# Capítulo 85. Cortesía, imagen social y manejo de la imposición

## Actuar sobre una relación social

Las oraciones *Cierra la ventana*, *¿Podrías cerrar la ventana?*, *Perdona, ¿te importaría cerrar la ventana?* y *Hace un poco de frío aquí* pueden orientar al interlocutor hacia la misma acción. No son, sin embargo, socialmente equivalentes. Cambian el grado de directividad, la visibilidad de la imposición, la deferencia, la responsabilidad que asume el hablante, la posibilidad de rechazar y la relación que se proyecta entre los participantes. La pragmática de la cortesía estudia cómo los hablantes diseñan actos delicados teniendo en cuenta esas consecuencias relacionales.

La tradición clásica se asocia sobre todo con Brown y Levinson (1978/1987), quienes desarrollaron una teoría basada en la noción de imagen (*face*). La investigación posterior mostró que las prácticas de cortesía varían entre comunidades, que la relación entre forma y cortesía no es fija y que la identidad, la actividad y la historia interactiva modifican la evaluación de una conducta. Este capítulo reconstruye primero el modelo clásico y examina después sus límites y los desarrollos que lo siguieron.

## La imagen social

Brown y Levinson tomaron de Goffman (1967) la noción de imagen, que este definió como el valor social positivo que una persona reclama para sí mediante la línea de conducta que los demás suponen que ha adoptado en un encuentro. La imagen no equivale a la autoestima ni es una propiedad psicológica privada. Es una construcción relacional, sostenida en público, que los participantes suelen cooperar en mantener, tanto la propia como la ajena. Una interacción puede confirmar, desafiar, proteger o dañar esa imagen. La cortesía surge en parte de las estrategias para manejar esos efectos.

## Imagen positiva e imagen negativa

Brown y Levinson distinguieron dos dimensiones. La imagen positiva es el deseo de que las propias acciones, preferencias e identidad sean valoradas o aprobadas por otros. Se relaciona con la afiliación, el reconocimiento y la pertenencia. La imagen negativa es el deseo de mantener la libertad de acción y de no sufrir imposiciones indebidas, un deseo ligado a la autonomía. Los adjetivos positiva y negativa son etiquetas técnicas sin valor moral.

La distinción fue criticada por reflejar supuestos individualistas propios de las sociedades occidentales. Matsumoto (1988) sostuvo que la imagen, en japonés, depende sobre todo de la posición del hablante dentro del grupo y de sus relaciones con los demás. En muchas comunidades, la obligación relacional, la jerarquía, la pertenencia colectiva o el rol pesan más que la autonomía individual. El modelo debe usarse, por eso, como herramienta analítica y no como una antropología universal demostrada.

## Actos que amenazan la imagen

Un acto que amenaza la imagen (*face-threatening act*, FTA) puede afectar a cualquiera de sus dimensiones. Las órdenes, las peticiones, los consejos, los recordatorios y las prohibiciones amenazan la imagen negativa del oyente, porque imponen o restringen acciones. Las críticas, los desacuerdos, los insultos y las acusaciones amenazan su imagen positiva, porque cuestionan la aprobación o la valoración. Otros actos amenazan la imagen del hablante. Disculparse, admitir un error o aceptar una crítica comprometen su imagen positiva, mientras que ofrecer o prometer compromete su libertad futura.

El modelo intenta explicar por qué ciertas acciones tienden a mitigarse. Aun así, las peticiones no siempre amenazan la relación. Entre amigos íntimos, *Pásame la sal* puede ser perfectamente normal. La amenaza depende de la actividad, de la relación y de las expectativas de los participantes.

## El peso de un acto

Brown y Levinson propusieron que el peso de un acto amenazante equivale a la suma de tres factores, la distancia social entre hablante y oyente, el poder del oyente sobre el hablante y el grado de imposición que el acto tiene en una cultura dada. La fórmula expresa una intuición sin pretender una medición numérica. Una petición requiere más mitigación si los participantes son distantes, si el oyente tiene más poder o si lo pedido es costoso. *Pásame el lápiz* entre colegas cercanos requiere poca mitigación. *¿Podrías cubrir mi turno completo mañana?* impone bastante más. Los tres factores no son universales ni independientes, de modo que el mismo acto puede tener un peso distinto según la cultura y la actividad.

