# Valor y relaciones diferenciales

Si una lengua tuviera una palabra que significara exactamente lo mismo, se usara en exactamente los mismos contextos, admitiera las mismas combinaciones y mantuviera las mismas oposiciones que otra palabra, cabría preguntar si las dos seguirían siendo unidades distintas del sistema. La pregunta parece trivial, pero toca el núcleo de la concepción saussureana del valor. Una unidad lingüística se define por la asociación entre un significante y un significado y también por el lugar que ocupa respecto de las demás unidades.

El texto «Significante, significado y arbitrariedad» presentó el signo como una unidad de dos caras y examinó la arbitrariedad de la relación entre significante y significado. Ese análisis todavía podría sugerir que cada signo existe primero y luego entra en relación con otros. Saussure invierte el orden. En una lengua, las relaciones son constitutivas. Un signo es lo que es porque no coincide con otros signos, porque contrasta con ellos y porque puede combinarse con algunos en posiciones determinadas. El valor contribuye a determinar el significado desde su origen.

La tesis tiene una formulación fuerte en el *Cours de linguistique générale*. Según Saussure (1916), en la lengua solo hay diferencias conceptuales y diferencias fónicas surgidas del sistema, sin ideas ni sonidos preexistentes. Esa formulación deja en pie la existencia de objetos, experiencias y sonidos fuera del lenguaje. Afirma que las unidades lingüísticas no pueden identificarse mediante una propiedad positiva aislada que permanezca intacta con independencia de la red en la que funcionan.

## Significado y valor no son sinónimos

Saussure distingue el significado de un signo de su valor. La diferencia puede verse con términos que parecen equivalentes entre lenguas. El francés *mouton* y el inglés *sheep* pueden referirse al mismo tipo de animal. *Sheep*, en cambio, contrasta con *mutton*, que designa la carne del animal, mientras que en francés *mouton* nombra tradicionalmente tanto el animal como su carne. La referencia común no garantiza un valor idéntico, porque cada palabra ocupa una posición distinta dentro de su sistema léxico.

El ejemplo debe manejarse con cautela. Las lenguas modernas contienen variación, préstamos y usos especializados que vuelven menos nítidas las fronteras. La utilidad teórica del ejemplo, que no depende de que cada hablante haga exactamente la misma distinción, está en mostrar que dos expresiones pueden compartir una parte importante de su referencia y diferir en las oposiciones que organizan su uso.

El valor responde entonces a una pregunta relacional, la de qué alternativas excluye una unidad, con qué otras compite, qué combinaciones admite y qué distinciones vuelve disponibles. El significado responde a otra pregunta, la de qué contenido aporta la unidad. En Saussure, ambos niveles están estrechamente conectados. El contenido de una palabra no puede aislarse por completo de las diferencias que la separan de sus vecinas.

## El ejemplo monetario

Saussure comparó el valor lingüístico con el valor económico. Una moneda de cierto valor puede intercambiarse por una cantidad de bienes y, al mismo tiempo, compararse con otras monedas dentro del mismo sistema. Para determinar qué vale, no basta examinar el metal del que está hecha. Importan las relaciones de equivalencia y contraste que mantiene con otras unidades.

La analogía tiene dos caras. Por una parte, una palabra se relaciona con algo distinto de sí misma, como un concepto, de manera comparable a la relación entre una moneda y aquello que permite adquirir. Por otra, se relaciona con otras palabras de su propio sistema, como una moneda se compara con otras denominaciones. El valor lingüístico surge de ambas dimensiones.

La comparación muestra que una unidad puede tener identidad funcional sin que esa identidad dependa de una sustancia intrínseca. Que el lenguaje se parezca en esto a la moneda no lo convierte en un mercado ni implica que las palabras tengan un precio. Un billete de cierto valor puede cambiar de diseño y seguir ocupando la misma posición monetaria. Del mismo modo, una forma lingüística puede cambiar fonéticamente y mantener, durante algún tiempo, relaciones funcionales semejantes.

## Diferencias fónicas

La fonología es el caso más transparente. En español, /p/ y /b/ se distinguen porque existen pares como *pala* y *bala*. La diferencia acústica y articulatoria importa en la medida en que sostiene un contraste funcional. Una propiedad fonética que no permite distinguir unidades puede pertenecer a la variación alofónica sin dar lugar a una oposición fonémica.

