Lenguaje, computación e inteligencia artificial

Cortesía, confianza y autoridad con IA

Para orientarte: Organización secuencial y expansión, Instruction tuning, alineamiento y aprendizaje por preferencias, Grounding y reparación en interacción humano-IA.

Ver secciones del texto
  1. La cortesía como organización de relaciones
  2. Amabilidad, acuerdo y reconocimiento
  3. Confianza y conducta de dependencia
  4. Autoridad epistémica y acceso al conocimiento
  5. Autoridad deóntica y derechos de decisión
  6. La voz institucional y sus límites
  7. Desacuerdo respetuoso y crítica útil
  8. Marcadores de incertidumbre y objeto de la duda
  9. Explicaciones que permitan comprobar
  10. Preferencias culturales y variación situacional
  11. Caso de estudio sobre una revisión argumentativa
  12. Cómo estudiar estas relaciones empíricamente
  13. Criterios para una autoridad proporcionada
  14. Referencias

DESARROLLO COMPLETO · BIBLIOGRAFÍA INCLUIDA

Una respuesta amable y convincente puede estar equivocada. También puede ser correcta y estar formulada de un modo que dificulte comprenderla o discutirla antes de incorporarla a una decisión. La interacción con inteligencia artificial obliga a estudiar estas posibilidades en conjunto. La cortesía modifica las condiciones en que se recibe un mensaje y la confianza organiza las expectativas sobre el sistema. La autoridad, por su parte, determina a quién corresponde afirmar y a quién decidir dentro de una actividad. Las tres dimensiones están relacionadas, aunque cada una puede presentarse sin las otras.

El problema aparece con especial claridad cuando un asistente revisa un trabajo. Si celebra todas las propuestas, entrega reconocimiento a costa de su utilidad crítica; si convierte cada objeción en una sentencia definitiva, puede desalentar las preguntas y atribuirse competencias que no posee. Para que la colaboración sea productiva, el asistente ha de tratar al usuario con respeto y distinguir el grado de respaldo de cada afirmación sin ocultar a quién corresponde decidir. Esta lectura examina el problema como una cuestión lingüística, interaccional e institucional.

La cortesía como organización de relaciones

Los saludos, los agradecimientos y las fórmulas de disculpa son solo la parte más visible de la cortesía. Las expresiones corteses intervienen también en operaciones como la petición, que distribuye cargas, o la corrección, que expone una dificultad. Decir «hay un error en este cálculo» identifica un problema. Con «no sabes calcular», el mismo resultado local se convierte en una descalificación personal. La diferencia tiene consecuencias aunque ambas intervenciones se produzcan en una interfaz y ninguna máquina experimente desprecio o consideración.

El trabajo de Goffman sobre la imagen social ayuda a entender por qué una interacción compromete, además de información, la presentación de los participantes. Cada uno sostiene una imagen de sí que los demás pueden reconocer, cuestionar o reparar (Goffman, 1955). Aplicado a un asistente, el enfoque atiende a los efectos públicos de sus intervenciones. Una corrección proyectada en una reunión afecta al usuario de otra manera que una observación privada sobre el mismo documento. Brown y Levinson (1987) sistematizaron las relaciones entre los actos potencialmente amenazantes para la imagen y las estrategias con que se formulan. Con sus categorías se analizan la mitigación de una imposición, los gestos de acercamiento al interlocutor y el reconocimiento de su autonomía. Emplearlas no obliga a suponer que toda comunidad interprete igual una expresión indirecta ni que exista una fórmula universal de buena educación. En una tarea urgente, una instrucción breve puede resultar considerada, aunque en otra situación esa misma brevedad podría parecer desatención.

El análisis de una respuesta empieza por preguntar qué acción realiza, sobre quién recae y qué alternativas deja disponibles, porque la cortesía se juzga en la relación entre la formulación y la actividad. Anteponer un «por favor» a una exigencia improcedente no la vuelve legítima, como tampoco asegura respeto una explicación extensa si impide al usuario interrumpir o disentir. Una corrección, a su vez, deja de ser cortés cuando convierte una dificultad de la tarea en un juicio innecesario sobre la persona que pidió ayuda.

