La evidencia y la determinación del significado
Un lingüista llega a una comunidad cuya lengua desconoce por completo. Un conejo pasa corriendo y un hablante exclama ¡Gavagai!. El lingüista anota que la palabra significa conejo, una hipótesis natural. W. V. O. Quine pregunta qué evidencia demostraría que gavagai significa exactamente conejo y no partes no separadas de conejo, estadios temporales de conejo, la conejidad como propiedad o la presencia de un conejo en el campo visual. La conducta observable puede ser compatible con varios manuales de traducción incompatibles entre sí.
Este es el núcleo del experimento de la traducción radical desarrollado en Word and object (Quine, 1960). Su tesis no dice que traducir lenguas desconocidas sea difícil. Dice que la totalidad de la evidencia conductual disponible puede no determinar una única traducción correcta, de donde surge la indeterminación de la traducción. Quine usó el problema para cuestionar una imagen extendida del significado, según la cual detrás de cada expresión existe un contenido determinado, objetivo y recuperable de manera única. El desafío se extiende a la sinonimia, la analiticidad, la referencia, la ontología y la epistemología.
Traducción radical
La traducción radical es una situación metodológica idealizada. El lingüista no dispone de diccionarios, intérpretes, lenguas emparentadas ni acceso a la mente de los hablantes. Solo tiene la conducta verbal, las circunstancias observables y las reacciones de asentimiento o disentimiento. Su objetivo es construir un manual que traduzca la lengua desconocida a la propia. La pregunta es si existe un único manual correcto. Quine sostuvo que pueden existir manuales incompatibles entre sí y compatibles con toda la evidencia. La indeterminación no sería entonces solo epistemológica, como si aún no supiéramos cuál es la traducción correcta. Sería más profunda, porque no habría un hecho adicional que seleccionara una traducción única más allá de toda la evidencia.
Quine concedió un papel metodológico inicial a los enunciados completos ligados a situaciones observables. Si cada vez que aparece un conejo alguien dice ¡Gavagai!, el lingüista puede emparejar esa emisión completa con la situación. Pasar de ahí a la segmentación en palabras y a la asignación de referentes exige lo que Quine llamó hipótesis analíticas, conjeturas sobre cómo se descomponen los enunciados en términos, cómo funcionan los plurales, los artículos, los cuantificadores y los criterios de identidad. La evidencia sobre enunciados completos no determina esas hipótesis, porque la traducción comienza por patrones de uso de oraciones enteras y solo después intenta reconstruir componentes.
Significado estimulativo y oraciones de observación
Quine introdujo la noción de significado estimulativo. Una oración tiene cierto significado estimulativo relativo a un hablante y a un momento, dado por el conjunto de estimulaciones que provocarían asentimiento y por el conjunto de las que provocarían disentimiento. Distinguió las oraciones ocasionales, cuya aceptación depende de la estimulación presente, como Llueve, de las oraciones permanentes, que el hablante afirma con independencia de la situación inmediata, como Los conejos son mamíferos.
Las oraciones de observación son oraciones ocasionales cuyo significado estimulativo es aproximadamente el mismo para todos los hablantes competentes de la comunidad. Llueve, Ese objeto es rojo o Hay un perro se aproximan a ese tipo. En la traducción radical son los mejores puntos de apoyo, porque un estímulo compartido produce asentimientos convergentes. Incluso aquí surgen problemas, ya que un hablante puede asentir por una asociación cultural, por cortesía, por una inferencia o por un rasgo del contexto que el lingüista no percibe. La respuesta verbal no está ligada a un estímulo sensorial único. Quine no sostuvo que toda la ciencia se reduzca a la observación directa, porque las teorías incluyen vocabulario alejado de la experiencia inmediata. Conectar la periferia observacional con ese vocabulario teórico es el punto en que aparece el holismo.
