# Capítulo 95. Lenguaje ordinario y acción en Austin

## Decir algo puede ser hacer algo

*Prometo devolverte el libro mañana*, *Declaro inaugurada la sesión*, *Te pido disculpas* y *Te bautizo con el nombre de Ana* no se limitan a describir hechos. Quien dice *Prometo devolverte el libro* no informa que está prometiendo. La promesa se realiza mediante la emisión. J. L. Austin convirtió esta observación en uno de los giros decisivos de la filosofía del lenguaje del siglo XX (Austin, 1962). Su pregunta central fue qué hacemos al decir algo. El lenguaje dejó de analizarse solo como representación verdadera o falsa del mundo, porque también sirve para prometer, ordenar, advertir, disculparse, bautizar, apostar, felicitar, amenazar y declarar.

Austin comenzó distinguiendo las emisiones constatativas de las realizativas, aunque terminó mostrando que la distinción inicial era demasiado rígida. En su teoría madura, toda emisión completa puede analizarse en varios niveles de acción, que distinguen lo que se dice, lo que se hace al decirlo y los efectos que se producen por decirlo. El capítulo 41 presentó la teoría de los actos de habla. Aquí interesa reconstruir el pensamiento de Austin en su contexto filosófico, con la tesis de que hablar es una forma de acción social.

## El método del lenguaje ordinario

Austin fue una figura central de la filosofía del lenguaje ordinario desarrollada en Oxford después de la Segunda Guerra Mundial (Warnock, 1989). Su método consistía en examinar con detalle las distinciones que el lenguaje cotidiano ya contiene. En *A plea for excuses* sostuvo que el lenguaje ordinario encarna las distinciones que muchas generaciones encontraron útiles, por lo que no es la última palabra en filosofía y sí la primera (Austin, 1961). El lenguaje ordinario puede corregirse y superarse, aunque ignorarlo conduce a teorías que simplifican los fenómenos.

Austin criticó la tendencia filosófica a tratar todas las oraciones significativas como descripciones que deben evaluarse por su verdad o falsedad, una tendencia que llamó falacia descriptiva. Preguntar si *Te felicito* describe correctamente una felicitación pierde de vista su función principal, porque en las condiciones apropiadas la emisión es la felicitación. Esta posición lo aproxima al segundo Wittgenstein, que también rechazó reducir el lenguaje a la representación de hechos. Austin desarrolló, sin embargo, una teoría más sistemática de las acciones que se realizan al hablar.

## Constatativos y realizativos

En la formulación inicial de Austin, una emisión constatativa parece describir un estado de cosas y puede evaluarse como verdadera o falsa. *La reunión comenzó a las nueve* presenta una situación y encaja bien en la tradición de Frege, Russell y el primer Wittgenstein. Una emisión realizativa, en cambio, realiza una acción mediante su emisión. *Prometo ir mañana* no describe una promesa, porque en las condiciones apropiadas es una promesa. Entre los ejemplos clásicos de Austin figuran *Bautizo este barco Queen Elizabeth*, *Te apuesto seis peniques a que mañana lloverá* y *Te pido disculpas*. La emisión tiene fuerza convencional. La acción ocurre porque existen prácticas sociales en las que ciertas fórmulas cuentan como promesas, bautizos, disculpas o apuestas.

Algunos realizativos contienen un verbo que nombra la acción, como *Prometo ayudarte*, *Te advierto que el camino está cortado* o *Te ordeno que salgas*. Austin propuso como prueba la inserción de *hereby* en inglés, equivalente a *por la presente* en español. Si la oración admite esa expresión, el verbo realiza la acción que nombra. El realizativo explícito hace visible la fuerza de la emisión. No toda acción requiere, sin embargo, un verbo realizativo. *Sal de la habitación* y *Te ordeno que salgas de la habitación* pueden realizar la misma orden. Austin llamó realizativo primario al primero y realizativo explícito al segundo. La fuerza del primario se recupera por el modo verbal, la entonación, el contexto y la relación entre los participantes, mientras que el explícito la codifica en el verbo.

## El colapso de la distinción

Austin descubrió pronto que la oposición entre emisiones que dicen algo verdadero o falso y emisiones que hacen algo no era estable. Los realizativos tienen aspectos descriptivos. *Te prometo que iré* puede involucrar una proposición sobre la conducta futura del hablante. Los constatativos también son acciones. *La reunión comenzó a las nueve* realiza una aserción, que puede ser informativa, correctiva o evaluativa según el contexto. Toda aserción es un acto. La teoría pasó así de oponer constatativos y realizativos a distinguir niveles de acción presentes en toda emisión, el giro interno más importante de *How to do things with words*.