## Cinco estrategias

Brown y Levinson ordenaron las estrategias según el grado de amenaza que los hablantes intentan mitigar. En la estrategia abierta y directa (*bald on record*), la acción se realiza sin compensación, como en *Cierra la puerta*. La cortesía positiva hace visible la cercanía o la solidaridad, como en *Oye, ¿me ayudas cerrando la puerta?* La cortesía negativa reconoce la imposición, como en *Disculpa, ¿podrías cerrar la puerta, por favor?* La estrategia encubierta (*off record*) deja la acción a la inferencia del oyente, como en *Hace mucho frío aquí*. La última opción es no realizar el acto.

El orden de estas estrategias no implica que la mayor indirección produzca siempre mayor cortesía. Blum-Kulka (1987) encontró que los hablantes de hebreo y de inglés juzgaban más corteses las peticiones convencionalmente indirectas, como *¿Podrías...?*, que las insinuaciones, cuya indirección no convencional se percibía como menos cortés. En algunas situaciones, la indirección excesiva parece manipuladora, distante o poco eficiente.

## Estrategias directas y estrategias compensatorias

La formulación directa no es necesariamente descortés. *Dame el bisturí* puede ser la forma más adecuada durante un procedimiento urgente, porque el costo de la ambigüedad es alto y la claridad importa más que la mitigación. Brown y Levinson ya habían previsto este uso en las situaciones de máxima eficiencia. Entre personas con gran familiaridad, *Pásame el pan* tampoco amenaza ninguna relación relevante. La directividad y la descortesía son dimensiones distintas. La evaluación depende de las normas de la situación.

La cortesía positiva puede incluir mostrar interés, hacer notar una pertenencia común, buscar el acuerdo, usar el humor o incluir al interlocutor en una actividad compartida, como en *Ya que estamos terminando esto juntos, ¿me ayudas revisando la última tabla?* La formulación construye un proyecto común y reduce la distancia, igual que los vocativos, los diminutivos, las formas familiares y las referencias compartidas. Una estrategia afiliativa puede ser inapropiada, con todo, si la relación no admite esa intimidad. La cortesía positiva consiste en proyectar cercanía de una manera que la relación legitima.

La cortesía negativa reconoce la autonomía del otro y el costo de la imposición. *Disculpa que te moleste, ¿podrías revisar esto cuando tengas un momento?* combina una disculpa, una pregunta sobre la capacidad, una minimización y una opción temporal. La mitigación reduce la fuerza percibida del acto o muestra que el hablante reconoce su costo. También puede oscurecer las prioridades. En un contexto de alta urgencia, *Cuando puedas, quizá podrías considerar...* puede ser inadecuado, porque el manejo de la imagen debe equilibrarse con la claridad funcional.

## Estrategias encubiertas e indirección convencional

Una expresión encubierta admite varias interpretaciones. *Qué oscuro está aquí* puede ser un comentario o una petición implícita de encender la luz. Su ventaja social es la negabilidad plausible, porque el hablante puede negar haber pedido algo. La misma indirección aumenta la carga interpretativa del oyente. En los contextos en que la acción importa, la estrategia puede fallar. La mitigación social se obtiene a costa de la explicitud comunicativa, de modo que el hablante debe gestionar ambas dimensiones a la vez.

No todas las formas indirectas exigen una inferencia novedosa. *¿Puedes pasarme la sal?* pregunta por una capacidad según su gramática, aunque en muchos contextos está convencionalizada como petición. La inferencia desde la pregunta por la capacidad hacia la petición es rutinaria y tiene un costo de procesamiento bajo. Una teoría completa debe distinguir la indirección convencional de la novedosa, un problema que conecta la cortesía con la teoría de los actos de habla del capítulo 41.

## Cortesía y tipos de acto

Cada tipo de acción se relaciona de manera distinta con la cortesía. Las peticiones gestionan una imposición. Los ofrecimientos pueden favorecer al oyente y crear a la vez una obligación. Los cumplidos refuerzan la imagen positiva, aunque pueden generar incomodidad. Los rechazos pueden amenazar la afiliación y los desacuerdos pueden cuestionar la competencia o la valoración del otro. La cortesía participa en el diseño mismo del acto, porque no se agrega después de realizarlo.

