LS-005 / Fundamentos del lenguaje

Niveles de análisis lingüístico

Ver secciones del texto
  1. Por qué la lingüística divide el lenguaje en niveles
  2. Una arquitectura analítica
  3. Fonética
  4. Fonología
  5. Morfología
  6. Sintaxis
  7. Semántica
  8. Pragmática
  9. Discurso e interacción
  10. Interfaces entre niveles
  11. Un enunciado analizado en varios niveles
  12. Niveles de análisis y psicopatología
  13. Niveles de análisis y escritura científica
  14. Niveles de análisis y sistemas de IA
  15. Cómo localizar un fenómeno lingüístico
  16. Utilidad de las fronteras entre niveles
  17. Síntesis
  18. Referencias

DESARROLLO COMPLETO · BIBLIOGRAFÍA INCLUIDA

Por qué la lingüística divide el lenguaje en niveles

En la experiencia cotidiana, hablar y comprender parecen un solo fenómeno. El análisis lingüístico muestra, sin embargo, que esa conducta depende de varios sistemas parcialmente diferenciables. Intervienen la producción y la percepción de sonidos, la organización de unidades contrastivas, la estructura interna de las palabras, su combinación en construcciones, la composición del significado y la interpretación situada. Las introducciones generales a la lingüística organizan ese campo en niveles (Fromkin et al., 2018; Yule, 2020).

La división tradicional entre fonética, fonología, morfología, sintaxis, semántica y pragmática es una estrategia analítica. Cada nivel delimita preguntas, unidades y métodos propios, aunque los fenómenos reales suelen atravesar más de uno.

La distinción importa porque muchos errores aparecen cuando una observación hecha en un nivel se interpreta como si perteneciera a otro. Una pronunciación atípica puede confundirse con un problema léxico. Una expresión semánticamente extraña puede tener una sintaxis bien formada. Una frase puede ser gramatical y literalmente clara y resultar, pese a ello, pragmáticamente inadecuada. La dificultad para comprender una instrucción, por último, puede deberse a la audición, a la sintaxis, al vocabulario, a la atención, al conocimiento previo o al contexto de la interacción. Por eso, ante un fenómeno lingüístico, la pregunta útil es qué componente de la conducta se está describiendo, qué evidencia permite situarlo en un nivel y qué otras explicaciones siguen abiertas. Esta lectura presenta los principales niveles y, sobre todo, las relaciones y los límites entre ellos.

Una arquitectura analítica

La secuencia que va de la fonética a la pragmática puede sugerir una escalera en la que cada nivel se construye sobre el anterior. La realidad es más compleja. La fonética influye en la identificación fonológica, aunque el conocimiento fonológico también condiciona la percepción de sonidos ambiguos. La morfología interactúa con la sintaxis, la sintaxis condiciona las interpretaciones semánticas y la pragmática puede decidir cuál de varias interpretaciones se selecciona. El contexto llega a afectar incluso la percepción de una palabra acústicamente degradada. La separación entre niveles es, por tanto, analítica. Los procesos reales se influyen en ambas direcciones.

Tampoco puede suponerse que cada nivel corresponda a un módulo cerebral independiente. Algunas teorías cognitivas, a partir de Fodor (1983), han defendido grados de modularidad, mientras otras proponen sistemas más interactivos. La división lingüística no decide por sí sola ese debate. Un mismo enunciado admite, en cambio, descripciones en varios niveles.

(1) No vino nadie.

Puede estudiarse la realización acústica de (1), los fonemas que la componen, la estructura morfológica de vino, la sintaxis de la negación, el significado composicional y el uso que se hace de la oración en un contexto dado. Cada análisis responde a una pregunta diferente sobre el mismo enunciado.