Inescrutabilidad de la referencia
Supóngase que la evidencia permite traducir ¡Gavagai! por ¡Conejo!. Esto no determina todavía el referente de la palabra. Puede existir una transformación sistemática en la que gavagai designe partes no separadas de conejo, con una reinterpretación correspondiente de los criterios de identidad, los cuantificadores y los predicados. El sistema completo se reorganiza y la evidencia queda intacta. Quine llamó a esto inescrutabilidad de la referencia.
Conviene separar dos tesis. La indeterminación de la traducción sostiene que pueden existir manuales completos incompatibles y empíricamente equivalentes. La inescrutabilidad de la referencia sostiene que, incluso manteniendo gran parte de la traducción, pueden asignarse referentes distintos a los términos sin que la evidencia decida. La segunda es más específica. Ambas cuestionan que la referencia esté fijada por una relación transparente entre palabra y objeto.
La inescrutabilidad no significa que una palabra pueda referir de manera arbitraria a cualquier cosa. La reasignación debe ser sistemática. Quine formuló esta idea mediante las funciones de sustitución (proxy functions), que asocian a cada objeto del universo original otro objeto de manera uno a uno y reinterpretan los predicados en consecuencia, conservando el valor de verdad de todas las oraciones (Quine, 1981). Si se cambia la asignación de un término, deben cambiar de manera coordinada los predicados, los criterios de identidad, los cuantificadores y las relaciones lógicas. La tesis es estructural y no una defensa de la interpretación caprichosa, porque la indeterminación existe entre sistemas completos que preservan la organización conductual y lógica.
Un manual de traducción es una teoría sobre una lengua, con hipótesis sobre términos, estructura, categorías gramaticales y creencias de los hablantes. Los significados no se observan de manera directa, porque se infiere una estructura que organiza la conducta. Si varias teorías pueden acomodar la misma evidencia, la subdeterminación no es exclusiva del lenguaje. Quine explotó la analogía entre manual de traducción y teoría científica, con lo que la filosofía del significado se conecta con la filosofía de la ciencia.
Conviene distinguir, con todo, la subdeterminación de las teorías científicas por la evidencia de la indeterminación de la traducción. Quine consideró que la segunda tiene una profundidad especial, porque no existiría un hecho semántico adicional que decidiera entre manuales, mientras que en el caso científico cabe sostener que hay un hecho del mundo aunque la evidencia no lo determine. Algunos intérpretes sostienen que la diferencia entre ambas tesis no está completamente clara. Conviene reconstruirla sin darla por supuesta. Soames (1999) examinó con detalle los argumentos y sus supuestos.
Los dos dogmas del empirismo
Antes de Word and object, Quine (1951) publicó Two dogmas of empiricism, donde criticó dos pilares del empirismo lógico. El primer dogma es la distinción entre verdades analíticas y verdades sintéticas. Las primeras serían verdaderas en virtud del significado. Las segundas dependerían de hechos del mundo. El segundo es el reduccionismo, según el cual cada enunciado tiene un contenido empírico propio traducible a experiencia inmediata. Quine sostuvo que ambas ideas están conectadas y que su crítica conduce a una imagen holista del conocimiento.
Todos los solteros son no casados sería analítica y Todos los solteros viven solos sería sintética. Quine preguntó cómo definir analítico sin recurrir a nociones semánticas igualmente problemáticas. Podría decirse que una verdad analítica se convierte en una verdad lógica al sustituir sinónimos por sinónimos, aunque entonces hace falta explicar la sinonimia. Si la sinonimia se explica diciendo que dos expresiones son sinónimas cuando su intercambio preserva la analiticidad, la explicación es circular.
Podría apelarse a la definición y sostener que soltero se define como hombre no casado. Quine preguntó qué fundamenta esa definición. Las definiciones de diccionario registran sinonimias previas sin crearlas. Una definición estipulativa sí crea una convención local, como cuando un autor anuncia que llamará de cierto modo a un objeto técnico, aunque eso no explica la analiticidad del lenguaje natural. La definición desplaza el problema sin resolverlo.
