# Programa narrativo y modelo actancial en Greimas

## De los personajes a las posiciones narrativas

Una historia puede tener un héroe, un antagonista, un mentor, un objeto buscado y una autoridad que legitima la empresa. Otra carece de personajes humanos y narra la lucha de una institución por obtener reconocimiento, mientras una tercera describe a un científico que intenta demostrar una hipótesis entre dificultades metodológicas que obstaculizan el proyecto. A primera vista las tres narraciones parecen pertenecer a mundos distintos, aunque Algirdas Julien Greimas intentó mostrar que bajo esa diversidad podían reconstruirse estructuras narrativas más abstractas. Su pregunta iba más allá de quién aparece en un relato y se dirigía a las *funciones relacionales* que organizan la acción.

Un personaje puede ayudar en un momento y obstaculizar después, un mismo actor ocupar varias funciones y una institución cumplir una función que en otro relato desempeña una persona. Una idea, una norma o una enfermedad pueden participar en la estructura narrativa sin convertirse por ello en personajes psicológicos. Greimas propuso entonces distinguir a los *actores*, figuras concretas de un relato, de los *actantes*, posiciones estructurales dentro de una relación narrativa. De esa distinción salió el *modelo actancial*, una de las propuestas más conocidas de la semiótica narrativa. Greimas desarrolló además la noción de *programa narrativo*, que describe una transformación orientada a la adquisición, la conservación o la pérdida de un objeto de valor. Ambas ideas pertenecen a un proyecto mucho más amplio, el de construir una gramática general de la significación narrativa.

## Algirdas Julien Greimas y sus fuentes en Propp y Tesnière

Algirdas Julien Greimas nació en 1917 en Tula (Rusia) en una familia lituana y desarrolló gran parte de su carrera intelectual en Francia. Su formación se vinculó con la lingüística y la lexicología y se desplazó después hacia una teoría estructural de la significación. En su obra influyeron Ferdinand de Saussure, Louis Hjelmslev, Vladimir Propp, Claude Lévi-Strauss y Lucien Tesnière. Greimas quiso trasladar a la semántica y a la narratología una ambición semejante a la de la lingüística estructural, la de identificar relaciones invariantes bajo la diversidad de las manifestaciones superficiales (Schleifer, 1987). En *Sémantique structurale*, Greimas (1966) formuló algunos de los fundamentos de ese proyecto, entre ellos el modelo actancial. La teoría siguió desarrollándose durante décadas (Greimas, 1970, 1983) y dio origen, junto con colaboradores como Joseph Courtés, a la llamada Escuela de París de semiótica (Greimas y Courtés, 1979; Hénault, 1992). No existe una formulación única e inmutable de la teoría greimasiana, cuyos conceptos se refinan y cambian a lo largo de la obra.

Vladimir Propp es una de las fuentes principales del modelo. En *Morfología del cuento*, Propp (1928/1968) había analizado cuentos maravillosos rusos y encontrado en ellos una secuencia recurrente de funciones narrativas. Los personajes concretos podían variar y el héroe podía ser un príncipe, una joven o un soldado. Lo que contaba era la función que realizaban dentro de la secuencia. Propp distinguió además *esferas de acción* asociadas con personajes como el agresor, el donante, el auxiliar, la princesa y su padre, el mandatario, el héroe y el falso héroe. Greimas conserva la intuición de que la estructura narrativa puede abstraerse de los personajes concretos, aunque su modelo, más general, aspira a valer para un conjunto de relatos y prácticas significantes mucho más amplio que los cuentos maravillosos.

La segunda influencia importante procede de Lucien Tesnière, que en su teoría sintáctica usó el término *actante* para designar a los participantes estructurales ligados a un verbo (Tesnière, 1959). En una oración como *María entrega el libro a Pedro* se distinguen participantes asociados con la acción de entregar. Greimas toma la noción y la extiende desde la sintaxis de la oración hasta la estructura narrativa, que también organiza relaciones entre participantes. El modelo actancial es, en este sentido, una especie de sintaxis abstracta de la acción.

## Actante y actor

Un *actor* es una figura concreta reconocible dentro del discurso, sea una persona, un grupo, un animal, una institución o incluso una entidad personificada. Un *actante* es una posición funcional abstracta. En un relato tradicional, por ejemplo, un caballero puede ocupar la posición de Sujeto y un tesoro la de Objeto, como una comunidad investigadora y el conocimiento de un mecanismo en una narración científica. La relación es estructural y no exige que los participantes sean seres humanos.

