# Memoria de trabajo y dependencias lingüísticas

*El informe que la residente que llegó ayer debía presentar estaba incompleto.* La oración admite un análisis gramatical ordinario. Aun así, cuesta más entenderla que *La residente llegó ayer y debía presentar un informe que estaba incompleto*. Las dos expresan aproximadamente las mismas relaciones. En la primera, el lector tiene que conservar *el informe* mientras interpreta la información sobre la residente y espera la aparición de *estaba incompleto*. Al llegar al final, recupera un elemento que permanecía disponible, aunque alejado de su predicado. Si esa recuperación falla, quizá deba releer el comienzo.

El problema se repite en escalas menores. Para interpretar *Ana habló con Marta después de que ella regresó*, necesitamos determinar a quién refiere *ella*. Para entender *¿Qué libro dijo el profesor que la estudiante había perdido?*, hay que conectar *qué libro* con la posición de objeto de *había perdido*. Una conversación prolongada exige mantener accesibles decisiones anteriores, por ejemplo a quién se asignó una tarea, qué fecha quedó acordada y cuál era la pregunta que todavía no tenía respuesta.

A menudo comprendemos sin reparar en ese trabajo. La dificultad se vuelve visible cuando una oración concentra demasiadas dependencias o introduce varios candidatos parecidos.

En psicolingüística, la expresión *memoria de trabajo* reúne mecanismos que sostienen información durante una actividad y hacen posible utilizarla mientras llega material nuevo. La definición debe ser funcional porque distintas teorías discrepan acerca de qué se mantiene activo, cómo se recupera y cuánto del trabajo recae sobre un sistema de memoria general. El lenguaje exige almacenar algo del pasado inmediato y transforma ese pasado en estructuras que después pueden recuperarse. Estas operaciones explican tanto la rapidez normal de la comprensión como una parte de sus errores.

## De los almacenes temporales a las representaciones activas

Baddeley y Hitch (1974) cuestionaron la idea de un depósito de corto plazo único e introdujeron una arquitectura con componentes especializados. En sus desarrollos posteriores, el bucle fonológico se encargaba del mantenimiento de material verbal y acústico; la agenda visuoespacial, de información visual y espacial; un ejecutivo central coordinaba la actividad. Baddeley (2000) añadió el búfer episódico para dar cuenta de la integración temporal de informaciones de distintas procedencias. El modelo ayudó a comprender por qué repetir dígitos, retener posiciones e interpretar oraciones imponen exigencias parcialmente diferentes.

La popular imagen de las siete unidades, presentada por Miller (1956), nunca fue una cifra simple aplicable a cualquier situación. Depende de qué se cuenta como unidad y de cuánto conocimiento permite agrupar elementos. Cowan (2001) defendió una capacidad del foco atencional más cercana a cuatro unidades bajo ciertas condiciones experimentales. Esa cifra, a su vez, no debería trasladarse directamente a la cantidad de palabras que alguien puede comprender. Un hablante que entiende una oración de veinte palabras no necesita conservar veinte unidades independientes.

La estructura lingüística reduce la carga. *La nueva directora del hospital* se recupera como un sintagma nominal con un núcleo y sus modificadores. Parte de la información queda organizada por jerarquías y relaciones de dependencia. La comprensión sería inviable si cada palabra tuviera que permanecer en una lista sin organización hasta el final del enunciado. Esta capacidad de agrupación explica por qué la complejidad estructural importa más que el simple recuento de términos.

Surge aquí una controversia sobre si el procesamiento sintáctico usa los mismos recursos que una tarea de recordar números mientras se resuelve un problema. Daneman y Carpenter (1980) encontraron asociaciones entre el rendimiento en tareas de *reading span* y la comprensión lectora. Caplan y Waters (1999), por su parte, argumentaron que la interpretación sintáctica inmediata puede apoyarse en recursos parcialmente especializados. Las dos líneas de investigación no tienen por qué producir una respuesta binaria. Una tarea de comprensión contiene operaciones lingüísticas específicas y también exige atención, control y mantenimiento de información. Una correlación con la memoria verbal general tampoco identifica por sí misma el recurso compartido.

Las medidas de memoria requieren, en consecuencia, una interpretación cuidadosa. Si alguien obtiene un resultado bajo en *reading span*, podrían estar influyendo la velocidad de lectura, el vocabulario, la capacidad para alternar entre actividades o el almacenamiento. La tarea proporciona una medida útil, pero el nombre de la prueba no garantiza una correspondencia exacta con un componente cognitivo.

