Texto y conversación

Coherencia local y global

Para orientarte: Cohesión referencial avanzada, Fundamentos del análisis del discurso, Texto, contexto y género discursivo.

Ver secciones del texto
  1. Cohesión y coherencia como problemas distintos
  2. Coherencia local y dependencias a distancia
  3. Sucesión temporal, causalidad y explicación
  4. Relaciones que organizan el avance del texto
  5. Inferencias necesarias e inferencias tentadoras
  6. Tema discursivo y organización de las referencias
  7. Macroestructuras, hechos particulares y asunto central
  8. La comprensión como construcción de una representación
  9. Conocimiento previo y dificultad productiva
  10. Coherencia argumentativa y responsabilidad epistémica
  11. Continuidad narrativa sin orden lineal
  12. Incoherencia, contexto y psicopatología
  13. Un caso de análisis por niveles
  14. Utilidad y riesgos de la medición automática de coherencia
  15. Revisar un texto desde su estructura y su función
  16. Referencias

DESARROLLO COMPLETO · BIBLIOGRAFÍA INCLUIDA

«El laboratorio repitió el análisis. El resultado fue negativo. El médico solicitó una nueva muestra. La paciente había desayunado antes del examen». Las cuatro oraciones se reconocen como parte de una misma situación clínica. Comparten participantes, acontecimientos y un campo de vocabulario. Sin embargo, el texto no explica si el desayuno afectó el resultado, si la nueva muestra respondía a una sospecha de error o si la repetición del análisis fue anterior a la evaluación médica. Un lector puede elaborar distintas historias que vuelven comprensible la secuencia. Nada en la superficie lingüística lo obliga a elegir una.

La interpretación cambia con otra redacción. «El primer resultado fue negativo. Como la muestra se había obtenido sin cumplir las condiciones de preparación, el médico solicitó repetir el examen. El segundo análisis también resultó negativo». Ahora las relaciones temporales y la justificación de la repetición son más claras. El vocabulario sigue siendo el mismo de antes. Lo que cambió fue la organización de la información, que permite al lector reconocer qué ocurrió y por qué se repitió el examen. La claridad depende aquí de la estructura de las relaciones tanto como de la selección de palabras.

El concepto de coherencia discursiva intenta explicar esa experiencia de unidad interpretativa. Un texto puede presentar oraciones relacionadas gramaticalmente y carecer, pese a ello, de una organización inteligible. También puede omitir conectores y dejar que el contexto recupere sus vínculos. La coherencia local concierne a la integración de segmentos próximos. La global atañe a la organización de conjuntos más amplios, como el tema, el propósito, la secuencia argumentativa, la estructura narrativa y la jerarquía de la información. Ambas dimensiones interactúan, aunque distinguirlas ayuda a localizar dónde surge una dificultad y qué intervención editorial puede resolverla.

Cohesión y coherencia como problemas distintos

La cohesión describe relaciones reconocibles mediante recursos lingüísticos como pronombres, repeticiones, sustituciones, elipsis, conectores y cadenas léxicas. Halliday y Hasan (1976) mostraron que tales recursos contribuyen a la textura de un discurso. La coherencia es una propiedad interpretativa más amplia. El lector intenta construir una representación en la que las partes formen una unidad compatible con su conocimiento, con las condiciones de producción y con la finalidad del intercambio. Un vínculo cohesivo puede facilitar esa construcción sin asegurarla.

Considérese la secuencia «El edificio estaba vacío. Por lo tanto, el tren llegó tarde». Por lo tanto anuncia una relación de consecuencia, aunque el texto carece de una premisa que la justifique. Es posible inventar una historia donde el edificio sea una estación desierta cuyo cierre retrasó el tren. Esa reconstrucción procede del lector y del contexto que imagina. El conector se limita a pedirla. El enlace gramatical propone una relación cuya plausibilidad queda sin establecer. Hay cohesión marcada junto con una incoherencia inferencial, al menos mientras falte el contexto pertinente.

En cambio, «Se apagaron todas las luces. La sala quedó a oscuras» resulta coherente sin un conector explícito. El conocimiento acerca de la iluminación y de los estados resultantes permite integrar ambas oraciones. «Llegó la primavera. Aparecieron flores en el jardín» invita a reconocer una relación estacional, aunque la inferencia deja sin probar que la primera oración haya causado la segunda. Los lectores completan relaciones de diferentes clases según la información disponible.