Un mismo actor puede realizar varios papeles. Supóngase una historia en la que una madre envía a su hija a buscar un medicamento y luego la ayuda a conseguirlo. La madre ocupa la posición de Destinador al establecer la misión y después la de Ayudante. Si cambia de opinión e intenta impedir que la hija continúe, pasa a ocupar también la de Oponente. La identidad del actor permanece mientras su papel actancial cambia, razón por la que el modelo no debe confundirse con una clasificación fija de personajes.

Ocurre también la relación inversa. La función de Oponente puede distribuirse entre varios actores, como en una historia de supervivencia en la que el frío, la falta de alimento y una tormenta obstaculizan al Sujeto. Lo mismo sucede cuando varias instituciones cumplen conjuntamente la función de Destinador en una novela política o cuando el Objeto de una investigación científica se construye progresivamente mediante experimentos, teorías y datos distribuidos. El actante es una posición estructural que admite una realización múltiple.

## Los seis actantes y los tres ejes

La formulación clásica del modelo organiza seis actantes en tres ejes relacionales, que emparejan al Sujeto con el Objeto, al Destinador con el Destinatario y al Ayudante con el Oponente. Al Sujeto y al Objeto los une el eje del *deseo* o de la búsqueda, que describe la orientación de un sujeto hacia un valor. El eje de la *comunicación* relaciona al Destinador, el Objeto y el Destinatario y describe cómo se establece y circula el valor, con su transmisión y su legitimación. Ayudante y Oponente se reúnen en el eje del *poder*, que describe las condiciones de posibilidad y de obstáculo del programa del Sujeto. Las palabras *deseo*, *comunicación* y *poder* tienen en el modelo un sentido estructural amplio que no implica necesariamente emociones conscientes. La terminología varía de una exposición a otra y lo que debe preservarse son las relaciones.

## Sujeto, Objeto y Objeto de valor

El *Sujeto* es el actante cuya trayectoria se organiza respecto de un Objeto. Puede querer adquirirlo, conservarlo, recuperarlo, protegerlo o evitar su pérdida. Su posición se define por la relación con el Objeto y no tiene que coincidir con la del protagonista psicológico de una obra. En una historia institucional una universidad puede ocupar la posición de Sujeto respecto de una acreditación, como un paciente respecto de la recuperación en un relato médico o un movimiento respecto de una reforma en una narración política. Para identificar al Sujeto hay que averiguar quién se encuentra estructuralmente orientado hacia qué Objeto, con independencia de quién parezca más importante.

El *Objeto* es aquello respecto de lo cual se organiza el programa del Sujeto. Puede ser material, como un tesoro, una persona o un territorio, o abstracto, como el conocimiento, el reconocimiento, la libertad, la salud o la legitimidad. El Objeto tiene valor por la posición que ocupa dentro del sistema narrativo, lo tenga o no en sí mismo. Un objeto material puede tener valores distintos para sujetos diferentes.

La expresión *Objeto de valor* subraya esta relación. El objeto narrativo es aquello investido de valor dentro de una trayectoria, cualquiera que sea la cosa en que consista. Un documento puede ser Objeto porque prueba una identidad, una llave porque permite salir y una fórmula porque resuelve un problema. La narración organiza mediante objetos la circulación de valores, idea que ocupa el centro de la semiótica narrativa desarrollada en el texto «Estados, transformaciones y modalidades en la semiótica narrativa».

## Destinador y Destinatario

El *Destinador* establece, transmite, garantiza o legitima el valor del Objeto y la misión del Sujeto. Puede ser un rey que encarga una tarea en un cuento, una divinidad en una religión, un ideal de verdad o una comunidad epistémica en una narración científica o, en una historia profesional, una institución que define qué logro cuenta como éxito. El Destinador no siempre coincide con quien inicia cronológicamente la acción. Su función es establecer el sistema de valor y la legitimidad del programa.

El *Destinatario* es aquel para quien se obtiene o realiza el valor. A veces coincide con el Sujeto, como el héroe que busca la libertad para sí mismo. Otras veces es diferente, como cuando un médico busca conocimiento para beneficiar a un paciente, un personaje recupera un objeto para una comunidad o una investigación produce resultados destinados a una disciplina. Separar ambas posiciones hace posible analizar relatos en los que quien actúa no es quien recibe finalmente el beneficio.

