una manipulación que conserve la forma y cambie el significado, o que conserve el parentesco morfológico reduciendo la semejanza superficial, ayuda a distinguir modelos.

La anticipación oracional opera sobre una escala mayor. En *El panadero puso el pan en el...*, la palabra *horno* es muy probable. Esa facilidad procede de las relaciones entre palabras, de la estructura sintáctica y del conocimiento sobre situaciones. Una teoría del acceso lexical debe explicar cómo una forma reconocida participa tan rápidamente en expectativas sobre las siguientes. El texto «Predicción, surprisal y expectativa lingüística» desarrollará la formulación probabilística de esta idea.

## Partes productivas y palabras enteras en la morfología

El español plantea un problema de economía evidente. Un verbo admite numerosas formas flexionadas. Una persona puede comprender *cantaremos* aunque no recuerde haber encontrado esa forma exacta, gracias al conocimiento de la base *cant-* y de las terminaciones. Es razonable suponer mecanismos composicionales capaces de operar sobre morfemas.

Taft y Forster (1975) formularon una hipótesis influyente de descomposición morfológica previa al acceso. Estudios posteriores, como el de Rastle, Davis y New (2004), mostraron que la estructura morfo-ortográfica aparente puede influir tempranamente incluso cuando la relación semántica es débil o engañosa. Una secuencia puede segmentarse por su apariencia antes de que el significado determine si los componentes pertenecen realmente a una misma familia.

Estos resultados no obligan a sostener que toda palabra compleja siempre se construya desde sus morfemas. Las formas muy frecuentes y lexicalizadas pueden recuperarse como unidades completas y las flexiones poco comunes pueden depender más de la composición. La supleción, como la relación entre *ir* y *fui*, tampoco puede resolverse mediante una regla fonológica productiva ordinaria. Una arquitectura realista puede necesitar representaciones de distintos tamaños y vías que se apoyan mutuamente.

La descomposición es especialmente delicada cuando la forma parece contener un morfema familiar por simple coincidencia. Ese fue el objetivo del diseño de Rastle et al. (2004), que comparó en inglés pares con estructura morfo-ortográfica real y aparente. Trasladar automáticamente ese patrón al español sería imprudente, ya que cada lengua dispone de un repertorio diferente de raíces, sufijos y regularidades ortográficas. Un experimento adaptado tendría que construir estímulos que igualaran frecuencia, transparencia y semejanza sin introducir relaciones semánticas accidentales.

En la derivación aparecen problemas adicionales. *Cantante* tiene una relación formal y semántica relativamente transparente con *cantar*. Otras palabras contienen secuencias reconocibles cuya estructura histórica ya no corresponde a una descomposición productiva para el hablante contemporáneo. La morfología del sistema lingüístico, la historia de cada palabra y el procesamiento mental deben analizarse por separado cuando los datos divergen.

## Una forma y más de un significado

La forma *banco* ilustra la homonimia, en la que dos sentidos muy diferentes comparten una secuencia fonológica y ortográfica. En *la cabeza de la organización*, por su parte, el término *cabeza* participa en una extensión relacionada con el cuerpo. La oposición entre homonimia y polisemia describe distintos tipos de relación entre sentidos, aunque los límites del léxico real son graduales. Una posibilidad es guardar dos entradas independientes para los homónimos y una red articulada de sentidos para los polisémicos. Otras teorías emplean representaciones compartidas cuyo contenido se especifica progresivamente. Los datos de tiempo de reconocimiento y de selección contextual pueden favorecer una u otra arquitectura en familias concretas de palabras, pero raramente autorizan una respuesta universal.

El contexto desempeña un papel medible. *El banco aprobó el préstamo* favorece muy pronto el sentido financiero. La duda es si el sentido de asiento llegó a activarse de manera transitoria antes de perder apoyo. Las teorías de acceso selectivo y de activación múltiple difieren precisamente en ese punto. La dominancia de cada acepción, la fuerza del contexto y el momento de medición alteran los resultados.