La distinción tampoco debe convertirse en una separación absoluta. Muchas elecciones cohesivas transmiten instrucciones para construir coherencia. Un conector adversativo abre una expectativa de contraste. Un pronombre identifica la entidad que sigue siendo relevante. Una repetición técnica mantiene estable un concepto durante una argumentación. La relación entre ambas es funcional, puesto que la cohesión aporta señales que la coherencia integra en un modelo de lo que se afirma o se hace con el texto.

Coherencia local y dependencias a distancia

Una relación local puede conectar dos enunciados consecutivos, dos cláusulas dentro de una oración o un segmento breve con una información recuperada varios turnos antes. «El paciente rechazó la propuesta. Consideraba que el riesgo era demasiado alto» construye una explicación de la decisión. «El paciente rechazó la propuesta. Dos días después solicitó otra alternativa» presenta una sucesión que puede leerse como reconsideración o como continuidad de un proyecto. Los hechos se mantienen en un mismo campo temático, aunque la relación que los organiza sea distinta.

Un texto puede conservar un tema y perder continuidad local. «Las vacunas requieren evaluación de seguridad. La investigación clínica utiliza distintos diseños. Las decisiones sanitarias tienen consecuencias sociales» reúne afirmaciones compatibles sin indicar por qué se pasa de una a otra ni cuál sirve de base para la siguiente. El lector puede inferir una exposición general sobre política sanitaria. Si se esperaba un argumento sobre un programa específico de vacunación, esos saltos exigirían transiciones y delimitaciones adicionales.

La proximidad tampoco determina todas las dependencias. En «María entregó el manuscrito. Pasaron tres meses. Durante ese tiempo revisó las figuras. Finalmente recibió la respuesta editorial», la última oración puede cerrar una expectativa abierta por la primera. El periodo intermedio aporta antecedentes y deja intacto el vínculo de mayor alcance entre envío y respuesta. Como la estructura discursiva contiene relaciones anidadas, el análisis de coherencia tiene que ir más lejos de las parejas de oraciones aisladas.

Sucesión temporal, causalidad y explicación

Los relatos suelen apoyarse en un orden temporal reconocible, aunque el orden del discurso y el de los acontecimientos no siempre coincidan. «El equipo publicó el informe. Antes había corregido los análisis» exige reconstruir una cronología distinta de la presentación. La palabra antes reduce la incertidumbre, aunque el orden también podría recuperarse mediante los tiempos verbales y el conocimiento de las prácticas. En la narrativa, alterar deliberadamente la cronología puede organizar la intriga. En una indicación clínica, una alteración accidental puede modificar la interpretación de la respuesta a un tratamiento.

La sucesión temporal es insuficiente para establecer causalidad. «Después de cambiar el medicamento, el paciente informó menos insomnio» expresa una secuencia y sugiere una hipótesis que necesita otras pruebas. Reescribirla como «El cambio de medicamento resolvió el insomnio» atribuye una eficacia que la relación temporal deja sin sustento. Un discurso puede ser localmente coherente y epistémicamente excesivo, porque la causalidad da una explicación atractiva aunque los datos disponibles no alcancen para sostenerla.

La explicación causal es una clase particular de enlace. «La carretera estaba inundada. El autobús no pudo pasar» invita a interpretar el impedimento como resultado de la inundación. La estructura de una explicación puede incluir, sin embargo, condiciones, mecanismos, contrafácticos y excepciones, de modo que muchas explicaciones exceden una flecha entre dos acontecimientos. «El autobús no pasó porque el conductor recibió una orden de cierre» presenta un mecanismo institucional diferente y reorganiza la atribución de responsabilidad.

Hobbs (1979) relacionó coherencia y correferencia mediante operaciones inferenciales. Su propuesta ayuda a comprender por qué ciertos enlaces referenciales se vuelven plausibles cuando el lector reconoce una explicación o alguna otra relación entre segmentos. Ante «El vaso cayó. Se rompió», el referente de la segunda oración y el acontecimiento se integran con facilidad. Ante «El vaso cayó. El ventanal se rompió», la causa ya no es evidente. Podría existir una conexión que el texto no explicita. Las decisiones referenciales dependen de la relación discursiva supuesta. Esa relación puede depender a su vez de cómo se identifiquen las entidades.