El fonema no es por ello una entidad puramente negativa sin realización física, ya que sus realizaciones tienen propiedades acústicas y articulatorias observables. El punto estructural está en que ninguna propiedad física aislada determina por sí sola la identidad fonológica. La aspiración después de /p/ distingue palabras en algunas lenguas y no en otras. El mismo rasgo fonético adquiere valor distinto según el sistema de oposiciones en que participa.

La fonología estructural desarrolló esta intuición mediante el análisis de rasgos y oposiciones. Trubetzkoy (1939) estudió sistemas fonológicos en los que una unidad se define por las oposiciones que mantiene con otras. Jakobson, Fant y Halle (1952) formalizaron parte de estas relaciones mediante rasgos distintivos. La tradición posterior modificó profundamente el formalismo y conservó la idea de que el contraste es necesario para identificar unidades fonológicas.

## El valor no exige diferencias máximas

Dos unidades pueden diferir poco y tener valores claramente distintos. Las palabras *pero* y *perro* se distinguen por una oposición fonológica mínima en variedades que mantienen la diferencia entre vibrante simple y múltiple. Una diferencia articulatoria pequeña produce una diferencia funcional porque el sistema la explota.

También ocurre lo contrario. Dos realizaciones pueden diferir mucho físicamente y pertenecer a una misma categoría funcional si la lengua no usa esa diferencia para distinguir palabras en ese contexto. Para establecer el valor hay que observar las consecuencias de la diferencia dentro del sistema, porque la distancia física entre formas no basta para deducirlo.

Este principio se generaliza más allá de la fonología. Dos expresiones semánticamente cercanas pueden ocupar posiciones distintas si difieren en registro, combinatoria, distribución o implicaciones. *Fallecer* y *morir* se aproximan en contenido descriptivo, aunque no tienen idéntico valor estilístico. *Niño* y *menor* pueden referirse a personas de edades similares en ciertos contextos y pertenecen a repertorios discursivos diferentes.

## Diferencias conceptuales

La tesis de Saussure se aplica también al plano conceptual. Las categorías léxicas no son compartimentos naturales previamente dados que las lenguas se limiten a etiquetar. Una lengua recorta dominios conceptuales mediante distinciones que pueden no coincidir con las de otra.

Los términos de color son un ejemplo clásico, aunque deben tratarse con más precisión que en algunas versiones populares del relativismo lingüístico. Las lenguas difieren en sus inventarios y fronteras léxicas de color. Sus sistemas lingüísticos establecen categorías convencionales que segmentan de manera distinta un continuo perceptivo. Eso no implica que sus hablantes vean físicamente mundos incomparables. La percepción, la categorización, la memoria y el léxico interactúan sin ser idénticos.

Algo semejante ocurre con los términos de parentesco. Una lengua puede usar una forma para relaciones que otra divide en varias categorías, como distinguir de manera obligatoria entre parientes por línea materna y paterna. El dominio social existe con independencia del léxico, aunque la red de términos organiza qué contrastes están lexicalizados. El valor de una palabra de parentesco depende, por tanto, de las otras posiciones que el sistema mantiene separadas o fusionadas.

## La lengua como red de oposiciones

Si una unidad vale por diferencia, el sistema se parece a una red, en la que cada nodo mantiene relaciones con otros y parte de su identidad depende de esas relaciones. La imagen de un diccionario formado por entradas independientes resulta inadecuada para describirlo.

La metáfora de la red tiene límites. Una lengua contiene variación, ambigüedad, polisemia, cambio y diferencias entre hablantes. No puede tratarse como una matriz estática perfectamente cerrada. La idea estructural sigue siendo útil si se entiende como una restricción metodológica según la cual, para comprender una unidad, hay que estudiar el conjunto de contrastes y combinaciones que la hacen funcionar.

Una palabra como *alto* se interpreta respecto de alternativas como *bajo*, *mediano*, *muy alto* o *demasiado alto*, según el sistema y el contexto. Su valor puede depender de una escala y de expresiones graduales, además de un antónimo binario. El sustantivo *doctor* contrasta con *paciente*, *enfermero*, *residente*, *estudiante* y otras categorías dentro de prácticas institucionales. Parte de su valor social surge de esa red de roles.

