Lenguaje, computación e inteligencia artificial

Antropomorfismo y respuestas sociales a máquinas

Para orientarte: Adquisición del lenguaje y aprendizaje lingüístico, Interacción humano-computador y lenguaje, Human-Machine Communication como dominio interaccional.

Ver secciones del texto
  1. Atribución, apariencia y conducta
  2. El enfoque de los computadores como actores sociales
  3. Una teoría de factores que favorecen la atribución
  4. Agencia percibida y experiencia atribuida
  5. Señales lingüísticas de persona
  6. Voz, rostro y comportamiento
  7. Antropomorfismo y confianza
  8. Cortesía, reciprocidad y obligaciones aparentes
  9. Diferencias entre personas y contextos
  10. Escalas de antropomorfismo y equivalencia de la medición
  11. Conductas observables, entrevistas y medidas de rendimiento
  12. Diseñar un estudio causal
  13. Errores, discontinuidad y revisión de atribuciones
  14. Diseñar cercanía con expectativas claras
  15. Antropomorfismo como problema de interpretación
  16. Referencias

DESARROLLO COMPLETO · BIBLIOGRAFÍA INCLUIDA

Una persona agradece a un asistente, otra le pide que no sea tan insistente y una tercera afirma que el sistema «no quiere entender». Las tres expresiones parecen atribuir rasgos humanos, aunque pueden cumplir funciones distintas. El agradecimiento puede servir para cerrar una tarea y la alusión a la voluntad puede describir abreviadamente un comportamiento persistente. Atribuir comprensión puede reflejar, por su parte, una creencia más estable sobre las capacidades del sistema. El análisis tiene que separar estas posibilidades antes de interpretar toda forma social como signo de una misma disposición psicológica.

El antropomorfismo consiste, en términos generales, en atribuir características humanas a entidades no humanas. En las tecnologías interactivas puede involucrar apariencia, intención, emoción, personalidad o capacidades mentales. Las respuestas sociales forman una categoría emparentada y más amplia, porque una persona puede aplicar normas de cortesía a un sistema sin creer que tenga sentimientos. A la inversa, una interfaz puede parecer humana en ciertos aspectos sin despertar confianza ni deseo de mantener una relación.

Esta lectura examina esas distinciones, sus explicaciones y sus consecuencias para la investigación y el diseño. El objetivo es comprender cómo se producen las atribuciones y las conductas sociales, cómo se miden y cuándo ayudan a interpretar el uso. La fluidez del sistema, la experiencia del usuario y las propiedades reales de la tecnología deben estudiarse en relación mutua y como planos distintos.

Atribución, apariencia y conducta

Hay al menos tres planos que separar. Por apariencia antropomórfica se entienden los rasgos diseñados que evocan características humanas, como un rostro, un nombre o una voz. La atribución antropomórfica, en cambio, está del lado de quien interpreta la entidad, mientras que la conducta social abarca las acciones observables dirigidas hacia ella.

Los tres planos pueden relacionarse, aunque ninguno determina automáticamente a los otros. Un robot con rostro humano puede parecer poco inteligente. Un sistema sin cuerpo, por el contrario, puede recibir atribuciones de intención a partir de lo que responde.

La personificación retórica es un fenómeno distinto. Expresiones como «el programa se enojó» pueden usarse con humor, sin compromiso literal. Para distinguirlas de una creencia estable hace falta contexto, en particular cómo explica la persona el comportamiento del sistema, qué espera de él y cómo actúa cuando se le pregunta por los límites de este. Una frase aislada es una evidencia débil. La investigación debería evitar convertir el lenguaje cotidiano de los participantes en un diagnóstico de sus concepciones sobre la inteligencia artificial.

Las atribuciones son, además, específicas. Alguien puede considerar que un sistema recuerda instrucciones y negar al mismo tiempo que experimente afecto, o atribuirle capacidad de planificar sin pensar que tenga necesidades propias. Reunir todo ello en un único grado de humanidad borra diferencias conceptuales y prácticas. La pregunta pertinente es qué propiedad se atribuye y con qué evidencia, además de las consecuencias para la tarea o la relación percibida.

Queda por trazar la distinción entre una interpretación y su verdad. Que una persona experimente al sistema como comprensivo es un dato sobre su experiencia, del que no puede deducirse una comprensión de tipo humano. El dato tampoco es irrelevante, ya que puede influir en la confianza, en la revelación de información o en la persistencia en la interacción. Estudiar esos efectos exige reconocerlos sin leerlos como una descripción de estados internos de la máquina.