Relaciones que organizan el avance del texto

Los segmentos discursivos pueden mantener relaciones de elaboración, explicación, contraste, ejemplificación, condición, justificación, consecuencia o reformulación. Estas categorías ayudan a describir su función, aunque los distintos modelos proponen inventarios y criterios parcialmente diferentes. «El proyecto fracasó. No se alcanzó el financiamiento necesario» permite leer el segundo segmento como explicación. «El proyecto fracasó. Aun así, se conservaron los datos» introduce una concesión y mantiene abierto un resultado aprovechable. «El proyecto fracasó. Es decir, no llegó a ejecutarse» reformula el sentido específico de fracasar.

Los marcadores discursivos pueden señalar la relación sin fijarla del todo. Porque suele orientar hacia una justificación o una causa, sin embargo hacia una oposición relevante, por ejemplo hacia una instancia de algo presentado como más general. La interpretación exige comprobar si el contenido satisface esa instrucción. En «La muestra es pequeña. Sin embargo, incluye participantes de edades diversas», el contraste puede ser pertinente si se discute la representatividad. Aun así, la diversidad etaria y el tamaño muestral son propiedades diferentes que no se compensan automáticamente.

Los segmentos también pueden organizarse jerárquicamente. Una afirmación central recibe una prueba, una precisión o una reserva subordinada. Si el lector interpreta todas las frases como contribuciones equivalentes, pierde la distribución de importancia. Mann y Thompson (1988) desarrollaron la Rhetorical Structure Theory para describir relaciones funcionales y jerarquías entre partes del texto. Su tratamiento sistemático corresponde al próximo capítulo. Por ahora basta advertir que la coherencia depende de cómo se agrupan y subordinan los contenidos, además de cómo se enlazan.

Un escritor puede aprovechar esas relaciones sin nombrarlas como etiquetas. Al redactar una revisión, decide si un nuevo párrafo amplía una conclusión, presenta evidencia que la debilita, introduce una comparación metodológica o desarrolla una consecuencia. La elección cambia lo que el lector espera y la información que necesitará a continuación. Cuando el texto alterna sin advertencia entre esas funciones, cada oración puede seguir siendo correcta mientras se pierde la trayectoria argumentativa.

Inferencias necesarias e inferencias tentadoras

Comprender un discurso requiere completar información no expresada. «El guardia buscó la llave. La puerta se abrió» permite inferir que encontró un medio para abrirla, aunque el texto no diga quién realizó la acción. En los contextos cotidianos estas operaciones son económicas, porque ningún relato podría explicitar todas las condiciones de cada acontecimiento. Graesser, Singer y Trabasso (1994) describieron distintos tipos de inferencias durante la comprensión narrativa y analizaron la tendencia del lector a buscar relaciones que den sentido a las acciones y los sucesos.

La inferencia tiene límites epistémicos. Del mismo ejemplo no se sigue que el guardia utilizara esa llave, ni siquiera que él abriera la puerta. Podría haberlo hecho otra persona. El lector puede construir un modelo suficiente para seguir la historia sin convertir cada detalle supuesto en un hecho. La distinción se vuelve decisiva al resumir documentos, donde una interpretación plausible adquiere apariencia de certeza si después se presenta como información explícita de la fuente.

El conocimiento previo determina qué conexiones parecen naturales. Un especialista reconoce por qué una prueba de laboratorio necesita control de calidad, mientras que otro lector requiere una oración explicativa. La coherencia que experimenta cada uno puede diferir sin que ninguno esté leyendo mal. Por eso la incomprensión tampoco debe atribuirse siempre a un defecto intrínseco del texto. La relación entre el discurso y su audiencia forma parte de la explicación.

Tema discursivo y organización de las referencias

Mantener un referente destacado favorece la continuidad, aunque el tema de un texto rara vez coincide con un individuo. Un artículo puede tratar sobre la confiabilidad de una técnica mientras alterna entre muestras, instrumentos, investigadores y decisiones analíticas. Su unidad procede de la pregunta que organiza esas referencias. La coherencia local necesita que cada transición aporte algo reconocible a la cuestión compartida. La global exige que esas contribuciones se acumulen en una respuesta o en un recorrido más amplio.