## Condiciones de felicidad

Los realizativos no se evalúan solo como verdaderos o falsos. Pueden ser afortunados o desafortunados, válidos o inválidos, logrados o fallidos. *Los declaro marido y mujer* no produce un matrimonio si la pronuncia cualquier persona en cualquier contexto. Hacen falta una autoridad, un procedimiento reconocido, participantes apropiados, una ejecución correcta y un reconocimiento institucional. Austin llamó condiciones de felicidad a estos requisitos y los organizó en tres grupos.

El grupo A exige que exista un procedimiento convencional aceptado, con un efecto convencional. Exige también que las personas y circunstancias sean las apropiadas para invocarlo. El grupo B exige que el procedimiento se ejecute de manera correcta y completa. El grupo Γ exige que, cuando el procedimiento requiere ciertos pensamientos, sentimientos o intenciones, los participantes los tengan. Exige, además, que después se comporten de acuerdo con el acto. Si una persona sin autoridad dice *Los declaro casados*, fallan las condiciones del grupo A. Si el procedimiento matrimonial se realiza de manera incompleta, falla una condición del grupo B. Si alguien promete sin intención de cumplir, falla la primera condición del grupo Γ. Si promete con sinceridad y luego incumple, falla la segunda.

Austin llamó desaciertos (*misfires*) a las fallas de los grupos A y B, en las que el acto no llega a realizarse. Dentro de ellos distinguió las invocaciones indebidas, que fallan en el grupo A, de las ejecuciones indebidas, que fallan en el grupo B. Llamó abusos (*abuses*) a las fallas del grupo Γ, en las que el acto se realiza aunque de manera viciada, con insinceridades cuando falta la intención requerida e incumplimientos cuando la conducta posterior no corresponde al acto. Si alguien dice *Queda usted oficialmente destituido* sin tener ese poder, la emisión ocurre y el acto institucional fracasa. Si alguien promete sin intención de cumplir, la promesa existe como acto social, aunque es insincera. La distinción evita tratar todas las infelicidades como una sola. Muestra también que una acción lingüística puede fallar en niveles diferentes. No es lo mismo que un acto no llegue a existir, que exista con vicios o que exista y luego se incumpla.

Muchos actos dependen de instituciones, como las sentencias judiciales. Otros no requieren una institución formal. *Cuidado, viene un auto* es una advertencia cuya fuerza depende de convenciones lingüísticas y sociales más amplias. Las convenciones pueden ser rituales, institucionales, conversacionales o culturales. Austin quiso mostrar que el lenguaje cotidiano está tejido por prácticas convencionales.

## Locución, ilocución y perlocución

En la teoría madura, Austin distinguió tres niveles de acción. El acto locutivo consiste en producir una expresión lingüísticamente significativa. Austin lo subdividió en el acto fonético, que produce sonidos, el acto fático, que produce palabras y construcciones de una lengua, junto con el acto rético, que usa esas expresiones con un sentido y una referencia determinados. En *La puerta está abierta*, el acto locutivo incluye el contenido descriptivo de la oración.

El acto ilocutivo es la acción que se realiza al decir algo. *La puerta está abierta* puede ser una aserción, una advertencia, un recordatorio, una invitación a cerrarla o un reproche por haberla dejado abierta. La fuerza depende del contexto. Austin distinguió así lo dicho de la fuerza con que se dice.

El acto perlocutivo consiste en los efectos que se producen por decir algo. *Hay un incendio* puede asustar, persuadir, alertar, calmar o movilizar a los oyentes. Estos efectos no se confunden con la fuerza ilocutiva. Advertir es un acto ilocutivo. Hacer huir a alguien es un efecto perlocutivo. Un hablante puede advertir sin lograr asustar, o informar y asustar sin proponérselo. Austin resumió la diferencia con dos preposiciones. Al decir *Te advierto que el perro muerde*, realizo una advertencia. Por decirlo, puedo lograr que te alejes. La distinción no siempre es nítida y permite, con todo, separar el significado, la acción y la consecuencia.