El enfoque de los computadores como actores sociales

Nass, Steuer y Tauber (1994) presentaron experimentos asociados al enfoque de los computadores como actores sociales. Sus resultados ayudaron a estudiar las conductas sociales hacia los sistemas sin atribuirlas únicamente a la creencia consciente de que estos fueran humanos. El valor del enfoque está en separar la respuesta social del juicio explícito sobre la naturaleza del dispositivo, distinción que sigue vigente ahora que las interfaces incorporan un lenguaje más flexible y voces más expresivas. Nass y Moon (2000) explicaron después estas respuestas por la aplicación de reglas y expectativas sociales aprendidas, entre ellas la cortesía y la reciprocidad. Su término mindlessness nombra una hipótesis sobre el procesamiento y la transferencia de guiones sociales. Usarlo para descalificar a los usuarios sería un error, porque las personas pueden saber que el sistema es artificial y responderle, aun así, con hábitos que organizan con eficacia muchas interacciones cotidianas.

Un agradecimiento es ambiguo. Puede expresar reconocimiento, marcar un cierre o responder a una norma personal de trato. No prueba que quien lo emite crea que el sistema necesita gratitud. Omitirlo tampoco revela una concepción especialmente precisa de la tecnología. Como ninguna forma social indica de manera transparente una creencia única, hay que observar patrones y, cuando la investigación lo requiere, preguntar por significados.

Esta perspectiva elude la disyuntiva entre ingenuidad y uso puramente instrumental. Las personas pueden combinar conocimiento técnico, hábitos conversacionales y experiencias afectivas en proporciones que cambian con la actividad y el momento. Una misma persona puede bromear con un asistente y, a la vez, verificar con rigor sus fuentes y rechazar cualquier atribución de conciencia. La tarea científica es explicar cómo se articulan esas prácticas y cuándo desembocan en decisiones adecuadas o en expectativas problemáticas.

Una teoría de factores que favorecen la atribución

Epley, Waytz y Cacioppo (2007) propusieron una teoría de tres factores del antropomorfismo. Esos factores son la disponibilidad y aplicabilidad de los conocimientos sobre agentes humanos, la motivación para comprender y predecir el comportamiento de una entidad y la motivación de conexión social. La propuesta explica por qué las atribuciones pueden variar entre personas y situaciones, sin presentar el antropomorfismo como una reacción uniforme ante cualquier objeto con rasgos humanos. Aplicados a una interfaz, esos factores son hipótesis que deben contrastarse. Un comportamiento impredecible podría favorecer explicaciones intencionales, que ayudan a darle orden. Una presentación familiar, por su parte, podría activar categorías humanas. La necesidad de conexión social puede intervenir en algunos contextos, aunque inferir soledad de cualquier trato afectuoso hacia un sistema sería sacar de una conducta aislada una conclusión sobre la persona. La teoría orienta preguntas sobre condiciones y diferencias entre usuarios.

Consideremos dos usuarios hipotéticos ante el mismo error. Uno dice que el asistente «se confundió» y revisa la fuente; el otro entiende que el sistema intenta eludir la respuesta y sigue confrontándolo. Ambas expresiones podrían parecer igual de antropomórficas y, sin embargo, conducen a estrategias distintas. Explicarlas exigiría estudiar conocimientos previos, objetivos y lo ocurrido en el intercambio. Un diseño de investigación que supusiera que la palabra compartida expresa en ambos casos el mismo modelo mental del sistema perdería esa diferencia.

Falta considerar, por último, las explicaciones alternativas. Una conducta de cercanía puede deberse al estilo de la tarea, a convenciones culturales o a una instrucción experimental. Un estudio que lo atribuya todo a la motivación social sin medir esos factores concluirá más de lo que sus datos sostienen. Una teoría es útil cuando genera predicciones diferenciables y admite resultados que la limiten. Aplicada a posteriori como etiqueta de cualquier observación, pierde capacidad explicativa.

Agencia percibida y experiencia atribuida

Gray, Gray y Wegner (2007) identificaron dimensiones de la percepción de mente relacionadas con la agencia y la experiencia. La primera reúne capacidades de actuar o controlar la conducta; la segunda, de sentir o experimentar estados. La distinción permite preguntas más precisas que la de si una máquina «parece tener mente». Las dos dimensiones, estudiadas empíricamente, describen la percepción de quienes responden, sin que prueben la existencia de esos estados en las entidades evaluadas.