Fonética

La fonética estudia los sonidos del habla desde perspectivas físicas y fisiológicas (Ladefoged y Johnson, 2015). Suele dividirse en tres áreas. La fonética articulatoria examina cómo se producen los sonidos mediante movimientos y configuraciones del aparato vocal; la acústica estudia las propiedades físicas de la señal sonora; la perceptiva investiga cómo el sistema auditivo y cognitivo procesa esas señales. Las tres áreas están relacionadas; ninguna equivale a las otras. Dos configuraciones articulatorias diferentes pueden producir sonidos acústicamente parecidos. La percepción humana, por su parte, no reproduce pasivamente la señal, porque categoriza y se apoya en el contexto y en expectativas lingüísticas. La fonética es, por eso, un punto de contacto entre la lingüística, la fisiología, la acústica, la psicología y la neurociencia.

El habla comienza con un flujo de aire, casi siempre procedente de los pulmones, que se modifica en distintas partes del tracto vocal, como la laringe con los pliegues vocales, la faringe, la lengua, los labios, los dientes, los alvéolos, el paladar duro y el velo del paladar. Las consonantes se describen según tres parámetros. El lugar de articulación indica dónde se produce la constricción principal, que puede ser bilabial, dental, alveolar, palatal o velar. El modo indica cómo se modifica el flujo de aire, sea de manera oclusiva, fricativa, nasal, lateral o aproximante. La sonoridad depende de que vibren o no los pliegues vocales. Así, /p/ es bilabial, oclusiva y sorda. Las lecturas LS-007 y LS-008 desarrollan estas dimensiones con detalle.

La descripción articulatoria permite comparar sonidos con independencia de la ortografía, que no debe confundirse con ellos. En español, la letra c corresponde a sonidos distintos en casa y en cena, mientras que el fonema /b/ se escribe con b en bello y con v en vello, palabras que casi todos los hablantes pronuncian igual. Para representar los sonidos sin la mediación de la ortografía se usa el Alfabeto Fonético Internacional (AFI).

La fonética acústica analiza la onda sonora según su frecuencia, amplitud, duración y espectro. La frecuencia fundamental, relacionada con la tasa de vibración de los pliegues vocales, participa en la percepción de la altura tonal. Los formantes son concentraciones de energía asociadas a las resonancias del tracto vocal y permiten caracterizar las vocales. La intensidad se relaciona con la amplitud de la señal, aunque la percepción del volumen depende de otros factores. La duración permite estudiar segmentos, pausas, ritmo y velocidad del habla. Un espectrograma muestra cómo se distribuye la energía acústica en el tiempo y en las frecuencias.

Estas mediciones permiten reemplazar descripciones vagas por variables observables. Decir que un paciente «habla muy raro» informa poco; su velocidad silábica, la duración de sus pausas, su frecuencia fundamental o su variabilidad prosódica pueden, en cambio, medirse. Medir una variable no equivale, sin embargo, a explicar su significado clínico. Una frecuencia fundamental reducida es una propiedad de la señal que puede asociarse a múltiples estados y características individuales. Tratarla como una medida acústica de la depresión sería un error.

Fonología

La fonología estudia cómo las lenguas organizan los sonidos para establecer contrastes y patrones (Gussenhoven y Jacobs, 2017). La fonética pregunta qué sonidos se producen y qué propiedades tienen; la fonología, cómo funcionan esos sonidos dentro de una lengua. Una diferencia acústica puede ser perceptible sin ser contrastiva. El concepto de fonema intenta captar esa dimensión funcional. El par pala y bala muestra que /p/ y /b/ distinguen palabras en español y son, por tanto, unidades contrastivas. Un mismo fonema puede tener, sin embargo, realizaciones distintas según el contexto, llamadas alófonos. La /n/ de un, por ejemplo, se pronuncia [m] en un peso y [ŋ] en un gato, sin que esas diferencias distingan palabras. La relación entre fonema y alófono muestra que la fonología introduce una abstracción sobre la variación física.

El par mínimo es el procedimiento tradicional para identificar contrastes. Dos palabras forman un par mínimo cuando difieren en una sola unidad sonora y tienen significados diferentes. Casa y caza lo forman en las variedades que distinguen /s/ y /θ/, como la de Madrid, aunque no en las variedades seseantes, entre ellas el español de Chile. La organización fonológica depende, así, de la lengua y de la variedad. Otro criterio es la distribución. Si dos sonidos aparecen sistemáticamente en contextos diferentes y no distinguen significados, pueden analizarse como realizaciones de una misma unidad. La fonología trabaja, por tanto, con relaciones de contraste, de distribución y de representación. Oír que dos sonidos son diferentes no basta.