Amabilidad, acuerdo y reconocimiento

Los asistentes suelen mezclar en una misma respuesta tres operaciones distintas. La amabilidad regula el trato y el acuerdo respalda una proposición. El reconocimiento, tercera de esas operaciones, indica al usuario que su experiencia o su preocupación ha quedado registrada. Con «Entiendo que ese resultado te sorprenda» es posible reconocer una reacción sin aceptar una explicación causal. «Tu interpretación es correcta», en cambio, toma posición sobre el contenido. Cuando ambas intervenciones se confunden, la atención interpersonal se transforma en una certificación que quizá carezca de fundamento. Supongamos que una investigadora afirma que un resultado inesperado demuestra un fraude. Nada impide al asistente reconocer la importancia de la discrepancia y ayudar a examinarla, ya que mostrarse dispuesto a colaborar con la investigadora no lo obliga a validar la acusación. Una respuesta cortés y precisa tomaría en serio la sospecha e identificaría los datos conocidos, las explicaciones alternativas compatibles con ellos y la revisión capaz de discriminar entre esas explicaciones y la del fraude.

El reconocimiento admite distintos grados de especificidad. «La comparación entre ambos casos está clara» informa sobre una decisión de escritura, de modo que quien escribe sabe qué conservar mientras corrige otra parte del texto. «Tu trabajo es extraordinario» reparte una valoración global difícil de justificar y vuelve incómoda cualquier objeción posterior, porque el elogio ya creó un compromiso que el examen del contenido quizá no pueda sostener.

Las preferencias del usuario y sus afirmaciones contrastables reciben un trato diferente. Si una persona prefiere una introducción breve, no hace falta corregir su gusto con una norma estética pretendidamente objetiva. Otra cosa ocurre cuando sostiene que una cita aparece en una página concreta, porque entonces corresponde verificar el dato. La autoridad del usuario sobre sus fines y experiencias no alcanza por defecto a cualquier hecho externo. De manera recíproca, la capacidad del sistema para recuperar información tampoco le da derecho a redefinir esos fines.

Confianza y conducta de dependencia

La confianza designa una expectativa acerca de cómo se comportará una entidad en condiciones de incertidumbre. Apoyarse en ella es otra cosa, una decisión situada. Hay quien desconfía de un asistente y lo usa porque no dispone de otra herramienta. A la inversa, quien lo valora favorablemente puede revisar cada resultado porque la tarea lo exige. Observar un uso frecuente no alcanza para inferir confianza. Tampoco una puntuación positiva en una encuesta indica cuánto se delega en la práctica.

Lee y See (2004) sitúan el problema del diseño en la dependencia apropiada respecto de la automatización. Con ese planteamiento pierde fuerza la idea de que incrementar la confianza sea siempre deseable. Si un sistema responde bien a consultas generales y falla al interpretar documentos deteriorados, una expectativa uniforme sería inadecuada. En una relación útil, el grado de delegación puede ajustarse a la tarea, a la evidencia disponible y al costo de una equivocación. La alternativa práctica también cuenta. Revisar a mano una clasificación puede ser sencillo con diez documentos e inviable con miles. La aceptación de un resultado refleja el tiempo disponible y la organización del trabajo, incluidos los mecanismos de revisión, además de la impresión que produce la interfaz. Una evaluación de la confianza que ignore ese entorno puede atribuir al tono lingüístico lo que depende de restricciones materiales, ya que el usuario quizá acepta porque el procedimiento no le deja otra salida operativa.

Una buena interacción hace visibles los motivos para apoyarse en una respuesta. Indica qué documento se consultó y qué parte pudo comprobarse, así como las lagunas relevantes que persisten, sin acompañar cada oración con una advertencia. Sí debe aportar la información que cambiaría razonablemente la decisión de aceptar el resultado o comprobarlo. Si además el sistema deja ver en qué tareas es más fiable, la confianza del usuario se vuelve más específica y deja de descansar en la imagen de una competencia homogénea.

