# Modelos de comprensión y producción

## De una señal a una interpretación, de una intención a una señal

Alguien escucha *La reunión comienza a las ocho* y responde *Llego un poco antes*. La primera frase llegó como una señal acústica continua y la segunda comenzó como una intención comunicativa. Entre ambos extremos ocurrieron el reconocimiento de palabras, la construcción de relaciones, el acceso a conocimiento, la elección de una respuesta, la recuperación lexical, el ordenamiento de los sintagmas y la articulación, numerosas operaciones que el hablante no experimenta como una lista de pasos.

Es tentador dibujar comprensión y producción como dos flechas simétricas, una que iría de sonido a significado y otra de significado a sonido. La comparación sirve para orientarse, pero falla si se toma literalmente. El oyente interpreta una entrada incompleta y a menudo ambigua. El hablante, por su parte, tampoco parte de una oración interna terminada que luego traduce a sonidos. Puede iniciar una frase antes de haber decidido cada palabra, reformularla a mitad de camino y aprovechar expresiones que acaba de escuchar.

La psicolingüística ha propuesto modelos muy diferentes para explicar estas conductas. Algunos conceden prioridad a la estructura sintáctica y otros hacen competir desde temprano información lexical, semántica y contextual. Hay modelos que expresan las expectativas como probabilidades y otros que se concentran en la recuperación desde memoria. En producción, una disputa clásica enfrenta arquitecturas con flujo principalmente serial y propuestas interactivas en las que la activación circula entre niveles. Estas teorías no son variaciones estilísticas sobre una misma idea. Hacen predicciones diferentes acerca de los errores, de la cronología del acceso lexical y del costo de una ambigüedad. Compararlas requiere saber qué fenómeno intenta explicar cada una.

## Qué debe especificar un modelo psicolingüístico

Decir que el cerebro «decodifica» el habla o «busca» una palabra apenas nombra el problema. Un modelo empieza a ser informativo cuando especifica qué representaciones utiliza, qué operaciones las transforman y qué predice cuando una de esas operaciones se vuelve difícil. Una arquitectura que sitúa la selección lexical antes de la codificación fonológica debe explicar los errores de habla de manera distinta de otra en la que ambas etapas se influyen mutuamente. Un parser que elige primero una estructura sintáctica debe predecir un patrón diferente del que produciría un sistema que integra plausibilidad y frecuencia desde el comienzo.

Los modelos, además, pueden situarse en niveles diferentes. Un modelo computacional caracteriza el problema que se resuelve, uno algorítmico propone representaciones y procedimientos y la implementación neural pregunta cómo redes biológicas realizan esas operaciones. Hagoort (2005, 2013), por ejemplo, intenta conectar componentes funcionales con una arquitectura cerebral mediante su marco MUC. Levelt (1989) se concentra principalmente en el curso funcional de la producción. Hale (2001) y Levy (2008) formalizan expectativas durante la comprensión. Una teoría puede ser útil en un nivel sin describir literalmente los demás, precaución que será necesaria en el texto «Neuroanatomía funcional del lenguaje», cuando la arquitectura cognitiva se compare con redes cerebrales.

## Comprensión incremental, *garden path* y restricciones múltiples

La comprensión ocurre mientras llega la entrada. En *La investigadora que entrevistó al paciente...*, las primeras palabras ya activaron significados, una estructura y ciertas expectativas. El sistema obtiene velocidad a costa de comprometerse antes de disponer de toda la oración.

La teoría del *garden path* convirtió esta propiedad en un programa experimental. Frazier y Rayner (1982) mostraron que los lectores adoptan análisis preferidos y encuentran dificultades localizadas cuando una palabra posterior los vuelve inviables. La versión clásica del modelo concede al parser sintáctico una autonomía inicial importante. Principios como la adjunción mínima y el cierre tardío orientan la primera estructura. La información de otros niveles interviene después o no tiene el mismo peso inicial. Su atractivo está en la precisión con que predice, ante una ambigüedad concreta, qué análisis preferirá el lector y en qué punto aumentará el tiempo de lectura. El texto «Reanálisis sintáctico y P600» mostró que la región desambiguadora también puede desencadenar una P600.

La evidencia empezó pronto a mostrar que las preferencias no dependen únicamente de la geometría sintáctica. Los verbos difieren en las construcciones con las que suelen aparecer, la plausibilidad de los participantes modifica la interpretación y un contexto fuertemente sesgado puede cambiar la lectura antes de que llegue la desambiguación formal.