La fonología estudia también propiedades suprasegmentales como el acento, el tono, la entonación, la estructura silábica y el ritmo. En las lenguas tonales, el tono distingue palabras; en mandarín, 'madre' y 'caballo' difieren solo por su contorno tonal. En español, la posición del acento es contrastiva, como muestran término, termino y terminó. La entonación contribuye a distinguir tipos de enunciado, de modo que «¿Vienes?» y «Vienes» comparten las palabras y difieren en su estructura prosódica. La entonación interactúa, con todo, con la pragmática y el contexto. No existe una correspondencia simple y universal entre contorno tonal y significado interpersonal.

Morfología

La morfología estudia cómo se organizan las palabras y qué unidades participan en su formación (Haspelmath y Sims, 2010; Varela Ortega, 2005). Su unidad tradicional es el morfema, entendido como la unidad mínima con significado o función gramatical. En niñas pueden distinguirse niñ-, -a y -s. La segmentación ilustra el paradigma de niño, niña, niños y niñas, aunque no autoriza a interpretar toda -a final como marca de femenino ni toda -o como marca de masculino. Mapa es masculino y mano, femenino, lo que obliga a distinguir la clase flexiva, la terminación y el género. Antes de segmentar hay que comparar paradigmas y concordancias.

Muchos significados gramaticales, además, no corresponden a segmentos separables. En cantó, la terminación expresa a la vez persona, número, tiempo, aspecto y modo. El verbo ir recurre a la supleción, con raíces distintas en voy, fui e iba. Algunos plurales no tienen marca, como en la crisis y las crisis. Ciertos verbos, por último, alternan la vocal de la raíz, como pedir frente a pido. La morfología explica, por eso, correspondencias sistemáticas entre forma, función y paradigma, algo que va mucho más allá de dividir palabras en pedazos.

Una distinción clásica separa la flexión de la derivación (Real Academia Española [RAE] y Asociación de Academias de la Lengua Española [ASALE], 2009). La flexión expresa propiedades gramaticales dentro de un paradigma, como en canto, cantaba y cantaremos, donde la raíz se mantiene y las formas expresan persona, número, tiempo, modo o aspecto. La derivación crea nuevas unidades léxicas, como la serie nación, nacional, nacionalizar y nacionalización. La distinción no es absoluta en todas las lenguas ni en todas las teorías, aunque es útil en el análisis. La composición, por su parte, forma palabras como psicofarmacología, neurodesarrollo o guardapolvo. Estos procesos muestran que el léxico es una lista abierta, porque las lenguas disponen de mecanismos productivos para formar palabras nuevas.

La morfología adquiere relevancia clínica cuando una persona produce neologismos, errores flexivos o formas derivadas inusuales. Hay que distinguir, sin embargo, la innovación lingüística de la patología. La lengua cotidiana crea palabras constantemente. Una expresión nueva puede ser creativa, humorística, técnica, regional o generacional. Que una palabra no figure en el diccionario no basta para considerarla un neologismo clínicamente relevante. Importan su contexto, su inteligibilidad, su función, su frecuencia y su relación con otros fenómenos. La morfología describe la forma; el diagnóstico requiere información adicional.

Sintaxis

La sintaxis estudia cómo se combinan las unidades para formar estructuras mayores (Huddleston y Pullum, 2002; Radford, 2009; RAE y ASALE, 2009). Su objeto va más allá del orden lineal, porque las oraciones tienen organización jerárquica. En «El médico entrevistó al paciente» pueden identificarse un grupo nominal sujeto, un verbo y un complemento, aunque la oración contiene además grupos internos, que pueden representarse con corchetes.