El eje que une al Destinador con el Destinatario tiene una dimensión de valor, porque en él alguien o algo define qué merece ser buscado y alguien recibe el resultado. El análisis actancial incluye así, junto a la descripción de un movimiento, una estructura axiológica. Una misión existe porque algo aparece investido de valor. Preguntar por el Destinador obliga a averiguar de dónde procede esa valoración, dimensión que da al modelo un interés particular para los relatos políticos, religiosos e institucionales.

## Ayudante y Oponente

El *Ayudante* facilita la relación del Sujeto con el Objeto al aportar información, entregar una herramienta, crear una oportunidad o proteger al Sujeto. Puede ocupar esa posición una tecnología en una historia de investigación, un mapa en un relato de viaje o un tratamiento en una narración clínica. El Ayudante no necesita actuar intencionalmente, porque una circunstancia favorable puede cumplir esa función.

El *Oponente* obstaculiza el programa. Puede ser un antagonista y también una institución, una limitación física, una duda, una norma o una condición ambiental. Un enemigo visible es solo una de sus realizaciones posibles. La abstracción actancial deja ver que el conflicto narrativo no exige un villano. Una enfermedad puede ser Oponente sin intención, como una restricción presupuestaria en una narración organizacional.

## Un cuento simple y el cambio de Sujeto

Sea un cuento en el que una reina encarga a una exploradora encontrar una planta medicinal para salvar al pueblo. La exploradora cruza una montaña con ayuda de un guía, una tormenta y un rival dificultan el viaje y la planta permite preparar el medicamento. En la reconstrucción actancial la exploradora es el Sujeto y la planta medicinal el Objeto. El Destinador es la reina o la necesidad de salvar al pueblo y el Destinatario es el pueblo, mientras el guía ocupa la posición de Ayudante y la tormenta y el rival la de Oponente. El análisis describe la arquitectura relacional de la historia sin reemplazarla.

Si la misma situación se cuenta desde el punto de vista del rival, este pasa a ser Sujeto. Su Objeto quizá sea obtener la planta antes y la exploradora se convierte en Oponente. El modelo depende de la trayectoria seleccionada. Como no existe un reparto actancial absoluto, independiente de toda perspectiva narrativa, el analista está obligado a especificar qué programa reconstruye.

## Programa narrativo, conjunción y disyunción

El modelo actancial describe relaciones, a las que la noción de *programa narrativo* añade una dinámica. Un programa narrativo es una transformación en la relación entre un Sujeto y un Objeto de valor. En términos elementales, el Sujeto puede comenzar separado del Objeto y terminar unido a él o comenzar en posesión del Objeto y perderlo. La narración puede formalizarse como cambio de estado, transformación que el texto «Estados, transformaciones y modalidades en la semiótica narrativa» desarrolla con mayor detalle.

La relación básica se describe mediante la *conjunción* y la *disyunción*. Hay conjunción cuando el Sujeto posee el Objeto y disyunción cuando está separado de él, relaciones que se escriben respectivamente *S* ∧ *O* y *S* ∨ *O*. Estos símbolos pertenecen a una notación semiótica simplificada y no deben leerse en todos sus usos como operadores lógicos ordinarios. Un programa narrativo transforma una de esas relaciones en la otra.

En el programa de adquisición, de la forma *S* ∨ *O* → *S* ∧ *O*, el Sujeto comienza separado del Objeto y termina unido a él, como ocurre al obtener un tesoro, alcanzar una posición, recuperar una relación o adquirir conocimiento. La forma abstracta es semejante aunque los contenidos cambien. El programa de pérdida sigue la dirección inversa, *S* ∧ *O* → *S* ∨ *O*, en la que el Sujeto pierde algo que poseía, sea la libertad, un cargo, un territorio o una relación. Hay narraciones organizadas por el intento de evitar esa transformación o de revertirla.

Greimas distingue también según quién realice la transformación. Hay *apropiación* cuando el Sujeto obtiene directamente el Objeto y *atribución* cuando alguien se lo entrega. La diferencia separa los relatos en que el logro depende de la acción propia de aquellos en que depende de otro participante. De modo análogo, la pérdida puede producirse por *renuncia* o por *desposesión*, distinciones que refinan la estructura del programa.

## Programa de base, programas de uso y competencia modal

Las historias complejas contienen varios programas. El *programa de base* corresponde a la transformación principal y para realizarlo pueden necesitarse *programas de uso*. Si el objetivo principal es rescatar a una persona, quizá sea necesario obtener primero un mapa, aprender un código y cruzar una frontera. Cada subprograma produce una competencia o un recurso necesario para el siguiente y la narración adquiere una estructura jerárquica.

