# Lotman y la semiosfera

## Ningún signo funciona solo

Una señal de tránsito puede describirse por su forma, su color y la regla que la relaciona con una acción, un análisis que parece suficiente hasta que la señal se traslada a otro contexto. Un círculo rojo con una barra diagonal es reconocible de inmediato para quien conoce cierto sistema vial y opaco para quien no comparte sus convenciones. Una palabra puede ser gramaticalmente correcta y fracasar porque el interlocutor pertenece a otra comunidad. Una imagen puede adquirir un sentido político que no tenía cuando fue producida y una obra literaria conservada durante siglos puede empezar a significar de otra manera al entrar en contacto con textos posteriores. A la pregunta por el funcionamiento de un signo individual se suma la de explicar qué entorno hace posible que ese signo sea reconocido, interpretado, traducido, olvidado, recuperado y relacionado con otros signos.

Yuri Mijáilovich Lotman respondió a esa pregunta con el concepto de *semiosfera*, que desplaza el centro del análisis desde el signo aislado hacia el espacio semiótico global en el que los signos pueden funcionar (Andrews, 2003; Semenenko, 2012). Del mismo modo que un organismo no se comprende enteramente fuera del ecosistema que hace posible su vida, un proceso de significación no puede separarse por completo de las múltiples lenguas, códigos, textos, memorias y fronteras que lo rodean. La semiosfera es el medio heterogéneo de relaciones dentro del cual adquieren sentido los signos de una sociedad y no se reduce a la suma de todos ellos.

## Yuri Lotman y la escuela de Tartu-Moscú

Nacido en 1922 en Petrogrado, la actual San Petersburgo, Lotman desarrolló la mayor parte de su carrera académica en Tartu, Estonia. Se formó en el estudio de la literatura rusa, aunque su proyecto se amplió desde el análisis literario hacia una teoría general de la cultura. Durante la década de 1960 se consolidó en torno a Tartu y Moscú una red interdisciplinaria de investigadores que después se conocería como Escuela Semiótica de Tartu-Moscú. Participaron en ella, entre otros, Viacheslav Ivánov, Borís Uspenski, Vladímir Topórov y Aleksandr Piatigorski (Salupere et al., 2013). Sus intereses abarcaban la lingüística estructural, la literatura, el mito, el folclore, la religión, la historia y los sistemas culturales de signos.

La escuela partía de la tesis de que ningún sistema semiótico particular funciona con completa independencia de los demás (Ivanov et al., 1973). El lenguaje natural, la literatura, el ritual, la iconografía, el derecho y los demás lenguajes culturales se apoyan, se interfieren y se traducen mutuamente, por lo que la cultura puede estudiarse como una red de sistemas de significación funcionalmente relacionados. La tesis introduce una diferencia de escala respecto del estructuralismo clásico, cuyo análisis aísla temporalmente un sistema para describir sus oposiciones internas. La semiótica de la cultura pregunta después cómo interactúa ese sistema con otros y qué ocurre cuando las estructuras dejan de coincidir.

## De la biosfera a la semiosfera

Lotman introdujo explícitamente el término *semiosfera* en 1984 (Lotman, 1984/2005). La inspiración terminológica procedía de la noción de *biosfera*, asociada sobre todo con Vladímir Vernadski. La biosfera, que no es una colección de organismos agregados después de existir por separado, es la totalidad de condiciones y relaciones dentro de las cuales puede existir la vida terrestre. Lotman propone una analogía. También la significación necesita un espacio previo de relaciones semióticas y ningún mecanismo semiótico individual es completamente autosuficiente.

Para interpretar una palabra hacen falta otras palabras, distinciones, códigos, prácticas y una memoria cultural. Una pintura solo es una obra religiosa donde existen además un repertorio iconográfico, un marco ritual y una comunidad capaz de reconocerlos. La semiosfera es ese espacio de posibilidad. La analogía con la biosfera no debe tomarse literalmente. Lotman, que no sostiene que la cultura sea un organismo biológico gigante (Mandelker, 1994), utiliza una imagen teórica para invertir la dirección habitual del análisis. El análisis ya no construye la cultura sumando signos individuales y comienza por el espacio de relaciones que hace posibles los actos semióticos particulares.