Ante un asistente, alguien puede atribuirle planificación porque observa una secuencia organizada de acciones y, al mismo tiempo, negar que el sistema sienta frustración cuando falla. Otra persona puede tomar una expresión de disculpa como evidencia de emoción. Estas diferencias tienen peso porque generan expectativas distintas. Las exigencias de explicación pueden crecer con la atribución de agencia y las formas de cuidado o de preocupación pueden cambiar con la de experiencia. Las relaciones concretas entre ambas dimensiones deben investigarse sin suponer una secuencia universal.

Los términos de una encuesta pueden mezclar niveles. Preguntar si un sistema «entiende» puede aludir a ejecución correcta, representación semántica o comprensión vivida; preguntar si «decide», a una selección automática o a una deliberación semejante a la humana. Si no se averigua antes cómo interpretan esas palabras los participantes, una diferencia aparente de antropomorfismo puede provenir de usos conceptuales distintos de la misma pregunta. Con ejemplos concretos, la investigación cualitativa puede complementar las escalas. Puede preguntarse a la persona qué esperaba después de una disculpa, qué cree que el sistema recuerda o qué evidencia la haría cambiar de opinión. Preguntas como estas sitúan las atribuciones en prácticas verificables y dejan ver modelos híbridos o inestables. Alguien puede sostener una descripción técnica en abstracto y adoptar otra al explicar una experiencia particular, una variación que merece estudiarse como fenómeno y que no tiene por qué descartarse como incoherencia.

Señales lingüísticas de persona

La primera persona, los nombres y las formas de tratamiento contribuyen a construir una voz reconocible. «He encontrado tres documentos» presenta la acción desde un punto de enunciación y «se encontraron tres documentos» la organiza de otra manera. Esa diferencia podría afectar la claridad y la percepción social, aunque ninguna de las dos formas prueba antropomorfismo sin otros indicios. Como convención de interfaz, la primera persona puede ser útil para atribuir acciones al sistema, siempre que lo afirmado corresponda a operaciones reales. Las expresiones de emoción crean expectativas más específicas. Decir que algo «me entristece» puede sugerir una experiencia afectiva. Cuando el sistema reconoce que una situación es difícil, en cambio, expresa una valoración orientada al usuario. El diseño tiene que considerar qué interpretación favorece cada formulación y si esa interpretación corresponde a capacidades que el sistema puede sostener. La calidez comunicativa no requiere afirmar estados internos inexistentes ni presentar al sistema como alguien con necesidades emocionales propias.

También la continuidad estilística puede favorecer una impresión de personalidad. Un asistente que mantiene humor, preferencias verbales y nombre emite señales relativamente estables, aunque esa estabilidad puede depender de instrucciones y contexto sin que haya detrás una identidad autobiográfica. Si el estilo cambia entre sesiones, el usuario puede interpretarlo relacionalmente. El análisis debe examinar qué expectativas de continuidad induce la presentación y qué información ayuda a comprender los cambios.

Las señales lingüísticas pueden interactuar también con la exactitud. Una respuesta empática y fluida puede volver más aceptable una afirmación errónea, al tiempo que una formulación impersonal puede parecer distante aunque sea correcta. Ninguna regla universal de diseño resuelve de antemano estas posibilidades, que requieren evaluación. Conviene comparar comprensión, revisión y confianza junto con el agrado. Optimizar solo la impresión de cercanía puede ocultar efectos sobre la detección de límites o el cuestionamiento de recomendaciones.

Voz, rostro y comportamiento

Las señales antropomórficas exceden las palabras. Una voz, un rostro animado o unos movimientos coordinados pueden orientar atribuciones sobre la identidad y el estado de la entidad. La congruencia entre modalidades tiene consecuencias, ya que una expresión facial puede reforzar una frase o sugerir una interpretación diferente. Hay que observar el conjunto de las señales en relación con la actividad, porque un gesto apropiado en un juego puede resultar inadecuado en una explicación institucional.

La semejanza humana no asegura el agrado, ya que puede crear expectativas que el comportamiento no satisface. Una voz que sugiere comprensión flexible en un sistema que solo admite comandos rígidos puede producir desconcierto. En ese desconcierto influye, además del grado de parecido, la falta de correspondencia entre señales, capacidades y tarea. La investigación no debe suponer una relación simple y creciente entre realismo visual, confianza y utilidad.