Una misma locución puede tener fuerzas distintas. *Son las ocho* puede informar la hora a quien la pregunta, recordar que una reunión debería comenzar, advertir que queda poco tiempo o reprochar un atraso. El contenido locutivo se mantiene aproximadamente constante mientras la fuerza cambia, por lo que la interpretación pragmática exige identificar la acción en juego. A la inversa, una misma acción puede realizarse con formas distintas. *Cierra la ventana*, *¿Puedes cerrar la ventana?* y *Hace frío aquí* pueden realizar la misma petición, la última de manera más indirecta. Una teoría de los actos de habla debe explicar cómo una forma declarativa puede realizar una petición. Searle (1975) desarrolló después la noción de acto de habla indirecto. Levinson (1983) criticó, por su parte, la hipótesis de que cada tipo de oración tenga una fuerza literal de la que se derivan las demás. Austin abrió el espacio conceptual para estas discusiones.

## Convención e intención

Austin atribuyó a las ilocuciones una dimensión convencional, porque las advertencias, las promesas o las apuestas pertenecen a prácticas reconocibles. Queda abierto cuánta convención es necesaria. Algunos actos dependen de fórmulas fijas. Otros se realizan de manera creativa, como la advertencia *Yo que tú no tocaría ese cable*. La relación entre la convención, la intención y el contexto sigue siendo discutida.

Grice (1957) puso el acento en la intención comunicativa que el oyente reconoce, mientras que Austin lo puso en la convención y en la práctica. Una promesa institucional puede depender de convenciones que exceden la intención privada del hablante. La intención es, a la vez, necesaria para explicar muchos usos indirectos. Strawson (1964) propuso reconciliar ambas perspectivas. Sostuvo que muchas ilocuciones dependen de la intención reconocida, mientras que otras, como las institucionales, dependen de convenciones. Bach y Harnish (1979) desarrollaron después una teoría inferencial de los actos de habla, en la que el oyente reconstruye la fuerza a partir de lo dicho, del contexto y de creencias compartidas. La pragmática contemporánea hereda ambas tradiciones.

## La clasificación de las fuerzas

Austin propuso una taxonomía tentativa de las fuerzas ilocutivas. Los judicativos (*verdictives*) emiten un veredicto o una evaluación, como *Declaro culpable al acusado* o *Estimo el daño en diez millones*. Los ejercitivos (*exercitives*) ejercen un poder, un derecho o una influencia, como *Queda designada presidenta de la comisión*. Su fuerza depende de la autoridad del hablante. Los compromisorios (*commissives*) comprometen al hablante con una acción futura, como *Prometo entregar el informe mañana*, lo que conecta con la pragmática de los compromisos de los capítulos 80 y 90. Los comportativos (*behabitives*) se relacionan con actitudes y conductas sociales, como las disculpas, los agradecimientos, las felicitaciones o los pésames. Muestran que gran parte del lenguaje regula relaciones sociales. Los expositivos (*expositives*) organizan el discurso y la argumentación, como *Concedo que el argumento es válido* o *Concluyo que la hipótesis debe rechazarse*. La escritura académica está llena de ellos, porque el autor concede, responde, objeta y concluye.

Austin reconoció que sus categorías se superponen. *Recomiendo que no conduzcas* puede ser una evaluación, una orientación práctica o una forma de influir en la conducta. La taxonomía es exploratoria y no una clasificación natural definitiva. Searle (1969) sistematizó después la teoría al describir los actos ilocutivos mediante reglas constitutivas, que crean la posibilidad misma de actos como prometer. Searle (1976) propuso más tarde una clasificación alternativa, basada en criterios como la dirección de ajuste entre las palabras y el mundo, que distingue actos asertivos, directivos, compromisorios, expresivos y declarativos.

## Autoridad, instituciones y hechos sociales

*Queda usted despedido*, dicho por un empleador autorizado, puede modificar una relación laboral. Dicho por un visitante sin autoridad, el acto fracasa. La eficacia depende de la autoridad, del procedimiento, de la institución y del rol del hablante. El significado práctico de una emisión puede depender de estructuras sociales externas al sistema lingüístico. El lenguaje puede cambiar el mundo porque las instituciones reconocen ciertos actos.