La prioridad del espacio semiótico es una tesis fuerte. Una concepción atomista imaginaría primero signos autónomos y después sus conexiones. Lotman invierte la secuencia y antepone la semiosfera a los sistemas semióticos particulares y estos a los actos sígnicos concretos, con una prioridad lógica y funcional que no es necesariamente cronológica. Un hablante nace dentro de una lengua que ya existe, una novela aparece dentro de géneros que la preceden, una ceremonia usa símbolos heredados y una teoría científica emplea términos, instrumentos y convenciones construidos por generaciones anteriores. Incluso las innovaciones necesitan un trasfondo contra el cual aparecer como tales. Un signo absolutamente aislado de cualquier sistema de contraste no podría ser reconocido como signo.

## Heterogeneidad interna y equivalencia parcial

La palabra *esfera* podría inducir a imaginar un espacio uniforme, cuando Lotman insiste en que la semiosfera es internamente heterogénea. Contiene lenguas diferentes, dialectos, géneros, códigos visuales, normas jurídicas, rituales, textos canónicos, subculturas, jergas profesionales y memorias parcialmente incompatibles. No existe un metalenguaje único que traduzca perfectamente todos esos sistemas. Una fórmula matemática no se reemplaza sin pérdida por una descripción literaria, una experiencia religiosa no coincide con una clasificación jurídica y una imagen puede comunicar relaciones que una paráfrasis verbal solo reproduce parcialmente. Esta heterogeneidad, que no es un defecto de la cultura, es una de las condiciones para la producción de significado nuevo.

Entre dos sistemas completamente idénticos la traducción no produciría información nueva y entre dos absolutamente inconmensurables sería imposible. La generación cultural de significado ocurre en una zona intermedia, en la que los sistemas han de compartir estructura suficiente para relacionarse y diferir lo bastante para que el paso de uno a otro transforme la información. Esta tensión atraviesa toda la teoría lotmaniana. La comunicación fértil necesita equivalencia parcial e incompatibilidad parcial. Una novela adaptada al cine conserva personajes, acontecimientos o relaciones narrativas y los reconstruye mediante imagen, montaje, actuación y sonido. No es una copia audiovisual del texto verbal y la traducción produce significado porque los códigos no son idénticos.

## Bilingüismo y pluralidad como condiciones básicas

Lotman sostuvo repetidamente que una cultura necesita más de un lenguaje semiótico (Lotman, 1990). El término *bilingüismo* se usa aquí en un sentido amplio, que no se limita a hablar español e inglés. Una cultura es semióticamente multilingüe porque combina el lenguaje verbal, las imágenes, el espacio, la música, los gestos, los rituales y otros sistemas.

En un museo intervienen objetos, textos explicativos, iluminación, arquitectura y orden espacial. Una consulta médica combina preguntas, gestos, documentos, cifras, imágenes diagnósticas y categorías profesionales y una plataforma digital reúne escritura, botones, colores, iconos, sonidos y reglas algorítmicas. La significación surge de sus interacciones. La idea anticipa problemas que hoy estudia la teoría de la *multimodalidad*, aunque esta tiene conceptos y métodos propios.

## Centro y periferia

Uno de los modelos más conocidos de Lotman distingue dentro de la semiosfera entre un centro y una periferia (Lotman, 1990). El centro reúne los sistemas más estabilizados y autorreflexivos de una cultura y en él suelen encontrarse los códigos de prestigio, las instituciones normativas, los textos canónicos y los metalenguajes mediante los cuales una cultura intenta describirse a sí misma. La periferia está menos regulada y contiene prácticas híbridas, dialectos, géneros marginales, traducciones imperfectas, contactos con otros sistemas y formas que todavía no están plenamente codificadas. La distinción describe ante todo una diferencia de organización semiótica, con un centro por lo general más estructurado y una periferia más flexible. Puede relacionarse con el poder, aunque no coincide sin más con la oposición entre poderosos y subordinados.

La periferia, que a primera vista parecería incompleta y menos importante que el centro, tiene para Lotman una función mucho más productiva. Las zonas periféricas están expuestas a sistemas diferentes y tienen menor rigidez normativa. Por eso pueden generar combinaciones novedosas. Hay expresiones nacidas en una subcultura que se extienden a la lengua general, géneros considerados menores que décadas después se convierten en forma dominante y prácticas importadas que se transforman en la frontera y reorganizan después el centro. La innovación cultural, que no surge necesariamente de las instituciones más prestigiosas, entra con frecuencia por bordes que al principio parecían marginales.