A veces el Sujeto necesita adquirir antes una capacidad. El Objeto de un programa de uso es entonces *saber hacer*, *poder hacer*, *deber hacer* o *querer hacer*. Estas adquisiciones, que no son objetos materiales, son modalidades que configuran la competencia del Sujeto. La teoría de las modalidades se desarrolla en el texto «Estados, transformaciones y modalidades en la semiótica narrativa».

Un Sujeto puede recibir una misión y carecer todavía de los medios para realizarla. Es el caso del héroe que sabe qué debe hacer y no sabe cómo, de la investigadora que quiere demostrar una hipótesis y no dispone de los datos o del paciente que quiere recuperar una actividad y carece todavía de capacidad física. La narración puede organizarse alrededor de la adquisición de competencia y el programa final solo se vuelve realizable cuando se cumplen ciertas condiciones.

## El esquema narrativo canónico

La tradición greimasiana desarrolló una secuencia general conocida como *esquema narrativo canónico*, que en una formulación frecuente contiene cuatro grandes fases sucesivas, manipulación, competencia, performance y sanción. La palabra *manipulación* tiene aquí un sentido técnico y describe la fase en que un Destinador hace que un Sujeto entre en un programa, lo que no supone necesariamente una manipulación psicológica indebida. La competencia corresponde a la adquisición de las modalidades necesarias, la performance a la acción que transforma y la sanción a la evaluación del resultado.

En la fase de manipulación alguien o algo establece que el Sujeto *debe* o *quiere* realizar determinado programa. Una orden, una promesa, una seducción, una necesidad, una amenaza o un ideal moral pueden instalar una misión. El Sujeto se convierte en sujeto del hacer porque acepta o asume una relación con un Objeto.

La competencia narrativa no equivale simplemente a una habilidad general e incluye las condiciones modales que el Sujeto necesite para actuar, sean *querer hacer*, *deber hacer*, *saber hacer* o *poder hacer*. Una historia puede organizarse enteramente en torno a la adquisición de una de ellas, como cuando el héroe tiene valor y le falta información, sabe qué hacer y carece de poder institucional o está en condiciones de actuar y no quiere hacerlo.

La *performance* es la transformación central, aquella en la que el Sujeto realiza la acción que modifica su relación con el Objeto, ya sea que obtenga, pierda, proteja o transfiera algo o que impida que otro lo obtenga. Con ella el programa deja de ser potencial y se actualiza. El término designa una transformación narrativa, distinta de una simple actuación escénica.

La *sanción* evalúa la performance. Es pragmática cuando el Sujeto recibe una recompensa o un castigo y cognitiva cuando se reconoce que realmente cumplió o fracasó. El Destinador suele tener en ella una función importante. La narración no termina necesariamente cuando el objeto cambia de manos y puede terminar cuando el resultado recibe una interpretación social. Este punto sirve para analizar las historias en que alguien logra un objetivo y no obtiene reconocimiento, como la del científico cuyo descubrimiento la comunidad no acepta o la del personaje que cumple una misión mientras otro recibe el crédito. En ellas la performance y la sanción divergen. Al separar el hacer del reconocimiento del hacer, el modelo establece una distinción útil en las narrativas de legitimidad.

## Contraprogramas y el antagonista como sujeto

Las historias complejas contienen también programas incompatibles. Cuando un Sujeto intenta obtener un Objeto y otro intenta impedirlo hay un *contraprograma*. El Oponente, además de una propiedad estática, puede tener entonces su propio programa. La estructura sirve así para analizar conflictos simétricos. Para un ejército, conquistar una ciudad puede ser un programa de adquisición, mientras para quienes la defienden el programa principal es impedir esa conquista, de manera que una misma transformación recibe valores opuestos.

El análisis de los contraprogramas elimina una asimetría ingenua, la que hace del antagonista una fuerza narrativamente vacía. El antagonista puede ser Sujeto de su propio programa, con su Objeto, sus ayudantes, sus obstáculos y sus destinadores. Cambiar el punto de vista puede revelar una estructura completa, posibilidad de peso para las narraciones complejas y el análisis de conflictos sociales.