MacDonald, Pearlmutter y Seidenberg (1994) propusieron una explicación basada en restricciones múltiples. Según ella, las representaciones lexicales contienen información sobre distribuciones sintácticas. La frecuencia, la semántica y el contexto contribuyen a la competencia entre análisis y el sistema pondera varias fuentes desde fases tempranas, sin construir primero una estructura autónoma para consultarlo todo después.

La diferencia entre ambas familias fue productiva porque obligó a diseñar estímulos que separaran estructura, frecuencia y plausibilidad. Buena parte de la psicolingüística moderna conserva elementos de ambas intuiciones. Existen restricciones estructurales potentes, pero su aplicación ocurre dentro de un sistema sensible a experiencia y contexto.

## Probabilidad, *surprisal* y experiencia

Los modelos probabilísticos formalizan esa sensibilidad. Después de una secuencia de palabras, algunas continuaciones tienen mayor probabilidad que otras. El *surprisal* de una palabra puede expresarse como el logaritmo negativo de su probabilidad dadas las palabras que la preceden. Con esa medida, una continuación muy predecible aporta poca sorpresa y una improbable aporta mucha.

Hale (2001) aplicó esta idea a un parser probabilístico. Levy (2008) desarrolló un enfoque en el que la dificultad de comprensión depende de cómo una palabra redistribuye la probabilidad entre estructuras posibles. Una desambiguación costosa puede ser descrita como una actualización abrupta del espacio de hipótesis.

La formulación probabilística tiene varias ventajas. Sustituye categorías binarias como «esperado» e «inesperado» por una variable continua y permite relacionar experiencia de corpus con tiempos de lectura. También explica por qué una construcción rara en una lengua puede resultar rutinaria en otra. No hace falta suponer que el oyente adivina conscientemente la palabra siguiente. La predicción puede ser una activación graduada de rasgos, categorías o análisis estructurales. Tampoco toda dificultad es sorpresa. Una dependencia puede resultar costosa por interferencia en memoria aunque sus palabras sean previsibles.

## Memoria, mantenimiento y recuperación

Una descripción ingenua de la comprensión imagina que cada palabra permanece activa hasta que la oración termina. Las dependencias largas muestran que el sistema necesita información previa, pero los modelos de memoria sugieren otra solución, la de recuperar las representaciones cuando vuelven a ser necesarias.

Lewis y Vasishth (2005) modelaron la comprensión como recuperación desde una memoria activada por claves de recuperación. Cuando aparece un verbo, sus rasgos sintácticos y semánticos pueden usarse como claves de recuperación de un sujeto o de un argumento. El tiempo de acceso depende de la activación y de la competencia con otros elementos parcialmente coincidentes. Este mecanismo explica los efectos de interferencia. Si dos sintagmas comparten rasgos relevantes, el elemento equivocado puede volverse un candidato plausible. El error no exige que el hablante haya olvidado la gramática; surge de recuperar una representación desde una memoria con ruido y competencia.

Los modelos de este tipo desplazan la pregunta sobre «capacidad» desde el número de elementos que caben en un almacén hacia las claves de recuperación que dan acceso a la representación adecuada y hacia el modo en que decae su accesibilidad. La memoria, por tanto, forma parte del mecanismo mediante el cual una estructura distribuida en el tiempo puede mantenerse utilizable y no es un apéndice de la sintaxis.

## Comprensión suficiente

Los experimentos de Ferreira y colaboradores (Ferreira, Bailey y Ferraro, 2002) mostraron que los oyentes no siempre construyen la representación más detallada que permitiría la gramática. En algunas oraciones difíciles persiste una interpretación plausible pero incorrecta incluso después de aparecer información que debería obligar a revisarla. El enfoque *good enough* (Ferreira y Patson, 2007) describe la comprensión como ajustada a las necesidades de la tarea. Un oyente puede obtener una interpretación suficientemente útil para responder o actuar sin resolver cada ambigüedad con máxima profundidad.

Este resultado no convierte la comprensión en descuido. El sistema suele ser extraordinariamente preciso. Lo que cambia es la idea de que siempre construya automáticamente una representación única, completa y totalmente revisada. La tarea influye en ese ajuste. Una pregunta explícita sobre quién hizo qué puede promover un análisis más profundo que escuchar una historia por placer. La memoria disponible, la plausibilidad y el costo del reanálisis también afectan el resultado. El enfoque ayuda en particular a entender por qué detectar un conflicto, como ocurre en los paradigmas de P600, no garantiza que la representación final haya quedado corregida por completo.