Otra estrategia define la sinonimia por la intercambiabilidad que preserva la verdad. La estrategia falla, porque criatura con corazón y criatura con riñones pueden ser coextensivas y no sinónimas, ya que la sustitución preserva la verdad en los contextos extensionales sin que las expresiones signifiquen lo mismo. Para excluir esos casos hacen falta contextos modales o intensionales, cuya interpretación vuelve a requerir la noción de significado que se quería explicar, con lo que la circularidad reaparece.
Holismo y la red de creencias
Quine propuso una alternativa al reduccionismo enunciado por enunciado. La experiencia no confirma ni refuta cada oración de manera aislada, porque cada enunciado se contrasta junto con hipótesis auxiliares, supuestos teóricos, condiciones iniciales y principios lógicos. Si una predicción falla, alguna parte de la red necesita revisión. La evidencia no determina cuál. Duhem (1906/1954) había mostrado que una hipótesis física no se pone a prueba de manera aislada, porque una predicción depende también de los instrumentos, las teorías auxiliares y las condiciones supuestas. Quine generalizó la idea a todo el conocimiento, en lo que hoy se conoce como tesis de Duhem y Quine.
Quine usó la imagen de una red o tejido de creencias que solo toca la experiencia por sus bordes. En la periferia están los enunciados próximos a la observación. En el centro están la lógica, las matemáticas y los principios teóricos más generales. Una perturbación empírica puede resolverse modificando distintas partes de la red. Normalmente se prefiere conservar el centro por razones de simplicidad, conservadurismo y economía. En principio, ninguna afirmación sería absolutamente inmune a la revisión, ni siquiera las de la lógica.
La tesis parece extrema. Existen lógicas alternativas que restringen el tercero excluido o la bivalencia. Quine usó ese hecho para mostrar que la frontera entre lo que se revisa por experiencia y lo que se conserva por convención no es nítida. Esto no implica que todas las creencias se revisen con igual facilidad. Los principios centrales tienen un costo de revisión altísimo, porque están conectados con gran parte de la teoría. La centralidad los protege por razones pragmáticas.
La traducción radical también es holista. Para interpretar gavagai hay que interpretar de manera progresiva los criterios de identidad, los plurales, los cuantificadores, la negación y las relaciones lógicas de la lengua. Ninguna hipótesis sobre una palabra es independiente del sistema, lo que explica por qué varias reasignaciones sistemáticas pueden preservar la evidencia global. La indeterminación surge en el nivel del sistema.
Relatividad ontológica
Quine (1969b) desarrolló después la idea de relatividad ontológica. Preguntar a qué refiere realmente una palabra, con independencia de todo marco, carece de respuesta. La referencia puede determinarse dentro de un esquema de traducción, de un lenguaje de fondo o de una teoría regimentada, del mismo modo en que una posición solo se especifica dentro de un sistema de coordenadas. La analogía no debe tomarse de manera literal en todos sus detalles. La idea es que una referencia absoluta, fuera de cualquier marco interpretativo, es filosóficamente sospechosa.
Quine rechazó por eso la imagen del museo, según la cual los significados serían piezas exhibidas y las palabras etiquetas adheridas a ellas. En esa imagen, traducir consistiría en emparejar etiquetas de dos lenguas con la misma pieza semántica. Quine negó que tengamos evidencia para esa ontología, porque la conducta lingüística puede organizarse sin postular significados como entidades intermedias determinadas. La posición contrasta con ciertas lecturas de Frege, que distingue el signo, el sentido y la referencia. Quine sospechó de los sentidos como entidades y prefirió explicar el lenguaje mediante conducta, disposiciones, estímulos, teoría y ontología regimentada. No negó que existan diferencias entre expresiones. Negó que haga falta un reino de significados para explicarlas. La filosofía analítica del siglo XX oscila entre estas dos fuerzas.