(2) [El médico] [entrevistó [al paciente]]

Esta organización explica fenómenos que una cadena puramente lineal no captura. Un constituyente es un grupo de elementos que funciona como unidad dentro de una estructura. Se identifica mediante pruebas de sustitución, desplazamiento, coordinación o elipsis. Si en «La médica joven entrevistó al paciente» se sustituye la médica joven por ella, la oración sigue siendo gramatical, lo que indica que esas tres palabras forman una unidad. Ninguna prueba es infalible por sí sola. La identificación de constituyentes descansa en la convergencia de varios diagnósticos, lo que ilustra un rasgo del método lingüístico, el de justificar categorías que no se observan directamente mediante patrones que sí se observan.

La gramaticalidad y la aceptabilidad deben distinguirse. Una oración puede ser gramatical y resultar difícil de procesar, o ser estructuralmente interpretable y extraña desde el punto de vista pragmático. La aceptabilidad depende de la gramática, aunque también de la frecuencia, la memoria, el contexto y la complejidad, por lo que las intuiciones de los hablantes necesitan controles metodológicos cuando se usan como datos científicos (Schütze, 1996). El texto LS-001 examinó la fiabilidad de esos juicios. En psicopatología la distinción tiene una consecuencia directa. Una frase extraña puede ser perfectamente gramatical, mientras que una frase agramatical no implica por sí sola desorganización del pensamiento.

(3) Mi vecino controla mis pensamientos mediante la antena.

(4) Vecino pensamiento antena yo control porque entonces.

La oración (3) está sintácticamente bien formada. Su contenido puede ser clínicamente relevante sin que la sintaxis esté desorganizada. En (4), en cambio, las relaciones gramaticales son difíciles de reconstruir y la producción es fragmentaria. Hay que distinguir, por tanto, el contenido delirante, la incoherencia semántica, la alteración sintáctica, la fragmentación del habla por ansiedad, la barrera idiomática y la afasia, que producen impresiones clínicas diferentes y que la lingüística permite describir con más precisión.

Semántica

La semántica estudia los aspectos sistemáticos del significado codificado lingüísticamente, como el significado léxico, la referencia, la composición, la ambigüedad, la cuantificación, el tiempo y la modalidad (Cruse, 2011; Saeed, 2016). Una distinción inicial separa el significado de una expresión del objeto al que puede referirse. Frege (1892) la ilustró con dos expresiones de sentido distinto, el lucero de la mañana y el lucero de la tarde, que se refieren al mismo astro, el planeta Venus. A la inversa, presidente mantiene un significado relativamente estable y se refiere a personas distintas según el país y el momento. La semántica debe explicar cómo una expresión conserva propiedades de significado mientras cambia su referente.

El estudio del léxico examina relaciones como la sinonimia, la antonimia, la hiponimia y la meronimia. La sinonimia absoluta es rara, porque términos como comenzar y empezar pueden diferir en registro, distribución o connotación. La antonimia puede ser complementaria, como entre vivo y muerto, o gradual, como entre caliente y frío. La hiponimia es la relación que une perro con animal; la meronimia, la que une rueda con automóvil. Una asociación temática es distinta de estas relaciones. Depresión y sueño aparecen a menudo juntos en el discurso clínico sin ser sinónimos, antónimos ni hipónimos uno del otro.

El principio de composicionalidad sostiene que el significado de una expresión compleja depende de los significados de sus componentes y de la manera en que se combinan. «El perro mordió al hombre» y «El hombre mordió al perro» tienen las mismas palabras y significados diferentes, porque la estructura cambia. La semántica composicional formaliza cómo las estructuras sintácticas contribuyen a construir significados complejos, lo que muestra que sintaxis y semántica no pueden estudiarse aisladas.

Una expresión puede, además, tener más de una interpretación. «Vi al hombre con el telescopio» puede significar que el telescopio se usó para ver al hombre o que el hombre lo llevaba consigo. Esta ambigüedad es estructural, porque depende del constituyente al que se une con el telescopio. Otras ambigüedades son léxicas. Llama puede designar un animal o el fuego, dos palabras que coinciden en la forma y tienen orígenes distintos. Distinguir los tipos de ambigüedad es necesario en la escritura científica, porque muchos argumentos defectuosos cambian en silencio el sentido de una palabra entre las premisas y la conclusión.

