LS-041 / Semántica y pragmática

Actos de habla

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  1. Punto de partida
  2. Performativos
  3. Clasificación de Searle
  4. Contenido y fuerza
  5. Actos indirectos
  6. Dirección de ajuste
  7. Fuerza y prosodia
  8. Contexto y acto
  9. Promesas
  10. Órdenes y solicitudes
  11. Actos institucionales
  12. Actos de habla y verdad
  13. Implicaturas ilocutivas
  14. Clínica
  15. Escritura clínica
  16. Escritura científica
  17. Inteligencia artificial
  18. Actos de habla y multimodalidad
  19. Filosofía de la acción lingüística
  20. Método de análisis
  21. Síntesis
  22. Referencias fundamentales y ampliadas

DESARROLLO COMPLETO · BIBLIOGRAFÍA INCLUIDA

Los capítulos anteriores han examinado de qué manera las expresiones poseen significado, referencia, condiciones de verdad y estructura informativa. En la interacción real, sin embargo, las oraciones no sirven únicamente para describir estados de cosas. Con ellas los hablantes también preguntan, prometen, ordenan, advierten, felicitan, piden disculpas, bautizan, declaran abierta una sesión o aceptan una propuesta.

La oración «Cierra la puerta» ilustra esta diferencia. No describe un cierre ya ocurrido; su emisión intenta producirlo. En «Te prometo que iré mañana», el hablante no informa sobre una promesa preexistente. Al proferir la oración en condiciones apropiadas, realiza el acto de prometer. A su vez, «Queda usted despedido», dicha en el contexto institucional adecuado, puede modificar una relación laboral.

Ejemplos de este tipo motivaron la teoría de los actos de habla, desarrollada principalmente a partir de los trabajos de J. L. Austin y John Searle (Austin, 1962; Searle, 1969). El problema central del capítulo es determinar qué tipo de acción realiza un hablante al emitir una expresión y de qué manera se relacionan el contenido de la oración, la intención comunicativa y las convenciones sociales. Para abordarlo, la exposición separa tres niveles que suelen confundirse (contenido proposicional, fuerza ilocutiva y efecto perlocutivo), una distinción que reaparece en la pragmática conversacional, en la clínica y en la comunicación humano-IA.

Austin (1962) comenzó cuestionando una concepción excesivamente estrecha del lenguaje, según la cual toda oración declarativa describe hechos y puede evaluarse como verdadera o falsa. En una situación adecuada, «Prometo devolverte el libro» no se limita a describir que existe una promesa. La propia emisión es la promesa. Austin llamó inicialmente performativas a estas expresiones y las contrastó con las constativas, una oposición que él mismo abandonó deliberadamente en el desarrollo posterior de sus conferencias. En la formulación madura de la teoría, toda emisión situada puede analizarse en las dimensiones locutiva, ilocutiva y perlocutiva. Incluso una oración de apariencia puramente descriptiva, como «Está lloviendo», puede servir para informar, advertir, responder una pregunta o justificar que alguien tome un paraguas.

El acto locutivo corresponde, de manera aproximada, a la producción de una expresión lingüística con determinada estructura y significado. Quien dice «La puerta está abierta» produce sonidos o signos, palabras, una oración y un contenido semántico representable como ABIERTA(puerta). Este nivel reúne buena parte de lo estudiado en fonología, sintaxis y semántica, sin decir todavía nada sobre qué se está haciendo comunicativamente con esa proposición.

El acto ilocutivo es la acción convencional o comunicativa realizada al producir la expresión. La misma proposición «La puerta está abierta» puede emplearse como afirmación, advertencia, recordatorio, reproche o respuesta. Si contesta a «¿La puerta está cerrada?», opera como respuesta informativa; dicha a quien espera afuera, puede equivaler a una invitación a entrar. La proposición permanece estable mientras cambia la fuerza, estructura que la notación F(p) captura, donde p es el contenido proposicional y F la fuerza ilocutiva. En esa notación, ASSERT(p) no equivale a WARN(p).

