# Metáfora y analogía en la argumentación

Una comisión universitaria discute si debe financiar un programa de acompañamiento para estudiantes que abandonan asignaturas durante el primer año. Una profesora señala que «el ingreso a la universidad es como un puente; algunos cruzan sin dificultades y otros necesitan barandas». «El sistema será nuestro radar», explica un administrador que propone destinar el presupuesto a una plataforma informática capaz de detectar tempranamente las inasistencias. Un representante estudiantil le responde que el problema es la escasez de personas disponibles para conversar cuando alguien comienza a faltar. Aunque nadie en la sala habla en serio de puentes ni de navegación aérea, cada imagen selecciona una manera de interpretar el problema y anticipa una clase de intervención.

Si el ingreso es un puente, las dificultades pueden describirse como obstáculos durante una transición y la solución parece consistir en acompañar el paso. Con el radar, en cambio, se vuelve central la detección temprana de señales. Ambas imágenes son útiles para pensar. También dejan cosas fuera. El puente sugiere un trayecto delimitado, cuando la vida universitaria está llena de retornos; el radar registra objetos distantes, pero asistir a un estudiante requiere interpretar razones que no se ven en los datos. Para resolver el desacuerdo entre las dos propuestas hay que examinar lo que cada una permite inferir y contrastar esas inferencias con evidencia.

Metáforas y analogías intervienen constantemente en las argumentaciones científicas, jurídicas, políticas y ordinarias, donde hacen accesibles problemas difíciles, permiten explorar hipótesis y facilitan el traslado de soluciones entre dominios, aunque también pueden ocultar diferencias relevantes o volver persuasiva una conclusión débil. Estudiarlas requiere poner en relación la retórica clásica, la filosofía del lenguaje, la psicología del razonamiento analógico y la teoría contemporánea de la argumentación. La pregunta que orienta el análisis es cuánto trabajo inferencial puede soportar una comparación antes de que sus límites empiecen a pesar.

## Comparar, metaforizar y argumentar

Decir «la memoria es un archivo» introduce una metáfora, mientras que decir «la memoria se parece a un archivo porque conserva información que podemos recuperar» explicita algunas correspondencias. Sostener «por tanto, basta con recuperar el registro intacto de un recuerdo para conocer lo que realmente ocurrió» añade una conclusión apoyada en esas correspondencias. Los tres enunciados pertenecen a operaciones distintas, aunque pueden presentarse en una conversación como si fueran una sola.

Una comparación identifica semejanzas o diferencias entre objetos. La metáfora invita a comprender algo mediante un dominio que habitualmente se aplica a otra cosa. Una analogía, en el sentido relevante para la argumentación, establece correspondencias estructurales entre situaciones que permiten transferir una hipótesis de una a otra. El argumento por analogía propone que una relación comprobada en un caso da razones para aceptar una relación comparable en otro, con una fuerza que depende de la pertinencia de las semejanzas y de la importancia de las diferencias.

Estas distinciones no trazan fronteras naturales absolutas. Una metáfora extensa puede desarrollar una analogía con muchas relaciones y una analogía técnica puede expresarse mediante una frase metafórica. En la práctica, la primera pregunta es para qué se usa la expresión, pues la figura puede contribuir a describir una experiencia, organizar una exposición, sugerir una hipótesis o justificar una decisión. Su valor probatorio depende de esa función y de lo que se conoce sobre los dominios comparados.

En «la burocracia es una muralla», por ejemplo, el interés puede ser afectivo y expresivo, porque la frase comunica frustración ante trámites inaccesibles. Cuando la frase se usa para concluir que «debe eliminarse toda forma de control documental», ya participa en una propuesta institucional cuyo alcance requiere examinar las funciones concretas de esos controles. La intensidad de la experiencia puede justificar que se investigue el problema. La solución necesita razones adicionales.

## La tradición retórica y la semejanza pertinente

Aristóteles estudió la metáfora dentro de una teoría de la expresión y de la argumentación. En la *Retórica* y en la *Poética* se interesó por su capacidad para hacer comprender algo mediante relaciones reconocibles. Entre los procedimientos que distingue la tradición aristotélica está la traslación por analogía, en la que una relación entre dos términos ilumina otra relación, una forma de construir semejanza que exige alguna organización más allá de la coincidencia superficial.