Esta temporalidad es importante para la lectura. Una ambigüedad puede resolverse sin esfuerzo cuando la continuación es congruente. Si aparece una palabra que favorece el sentido inicialmente descartado, el lector necesita una reinterpretación. La desambiguación lexical forma parte de la construcción del significado de la oración y de la gestión de expectativas, aunque se origine en una sola forma.

## Del concepto a la palabra pronunciada

La producción invierte parcialmente el recorrido. El hablante parte de una intención comunicativa o de una representación conceptual y debe seleccionar una expresión adecuada. Para denominar una imagen de un perro, la categoría semántica puede activar otras palabras relacionadas, como *animal*, *gato* o *mascota*. La tarea exige elegir una forma que satisfaga la intención y las condiciones del contexto.

Levelt et al. (1999) propusieron separar la selección lexical de la recuperación fonológica y de la posterior planificación articulatoria. Esa organización ayuda a interpretar errores. Una sustitución como decir *gato* por *perro* afecta a la elección semántica o lexical; intercambiar segmentos entre palabras apunta hacia procesos de codificación fonológica. Los errores reales pueden combinar mecanismos y no siempre se dejan clasificar en una única casilla.

Los estados de punta de la lengua permiten una observación especialmente clara. Brown y McNeill (1966) encontraron que, cuando un participante no lograba producir una palabra conocida, en ocasiones podía indicar su sonido inicial, longitud aproximada o semejanza con otras formas. El conocimiento semántico había permanecido disponible mientras la recuperación de la forma quedaba incompleta. La experiencia subjetiva es familiar, pero su explicación requiere un modelo de estados parciales, incompatible con una separación absoluta entre dos módulos.

La producción también depende del interlocutor. Para explicar un término técnico a alguien que no lo conoce, el hablante puede elegir una paráfrasis, usar una categoría más general o introducir primero una definición. La selección lexical responde a metas comunicativas y a la información que se atribuye al destinatario. El léxico participa así en una práctica interactiva, aunque sus mecanismos de acceso puedan estudiarse en tareas individuales.

## Repertorios bilingües y especialización

Las lenguas de una persona bilingüe no son necesariamente dos diccionarios herméticos. Los datos de coactivación entre idiomas indican que, al leer o escuchar una forma, pueden activarse candidatos de ambas lenguas. Los cognados, como *animal* en español e inglés, suelen mostrar ventajas de procesamiento bajo determinadas condiciones. Los falsos amigos revelan el costo potencial de formas semejantes con significados distintos. La fuerza de esa coactivación cambia con la competencia, el contexto y la tarea. Una conversación completamente situada en una lengua puede reducir la accesibilidad de alternativas de la otra sin abolir toda interacción. En traducción, en cambio, ambos repertorios participan activamente. Un modelo del léxico bilingüe debe explicar la flexibilidad con que el hablante selecciona una lengua y aprovecha conexiones compartidas.

Dentro de una misma lengua hay también repertorios especializados. Un músico puede recuperar con rapidez nombres de intervalos y técnicas, del mismo modo que un radiólogo discrimina vocabulario anatómico que para otros lectores es poco familiar. La especialización reorganiza asociaciones y aumenta la accesibilidad de términos infrecuentes en el lenguaje general. El concepto de léxico mental debe admitir esas historias individuales sin perder la dimensión compartida que hace posible la comunicación.

## Del rendimiento a la explicación neuropsicológica

Una dificultad de denominación puede aparecer con comprensión conservada, o bien puede observarse una producción fluida que usa términos semánticamente inadecuados. Las lesiones cerebrales y los trastornos neurocognitivos permiten estudiar estas disociaciones con una precisión distinta de la que proporcionan los tiempos de reacción en participantes sanos.