El acto perlocutivo corresponde a los efectos que la emisión produce en el oyente. Quien dice «Hay fuego en el edificio» puede informar o advertir. El oyente, por su parte, puede asustarse, salir corriendo o llamar a los bomberos, efectos que son perlocutivos. La intención ilocutiva debe distinguirse del efecto perlocutivo real. Un hablante puede intentar convencer y fracasar, o intentar tranquilizar y producir ansiedad, sin que la acción comunicativa se defina únicamente por el efecto conseguido.

Performativos

Algunas expresiones nombran directamente el acto que realizan, como ocurre en «Prometo que iré», «Declaro abierta la sesión», «Te felicito» y «Me disculpo», que son performativos explícitos. Los ejemplos prototípicos aparecen en primera persona del presente (prometo, declaro). Esas propiedades, sin embargo, no son condiciones necesarias universales. Existen fórmulas pasivas, institucionales y elípticas capaces de realizar actos equivalentes, de ahí que el factor determinante sea la combinación de convención, autoridad, contenido y contexto de emisión (Austin, 1962; Searle, 1969). Tampoco toda promesa necesita el verbo correspondiente. «Iré mañana, te lo aseguro» puede realizar una promesa, representable como PROMISE(hablante, p), indicio de que la fuerza ilocutiva no depende de una fórmula única.

Austin observó además que muchos performativos explícitos admiten una paráfrasis del tipo «por la presente», como en «Por la presente declaro inaugurada la reunión». Esta prueba ayuda a identificarlos sin ser un criterio universal, pues no todos los actos de habla se expresan de esa manera.

Una promesa o una declaración puede estar gramaticalmente bien formada y fracasar como acto, como sucede con «Te nombro ministro», que, dicho por alguien sin autoridad institucional, no produce nombramiento alguno. Austin (1962) formuló para estos casos las condiciones de felicidad (felicity conditions), entre ellas la existencia de un procedimiento convencional, participantes autorizados, circunstancias adecuadas y una ejecución correcta. Un acto puede resultar exitoso, defectuoso o nulo. De ello se sigue que la verdad no es la única dimensión en que un enunciado puede evaluarse.

La dimensión institucional condiciona en gran medida el éxito de estos actos. «Queda condenado a diez años de prisión» forma parte de un acto institucional cuando la pronuncia un juez competente dentro de una sentencia válida; en boca de un transeúnte carece de efecto jurídico. La fuerza institucional depende del rol, del procedimiento y de la autoridad. Que el lenguaje pueda realizar acciones se explica por su inserción en prácticas sociales, inserción que impide reducir la pragmática a la intención individual.

Clasificación de Searle

Searle (1976) propuso una clasificación de los actos ilocutivos en cinco grandes clases (asertivos, directivos, compromisivos, expresivos y declarativos). Útil como mapa inicial, la clasificación no debe tratarse como una taxonomía definitiva universal, pues sus criterios de delimitación han sido objeto de discusión (Levinson, 1983).

Los asertivos comprometen al hablante, en algún grado, con la verdad de una proposición, como en «Afirmo que llegó», «Informo que el resultado fue negativo» o «Creo que mañana lloverá», casos que se representan como ASSERT(p). El grado de compromiso varía. «Sé que viene», «Creo que viene» y «Supongo que viene» difieren en fuerza epistémica, diferencia que Vanderveken (1990) formaliza como un grado de fuerza de la aserción.

Los directivos intentan que el oyente realice una acción, como en «Cierra la puerta», «¿Puedes enviarme el archivo?» o «Por favor, siéntese». La forma sintáctica de un directivo puede ser imperativa, interrogativa o declarativa, como ocurre con «Hace frío aquí», analizada en la PARTE III. Que una interrogativa pueda realizar una solicitud significa que la forma interrogativa no implica necesariamente una pregunta.