La retórica clásica tenía también un interés práctico en los ejemplos, porque para deliberar sobre una acción futura se recurre con frecuencia a acontecimientos anteriores cuya configuración se considera parecida. La dificultad reside en establecer qué aspectos de los casos cuentan para la conclusión. Dos ciudades pueden tener poblaciones semejantes y sistemas de transporte muy distintos, de modo que la coincidencia demográfica aislada justifica pocas recomendaciones sobre cómo organizar una red de autobuses.

Perelman y Olbrechts-Tyteca (1958/1969) retomaron la analogía en una teoría de la argumentación orientada a la adhesión razonada de un auditorio, para la cual la comparación permite reorganizar lo que el destinatario considera aceptable y presentar relaciones nuevas bajo la luz de otras más familiares. Su tratamiento de la analogía y de la metáfora atiende a la interacción entre un ámbito que se busca comprender y otro que aporta relaciones para hacerlo. Como cada ejemplo trae consigo expectativas y valoraciones, la elección de ese segundo ámbito orienta la argumentación desde el comienzo.

La posibilidad de discutir una analogía forma parte de su fuerza. El interlocutor puede aceptar la relación inicial y cuestionar la consecuencia, señalar una diferencia decisiva o proponer un modelo alternativo. Una comparación que no admite esa discusión se comporta como una consigna cerrada. La analogía argumentativa gana precisión cuando se explicitan las correspondencias usadas y se reconoce cuáles no deberían trasladarse.

## De las propiedades visibles a la estructura de relaciones

La teoría de la *estructura relacional* de Gentner (1983) ayuda a distinguir una semejanza llamativa de una analogía fértil, ya que en su propuesta el razonamiento analógico consiste principalmente en establecer correspondencias entre relaciones. Que dos objetos sean redondos o brillantes puede facilitar una imagen, pero esas propiedades no explican por qué dos sistemas funcionarían de manera parecida. Reconocer que una entidad regula el movimiento de otras en una estructura determinada permite, en cambio, proponer hipótesis relacionales incluso cuando los objetos comparados se ven completamente diferentes.

Pensemos en un docente que compara la circulación de agua por tuberías con el flujo de corriente en un circuito eléctrico elemental. Puede establecer correspondencias entre diferencias de potencial, resistencia al flujo y variaciones en la cantidad que circula. Esas relaciones ayudan a introducir un modelo. El agua, sin embargo, tiene masa, puede derramarse y forma superficies libres; la corriente eléctrica exige otra descripción física. El argumento pedagógico es útil si las diferencias permanecen accesibles y si la comparación no reemplaza las leyes del fenómeno que se intenta enseñar.

Gentner distingue la semejanza literal, las analogías predominantemente relacionales y otras comparaciones más abstractas. Según su principio de *sistematicidad*, se prefieren los conjuntos de relaciones interconectadas a las correspondencias aisladas; por eso una analogía entre organizaciones que solo comparten el nombre de una función aporta poco frente a otra que muestra una dependencia entre distribución de información, coordinación de decisiones y respuesta a errores, capaz de generar hipótesis más interesantes.

La transferencia requiere, con todo, una evaluación posterior, porque la estructura identificada en un dominio puede estar representada de manera incompleta o el investigador puede haber seleccionado solo las relaciones que favorecen su propósito, sin que la elegancia de la correspondencia permita advertirlo. En ciencia, el mérito inicial de una analogía suele residir en que permite formular preguntas susceptibles de recibir respuestas independientes.

## La metáfora como interacción entre dominios

Max Black (1962) cuestionó las concepciones que reducían la metáfora a una sustitución de palabras o a una semejanza descubierta de antemano. Desde su perspectiva interaccionista, ciertas propiedades del dominio usado como vehículo reorganizan la manera de comprender el asunto principal. Al describir una institución como una máquina, la comparación selecciona rasgos que ya conocemos e invita además a preguntar por piezas, engranajes, controles, fallas y mantenimiento, de modo que la red de implicaciones cambia qué aspectos del objeto descrito quedan a la vista.