Centro y periferia no son posiciones permanentes y los elementos circulan entre ellas. Lo que en una época pertenece al canon puede perder centralidad. Un género popular puede institucionalizarse, una variedad lingüística desprestigiada adquirir legitimidad y una tecnología periférica convertirse en infraestructura. Cuando un sistema llega al centro suele ganar reglas, instituciones y formas de autodescripción, una estabilización que puede reducir parte de la diversidad que tenía en su origen. La dinámica cultural puede representarse como un movimiento continuo que lleva de la periferia a la innovación, a la expansión, a la centralización y a la codificación, mientras otros elementos siguen el movimiento inverso.

## La frontera como mecanismo de traducción

La frontera es una de las nociones más importantes de la semiosfera. Separa un espacio semiótico de aquello que aparece como exterior y, al mismo tiempo, conecta ambos lados. Sin ser simplemente una pared, tiene el carácter de una membrana selectiva que determina qué puede entrar, cómo debe transformarse para ser reconocido y qué queda fuera. Una cultura puede encontrar un objeto extranjero y no incorporarlo directamente. Lo clasifica mediante categorías propias, lo traduce, lo renombra y lo sitúa dentro de narrativas conocidas, de modo que la frontera transforma el exterior en algo interpretable desde el interior.

La operación característica de la frontera es la traducción. Un contenido producido en un sistema debe transformarse para entrar en otro, algo evidente entre lenguas naturales que ocurre también entre disciplinas. Un hallazgo molecular tiene que traducirse para figurar en una guía clínica, un acontecimiento económico se transforma para entrar en una noticia y una vivencia individual se traduce a categorías jurídicas para convertirse en testimonio. La traducción es siempre una selección, en la que el elemento que cruza la frontera gana ciertas relaciones y pierde otras sin permanecer necesariamente idéntico.

## Dentro y fuera

Toda cultura construye alguna distinción entre lo propio y lo ajeno. La frontera participa en esa distinción y separa, según el caso, lo civilizado de lo bárbaro, lo sagrado de lo profano, lo científico de lo pseudocientífico, lo normal de lo anormal o lo oficial de lo popular. Estas oposiciones no son simples descripciones neutras del mundo y forman parte de la manera en que una cultura organiza su identidad. Lo exterior puede aparecer como caos, amenaza, exotismo, recurso o novedad. Otra cultura puede trazar las fronteras de modo distinto. Lo que desde un sistema parece *no cultural* puede ser altamente estructurado desde otro.

Si la semiosfera contiene todos los procesos interpretables, queda por explicar cómo puede hablarse de un exterior. El exterior siempre es descrito desde algún interior. Cuando una cultura llama *bárbaros* a otros pueblos, esa exterioridad ya fue semiotizada. El concepto de frontera debe entenderse, por tanto, de manera relativa. Existen exteriores respecto de sistemas particulares y no es necesario postular un espacio absolutamente carente de todo signo desde una perspectiva divina. Una lengua puede no disponer de una categoría que otra sí tiene y una disciplina considerar irrelevante algo central para otra. Las fronteras organizan diferencias locales dentro de espacios semióticos más amplios.

## Semiosferas dentro de semiosferas, asimetría y ritmos temporales

La teoría funciona en varias escalas, desde una semiosfera cultural amplia hasta la de una disciplina, una institución o una comunidad. Una universidad tiene géneros, rituales, jerarquías y vocabularios, dentro de ella cada facultad desarrolla sistemas particulares y dentro de una facultad existen departamentos y comunidades todavía más específicas. Estas unidades se superponen y una persona puede participar simultáneamente en una cultura nacional, una profesión, una familia, una comunidad digital y varios grupos lingüísticos. No es necesario imaginar esferas cerradas unas dentro de otras como muñecas rusas, porque las fronteras pueden cruzarse y las pertenencias ser múltiples.

La semiosfera tiene una estructura asimétrica y sus regiones no procesan la información del mismo modo. Una institución central puede traducir la cultura periférica bajo categorías propias y disponer de mucho mayor poder para imponer esa traducción. Hay países que importan textos de otros sin que el flujo inverso tenga igual intensidad y lenguas dominantes que absorben expresiones de una lengua minoritaria y modifican su uso. La traducción no ocurre entre posiciones necesariamente equivalentes. Esta asimetría permite conectar la semiótica cultural con problemas de poder, aunque Lotman no desarrolla una teoría del poder comparable a las de las tradiciones marxista, foucaultiana o poscolonial.