## Actores colectivos y actantes no humanos

Son actores posibles un Estado, una empresa, una familia, un equipo o una generación. Como el modelo no exige individuos, sirve para analizar narrativas históricas e institucionales. Esa abstracción tiene un riesgo, porque hablar de *la empresa quiere* o de *la sociedad busca* puede ocultar conflictos internos. El analista debe distinguir la utilidad narrativa de la afirmación ontológica. Una colectividad puede ocupar una posición actancial dentro de un discurso sin tener una mente unitaria.

Un objeto técnico puede ser Ayudante, una tormenta Oponente, una ley Destinador y una epidemia una fuerza de transformación. El modelo de Greimas describe funciones narrativas sin antropomorfizar necesariamente. Decir que la tormenta es Oponente equivale a describir su posición funcional respecto del programa, sin atribuirle la voluntad de obstaculizar, precisión que impide confundir la gramática narrativa con la psicología.

## Narración científica y narrativas clínicas

Un artículo científico admite una reconstrucción narrativa. Hay en él un problema, un equipo que busca una explicación, un método que hace posible obtener datos, limitaciones que obstaculizan y resultados que permiten o impiden alcanzar el Objeto cognitivo. Esa estructura indica que la comunicación científica puede organizarse mediante trayectorias de búsqueda y resolución, lo que no convierte a la ciencia en ficción. El análisis narrativo describe la forma discursiva y deja sin decidir la verdad de los resultados.

Una historia clínica puede organizar un episodio como programa. Cuando un paciente intenta volver a trabajar, el Objeto es recuperar una función, un tratamiento puede ocupar la posición de Ayudante, los síntomas la de Oponente y la familia posiciones cambiantes. El análisis puede servir para comprender cómo se narra la experiencia y no debe confundirse con un modelo causal del trastorno. Los actantes describen la narrativa sin probar mecanismos clínicos.

El uso clínico entraña un riesgo ético importante. Las narrativas clínicas pueden colocar al profesional como Sujeto principal y al paciente como Objeto de intervención o situar al paciente como Sujeto de un programa de recuperación y al equipo como Ayudante. Las dos estructuras producen imágenes diferentes de la agencia. El modelo actancial hace visible esa diferencia sin determinar cuál debe adoptarse, decisión que depende de objetivos clínicos, valores y hechos concretos.

## Periodismo político, publicidad y videojuegos

Una noticia puede presentar al gobierno como Sujeto, a la estabilidad como Objeto y a la oposición como Oponente. Otra fuente puede invertir la estructura y presentar a la ciudadanía como Sujeto, a los derechos como Objeto y al gobierno como Oponente. La distribución actancial es ya una forma de *framing*. Antes de evaluar los adjetivos ideológicos es posible examinar quién aparece como agente, quién como obstáculo y qué objeto se presenta investido de valor. El modelo es útil para estudiar esa arquitectura implícita de la narración política.

Un anuncio también puede construir programas narrativos mínimos, en los que el consumidor aparece como Sujeto, el bienestar, el atractivo o el reconocimiento como Objeto, el producto como Ayudante y un problema previo como Oponente. La marca es Destinador cuando define qué estado cuenta como deseable. La compra aparece entonces como un programa de adquisición y la estructura entera llega a comprimirse en segundos.

Los videojuegos hacen particularmente visible el programa narrativo. El jugador recibe misiones, necesita adquirir capacidades, obtiene objetos, enfrenta oponentes y recibe sanciones en forma de recompensas, puntuación o reconocimiento. La estructura de juego puede trasladarse directamente a programas narrativos. Aunque no todos los videojuegos cuentan historias complejas, su lógica de objetivos y transformaciones tiene una fuerte afinidad con la semiótica narrativa.

## Sistemas conversacionales y agentes artificiales

Un intercambio con un sistema artificial puede organizarse también como programa. El usuario busca obtener un resultado y el sistema ocupa la posición de Ayudante, mientras una restricción técnica puede ocupar la de Oponente y el archivo final la de Objeto. La representación sirve para analizar la interacción sin demostrar que el sistema tenga motivaciones propias. De nuevo, la función actancial no implica psicología.

Los sistemas autónomos hacen más interesante la distinción. Un agente computacional puede ejecutar acciones orientadas hacia metas definidas y aparecer narrativamente como Sujeto, aunque la cuestión de si tiene agencia en sentido filosófico es otra. El modelo actancial describe la organización funcional de una secuencia sin resolver la ontología del agente, separación que será importante en los textos posteriores dedicados a la interacción humano-IA.