La disposición de la información conocida y nueva ayuda a controlar ese avance. Una oración puede partir de algo que el lector ya tiene presente y agregar un elemento que pasará a ser relevante. «El estudio incluyó tres hospitales. En dos de ellos hubo pérdidas de seguimiento» establece primero un conjunto y después selecciona una parte. «Las pérdidas de seguimiento afectaron a dos de los tres hospitales» invierte la distribución informativa, pues el problema ocupa el primer plano y el conjunto queda como especificación. Ambas versiones son correctas. Su pertinencia depende de lo que se esté discutiendo.

La progresión temática tampoco requiere que cada oración comience repitiendo la entidad anterior. En la explicación de un dispositivo puede pasarse de su diseño al mecanismo, del mecanismo a los límites de operación y de estos a las condiciones de prueba. Las transiciones son coherentes cuando el lector reconoce una secuencia funcional. Si el texto introduce la historia de la empresa fabricante sin relacionarla con el problema tratado, la continuidad temática se debilita aunque el nombre del dispositivo aparezca en cada párrafo.

Macroestructuras, hechos particulares y asunto central

Una noticia puede describir una sesión parlamentaria mediante cuarenta intervenciones, tres votaciones, varias interrupciones y la reacción de grupos distintos. El lector rara vez conserva cada detalle. Puede resumirla con una afirmación como «El parlamento rechazó la reforma tributaria tras un debate dividido». Esa proposición quizá no figure literalmente en la noticia. Organiza la información bajo una estructura global que permite recordarla e interpretarla.

Teun A. van Dijk (1980) desarrolló una teoría de las macroestructuras para explicar cómo se organizan los contenidos globales del discurso. Más tarde, con Walter Kintsch, vinculó esas operaciones con estrategias de comprensión (van Dijk y Kintsch, 1983). En términos didácticos, puede hablarse de operaciones que eliminan detalles menos relevantes, generalizan conjuntos de proposiciones y construyen una representación de orden superior que reúne una secuencia. Ninguna de ellas es un algoritmo mecánico que produzca siempre el mismo resumen. Todas requieren atender al propósito del texto, a lo que el lector conoce y a la información que resulta decisiva.

Tomemos cuatro afirmaciones, «El camino principal está cortado», «El puente alternativo no soporta vehículos pesados», «El helicóptero no puede despegar por mal tiempo» y «Los suministros no han llegado». Una macroproposición posible sería «Las restricciones de transporte impiden abastecer la localidad», que reúne las condiciones en una explicación del problema central. Otra macroproposición, destinada a un informe de gestión, podría ser «El abastecimiento requiere una vía logística distinta». La primera resume un estado de cosas y la segunda formula una necesidad operativa. La coherencia global depende también de la actividad que se realiza con el discurso.

Escribir un título es una forma visible de construir una macroestructura, aunque el cuerpo del texto tenga que sostenerla. Una revisión titulada «Limitaciones de los modelos predictivos en psiquiatría» necesita distribuir sus secciones conforme a las limitaciones que pretende analizar. Si dedica la mayor parte al desarrollo histórico de la inteligencia artificial sin conectar esa historia con el problema, su organización global se debilita. Puede contener párrafos correctos y bien trabados en su interior mientras la unidad prometida por el título queda incompleta.

La comprensión como construcción de una representación

El modelo de construcción e integración propuesto por Kintsch (1988) da una explicación cognitiva de cómo un lector pasa de unidades lingüísticas a una representación relacionada. De manera simplificada, durante la construcción se activan significados, proposiciones e inferencias que pueden incluir alternativas inicialmente incompatibles o poco pertinentes. Los procesos de integración favorecen las relaciones que forman una estructura consistente con el material y con el conocimiento disponible, en tanto que otras pierden activación.

La perspectiva ayuda a entender por qué el lector no almacena una transcripción literal de todas las oraciones. Puede retener una representación proposicional del texto y construir un modelo de situación, es decir, una organización mental de participantes, acontecimientos, estados y relaciones espaciales, temporales y causales. Las diferencias entre estas representaciones tienen consecuencias. Alguien puede recordar correctamente que un personaje dijo «Cerré la puerta» sin recordar quién había quedado afuera, aunque ese dato fuera esencial para comprender lo que siguió.

El modelo muestra también el peso de la consistencia entre fragmentos. Una afirmación posterior puede exigir recuperar información anterior que ya no está activa en la memoria inmediata. Cuando el texto da señales suficientes, la integración sostiene la representación. Cuando cambia de tema, de tiempo o de referente sin apoyo, el lector debe reconstruir los vínculos con mayor esfuerzo. Esa sobrecarga puede darse sin incoherencia objetiva, aunque revela que el texto exige más recursos de los que su destinatario dispone en esa situación.