La heterogeneidad de la semiosfera es también temporal, porque sus subsistemas cambian a ritmos diferentes y la historia cultural no avanza según un único reloj. La moda puede transformarse en meses, la legislación conservar categorías durante décadas y las instituciones religiosas mantener textos milenarios. La tecnología introduce formas comunicativas cuya velocidad supera la capacidad normativa de otras instituciones. Una cultura contiene simultáneamente capas de antigüedad diferente y la coexistencia de temporalidades produce fricciones, como cuando una tecnología nueva opera mediante normas sociales heredadas o un concepto antiguo adquiere funciones imprevistas dentro de un entorno nuevo.

## Textos, memoria cultural y olvido

En una concepción simple, un texto contiene un significado que un lector recupera. Lotman propone una visión más dinámica, en la que los textos pueden *generar significado* cuando interactúan con lectores, otros textos y códigos distintos (Lotman, 1990). Una obra antigua puede producir interpretaciones que su autor no previó porque ingresa en nuevos contextos. Esto no significa que cualquier interpretación sea válida, porque el texto conserva restricciones estructurales y lo que cambia es la red semiótica en la que funciona. Un clásico permanece culturalmente productivo porque admite nuevas relaciones.

La semiosfera se extiende también hacia el pasado, que una cultura conserva en textos, símbolos, relatos, monumentos, archivos y rituales. Esa conservación es una forma de memoria cultural (Lotman y Uspensky, 1978) e implica siempre una selección de lo que se recuerda. Algunos acontecimientos se monumentalizan y otros se olvidan, algunos textos se reproducen y otros desaparecen. La memoria cultural es así un mecanismo semiótico activo, que decide qué fragmentos del pasado siguen participando en nuevas interpretaciones.

El olvido, además de una falla de almacenamiento, puede formar parte de la organización cultural. Así ocurre cuando un régimen prohíbe determinados textos, una disciplina abandona conceptos que considera obsoletos o una familia deja de mencionar ciertos acontecimientos. Más tarde, lo desplazado puede regresar, como sucede cuando archivos recuperados modifican una memoria histórica o autores olvidados ingresan en el canon. La relación entre memoria y olvido muestra otra vez la movilidad entre centro y periferia.

## Diálogo y traducción imperfecta

Lotman atribuye al diálogo una importancia de primer orden. Para que exista diálogo no basta con dos participantes que envían contenidos idénticamente codificados y debe existir una diferencia entre ellos. Un diálogo completamente redundante no genera nada nuevo y una incompatibilidad absoluta impide la comunicación. La creatividad surge de una desigualdad parcialmente traducible. Este principio se aplica a personas, lenguas, géneros, disciplinas y culturas. Un físico y un biólogo pueden producir una teoría nueva cuando sus conceptos no coinciden perfectamente y, sin embargo, encuentran traducciones suficientes para colaborar.

Si una traducción pudiera preservar absolutamente todas las propiedades del original, el nuevo texto sería semióticamente redundante. Las traducciones reales reorganizan lo que traducen. Un poema traducido cambia de ritmo y de asociaciones, una novela llevada al cine cambia el modo de presentar el espacio y el tiempo, un gráfico transforma una tabla de números y una explicación divulgativa reorganiza un artículo especializado. Parte de la información se pierde y otra aparece. Lotman convierte esa imperfección en una fuente de creatividad. La no equivalencia no es únicamente un problema que debe minimizarse y también produce significado.

## Explosión y cambio impredecible

En su obra tardía, especialmente en *Culture and Explosion*, Lotman (2009) distingue los procesos graduales de cambio de las transformaciones explosivas. Un desarrollo gradual hace previsible en cierta medida el estado siguiente. Una explosión, en cambio, abre varias posibilidades y hace difícil predecir cuál se realizará. Las revoluciones políticas, las innovaciones artísticas o las transformaciones culturales pueden adquirir este carácter. Después del acontecimiento, la historia suele reconstruirse como si el resultado hubiera sido inevitable y el pasado puede parecer más determinado de lo que realmente fue. Lotman insiste en recuperar la contingencia, pues antes de la explosión existían caminos alternativos.

Las innovaciones explosivas aparecen con frecuencia en zonas donde entran en contacto sistemas diferentes. La periferia es especialmente fértil porque allí convergen códigos menos estabilizados y una innovación puede reorganizar después el centro. El movimiento no es mecánico. No todo elemento periférico se volverá dominante ni toda frontera genera creatividad. La teoría describe condiciones que aumentan la posibilidad de transformación y no formula una ley determinista.