Los rechazos suelen aparecer como respuestas no preferidas, según el análisis secuencial del capítulo 83. En *Me encantaría, pero tengo guardia*, la secuencia combina una apreciación, una justificación y el rechazo. La mitigación permite al hablante comunicar que rechaza la invitación sin comunicar que rechaza la relación, lo que separa el rechazo de la actividad del rechazo de la persona. La organización de preferencia y la cortesía se cruzan en este punto.

En el desacuerdo, *Estás equivocado* y *No estoy seguro de que esa interpretación sea la única posible* difieren en el grado de confrontación. La segunda forma lo reduce, aunque también puede restar claridad. En la ciencia, un desacuerdo demasiado mitigado puede volver opaco su contenido. Una buena formulación distingue la evaluación de una afirmación de la evaluación de una persona. *Los datos no sustentan esa conclusión* es más precisa que *Tu análisis es malo*, porque dirige la crítica hacia las proposiciones y la evidencia.

Una disculpa puede reconocer un daño, asumir una responsabilidad, expresar pesar u ofrecer una reparación. No toda expresión de pesar cumple todas esas funciones. *Lamento que te hayas sentido mal* expresa pesar por un efecto en el otro. *Lamento haber dicho eso* asume una acción propia. El análisis de una disculpa debe examinar la responsabilidad, el pesar y la reparación que efectivamente expresa, porque identificar la palabra *perdón* no basta.

## El trabajo de imagen según Goffman

Goffman (1967) llamó trabajo de imagen (*face-work*) a las prácticas con que los participantes mantienen una definición socialmente viable de sí mismos y de los demás. Distinguió los procedimientos de evitación, que previenen las amenazas, de los procedimientos correctivos, que reparan el daño una vez producido. La interacción está llena de pequeños ajustes de este tipo, como pasar por alto errores menores, permitir la autocorrección, cambiar de tema, reír o minimizar una torpeza. Estas prácticas sostienen lo que Goffman llamó el orden ritual de la interacción. La cortesía abarca así la mirada, el momento de la intervención, el silencio y la secuencia, además de las fórmulas verbales. Permitir que otro se corrija a sí mismo, como se vio en el capítulo 84, puede ser una forma de trabajo de imagen.

## Críticas al universalismo

El modelo clásico fue muy influyente y recibió críticas de peso. La imagen negativa privilegia la autonomía individual. Las normas de deferencia varían entre comunidades. Las categorías se construyeron a partir de prácticas particulares, con un sesgo anglocéntrico. La fórmula del peso simplifica relaciones que cambian a lo largo de la interacción. La teoría, por último, clasifica las estrategias desde fuera. Los enfoques posteriores, en cambio, preguntan cómo juzgan los propios participantes una conducta. Estas críticas no vuelven inútil el modelo, aunque obligan a tratarlo como una hipótesis comparativa.

## Enfoques discursivos y trabajo relacional

Watts et al. (1992) distinguieron la cortesía de primer orden, que corresponde a los juicios cotidianos de los hablantes, de la cortesía de segundo orden, que corresponde a las categorías del analista. Eelen (2001) y Watts (2003) desarrollaron esta distinción en enfoques llamados discursivos. La pregunta del análisis pasa a ser cómo evalúan los participantes una conducta, como adecuada, excesiva, fría o descortés. La cortesía se vuelve así una categoría en parte evaluativa. *Por favor* no es cortés en sí mismo. Puede sonar adecuado, irónico, autoritario o sarcástico, como en *¿Podrías, por favor, dejar de interrumpirme?*, que contiene un marcador clásico de cortesía y es confrontacional. La distinción obliga a no confundir la clasificación del analista con la experiencia de los participantes. Los hablantes tienen su propia metapragmática, porque pueden describir una conducta como seca, pesada, respetuosa, pasada de confianza o demasiado formal. Esos juicios forman parte de los datos.

Locher y Watts (2005) propusieron la noción de trabajo relacional para señalar que toda interacción gestiona relaciones, aunque no aparezca una cortesía marcada. Dentro de ese espacio, gran parte de la conducta es simplemente adecuada y pasa inadvertida. La conducta marcada puede evaluarse de manera positiva, como cortés, o de manera negativa, como descortés o como excesivamente cortés. La distinción evita llamar cortés a toda conducta normal y sitúa la cortesía como una evaluación dentro de un trabajo relacional más amplio.