Conocimiento previo y dificultad productiva

La coherencia explícita suele ayudar a quienes carecen de conocimientos sobre un dominio. Un texto de fisiología que introduce cada relación anatómica y funcional permite construir conexiones que un principiante no podría inferir por su cuenta. Para lectores expertos, en cambio, explicitar todos los enlaces puede ser innecesario. Los experimentos de McNamara y colaboradores (1996) mostraron interacciones entre coherencia textual, conocimiento previo y comprensión. En ciertas condiciones, los lectores con mayor conocimiento se beneficiaban de tener que inferir relaciones, mientras que los menos preparados necesitaban apoyos explícitos.

El hallazgo exige cuidado. De él no se desprende que la escritura confusa sea pedagógicamente superior ni que ocultar información produzca automáticamente un aprendizaje profundo. La dificultad útil depende de que el estudiante disponga de recursos para reparar las omisiones. Un salto entre dos hechos muy especializados puede activar una inferencia en un investigador experimentado y bloquear por completo a quien recién se inicia. El autor necesita saber para quién escribe y qué conceptos ha introducido antes.

Los géneros regulan estas expectativas. En un artículo dirigido a especialistas es razonable omitir definiciones elementales y concentrar los recursos explicativos en lo novedoso. En un libro destinado a profesionales de disciplinas diversas, la misma abreviatura puede interrumpir la coherencia si no ha sido definida. Dejar una relación sin explicar puede generar suspenso en un relato literario, mientras que en un instructivo de administración farmacológica una omisión equivalente sería un defecto grave.

Adecuarse al destinatario tampoco significa simplificar indiscriminadamente. Hay relaciones complejas que exigen conservar matices aun cuando vuelvan la lectura más lenta. Lo que se busca es distribuir el esfuerzo de manera deliberada, explicitando aquello que el lector no puede reconstruir con seguridad y preservando las dificultades que pertenecen realmente al problema intelectual tratado.

Coherencia argumentativa y responsabilidad epistémica

Un texto puede presentar un hilo lógico reconocible y basarse, aun así, en premisas falsas. Supongamos el siguiente razonamiento. «Todos los tratamientos eficaces mejoran la calidad de vida. Este tratamiento redujo una puntuación de síntomas. Por lo tanto, mejoró la calidad de vida». El párrafo intenta sostener una conclusión mediante una relación entre eficacia, síntomas y calidad de vida. Un cambio en una escala sintomática, sin embargo, deja abierta la pregunta por el beneficio en otra dimensión. La progresión es coherente como discurso y la inferencia sigue siendo inválida.

En la escritura científica ayuda separar el problema de seguir el argumento del problema de justificar sus proposiciones. El primero pregunta si el lector reconoce por qué aparece cada afirmación. El segundo pregunta si existe evidencia suficiente para aceptarla. Una revisión puede sufrir ambos problemas a la vez, cuando salta de un resultado aislado a recomendaciones generales sin explicar el puente inferencial y carece además de estudios que sostengan ese salto. Añadir «por consiguiente» mejora la señalización y deja intacta la insuficiencia probatoria.

La contradicción merece un tratamiento igualmente preciso. Dos estudios con resultados opuestos pueden formar parte de una revisión coherente si el autor explica las diferencias de muestra, metodología o definición. «El estudio A encontró un efecto positivo. El estudio B no encontró diferencias. Las estimaciones no pueden considerarse equivalentes por sus distintos desenlaces» presenta una discrepancia organizada. Una revisión crítica debe esclarecer las relaciones entre observaciones opuestas y determinar qué inferencias permite el conjunto.

Los cambios de certeza pesan del mismo modo. «Los datos sugieren una asociación» y «La intervención causa el resultado» pertenecen a niveles epistémicos diferentes. Si el texto pasa de una formulación a otra sin nueva evidencia, puede conservar la continuidad temática mientras altera indebidamente la fuerza de la afirmación. Una edición rigurosa revisa los conectores, el alcance de las conclusiones, las condiciones de aplicación y el grado de incertidumbre. La coherencia argumentativa incluye conservar las distinciones que hacen legítimo el razonamiento.