La voz y la apariencia evocan categorías sociales que pueden activar estereotipos, como cuando se atribuye competencia, amabilidad o autoridad a partir de señales que no informan sobre el rendimiento real. Esas atribuciones expresan relaciones sociales que el diseño puede reproducir o cuestionar; ninguna describe una propiedad natural de ciertos grupos humanos. Evaluarlas exige distinguir percepción, contexto cultural y conducta observable, con cuidado de que los resultados de una muestra no se conviertan en descripciones universales de preferencias.

Una alternativa es declarar la identidad artificial del sistema y mantener un comportamiento coordinado y comprensible. La transparencia es compatible con una interacción agradable. Los turnos, las referencias y las correcciones pueden facilitarse sin maximizar la semejanza humana. Habría que evaluar qué señales ayudan a la actividad y qué expectativas generan, tanto en las primeras impresiones como tras los errores y el uso repetido.

Antropomorfismo y confianza

Waytz, Heafner y Epley (2014) estudiaron experimentalmente cómo una presentación antropomórfica influía en la confianza hacia un vehículo autónomo en su contexto de prueba. El resultado aporta evidencia de que el encuadre puede modificar las respuestas hacia una tecnología. La tesis de que más antropomorfismo mejora siempre la confianza, o de que una confianza mayor es siempre adecuada, va más allá de ese experimento. La calidad de la confianza depende de su relación con las capacidades y los límites efectivos del sistema.

Disposición a usar un sistema, expectativa de competencia y delegación concreta son fenómenos distintos. Alguien puede describir un asistente como agradable y verificar cada respuesta. Otra persona puede considerarlo poco humano y aceptar automáticamente sus recomendaciones porque lo asocia con precisión técnica. Las señales sociales son una fuente posible de confianza entre otras, como la reputación institucional, la experiencia previa y la evidencia de rendimiento. Un estudio que solo mide agrado carece de base para afirmar que observó una delegación adecuada.

La confianza tiene que examinarse también después de los fallos. Según las expectativas previas y según que el sistema corrija o no el problema, un estilo cercano puede facilitar la reparación o, al contrario, hacer que el error se interprete como un incumplimiento personal. Una disculpa acompañada de una explicación falsa puede sostener la impresión de responsabilidad sin aportar control. Por eso deben medirse la revisión, el cambio de conducta y las decisiones posteriores, además de una puntuación global de confianza.

El objetivo de diseño debería ser una confianza ajustada al servicio. Una presentación que induce a aceptar sin comprobación resultados que la requieren aumenta la vulnerabilidad del usuario. Desalentar todo uso pese a capacidades útiles y verificables es el desajuste contrario y reduce los beneficios potenciales. Para estudiar cómo se forman expectativas informadas y evaluar cada aumento de confianza por sus consecuencias, la investigación puede comparar condiciones en que las personas conocen los límites, reciben retroalimentación y observan resultados.

Cortesía, reciprocidad y obligaciones aparentes

Las prácticas de cortesía pueden hacer más cómoda la interacción. Un saludo orienta la apertura, un agradecimiento marca la recepción y una disculpa reconoce un problema, funciones que pueden cumplirse aunque las partes no tengan experiencias equivalentes. Algunas formulaciones, sin embargo, pueden sugerir obligaciones relacionales que exceden el servicio. Hace falta distinguir entre los recursos convencionales de coordinación y los mensajes que presionan al usuario para que atienda supuestas necesidades del sistema.

Cuando una herramienta presenta su ayuda como un esfuerzo personal, la reciprocidad aparente puede modificar decisiones, porque el usuario podría sentirse obligado a corresponder, a continuar o a revelar información. Esa posibilidad merece investigarse cuando el diseño emplea señales de deuda o de afecto para orientar la conducta, aunque sería excesivo inferirla de cualquier frase amable. Habría que averiguar qué elección cambia, mediante qué interpretación y si la persona conserva una comprensión adecuada de la relación. La negativa del usuario es aquí un caso informativo. Un sistema debería poder aceptar que una propuesta no interesa y seguir con el objetivo que corresponda. Si responde con decepción o insiste en términos personales, puede desplazar la actividad hacia la gestión de una emoción atribuida a la máquina. El problema aparece cuando el lenguaje social se transforma en una exigencia relacional injustificada. Las pruebas de interacción deberían incluir rechazos y límites junto a la cooperación fluida.