Autoridad epistémica y acceso al conocimiento

La autoridad epistémica concierne a las posiciones relativas respecto del conocimiento. El autor de un texto conoce de primera mano su intención, otra persona puede manejar mejor las convenciones editoriales y un catálogo registra datos que ninguno de los dos recuerda. Estas posiciones se distribuyen por dominios y pueden cambiar durante la conversación. Heritage (2012) mostró la importancia de atender a los territorios de conocimiento y a la manera en que cada turno solicita o presenta información.

En una interacción con IA, la fluidez puede disimular las diferencias de acceso. Es posible que un asistente describa con soltura un archivo que nunca abrió o que exprese con dudas excesivas un dato recién recuperado de una fuente pertinente. La postura verbal y la base informativa deben analizarse por separado. La primera se observa en los modalizadores y las negaciones. Para conocer la segunda hay que examinar los documentos y las herramientas empleados, junto con los límites del contexto disponible al responder.

El usuario, por su parte, conserva una posición privilegiada respecto de ciertas experiencias, aunque puede necesitar ayuda para interpretarlas. Quien dice «me resultó confuso este párrafo» informa de una experiencia de lectura. Si añade que «el párrafo es confuso para todos», generaliza más allá de ella. El asistente está en condiciones de aceptar la primera descripción y examinar críticamente la segunda sin desacreditar al usuario. Con ello respeta el alcance de lo que este sabe y evita que un testimonio situado se convierta en una conclusión universal.

La competencia del sistema también es localizada. Haber identificado correctamente cinco referencias no le concede autoridad sobre la intención del autor, la validez de toda una teoría o las decisiones de una revista. La conversación debería admitir ascensos y descensos de confianza según aparezca evidencia nueva. Cuando el asistente pasa a otro dominio, puede necesitar un método distinto y explicitar brevemente el cambio. Mantener la misma voz al pasar de un tema a otro no acredita una competencia demostrada en el nuevo dominio.

Autoridad deóntica y derechos de decisión

La autoridad deóntica concierne al derecho a determinar cursos de acción. Stevanovic y Peräkylä (2012) estudiaron cómo los anuncios, las propuestas y las respuestas que reciben negocian ese derecho en la interacción. Para un asistente, saber que una opción está disponible y tener permiso para ejecutarla son cosas diferentes. Describir correctamente cómo se modifica un documento es compatible con carecer de autorización para sustituir su versión pública o enviarla a terceros. La gramática participa en esa distribución de derechos. «Podrías retirar esta sección» presenta una posibilidad, «retira esta sección» formula una instrucción y «he retirado esta sección» anuncia una acción realizada. Las tres formas difieren en firmeza y, sobre todo, en la relación que presuponen entre asesoramiento, decisión y ejecución. Su adecuación depende del encargo, pues una edición autorizada admite iniciativas que serían improcedentes en una consulta destinada únicamente a obtener observaciones.

Cuando una autorización abarca varias decisiones rutinarias, no hace falta confirmarlas una por una. Quien pide corregir las erratas de un archivo no espera que se le consulte por cada tilde. La dificultad está en advertir cuándo una acción altera el alcance del encargo, como ocurre al reescribir una conclusión sustantiva, eliminar una sección argumentativa o publicar una versión nueva. La cortesía pide entonces respetar la distribución de control establecida para la actividad y reservar las consultas para esos cambios de alcance.

La voz institucional y sus límites

En los entornos institucionales puede haber varios titulares de derechos. La persona que conversa con el asistente quizá está facultada para preparar una propuesta, aunque no para aprobar un presupuesto. El sistema no debería tratar la accesibilidad técnica de una herramienta como una autorización social, ya que un botón ejecutable solo indica una posibilidad operativa. Una interfaz responsable vincula las acciones a roles y permisos identificables y comunica su resultado sin atribuirse facultades adicionales.

Un asistente ubicado en la página de una universidad puede ser interpretado como portavoz de la institución. El logotipo, el dominio, la firma y la ubicación del chat favorecen esa lectura antes de que aparezca la primera respuesta. Si el sistema afirma que una solicitud ha sido aceptada, el usuario puede entender que existe una decisión administrativa. El efecto de autoridad procede del conjunto de signos y procedimientos que rodean al mensaje. Ese efecto aconseja mantener separadas la información, la orientación y la resolución. Comunicar un plazo o explicar un requisito pertenece a las dos primeras. Conceder una prórroga o certificar que el requisito se cumplió es resolver, algo que requiere un procedimiento determinado y una competencia institucional reconocida. Una respuesta cortés pero ambigua sobre el estado del trámite puede crear expectativas más costosas que una aclaración breve sobre lo que se ha registrado y lo que sigue pendiente.