## El costo de dejar relaciones abiertas

Una oración subordinada abre expectativas. En *El libro que Pedro...*, el relativo anuncia una relación que deberá completarse. Si aparece *había comprado*, la dependencia se cierra con relativa facilidad. Si antes intervienen otras cláusulas y referentes, el sistema debe conservar la posibilidad de integración mientras continúa procesando. La memoria queda ocupada por una tarea iniciada y aún pendiente.

Las oraciones de centro incrustado llevan esta exigencia al límite. *El informe que el residente que la jefa supervisaba redactó desapareció* obliga a mantener varias relaciones simultáneas. Miller y Chomsky (1963) usaron construcciones de este tipo para ilustrar la separación entre la capacidad gramatical y las limitaciones del procesamiento efectivo. El sistema lingüístico licencia estructuras que la memoria humana maneja mal. La dificultad de una oración, por intensa que sea, no basta para declararla agramatical.

Gibson (1998, 2000) propuso analizar esos costos mediante la localidad de dependencias. Su teoría distingue el trabajo requerido para mantener predicciones sintácticas del necesario para integrar elementos separados. La integración suele encarecerse a medida que interviene información nueva, en particular referentes discursivos que deben incorporarse a la representación. Así, *El informe que la residente presentó estaba incompleto* suele ser más accesible que una variante donde la dependencia atraviesa una cláusula adicional con participantes propios.

Ahora bien, la distancia admite varias mediciones. Contar palabras puede ser engañoso. Un modificador extenso, muy predecible y referido a una entidad ya conocida, podría añadir poca dificultad comparado con una frase corta que introduce dos candidatos nuevos. También influye la posición estructural de los elementos intervenientes. Una teoría que hable de «distancia» tiene que especificar qué unidades separan los elementos y por qué esas unidades entorpecerían su integración.

En ocasiones, la predicción ayuda a compensar el costo de esperar. Cuando una frase anticipa con fuerza un verbo o un complemento, el lector puede preparar su integración aun si el constituyente aparece lejos. De ahí que la longitud y la dificultad no mantengan una relación lineal simple. El sistema acumula obligaciones pendientes, pero al mismo tiempo explota la información que las vuelve más fáciles de completar.

## La recuperación por claves

Una alternativa a imaginar representaciones mantenidas permanentemente en primer plano consiste en tratarlas como elementos almacenados que se recuperan cuando son necesarios. Lewis y Vasishth (2005) desarrollaron un modelo basado en activación y recuperación guiada por propiedades. Al encontrar un verbo que requiere sujeto, el sistema utiliza información morfológica, categorial y estructural para buscar un elemento compatible. Puede recuperar rápidamente una representación anterior sin recorrer cada palabra del enunciado en orden inverso.

En *La directora de los servicios clínicos anunció...*, el núcleo del sujeto de *anunció* es *directora*. La estructura permite recuperarlo pese a la presencia de un sintagma plural próximo y, si el verbo aparece en singular, su morfología es una pista adicional. El éxito depende de que las claves discriminen bien al elemento pertinente. Cuando varias representaciones coinciden con ellas, empieza la competencia.

Este tipo de búsqueda suele describirse como direccionamiento por contenido, en el que el sistema consulta propiedades y obtiene una representación candidata. El tiempo de recuperación depende de su activación, de la calidad del ajuste y de la competencia. Una representación utilizada recientemente puede tener ventaja, pero la recencia no invalida las restricciones gramaticales. Un sustantivo cercano y morfológicamente adecuado todavía puede ser un sujeto imposible por su posición estructural.

La recuperación no tiene por qué ser una operación consciente. El lector rara vez advierte que buscó un antecedente, del mismo modo que normalmente desconoce qué candidatos compitieron con él. Se deduce la dinámica a partir de patrones de dificultad, de errores y de cómo cambia el procesamiento al alterar las claves disponibles. La explicación mecanicista tiene más alcance cuando predice esos cambios de manera diferenciada y no se limita a decir que una oración larga exige más memoria.