Una misma institución puede presentarse como máquina, organismo, red o comunidad, versiones que sostienen tesis distintas sobre ella. La máquina vuelve salientes la coordinación y la reparación; el organismo sugiere crecimiento, adaptación y vulnerabilidad de las partes. La red acentúa las relaciones distribuidas. La comunidad sitúa en primer plano las pertenencias, las normas compartidas y el reconocimiento mutuo. Cada imagen favorece preguntas distintas y deja otras relativamente invisibles.

Lakoff y Johnson (1980) ampliaron el problema al mostrar que muchas expresiones ordinarias se apoyan en correspondencias conceptuales recurrentes, como cuando hablar de un argumento que «se derrumba», de una posición que «se sostiene» o de una discusión que «avanza» organiza operaciones abstractas mediante movimiento, soporte y equilibrio. Muchas de esas expresiones forman parte de las convenciones del idioma y pasan inadvertidas en una conversación; solo algunas producen un efecto persuasivo consciente.

Steen (2011) propuso atender de manera diferenciada a la metáfora en el lenguaje, en el pensamiento y en la comunicación. Una expresión puede ser metafórica por la relación entre sus significados sin invitar deliberadamente al destinatario a prestar atención al dominio de origen; otras metáforas, en cambio, proponen una comparación reconocible y sostenida. Separar ambos casos permite estudiar las decisiones retóricas sin atribuir intenciones estratégicas a cada fórmula lexicalizada.

## Qué autoriza un argumento por analogía

Imaginemos que una biblioteca rural aumentó sus préstamos al ampliar el horario de atención durante los fines de semana y que otra biblioteca, en una localidad cercana, considera hacer lo mismo. El primer caso da una razón para ensayar la medida. Reconstruido, el argumento sostiene que en una institución con ciertas condiciones ampliar el horario produjo o acompañó un aumento de uso, que la segunda comparte condiciones relevantes y que, por eso, es razonable esperar un efecto comparable si se adopta una intervención semejante.

Cada paso puede discutirse. ¿El aumento de préstamos se debió al horario o coincidió con una campaña de promoción? ¿Tiene la segunda biblioteca la misma demanda potencial, hay transporte disponible los fines de semana y pueden los trabajadores cubrir el nuevo horario? ¿Es realmente la misma la medida que se propone? Para responder hay que examinar la relación entre los rasgos comunes y el resultado que se pretende trasladar, porque una coincidencia superficial entre bibliotecas dice poco sobre ella.

Walton, Reed y Macagno (2008) describieron esquemas de argumentación por analogía acompañados de preguntas críticas que permiten evaluar la fuerza presuntiva de la analogía, localizar excepciones y decidir si se necesita evidencia adicional. En ese marco, la analogía sigue siendo un argumento presuntivo. Es razonable y revisable a la vez, porque su conclusión no se sigue necesariamente de las premisas como ocurriría en una deducción.

En una evaluación práctica cuenta también la consecuencia de equivocarse. Usar un precedente como orientación provisional para organizar un piloto reversible exige menos evidencia que trasladar de inmediato una medida costosa a toda una región. La analogía puede justificar una investigación inicial cuando las incertidumbres están declaradas; su papel cambia cuando se la usa para autorizar una intervención cuyas consecuencias recaerán sobre personas que no participaron en la comparación.

## Experimentos mentales, modelos y semejanza científica

La ciencia usa analogías para pensar entidades y procesos difíciles de observar. Mary Hesse (1966) examinó los modelos y las analogías como herramientas que combinan correspondencias conocidas con zonas todavía abiertas a la investigación. Según su análisis, una comparación científica reúne tres clases de rasgos. En los positivos se considera que la semejanza funciona y en los negativos ya sabemos que los sistemas difieren; los neutrales son aquellos respecto de los cuales la comparación sugiere una pregunta no resuelta.