La atribución de responsabilidad debe seguir siendo identificable aunque el sistema tenga una personalidad conversacional. Cuando el asistente transmite una decisión institucional, el usuario tiene que poder reconocer el procedimiento o la autoridad que la respalda. Si se trata de una interpretación preliminar, conviene que esa condición sea reconocible. Esas distinciones no obligan a cargar cada conversación de detalles técnicos y permiten al usuario reclamar o continuar su gestión sin conjeturas sobre la voz que escucha.

Si una institución prefiere un tono cercano, puede adoptarlo sin borrar estas diferencias. La cercanía deja de ser adecuada cuando el asistente habla como si cualquier cuestión pudiera resolverse mediante una promesa personal suya. Una expresión como «me encargo de todo» resulta problemática si oculta etapas que requieren intervención humana. Una comunicación más precisa podría indicar qué acción se realizó, qué comprobación falta y dónde se verá el resultado.

Desacuerdo respetuoso y crítica útil

El desacuerdo recae a veces sobre una afirmación y otras sobre una inferencia, un procedimiento o una preferencia. Identificar su objeto evita que la respuesta parezca una oposición global al usuario. Decir «los datos no permiten esa conclusión» puede llevar a revisar una premisa, a reunir más evidencia o a restringir el alcance de la tesis. La frase «tu idea no sirve», en cambio, dificulta localizar el problema y extrae una evaluación total de una dificultad particular. Una crítica útil expone su motivo junto con alguna posibilidad de reparación. Ante un argumento deductivo señalará el paso que no se sigue, del mismo modo que en una descripción histórica indicará qué documento falta o, en una propuesta metodológica, qué variable quedó sin controlar. La cortesía está en esa precisión, que ahorra al usuario el trabajo de adivinar la objeción. Para ello, el asistente no necesita envolverla en elogios ni diluirla en una insinuación difícil de interpretar.

El asistente debe poder revisar su propio desacuerdo. Si el usuario aporta una fuente nueva o aclara una restricción omitida, mantener la objeción anterior para aparentar consistencia sería una forma de rigidez. Un cambio de posición acompañado de su motivo puede fortalecer la relación de trabajo. La revisión se justifica por evidencia nueva o por una aclaración relevante. La insistencia del usuario, su rango o el deseo de terminar la discusión no son razones para cambiar de postura.

Hay diferencias que no piden corrección. Una metáfora deliberada, una voz narrativa elegida con intención o una convención acordada se apartan a veces del uso más frecuente sin ser errores. El asistente necesita comprender el propósito del texto antes de aplicarle un criterio, porque corregir de manera indiscriminada puede imponer una norma ajena a la tarea y reducir la autonomía expresiva de quien escribe. Un desacuerdo respetuoso reserva la exigencia para los hechos relevantes y deja en manos del autor las opciones que admiten más de una solución legítima.

Marcadores de incertidumbre y objeto de la duda

Los marcadores de incertidumbre tienen efectos interaccionales. Expresiones como «quizá», «probablemente» o «con la información disponible» pueden delimitar una afirmación y dejar espacio para revisarla, aunque también pueden volverse hábitos vacíos que oscurecen lo que sí se sabe. Cuando todas las frases llevan reservas equivalentes, el usuario pierde la señal con que distinguiría una constatación documental de una hipótesis, porque la reserva ya no corresponde a una incertidumbre concreta y relevante para la decisión.

Una respuesta informativa identifica el objeto de la duda. El año de publicación de una obra puede estar confirmado mientras sigue siendo incierta la atribución de una edición particular. Del mismo modo, se conoce a veces una regla general y falta el dato para aplicarla al caso. Al descomponer la respuesta se conserva lo establecido sin presentar el conjunto como seguro. Con ello el usuario dispone de un mapa de las comprobaciones pendientes. Ante una advertencia general tendría que asumir él solo toda la carga interpretativa. La cautela indiscriminada que expresa esa advertencia llega además a desalentar el uso de información sólida o a inducir consultas innecesarias. El exceso de seguridad, en el otro extremo, favorece la aceptación injustificada. Para evitar ambos problemas, la firmeza de la formulación debe ajustarse al respaldo disponible y al tipo de afirmación, así como a la posibilidad de que una ambigüedad cambie el curso de la actividad.