La gramática facilita este proceso. Las restricciones sobre las relaciones posibles eliminan muchos candidatos que compartirían rasgos superficiales con el objetivo. Por eso una secuencia con varios nombres puede ser perfectamente interpretable si sus funciones están bien diferenciadas. El costo aparece cuando la estructura debe recuperarse desde una representación degradada o cuando las claves restantes no bastan para discriminarla.

La teoría permite reconsiderar qué significa una dependencia larga. Una relación extensa puede ser sencilla si la representación buscada sigue siendo distintiva. Una relación corta, en cambio, puede volverse difícil cuando dos o tres nombres cumplen casi las mismas condiciones de recuperación. El peligro no se reduce a olvidar lo anterior. También puede consistir en recuperar el elemento equivocado.

Los modelos basados en claves están sujetos a verificación experimental. Una predicción relevante es que la dificultad aumente con la semejanza entre candidatos, aun cuando la cantidad de palabras y la distancia temporal se mantengan constantes. Otra es que ciertas coincidencias engañosas faciliten una interpretación incorrecta. Ese segundo resultado obliga a evaluar precisión además de velocidad.

## Interferencia entre candidatos que se parecen demasiado

Gordon et al. (2001) estudiaron el papel de la interferencia durante el procesamiento de oraciones. Una dificultad importante aparece cuando varias representaciones recientes comparten propiedades que el sistema necesita utilizar para recuperar una de ellas. Dos nombres propios de persona pueden competir más que un nombre propio y un pronombre, según la estructura y la tarea. La memoria opera sobre representaciones diferenciadas, por lo que la semejanza entre ellas altera la calidad de la búsqueda.

La interferencia puede describirse mediante la noción de sobrecarga de claves. La señal *plural*, por ejemplo, sirve poco si hay cuatro referentes plurales recientes. Si solamente uno coincide, la recuperación es más precisa. Otros rasgos, como género, animacidad, caso y función sintáctica, pueden aumentar la discriminabilidad. Estas pistas se combinan de manera desigual según la lengua. Una lengua con morfología de caso rica da información que otra puede codificar principalmente por orden de palabras y concordancia.

La competencia no se limita a la morfología. En *La psiquiatra habló con la psicóloga después de que ella revisó el expediente*, la información disponible puede no resolver por completo el pronombre. Ambas candidatas son humanas, femeninas y compatibles con buena parte del contexto. La posición discursiva y el conocimiento de la situación modificarán sus probabilidades relativas. La ambigüedad referencial incrementa la carga aunque la oración sea breve.

Cuando la aparición de información nueva perjudica el acceso a la antigua, se habla de interferencia retroactiva. Las representaciones anteriores también pueden entorpecer la codificación o recuperación de las posteriores, una forma de interferencia proactiva. En el lenguaje continuo ambos procesos se mezclan con el cambio de tópico y con las expectativas sintácticas. Por ello, atribuir una dificultad a «mucho tiempo transcurrido» sin controlar el material interveniente deja abierta una explicación alternativa.

En el plano teórico, el decaimiento temporal y la interferencia siguen siendo candidatos diferentes. Según el primero, una representación se vuelve menos accesible al pasar el tiempo. Según la segunda, otras representaciones dificultan recuperarla. El problema experimental es que el tiempo casi siempre trae material nuevo. Separar ambas causas exige manipular demoras y distractores sin convertir la tarea en una actividad muy distinta del lenguaje ordinario.

## Concordancia, atracción e ilusiones de corrección

Los errores de concordancia muestran con especial nitidez cómo la memoria puede comprometer una relación gramatical. En *La llave de los armarios está oxidada*, el verbo debe concordar con *llave*, núcleo singular, pero *armarios* introduce un rasgo plural reciente. Bock y Miller (1991) documentaron errores de atracción de número en producción, en los que un nombre que no es el núcleo del sujeto influye en la forma del verbo. Es tentador imaginar que el hablante ha olvidado las reglas de concordancia, pero los datos favorecen una explicación más localizada. El sistema conoce la relación jerárquica pertinente, aunque durante la planificación o la recuperación puede verse afectado por rasgos de un constituyente subordinado. Una representación parcialmente correcta puede producir una forma verbal incorrecta.

En comprensión aparece una situación inversa. Una violación como *La llave de los armarios están oxidados* podría parecer menos extraña de inmediato cuando existe un nombre plural cercano. El distractor facilita una recuperación aparentemente compatible con el verbo. El procesador recibe una señal de coincidencia, aunque el candidato no ocupe la posición sintáctica adecuada. Son las llamadas ilusiones de gramaticalidad, en las que una frase defectuosa puede parecer temporalmente aceptable porque se recuperó un elemento inapropiado.