## Memoria, unificación y control

Hagoort (2005, 2013) propuso el marco MUC (*Memory, Unification, Control*), en el que la memoria contiene representaciones lexicales y conocimientos almacenados, la unificación combina esas piezas en estructuras mayores y el control conecta el lenguaje con objetivos, contexto y selección de acciones. La idea de unificación intenta evitar una separación excesiva entre «sintaxis» y «semántica» como dos ensamblajes independientes. Comprender una oración exige combinar información fonológica, lexical, sintáctica y conceptual en una representación coherente.

En la propuesta de Hagoort, las regiones temporales aportan gran parte del conocimiento almacenado, las regiones frontales inferiores contribuyen a las operaciones de unificación y los sistemas de control regulan el uso de las representaciones según la tarea. El detalle anatómico se discutirá en el texto siguiente. MUC es más amplio que un parser. Su interés está en conectar varios niveles de comprensión y producción dentro de una arquitectura común. El precio de esa amplitud es que conceptos como «unificación» deben especificarse con suficiente precisión para producir predicciones concretas.

## Producción desde el mensaje hasta las palabras

El modelo de Levelt (1989), refinado por Levelt, Roelofs y Meyer (1999), es uno de los marcos más influyentes para estudiar la producción. El proceso comienza con la *conceptualización*, en la que el hablante decide qué quiere comunicar y desde qué perspectiva. Un mismo evento puede describirse como *Pedro vendió el libro a Ana*, *Ana compró el libro a Pedro* o *El libro cambió de dueño*. La realidad no contiene una oración prefabricada y la formulación depende del mensaje que se decide construir.

Después viene la *formulación*, durante la cual los conceptos activan entradas lexicales y se construye la estructura gramatical. Levelt distingue el *lema*, que contiene la información semántica y sintáctica relevante para seleccionar la palabra, de la forma lexical o *lexema*, que contiene la información morfológica y fonológica necesaria para producirla. La codificación fonológica ordena segmentos y sílabas, la preparación fonética transforma esa representación en un plan articulatorio y, finalmente, los sistemas motores ejecutan el habla. La fuerza del modelo está en haber relacionado errores, tiempos de denominación y efectos de interferencia con una secuencia de operaciones suficientemente detallada como para someterla a prueba.

Los experimentos de denominación muestran hasta qué punto la recuperación lexical está organizada temporalmente. Cuando una persona debe nombrar una imagen mientras ignora una palabra escrita o hablada, la relación entre el distractor y el objetivo modifica el tiempo de respuesta. Un distractor semánticamente relacionado puede aumentar la competencia en determinados intervalos; uno fonológicamente relacionado puede facilitar la producción cuando aparece en otro momento. Estas curvas temporales permitieron estimar cuándo se vuelve disponible información conceptual, lexical y fonológica.

Indefrey y Levelt (2004) y la actualización posterior de Indefrey (2011) combinaron datos de producción con neuroimagen y cronometraje para proponer ventanas aproximadas de las operaciones. Las cifras no deben convertirse en un reloj rígido. La frecuencia de la palabra, la longitud, la tarea y las características del hablante desplazan los tiempos. Su interés está en mostrar que la selección del contenido y la preparación fonológica dejan huellas experimentales separables.

En la arquitectura de Levelt, la activación avanza principalmente desde conceptos hacia lemas y luego hacia formas fonológicas. La selección lexical tiene un orden bastante restringido y el sistema no necesita que toda activación fonológica vuelva hacia el nivel semántico para decidir qué palabra quiso producir. Esta organización explica por qué algunos errores parecen pertenecer a etapas diferentes. Un error semántico como decir *perro* por *gato* puede surgir durante la selección de una entrada relacionada. Un error fonológico como *gato* → *dato* ocurre más adelante, durante la codificación de la forma.

Sin embargo, los errores mixtos plantearon dificultades para una serialidad fuerte. Las sustituciones que guardan a la vez relación semántica y fonológica con el objetivo aparecen con una frecuencia que sugiere interacción entre niveles. Dell (1986) propuso un modelo de activación interactiva en el que los nodos semánticos, lexicales y fonológicos intercambian activación. La selección emerge de esa dinámica y permite que la activación fonológica influya en qué entrada lexical termina ganando.