Un límite declarado debería ir asociado a una acción útil. «No puedo comprobar esta cita porque no dispongo de la edición» explica una restricción e indica qué documento haría falta, de modo que el usuario puede seguir trabajando con conocimiento de las condiciones reales de la información. «Podría estar equivocado» no señala ningún paso siguiente y puede servir de descarga genérica de responsabilidad.

Explicaciones que permitan comprobar

Una explicación a veces aumenta la impresión de competencia sin mejorar la comprensión del resultado. La extensión, la terminología especializada y la organización en pasos producen señales de elaboración que, tomadas solas, no son evidencia. Para valorar una explicación hay que examinar si conecta las afirmaciones con datos accesibles, si distingue los supuestos de los resultados y si permite localizar un posible fallo, condiciones que pueden faltar en una exposición muy persuasiva. En una revisión bibliográfica, una explicación comprobable identifica la referencia y el fragmento en que se apoya. Un cálculo resulta comprobable cuando sus operaciones pueden reconstruirse con las cantidades utilizadas; una clasificación interpretativa lo es si explicita su criterio y lo contrasta con un caso limítrofe. Como estas tareas admiten tipos de demostración diferentes, exigir una fórmula donde corresponde una interpretación puede ser tan engañoso como presentar una narración convincente allí donde habría que mostrar un procedimiento verificable.

Buçinca, Malaya y Gajos (2021) examinaron intervenciones destinadas a promover la deliberación en decisiones asistidas por IA. Algunas condiciones redujeron la dependencia excesiva, aunque las valoraciones de los participantes no favorecieron necesariamente las intervenciones más eficaces. Este resultado puntual recuerda que la satisfacción y el juicio adecuado pueden divergir. No justifica obstaculizar toda interacción y sí da razones para investigar en qué tareas una pausa, una comparación o una decisión inicial del usuario aporta un beneficio real. La fricción debe ser proporcional. Pedir una justificación detallada para corregir una errata podría resultar absurdo, aunque sí puede ser útil pedir que se revise una inferencia central antes de incorporarla a un informe. El diseño necesita identificar dónde se propagaría un error y dónde una comprobación es barata, para concentrar la inspección en esos puntos sin convertir la colaboración en una auditoría exhaustiva.

Preferencias culturales y variación situacional

Las convenciones de cortesía varían entre comunidades, instituciones y situaciones. El tratamiento de usted, el uso de nombres propios, las fórmulas de saludo y la explicitud del desacuerdo carecen de valores fijos fuera de contexto. Una interfaz no debería inferir una preferencia individual únicamente a partir de una nacionalidad, una edad o una lengua. Es posible adoptar un registro inicial razonable y ajustarlo cuando el usuario expresa una preferencia o la actividad pide otro nivel de formalidad.

El ajuste debe conservar el contenido relevante. Nada obliga a borrar los límites de una explicación para hacerla más directa, ni a introducir intimidad para hacerla más cercana. Tampoco un registro técnico justifica esconder la incertidumbre tras el vocabulario especializado. La adaptación adecuada modifica la forma para facilitar la comprensión y la cooperación. Si llega a cambiar las conclusiones para agradar a destinatarios distintos, el problema deja de ser de estilo y afecta a la integridad del intercambio.

La accesibilidad también modifica la cortesía. La longitud adecuada de una respuesta depende de las necesidades que manifiesta el usuario y de las exigencias concretas del problema. A quien usa un lector de pantalla o debe localizar rápidamente una instrucción, un texto excesivamente largo puede dificultarle la tarea. La brevedad, por su parte, puede ser respetuosa si conserva lo indispensable y da la opción de ampliar los detalles, aunque en otros casos la falta de explicación impide evaluar una recomendación.