Estos fenómenos previenen contra una lectura ingenua de los tiempos de reacción, porque la facilidad aparente puede acompañar un error. Un modelo que se evalúa solo por rapidez podría confundir recuperación espuria con procesamiento eficiente. Las respuestas y los juicios de los participantes tienen que examinarse junto con las latencias.

La atracción también pone límites a la idea de que la comprensión consulta un árbol sintáctico impecable. El sistema utiliza relaciones estructurales, pero la información almacenada y recuperada es susceptible de contaminación. La presencia de rasgos correctos en un lugar incorrecto puede ser suficiente para alterar transitoriamente el resultado.

## Desplazamientos y dependencias a distancia

En *¿Qué informe dijo Ana que Pedro archivó ayer?*, el sintagma interrogativo aparece al comienzo y recibe su función temática dentro de una cláusula subordinada. El parser anticipa una posición donde integrarlo. El texto «Procesamiento sintáctico incremental» examinó el efecto de hueco lleno, que ocurre cuando se encuentra material expreso en una posición donde se esperaba completar una dependencia. Desde la perspectiva de la memoria, esta búsqueda implica conservar o recuperar una representación del constituyente desplazado.

La rapidez de integración depende de las restricciones de la gramática. El sistema no busca libremente cualquier hueco, dado que las posiciones autorizadas por la sintaxis reducen el espacio de búsqueda. Si la continuación introduce una isla sintáctica u otra estructura que bloquea cierta dependencia, la predicción debería ajustarse. Al mismo tiempo, las limitaciones de memoria pueden producir aparentes restricciones o fallos que necesitan diferenciarse de las reglas gramaticales propiamente dichas.

La memoria de trabajo, por tanto, puede utilizarse para conectar la gramática abstracta con la actuación. Una gramática define los vínculos posibles; un sistema de procesamiento decide cuándo buscarlos y con qué recursos. La predicción de una dependencia altera el contenido que debe mantenerse accesible. Su resolución puede liberar recursos para el siguiente segmento del discurso.

Las dependencias anafóricas plantean dificultades emparentadas. Un pronombre suele exigir recuperar un antecedente y verificar la compatibilidad contextual. Algunas dependencias se resuelven localmente, mientras otras recorren fragmentos extensos de una narración. Las referencias discursivas, los nombres propios y la continuidad temática ayudan a sostener la identidad del referente durante ese recorrido. Cuando esas pistas son insuficientes, la conversación introduce aclaraciones o reformulaciones. La reparación conversacional es entonces un apoyo externo para una memoria que, por sí sola, podría dejar varias hipótesis abiertas.

## Qué queda de una oración después de comprenderla

Una prueba sobre la memoria de frases puede pedir que se reconozca una oración literal o que se identifique su significado. Sachs (1967) encontró que la información sobre la forma exacta de una frase se perdía con relativa rapidez, mientras la información semántica permanecía más disponible. La diferencia es razonable, porque para seguir una narración basta muchas veces con conservar quién hizo qué y por qué. Retener todas las palabras pronunciadas consumiría recursos sin aumentar proporcionalmente la comprensión.

La memoria suele guardar una representación condensada de los acontecimientos, a menudo llamada *gist* o contenido esencial. Esa condensación facilita integrar fragmentos largos, pero también introduce riesgos. Erickson y Mattson (1981) estudiaron la ilusión semántica de Moisés. Ante la pregunta de cuántos animales de cada especie llevó Moisés en el arca, muchos participantes respondían «dos» sin advertir la sustitución de Noé por Moisés. El escenario global activado por la pregunta podía prevalecer sobre la comprobación exacta del nombre.

Un resumen espontáneo puede conservar adecuadamente una secuencia y perder los operadores que la matizan. *Según la familia, quizá suspendió el tratamiento* contiene una fuente y una incertidumbre. Si la memoria deja únicamente *suspendió el tratamiento*, el contenido se vuelve más categórico. La pérdida afecta la calidad epistémica del registro aunque ninguna palabra sea gramaticalmente incorrecta. En la documentación clínica y en los textos científicos, la fuente, el momento y el grado de certeza merecen conservarse como parte de la representación.

