Narrar es transformar
Una historia puede comenzar con una persona separada de algo que valora y terminar en posesión de ello. Otras pasan de una alianza a una ruptura, de la ignorancia al conocimiento o de la libertad a una obligación. La narración introduce una diferencia entre estados. Greimas y la Escuela de París llevaron esta intuición hasta una formalización ambiciosa según la cual una narrativa admite, más allá de sus personajes y acontecimientos, un análisis como secuencia de estados y transformaciones en la relación entre sujetos y objetos de valor (Courtés, 1976; Schleifer, 1987). Las transformaciones dependen a su vez de capacidades, obligaciones, deseos y conocimientos, condiciones que la teoría describe mediante modalidades.
El resultado es una gramática narrativa abstracta que examina una historia como circulación de valores, adquisición de competencias, ejecución de programas y evaluación de resultados (Hénault, 1992; Perron y Collins, 1989). La lectura Programa narrativo y modelo actancial en Greimas presentó los actantes (Greimas, 1966) y el programa narrativo. Esta lectura desarrolla la mecánica interna de esa arquitectura.
Estado, enunciado de estado y objeto de valor
Un estado narrativo describe una relación relativamente estable entre un Sujeto y un Objeto, que en su forma más sencilla une al Sujeto con el Objeto de valor o lo separa de él. Una persona posee una llave que otra no tiene, un investigador conoce un dato que otro ignora y una comunidad controla un territorio que otra ha perdido. Los contenidos cambian, pero la estructura se describe mediante relaciones de conjunción y disyunción.
Para representar esta relación la semiótica narrativa usa el enunciado de estado, que de manera simplificada se escribe S ∧ O cuando el Sujeto está en conjunción con el Objeto y S ∨ O cuando está en disyunción. Los símbolos son una notación semiótica para relaciones de posesión, unión, acceso o participación en un valor y difieren de una lógica proposicional estándar aplicada de manera literal. Lo importante es la oposición entre tener y no tener, acceder y no acceder, estar unido y estar separado.
El Objeto de valor puede ser abstracto, como el conocimiento en una narración de aprendizaje, la legitimidad en una historia política, la reciprocidad en una historia amorosa, una explicación en una investigación o la autonomía funcional en una narración clínica. La conjunción no necesita ser posesión material y significa que el Sujeto entra en la relación valorada. Incluso un estado deseado se transforma en Objeto de valor cuando una persona busca estar segura.
Un Objeto no posee valor narrativo por sí mismo, pues su valor depende de una organización axiológica. Un mismo objeto admite valores contrarios en programas diferentes, como la corona, apreciada por quien busca gobernar y una carga para quien quiere escapar de la corte. La semiótica narrativa distingue por tanto el objeto físico del valor investido. La narración distribuye cosas y también significaciones.
Enunciado de hacer, sujeto de estado y sujeto de hacer
Una transformación se vuelve visible por contraste. Si el estado inicial es S ∨ O y el final es S ∧ O, la trayectoria se describe como adquisición. La trayectoria contraria, de S ∧ O a S ∨ O, corresponde a una pérdida. Aunque la narración incluya muchas transformaciones intermedias, el principio básico sigue siendo la comparación entre estados.
Como todo cambio de estado requiere un hacer, la semiótica narrativa distingue los enunciados de estado, que describen una relación, de los enunciados de hacer, que describen su transformación. Un sujeto operador realiza una acción que modifica el estado de otro sujeto o el suyo, según la fórmula hacer [S ∨ O → S ∧ O]. El hacer organiza el acontecimiento narrativo.
La distinción entre Sujeto de estado y Sujeto de hacer precisa el análisis. El primero es aquel cuya relación con el Objeto cambia y el segundo quien ejecuta la transformación. Ambos coinciden cuando una persona busca y obtiene una beca por su cuenta y son diferentes cuando una institución se la concede, caso en que la persona es Sujeto de estado y la institución Sujeto de hacer.