Los compromisivos comprometen al hablante con una acción futura, como en «Prometo llamarte» o «Me comprometo a entregar el informe». Aun sin verbo performativo, «Iré mañana» puede valer igualmente como promesa según la situación, las expectativas y la intención.

Los expresivos manifiestan una actitud o un estado del hablante respecto de una situación, como en «Gracias», «Lo siento», «Felicitaciones» o «Lamento lo ocurrido». Estas fórmulas no se limitan a describir un estado emocional, puesto que realizan una acción social. Decir «gracias» puede ser, en sí mismo, el acto de agradecer.

Los declarativos cambian una realidad institucional mediante su emisión en condiciones adecuadas, como en «Los declaro marido y mujer», «Queda inaugurada la sesión» o «Se levanta la audiencia». El éxito del acto depende de que existan una institución, un procedimiento y una autoridad que lo sostengan, dependencia que hace visible la dimensión social del lenguaje.

Contenido y fuerza

«Vas a cerrar la puerta» puede ser una predicción, una orden o una amenaza, mientras el contenido proposicional CERRAR(tú, puerta) se mantiene en los tres casos. El contraste muestra que la semántica proposicional no coincide con el acto ilocutivo. La pragmática estudia la relación entre ambos planos.

El fenómeno inverso también existe. Una solicitud puede formularse como «Cierra la puerta», «¿Puedes cerrar la puerta?», «¿Te importaría cerrar la puerta?» o «Hace frío aquí». En el contexto apropiado, cualquiera de las cuatro puede conducir a que la puerta se cierre, con diferencias de grado en directividad y cortesía. Ese abanico indica que la fuerza no está codificada por una única estructura sintáctica (Levinson, 1983; Yule, 1996).

Actos indirectos

Un acto indirecto ocurre cuando la forma literal parece realizar un acto mientras el uso convencional o contextual realiza otro (Searle, 1975). «¿Puedes pasarme la sal?» pregunta literalmente por una capacidad. En la mesa se interpreta normalmente como solicitud, porque lo esperado es la acción y no la respuesta «Sí, puedo». La inferencia pragmática transforma así QUESTION(capacidad) en REQUEST(pasar la sal).

Algunos actos indirectos están altamente convencionalizados, como «¿Podrías ayudarme?», que se interpreta casi automáticamente como petición. Otros requieren contexto, como «Está oscuro aquí», que puede ser una observación, una solicitud de encender la luz o una queja. Este contraste indica que la indirectividad no es binaria y admite grados de convencionalización.

Las funciones de la indirectividad incluyen la cortesía, la mitigación, el mantenimiento de opciones abiertas y la reducción de la imposición (Searle, 1975; Thomas, 1995). No debe suponerse, sin embargo, que todo acto indirecto cumple una función cortés. Un acto indirecto puede vehicular igualmente ironía, amenaza o evasión, de modo que la interpretación depende del contexto social.

Dirección de ajuste

Searle (1976) desarrolló la noción de dirección de ajuste (direction of fit). Los asertivos intentan que las palabras se ajusten al mundo (palabra → mundo). Cuando un hablante afirma «Está lloviendo», la afirmación debe corresponder al estado del mundo. Los directivos y los compromisivos se orientan en el sentido inverso (mundo → palabra), como se aprecia en «Cierra la puerta», cuyo hablante intenta que el mundo llegue a satisfacer el contenido. Los expresivos no encajan limpiamente en esta oposición. Las declaraciones son un caso especial, en el que una emisión autorizada puede hacer que el mundo institucional y las palabras se ajusten simultáneamente. La distinción es una herramienta de análisis y no debe aplicarse como un algoritmo de clasificación.

La promesa ilustra el ajuste mundo → palabra. En «Prometo ir mañana» el mundo futuro debe ajustarse al compromiso verbal; si el hablante no acude, la promesa se incumple. La emisión no era falsa en el momento de producirse en el sentido en que lo es una afirmación falsa, ya que era un compromiso que después puede romperse. El caso evidencia que la verdad no es la única norma que gobierna el lenguaje.