Continuidad narrativa sin orden lineal

Las narraciones pueden sostener coherencia global mediante protagonistas, conflictos, metas y consecuencias aun cuando alteren el orden cronológico o la perspectiva. Una novela comienza con el juicio de un personaje, retrocede a su infancia y vuelve después al presente. Las escenas forman una unidad si el lector llega a comprender por qué el pasado modifica el sentido del juicio. Cada transición puede quedar sin explicar en el momento en que aparece, porque la continuidad se construye a veces retrospectivamente.

Los cambios de focalización tampoco suponen una ruptura. Una lectura narra desde la perspectiva de una científica y el siguiente sigue al operador de una instalación que ella desconoce. La relación global puede depender del mismo acontecimiento visto desde posiciones diferentes. Un lector tolera la falta de conexión inmediata porque reconoce convenciones narrativas y anticipa que ambas líneas se encontrarán. Esa expectativa forma parte de la interpretación del género, aunque el encuentro posterior quede sin asegurar.

En una narración deliberadamente fragmentaria, el autor puede suspender determinadas relaciones. El recurso da resultado cuando la indeterminación es inteligible como parte de la experiencia representada. Si una novela cambia sin aviso de protagonista, lugar y época en cada párrafo, la dificultad quizá exceda la intención del autor. Con todo, no existe una medida universal de fragmentación aceptable. La exigencia de coherencia se evalúa respecto del proyecto estético, la formación del lector y las convenciones que el texto adopta o modifica.

Una historia de enfermedad es un caso particular. Una persona puede contar síntomas, interrupciones biográficas, interpretaciones retrospectivas y episodios laborales en un orden diferente del que un profesional usaría para escribir una anamnesis. Esa organización narrativa puede obedecer a la relevancia personal de los acontecimientos. Reordenarla cronológicamente facilita ciertas decisiones clínicas y puede ocultar, a la vez, qué relaciones considera significativas el narrador. Los dos productos discursivos cumplen funciones distintas, así que ninguno debe evaluarse como versión defectuosa de un relato ideal único.

Incoherencia, contexto y psicopatología

La entrevista psiquiátrica puede contener cambios bruscos de tema, ambigüedades causales, interrupciones y dificultades para mantener una línea expositiva. Estos fenómenos merecen una descripción precisa, aunque de ellos no se sigue ninguna conclusión diagnóstica automática. Un entrevistado puede responder de manera fragmentaria por ansiedad, cansancio, problemas auditivos, barreras idiomáticas, distracción situacional o un estilo narrativo particular. También puede ocurrir que el entrevistador cambie de asunto antes de que termine de hablar. La organización de la interacción contribuye a lo que finalmente queda registrado como discurso de una persona.

Hay que distinguir la incoherencia apreciada por el oyente, la alteración formal del pensamiento y el desacuerdo acerca del contenido. Un relato puede ser internamente consistente aunque refiera experiencias inusuales o creencias que el profesional juzga falsas. A la inversa, alguien puede sostener afirmaciones verosímiles con transiciones tan abruptas que el interlocutor no logre recuperar el vínculo entre ellas. La plausibilidad del mundo descrito y la organización discursiva deben examinarse por separado.

La comparación requiere considerar el nivel lingüístico. Un paciente puede resolver correctamente las referencias pronominales y tener dificultades para sostener una finalidad global. Otro puede mantener una narrativa completa y producir confusiones locales entre participantes. Debe observarse además la variación dentro de la entrevista. Si la fragmentación aparece solo cuando se pregunta por un episodio traumático, su distribución es distinta de la que se apreciaría a lo largo de toda la conversación y frente a tareas diversas.

El análisis lingüístico puede aportar datos útiles para la formulación clínica, siempre que preserve la cadena entre observación e interpretación. «Ante preguntas abiertas, cambia de tema antes de completar la respuesta en cuatro oportunidades consecutivas» es una descripción contrastable. «Lenguaje incoherente por psicosis» mezcla el hallazgo con una causa aún sin demostrar. La calidad del registro depende tanto de identificar la dificultad como de dejar explícito cuánto se sabe sobre su origen.

Un caso de análisis por niveles

Examinemos un texto ficticio de una conversación ambulatoria en la que el profesional pregunta por una dificultad laboral reciente.

Profesional: ¿Qué ocurrió después de la reunión del jueves?