Compromiso ontológico y regimentación
Quine heredó de Russell la desconfianza hacia la gramática superficial y el uso del análisis lógico para examinar la ontología. Su formulación más conocida sostiene que ser es ser el valor de una variable ligada (Quine, 1948), texto reunido junto con la crítica a los dos dogmas en Quine (1963). Si la mejor teoría disponible cuantifica sobre números, conjuntos, propiedades o entidades teóricas, la teoría se compromete con esas entidades. Si puede parafrasearse sin cuantificar sobre alguna de ellas, el compromiso se evita. La cuantificación opera así como criterio ontológico.
La gramática superficial no determina por sí sola la ontología, porque antes hay que regimentar la teoría en una notación lógica apropiada. La regimentación consiste en reformular el lenguaje científico en una estructura lógica más clara, con el fin de eliminar ambigüedades, explicitar la cuantificación, exhibir la estructura inferencial y facilitar la evaluación ontológica. Ante una expresión como Hay propiedades que se heredan, la regimentación ayuda a decidir si el compromiso con propiedades es inevitable o si una paráfrasis lo evita. El proyecto continúa el de Russell con un ideal naturalista de claridad científica.
Naturalismo y epistemología naturalizada
Quine rechazó una filosofía situada fuera de la ciencia. No existe una primera filosofía capaz de justificar la ciencia desde un punto de vista externo, porque la epistemología debe estudiarse dentro del mismo mundo natural que la ciencia describe, en continuidad con ella.
En Epistemology naturalized, Quine (1969a) propuso estudiar de manera científica la relación entre la estimulación sensorial y la teoría científica que los sujetos construyen. La epistemología tradicional buscaba justificar la ciencia mediante una reconstrucción a partir de datos sensoriales, un proyecto reductivo que Quine consideró fracasado. La alternativa consiste en investigar cómo los humanos construyen teorías a partir de evidencia escasa. La propuesta genera una objeción clásica, porque describir cómo se adquieren las creencias no equivale a justificar cuáles deberían aceptarse. La epistemología naturalizada parece perder así su dimensión normativa. El debate entre la epistemología descriptiva y la normativa sigue abierto.
El énfasis en la conducta verbal ha llevado a describir a Quine como conductista, una caracterización que requiere matices. En la traducción radical restringe por razones metodológicas la evidencia a la conducta pública, sin necesidad de negar que existan estados internos. Su punto es que el significado, como fenómeno público y aprendible, debe ser accesible desde la conducta observable. Su conductismo es una tesis sobre la evidencia y sobre el carácter público del significado, distinta del conductismo psicológico de Skinner, que Chomsky (1959) criticó en su reseña de Verbal behavior.
Caridad interpretativa
En la traducción radical, el lingüista debe atribuir a los hablantes patrones suficientemente coherentes de creencia y de inferencia. De otro modo la traducción sería imposible, porque una interpretación que convierta todas las emisiones en absurdos indica un mal manual y no una comunidad irracional. Quine señaló que las aserciones sorprendentemente falsas suelen revelar diferencias ocultas de lenguaje. Davidson (1973) desarrolló esta idea como principio de caridad y la situó en el centro de su teoría de la interpretación radical. Demasiada caridad puede, sin embargo, ocultar una divergencia genuina, por lo que la interpretación debe dejar espacio al error.
Distinciones que conviene preservar
La indeterminación no es ambigüedad. Una palabra ambigua, como banco, tiene varios sentidos disponibles dentro de una lengua. El contexto suele decidir cuál está en juego. La tesis de Quine no dice que gavagai tenga dos sentidos. Dice que sistemas completos de traducción pueden asignar estructuras distintas sin que exista un hecho adicional que seleccione uno.
Tampoco es vaguedad. En la vaguedad, estudiada en la lectura LS-058, existe un predicado con casos límite y no sabemos dónde termina su aplicación. En la indeterminación, dos esquemas completos asignan contenidos distintos y preservan toda la evidencia. La vaguedad afecta los bordes de aplicación de un término. La indeterminación afecta la asignación global de contenido.