Fuerza y prosodia

«¿Vienes?» lleva normalmente un contorno interrogativo, aunque la prosodia cumple funciones que exceden la marcación de preguntas. «Vienes», con tono descendente, es una afirmación. Con tono ascendente puede ser una pregunta o una solicitud de confirmación. La fuerza ilocutiva puede depender, en consecuencia, de la interacción entre sintaxis, prosodia y contexto.

El imperativo muestra otro aspecto del fenómeno. «Ven» puede sonar autoritario, urgente o afectuoso sin que la fuerza directiva se altere; lo que cambia es la relación interpersonal. La prosodia modula así la intensidad, la cortesía y la urgencia, sin que exista un contorno acústico universal de «orden».

Contexto y acto

«Hace frío» realiza actos distintos según la secuencia en que aparece. Como respuesta a «¿Cómo está el clima?» informa; como respuesta a «¿Por qué cerraste la ventana?» justifica. Dicho mientras se mira una ventana abierta, «Hace frío aquí» puede operar como solicitud indirecta de cerrarla. Con una proposición similar en los tres casos, la fuerza depende del contexto.

La lectura de una oración aislada no basta para atribuir una fuerza ilocutiva, tarea que exige considerar la pregunta previa, la situación, la relación entre los interlocutores y las acciones posteriores. Este punto anticipa la pragmática inferencial, que modela la atribución de fuerza como una inferencia del oyente a partir de lo dicho y del contexto compartido (Bach & Harnish, 1979).

Promesas

Searle (1969) analizó el acto de prometer mediante un conjunto de condiciones aproximadas, según las cuales el hablante cree que la acción futura es posible, el oyente prefiere que ocurra, no es obvio que ocurriría sin el compromiso y el hablante asume una obligación. Discutidas y no universales, estas condiciones muestran una idea de fondo, a saber, que el significado de una promesa incluye una estructura normativa, derivada de la relación social que prometer crea.

El contraste entre promesa y predicción precisa esta diferencia. «Iré mañana», dicho en respuesta a «¿Vendrás a ayudarme?», puede valer como compromiso, mientras que, inserto en la descripción de un itinerario probable («según el plan, iré mañana»), es más bien una predicción. La misma oración cambia así de fuerza según la secuencia.

Órdenes y solicitudes

«Entregue su identificación», pronunciada por un funcionario autorizado, tiene una fuerza institucional distinta de la que tendría en boca de un desconocido. La directividad depende del rol, del contexto y de las normas, sin que la morfología imperativa baste por sí sola para establecerla.

La mitigación gradúa la imposición. «Envíame el informe», «Por favor, envíame el informe», «¿Podrías enviarme el informe?» y «Cuando puedas, agradecería que me enviaras el informe» pueden solicitar la misma acción con diferente grado de imposición, deferencia y distancia social. La cortesía recibe un tratamiento propio en un capítulo posterior.

Actos institucionales

El estatuto del diagnóstico como acto declarativo en sentido estricto es discutible. «El paciente cumple criterios para trastorno depresivo mayor» no lo es necesariamente. Puede ser una afirmación clínica o una clasificación institucional. El diagnóstico no crea biológicamente la condición, aunque sí puede modificar consecuencias sociales, como el acceso a tratamiento, la cobertura o los registros. Dada la complejidad de la zona entre descripción e institución, el acto de clasificar debe distinguirse del acto de crear la entidad clasificada.

Nombrar es otro acto institucional pertinente para este análisis. «Esto se llamará X» puede instaurar una convención terminológica dentro de un artículo o de un proyecto. El acto crea una etiqueta sin demostrar que X sea una clase natural, ejemplo de cómo la pragmática institucional puede producir categorías discursivas sin resolver su ontología.

Actos de habla y verdad

Quien dice «Santiago está en Argentina» realiza una afirmación que es falsa y cuya fuerza sigue siendo asertiva. Que un hablante pueda afirmar algo incorrecto indica que el tipo de acto no depende del éxito epistémico.