## Relaciones sintagmáticas

Saussure distinguió relaciones que ocurren en la cadena del discurso de relaciones que conectan unidades ausentes pero disponibles como alternativas. Las primeras se llamaron sintagmáticas. Una palabra aparece junto a otras y su función depende de esas combinaciones. En *la casa blanca*, *blanca* se combina con *casa* dentro de un sintagma nominal y su forma femenina singular está condicionada por la concordancia. En *las casas blancas*, varias propiedades cambian coordinadamente. El valor gramatical de cada forma se reconoce en parte por su posición y por las restricciones que mantiene con las demás.

Las relaciones sintagmáticas son distintas de las simples asociaciones frecuentes. Una secuencia puede ser improbable y gramatical, o frecuente por razones extralingüísticas. El análisis busca relaciones estructurales que permitan explicar cómo se forman unidades mayores y qué dependencias existen entre sus componentes.

La idea anticipa desarrollos posteriores de la sintaxis estructural y la lingüística distribucional. Aunque Saussure no formuló una gramática generativa ni una teoría moderna de dependencias, su distinción proporcionó un vocabulario general para separar las relaciones de presencia en la cadena de las relaciones de alternativa.

## Relaciones asociativas y paradigmáticas

Las segundas relaciones conectan una unidad con otras que podrían ocupar posiciones semejantes o que se asocian por la forma o por el contenido. Saussure habló de relaciones asociativas. La tradición estructuralista posterior, desde Hjelmslev (1943), generalizó el término *paradigmáticas* para las relaciones entre alternativas que compiten por una posición.

En *La niña canta*, el sujeto podría reemplazarse por *el niño*, *Marta*, *mi vecina* o *la profesora*. Estas expresiones no están presentes al mismo tiempo en la oración, pero forman parte de un espacio de alternativas. Del mismo modo, *canta* puede contrastar con *baila*, *duerme*, *estudia* o con formas flexivas como *cantó* y *cantará*.

El eje paradigmático define una dimensión de selección y el sintagmático, una de combinación. Jakobson (1956) convirtió más tarde esta oposición en un principio amplio para pensar el lenguaje e incluso la metáfora y la metonimia. Esa extensión se estudiará en el texto «Funciones, selección y combinación en Jakobson». Por ahora importa la idea básica de que una unidad adquiere valor por lo que puede reemplazar y por aquello con lo que puede combinarse.

## Sustitución y contraste

El reemplazo es una prueba de contraste. Si cambiar una unidad por otra produce una diferencia sistemática de significado o función, existe un contraste relevante. *El gato duerme* y *El perro duerme* difieren en una posición. La sustitución permite localizar el efecto de esa diferencia.

En fonología, esta lógica aparece en los pares mínimos. En morfología, la sustitución de un morfema permite identificar contrastes de número, tiempo o persona. En sintaxis, cambiar un constituyente puede mostrar qué categorías comparten una posición. En semántica, comparar expresiones cercanas ayuda a reconstruir redes de oposición.

La prueba no es infalible. Dos formas pueden aparecer en la misma posición y diferir en registro, frecuencia o condiciones pragmáticas. Una sustitución puede alterar varias dimensiones a la vez. El análisis estructural requiere, por eso, series de contrastes que vayan más allá de un único ejemplo. El texto «Distribución, conmutación y unidades» convertirá estas intuiciones en procedimientos más explícitos de distribución y conmutación.

## El valor gramatical

Las oposiciones gramaticales son otro ejemplo. En español, cada una de las formas *canto*, *canté* y *cantaré* obtiene parte de su valor por las relaciones que mantiene con el resto del paradigma verbal. Describirlas simplemente como tres tiempos absolutos independientes sería inexacto. El sistema distribuye persona, número, tiempo, aspecto y modo mediante oposiciones que interactúan.

Una forma puede desaparecer y alterar el valor de las restantes. Si dos categorías antes distintas se fusionan, el sistema redistribuye las funciones. El cambio lingüístico puede modificar relaciones además de piezas individuales. El texto «Sincronía, diacronía y transformación del sistema» retoma este punto.

El valor gramatical tampoco coincide necesariamente con una propiedad del mundo. El plural gramatical no siempre equivale simplemente a «más de uno». Las lenguas pueden marcar dual, paucal o plural y pueden usar formas plurales con valores honoríficos o genéricos. El sistema gramatical organiza posibilidades de expresión que no se deducen directamente de la ontología.

## Campos léxicos y estructuración del vocabulario

La noción de valor influyó en teorías de campos léxicos. Trier (1931) sostuvo que un dominio conceptual puede organizarse como un campo en el que los términos se delimitan mutuamente. Si cambia una parte del campo, pueden cambiar los valores de otras unidades.