En la traducción real disponemos de lenguas emparentadas, diccionarios, hablantes bilingües, contexto cultural, corrección mutua y aprendizaje prolongado, lo que reduce enormemente la incertidumbre. Quine respondería que esos recursos también forman parte de la conducta lingüística acumulada y que no eliminan el problema filosófico de fondo. La traducción radical no describe el trabajo cotidiano del traductor, porque es un experimento conceptual destinado a revelar qué tipo de evidencia fija el significado.
Críticas
Una primera objeción sostiene que Quine restringe sin justificación la evidencia a estímulos y respuestas, cuando los hablantes tienen representaciones, intenciones, conceptos y estructuras cognitivas que una teoría puede usar para explicar la conducta. Un quineano puede responder que esos estados internos también se infieren a partir de evidencia y que la disputa es metodológica, porque se refiere a qué tipos de hechos pueden fundar atribuciones semánticas.
Una segunda objeción parte del éxito de la traducción real. Traducimos, negociamos, escribimos ciencia y nos corregimos entre lenguas con buenos resultados. Quine respondería que varios manuales incompatibles podrían coincidir en todas las conductas prácticas. El éxito comunicativo no demuestra la unicidad de la traducción. La tesis predice la ausencia de un hecho adicional único detrás de ese éxito, con comunicación normal.
Una tercera objeción proviene de la ciencia cognitiva, que estudia representaciones internas, categorías conceptuales y procesamiento semántico, lo que parece ir más allá de la conducta pública. La evidencia cognitiva restringe las teorías del significado. Quine podría preguntar si esas representaciones internas determinan una referencia única, porque la indeterminación puede reaparecer en la relación entre representación y mundo. La ciencia cognitiva modifica el espacio empírico sin resolver de manera automática el problema filosófico.
Quine y Chomsky siguieron programas distintos. Quine parte de la conducta pública, el empirismo y el holismo. Chomsky parte de estructuras mentales internas, la competencia y una dotación innata. Sus preguntas no coinciden por completo, porque Quine pregunta por la determinación semántica y la ontología, mientras que Chomsky pregunta por la capacidad lingüística interna.
Aplicaciones científicas y clínicas
Dos modelos que ajustan igual de bien un mismo conjunto de datos pueden ser empíricamente equivalentes respecto de esos datos y distinguirse mediante nuevas intervenciones. Quine recuerda que la elección entre teorías compatibles con la evidencia disponible se apoya en criterios adicionales, como la simplicidad, la fecundidad, la coherencia con el resto del conocimiento y la capacidad de generar predicciones discriminantes. La subdeterminación no implica que todas las teorías sean igualmente buenas.
Un paciente puede describir su experiencia con una expresión culturalmente específica. El clínico puede traducirla como ansiedad, aunque otros esquemas interpretativos podrían clasificarla como aflicción, agotamiento moral, experiencia espiritual o malestar somático. La lección de Quine no es que resulte imposible entender al paciente. Es que la traducción clínica se apoya en un esquema interpretativo y que conviene conservar las palabras del paciente junto a la categoría aplicada. La entrevista de formulación cultural del DSM-5 recoge esta exigencia al pedir el término que el propio paciente usa para su problema (American Psychiatric Association, 2013). La etiqueta clínica es una hipótesis interpretativa y no una lectura transparente de un significado privado.
Una nota que registra refiere paranoia cuando el paciente dijo siento que la gente me mira realiza una traducción teórica, con una categoría que agrega supuestos sobre el juicio de realidad, la estructura del síntoma y su origen. La documentación debe hacer visible ese paso, porque entre el dato observado y el esquema conceptual aplicado hay una inferencia que puede revisarse.
Inteligencia artificial y distribución
Los modelos de lenguaje aprenden asociaciones entre formas y contextos. Un sistema podría inferir que gavagai aparece en contextos semejantes a los de conejo sin resolver si designa un animal, una parte no separada o un estadio temporal. Los vectores que representan palabras agrupan formas por su distribución sin fijar una ontología. Quine anticipa aquí una lección para la inteligencia artificial, porque la conexión entre símbolos y mundo requiere una teoría adicional.