Los contratos, los nombramientos, las sentencias, los matrimonios, las renuncias y los diagnósticos oficiales muestran que una emisión puede participar en una institución, además de informar sobre ella. Un acto de habla, sometido a reglas institucionales, puede producir un hecho social nuevo. Searle (1995) desarrolló esta idea en su teoría de los hechos institucionales. El lenguaje tiene capacidad constitutiva, porque ayuda a crear la realidad social que describe.

## Insinceridad, responsabilidad y manipulación

Si alguien dice *Prometo que iré* sin intención de ir, la promesa es insincera. Una promesa insincera puede ser más reprochable precisamente porque el acto se realizó. En ciertos actos, la sinceridad es una condición de uso apropiado sin ser siempre una condición de existencia del acto. La teoría permite distinguir los actos inexistentes, los actos insinceros y los compromisos incumplidos, una distinción importante en ética y en derecho.

Un acto perlocutivo puede producir efectos deliberados. *Si no firmas ahora, perderás la oportunidad* puede advertir, presionar, generar urgencia o inducir una decisión. La clasificación ilocutiva y la evaluación ética son, sin embargo, cuestiones diferentes. Describir la emisión como una advertencia que asusta no basta para decidir si hay manipulación. Esa decisión exige considerar la verdad del contenido, la intención, la asimetría entre los participantes, la presión ejercida, el contexto y la autonomía del destinatario. La teoría de Austin no contiene por sí sola una ética de la comunicación.

## Reconocimiento y aceptación

Para que ciertos actos funcionen, el interlocutor debe reconocer la acción que se realiza. Austin llamó a esto asegurar la recepción (*uptake*). Una advertencia necesita ser reconocida como advertencia. Si el oyente interpreta *Cuidado, el perro muerde* como una broma, la advertencia puede no cumplir su función. La noción conecta con el *grounding* del capítulo 82, porque el éxito de una acción lingüística puede depender del reconocimiento en la interacción.

Reconocer una acción no equivale a aceptarla. Reconocer una orden no implica obedecerla, reconocer una promesa no implica confiar en ella y reconocer una acusación no implica admitirla. La distinción es paralela a la separación entre comprensión y acuerdo del capítulo 82. Austin ya contenía una intuición interactiva importante, según la cual los actos necesitan reconocimiento sin exigir adhesión.

El análisis de la conversación mostró que una acción proyecta respuestas. Una pregunta vuelve pertinente una respuesta. Una oferta vuelve pertinente una aceptación o un rechazo. Desde Austin puede decirse que la acción de la primera parte de un par adyacente crea expectativas para la segunda. El análisis de la conversación añade la posición secuencial, el diseño del turno, la preferencia y la reparación. Austin clasifica acciones. El análisis de la conversación estudia cómo se producen y reconocen turno a turno, dos perspectivas complementarias que conviene no fundir.

## Actos de habla en la clínica, la ciencia y el derecho

En la entrevista clínica, preguntar es intervenir. *¿Desde cuándo escucha voces?* presupone la existencia de voces, orienta el tema, establece una categoría y puede inducir una respuesta dentro de ese marco. La pregunta realiza un acto que puede modificar el marco de la entrevista. *¿Cómo describiría exactamente lo que escucha?* realiza otro acto, con otra apertura. La teoría de Austin recuerda que las preguntas clínicas son acciones y no ventanas neutrales hacia una información preexistente.

*Usted tiene depresión*, dicho por un profesional en un contexto clínico, puede funcionar como diagnóstico, explicación, clasificación o reencuadre de la experiencia. No crea la enfermedad del modo en que *Los declaro casados* crea un matrimonio, aunque puede crear un hecho documental e institucional, como el registro de un diagnóstico. Conviene distinguir la realidad clínica del reconocimiento institucional de esa realidad. La palabra profesional puede modificar registros y decisiones sin crear por sí sola el fenómeno clínico.

Una nota médica contiene actos como *Indico reposo*, *Suspendo sertralina* o *Solicito interconsulta*. Estas expresiones no son solo descriptivas, porque en los contextos institucionales apropiados producen acciones, como indicar, suspender o solicitar. La documentación clínica es realizativa en un sentido institucional. Por eso importan la precisión, la autoridad y la trazabilidad.