## Gestión de la relación interpersonal

Spencer-Oatey (2008) propuso un marco de gestión de la relación interpersonal (*rapport management*) que incluye la imagen, los derechos y obligaciones de sociabilidad y los objetivos de la interacción. Los derechos de sociabilidad se refieren a las expectativas de trato equitativo, como no ser explotado ni sometido a imposiciones indebidas. También se refieren a las expectativas de asociación, como participar en la medida que corresponde a la relación. El marco permite analizar casos en los que el problema no afecta la imagen personal. Una persona puede sentirse ofendida porque considera que recibió un trato injusto, sin que su identidad haya sido dañada. La teoría amplía así la cortesía hacia la gestión de las relaciones.

## Poder y distancia social

La cortesía cambia con las relaciones de poder. Un jefe puede decir *Necesito esto hoy*, mientras que un subordinado formularía *¿Sería posible revisarlo hoy?* No existe, sin embargo, una relación mecánica según la cual más poder implique menos cortesía. Las personas con poder pueden mitigar sus peticiones para no parecer coercitivas, o usar una deferencia estratégica. El poder puede ser institucional, económico, epistémico, deóntico o situacional, por lo que no se reduce a una sola variable.

La distancia tampoco opera de manera lineal. Entre amigos cercanos, *Pásame eso* puede ser normal. *¿Tendrías la gentileza de acercarme ese objeto?* podría sonar irónico en esa misma relación. La intimidad modifica lo que cuenta como apropiado. La cortesía no coincide con la máxima formalidad y puede consistir en no introducir una distancia impropia.

## Formas de tratamiento en español

El español dispone de recursos explícitos de tratamiento. La oposición entre *tú* y *usted* puede expresar distancia, respeto, edad, jerarquía o registro, aunque su distribución varía mucho entre regiones. Existen además el voseo, el plural *ustedes*, las formas nominales y los títulos. Ninguna jerarquía universal hace de *usted* la forma más cortés. En algunos contextos suena distante o irónico. En otros es la forma esperada, de modo que la pragmática necesita una descripción sociolingüística local.

En Chile coexisten el tuteo, el ustedeo y el voseo, con diferencias de formalidad, edad, cercanía y contexto. El voseo chileno es sobre todo verbal, porque combina el pronombre *tú* con formas como *estái* o *querís*, mientras que el pronombre *vos* tiene un uso más restringido y marcado (Real Academia Española y Asociación de Academias de la Lengua Española, 2009). El voseo verbal no equivale a una informalidad extrema, porque su valor depende del vínculo y del registro. Una interacción profesional puede comenzar con *usted* y pasar a *tú* si los participantes renegocian la relación. Ese cambio actualiza la relación social.

## Discernimiento y normas sociales

Ide (1989) distinguió la volición del discernimiento. El modelo de Brown y Levinson pone el acento en decisiones estratégicas, en las que el hablante evalúa una amenaza y elige cómo mitigarla. En muchas situaciones, sin embargo, parte de la conducta lingüística no se vive como una elección libre entre estrategias. Ciertas formas son esperables por la edad, la jerarquía, el rol, la familiaridad o la situación institucional. En japonés, la selección de los honoríficos depende de relaciones sociales gramaticalizadas. El hablante no calcula en cada turno si quiere ser cortés, porque debe seleccionar la forma que corresponde al vínculo. Ide llamó discernimiento a esta sensibilidad a las normas sociales.

La cortesía combina, por tanto, la elección estratégica con la adecuación normativa, en proporciones que varían entre lenguas y contextos. La distinción impide reducir la cortesía a la intención del hablante de mitigar un acto. Una expresión puede ser apropiada sin que el hablante ejecute una estrategia consciente de protección de la imagen. Decir *usted* a una persona mayor puede ser menos una maniobra estratégica que el cumplimiento de una expectativa social aprendida, mientras que la misma forma puede producir en otra comunidad una distancia excesiva. La pragmática debe estudiar tanto la elección como la restricción.

## Mitigación e intensificación

La mitigación reduce la fuerza o el impacto de un acto. Sus recursos habituales incluyen el condicional, los verbos modales, los diminutivos, ciertos adverbios, las disculpas, las preguntas y la impersonalización. *Tal vez podríamos revisar este punto* distribuye la agencia mediante la primera persona plural y reduce la imposición frente a *Revisa este punto*. La mitigación puede afectar la precisión. En las decisiones críticas, un modal demasiado débil puede hacer parecer opcional lo que es obligatorio, por lo que la mitigación debe calibrarse.