El modelo histórico del átomo como sistema planetario ilustra la ventaja y el peligro de trasladar relaciones. Permite representar un centro y elementos que giran en torno a él, aunque también favorece imágenes de trayectorias y cuerpos macroscópicos que no describen de manera adecuada la mecánica cuántica. El esquema fue útil dentro de una historia concreta del desarrollo científico; tratarlo como una descripción literal completa haría más difícil comprender aquello que después debió corregirse.

Para evaluar una analogía científica hay que ir más allá de su apariencia intuitiva y preguntar si permite organizar observaciones, generar predicciones o identificar mecanismos contrastables. Dos fenómenos pueden compartir una ecuación bajo ciertas condiciones y diferir en aspectos causales importantes, de manera que la semejanza matemática justifica a veces una estrategia de modelización común para sistemas cuya materia, fuerzas o restricciones difieren.

La función de una metáfora en la enseñanza también cambia con el nivel del estudiante. Un ejemplo sencillo puede ayudar a quien necesita construir un primer modelo; al lector avanzado le toca identificar dónde deja de servir y qué formulación técnica debe reemplazarlo. Enseñar una analogía sin explicar sus límites puede producir una intuición persistente que luego interfiera con el aprendizaje.

## Metáforas que distribuyen responsabilidades

Las metáforas aparecen en controversias porque convierten problemas heterogéneos en situaciones familiares. Cuando se afirma que «una escuela es una fábrica», la comparación puede llamar la atención sobre la estandarización de procesos y la necesidad de evaluar resultados, pero también puede situar a estudiantes y docentes en papeles que empobrecen la comprensión de la educación. Quien rechaza la imagen puede estar impugnando sus implicaciones sin negar que algunas tareas escolares requieren procedimientos coordinados.

En el discurso sobre el cuidado, las imágenes de batalla o de lucha pueden dar un vocabulario de perseverancia e introducir a la vez una evaluación moral implícita de los resultados, porque si la recuperación es victoria, una evolución desfavorable parece derrota. Semino y colaboradores (2017) estudiaron las metáforas que personas con cáncer y profesionales de la salud escribían en foros y sitios en línea del Reino Unido. Encontraron que las metáforas de violencia podían expresar sentimientos negativos y también usarse de manera empoderadora, mientras que las de viaje admitían usos desempoderadores. Esos resultados desaconsejan prohibir una metáfora de manera universal y obligan a examinar sus efectos antes de trasladarlos a otros contextos clínicos.

Una imagen institucional distribuye agentes y pacientes de la acción. Si la corrupción se describe como «enfermedad», aparece la expectativa de diagnóstico y tratamiento, pero puede diluirse quién tomó qué decisiones; si se la describe como «red de acuerdos», se facilita el análisis de relaciones entre responsables y procedimientos. Tampoco este segundo encuadre resuelve la cuestión, porque las responsabilidades efectivas deben establecerse con pruebas.

El lenguaje figurado puede ayudar a encontrar preguntas que estaban ausentes de un debate; para evaluar su efecto hay que examinar si la nueva atención se traduce en mejores razones y en decisiones justificables.

## Evidencia experimental sobre metáforas y decisiones

La investigación psicológica ha intentado determinar si la elección de una metáfora modifica las inferencias de los receptores. En los experimentos de Thibodeau y Boroditsky (2011), distintas formulaciones metafóricas de un problema de seguridad pública llevaron a los participantes a preferir propuestas diferentes de intervención, lo cual los autores interpretaron como indicio de que una palabra metafórica puede activar estructuras conceptuales que orientan la búsqueda de soluciones.

Con ese diseño, la influencia de las metáforas se vuelve una hipótesis comprobable. Afirmar que cualquier metáfora determina las decisiones, o que el efecto tendrá idéntica magnitud en poblaciones, materiales y situaciones distintas, exigiría replicaciones en esas condiciones, ya que las respuestas dependen de las opciones presentadas, de las creencias previas y de las instrucciones de la tarea. Media además una diferencia metodológica entre modificar una respuesta en un experimento y cambiar una decisión institucional tomada tras semanas de deliberación.