Apropiación, atribución, renuncia y desposesión
Cuando el mismo Sujeto ejecuta la acción y adquiere el Objeto se habla de apropiación. La exploradora que encuentra el tesoro, el estudiante que aprende estudiando y la empresa que compra una tecnología quedan en conjunción por su propia acción. Hay atribución cuando otro actor entrega o confiere el Objeto, como el jurado que otorga un premio, la institución que concede un título o el médico que entrega al paciente una información que modifica su conocimiento. La conjunción final puede ser idéntica en ambos casos y diferir la operación que la produjo. Esa diferencia muestra quién controla la transformación.
La pérdida admite también varias formas. En la renuncia es el propio Sujeto, que deja un cargo, termina una relación o entrega un territorio, quien produce voluntariamente la disyunción. En la desposesión la pérdida la produce otro actante, como el ladrón que roba, la institución que retira una autorización o la derrota que elimina el control de un territorio. Aunque el estado final sea el mismo que en la renuncia, la estructura de agencia es diferente y la narrativa puede valorar de modo muy distinto las dos trayectorias.
La operación es reflexiva cuando el Sujeto de hacer transforma su propio estado y transitiva cuando transforma el de otro, distinción con la que se formalizan los relatos en que alguien actúa sobre sí mismo o sobre terceros. El personaje que aprende una habilidad realiza una transformación reflexiva y el maestro que se la enseña a otro realiza una transitiva.
Programa narrativo y jerarquía de programas
Un programa narrativo es la unidad que articula un hacer y una transformación de estado. Su estructura mínima incluye un sujeto operador, un sujeto de estado, un objeto de valor, un estado inicial, una operación y un estado final. El programa no necesita corresponder a toda una obra y una novela contiene múltiples programas encadenados.
Un programa principal puede necesitar programas subordinados. Si para llegar a una ciudad el Sujeto necesita dinero, para obtenerlo necesita un empleo y para conseguir empleo necesita una certificación, la secuencia forma una jerarquía de programas en la que el objeto de cada uno es condición del siguiente. De esa jerarquía procede la profundidad narrativa.
Los programas subordinados suelen ser instrumentales, es decir, medios. Cuando el objetivo final es O₁, para obtenerlo se necesita O₂ y para obtener O₂ se necesita O₃, la narración puede desplazar temporalmente la atención hacia O₂ u O₃ sin perder el programa de base. Esta organización conecta con la estructura jerárquica de preguntas estudiada anteriormente mediante QUD. Son teorías distintas, aunque ambas muestran cómo una meta global se descompone en subproblemas.
Querer, deber, saber y poder hacer
Las transformaciones dependen también de las condiciones en que el Sujeto se encuentra para actuar. La semiótica narrativa las representa mediante modalidades (Greimas, 1983; Greimas y Courtés, 1979), de las cuales las cuatro clásicas son querer hacer, deber hacer, saber hacer y poder hacer. Estas fórmulas describen disposiciones narrativas que no se reducen automáticamente a estados psicológicos ordinarios.
El querer hacer, que puede estar presente o ausente, introduce una orientación volitiva por la que el Sujeto desea realizar el programa. Un personaje quiere escapar, una científica quiere resolver un problema y una institución quiere expandirse dentro de la forma narrativa que el discurso le atribuye. El deber hacer introduce una obligación procedente de una norma, una orden, una promesa, una necesidad moral o una expectativa institucional. Un Sujeto modalizado por un deber puede no querer cumplirlo, tensión que produce conflicto narrativo y hace de la relación entre querer y deber una fuente clásica de drama.
El saber hacer describe una competencia cognitiva o procedimental. Conocer el objetivo no equivale a saber cómo alcanzarlo. Un personaje sabe que debe abrir una caja y desconoce la combinación, un médico quiere tratar y todavía no conoce el diagnóstico, un investigador tiene una hipótesis y carece del método. La adquisición del saber puede ser un programa completo. El poder hacer describe la capacidad o la posibilidad efectiva. El Sujeto puede saber cómo actuar y carecer de recursos, sea autoridad, tiempo, fuerza, acceso o instrumentos. Con la oposición entre saber y poder una narración puede construir la frustración.