Consultante: Mi supervisora pidió otro informe. Yo ya había enviado uno, pero parece que faltaban unas cifras. El lunes volví a la oficina. Nadie me había avisado que el plazo terminaba el viernes. En mi casa también estábamos con problemas de conexión. Pensé que me iban a sancionar.

Profesional: ¿El lunes entregó el nuevo informe o fue cuando se enteró del plazo?

Consultante: El lunes entregué la versión corregida. El viernes anterior me habían pedido los cambios, pero yo había entendido que tenía más tiempo.

En el nivel referencial hay entidades relativamente estables, que son la supervisora, el informe, el consultante y la oficina. La correferencia de uno con informe es recuperable. La coherencia local presenta más exigencias. El hablante pasa de la solicitud de un documento a las cifras faltantes, luego al regreso a la oficina y después al plazo. Las afirmaciones son compatibles entre sí, aunque la relación cronológica entre el jueves, el viernes y el lunes todavía no está fijada. La pregunta del profesional explicita precisamente el punto que necesita reparación.

Tras la aclaración puede reconstruirse un episodio plausible. El viernes se solicitaron correcciones, el consultante entendió un plazo diferente, el lunes entregó la versión modificada y temió una sanción por la demora. La mención de los problemas de conexión introduce una circunstancia potencialmente relevante, aunque el hablante no afirma de manera explícita que esos problemas causaran el retraso. Convertir esa circunstancia en la causa documentada de la entrega tardía sería añadir información. Tampoco se sabe si hubo una sanción efectiva, pues solo consta el temor a recibirla.

En el nivel global, el intercambio gira en torno a un conflicto entre una solicitud laboral y la interpretación de un plazo. La pregunta inicial y la aclaración final mantienen esa unidad pese a las idas y venidas temporales. Si un resumen dijera «El consultante presenta discurso incoherente, problemas de memoria y dificultades en el trabajo», transformaría la necesidad de aclaración en un juicio clínico injustificado. Un resumen más fiel diría «Refiere diferencias de interpretación respecto del plazo para corregir un informe. Precisa que entregó la versión corregida el lunes, después de una solicitud recibida el viernes anterior. Expresa temor a una eventual sanción».

El ejercicio muestra el peso del proceso interactivo. Antes de la reparación, la secuencia admite varias cronologías. Después, algunas quedan descartadas. Una medición basada en el primer turno podría puntuar una coherencia local menor que otra basada en toda la conversación. Ninguna de las dos puntuaciones permite saber, sin más datos, si el hablante tenía una dificultad cognitiva o simplemente omitió relaciones que el entrevistador necesitaba para su tarea.

Utilidad y riesgos de la medición automática de coherencia

Los métodos computacionales aproximan la coherencia mediante señales observables, como la continuidad de entidades, la repetición léxica, la semejanza semántica, la estructura de conectores o las relaciones estimadas entre segmentos. Morris y Hirst (1991), por ejemplo, estudiaron cadenas de cohesión léxica calculadas mediante relaciones de tesauro como indicios de la estructura textual. Los modelos más recientes pueden estimar vínculos discursivos a partir de representaciones contextuales, aunque sus resultados dependen del corpus, del entrenamiento y de los criterios de evaluación.

Una semejanza semántica elevada entre oraciones puede coexistir con la incoherencia. «Los pacientes mejoraron. Los pacientes no mejoraron. La mejoría fue total» comparte vocabulario y tema, aunque introduce afirmaciones incompatibles si habla de los mismos pacientes, momentos y desenlaces. Un relato coherente puede, por otra parte, cambiar de vocabulario cuando describe las consecuencias de un fenómeno, como en «La tormenta destruyó el puente. Los alimentos no llegaron». La conexión requiere un conocimiento que una medida superficial de palabras compartidas podría no captar.

Las métricas también pueden ser sensibles a la longitud del texto, la tarea solicitada y la estructura de la interacción. Una respuesta a preguntas cerradas da pocas oportunidades para evaluar la cohesión o las relaciones globales, mientras que una narración libre da muchas más. Comparar ambos tipos de muestra sin controlar el procedimiento puede producir diferencias que reflejan las condiciones de obtención. En los textos escritos, la edición, el corrector automático o la asistencia generativa pueden modificar las propiedades observadas sin que cambie la competencia lingüística del autor.