Mentir no se reduce a decir algo falso. Implica normalmente creer que la proposición es falsa, presentarla como verdadera y tener la intención de engañar. La falsedad es una condición relevante que por sí sola no basta, porque el acto depende del estado epistémico y de la intención, contraste que permite separar los planos semántico, pragmático y ético.

Implicaturas ilocutivas

«¿Tienes hora?» pregunta literalmente si el oyente posee información sobre la hora. Nadie responde «Sí» sin más. La respuesta esperada es la hora misma («Son las tres»). La práctica conversacional permite inferir la acción solicitada, de modo que la fuerza puede establecerse mediante convencionalización social.

Las respuestas indirectas explotan el mismo mecanismo. Ante «¿Vendrás mañana?», la respuesta «Tengo turno toda la mañana» no contiene la palabra «no» y puede implicarla. El acto de responder no necesita repetir la estructura esperada, dado que la pragmática integra conocimiento, relevancia e inferencia, aspecto que anticipa el análisis griceano de la inferencia conversacional.

Clínica

«¿Ha pensado en hacerse daño?» no se reduce a una interrogativa semántica. Es una solicitud de información dentro de una relación clínica, cuya formulación puede modificar la apertura del paciente, la interpretación de la pregunta y la disposición a responder. El acto depende, por consiguiente, del tono, de la secuencia y de la relación terapéutica.

Las afirmaciones del paciente exigen el mismo cuidado analítico. «No quiero seguir viviendo» obliga a distinguir contenido proposicional y fuerza ilocutiva. Puede ser la declaración de un estado, una solicitud de ayuda, una advertencia o una expresión de desesperanza. Como la misma frase puede cumplir varias funciones simultáneamente, no debe atribuirse una única fuerza sin contexto.

En urgencias, «Me quiero ir» puede ser el informe de un deseo, una solicitud de alta, un rechazo a continuar o una amenaza de retirarse. La acción comunicativa depende, en cada caso, del contexto, de la conducta y de la respuesta al interlocutor. Una nota clínica puede registrar «manifiesta deseo de retirarse» sin sobreatribuir una intención no comprobada.

Las respuestas rituales plantean un problema análogo. «Estoy bien» puede ser una afirmación literal o una respuesta ritual a «¿Cómo está?», con fuerza fática o social. La clínica no debe interpretar automáticamente una fórmula conversacional como evaluación precisa del estado mental. La pragmática ofrece para ello la separación entre el contenido literal y la función interactiva.

Escritura clínica

Los verbos de reporte no son pragmáticamente equivalentes. Mientras refiere es relativamente neutral, afirma puede enfatizar el compromiso del paciente con lo dicho, admite sugiere resistencia previa o información desfavorable y confiesa introduce un marco de culpa o de secreto. La selección lexical altera la representación del acto de habla del paciente. La documentación clínica debe evitar, por ello, verbos que añadan una postura no sustentada.

La distancia entre cita y paráfrasis plantea un problema semejante. Si el paciente dice «Siento que me miran raro» y la nota registra «Refiere sensación de ser observado», la paráfrasis puede ser útil, aunque no equivale a escribir «presenta delirio persecutorio». La primera preserva el acto reportado; la segunda introduce una clasificación. La documentación exige, por eso, distinguir lo que el paciente dijo, cómo se interpreta y qué se diagnostica.

Escritura científica

«Demostramos que X causa Y» realiza un acto asertivo de alta fuerza epistémica, mientras que «Los resultados sugieren que X puede contribuir a Y» formula un compromiso más débil. La selección verbal comunica el grado de certeza, razón por la que en ciencia la fuerza ilocutiva debe alinearse con la evidencia.