Competencia y performance
El conjunto de modalidades es la competencia del Sujeto, que antes de realizar la performance debe estar adecuadamente modalizado. No todas las historias requieren las cuatro modalidades de igual manera. Un Sujeto puede querer y no poder, deber y no saber, saber y no querer o poder y no deber, combinaciones que producen configuraciones narrativas distintas.
La performance es la realización efectiva del programa, en la que el sujeto competente ejecuta el hacer que transforma el estado. Su diferencia con la competencia es básica. Algunas narraciones exploran la distancia entre capacidad y ejecución, la que separa saber nadar de estar nadando, poder presentar una solicitud de haberla presentado o querer actuar de actuar.
Un personaje puede tener todas las capacidades y no realizar el programa por una decisión moral, un acontecimiento inesperado, una renuncia o la intervención de otro. El análisis modal describe por qué la acción posible no se actualiza. La competencia no determina mecánicamente la performance. En la situación inversa un personaje logra algo por azar y la transformación ocurre sin la competencia esperada, lo que puede producir comicidad o sorpresa o cuestionar la legitimidad del resultado. El esquema canónico describe una estructura frecuente, sin carácter de ley obligatoria para toda historia.
Manipulación y hacer hacer
La fase de manipulación establece la relación modal que inicia un programa, en la que un Destinador hace que el Sujeto quiera o deba hacer algo. La semiótica greimasiana analiza varias estrategias, como tentación, intimidación, seducción y provocación. Estas categorías describen maneras de producir una modalidad en otro sujeto y no equivalen exactamente al sentido cotidiano de manipulación psicológica. La manipulación se formaliza como hacer hacer, acción de un sujeto que deja a otro orientado hacia una acción, como cuando un jefe ordena, un amigo persuade, una publicidad induce una compra o una norma obliga. La semiótica estudia la estructura modal de esa influencia y deja su evaluación ética a un análisis adicional.
Algunas estrategias producen querer hacer, como la publicidad que intenta que una persona quiera adquirir un producto o el personaje que seduce a otro para que se una a una misión. La transformación cambia la modalidad del Sujeto sin cambiar todavía el objeto material, lo que muestra que los estados narrativos incluyen estados de competencia además de posesiones. Una orden o una obligación produce deber hacer en un Sujeto que tal vez no quiere y, sin embargo, reconoce una norma. La narrativa institucional se organiza a menudo mediante esta modalidad, como cuando un juez debe aplicar una regla, un médico debe cumplir un protocolo o un soldado recibe una orden. La estructura modal separa obligación, deseo y capacidad.
Una enseñanza produce saber hacer cuando un mentor entrega la clave de un enigma, un informe revela un dato o una confesión cambia el conocimiento de un personaje. En estas transformaciones cognitivas, de las que dependen especialmente las narraciones de investigación, el objeto transmitido es informacional. Entregar un instrumento, un permiso o un recurso produce poder hacer, como la llave para entrar, la credencial que autoriza o el financiamiento que hace viable un proyecto. El modelo trata los recursos como elementos modalizantes y admite que el Objeto consista en una capacidad.
Modalidades del ser, secreto y mentira
Junto a las modalidades del hacer, la teoría greimasiana reconoce modalidades del ser, con las cuales, en ciertas formulaciones, un sujeto puede querer ser, deber ser, saber ser o poder ser (Greimas y Fontanille, 1991). La semiótica desarrolló también modalidades veridictorias relacionadas con el parecer y el ser. Estas extensiones vuelven el sistema mucho más complejo y su lógica se comprende mejor si se avanza desde la estructura básica.
Una de las articulaciones más conocidas relaciona el ser con el parecer. Sus cuatro combinaciones permiten analizar la verdad, el secreto, la mentira y la falsedad o ilusión dentro de estructuras narrativas. En una formulación típica, la verdad es ser + parecer, el secreto ser + no parecer, la mentira no ser + parecer y la falsedad no ser + no parecer. Esta terminología es un instrumento estructural que no reemplaza una teoría filosófica completa de la verdad.