Un artículo científico también realiza actos ilocutivos. *Los datos demuestran X*, *Los datos sugieren X* y *Proponemos X como hipótesis* pueden tener un contenido relacionado con fuerzas distintas, que alteran el compromiso epistémico. La escritura científica debe calibrar la fuerza ilocutiva de acuerdo con la evidencia. Decir *Este estudio demuestra causalidad* compromete fuertemente al autor. El verbo *demostrar* no crea, sin embargo, la relación causal. La fuerza ilocutiva no garantiza la verdad. Un acto puede ser afortunado como aserción y falso en su contenido.

El derecho da casos paradigmáticos, como *Condeno al acusado a...*, *Se declara nulo el contrato* o *Acepto los términos*. Estas emisiones pueden modificar estados jurídicos si cuentan con autoridad, un procedimiento, una forma adecuada y el reconocimiento de la institución. Austin se inspiró precisamente en casos jurídicos para mostrar que el lenguaje no es solo descripción.

## Tecnología e inteligencia artificial

En las interfaces digitales, escribir *Acepto* o hacer clic en *Comprar* puede constituir una aceptación contractual. La intuición de Austin se extiende más allá del habla oral. Un signo puede realizar una acción si una institución reconoce el procedimiento, el agente, la forma y el efecto, porque la realización depende de reglas sociales y no necesariamente de la voz.

Un sistema conversacional puede producir *Te recomiendo consultar a un especialista*. En términos funcionales realiza una recomendación. La teoría de Austin permite describir esa acción sin resolver si el sistema tiene una intención fenomenológica. La distinción entre la función interactiva y los estados mentales se mantiene. Un modelo puede decir también *Queda usted oficialmente diagnosticado*. Si carece de autoridad clínica, sin un procedimiento válido ni reconocimiento institucional, el acto fracasa como diagnóstico oficial. Las condiciones de felicidad incluyen el rol, la autoridad, el procedimiento, la responsabilidad y el reconocimiento. Un sistema puede imitar un realizativo sin realizar legítimamente el acto institucional, una aplicación directa de Austin.

## Una petición en el trabajo

Una jefa dice *Te pido que envíes el informe hoy* y el empleado responde *De acuerdo*. El contenido es el envío del informe ese día. La jefa realiza una petición o una instrucción, según la relación de autoridad. El empleado reconoce la acción y asume un compromiso. La emisión puede, además, motivar, presionar o generar tranquilidad. El acto ilocutivo no se define, sin embargo, por el efecto psicológico que ocurra finalmente. Si el empleado no envía el informe, la petición se realizó y fue reconocida, aunque su efecto práctico fracasara. La emisión combina así lo que se dice, el acto que se realiza y el efecto que se produce, las tres dimensiones que corresponden aproximadamente a la locución, la ilocución y la perlocución.

## Análisis de una emisión como acción

Una emisión analizada como acción muestra primero su contenido locutivo y la acción ilocutiva que realiza. Sus condiciones de felicidad, con la autoridad, el procedimiento, la ejecución y la sinceridad, indican si el acto se realizó, si hubo un desacierto o si hubo un abuso. El reconocimiento y la aceptación del interlocutor son cuestiones distintas, como lo son los efectos perlocutivos que la emisión produjo. La fuerza del acto debe separarse de la verdad de su contenido y de su evaluación ética.

Austin mostró que hablar es actuar según convenciones. El capítulo 96 estudia la propuesta de Grice, que buscó explicar el significado a partir de las intenciones del hablante y de los principios racionales de la conversación.

## Referencias

Austin, J. L. (1961). *Philosophical papers*. Oxford University Press.

Austin, J. L. (1962). *How to do things with words*. Oxford University Press.

Bach, K., y Harnish, R. M. (1979). *Linguistic communication and speech acts*. MIT Press.

Grice, H. P. (1957). Meaning. *The Philosophical Review*, *66*(3), 377-388.

Levinson, S. C. (1983). *Pragmatics*. Cambridge University Press.

Searle, J. R. (1969). *Speech acts: An essay in the philosophy of language*. Cambridge University Press.

Searle, J. R. (1975). Indirect speech acts. En P. Cole y J. L. Morgan (Eds.), *Syntax and semantics 3: Speech acts* (pp. 59-82). Academic Press.

Searle, J. R. (1976). A classification of illocutionary acts. *Language in Society*, *5*(1), 1-23.

Searle, J. R. (1995). *The construction of social reality*. Free Press.

Strawson, P. F. (1964). Intention and convention in speech acts. *The Philosophical Review*, *73*(4), 439-460.

Warnock, G. J. (1989). *J. L. Austin*. Routledge.