## Un meme que cruza fronteras

Considérese una imagen que en su origen es una escena de película con una función narrativa particular. Años después, usuarios de internet extraen un fotograma, le agregan texto y convierten la imagen en plantilla para memes. El signo cruzó varias fronteras al pasar del lenguaje cinematográfico a la comunicación digital, perdió parte de su contexto narrativo y adquirió una estructura convencional en la que la misma imagen puede expresar frustración, ironía o contraste. Después puede ingresar en la publicidad institucional. Cada traducción conserva algo y transforma otra cosa. El significado, que no reside enteramente en el fotograma original, depende de la semiosfera en la que circula.

## Consulta clínica, traducción y diagnóstico

La consulta clínica tiene también fronteras semióticas. El paciente describe una experiencia en lenguaje cotidiano, el profesional formula preguntas desde un sistema técnico y la experiencia se transforma después en una ficha clínica, que puede traducirse otra vez a un informe administrativo o a una explicación para la familia. Cada paso utiliza un código diferente. La frase *No tengo fuerzas para nada* puede convertirse en *fatiga*, *anergia* o *síntoma depresivo*, o simplemente mantenerse como cita, formulaciones que no son equivalentes. La traducción clínica puede aumentar la precisión e introducir interpretaciones. La trazabilidad exige saber en qué punto apareció cada categoría.

Los sistemas diagnósticos ocupan una posición relativamente central dentro de ciertas instituciones sanitarias, en las que disponen de manuales, definiciones y procedimientos. Respecto de ese sistema, el lenguaje de los pacientes es mucho más heterogéneo y periférico. Esto crea una asimetría, porque la institución traduce la experiencia a sus propias categorías con mayor facilidad que el paciente traduce las categorías institucionales a su experiencia. El análisis lotmaniano hace visible esa estructura y muestra que la traducción ocurre bajo condiciones de poder y codificación desiguales, sin demostrar que el diagnóstico sea incorrecto.

## Escritura científica, sistemas conversacionales e inteligencia artificial

Una investigación interdisciplinaria necesita traducir entre lenguajes. La palabra *información* significa cosas diferentes en la teoría de la comunicación, en genética y en el lenguaje cotidiano, *complejidad* tiene una definición matemática o se usa como descripción informal y el sentido de *representación* cambia entre la filosofía, la neurociencia y las ciencias computacionales. Usar la misma palabra no garantiza compartir el código. La frontera puede generar innovación y malentendido. Los problemas más difíciles aparecen cuando los participantes creen haber traducido sin advertir que conservan conceptos distintos.

Un asistente de inteligencia artificial opera en múltiples fronteras. Recibe lenguaje cotidiano y puede responder mediante terminología técnica, traduce entre idiomas, convierte documentos extensos en resúmenes y transforma código en explicación verbal. Cada operación es una traducción entre sistemas parcialmente diferentes, cuya calidad no se mide únicamente por la fluidez. Hay que evaluar qué información se conserva, cuál se pierde y qué contenido nuevo introduce la transformación. Una salida perfectamente gramatical puede ser una mala traducción semiótica.

Los modelos generativos no existen fuera de la cultura. Se entrenan con grandes cantidades de textos e imágenes producidos dentro de ella y sus salidas reingresan después en el mismo espacio cultural. Esto crea circuitos nuevos, en los que un texto humano entra en el entrenamiento, un modelo genera una reformulación, la reformulación se publica y otro sistema puede incorporarla posteriormente. La frontera entre producción humana y artificial se vuelve semióticamente relevante porque afecta a la procedencia, la autoridad y la interpretación de los textos. La semiosfera digital contiene ahora agentes y mecanismos de producción que Lotman no pudo prever. Su modelo permite describir la circulación sin decidir por sí solo qué estatuto cognitivo tiene el sistema artificial.

## Los límites de la semiosfera y la metáfora espacial

La noción es potente y enfrenta dificultades. La primera es analítica y atañe al punto en que termina una semiosfera. Las culturas no tienen bordes físicos precisos, las lenguas se superponen, las comunidades migran y las redes digitales conectan poblaciones distantes. La frontera lotmaniana debe reconstruirse a partir de operaciones de inclusión, exclusión y traducción, sin suponerla de antemano. La segunda dificultad es el riesgo de convertir cualquier entorno comunicativo en semiosfera. Si el término se aplica a cualquier conjunto de signos, pierde capacidad explicativa. El análisis tiene que mostrar organización interna, heterogeneidad, fronteras y procesos de traducción (Torop, 2005).