Cuando un personaje es heredero legítimo y no lo parece, la narración organiza una estructura de secreto en la que parte del programa puede consistir en revelar su identidad. La transformación cambia el parecer y el conocimiento de otros sujetos sin cambiar necesariamente el ser. La sanción final puede reconocer algo que ya era. La estructura de la mentira aparece cuando algo parece ser y no es, como el falso héroe que recibe reconocimiento, el objeto falsificado que parece auténtico o el informe que aparenta una precisión que no tiene. Ciertas narraciones se organizan alrededor del descubrimiento de esa discrepancia. Con esta categoría se analiza el engaño sin reducirlo a una intención psicológica.
Modalidad epistémica, sujetos cognitivos y sanción
Junto al saber hacer existe una dimensión de creer y saber referida a los estados. Los personajes mantienen representaciones sobre el mundo y pueden aceptar información, dudar o descubrir. La narración distribuye el conocimiento de manera desigual, como cuando el lector sabe algo que un personaje ignora. La estructura cognitiva se superpone con la estructura de acción.
Un actor puede ser un Sujeto cognitivo que busca saber, verifica e interpreta signos. En la investigación policial el Objeto de valor es el conocimiento sobre un hecho, la performance principal puede ser una revelación y la sanción consiste en reconocer la verdad del descubrimiento. El modelo narrativo se adapta así a relatos en los que el resultado central no es material.
La sanción cognitiva evalúa si una performance ocurrió como se afirma, como cuando un personaje presenta una hazaña y otro la verifica, un tribunal determina una responsabilidad o una comunidad científica evalúa un descubrimiento. La sanción transforma el reconocimiento y confiere a veces identidad con juicios como es realmente el héroe, es realmente culpable o el resultado es válido. La narrativa organiza acciones y también sistemas de juicio sobre ellas.
La sanción pragmática produce consecuencias materiales o sociales, como premio, castigo, promoción, expulsión o restitución. La sanción cognitiva y la pragmática pueden divergir, como cuando una persona reconocida como inocente sigue sufriendo consecuencias o alguien realiza una acción meritoria sin recibir recompensa. Separarlas da precisión al análisis.
Esquema narrativo canónico, anacronías y reconstrucción profunda
El esquema narrativo canónico se desarrolla en cuatro fases. En la manipulación se instala un querer o un deber hacer. En la competencia el Sujeto adquiere el saber y el poder junto con las modalidades necesarias, en la performance realiza el programa y transforma la relación de estado y en la sanción el resultado se reconoce, se evalúa y eventualmente se recompensa o se castiga. La secuencia sigue una lógica de preparación, ejecución y evaluación, aunque no todas las narraciones presentan las fases en orden lineal.
Una novela puede comenzar por la sanción y revelar después la performance, ocultar la manipulación hasta el final o narrar fragmentos fuera de orden. La semiótica distingue la secuencia profunda del orden de presentación discursiva, lo que permite analizar una estructura narrativa aunque el relato utilice analepsis, prolepsis o montaje fragmentario. La distinción prepara la separación posterior entre historia, relato y discurso en narratología.
Actor, rol actancial y rol temático
La Escuela de París desarrolló otras distinciones, entre ellas la que separa el rol actancial, posición estructural dentro de un programa, del rol temático, figura social o temática más concreta como detective, médico, rey o estudiante. Un actor puede combinar un rol temático con varios papeles actanciales. La distinción ayuda a explicar cómo una figura concreta realiza estructuras abstractas.
Dos relatos pueden compartir la estructura actancial y diferir en lo temático. Uno trata de una princesa que recupera un reino y otro de una investigadora que obtiene financiación, pero ambos realizan una estructura de adquisición en la que cambian los roles temáticos y los objetos mientras el programa abstracto permanece. El análisis estructural opera mediante esa reducción.