Las versiones fuertes de esta idea recibieron críticas (Lyons, 1977), porque el léxico no forma campos cerrados y perfectamente exhaustivos. Una palabra participa en varias redes, admite polisemia y puede cambiar de significado según el contexto. Aun así, estudiar dominios relacionales sigue siendo útil. Los verbos de movimiento, los términos de parentesco, las emociones, los colores o las categorías de evaluación muestran estructuras internas que no pueden describirse como listas de definiciones aisladas.

La semántica estructural desarrolló herramientas para representar contrastes mediante rasgos o componentes. *Hombre*, *mujer*, *niño* y *niña* pueden analizarse con rasgos relativos a edad y sexo en un esquema simplificado. El procedimiento ayuda a explicitar oposiciones, pero se vuelve insuficiente cuando las categorías son graduadas, prototípicas, contextuales o culturalmente complejas. El valor diferencial no obliga a reducir toda la semántica a matrices binarias.

## Oposición y marcación

Las oposiciones no siempre son simétricas. En muchos sistemas, una unidad es el miembro no marcado y otra el marcado. El miembro no marcado puede tener una distribución más amplia o servir para referirse al conjunto en ciertos contextos. El Círculo de Praga desarrolló esta idea, que se tratará con detalle en el texto «Función, oposición y marcación en el Círculo de Praga».

Por ahora basta observar que diferencia no implica equivalencia estructural. Dos unidades que contrastan pueden ocupar posiciones desiguales. Una oposición como singular/plural puede comportarse de manera distinta de una oposición entre dos categorías léxicas igualmente específicas. El análisis del valor necesita describir la forma concreta de cada relación, sin asumir que todo contraste es binario, exhaustivo y simétrico.

## Valor, referencia y mundo

Una lectura extrema del estructuralismo podría concluir que, si el significado depende de diferencias internas, el mundo deja de importar. La conclusión es demasiado fuerte. Las expresiones se usan para hablar de objetos, eventos, propiedades y relaciones. La referencia y la experiencia les imponen restricciones. Lo que el estructuralismo afirma es que la identidad lingüística de las unidades no se deriva únicamente de esas restricciones externas.

*Agua* refiere a una sustancia del mundo y ocupa, al mismo tiempo, un lugar dentro de una red léxica con *líquido*, *bebida*, *hielo*, *vapor*, *mar* y muchas otras expresiones. Las teorías externalistas del significado insisten en que el entorno participa en la fijación de la referencia. La teoría del valor recuerda que un término también opera dentro de un sistema lingüístico. Las dos dimensiones pueden coexistir.

Esto permite evitar la falsa alternativa entre significado puramente interno y referencia puramente externa. Una teoría completa puede distinguir la estructura relacional del léxico, las condiciones de referencia, el conocimiento conceptual, la pragmática y las prácticas sociales.

## Valor y traducción

La traducción muestra de manera especialmente clara que la equivalencia palabra por palabra es limitada. Dos términos pueden compartir una traducción aproximada y diferir en sus redes de oposición. Traducir *home* por *casa* funciona en algunos contextos y falla en otros, porque el inglés distingue *house* y *home* de una manera que no coincide exactamente con el español.

La traducción sigue siendo posible, aunque exige abandonar la idea de equivalencias léxicas perfectas. El traductor reconstruye funciones dentro de un contexto y busca recursos que preserven el contraste pertinente. Una misma palabra puede necesitar traducciones diferentes según la oposición que se active. La noción de valor explica por qué los diccionarios bilingües dan listas de equivalentes acompañadas de ejemplos, marcas de registro y restricciones.

## Valor y polisemia

Una palabra polisémica ocupa varias configuraciones relacionales. *Banco* puede designar una institución financiera o un asiento. Cada lectura activa vecinos distintos. En el primer caso aparecen *cuenta*, *crédito*, *depósito*. En el segundo, *silla*, *asiento*, *plaza*. La forma es la misma y el valor cambia con la red interpretativa.

El ejemplo muestra que la unidad relevante no siempre coincide con la palabra gráfica. Un análisis estructural debe decidir si está describiendo una forma, un lexema, un sentido o una construcción. La polisemia introduce una complejidad que las formulaciones simples de la lengua como sistema de signos no siempre hacen visible. Los hablantes resuelven estas lecturas mediante la composición, el contexto y el conocimiento del mundo. El sistema pone a disposición posibilidades y el uso selecciona una. La teoría del valor necesita integrarse con la pragmática y con una teoría de la representación conceptual.