Hay además errores de procedencia. Una persona recuerda una afirmación y olvida si la escuchó directamente, la leyó en un informe o la dedujo. Este problema de memoria de fuente complica conversaciones prolongadas y reuniones de equipo. Un contenido puede permanecer estable mientras cambia, sin que nadie lo advierta, la autoridad que se le atribuye.

La escritura aporta una memoria externa para evitar parte de estas pérdidas. Un lector puede volver a la frase original o consultar, en un registro con fecha y autor, quién afirmó qué. La ventaja desaparece cuando el documento reemplaza observaciones por resúmenes que han eliminado justamente la información necesaria para verificar una inferencia.

## Diferencias personales y tareas que compiten

Las limitaciones de memoria no afectan de igual modo a todas las personas ni a todas las situaciones. Una misma oración puede ser manejable durante la lectura silenciosa y difícil cuando se escucha una sola vez en un ambiente ruidoso. En el primer caso, el texto permanece disponible para regresar a él. En el segundo, la reparación requiere pedir repetición o recuperar por medios internos una representación ya degradada.

El envejecimiento puede afectar la velocidad y determinadas funciones de memoria de trabajo sin implicar una pérdida equivalente del vocabulario. Un lector con conocimientos extensos puede compensar parte del costo mediante estructuras familiares y expectativas precisas. La experiencia profesional, por ejemplo, favorece el agrupamiento de conceptos técnicos que serían independientes para un principiante.

En bilingüismo, las exigencias cambian según la lengua activa y el grado de competencia. Comprender una segunda lengua menos automatizada puede aumentar la carga de recuperación lexical o estructural. Ello no demuestra una limitación general de memoria. Como la experiencia está distribuida de forma desigual entre sistemas lingüísticos, el desempeño debe interpretarse respecto del dominio efectivo del hablante.

Las tareas simultáneas permiten explorar recursos compartidos. Se puede pedir al participante que conserve una serie de dígitos mientras interpreta una oración difícil. Si su rendimiento disminuye, cabe investigar si ambas actividades compiten por mantenimiento, atención o control ejecutivo. El experimento requiere precaución. Añadir una tarea modifica la manera de leer y puede inducir estrategias que no aparecen en la comprensión espontánea.

Los modelos de memoria han progresado precisamente cuando dejaron de reducir todas estas diferencias a una cifra única de capacidad. Velocidad de recuperación, discriminabilidad de las pistas, experiencia previa y acceso al soporte externo son explicaciones parciales que deben evaluarse conjuntamente.

## Conversación, ciencia y evaluación clínica

Los diálogos contienen dependencias que exceden la oración. Cuando alguien responde *Sí, entonces lo enviamos el jueves*, necesita mantener la propuesta previa, su objeto y la fecha que se estaba negociando. Las señales de *grounding*, las recapitulaciones y las reparaciones ayudan a restaurar el contexto compartido. Una pregunta como *¿Te refieres al borrador o a la versión aprobada?* devuelve al intercambio la distinción que la memoria había dejado ambigua.

Las instituciones desarrollan recursos externos porque depender únicamente del recuerdo sería poco fiable. Las actas registran decisiones y las listas de verificación descargan parte del trabajo de memoria. Las notas clínicas ordenan antecedentes, evolución y plan, reduciendo la necesidad de reconstruir cada episodio desde cero. La forma documental debe seguir la tarea. Una plantilla excesivamente rígida también puede dificultar la representación de aquello que ocurrió.

El registro externo tiene valor cuando conserva distinciones que suelen perderse en el recuerdo. Una reunión puede haber acordado revisar un manuscrito, sin haber aprobado todavía su envío. Meses después, la frase «habíamos quedado en enviarlo» transforma una deliberación en una decisión. Un acta que registre la propuesta, la objeción y el compromiso final evita ese desplazamiento. La precisión documental compensa una propiedad corriente de la memoria, la de recordar bien el asunto general y reconstruir de manera demasiado segura la secuencia de decisiones.

En evaluación clínica, una respuesta incorrecta a una frase compleja puede tener causas muy distintas. La persona quizá no oyó una palabra, desconoce el vocabulario, perdió la referencia, quedó atrapada en una ambigüedad sintáctica o experimenta una limitación de atención. Un déficit de memoria de trabajo se vuelve más plausible si las dificultades aumentan de manera sistemática con la interferencia o la necesidad de mantener dependencias, mientras otras dimensiones lingüísticas se conservan. La atribución exige patrones y comparaciones que una sola respuesta no puede dar.