Narrativa mínima, transformación y causalidad
A la pregunta de qué necesita una secuencia para contar como narrativa, una respuesta greimasiana enfatiza la transformación. Con solo La puerta está cerrada existe un estado. Al añadir Juan la abre aparece una transformación y la relación cambia. La acción introduce una narratividad mínima y una secuencia narrativa puede crecer a partir de esas unidades.
No toda sucesión temporal es narrativa en el mismo grado. En Llovió. Después amaneció. hay cambio temporal, pero la relación narrativa es débil si ninguna estructura de valor o de acción conecta los estados. La semiótica greimasiana busca transformaciones funcionales dentro de programas, con un concepto de transformación más estructurado que el simple cambio cronológico.
Valor positivo y negativo, axiología y cuadrado semiótico
Dentro de un universo axiológico un objeto puede ser eufórico o disfórico. La salud puede valorarse positivamente, la enfermedad negativamente y la riqueza de manera positiva en un relato y negativa en otro. La estructura narrativa depende de oposiciones de valor, aunque no existe una lista universal de valores positivos y cada texto construye su propia axiología.
Una axiología organiza oposiciones valorativas como vida/muerte, libertad/opresión, verdad/error o pureza/contaminación. Las narraciones invisten objetos y acciones con esos valores. Al preguntar qué categoría recibe la valorización positiva y cuál la negativa, la semiótica narrativa se conecta con el análisis ideológico. La valoración debe reconstruirse desde el texto, sin imponerla desde las preferencias del analista.
Greimas desarrolló también el cuadrado semiótico (Greimas, 1970), con el que se representan las relaciones entre términos opuestos, contradictorios e implicados. Su tratamiento exhaustivo excede el foco de esta lectura, que se limita a su función general. A partir de una oposición como vida/muerte, el cuadrado añade las posiciones no vida y no muerte para explorar el espacio lógico-semántico que la oposición genera. Como no toda oposición cotidiana produce automáticamente un cuadrado útil, la formalización debe corresponder a relaciones justificables.
Modalidad, conflicto interno y tragedia
Con las modalidades se formalizan conflictos que la psicología narrativa describe de otro modo. La combinación querer hacer + no poder hacer corresponde a la frustración, deber hacer + no querer hacer al conflicto normativo, poder hacer + no deber hacer a la tentación o la prohibición y saber hacer + no querer hacer a la renuncia o la resistencia. Estas combinaciones son esquemas cuyo contenido psicológico concreto depende del relato.
Muchas tragedias admiten un análisis mediante incompatibilidades modales, en las que un personaje debe realizar dos acciones incompatibles, quiere algo prohibido o sabe qué ocurrirá y no puede evitarlo. La estructura narrativa produce conflicto porque ninguna combinación satisface a la vez todos los valores. El modelo modal da una descripción abstracta de esa tensión, que no sustituye el análisis histórico o estético de la tragedia.
Narrativa institucional, política, clínica y científica
Una institución también puede narrarse mediante modalidades. La frase La organización debe reducir costos, sabe qué áreas intervenir, pero no puede hacerlo sin autorización distribuye un deber, un saber y un no poder y presenta el problema como un déficit modal. Otra narración podría cambiar la estructura con puede hacerlo, pero no quiere, diferencia lingüística que modifica la atribución de responsabilidad.
Con enunciados como Debemos actuar, Podemos cambiar el país, Sabemos cómo hacerlo o Queremos recuperar… la política recurre constantemente a la modalización. Estos verbos no son accesorios retóricos, pues construyen al colectivo como Sujeto competente. El discurso político produce programas narrativos y una campaña puede organizarse mediante la transición desde el no poder hacia el poder.
Un paciente dice Quiero volver a trabajar, sé qué tendría que hacer, pero todavía no puedo concentrarme, frase con una estructura modal nítida de querer hacer, saber hacer y no poder hacer. El análisis ayuda a preservar diferencias que una nota global como falta de motivación borraría. La semiótica narrativa da aquí un vocabulario descriptivo, que no convierte las modalidades en síntomas clínicos.