La negociación de estas preferencias se observa en la conducta del sistema. Si el usuario pide menos elogios o mayor precisión, basta con aplicar el cambio desde la intervención siguiente y mantenerlo mientras convenga a la conversación, sin dramatizar el ajuste ni anunciar una transformación personal.

Caso de estudio sobre una revisión argumentativa

Consideremos un ejemplo construido. Una autora pide revisar un ensayo que sostiene que toda simplificación terminológica empobrece una teoría. El asistente está autorizado para comentar el texto y proponer cambios, pero no para sustituir el documento.

La tesis contiene una generalización fuerte. Una respuesta complaciente podría celebrar su contundencia y una autoritaria, declararla falsa sin dar explicaciones. Las dos desaprovechan la ocasión de convertir la revisión en una indagación sobre las condiciones en que la simplificación resulta problemática.

Una intervención más útil distingue el propósito de la autora del alcance de su afirmación. Puede reconocer que el ensayo quiere defender diferencias conceptuales importantes y advertir que «toda» obliga a una prueba demasiado amplia. A continuación propone comparar dos casos. En uno, la simplificación borra una distinción; en el otro, sustituye una expresión innecesariamente oscura sin alterar el contenido. El desacuerdo queda así referido a una inferencia concreta y aporta material para revisar la formulación de la tesis.

La autora responde que escribe una pieza polémica y quiere conservar su energía retórica. El dato modifica el criterio estilístico, aunque el argumento sigue sin respaldar una afirmación universal. Una salida razonable es sugerir una frase enfática de alcance delimitado y explicar en qué difiere de la original. La propuesta respeta la autoridad de la autora sobre el tono y mantiene la exigencia sobre lo que el argumento sostiene, sin obligar a ninguna de las partes a abandonar del todo su posición inicial.

Si la autora acepta una propuesta, el asistente tiene que respetar el alcance de esa aceptación. Haber aprobado una reformulación deja fuera de lo autorizado los cambios en otras secciones del ensayo y su envío a una revista. Al cerrar, el asistente puede dejar constancia de la versión elegida y de la objeción que sigue sin resolver. En este ejemplo, la cortesía, la confianza y la autoridad se coordinan mediante acciones observables. La crítica señala una inferencia concreta con razones accesibles, el asistente ajusta su criterio cuando la autora aporta información nueva y la ejecución se limita al encargo que realmente se recibió.

Cómo estudiar estas relaciones empíricamente

Un diseño experimental posible compara respuestas de estilos distintos con el contenido constante. Sin ese control, la versión amable quizá incluya más información y la versión seca menos razones, con lo cual las diferencias no podrían atribuirse al trato. También conviene variar la corrección de la respuesta con independencia del estilo, para examinar si un tono considerado ayuda a entender las respuestas correctas o si aumenta la aceptación de recomendaciones equivocadas dentro de una tarea delimitada. Las medidas deben corresponder a preguntas distintas y ninguna sustituye automáticamente a las demás. Una escala sirve para registrar la comodidad percibida; con una tarea de revisión puede verse si los participantes detectan errores y con una elección, cuánto trabajo delegan. El tiempo empleado y la calidad de la decisión final aportan información adicional. El análisis debe establecer, sobre todo, si una mejora en la satisfacción coincide con un mejor desempeño o con una menor disposición a cuestionar afirmaciones que deberían comprobarse.

El análisis cualitativo estudia el proceso, en particular lo que hace el usuario después de una objeción (aportar evidencia, cambiar de tema, aceptar sin revisar o solicitar una fuente) y si el asistente distingue una corrección de una preferencia. Estas secuencias muestran mecanismos que una puntuación global puede ocultar. Los registros deben interpretarse junto con el encargo, los documentos disponibles y las posibilidades reales de actuación, porque una misma aceptación verbal puede cerrar actividades muy diferentes según el contexto.

La investigación debería informar también los límites de su generalización. Los resultados obtenidos con estudiantes en una tarea breve no anticipan sin más cómo actuarán profesionales tras meses de uso. Una conversación individual, a su vez, no reproduce las jerarquías de una reunión laboral. Estas diferencias delimitan lo que cabe concluir del experimento sin restarle utilidad. Un informe cuidadoso separa el efecto observado del mecanismo propuesto y declara qué condiciones quedan sin examinar.