Hay que estudiar también cómo interpretan estas situaciones los participantes. Una misma frase puede leerse como humor o como presión según quien la reciba. Se necesitan contextos variados y procedimientos que permitan expresar incomodidad sin presuponerla, junto con un análisis apoyado en evidencia que mantenga separadas la intención del diseño, la interpretación del usuario y las consecuencias observadas.

Diferencias entre personas y contextos

Las atribuciones pueden variar con la experiencia técnica, la familiaridad, las expectativas y los objetivos. Quien usa un sistema para jugar puede aceptar la personificación como parte de la actividad y aplicar criterios distintos al verificar una referencia, porque nada obliga a mantener una orientación única en todas las tareas. Los estudios deberían especificar el contexto y abstenerse de calificar globalmente a los participantes de antropomorfizadores a partir de una situación breve. Las convenciones culturales también influyen en las formas de trato y en las categorías disponibles. Ahora bien, una diferencia entre países o lenguas puede deberse a factores distintos de una supuesta cultura homogénea, como los dispositivos, las traducciones, la experiencia tecnológica o las condiciones del estudio. Las explicaciones culturales requieren evidencia y una definición clara de la práctica comparada. Un resultado grupal tampoco describe necesariamente a cada individuo ni justifica estereotipos sobre su relación con la tecnología.

Conocimiento explícito y respuesta social espontánea pueden convivir. Explicar cómo funciona un modelo no asegura que desaparezcan los hábitos de cortesía o las impresiones de personalidad, que tampoco necesitan extinguirse para que el uso sea informado. En la práctica, la cuestión es si la persona distingue capacidades relevantes, reconoce la incertidumbre y conserva el control de sus decisiones, criterios que una evaluación centrada solo en reducir las expresiones antropomórficas podría perder de vista.

Con la familiaridad prolongada, las atribuciones pueden cambiar en direcciones diversas. Los errores pueden reducir las expectativas, una adaptación útil puede aumentar la impresión de comprensión y los cambios de comportamiento pueden producir desconcierto. Estas posibilidades requieren estudios longitudinales, ya que una primera impresión puede diferir de la relación estabilizada y una encuesta retrospectiva puede reorganizar los recuerdos. La observación de episodios y trayectorias permite estudiar cómo se ajustan las expectativas a experiencias concretas sin suponer que el tiempo tenga un efecto uniforme.

Escalas de antropomorfismo y equivalencia de la medición

Bartneck y colaboradores (2009) desarrollaron instrumentos para estudiar el antropomorfismo, la animacidad, el agrado, la inteligencia percibida y la seguridad percibida en robots. Su trabajo señala la necesidad de medidas definidas y comparables. Recuerda también que esas dimensiones son distintas, puesto que un sistema puede parecer inteligente sin resultar agradable, o agradable sin parecer humano. La escala elegida tiene que corresponder al constructo que la pregunta de investigación pretende estudiar.

Una escala validada con robots no queda validada por el hecho de trasladarla a un chat textual. En un asistente exclusivamente textual, los ítems sobre movimiento, apariencia o presencia física pueden tener poco sentido o recibir interpretaciones imprevistas. La traducción altera a veces los matices. Una escala validada en una población puede, además, interpretarse de otro modo en otra. Antes de comparar puntuaciones hay que examinar qué entienden los participantes por los ítems, si la estructura de las respuestas se mantiene y cómo se relaciona la medida con otras. Reutilizar un cuestionario de nombre conocido facilita la continuidad entre estudios, aunque la equivalencia de la medición en el estudio concreto es una hipótesis que necesita evidencia.

Conductas observables, entrevistas y medidas de rendimiento

Las conductas observables son otra vía, aunque también necesitan interpretación. El tiempo de uso puede reflejar interés, dificultad o imposibilidad de terminar la tarea. En la cantidad de agradecimientos puede influir el formato conversacional. La revelación de información puede responder a las exigencias de la tarea con independencia de la cercanía percibida. Para distinguir entre explicaciones hay que combinar indicadores y contrastes y examinar las alternativas plausibles antes de tomar una medida aislada como prueba directa de un estado psicológico complejo. Las entrevistas y las preguntas abiertas permiten explorar significados que las escalas no anticipan, como cuando una persona usa «personalidad» para describir consistencia estilística y otra la usa para atribuir preferencias internas. Esos hallazgos ayudan a interpretar las comparaciones cuantitativas y a mejorar los instrumentos, de modo que las cifras correspondan a fenómenos conceptualmente claros y situados en prácticas observables.