Pragmática

La pragmática estudia cómo participa el contexto en la interpretación y qué acciones se realizan mediante el lenguaje (Levinson, 1983). Una pregunta como «¿Puede pasarme la sal?» interroga, en su forma, por una capacidad. En la mesa funciona como una petición. Responder «sí» sin pasarla sería una broma o una descortesía. Searle (1975) analizó estos actos de habla indirectos. La pragmática dispone de teorías sistemáticas sobre los actos de habla, las implicaturas, las presuposiciones, la deixis y el conocimiento compartido. Sería inexacto definirla como el resto de lo que la semántica no explica. La semántica, por su parte, también estudia formas sistemáticas de dependencia del contexto, como las de los indexicales yo, aquí o ahora.

La frontera entre ambas disciplinas es discutida. En «Todos llegaron», todos no abarca a todas las personas del universo, porque el contexto restringe el dominio de cuantificación. Si esa restricción pertenece a la semántica o a la pragmática es algo que las teorías resuelven de manera distinta. En «Juan y María tuvieron un hijo y se casaron», muchos oyentes infieren que el hijo nació antes del matrimonio, aunque la conjunción y no siempre codifica orden temporal. Esa secuencia puede surgir de una inferencia pragmática. Dónde termina el contenido codificado y dónde comienza el inferido es una de las cuestiones más debatidas de la teoría del significado.

Discurso e interacción

Muchas propiedades del lenguaje solo aparecen en secuencias mayores que la oración. El análisis del discurso estudia fenómenos como la cohesión, la coherencia, la estructura informativa, la referencia entre oraciones, la progresión temática, los géneros y la organización narrativa.

(5) La paciente suspendió el litio en marzo. Desde entonces duerme poco.

En (5), el sujeto tácito de duerme remite a la paciente y desde entonces remite a marzo, relaciones que atraviesan los límites de la oración. En una conversación, además, cada turno depende del anterior. Si a la pregunta «¿Tomaste el medicamento?» alguien responde «Se me acabó ayer», la respuesta no contiene un «no», aunque explica por qué probablemente no lo tomó. La unidad de análisis adecuada es aquí la secuencia.

El análisis de la conversación y la lingüística interaccional muestran que el lenguaje se organiza también mediante turnos, reparaciones, solapamientos, silencios y respuestas preferidas o no preferidas. Clark (1996) describe el uso del lenguaje como una actividad conjunta, en la que los participantes coordinan sus acciones. Una misma frase cambia de función según su posición. «Está bien» indica aceptación después de una explicación y puede cerrar con hostilidad una discusión. Por eso la pragmática y el discurso no pueden reducirse a diccionarios de expresiones.

Interfaces entre niveles

Los límites entre niveles se vuelven visibles en los fenómenos de interfaz, que son uno de los lugares donde se ponen a prueba las teorías lingüísticas. Entre la fonología y la morfología, una misma marca gramatical puede tener realizaciones distintas. El plural español se forma con -s tras vocal (casas) y con -es tras consonante (papeles); una regla morfológica depende aquí de condiciones fonológicas.

Entre la morfología y la sintaxis, una misma propiedad puede expresarse con recursos diferentes. El español expresa el futuro con una forma flexiva (cantaré) y también con una perífrasis sintáctica (voy a cantar); otras lenguas recurren a partículas o adverbios. Las categorías conceptuales no se alinean, por tanto, con un único mecanismo formal, lo que explica por qué la traducción palabra por palabra fracasa con frecuencia.

Entre la sintaxis y la semántica, la estructura puede modificar la interpretación.

(6) Todos los pacientes no respondieron.

Según la variedad y el contexto, (6) puede entenderse como que ninguno respondió o como que no todos respondieron. La diferencia depende del alcance relativo de la negación y del cuantificador.