Expresiones como puede, podría, parece, sugiere o es compatible con reducen el compromiso asertivo, fenómeno que se denomina hedging. Aunque suele leerse como timidez retórica, con frecuencia es precisión epistemológica. Un estudio observacional debe evitar formular una conclusión causal con una fuerza ilocutiva superior a la que sus datos autorizan.

Inteligencia artificial

Cuando un sistema dice «Te recomiendo hacer X», realiza lingüísticamente un acto directivo o asesor. La legitimidad del acto depende del contexto, de la competencia y del riesgo. La fluidez de la formulación no garantiza autoridad epistémica, observación que tiene especial peso en salud, derecho y finanzas.

Un sistema también puede decir «Lo siento», expresión que cumple socialmente la función de disculpa o de empatía. De ello no se sigue que el sistema experimente arrepentimiento. La fuerza ilocutiva de la salida y el estado fenomenológico del emisor son preguntas diferentes, lo que permite describir con exactitud que la frase realiza la función conversacional de disculpa sin concluir que exista una emoción humana equivalente.

El caso de los compromisos plantea un problema adicional. Que un sistema que dice «Te llamaré mañana» haya realizado una promesa depende de su capacidad real de ejecutar la acción, de mantener el compromiso y de reconocer una obligación. Una emisión lingüísticamente promisoria puede carecer de las condiciones institucionales o agenciales necesarias. Por razones como esta, la teoría de los actos de habla es pertinente para el análisis de la interacción humano-IA.

Actos de habla y multimodalidad

Una orden puede realizarse sin palabras. Señalar una silla puede significar «siéntese» y una inclinación de cabeza puede aceptar una propuesta. La fuerza comunicativa se distribuye entre lenguaje, gesto y mirada, de ahí que los actos de habla formen parte de una teoría más amplia de la acción comunicativa.

El silencio también puede adquirir una función convencional. Ante «¿Acepta?», un silencio prolongado puede interpretarse como duda, rechazo o dificultad, sin poseer una fuerza universal. Es la interacción la que define su significado. Como la inferencia necesita contexto, tratar el silencio como equivalente automático de una negativa es un error.

Filosofía de la acción lingüística

La intención interviene en la realización de los actos de habla. Para prometer, el hablante debe normalmente comprometerse y presentarse como comprometido. Existen, con todo, actos institucionales donde la convención puede superar parcialmente la intención privada, como sucede cuando un juez dicta una sentencia aunque emocionalmente no quiera hacerlo, porque la acción se realiza institucionalmente. Este tipo de casos pone de manifiesto la tensión entre intención y convención.

Austin (1962) enfatizó que ciertos actos dependen de procedimientos sociales. Un bautismo, una sentencia o una declaración necesitan reglas, roles y reconocimiento. Si la sociedad proporciona parte de la fuerza, la pragmática no es únicamente psicología individual.

Los actos de habla son, además, normativos, en la medida en que una promesa crea una obligación, una afirmación crea una expectativa de responsabilidad epistémica y una orden autorizada puede crear una obligación institucional. Al hablar, los interlocutores transmiten información y, a la vez, modifican relaciones de compromiso, permiso y obligación.

Método de análisis

Ante «¿Puedes cerrar la puerta?», el análisis procede por pasos. Primero se fija el contenido literal, una pregunta sobre capacidad, PODER(oyente, cerrar la puerta); luego se examina el contexto, en este caso una puerta abierta, un hablante con frío y un interlocutor cercano. Con esos datos se formula la fuerza ilocutiva probable, REQUEST(cerrar la puerta). El último paso registra el efecto perlocutivo. El oyente puede cerrar, negarse o ignorar la solicitud, sin que ese efecto defina la fuerza.

El método se aplica asimismo al terreno científico. «Estos resultados demuestran que la intervención es eficaz» tiene como locución una proposición sobre resultados y eficacia y como ilocución una afirmación fuerte. La condición de adecuación exige que la evidencia justifique esa fuerza. Si solo existe una asociación no controlada, una formulación más adecuada sería «Estos resultados son compatibles con una posible eficacia». El ejemplo revela que el análisis de actos de habla puede mejorar el rigor científico.