También hay que distinguir los mecanismos posibles, pues el efecto puede surgir porque se activan asociaciones conceptuales, porque una palabra atrae la atención hacia cierto aspecto del problema o porque el participante interpreta el mensaje como una invitación a adoptar una perspectiva. Los diseños experimentales ayudan a comparar explicaciones, aunque identificar el mecanismo psicológico exacto suele requerir una serie de contrastes entre formulaciones.

En la investigación sobre discurso, la tarea complementaria consiste en observar qué hacen los participantes con la imagen, ya sea retomarla, transformarla, discutir su alcance o rechazarla. Una metáfora que aparece en un documento y desaparece de la conversación posterior puede tener una trayectoria muy distinta de otra que se convierte en vocabulario compartido durante una negociación. La frecuencia textual, el efecto cognitivo y la influencia práctica miden fenómenos emparentados pero distintos.

## Analogía jurídica, precedentes y casos relevantes

El razonamiento jurídico usa comparaciones entre casos para estudiar si corresponde aplicar una regla o seguir una solución anterior. Como dos controversias pueden compartir una estructura de hechos jurídicamente relevante pese a diferir en innumerables detalles, la tarea consiste en identificar la relación entre los hechos, la razón de la decisión previa y la cuestión actual. Una semejanza narrativa entre historias personales puede ser conmovedora y, sin embargo, carecer de pertinencia para la norma aplicada.

La fuerza de un precedente depende de condiciones institucionales específicas, ya que un fallo vinculante tiene un estatuto distinto del de una decisión extranjera citada como ilustración. La analogía ayuda a argumentar sobre semejanza y diferencia de razones sin convertir automáticamente la decisión anterior en una regla universal, de manera que los participantes pueden disputar cuál es la descripción adecuada del caso de referencia, qué aspecto justificó la resolución y qué hechos nuevos aconsejan distinguirlo.

Consideremos una institución que permitió excepcionalmente entregar documentación fuera de plazo cuando su sistema informático estuvo inoperativo. Alguien propone extender la excepción a otra persona que no pudo ingresar por falta de conectividad en su domicilio. Ambos casos comparten la imposibilidad de completar un trámite, pero difieren en el origen de la dificultad y en las obligaciones de la institución, de modo que la pregunta jurídicamente relevante depende de la norma, de sus excepciones y de cómo se distribuían los riesgos de acceso.

Una argumentación responsable presenta primero las razones que parecen comunes y después las diferencias que podrían cambiar la conclusión. Si oculta los rasgos desfavorables, la comparación se convierte en una selección interesada de antecedentes; si los reconoce, permite discutir el verdadero alcance del precedente sin exigir que todos los casos sean idénticos.

## Analogías clínicas que ayudan a comprender sin trasladar diagnósticos

En la comunicación clínica, las comparaciones pueden facilitar la comprensión de fenómenos que tienen una terminología especializada. Explicar que una intervención busca «disminuir la sensibilidad de una alarma» puede hacer comprensible un proceso de regulación de respuestas ante ciertas señales, si bien la imagen también podría sugerir que el sufrimiento tiene un interruptor simple o que toda reacción intensa es un error del sistema. Por eso el profesional tiene que saber qué dimensión pretende comunicar y comprobar cómo la recibe la persona.

Hay analogías entre casos que forman parte del razonamiento profesional, como cuando un clínico reconoce un patrón observado anteriormente y considera hipótesis parecidas. Ese reconocimiento puede acelerar la exploración, si bien la causa del caso nuevo debe determinarse por separado, porque la semejanza de síntomas es compatible con etiologías diferentes, como ocurre con fatiga, enlentecimiento, dolor y numerosas manifestaciones cognitivas. La comparación da una orientación provisional cuyo rendimiento depende de la evaluación diferencial.

Un problema diferente surge cuando se presentan tratamientos mediante analogías mecánicas. Decir que un medicamento «reajusta una pieza defectuosa» puede facilitar una idea superficial de intervención sobre un sistema, pero introduce también una explicación causal y una noción de defecto que quizá no reflejen lo que realmente se conoce del mecanismo ni de la experiencia del paciente. En una decisión informada hay que distinguir la metáfora pedagógica de la evidencia sobre beneficios, riesgos y alternativas.