## Usos mecánicos, psicología de personajes y causalidad

La popularidad del modelo ha producido usos mecánicos que consisten en tomar cualquier historia y tratar de llenar seis casillas, procedimiento que puede añadir muy poco. El modelo es útil cuando revela relaciones que no eran evidentes. Nada obliga a que cada actante tenga un actor distinto y hay relatos en que una posición queda vacía, varias se fusionan o coexisten múltiples programas. Ante una narración que se resista a la simplificación, el análisis no debe imponer una estructura más rígida que la de su objeto.

El modelo tampoco reemplaza la psicología narrativa. Situar a Hamlet en la posición de Sujeto deja sin explicar su ambivalencia, sus afectos y su desarrollo. Dos personajes con el mismo papel actancial pueden ser psicológicamente opuestos. El análisis actancial trabaja en otro nivel de abstracción y reduce los detalles precisamente para comparar estructuras, sin pretender una descripción exhaustiva.

Tampoco se trata de un modelo causal. Que un tratamiento aparezca como Ayudante en el relato de una persona no demuestra que haya causado la mejoría, ni la aparición de una institución como Oponente en un discurso demuestra que haya producido objetivamente el fracaso. El modelo reconstruye posiciones narrativas, en tanto que la causalidad requiere evidencia adicional.

## Universalidad, valor de la abstracción y procedimiento de análisis

La gramática narrativa muy general a la que aspiraba Greimas tropieza con varias dificultades. Las narraciones experimentales, fragmentarias o líricas pueden no organizarse claramente mediante programas de búsqueda, las tradiciones narrativas varían, la literatura moderna puede frustrar deliberadamente la teleología y hay relatos con múltiples sujetos incompatibles. El modelo rinde más como instrumento de análisis que como ley universal demostrada de toda narración.

Pese a esas limitaciones, la abstracción hace posible comparar narraciones superficialmente distintas, como una búsqueda de tesoro, una carrera profesional, una investigación científica o una campaña política, organizables todas como trayectorias de sujetos respecto de objetos de valor. El análisis identifica en ellas una forma relacional compartida sin afirmar que sean la misma cosa. Su utilidad depende de la pregunta que se quiera responder.

Un análisis actancial puede comenzar por identificar la transformación principal, lo que cambia entre el inicio y el final del relato. Después se identifica el Objeto de valor y el participante orientado hacia él ocupa la posición de Sujeto para ese programa. Luego se pregunta quién establece o legitima el valor y quién recibe el resultado. A continuación se identifican las condiciones que facilitan u obstaculizan la transformación y por último se comprueba si existen programas secundarios o contraprogramas. La estructura debe reconstruirse a partir del texto, sin imponerla desde una plantilla.

## Del modelo estático a la dinámica

El modelo actancial describe posiciones y el programa narrativo introduce la transformación. Queda por precisar cómo se formalizan esos cambios y en qué condiciones un Sujeto pasa de no poder hacer a poder hacer, de no saber a saber o de no tener a tener. Para ello la semiótica narrativa desarrolló una teoría de *estados*, *transformaciones* y *modalidades*, que el texto «Estados, transformaciones y modalidades en la semiótica narrativa» expone. La pregunta central dejará de ser solamente quién ocupa cada posición y pasará a ser qué relación cambia, qué modalidad organiza la competencia y cómo una secuencia narrativa transforma estados de valor.

## Referencias

Greimas, A. J. (1966). *Sémantique structurale: Recherche de méthode*. Larousse.

Greimas, A. J. (1970). *Du sens: Essais sémiotiques*. Éditions du Seuil.

Greimas, A. J. (1983). *Du sens II: Essais sémiotiques*. Éditions du Seuil.

Greimas, A. J., y Courtés, J. (1979). *Sémiotique: Dictionnaire raisonné de la théorie du langage*. Hachette.

Hénault, A. (1992). *Histoire de la sémiotique*. Presses Universitaires de France.

Propp, V. (1968). *Morphology of the folktale* (2.ª ed., L. Scott, Trad.). University of Texas Press. (Trabajo original publicado en 1928).

Ricoeur, P. (1984). *Time and narrative. Volume 1* (K. McLaughlin y D. Pellauer, Trads.). University of Chicago Press.

Schleifer, R. (1987). *A. J. Greimas and the nature of meaning: Linguistics, semiotics and discourse theory*. Croom Helm.

Tesnière, L. (1959). *Éléments de syntaxe structurale*. Klincksieck.