El contraste entre Levelt y Dell no puede resumirse como «serial» frente a «caótico». Ambos contienen etapas y restricciones. La disputa está en cuánto feedback existe, cuándo opera y qué errores necesita explicar. Los errores, que podrían tomarse por meros accidentes, revelan qué representaciones pueden competir. Decir *cuchillo* por *tenedor* conserva una relación semántica. Intercambiar sonidos entre palabras muestra que los segmentos participan en unidades que pueden activarse en paralelo. Los errores suelen respetar las restricciones fonotácticas de la lengua, lo que sugiere que la producción no combina sonidos de cualquier manera.

El modelo interactivo de Dell logró reproducir varios patrones mediante propagación de activación y ruido. Lesionar parámetros del sistema permite además simular ciertos perfiles afásicos. Una simulación exitosa no demuestra que las neuronas implementen exactamente esos nodos. Su valor está en convertir una explicación verbal en un sistema que debe generar la distribución de errores observada.

## Cómo se vigila el habla propia

Los hablantes detectan y corrigen muchos errores antes de que alguien más intervenga. Levelt (1989) propuso que el sistema de comprensión puede monitorizar el habla interna y la señal externa. El hablante se escucha a sí mismo y compara el resultado con su intención. Este mecanismo resulta plausible porque comprensión y producción comparten representaciones. También parece costoso depender siempre de una frase interna completamente formulada antes de articular.

Nozari, Dell y Schwartz (2011) propusieron una alternativa basada en conflicto. Cuando dos candidatos lexicales o fonológicos compiten intensamente, un sistema de control puede detectar esa competencia y aumentar la probabilidad de corrección, sin que el monitor necesite comprender de nuevo cada emisión. Las dos vías pueden coexistir. Un error articulado puede detectarse auditivamente y un conflicto prearticulatorio, advertirse antes. La monitorización probablemente utiliza información de varios puntos del proceso.

La producción es incremental. Para empezar *La mujer que estaba junto a la puerta...*, el hablante necesita haber planificado suficiente material para iniciar la emisión, pero no necesariamente todo el resto de la frase. La unidad de planificación cambia con la tarea y la lengua. Algunas decisiones conceptuales se toman antes de empezar y otras se resuelven mientras se habla. La disponibilidad lexical puede incluso cambiar el orden elegido.

Esta flexibilidad explica pausas, reinicios y reformulaciones normales. Una interrupción del habla no indica necesariamente un problema y puede mostrar que la formulación alcanzó un punto donde hace falta más planificación. La incrementalidad también permite corregir el curso. Un hablante puede comenzar *El informe que... bueno, los informes que llegaron ayer...* y reconstruir la frase sin detener toda la conversación.

El tamaño de la unidad planificada ha sido objeto de debate. Antes de iniciar una oración, el hablante suele haber preparado algo además de la primera palabra, aunque la cantidad depende de la estructura y de la disponibilidad de sus componentes. En algunas tareas, preparar un sintagma completo facilita el inicio. En otras basta con planificar una unidad menor y continuar mientras se articula lo anterior. Esta elasticidad tiene consecuencias observables. Un referente difícil de nombrar puede retrasar el comienzo o inducir un cambio de orden que permita mencionar primero un elemento más accesible. La producción sintáctica, por tanto, está condicionada por la disponibilidad lexical sin quedar reducida a ella. La forma final de la oración puede revelar cómo el hablante administró sus propios cuellos de botella.

## Comprensión y producción comparten material

Aunque las dos tareas no sean inversas, existen razones para suponer que comparten representaciones. El léxico conocido por el hablante sirve para reconocer y producir palabras. Las estructuras sintácticas disponibles en una lengua participan en ambas direcciones. El *priming sintáctico* es una de las evidencias más claras. Después de escuchar o producir una construcción, aumenta la probabilidad de usar una estructura semejante. Branigan, Pickering y Cleland (2000) y otros estudios del diálogo mostraron que el efecto cruza interlocutores.

Pickering y Garrod (2004) propusieron que esta reutilización contribuye al alineamiento interactivo. Si ambos hablantes convergen en palabras y estructuras, disminuye el espacio de decisiones que deben resolver en cada turno. Compartir representaciones no exige que comprensión y producción sean el mismo sistema. Una entrada auditiva necesita operaciones que la producción no necesita. La articulación, a su vez, tiene problemas propios. La intersección puede ser amplia sin ser total.