Entre la semántica y la pragmática se sitúan las implicaturas escalares. «Algunos pacientes mejoraron» es compatible, en su significado literal, con que todos hayan mejorado. Muchos oyentes infieren, sin embargo, que no todos mejoraron, porque si el hablante supiera que todos lo hicieron habría usado una expresión más informativa (Levinson, 1983). La interpretación final depende, así, de información que la oración no codifica.

Un enunciado analizado en varios niveles

(7) Ya no me dan ganas de nada.

En el plano fonético pueden medirse la duración, la intensidad, la velocidad y las pausas de (7). En el fonológico pueden analizarse su acento y su entonación. Morfológicamente, dan es la tercera persona del plural del presente de dar y ganas es un sustantivo en plural. La sintaxis muestra un rasgo interesante, porque el sujeto gramatical es ganas, con el que concuerda el verbo, mientras que la persona que siente aparece como complemento indirecto, me. La oración combina además la negación no con el indefinido nada, una concordancia negativa propia del español. Semánticamente, expresa la pérdida de deseo o de iniciativa respecto de cualquier actividad, con un ya que indica un cambio respecto de un estado anterior.

Pragmáticamente, (7) puede describir una experiencia, formular una queja, pedir ayuda o responder a una pregunta clínica. En el plano del discurso, su sentido depende de lo que se dijo antes y después. Podría corresponder a una anhedonia depresiva, a apatía, a agotamiento o al efecto de un fármaco. También podría aparecer en una conversación cotidiana sin valor clínico. La frase aislada no determina cuál de estas lecturas es la correcta, por lo que analizar el lenguaje exige especificar el nivel del que se habla.

Niveles de análisis y psicopatología

En clínica se usan a veces categorías demasiado amplias, como la de «discurso desorganizado». Una descripción más precisa pregunta si hay errores fonológicos, si la morfología está conservada, si la sintaxis es gramatical, si aparecen asociaciones semánticas extrañas, si se pierde la coherencia discursiva, si las respuestas son tangenciales y si se mantiene la meta comunicativa. Dos pacientes pueden parecer desorganizados por razones completamente distintas. Uno produce oraciones gramaticales y cambia de tema antes de responder, así que su problema principal puede ser discursivo o pragmático. Otro produce secuencias fragmentarias cuyas relaciones gramaticales son difíciles de reconstruir, lo que sugiere una alteración sintáctica, aunque obliga a descartar factores neurológicos, idiomáticos y situacionales. Un tercero, por último, habla con sintaxis normal y discurso organizado mientras expresa una creencia delirante, un contenido clínicamente relevante que no supone una alteración formal del lenguaje.

Andreasen (1979a) propuso definiciones de los trastornos del pensamiento, el lenguaje y la comunicación que describen conductas observables y evitan inferir procesos de pensamiento subyacentes. En un segundo trabajo mostró que la laxitud asociativa aparece con frecuencia tanto en la manía como en la esquizofrenia. Recomendó, por eso, registrar los subtipos específicos que presenta cada paciente y abandonar la etiqueta global de «trastorno del pensamiento» (Andreasen, 1979b). Covington et al. (2005) revisaron el lenguaje en la esquizofrenia nivel por nivel, desde la fonética hasta la pragmática, un recorrido que reproduce la organización de esta lectura.

La tradición clínica habla de «trastornos formales del pensamiento» a partir del discurso observable, lo que plantea un problema epistemológico. El pensamiento no se observa directamente; el clínico observa sobre todo lenguaje, conducta y secuencias de respuestas. Muchos supuestos trastornos del pensamiento se infieren, por tanto, de patrones discursivos, lo que no vuelve inútil el concepto clínico, aunque obliga a distinguir el fenómeno observado del proceso cognitivo inferido. Una persona puede tener dificultades lingüísticas sin una alteración primaria del razonamiento. Puede también razonar de manera defectuosa con oraciones perfectamente gramaticales. La relación entre ambos planos es, con todo, objeto de debate. Hinzen y Rosselló (2015) sostienen que las formas de pensamiento afectadas en la esquizofrenia dependen, al menos en parte, del lenguaje. Proponen, en consecuencia, entender el trastorno formal del pensamiento como una patología lingüística. La distinción entre lenguaje y pensamiento que defiende esta lectura es metodológica y deja abierta esa discusión teórica.