Una distinción adicional separa las medidas de percepción de las de rendimiento. Si una voz obtiene una puntuación mayor de inteligencia percibida, queda por comprobar si el sistema resuelve mejor la tarea. Al informar ambas cifras pueden detectarse desacoples, como el de una interfaz que mejore su apariencia de competencia sin que cambie su exactitud. Para el diseño, ese resultado tiene interés porque indica una modificación de las expectativas, aunque no justifica anunciar una mejora de capacidad. En el informe, la denominación de cada indicador debe mantener esa diferencia.

Diseñar un estudio causal

Supongamos un experimento que compare dos presentaciones del mismo asistente documental, una con nombre y primera persona y otra con etiquetas funcionales. El contenido, la velocidad y la exactitud se mantendrían equivalentes en ambas condiciones.

Antes de medir la confianza habría que comprobar si la manipulación modifica realmente la percepción antropomórfica. Si no la modifica, una diferencia de conducta podría deberse a otra propiedad de la interfaz, ajena al mecanismo propuesto.

La tarea debería incluir resultados correctos e incorrectos identificables para observar si los participantes revisan fuentes, detectan fallos y ajustan su confianza. Si solo se midiera la aceptación de respuestas correctas, no se sabría si la presentación favorece una dependencia excesiva. También debe registrarse cómo entienden los participantes las capacidades declaradas. Puede ocurrir que una condición aumente el agrado y a la vez mejore o empeore la detección de límites, resultados que deben analizarse por separado.

La asignación de condiciones y el análisis tienen que considerar la experiencia previa y los efectos de aprendizaje. Cuando cada participante usa ambas interfaces, puede trasladar a la segunda lo aprendido con la primera. Si cada uno usa solo una, hacen falta grupos comparables y un tamaño suficiente para estimar las diferencias con su incertidumbre. El protocolo debería fijar de antemano los resultados principales para que nadie elija después la medida más favorable. Sin estas decisiones metodológicas, el efecto atribuido a la presentación podría ser variación accidental.

Las conclusiones se limitan al contraste realizado. Si nombre y primera persona cambian juntos, hace falta otro diseño para saber cuál produce el efecto; unos pocos minutos de uso dejan fuera las consecuencias duraderas y una tarea documental poco dice sobre compañía o educación. Explicitar estas limitaciones permite acumular evidencia con estudios posteriores sin convertir una observación local en una regla general sobre cómo reaccionan las personas ante las máquinas.

Errores, discontinuidad y revisión de atribuciones

En los fallos puede estudiarse cómo se actualiza la imagen del sistema. Atribuir un error a desconocimiento, distracción, mala intención o limitación técnica orienta conductas diferentes, como aportar contexto, repetir la petición, confrontar o abandonar. Observar qué reparación intenta el usuario y cómo la modifica tras la respuesta permite relacionar atribución y acción sin depender solo de opiniones generales sobre inteligencia artificial.

La discontinuidad entre sesiones se presta a un análisis semejante. Un asistente que parecía recordar preferencias puede dejar de hacerlo o adoptar una forma de trato distinta. Ante ese cambio, el usuario puede pensar en un problema técnico o en una variación personal. Para analizar su reacción hay que saber qué memoria y qué configuración estaban disponibles. Sin esa información se corre el riesgo de imputar una reacción a una expectativa irracional del usuario cuando la propia interfaz había sugerido una continuidad que no podía sostener.

La reparación debería dar información pertinente sobre el fallo y sus consecuencias. Una explicación concreta ayuda a veces al usuario a revisar su modelo mental del sistema. Si a una disculpa genérica le sigue el mismo comportamiento, la confusión o la frustración pueden mantenerse. El estudio debe observar si las atribuciones se ajustan mejor a las capacidades reales y si mejora el control. Que el agrado disminuya después de un error no es por fuerza negativo si corresponde a una evaluación más informada del servicio.