Pickering y Garrod (2013) fueron más lejos y propusieron una teoría integrada de producción y comprensión. Los hablantes utilizarían mecanismos de predicción derivados de su propio sistema de producción para anticipar el habla ajena y, al producir, podrían usar representaciones de comprensión para monitorizar lo que dicen. La propuesta intenta explicar la velocidad del diálogo. Los turnos cambian con pausas muy breves, a veces cercanas a 200 ms, demasiado rápido para esperar el final de una intervención, comprenderla completamente y recién entonces planificar desde cero una respuesta.

El argumento temporal es importante. Producir una respuesta de varias palabras suele requerir más tiempo que el silencio entre turnos. Si los interlocutores esperan hasta el final acústico para comenzar toda la planificación, la alternancia ordinaria sería mucho más lenta. Parte de la respuesta debe prepararse mientras el otro todavía habla.

Esa preparación temprana tampoco es gratuita. Cuando el oyente empieza a formular demasiado pronto, puede prestar menos atención al final del turno y cometer errores sobre lo que el hablante terminó diciendo. En conversación real, el sistema administra dos tareas que compiten, seguir comprendiendo y preparar la intervención siguiente. El equilibrio cambia con la previsibilidad del turno y con la complejidad de la respuesta. El oyente empieza a preparar mientras escucha y predice el posible final del turno y quizá componentes de su propia respuesta. Esta superposición introduce riesgos. Planificar demasiado pronto puede perjudicar la comprensión del resto del turno y el sistema debe equilibrar escucha y preparación. El diálogo real es por eso una prueba más exigente que el estudio de frases aisladas.

## Métodos que permiten elegir entre modelos

Cada método observa una parte del proceso. Los tiempos de lectura y los movimientos oculares muestran dónde aumenta el costo durante la comprensión. Los ERP y la MEG aportan cronología. Con la denominación de imágenes y los paradigmas de interferencia se estiman etapas del acceso lexical. Los errores espontáneos revelan qué representaciones compiten, las lesiones muestran qué componentes pueden disociarse y la neuroimagen y la estimulación añaden información sobre redes cerebrales.

Los modelos computacionales tienen otra función. Obligan a especificar los mecanismos con suficiente detalle para producir datos. Un modelo que afirma que «varias pistas interactúan» todavía tiene que decidir cómo se ponderan, cómo cambia el peso con experiencia y qué ocurre cuando dos pistas se contradicen. La comparación entre modelos es más informativa cuando se realiza sobre predicciones enfrentadas. Si dos teorías explican retrospectivamente el mismo resultado, el siguiente experimento debe buscar una condición en que anticipen respuestas distintas.

Los modelos de lenguaje contemporáneos han reabierto problemas clásicos. Estiman probabilidades sobre continuaciones y generan efectos de *surprisal* que a menudo correlacionan con tiempos de lectura humanos. Sus representaciones internas pueden predecir parte de la actividad cerebral durante la comprensión. Esto los convierte en herramientas cuantitativas útiles. También crea la tentación de asumir que cualquier éxito predictivo revela el mecanismo humano.

Los regímenes de aprendizaje son distintos. Un modelo puede haber leído cantidades de texto incompatibles con la experiencia de un niño. No posee necesariamente percepción, acción o interacción social comparable y puede resolver una tarea mediante regularidades que los humanos no usan. La comparación se vuelve científica cuando se buscan condiciones de divergencia. Si un modelo y los humanos reaccionan de manera diferente ante una ambigüedad controlada, la discrepancia informa sobre la arquitectura de ambos. Si una variable interna del modelo predice datos humanos mejor que medidas simples de frecuencia, esa representación merece atención como hipótesis.

## Del modelo al diagnóstico funcional

Las arquitecturas de producción son útiles en clínica porque el mismo error superficial puede surgir en puntos distintos. Ante una anomia, una persona puede reconocer el objeto y describir su función, pero no recuperar la forma fonológica. Otra puede no acceder al concepto con precisión y una tercera puede recuperar la palabra y fallar en su programación articulatoria. Las claves de tipo semántico o fonológico, la repetición y la comprensión permiten separar estos perfiles.