Niveles de análisis y escritura científica

La escritura científica puede fallar en cualquiera de los niveles. En el morfológico, fabrica términos innecesariamente complejos, como «multidimensionalización epistemológico-decisional». En el sintáctico, acumula subordinadas y referentes ambiguos. En el semántico, usa un mismo término con sentidos diferentes a lo largo del texto; en el pragmático, formula afirmaciones más fuertes de lo que permite la evidencia; en el discursivo, presenta párrafos correctos uno por uno que no hacen avanzar el argumento. Una revisión rigurosa distingue estos defectos, porque decir que un texto «suena mal» no basta para corregirlo.

La nominalización merece atención especial en la prosa académica.

(8) Los clínicos decidieron suspender el tratamiento.

(9) Se produjo la decisión de suspensión del tratamiento.

La versión (9) convierte las acciones en nombres y elimina al agente. La nominalización es correcta y útil para construir conceptos abstractos y mantener la cohesión temática. Su abuso, sin embargo, oculta la agencia y vuelve opacas las relaciones causales. La morfología y la sintaxis permiten analizar por qué ocurre.

Niveles de análisis y sistemas de IA

Los modelos computacionales actuales aprenden regularidades relacionadas con la morfología, la sintaxis, la semántica y el discurso. Los sistemas multimodales añaden voz, imagen y video. Que un modelo produzca estructuras lingüísticamente adecuadas no implica que posea representaciones idénticas a las humanas. Hay que distinguir su comportamiento observable, sus representaciones computacionales, las teorías funcionales que se proponen para describirlo y las atribuciones cognitivas que se le hacen. La lingüística permite describir qué regularidades aparecen, mientras que la ciencia cognitiva y la filosofía deben evaluar qué conclusiones adicionales se justifican.

La tokenización ilustra bien esta diferencia. Los modelos de lenguaje dividen el texto en unidades llamadas tokens, que pueden corresponder a una palabra, a parte de una palabra, a un signo de puntuación o a una secuencia frecuente. Los algoritmos que construyen esos vocabularios, como la codificación por pares de bytes, se guían por la frecuencia de las secuencias de caracteres en un corpus. Un tokenizador puede dividir desafortunadamente en fragmentos que no coinciden con des-, afortunad- y -mente. Los tokens son útiles para el procesamiento computacional; no equivalen a morfemas. Confundir una unidad de ingeniería con una categoría lingüística es un error de nivel.

Cómo localizar un fenómeno lingüístico

Ante un dato lingüístico conviene recorrer una secuencia de preguntas. La primera es qué se observa directamente, sea un sonido, una palabra, una oración, una secuencia o un gesto. La segunda es cuál es la unidad pertinente, que puede ser un segmento, un morfema, un constituyente, una expresión o un turno. La tercera es qué nivel explica mejor la regularidad. La cuarta, si participan varios niveles, lo que ocurre con frecuencia. La quinta pregunta qué evidencia favorecería una explicación frente a otra, sean pares mínimos, distribuciones, juicios, datos de contexto, corpus o experimentos. La sexta, por último, identifica qué inferencias exceden el análisis lingüístico, como el diagnóstico, la intención psicológica o la causalidad biológica.

Cada nivel trabaja con un tipo de evidencia propio. La fonética usa medidas físicas; la fonología, contrastes, distribuciones y patrones; la morfología, paradigmas y productividad. La sintaxis se apoya en distribuciones, dependencias y juicios de aceptabilidad, mientras que la semántica combina patrones lingüísticos, inferencias y formalización. La pragmática necesita el contexto, la conducta comunicativa y, a veces, experimentos. El análisis del discurso usa corpus, transcripciones y secuencias interaccionales. La expresión «evidencia lingüística» designa, por tanto, cosas distintas. Un buen argumento adecua el método al fenómeno.