Las propias expresiones del paciente tienen prioridad interpretativa cuando se busca comprender su experiencia. Si alguien dice «mis días son una cuesta», puede ser útil explorar qué tiene de difícil subirla, mientras que responder «entonces su problema es como una batería descargada» impone una imagen nueva y reduce prematuramente la descripción. La analogía clínica ayuda más cuando el profesional la propone como un recurso que el paciente puede corregir.

## Comparaciones en investigación y revisión de literatura

Los artículos científicos comparan continuamente sus resultados con los de trabajos anteriores. Cuando una discusión afirma que dos procedimientos miden el mismo constructo porque muestran comportamientos semejantes en una tarea, la comparación merece un examen de la población, de la definición operacional y del contexto. Dos escalas pueden correlacionar porque comparten algunas dimensiones. Tratarlas como intercambiables exige probar además su equivalencia de medición.

Las revisiones narrativas también usan analogías disciplinares, como cuando un autor propone estudiar la adopción de un sistema informático mediante conceptos procedentes de la seguridad aérea, de las organizaciones de alta confiabilidad o de la ingeniería de control. La propuesta puede ser productiva si identifica relaciones institucionales que se pueden contrastar. Pierde rigor cuando transforma diferencias de contexto en detalles secundarios y presenta una conclusión normativa como si estuviera probada por el éxito del modelo de origen.

Para evaluar estas comparaciones ayuda reconstruir los componentes del argumento, identificando qué propiedad está establecida en la fuente, qué correspondencia se postula, qué diferencia podría afectar la inferencia y qué resultado se esperaría observar si la transferencia fuera acertada. Como en un manuscrito la frase «al igual que» puede contener una simple yuxtaposición descriptiva o el centro de una hipótesis, el editor tiene que reconocer su función antes de decidir si está suficientemente justificada.

El mismo cuidado se aplica a los términos técnicos trasladados entre disciplinas. Llamar *ecosistema* a una red de proveedores puede orientar la atención hacia interdependencias, sin asegurar que existan procesos de selección, adaptación o equilibrio comparables con los ecológicos. La metáfora conserva valor si sus consecuencias quedan definidas y pueden evaluarse. Convertida en vocabulario obligatorio, puede sustituir la investigación por una familiaridad verbal.

## La analogía defectuosa y el diagnóstico apresurado de falacia

En los manuales de argumentación suele hablarse de *falsa analogía* cuando se trasladan conclusiones a partir de semejanzas irrelevantes o se ignoran diferencias decisivas. La etiqueta identifica un riesgo real. Puede usarse, sin embargo, para desechar una comparación antes de averiguar qué pretendía mostrar. Una analogía necesita semejanzas pertinentes respecto de una conclusión y puede prescindir de la semejanza completa entre los objetos.

Supongamos que alguien compara una universidad con un hospital para sostener que ambos requieren protocolos explícitos para comunicar errores importantes. Responder «los estudiantes no son pacientes» señala una diferencia verdadera cuya relevancia todavía debe explicarse, ya que quizá la comparación solo apunta a la trazabilidad documental de decisiones sensibles. Descartarla por la existencia de diferencias generales sería tan pobre como aceptarla porque ambas instituciones prestan servicios.

La evaluación se vuelve más clara cuando se formula la conclusión en términos precisos. «Ambas instituciones deben documentar decisiones que afectan a terceros» es una propuesta delimitada. «La universidad debe organizarse exactamente como un hospital» implica una transferencia mucho más amplia. Las mismas semejanzas pueden dar cierto apoyo a la primera y casi ninguno a la segunda, porque la fuerza de un argumento varía con el alcance de lo que pretende establecer.

También existe la manipulación por analogías en competencia, cuando una parte elige un dominio que recuerda peligros extremos y otra selecciona una comparación tranquilizadora, de modo que ambas pueden ocultar rasgos relevantes. Frente a ellas resulta útil elaborar una descripción literal provisional del problema y preguntar qué evidencia añade cada comparación. El desacuerdo sobre las imágenes puede así convertirse en un desacuerdo discutible sobre supuestos y resultados.