Centro, periferia, frontera, interior y exterior forman un vocabulario espacial de utilidad evidente que puede producir, sin embargo, una reificación. Una ideología no está situada literalmente en el centro geométrico de una cultura ni un género se desplaza físicamente hacia la periferia. La topología es funcional y describe relaciones de legitimidad, codificación, circulación y traducción. Cuando esas relaciones pueden medirse mediante redes, instituciones o distribuciones empíricas, la metáfora gana contenido analítico. Cuando solo se repite que algo está *en la frontera*, puede convertirse en ornamentación teórica.

## Un procedimiento de análisis lotmaniano

Ante un fenómeno cultural, el análisis comienza por identificar los sistemas semióticos que participan en él. Después se examina cómo se distribuyen entre posiciones más centrales y periféricas, qué lenguajes tienen mayor capacidad de autodescripción y qué fronteras regulan el intercambio. El paso siguiente es observar las traducciones y registrar qué se conserva al pasar de un sistema a otro, qué desaparece y qué contenido nuevo emerge.

Conviene identificar también las asimetrías, los ritmos temporales, los mecanismos de memoria y las zonas de innovación. El análisis no termina con la clasificación y debe explicar qué procesos de generación de significado produce esa estructura.

## Del signo a la cultura

Peirce permitió comprender la semiosis como relación dinámica entre signo, objeto e interpretante. Lotman cambia la unidad focal y, a la pregunta por la relación que permite a un signo representar algo, añade la de cómo conviven y se traducen sistemas completos de signos dentro de un espacio cultural heterogéneo. La semiosfera es el concepto que realiza ese cambio de escala y sitúa al signo sin reemplazarlo. Un signo funciona porque pertenece a redes de memoria, códigos, fronteras y traducciones que lo preceden.

Queda por explicar qué hacen esos múltiples sistemas. La cultura comunica información y también construye modelos del mundo. Una lengua segmenta la experiencia, un mito organiza la causalidad y el valor, una obra literaria construye personas, espacios y tiempos posibles, una ciencia formaliza objetos y relaciones y un sistema jurídico convierte acciones en categorías normativas. El texto «Cultura como sistema de modelización» desarrolla esta segunda gran idea de la Escuela de Tartu-Moscú, la de la cultura como interacción de sistemas de modelización que no se limitan a reflejar el mundo y aportan estructuras mediante las cuales una comunidad lo vuelve interpretable (Lotman, 1977).

## Referencias

Andrews, E. (2003). *Conversations with Lotman: Cultural semiotics in language, literature, and cognition*. University of Toronto Press.

Ivanov, V. V., Lotman, J. M., Piatigorski, A. M., Toporov, V. N., y Uspenski, B. A. (1973). Theses on the semiotic study of cultures (as applied to Slavic texts). En J. van der Eng y M. Grygar (Eds.), *Structure of texts and semiotics of culture* (pp. 1-28). Mouton.

Lotman, J. M. (1977). Primary and secondary communication-modeling systems. En D. P. Lucid (Ed. y Trad.), *Soviet semiotics: An anthology* (pp. 95-98). Johns Hopkins University Press.

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Lotman, J. M. (2005). On the semiosphere (W. Clark, Trad.). *Sign Systems Studies*, *33*(1), 205-229. (Trabajo original publicado en 1984).

Lotman, J. M. (2009). *Culture and explosion* (W. Clark, Trad.). De Gruyter Mouton.

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Mandelker, A. (1994). Semiotizing the sphere: Organicist theory in Lotman, Bakhtin, and Vernadsky. *PMLA*, *109*(3), 385-396.

Nöth, W. (1990). *Handbook of semiotics*. Indiana University Press.

Salupere, S., Torop, P., y Kull, K. (Eds.). (2013). *Beginnings of the semiotics of culture*. University of Tartu Press.

Semenenko, A. (2012). *The texture of culture: An introduction to Yuri Lotman's semiotic theory*. Palgrave Macmillan.

Torop, P. (2005). Semiosphere and/as the research object of semiotics of culture. *Sign Systems Studies*, *33*(1), 159-173.