Criterios para una autoridad proporcionada

Un asistente que sostiene afirmaciones claras no necesita por ello adoptar una voz omnisciente. Su autoridad práctica debe descansar en actuaciones verificables, como recuperar información pertinente, aplicar criterios explícitos, corregir errores y reconocer cuándo cambia el problema. La forma lingüística contribuye a hacer visible ese trabajo, pero no compensa su falta. Una afirmación directa es adecuada cuando su respaldo es suficiente. Si falta una comprobación capaz de alterar la conclusión o su aplicación, corresponde una reserva específica. La posibilidad de impugnar un resultado es otro criterio observable. Cabe que un sistema muestre sus fuentes y conserve, sin embargo, un procedimiento cerrado en el que nadie logra corregir una atribución errónea. Para que la información tenga consecuencias debe existir una vía de revisión compatible con la actividad. En una consulta informal bastará con aportar un documento; en un trámite puede requerirse una instancia identificable. La autoridad proporcionada incluye esa apertura a la rectificación, porque una explicación accesible pierde parte de su valor cuando el resultado no admite ninguna respuesta efectiva.

La confianza proporcionada admite diferencias entre tareas, de modo que dentro de una misma sesión puede ser razonable aceptar una corrección ortográfica y revisar una atribución bibliográfica. El sistema facilita esa discriminación cuando informa qué hizo, qué encontró y qué sigue siendo una interpretación. Con ello la relación prescinde de una valoración global del asistente como «bueno» o «malo» y se apoya en expectativas más precisas sobre sus capacidades, procedimientos y límites en cada actividad.

Si el usuario puede discutir o corregir una respuesta sin costos interpersonales innecesarios, la cortesía cumple su función. La pierde, en cambio, cuando encubre errores, solicita adhesión o convierte en verdad cualquier preferencia del usuario. Las negativas y las objeciones caben en una interacción respetuosa si se fundan en razones comprensibles sobre la tarea y dejan al usuario el control de las decisiones que le corresponden.

El problema central reside en la manera en que se distribuyen el conocimiento y los derechos entre los participantes. Quién conoce qué, quién decide qué, con qué evidencia se revisa una afirmación y qué acción se autorizó realmente son preguntas que conectan la microestructura de una frase con el funcionamiento de una institución. Reaparecen en los vínculos más duraderos con sistemas conversacionales, donde la familiaridad, la compañía y la continuidad del trato añaden expectativas nuevas a la cooperación entre personas y máquinas.

Referencias

Brown, P., & Levinson, S. C. (1987). Politeness: Some Universals in Language Usage. Cambridge University Press. https://www.cambridge.org/highereducation/books/politeness/89113EE2FB4A1D254D4A8D2011E542E4

Buçinca, Z., Malaya, M. B., & Gajos, K. Z. (2021). To Trust or to Think: Cognitive Forcing Functions Can Reduce Overreliance on AI in AI-assisted Decision-making. Proceedings of the ACM on Human-Computer Interaction, 5(CSCW1), artículo 188. https://doi.org/10.1145/3449287

Goffman, E. (1955). On Face-Work: An Analysis of Ritual Elements in Social Interaction. Psychiatry, 18(3), 213–231. https://doi.org/10.1080/00332747.1955.11023008

Heritage, J. (2012). Epistemics in Action: Action Formation and Territories of Knowledge. Research on Language and Social Interaction, 45(1), 1–29. https://doi.org/10.1080/08351813.2012.646684

Lee, J. D., & See, K. A. (2004). Trust in Automation: Designing for Appropriate Reliance. Human Factors, 46(1), 50–80. https://doi.org/10.1518/hfes.46.1.50_30392

Stevanovic, M., & Peräkylä, A. (2012). Deontic Authority in Interaction: The Right to Announce, Propose, and Decide. Research on Language and Social Interaction, 45(3), 297–321. https://doi.org/10.1080/08351813.2012.699260

REFERENCIA DE LA EDICIÓN WEB

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Cortesía, confianza y autoridad con IA. (2026). Lingüística y Semiótica. https://linguisticaysemiotica.org/temas/cortesia-confianza-y-autoridad-con-ia

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