Utilidad de las fronteras entre niveles

Podría pensarse que, si todos los niveles interactúan, la clasificación debería abandonarse. Sería un error, porque las categorías analíticas permiten formular preguntas precisas. Decir que «el lenguaje del paciente está alterado» es demasiado general. Decir que «presenta aumento de la latencia de respuesta con sintaxis conservada y pérdida frecuente de la meta discursiva» separa fenómenos. Las fronteras entre disciplinas no tienen que ser absolutas para ser útiles. En ciencia, muchas categorías son herramientas cuya utilidad depende de la precisión con que permiten formular y contrastar hipótesis.

Síntesis

Los niveles de análisis lingüístico responden a preguntas diferentes, que la tabla 5.1 resume.

Tabla 5.1. Niveles de análisis lingüístico y sus preguntas

Nivel Pregunta principal
Fonética ¿Qué propiedades físicas y articulatorias tiene la señal?
Fonología ¿Qué contrastes y patrones son funcionales en una lengua?
Morfología ¿Cómo se estructuran y se forman las palabras?
Sintaxis ¿Cómo se organizan jerárquicamente las expresiones?
Semántica ¿Cómo se construye el significado lingüístico?
Pragmática ¿Cómo intervienen el contexto y la inferencia en lo comunicado?
Discurso e interacción ¿Cómo se organizan las secuencias mayores y las acciones comunicativas?

La distinción entre niveles no implica independencia, porque las lenguas funcionan mediante interacciones entre ellos. Mantener las diferencias es, con todo, necesario para no atribuir a un fenómeno propiedades que pertenecen a otro nivel. En psicopatología, evita confundir un contenido extraño con una alteración sintáctica, una pausa con un bloqueo del pensamiento o un vocabulario limitado con un déficit cognitivo. En la escritura científica y en el estudio de los sistemas de IA, permite distinguir problemas de terminología, estructura, significado y argumentación, además de impedir que se identifiquen los tokens con morfemas o la fluidez con la comprensión. Antes de explicar un fenómeno lingüístico hay que determinar qué se observa, en qué nivel se organiza y qué evidencia permite diferenciarlo de fenómenos vecinos.

El texto LS-006 estudia las relaciones sintagmáticas y paradigmáticas. A partir del texto LS-007 comienza el bloque dedicado a la producción del habla y a la transcripción fonética, que desarrolla con detalle lo que aquí solo se esbozó.

Referencias

Andreasen, N. C. (1979a). Thought, language, and communication disorders: I. Clinical assessment, definition of terms, and evaluation of their reliability. Archives of General Psychiatry, 36(12), 1315–1321. https://doi.org/10.1001/archpsyc.1979.01780120045006

Andreasen, N. C. (1979b). Thought, language, and communication disorders: II. Diagnostic significance. Archives of General Psychiatry, 36(12), 1325–1330. https://doi.org/10.1001/archpsyc.1979.01780120055007

Clark, H. H. (1996). Using language. Cambridge University Press.

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Gussenhoven, C. y Jacobs, H. (2017). Understanding phonology (4.ª ed.). Routledge.

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Searle, J. R. (1975). Indirect speech acts. En P. Cole y J. L. Morgan (Eds.), Syntax and semantics 3: Speech acts (pp. 59–82). Academic Press.

Varela Ortega, S. (2005). Morfología léxica: La formación de palabras. Gredos.

Yule, G. (2020). The study of language (7.ª ed.). Cambridge University Press.

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Las actividades de estas rutas incluyen una respuesta comentada para contrastar tu análisis.

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Publicación en la web: · LS-005

APA 7

Alarcón Covarrubias, J. (2026). Niveles de análisis lingüístico. Lingüística y Semiótica. https://linguisticaysemiotica.org/temas/ls-005

Chicago

Alarcón Covarrubias, Jonathan. «Niveles de análisis lingüístico». Lingüística y Semiótica. 22 de septiembre de 2026. https://linguisticaysemiotica.org/temas/ls-005.

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