En la capacidad de actuar intervienen componentes que no se equivalen, como el querer, el poder, el saber y el deber. Las narrativas que colapsan estas dimensiones pueden atribuir una responsabilidad excesiva, porque Si quisiera, podría es una inferencia que no tiene el estatuto de una verdad semántica. La separación modal tiene consecuencias éticas y clínicas porque obliga a especificar qué condición falta. Una narrativa de recuperación puede construirse como una trayectoria desde S ∨ autonomía hacia S ∧ autonomía, con programas de uso como adquirir habilidades, obtener apoyo, reducir síntomas o recuperar recursos. El esquema ayuda a organizar el relato sin demostrar que la recuperación sea lineal ni que todos compartan el mismo Objeto. La persona debe definir qué valor es relevante.
Una investigación también admite una descripción modal. El equipo quiere responder una pregunta, debe cumplir estándares, sabe utilizar determinados métodos y tiene o no acceso a los datos necesarios. Una limitación metodológica puede ser exactamente un no poder hacer y una brecha teórica un no saber hacer, tipos de limitación que la estructura modal distingue.
En un artículo científico la introducción establece un problema y un Objeto cognitivo, los métodos describen la competencia, los resultados realizan una performance experimental y la discusión da la sanción cognitiva. La analogía tiene límites, porque un artículo científico no es simplemente un cuento, aunque su estructura argumentativa admite una organización narrativa que la semiótica describe.
Interfaces digitales, gamificación e IA
Una interfaz presenta al usuario como Sujeto de un programa mediante instrucciones como Completa tu perfil, Verifica tu identidad o Desbloquea esta función. La plataforma establece Objetos y programas de uso, sus botones materializan modalidades de poder hacer y una opción deshabilitada muestra visualmente un no poder. El diseño de interacción contiene una gramática narrativa mínima. La gamificación hace explícita esa estructura con misiones, niveles, competencias, recompensas y sanciones. El usuario adquiere objetos y capacidades en un diseño que convierte acciones ordinarias en programas narrativos. Comprender esa estructura ayuda a analizar cómo se produce la motivación y cómo se distribuye el valor.
Un sistema conversacional puede ayudar a un usuario dentro de un programa. Si el usuario quiere producir un informe y necesita saber cómo estructurarlo, el sistema le aporta el saber hacer y una herramienta permite generar el archivo. La competencia se distribuye entre humano y sistema. La pregunta interesante es quién conserva el control del programa y de la sanción. Que la IA sea Ayudante no implica que deba convertirse en Sujeto principal.
En trabajos complejos el Sujeto de hacer puede distribuirse. Una persona diseña la pregunta, un sistema propone opciones, la persona selecciona y otra herramienta ejecuta, de modo que el producto final emerge de una secuencia híbrida. La semiótica narrativa representa esa distribución funcional de la acción, pero no resuelve por sí sola cómo asignar la autoría y la responsabilidad, que requieren criterios normativos adicionales.
Descrito mediante modalidades funcionales, un sistema puede acceder a una herramienta, sabe ejecutar cierto procedimiento en un sentido operacional y no puede actuar fuera de sus permisos. Hablar de querer o de deber requiere más cautela. Una meta programada puede ocupar funcionalmente una posición semejante a querer hacer, pero no se sigue que exista deseo fenomenológico. La distinción entre descripción funcional y atribución mental debe conservarse.
Límites del formalismo, evidencia textual y transformación del Sujeto
La semiótica narrativa greimasiana enfrenta cuatro objeciones importantes. La primera es la abstracción, porque reducir una novela compleja a estados y modalidades puede eliminar aquello que la vuelve literariamente significativa. La segunda es la flexibilidad, porque una teoría capaz de redescribir casi cualquier secuencia mediante programas corre el riesgo de ser difícil de falsar. La tercera es histórica y recuerda que las estructuras narrativas varían entre géneros y culturas. La cuarta es terminológica y señala que el aparato conceptual puede volverse muy complejo y alejarse de los datos. Las objeciones delimitan el alcance del modelo y dejan en pie su utilidad.