Existen también recursos para aumentar la fuerza de un acto. *Esto es absolutamente inaceptable* intensifica la gravedad, marca el desacuerdo o refuerza la autoridad. La intensificación no siempre es descortés. En una alerta de seguridad, *No entre bajo ninguna circunstancia* cumple una función protectora. La evaluación depende de la acción, del contexto y de la relación. El lenguaje enfático puede ser pragmáticamente apropiado.

## Descortesía y descortesía fingida

Culpeper (2011) desarrolló una teoría de la descortesía como fenómeno propio, que no se reduce a la ausencia de cortesía. Hay estrategias activas de ataque relacional, como el insulto, el desprecio, la exclusión o la ridiculización. La misma forma puede funcionar también como broma afiliativa entre amigos. Una forma ofensiva no es descortés sin contexto, porque su interpretación depende de la intención que se atribuye al hablante, de la recepción, de la relación y de las normas, con un peso decisivo de la evaluación que hace el destinatario.

Un insulto aparente puede reforzar la intimidad. Entre amigos, *Eres un desastre* puede producir risa y afiliación. Leech (1983) describió este fenómeno con su principio de la broma, según el cual se muestra solidaridad diciendo algo que es a la vez obviamente falso y obviamente descortés. La literatura posterior lo analiza como descortesía fingida (*banter*). Una forma literalmente negativa puede cumplir así una función relacional positiva, porque las formas carecen de una valencia social fija. La interacción y el historial compartido determinan su lectura.

## Cortesía intercultural y género

Las prácticas consideradas corteses en una comunidad pueden parecer extrañas en otra. Las diferencias afectan el nivel de directividad, el uso de títulos, la frecuencia de las disculpas, la aceptación de los cumplidos, la distancia interpersonal y los silencios. Una petición directa puede ser normal en una comunidad y brusca en otra. Una petición muy indirecta puede parecer evasiva en una tercera. Una misma forma puede tener significados sociales distintos entre culturas. El capítulo 88 examina esta variación con más detalle.

El estudio de la cortesía y el género es un buen ejemplo de las generalizaciones que conviene evitar. Lakoff (1975) caracterizó el habla de las mujeres por rasgos como las preguntas de confirmación y los atenuadores, que asoció con la cortesía y la inseguridad. Mills (2003) criticó este tipo de generalización y propuso analizar la cortesía en las comunidades de práctica concretas. La conducta lingüística depende de la actividad, el rol, la identidad, el poder y las expectativas locales. La variación dentro de un grupo puede superar la diferencia promedio entre grupos, por lo que una estrategia lingüística no debe atribuirse de manera automática al género de una persona.

## Cortesía en la entrevista clínica

Una entrevista clínica requiere equilibrar la claridad con la seguridad relacional. *¿Alguna vez, quizá, ha sentido que la vida es un poco demasiado difícil?* puede resultar ambigua. *¿Ha pensado en morir o en hacerse daño?* es directa, sin ser por ello descortés. Cuando el contenido implica un riesgo alto, la claridad es una forma de respeto, porque evita que el paciente tenga que adivinar qué se le pregunta. La revisión de Dazzi et al. (2014) no encontró evidencia de que preguntar de manera directa por el suicidio aumente la ideación suicida, lo que respalda esta práctica.

En los temas íntimos, como la sexualidad, el trauma o el consumo de sustancias, puede ser útil preparar el terreno con una frase como *Le haré algunas preguntas que hago de rutina porque pueden ser relevantes para la evaluación*. La frase explica el propósito, reduce la atribución personal y legitima la pregunta, que después puede formularse de manera directa. La mitigación se desplaza al preámbulo y deja nítida la pregunta clínica, de modo que el manejo de la imagen no disminuye la precisión.

Cuando un paciente dice *No, no quise decir eso*, una respuesta como *Gracias por corregirme. ¿Cómo lo expresaría usted?* reconoce la corrección, devuelve al paciente la autoridad sobre su experiencia y favorece la reparación. Una respuesta defensiva, como *Eso fue lo que entendí*, puede inhibir correcciones futuras. La cortesía cumple aquí una función epistémica, porque facilita una información más precisa.