En comprensión ocurre algo similar. Fallar ante una oración compleja puede deberse a vocabulario, memoria, interferencia, estructura sintáctica o velocidad de procesamiento. El rótulo «déficit de comprensión» resume el resultado y no identifica el mecanismo. La evaluación mejora cuando se formula una hipótesis sobre qué transformación falla y se diseña una tarea capaz de separarla de alternativas plausibles.

La misma disciplina evita errores en la entrevista psiquiátrica. Una respuesta extensa puede deberse a presión del habla, a una organización discursiva particular, a una dificultad lexical o simplemente a que la pregunta invita a narrar. La primera tarea es describir la forma de esa conducta antes de atribuirla al pensamiento. Latencia, errores lexicales, sintaxis, relaciones entre cláusulas, cambios de tópico y reparaciones pueden observarse por separado.

Una respuesta aparentemente inadecuada también puede originarse antes de la formulación. El paciente quizá no oyó bien, interpretó una palabra de otra manera o respondió a una implicatura distinta. La arquitectura cognitiva, que no reemplaza la psicopatología, evita que todo desvío lingüístico se convierta de inmediato en una explicación psicopatológica.

Una médica oye *El paciente dejó el fármaco porque le producía mareos*. La señal activa palabras y una estructura causal. *Le* debe relacionarse con un referente. El conocimiento clínico hace plausible que el efecto adverso motive la suspensión. La médica responde *Entonces lo suspendió por los mareos* para confirmar la relación causal. Selecciona una formulación, recupera *suspendió*, organiza los pronombres y prepara la secuencia fonológica mientras empieza a hablar. Si percibe que *lo* puede resultar ambiguo, puede corregir la frase antes de terminarla.

Varias teorías describen partes distintas del intercambio. Un modelo probabilístico caracteriza las expectativas durante la comprensión y el modelo de memoria describe la recuperación del referente. Levelt propone una arquitectura de producción. Pickering y Garrod explican por qué la respuesta reutiliza vocabulario y estructura del turno previo. No existe todavía una teoría única que reúna todos estos niveles con el mismo grado de detalle, ni hace falta fingir que la hay. La psicolingüística ha progresado precisamente comparando modelos parciales donde sus predicciones se solapan.

Un modelo útil especifica qué representa, qué operaciones admite y qué datos podrían mostrar que está equivocado. La precisión formal importa porque dos explicaciones verbalmente plausibles pueden producir predicciones opuestas. El modelo también debe explicar más de un ejemplo construido para favorecerlo. Un parser necesita enfrentarse a diferencias de frecuencia y contexto. Un modelo lexical debe reproducir la distribución de errores, cosa que su enumeración no consigue. Una teoría integrada tiene que explicar por qué compartir mecanismos beneficia algunas tareas y crea interferencia en otras.

La parsimonia tampoco consiste simplemente en tener pocas cajas en un diagrama. Un sistema con un solo componente y decenas de parámetros libres puede explicar cualquier resultado y predecir poco. La complejidad relevante es la del conjunto de supuestos necesarios para generar los datos. Algunas teorías compiten y otras describen niveles diferentes. El modelo de *surprisal* puede coexistir con una teoría de recuperación desde memoria si cada uno explica una fuente distinta de dificultad. En cambio, dos modelos que predicen momentos diferentes para el acceso a una información concreta sí deben confrontarse experimentalmente.

## Antes de pasar al cerebro

La comprensión puede resumirse provisionalmente como una secuencia solapada de reconocimiento, acceso lexical, combinación, recuperación desde memoria y construcción de una representación de la situación. Las expectativas cambian a cada palabra y los conflictos pueden forzar revisión. La producción parte de metas comunicativas y construye una forma expresable mediante acceso conceptual, selección lexical, codificación gramatical, preparación fonológica y articulación. Su planificación avanza por incrementos y dispone de mecanismos de monitorización.

Estas descripciones son funcionales. El error histórico fue convertir demasiado rápido cada caja del diagrama en una región cortical. Comprensión no es sinónimo de área de Wernicke, ni producción lo es de área de Broca. El texto «Neuroanatomía funcional del lenguaje» parte de esta arquitectura para preguntar cómo se distribuyen sus operaciones en redes cerebrales. La transición exige conservar una regla que ya apareció en los textos anteriores, según la cual una función psicológica y una región anatómica son unidades de análisis distintas cuya relación debe demostrarse.

## Referencias

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