Afirmar que existe una estructura profunda exige mostrar cómo se reconstruye. El analista debería poder señalar qué estados distingue, qué transformación ocurre, qué Objeto de valor está involucrado, qué modalidades aparecen y qué evidencia textual sostiene cada asignación. Sin esa trazabilidad la formalización puede convertirse en una paráfrasis arbitraria, cuando la teoría debe ganar precisión además de vocabulario.
Algunas narraciones no se organizan principalmente alrededor de la obtención de un Objeto y exploran estados, voces, atmósferas o fragmentación. Una novela experimental puede frustrar programas, una obra absurda negar la sanción y un relato circular devolver al Sujeto al estado inicial. El modelo describe parte de esos efectos precisamente porque existe una expectativa de transformación, aunque no debe obligar a convertir toda la literatura en una aventura orientada a una meta.
Un programa puede repetirse sin éxito cuando el Sujeto intenta alcanzar O, fracasa y vuelve a intentarlo, en ciclos que modifican cada vez su competencia o su conocimiento. La repetición puede ser la estructura central de un relato terapéutico, deportivo o de aprendizaje. La transformación relevante no siempre es la obtención final del objeto y a veces es el cambio del propio sistema modal.
También el Sujeto se transforma cuando adquiere saber, pierde confianza, asume un deber o cambia lo que quiere. Una narración puede empezar con un Objeto y terminar mostrando que el verdadero cambio ocurrió en la competencia o en la axiología del Sujeto, desplazamiento que la semiótica modal describe.
Un análisis breve
Considérese este relato. Una residente quiere presentar un trabajo en un congreso. Descubre que necesita análisis estadístico que no domina. Una colega le enseña el método. La residente realiza el análisis, envía el trabajo y obtiene aceptación. Reconstruido, el relato tiene como estado inicial S ∨ aceptación y como modalidades iniciales el querer hacer y el no saber hacer.
El programa de uso consiste en adquirir el saber hacer con la colega como Ayudante. La performance es realizar el análisis y enviar el trabajo, el estado final es S ∧ aceptación y la sanción llega cuando la organización del congreso reconoce el trabajo. La formalización hace visibles las dependencias, aunque no describe el contenido científico del estudio.
Del programa a la narración cultural
La semiótica narrativa analiza transformaciones y modalidades dentro de relatos individuales. Los relatos no aparecen en el vacío y pertenecen a géneros, tradiciones y repertorios culturales que establecen qué acciones son inteligibles, qué personajes son reconocibles y qué desenlaces cuentan como apropiados. La lectura Narrativa cultural, género y convenciones interpretativas examina esa dimensión más amplia de la narrativa cultural, el género y las convenciones interpretativas. La atención se desplazará desde la gramática abstracta de la transformación hacia las comunidades que aprenden qué tipos de historias existen y cómo deben leerse.
Referencias
Courtés, J. (1976). Introduction à la sémiotique narrative et discursive. Hachette.
Greimas, A. J. (1966). Sémantique structurale: Recherche de méthode. Larousse.
Greimas, A. J. (1970). Du sens: Essais sémiotiques. Éditions du Seuil.
Greimas, A. J. (1983). Du sens II: Essais sémiotiques. Éditions du Seuil.
Greimas, A. J., y Courtés, J. (1979). Sémiotique: Dictionnaire raisonné de la théorie du langage. Hachette.
Greimas, A. J., y Fontanille, J. (1991). Sémiotique des passions: Des états de choses aux états d’âme. Éditions du Seuil.
Hénault, A. (1992). Histoire de la sémiotique. Presses Universitaires de France.
Landowski, E. (2005). Les interactions risquées. Nouveaux Actes Sémiotiques, 101-103.
Perron, P., y Collins, F. (Eds.). (1989). Paris school semiotics. Volume 1: Theory. John Benjamins.
Schleifer, R. (1987). A. J. Greimas and the nature of meaning: Linguistics, semiotics and discourse theory. Croom Helm.