## Lenguaje estigmatizante en las notas clínicas

La cortesía no debe confundirse con el eufemismo, aunque la elección léxica puede afectar la dignidad del paciente. *Paciente manipulador* y *Solicita reiteradamente cambios de indicación y se muestra insistente ante los límites* difieren en su contenido. La segunda formulación describe conductas observables y es más precisa y menos evaluativa, lo que mejora a la vez la calidad documental, la neutralidad y el respeto. El efecto no es solo estético. En un estudio experimental con viñetas, Goddu et al. (2018) encontraron que los médicos en formación que leían una nota con lenguaje estigmatizante sobre un paciente con anemia falciforme tenían actitudes más negativas hacia él y elegían un manejo del dolor menos intensivo. Evitar las etiquetas morales permite describir las conductas difíciles sin ocultarlas.

## Desacuerdo y atenuación en la escritura científica

Un artículo puede criticar con claridad sin atacar a los autores. *Smith no entiende el problema* y *El análisis de Smith no distingue entre correlación y causalidad* difieren en que la segunda localiza la objeción. La cortesía académica favorece la crítica dirigida a las afirmaciones, sin exigir que los resultados se suavicen hasta volverse irreconocibles. *Esta conclusión no está respaldada por los datos presentados* puede ser firme y profesional a la vez.

Expresiones como *quizá*, *probablemente*, *sugiere*, *es compatible con* o *parece* pueden cumplir funciones de cortesía. Myers (1989) interpretó muchas de estas atenuaciones en los artículos científicos como estrategias de cortesía hacia la comunidad de lectores. Hyland (1998) mostró que cumplen además funciones epistémicas, porque expresan el grado de compromiso del autor con una afirmación. *Los datos sugieren X* puede indicar una evidencia limitada, de modo que eliminar estas atenuaciones para volver la prosa más directa puede alterar el compromiso epistémico del texto. La atenuación epistémica y la mitigación cortés deben distinguirse, aunque puedan coexistir en una misma expresión.

## Cortesía en sistemas conversacionales

Un asistente artificial puede usar *por favor*, *gracias* o *entiendo* para facilitar la interacción. La cortesía superficial puede generar problemas. Si el sistema dice *Entiendo perfectamente cómo te sientes* sin base para esa comprensión, la fórmula sobreafirma una capacidad. *Entiendo lo que describes* es más precisa. La cortesía de un sistema debe respetar sus límites epistémicos, sin sacrificar la precisión para sonar cálida.

Los sistemas conversacionales pueden confundir además la cortesía con el acuerdo, un riesgo que el capítulo 82 examinó como complacencia. Ante *Ese estudio es obviamente fraudulento*, la respuesta *Sí, totalmente* ratifica la premisa. *Entiendo que te parece sospechoso. Para afirmar fraude habría que revisar la evidencia disponible* mantiene la relación sin ratificarla. La respuesta separa el reconocimiento relacional del respaldo epistémico, una distinción que importa tanto en la interacción humana como en la artificial.

## Una petición de horas extra

En una oficina, el jefe pregunta *¿Podrías quedarte dos horas más hoy?* El empleado responde *Eh... hoy tengo que buscar a mi hija al colegio*. El jefe contesta *Entiendo. No hay problema*.

La petición usa una interrogativa con verbo modal pese a la asimetría de poder. La respuesta contiene una demora, presenta una justificación y evita un *no* directo. El jefe interpreta la contribución como rechazo y la acepta. La secuencia combina poder, imposición, una respuesta no preferida y trabajo de imagen. La forma interrogativa de la petición no permite inferir que carecía de presión real, porque la estructura institucional seguía presente en el intercambio.

## Análisis de la cortesía en un intercambio

Una lista de marcadores de cortesía no equivale a una teoría social. El análisis de un intercambio reconstruye por eso varias capas. La primera es la acción que se realiza, sea una petición, una crítica, un rechazo o un ofrecimiento. La segunda son sus consecuencias relacionales posibles para la autonomía, la afiliación, la reputación o los derechos de los participantes. La tercera es el diseño del acto, directo, mitigado, indirecto o intensificado, en relación con el poder, la distancia, el rol y la historia de quienes intervienen. La reacción de los participantes aporta evidencia decisiva sobre cómo evaluaron la conducta. Las normas de la comunidad se consideran al final, sin universalizarlas.

Una emisión puede comunicar también una actitud distinta de su contenido literal. Ese es el terreno del capítulo 86, dedicado a la ironía, el sarcasmo y el humor y al papel del eco, la simulación y la incongruencia en su interpretación.

## Referencias

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