Un modelo multimodal puede asociar imágenes de conejos con la palabra, lo que añade evidencia y restringe las interpretaciones. Podría aprender, con todo, una categoría distinta, como regiones visuales con cierta textura o escenas con movimiento característico. La supervisión adicional restringe sin volver única la relación entre la representación interna y el referente, de modo que la inescrutabilidad puede reaparecer en otro nivel.
Existe una afinidad superficial entre Quine y la idea de que una palabra se conoce por la compañía que mantiene (Firth, 1957), que inspiró la semántica distribucional. Las dos posiciones no son la misma teoría. La semántica distribucional modela la co-ocurrencia estadística para predecir y representar el uso. Quine plantea un problema sobre la determinación del contenido y de la referencia. La distribución puede ser parte de la evidencia conductual sin resolver por sí sola la asignación ontológica, una distinción que conviene mantener al interpretar el desempeño de los modelos.
El caso gavagai desarrollado
En una lengua desconocida, los hablantes dicen gavagai cada vez que aparece un conejo. El investigador formula la hipótesis de que el término designa conejos. Un análisis alternativo propone que designa partes no separadas de conejo. Cuando aparece la expresión dos gavagai, el investigador puede pensar que la segunda hipótesis fracasa, aunque el manual alternativo reinterpreta el sistema numeral de modo que cuente totalidades de partes asociadas a un conejo. Si el investigador pregunta si este es el mismo gavagai de ayer, el manual alternativo ajusta su relación de identidad. La estrategia puede continuar de manera indefinida. El punto no es que esa traducción sea intuitiva. Es que la evidencia conductual no selecciona por sí sola una ontología única. La pregunta de Quine es qué hecho objetivo convierte la intuición del traductor en la única interpretación verdadera.
Quine frente a Grice y frente a Frege
La transición desde la lectura LS-096 es directa. Grice explica el significado mediante intenciones comunicativas reconocibles y contenidos determinados que el hablante quiere transmitir. Quine pregunta qué evidencia fija esa intención o ese contenido de manera única. Grice privilegia la psicología del hablante y el reconocimiento por parte del oyente, mientras que Quine sospecha de los hechos semánticos internos que no producen diferencias observables. La tensión entre una semántica basada en intenciones y una epistemología conductual de la evidencia recorre la filosofía posterior, que intentará integrar intenciones, conducta y causalidad de distintas maneras.
Frege postula sentidos como modos de presentación objetivos y explica el valor cognitivo mediante ese nivel intermedio. Quine rechaza esas entidades intensionales y prefiere explicar el lenguaje mediante disposiciones conductuales, teorías y ontología regimentada. Frege multiplica los niveles semánticos. Quine los reduce y traslada el peso explicativo a la teoría empírica. Kripke, Putnam y Davidson responderán de maneras distintas a esta tensión.
Hacer explícita la teoría interpretativa
Desde Quine, toda atribución de significado queda sometida a una prueba simple. Hay que saber qué evidencia la sostiene y si otra asignación sistemática sería compatible con esa misma evidencia. Las hipótesis analíticas en uso, los supuestos ontológicos de la traducción y el marco de fondo que fija la referencia deben quedar a la vista, junto con la diferencia observable que produciría la interpretación alternativa. El método no obliga a aceptar todas las conclusiones de Quine. Obliga a hacer explícita la teoría interpretativa que se aplica, lo que en la clínica, la ciencia y la inteligencia artificial significa distinguir el dato observado del esquema conceptual con que se lo describe.
Quine sometió a crítica la idea de contenidos determinados detrás de las expresiones. La lectura LS-098 examina la respuesta de Kripke, que rechaza que los nombres propios refieran mediante descripciones y propone entenderlos como designadores rígidos sostenidos por cadenas causales.
Referencias
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Firth, J. R. (1957). A synopsis of linguistic theory, 1930-1955. En Studies in linguistic analysis (pp. 1-32). Blackwell.
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Soames, S. (1999). The indeterminacy of translation and the inscrutability of reference. Canadian Journal of Philosophy, 29(3), 321-370.