## La diferencia no es ausencia de contenido

Que una unidad se defina diferencialmente es compatible con que tenga propiedades positivas. Un fonema tiene realizaciones fonéticas. Una palabra tiene una forma, una historia de uso, asociaciones, referentes y posibilidades combinatorias. La tesis de la diferencia indica que ninguna de esas propiedades basta de manera aislada para explicar su identidad lingüística.

La expresión «diferencias sin términos positivos» debe entenderse dentro de ese argumento. Saussure quiere impedir que se imagine una lengua como una lista de conceptos preformados emparejados con sonidos preformados. Una vez constituido el signo, este es para los hablantes una unidad positiva. La negatividad relacional explica su constitución dentro del sistema y no implica que el habla carezca de unidades reconocibles. Esta precisión evita convertir el estructuralismo en una metafísica según la cual nada existe salvo diferencias. Saussure formulaba una teoría del sistema lingüístico. Las extrapolaciones ontológicas posteriores pertenecen a otros proyectos.

## Diferencia y estructuralismo

La idea de que una entidad se define por sus relaciones está en la base del estructuralismo del siglo XX. En antropología, Lévi-Strauss buscó estructuras de oposición en sistemas de parentesco y mitos. En teoría literaria y semiótica, los textos se analizaron como sistemas de relaciones internas. El método fue productivo y generó también excesos.

Una búsqueda demasiado rígida de oposiciones binarias puede imponer sobre los datos una estructura que no existe. Las categorías pueden ser graduales, superpuestas o multidimensionales. Las redes pueden cambiar entre hablantes y situaciones. La estructura solo debe postularse después de examinar la evidencia. La lección metodológica más sólida es más modesta y consiste en reconocer que describir una unidad exige identificar sus relaciones pertinentes. El análisis relacional puede coexistir con la historia, la variación, la cognición y la materialidad.

## Valor social e indexicalidad

Las formas lingüísticas también adquieren valores sociales por contraste. Una variante puede señalar formalidad porque existen alternativas menos formales. *Usted* puede expresar deferencia, distancia o ironía según la relación y según las formas disponibles en la comunidad. Su valor social no reside en el pronombre considerado de manera aislada.

La sociolingüística posterior mostró que estas relaciones son variables y dinámicas. Una pronunciación, una palabra o una construcción puede indexar región, edad, clase, estilo o postura. Eckert (2008) describió estos significados sociales como parte de campos indexicales, conjuntos de valores potenciales que se actualizan en prácticas concretas. La idea prolonga el principio diferencial sin reducir la sociolingüística a Saussure. El valor social depende de oposiciones disponibles dentro de un repertorio. Elegir una forma hace visibles, al menos potencialmente, las formas que no se eligieron.

## Una nota clínica como sistema de contrastes

En documentación clínica, *refiere*, *niega*, *describe*, *se observa*, *se infiere* y *se concluye* no son intercambiables. Cada verbo sitúa la fuente y el compromiso epistémico de una manera diferente. Su valor aparece por contraste con los demás.

*Paciente refiere escuchar su nombre* atribuye el contenido al paciente. *Se observa que escucha su nombre* sería inadecuado si la experiencia no es observable desde fuera. *Presenta alucinaciones auditivas* introduce una categorización clínica adicional. Las expresiones pueden apuntar al mismo episodio y ocupar posiciones inferenciales distintas.

El análisis diferencial ayuda a entender por qué una elección léxica modifica el documento. Que varias frases «quieran decir casi lo mismo» no basta, porque importa qué alternativas excluyen, qué fuente atribuyen y qué consecuencias autorizan. La precisión documental depende en parte de conservar estos valores contrastivos.

## Categorías diagnósticas y redes de oposición

Las categorías clínicas también funcionan dentro de sistemas. *Delirio*, *idea sobrevalorada*, *obsesión*, *rumiación* y *preocupación* no se definen de manera independiente. Parte de su utilidad proviene de las distinciones que permiten establecer entre fenómenos con grados distintos de convicción, intrusividad, resistencia, plausibilidad y relación con la identidad.

Esto no implica que los diagnósticos sean solo efectos de diferencias lingüísticas. Las categorías buscan describir fenómenos clínicos y deben responder a evidencia empírica. La noción de valor ayuda a estudiar la arquitectura conceptual del vocabulario y no permite demostrar la realidad o irrealidad de aquello que ese vocabulario clasifica.