En tareas de denominación ayuda observar qué ocurre cuando se da una pista. Si la primera sílaba facilita recuperar una palabra que el paciente reconoce y comprende, puede existir un problema de acceso fonológico. Si la pista fonológica fracasa y el paciente tampoco puede señalar el objeto correcto entre alternativas semánticas, la explicación debería contemplar un deterioro conceptual. Estas observaciones son solo orientativas. Las pistas pueden funcionar por varias vías y exigen un conjunto de pruebas que considere además la familiaridad con el estímulo.

La anomia no identifica por sí sola el mecanismo alterado. Un paciente puede no recuperar la forma de una palabra aunque conozca el objeto, mientras otro puede tener deteriorada la representación semántica que debería guiar la selección. La comparación entre denominación, comprensión, repetición y reconocimiento ayuda a localizar el déficit funcional. Los patrones de parafasias fonológicas y semánticas aportan información complementaria.

Es arriesgado traducir directamente esa distinción funcional a un mapa de pequeñas cajas anatómicas. Una lesión afecta tejido, conexiones y sistemas distribuidos. La compensación puede cambiar el perfil con el tiempo. La neuroimagen y los potenciales relacionados con eventos dan otros indicios, aunque una activación correlacionada con una tarea no demuestra por sí misma qué representación se almacena allí. Los textos sobre neuroanatomía y afasias retomarán estos problemas en una escala mayor.

En la entrevista clínica la misma prudencia se aplica a los fenómenos cotidianos. Una pausa antes de una palabra poco frecuente puede deberse a fatiga, a distracción o a la propia baja accesibilidad del término. Una búsqueda lexical aislada carece de especificidad clínica. La evaluación necesita un patrón persistente, comparaciones entre tipos de tarea y consideración de la audición, el bilingüismo y la escolaridad.

## Palabras técnicas, escritura e inteligencia artificial

La terminología científica muestra el léxico en construcción. Una comunidad introduce una palabra para estabilizar una diferencia que considera útil. Con el uso, esa palabra adquiere asociaciones, restricciones de aplicación y relaciones con conceptos vecinos. Para comprender *palilalia*, por ejemplo, importa conocer el fenómeno al que se aplica y distinguirlo de *ecolalia*. La mera capacidad de repetir su definición es una competencia más frágil que reconocer casos y contraejemplos.

Esta observación tiene consecuencias editoriales. En un artículo científico, cambiar continuamente entre sinónimos aproximados puede producir variación superficial y perder estabilidad conceptual. Repetir un término técnico cuando su referente debe permanecer fijo reduce trabajo de recuperación e interpretación. En otros contextos, una paráfrasis es útil porque aproxima el contenido a un lector que carece de la representación especializada. La elección depende del público y de la función de la expresión.

Los modelos de lenguaje también operan sobre representaciones lexicales o sublexicales, pero su organización material es distinta. Un token puede representar una palabra completa, una subpalabra o un fragmento ortográfico. Las asociaciones distribuidas aprendidas de grandes corpus pueden reproducir efectos funcionales semejantes a los de la frecuencia y el contexto en los humanos. Esa semejanza no establece que exista un léxico mental humano dentro de la red. La comparación más informativa identifica la tarea que ambos resuelven y pregunta qué restricciones particulares enfrenta cada sistema.

La frecuencia, la similitud de forma, las relaciones semánticas y el contexto determinan qué representación queda disponible en cada momento. Al pasar de una palabra escrita a una palabra oída, el sistema debe resolver además el problema de una señal que llega sin espacios y con variaciones que pueden deformar sus segmentos. El siguiente texto reconstruye ese proceso de reconocimiento.

## Referencias

Balota, D. A., Yap, M. J., Cortese, M. J., Hutchison, K. A., Kessler, B., Loftis, B., Neely, J. H., Nelson, D. L., Simpson, G. B., y Treiman, R. (2007). The English Lexicon Project. *Behavior Research Methods*, *39*(3), 445–459.

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