## Un caso de deliberación reconstruido

Volvamos a la comisión universitaria que discutía el programa de acompañamiento. La profesora del puente insiste en que el abandono temprano suele producirse durante una transición exigente y propone tutores disponibles en las primeras semanas. El administrador responde que los recursos son escasos y que una plataforma de alertas permitiría detectar antes a quienes dejan de asistir. El representante estudiantil cuenta, por su parte, que algunos compañeros continuaron matriculados mientras pasaban semanas sin encontrar a quién explicar problemas de transporte o de vivienda.

La metáfora del puente pone el acento en una necesidad de soporte. Su argumento implícito dice que, cuando una transición impone exigencias desiguales, los apoyos adecuados pueden reducir las dificultades de quienes encuentran obstáculos. La conclusión práctica depende de saber cuáles son esos obstáculos y si las tutorías tienen efectos en esa población, datos que habría que buscar fuera de la imagen para saber si el dispositivo propuesto funciona.

El radar propone otra secuencia. Si las inasistencias anticipan dificultades de continuidad, detectarlas podría permitir intervenir antes. Para justificar la herramienta habría que estudiar cuántas alertas son falsas, qué información reciben los tutores y qué respuesta concreta se desencadena. Que un radar localice algo a distancia no convierte las ausencias en un indicador específico del abandono, porque en la universidad puede haber obligaciones laborales, clases grabadas o enfermedades transitorias que produzcan la misma señal.

El testimonio estudiantil muestra una dimensión que ambas imágenes pueden perder. Una alerta puede activarse sin que exista capacidad de respuesta y una tutoría puede ofrecerse sin resolver barreras económicas. Las tres intervenciones aportan información diferente y sugieren modelos complementarios. Una decisión razonada podría exigir una prueba piloto, registros de acceso y seguimiento, junto con medidas de uso y de resultados relevantes. El valor de las analogías estuvo en abrir hipótesis que ahora deben examinarse con esos datos.

## Estudiar metáforas argumentativas en un corpus

Una investigación sistemática empieza por delimitar la pregunta. Se puede estudiar qué imágenes se usan al presentar una determinada política, qué conclusiones acompañan a cada una o cómo los interlocutores aceptan y modifican las comparaciones, tres preguntas que requieren materiales y unidades de análisis diferentes. Contar *puente*, *motor* o *batalla* en cien documentos apenas identifica palabras candidatas, ya que las expresiones pueden usarse literalmente, citarse para impugnarlas o participar en imágenes que se despliegan sin repetir el sustantivo original.

Los procedimientos de identificación de metáforas, como MIP y su desarrollo MIPVU, permiten describir con reglas explícitas los usos metafóricos de unidades léxicas (Pragglejaz Group, 2007; Steen et al., 2010). Después se puede examinar la estructura argumentativa donde aparecen, es decir, qué afirmación se sostiene, cuáles son las correspondencias presupuestas y qué respuesta recibe la imagen, una segunda etapa que necesita categorías diferentes de las usadas para identificar los usos metafóricos.

En los materiales conversacionales hay que conservar el orden de los turnos. Si un hablante introduce «la escuela como fábrica» y otro rechaza la comparación proponiendo «la escuela como taller», la sustitución muestra una negociación sobre qué relaciones resultan pertinentes. En documentos institucionales puede compararse la versión inicial de una metáfora con la que queda en el informe final. Esa circulación puede revelar cómo una imagen polémica llega a convertirse en una expresión administrativa rutinaria.

Una medición completa informa la procedencia, las condiciones de selección y los desacuerdos de anotación sin inferir el efecto sobre los receptores solo a partir de la frecuencia. Que un marco aparezca muchas veces indica circulación. Saber si cambió las creencias o las decisiones exige diseños complementarios, capaces de distinguir exposición, comprensión, aceptación y conducta.

## Metáforas y modelos generativos

Los sistemas generativos de lenguaje pueden producir comparaciones convincentes y organizar un argumento alrededor de ellas. Un modelo puede escribir que «la confianza es el cemento de la relación terapéutica» o que «la información clínica es una brújula». Son imágenes inteligibles. Su adecuación depende de cómo se integren en el contexto y de qué inferencias sugieran, algo que se juzga con independencia de la fluidez de la frase.