En el terreno clínico, «Doctor, yo no vuelvo a mi casa» admite lecturas como declaración de intención, solicitud de ayuda, advertencia o rechazo, sin que el contenido proposicional por sí solo decida entre ellas. Corresponde, por tanto, explorar qué quiere decir el paciente con esa emisión, dado que la entrevista clarifica la fuerza y sus consecuencias.

Síntesis

La teoría de los actos de habla estudia qué acciones realizan los hablantes mediante el lenguaje. Austin distinguió el acto locutivo (producir una expresión significativa), el acto ilocutivo (la acción comunicativa realizada, como afirmar, prometer, ordenar o advertir) y el acto perlocutivo (los efectos producidos en el oyente). En esa tripartición, la fuerza ilocutiva no equivale al efecto perlocutivo.

Las expresiones performativas pueden realizar explícitamente actos como prometer, declarar o felicitar, con un éxito que depende de condiciones de felicidad. Searle propuso las clases de asertivos, directivos, compromisivos, expresivos y declarativos. Una misma proposición puede usarse con fuerzas distintas, así como una misma fuerza puede expresarse mediante estructuras distintas. Los actos indirectos muestran que la forma interrogativa no implica necesariamente una pregunta, como ocurre con «¿Puedes pasarme la sal?», que opera convencionalmente como solicitud. Los actos de habla dependen, en consecuencia, de la sintaxis, la prosodia, el contexto, los roles sociales y las instituciones.

En clínica, una expresión del paciente puede operar simultáneamente como descripción, petición y advertencia, por lo que no debe inferirse una única intención sin contexto. En la documentación, los verbos de reporte (refiere, admite, confiesa) no son equivalentes y pueden introducir sesgos pragmáticos; en escritura científica, verbos como demuestra, sugiere o indica codifican grados diferentes de compromiso epistemológico. En inteligencia artificial, una frase puede cumplir socialmente la función de promesa, disculpa o recomendación sin que ello demuestre estados fenomenológicos humanos equivalentes.

La enseñanza metodológica del capítulo se resume en que comprender una emisión exige distinguir lo que la oración dice, la acción que el hablante realiza al decirlo y los efectos que esa acción produce, tres dimensiones que pueden coincidir parcialmente sin ser equivalentes.

El capítulo LS-042 estudia las presuposiciones y las implicaturas, es decir, los contenidos que se comunican sin afirmarse literalmente, junto con la manera de distinguir las inferencias semánticas de las pragmáticas.

Referencias fundamentales y ampliadas

Austin, J. L. (1962). How to Do Things with Words. Oxford University Press.

Bach, K., & Harnish, R. M. (1979). Linguistic Communication and Speech Acts. MIT Press.

Levinson, S. C. (1983). Pragmatics. Cambridge University Press.

Searle, J. R. (1969). Speech Acts: An Essay in the Philosophy of Language. Cambridge University Press.

Searle, J. R. (1975). Indirect speech acts. En P. Cole & J. L. Morgan (Eds.), Syntax and Semantics 3: Speech Acts (pp. 59–82). Academic Press.

Searle, J. R. (1976). A classification of illocutionary acts. Language in Society, 5(1), 1–23.

Thomas, J. (1995). Meaning in Interaction: An Introduction to Pragmatics. Longman.

Vanderveken, D. (1990). Meaning and Speech Acts. Cambridge University Press.

Yule, G. (1996). Pragmatics. Oxford University Press.

Cómo citar esta lectura

Publicación en la web: · LS-041

APA 7

Alarcón Covarrubias, J. (2026). Actos de habla. Lingüística y Semiótica. https://linguisticaysemiotica.org/temas/ls-041

Chicago

Alarcón Covarrubias, Jonathan. «Actos de habla». Lingüística y Semiótica. 22 de septiembre de 2026. https://linguisticaysemiotica.org/temas/ls-041.

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