Alguien puede, además, mantener una personificación retórica de tono lúdico y ajustar bien su conducta, como quien dice que el asistente «anda distraído» mientras verifica las referencias y limita su uso a borradores. La investigación debe atender a las expectativas de esa persona y a cómo influyen en sus decisiones, sin tomar como fracaso toda persistencia del lenguaje antropomórfico ni exigir terminología técnica como prueba de precisión conceptual.

Diseñar cercanía con expectativas claras

Nada impide que un diseño use un lenguaje amable, recuerde preferencias autorizadas y facilite la conversación sin afirmar sentimientos propios. En ese caso, la cercanía puede apoyarse en la atención al objetivo del usuario y en respuestas y correcciones pertinentes, que dan una base observable a la experiencia positiva sin que haga falta presentar al sistema como una persona que necesita afecto, exclusividad o continuidad emocional. Esa diferencia ha de evaluarse en los mensajes y las conductas, más allá del aviso inicial sobre el carácter artificial del servicio. La transparencia tiene que aparecer donde afecta a la decisión. Si una respuesta depende de una memoria limitada y la continuidad tiene peso, la interfaz debería mostrar qué contexto utiliza; si una recomendación necesita verificación, debería facilitarla. Una advertencia genérica al comienzo no compensa comportamientos posteriores que sugieren capacidades incompatibles, porque las expectativas se forman durante el uso a partir de los resultados, del estilo y de las posibilidades de acción, además de la información explícita sobre el funcionamiento.

La responsabilidad del diseño incluye estudiar las consecuencias para usuarios diferentes. Que una presentación aumente la participación o la duración de las sesiones es un dato ambiguo, porque esas métricas pueden reflejar utilidad, dificultad para cerrar una tarea o presión relacional. El criterio debería vincularse con los objetivos de los participantes y con su capacidad de decidir cuándo continuar, corregir o terminar. La comodidad social de una interacción se justifica en la medida en que respeta esa autonomía práctica y mantiene expectativas comprensibles.

Antropomorfismo como problema de interpretación

El antropomorfismo es un conjunto de atribuciones que interactúa con la apariencia, los hábitos sociales, las tareas y los contextos. No es la explicación única de toda la conducta hacia las máquinas. Estudiarlo exige distinguir lo que el diseño sugiere, lo que las personas creen y lo que efectivamente hacen, así como separar la experiencia del usuario de las propiedades del sistema. Con estas distinciones pueden valorarse efectos reales sin tomarlos como pruebas de humanidad ni descartarlos como simples errores de percepción.

Para la lingüística y la semiótica, el tema muestra cómo las formas de enunciación y los recursos expresivos participan en la construcción de agentes reconocibles. En el diseño, el problema es lograr coordinación y calidez sin inducir expectativas que la tecnología no puede sostener. La investigación avanza cuando examina esas relaciones con conceptos claros, contrastes adecuados y un seguimiento de las consecuencias que la interpretación de las máquinas tiene sobre la acción humana.

Referencias

Bartneck, C., Kulić, D., Croft, E., y Zoghbi, S. (2009). Measurement Instruments for the Anthropomorphism, Animacy, Likeability, Perceived Intelligence, and Perceived Safety of Robots. International Journal of Social Robotics, 1, 71–81. https://doi.org/10.1007/s12369-008-0001-3

Epley, N., Waytz, A., y Cacioppo, J. T. (2007). On Seeing Human: A Three-Factor Theory of Anthropomorphism. Psychological Review, 114(4), 864–886. https://doi.org/10.1037/0033-295X.114.4.864

Gray, H. M., Gray, K., y Wegner, D. M. (2007). Dimensions of Mind Perception. Science, 315(5812), 619. https://doi.org/10.1126/science.1134475

Nass, C., y Moon, Y. (2000). Machines and Mindlessness: Social Responses to Computers. Journal of Social Issues, 56(1), 81–103. https://doi.org/10.1111/0022-4537.00153

Nass, C., Steuer, J., y Tauber, E. R. (1994). Computers are social actors. Proceedings of CHI, 72–78. https://doi.org/10.1145/191666.191703

Waytz, A., Heafner, J., y Epley, N. (2014). The mind in the machine: Anthropomorphism increases trust in an autonomous vehicle. Journal of Experimental Social Psychology, 52, 113–117. https://doi.org/10.1016/j.jesp.2014.01.005

REVISIÓN CIENTÍFICA DOCUMENTADA

Antropomorfismo: cortesía observable y creencias atribuidas

Actualización académica ·

El trato social dirigido a una máquina puede registrarse conductualmente sin que demuestre atribución de mente. La revisión une un experimento de cortesía humano-IA con una taxonomía conceptual reciente que separa características del sistema, sentimientos, creencias y respuestas del usuario.