El delirium y los trastornos neurocognitivos pueden afectar la continuidad del discurso mediante alteraciones de atención y memoria. En esquizofrenia, las dificultades de mantenimiento contextual podrían contribuir a algunos fenómenos discursivos, sin explicar por sí solas el trastorno formal del pensamiento. La descripción del habla debe preceder a una hipótesis causal sobre su organización cognitiva. Pausas, errores referenciales o respuestas breves pueden aparecer por razones muy distintas.

En prosa científica, la carga de memoria tiene consecuencias editoriales directas. Una oración cuyo sujeto aparece al principio y cuyo verbo principal llega después de dos incrustaciones exige conservar demasiadas obligaciones estructurales. A veces basta trasladar una aclaración a la frase siguiente. Otras veces es mejor mantener la estructura porque expresa una relación lógica que se perdería con una división mecánica. La edición debe evaluar el costo de recuperación y la precisión del argumento al mismo tiempo.

## Memoria imperfecta y modelos predictivos

El texto anterior presentó el *surprisal* como una medida de la improbabilidad de la siguiente palabra dado el contexto. Esa formulación suele tratar el contexto como si estuviera disponible íntegramente. En un lector real, algunas palabras han perdido accesibilidad, ciertas relaciones quedaron comprimidas y otras se recuerdan de manera aproximada. La expectativa se calcula sobre esa representación incompleta.

Futrell et al. (2020) formularon la teoría de *lossy-context surprisal*, que conecta la predicción lingüística con una memoria degradada del contexto. Una palabra puede producir dificultad porque era improbable bajo la información efectivamente conservada, aunque fuera esperable para quien dispusiera de la secuencia completa. La propuesta ayuda a integrar los costos de memoria con los modelos probabilísticos de comprensión. No reemplaza las explicaciones basadas en interferencia o en recuperación por claves. Su valor depende de qué patrones empíricos explica mejor que alternativas cercanas.

Los modelos de lenguaje artificial permiten otra comparación. Muchos mantienen representaciones de un contexto extenso y pueden resolver dependencias que abarcan numerosos tokens. También cometen errores referenciales, olvidan restricciones iniciales o se confunden ante distractores. Que reproduzcan superficialmente un fallo humano no establece identidad de mecanismos. Su memoria contextual depende de una arquitectura computacional distinta y de representaciones aprendidas bajo condiciones diferentes. La comparación más útil separa las capacidades y pregunta qué información conservó el sistema, qué pistas utilizó para recuperar un antecedente y si siguió la estructura de la oración o favoreció el nombre más reciente. Las mismas preguntas pueden orientar el estudio de humanos y máquinas, aunque la respuesta causal sea distinta.

## Leer una dependencia sin perder sus condiciones

Volvamos a *La llave de los armarios está oxidada*. El vínculo relevante une *llave* con *está*. La palabra *armarios* puede interferir por su número plural, pero no ocupa la función sintáctica que exige el verbo. La lectura correcta combina una estructura jerárquica con una recuperación suficientemente precisa. Si aparece *están*, la facilidad inicial que pudiera producir el plural cercano sería una falsa señal de ajuste.

Para estudiar una oración más compleja, el análisis identifica dónde se abre cada dependencia y qué información necesitará la integración posterior. Luego examina la cantidad de material interveniente, su estructura y su semejanza con el elemento que deberá recuperarse. Las mediciones temporales ayudan a localizar el costo. La comparación entre errores y aciertos permite decidir si la dificultad proviene de mantener una expectativa, recuperar una representación o corregir una selección anterior.

La memoria de trabajo da continuidad a la señal que desaparece, sostiene relaciones gramaticales y conserva el contexto necesario para interpretar significados. Su carácter selectivo explica a la vez la eficiencia cotidiana y las distorsiones. Cuando finalmente llega una palabra, el sistema debe integrarla con aquello que ha logrado conservar. Los potenciales relacionados con eventos son una vía con resolución temporal fina para estudiar ese encuentro. El texto «Integración semántica y N400» examina la N400 y las inferencias que permite sobre el procesamiento semántico.

## Referencias

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