Si una clasificación modifica una frontera, las categorías vecinas también pueden cambiar de alcance. Este efecto es análogo al de un sistema léxico y muestra por qué las revisiones nosológicas no son simples cambios de nombres.

## Diferencia y modelos distribucionales

Los modelos distribucionales contemporáneos representan palabras mediante patrones derivados de los contextos en los que aparecen. En una formulación clásica, una palabra se conoce en parte por la compañía que mantiene (Firth, 1957). Los *embeddings* modernos codifican relaciones distribucionales en espacios vectoriales.

La semejanza con Saussure es tentadora. En ambos casos, la representación de una unidad depende de relaciones con otras. La equivalencia sería, sin embargo, incorrecta. Saussure describe un sistema semiótico social y normativo. Un *embedding* es una representación matemática aprendida a partir de datos. La distancia vectorial captura regularidades de coocurrencia y no equivale al valor lingüístico completo.

La comparación es una analogía controlada. Muestra que un sistema puede representar propiedades sin asignar a cada unidad una definición independiente. No demuestra que los modelos distribucionales realicen una teoría saussureana ni que la semántica humana sea reducible a estadísticas de corpus.

## El problema de la estabilidad

Si el valor depende de relaciones, cualquier cambio en una relación podría parecer capaz de alterar todo el sistema. Una versión extrema conduciría a un holismo en el que modificar una palabra cambia el significado de todas las demás. Las lenguas reales muestran más estabilidad.

Las redes son densas y locales a la vez. Una innovación puede reorganizar un pequeño campo sin afectar el resto de la lengua. Un cambio fonológico puede modificar oposiciones en una zona del sistema y dejar intactas otras. La dependencia relacional no implica que cada unidad dependa con la misma fuerza de todas las demás.

Esta observación obliga a abandonar la imagen de un sistema perfectamente cerrado y homogéneo. Las estructuras pueden ser modulares, parcialmente redundantes y variables. La lengua mantiene suficiente estabilidad para que los hablantes se entiendan mientras cambia de manera continua.

## De la estructura a la historia

La noción de valor parece empujar hacia una fotografía del sistema. Para describir lo que una unidad vale hay que reconstruir las relaciones que mantiene en un momento determinado. Saussure llamó sincrónico a este punto de vista. El análisis histórico pregunta cómo surgieron esas relaciones y cómo se transformaron.

La separación es metodológica y no afirma que una lengua esté detenida. Todo estado sincrónico contiene variación y hereda una historia (Coseriu, 1958). La pregunta es qué tipo de explicación se busca. Decir que una palabra tiene cierto valor porque hoy contrasta con otras unidades es una explicación sincrónica. Explicar cómo llegó a ocupar esa posición exige una historia.

La relación entre estas perspectivas es el tema del texto «Sincronía, diacronía y transformación del sistema». Allí se examinará por qué Saussure insistió en distinguir sincronía y diacronía, cómo un cambio particular reorganiza un sistema y por qué la lingüística posterior tuvo que integrar de nuevo la variación y el cambio dentro de la estructura.

## Referencias

Coseriu, E. (1958). *Sincronía, diacronía e historia: El problema del cambio lingüístico*. Universidad de la República.

Eckert, P. (2008). Variation and the indexical field. *Journal of Sociolinguistics*, *12*(4), 453–476.

Firth, J. R. (1957). A synopsis of linguistic theory, 1930–1955. En *Studies in linguistic analysis* (pp. 1–32). Blackwell.

Hjelmslev, L. (1943). *Omkring sprogteoriens grundlæggelse*. Ejnar Munksgaard.

Jakobson, R. (1956). Two aspects of language and two types of aphasic disturbances. En R. Jakobson y M. Halle, *Fundamentals of language* (pp. 55–82). Mouton.

Jakobson, R., Fant, C. G. M., y Halle, M. (1952). *Preliminaries to speech analysis: The distinctive features and their correlates*. MIT Press.

Lyons, J. (1977). *Semantics*. Cambridge University Press.

Saussure, F. de. (1916). *Cours de linguistique générale* (C. Bally y A. Sechehaye, Eds.). Payot.

Trier, J. (1931). *Der deutsche Wortschatz im Sinnbezirk des Verstandes*. Winter.

Trubetzkoy, N. S. (1939). *Grundzüge der Phonologie*. Travaux du Cercle Linguistique de Prague.