Cuando el sistema redacta documentos persuasivos, suele recurrir a analogías tomadas de repertorios frecuentes, cuya familiaridad ayuda a comprender el texto y puede disimular la ausencia de evidencia nueva. Otra dificultad aparece al resumir una controversia, cuando una analogía introducida por un participante como hipótesis reaparece como explicación aceptada de los hechos. El resumen conserva el vocabulario y modifica su estatuto epistémico.

La revisión humana debería localizar las comparaciones que se usan como prueba y preguntar qué vínculo se está trasladando, si la relación pertenece realmente al caso de origen y qué información sobre el caso nuevo permite probarla. En aplicaciones científicas, un ejemplo numérico o una predicción contrastable puede delimitar el alcance de la analogía. En la documentación clínica, una metáfora atribuida al paciente debe mantenerse como expresión suya si así se usa, sin convertirla en un juicio profesional.

Hay una tarea adicional para la edición estilística, porque los textos artificialmente uniformes recurren a veces a analogías en cada apartado, con imágenes llamativas que nunca vuelven a usarse. La cantidad, en sí, es secundaria. Una comparación merece permanecer cuando permite al lector entender una relación difícil o examinar un supuesto decisivo; si solo ilustra una obviedad, suprimirla suele mejorar la economía del texto.

## Qué queda después de retirar la imagen

Una prueba útil consiste en reformular el argumento sin su metáfora. Así, «La universidad necesita un radar» puede convertirse en «la institución necesita un sistema que identifique señales tempranas de dificultades y disponga de un procedimiento de respuesta», mientras que «La transición exige barandas» puede pasar a «los estudiantes enfrentan barreras desiguales y algunos requieren apoyos específicos para continuar». Las versiones literales muestran con mayor nitidez las hipótesis que deben sostenerse y revelan también qué se perdió al retirar la imagen, por ejemplo la sensación de urgencia o la idea de protección que acompañaban al discurso original.

Eliminar la metáfora no siempre es lo mejor. La comparación puede facilitar la exploración de un problema que todavía carece de un vocabulario estabilizado. En literatura y en ensayo puede mantener una ambigüedad productiva; en ciencia, abre a veces una familia de preguntas. El criterio depende del uso, porque una formulación destinada a orientar una investigación soporta más indeterminación que una recomendación que autoriza una intervención irreversible.

Una analogía es útil para argumentar cuando sus correspondencias se pueden discutir y sus consecuencias se someten a prueba, del mismo modo que la metáfora gana fuerza argumentativa cuando ayuda a comprender esas relaciones sin hacer pasar la familiaridad del dominio de origen por evidencia sobre el nuevo. Una imagen capaz de sostener varias lecturas puede ser intelectualmente fecunda, aunque decidir cuál de esas lecturas es verdadera y cuánto debe pesar en una decisión exige razones distintas de su eficacia retórica. Esa distancia entre hacer comprensible una tesis y lograr que alguien la acepte conduce al estudio de la persuasión y de sus condiciones de legitimidad.

## Referencias y lecturas

- Aristóteles. *Retórica* y *Poética* (ediciones y traducciones diversas).
- Black, M. (1962). *Models and Metaphors: Studies in Language and Philosophy*. Cornell University Press. https://www.jstor.org/stable/10.7591/j.ctvr6971f
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- Hesse, M. B. (1966). *Models and Analogies in Science*. University of Notre Dame Press.
- Lakoff, G., & Johnson, M. (1980). *Metaphors We Live By*. University of Chicago Press.
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- Semino, E., Demjén, Z., Demmen, J., Koller, V., Payne, S., Hardie, A., & Rayson, P. (2017). The online use of Violence and Journey metaphors by patients with cancer, as compared with health professionals: A mixed methods study. *BMJ Supportive & Palliative Care, 7*(1), 60–66. https://doi.org/10.1136/bmjspcare-2014-000785
- Steen, G. J. (2011). The contemporary theory of metaphor—now new and improved! *Review of Cognitive Linguistics, 9*(1), 26–64. https://doi.org/10.1075/rcl.9.1.03ste
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