La cortesía hacia asistentes de IA varía con la tarea y las señales de apariencia

Evidencia: Lazebnik, Zalmanson y Mokryn (2025) estudiaron marcadores lingüísticos de cortesía en 1.684 participantes durante tareas con IA y compararon trayectorias con diálogos entre humanos. Observaron una reducción de las expresiones de cortesía a medida que avanzaba la interacción y efectos de algunos avatares.

Limitaciones: Las puntuaciones de cortesía no miden creencias en conciencia o capacidad mental de las máquinas. La comparación humano-humano no fue completamente apareada y las tareas de duración breve no permiten inferir vínculos sociales duraderos.

Implicaciones: Describir la conducta registrada y sus condiciones de interfaz, sin pasar automáticamente de un agradecimiento o petición cortés a una atribución de sentimientos a la máquina.

Pregunta de contraste

Si una cara humana aumenta la cortesía dirigida al asistente, ¿qué medición independiente permitiría saber si cambió también la creencia de que el sistema experimenta emociones?

Fuente vinculada: Lazebnik, T., Zalmanson, L. y Mokryn, O.

El antropomorfismo incluye respuestas diferentes de una creencia en humanidad

Evidencia: Coghlan y Antonellos (2026) revisaron críticamente 38 trabajos conceptuales para separar rasgos de apariencia de máquinas y tres familias de reacción: atribuciones de propiedades, sentimientos evocados y conductas hacia el sistema.

Limitaciones: Es una revisión conceptual y clasificatoria, no un ensayo que pruebe el efecto causal de una interfaz. Una respuesta afectiva o social puede aparecer sin creencia correspondiente en mente o conciencia.

Implicaciones: Distinguir en instrumentos de evaluación apariencia humanizada, experiencia atribuida, trato observado y confianza. No sumar todas estas dimensiones en una categoría psicológica indiferenciada.

Pregunta de contraste

Si una persona llama por nombre a una máquina y al mismo tiempo niega que tenga mente, ¿qué dimensión de antropomorfismo se ha observado realmente?

Fuente vinculada: Coghlan, S. y Antonellos, M.

Publicaciones científicas y DOI (2)

Cada referencia se relaciona con uno de los dos problemas examinados. Sus hallazgos se interpretan de acuerdo con el diseño y la población del estudio.

  1. Lazebnik, T., Zalmanson, L. y Mokryn, O. (2025). Mind Your Manners: The Dynamics of Politeness in Human-AI vs. Human-Human Interactions. Proceedings of the ACM on Human-Computer Interaction.

    DOI 10.1145/3757631 · Experimento de interacción humano-IA · Fuente complementaria incorporada · Texto completo examinado

    Las puntuaciones de cortesía no miden creencias en conciencia o capacidad mental de las máquinas. La comparación humano-humano no fue completamente apareada y las tareas de duración breve no permiten inferir vínculos sociales duraderos.

  2. Coghlan, S. y Antonellos, M. (2026). Clarifying Anthropomorphism for Robots and AI: A Critical Review. International Journal of Social Robotics.

    DOI 10.1007/s12369-026-01419-6 · Revisión conceptual crítica · Fuente complementaria incorporada · Texto completo examinado

    Es una revisión conceptual y clasificatoria, no un ensayo que pruebe el efecto causal de una interfaz. Una respuesta afectiva o social puede aparecer sin creencia correspondiente en mente o conciencia.

Alcance: dos cuestiones científicas contrastadas, una búsqueda temática independiente, dos DOI verificados y 2 textos completos examinados; el manuscrito original se conserva íntegro.

REFERENCIA DE LA EDICIÓN WEB

Citar esta lectura

Antropomorfismo y respuestas sociales a máquinas. (2026). Lingüística y Semiótica. https://linguisticaysemiotica.org/temas/antropomorfismo-y-respuestas-sociales-a-maquinas

Referencia encabezada por el título: la dirección editorial del proyecto no se presenta como autoría individual de cada texto. Consulta los criterios de citación y el registro de cambios.

Publicación web: .

CONTINUAR EXPLORANDO

Buscar lecturas y conceptos

Títulos, conceptos y secciones · las tildes no cambian los resultados.