Por eso una puntuación de coherencia debe leerse como un indicador operacional del rasgo que define el método. Para sostener que mide comprensión, desorganización clínica o calidad comunicativa hace falta una validación específica con evaluadores, textos y tareas apropiados. El nombre de una variable deja pendiente la investigación sobre su constructo. La misma reserva vale para los instrumentos manuales y para los clasificadores automáticos.

Revisar un texto desde su estructura y su función

La revisión editorial de la coherencia empieza con una pregunta acerca de la tarea que el texto debe cumplir. Una nota de evolución necesita comunicar qué cambió y qué consecuencias tiene para las decisiones siguientes. Un artículo científico necesita sostener una pregunta, describir cómo se investigó y justificar el alcance de sus conclusiones. Una narración literaria puede buscar una experiencia de descubrimiento en la que parte de la información permanezca oculta. Sin identificar la finalidad, una corrección puede volver más explícito un texto que necesitaba incertidumbre o conservar una ambigüedad peligrosa para su uso real.

El examen puede hacerse en tres escalas. Dentro de cada párrafo se revisa si las oraciones se conectan mediante relaciones reconocibles y si sus referentes son recuperables. Entre párrafos se pregunta qué función cumple cada bloque respecto del anterior, ya sea desarrollar, matizar, contrastar, explicar o abrir un problema distinto. En el conjunto se evalúa si las secciones contribuyen a una trayectoria reconocible y si el desenlace satisface, revisa o delimita la cuestión inicial. Cada disciplina tiene sus patrones, aunque en todas ellas debe poder justificarse por qué cada parte ocupa su lugar.

Las reparaciones deben dirigirse al defecto identificado. Si falta un antecedente, se precisa la referencia. Si la cronología es ambigua, se incorpora una marca temporal. Una inferencia causal sin prueba obliga a debilitar la conclusión o a añadir evidencia. Cuando dos párrafos repiten la misma función, se integran o se diferencian. Cuando la exposición se desvía de su objetivo, se decide si esa rama merece una sección propia. Introducir conectores en todas las transiciones puede disimular el problema sin resolverlo.

La coherencia permite al lector construir una representación utilizable de lo que el texto propone. A veces esa representación surge con facilidad y otras exige inferencias complejas o una revisión retrospectiva. La diferencia entre ambas experiencias deja abierta la pregunta por la calidad de cada texto. El criterio decisivo es si las relaciones que la actividad necesita, sea comprender una explicación, evaluar una evidencia, seguir una historia o tomar una decisión, pueden reconstruirse sin atribuir al texto información que nunca dio.

Referencias

  • Graesser, A. C., Singer, M., & Trabasso, T. (1994). Constructing inferences during narrative text comprehension. Psychological Review, 101(3), 371–395. https://doi.org/10.1037/0033-295X.101.3.371
  • Halliday, M. A. K., & Hasan, R. (1976). Cohesion in English. Longman.
  • Hobbs, J. R. (1979). Coherence and coreference. Cognitive Science, 3(1), 67–90. https://doi.org/10.1207/s15516709cog0301_4
  • Kintsch, W. (1988). The role of knowledge in discourse comprehension: A construction–integration model. Psychological Review, 95(2), 163–182. https://doi.org/10.1037/0033-295X.95.2.163
  • Mann, W. C., & Thompson, S. A. (1988). Rhetorical Structure Theory: Toward a functional theory of text organization. Text, 8(3), 243–281. https://doi.org/10.1515/text.1.1988.8.3.243
  • McNamara, D. S., Kintsch, E., Songer, N. B., & Kintsch, W. (1996). Are good texts always better? Interactions of text coherence, background knowledge, and levels of understanding in learning from text. Cognition and Instruction, 14(1), 1–43. https://doi.org/10.1207/s1532690xci1401_1
  • Morris, J., & Hirst, G. (1991). Lexical cohesion computed by thesaural relations as an indicator of the structure of text. Computational Linguistics, 17(1), 21–48. https://aclanthology.org/J91-1002/
  • van Dijk, T. A. (1980). Macrostructures: An Interdisciplinary Study of Global Structures in Discourse, Interaction, and Cognition. Lawrence Erlbaum Associates.
  • van Dijk, T. A., & Kintsch, W. (1983). Strategies of Discourse Comprehension. Academic Press.

REFERENCIA DE LA EDICIÓN WEB

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Coherencia local y global. (2026). Lingüística y Semiótica. https://linguisticaysemiotica.org/temas/coherencia-local-y-global

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