LS-006 / Fundamentos del lenguaje

Relaciones sintagmáticas y paradigmáticas

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  1. Dos ejes de la organización lingüística
  2. Origen de la distinción en Saussure
  3. El sintagma
  4. El paradigma
  5. Valor y exclusión
  6. Paradigmas fonológicos y morfológicos
  7. Paradigmas y categorías gramaticales
  8. Sintagma y dependencia
  9. La dimensión probabilística y las colocaciones
  10. Selección, combinación y figuras
  11. Sintagma y expectativa
  12. Selección léxica y fuerza epistémica
  13. Formulación clínica y procedimiento de obtención
  14. Evidencia y selección
  15. Omisión, orden y causalidad
  16. Sintagma y paradigma en la narración
  17. Paradigmas culturales
  18. Formulación, sesgo y estigma
  19. Traducción y terminología científica
  20. Coherencia argumentativa y estilo
  21. Expectativa y desviación en el lenguaje literario
  22. Aplicación a la psicopatología
  23. Modelos de lenguaje y los dos ejes
  24. La selección condicionada por el contexto
  25. Método de análisis
  26. Síntesis
  27. Referencias

DESARROLLO COMPLETO · BIBLIOGRAFÍA INCLUIDA

Dos ejes de la organización lingüística

Los capítulos anteriores establecieron varias distinciones básicas, como las de signo y sistema, estructura y función, niveles de análisis y multimodalidad. Este capítulo desarrolla una idea que apareció en Saussure y que ocupó un lugar principal en la lingüística estructural, según la cual las unidades lingüísticas se organizan a la vez mediante relaciones de combinación y relaciones de selección. En la terminología clásica se habla de relaciones sintagmáticas y paradigmáticas (Chandler, 2017; Lyons, 1977; Trask, 1999). El eje sintagmático organiza qué elementos aparecen juntos y en qué secuencia. El eje paradigmático organiza qué elementos podrían ocupar una misma posición o cumplir funciones comparables.

La distinción parece elemental y tiene, sin embargo, consecuencias amplias. Permite analizar cómo se construyen las expresiones, cómo se distribuye el valor entre alternativas, cómo surgen las expectativas y por qué una elección lingüística adquiere relevancia justamente porque otras opciones eran posibles. La imagen escolar de un eje vertical y otro horizontal ayuda a recordarla, pero es insuficiente. Hay que examinar qué significa que dos unidades estén en relación paradigmática, qué condiciones permiten afirmar que una secuencia forma un sintagma y qué límites tiene esta arquitectura para la lingüística actual.

Origen de la distinción en Saussure

El texto LS-002 presentó la distinción saussureana entre relaciones sintagmáticas y asociativas. Las primeras se establecen in praesentia, entre elementos presentes en una cadena; las segundas, in absentia, entre una unidad y otras ausentes con las que se relaciona en la memoria (Saussure, 1916, segunda parte, cap. V). Saussure entendía las asociaciones de manera amplia, porque una palabra podía asociarse con otras por su forma, su raíz, su función, su significado o su terminación. La tradición estructuralista posterior consolidó el término paradigmático y lo restringió con frecuencia a los conjuntos de elementos capaces de alternar en posiciones comparables. Las relaciones asociativas y las paradigmáticas se aproximan en la enseñanza, aunque no coinciden en todos los usos teóricos.

(1) El médico entrevistó al paciente.

En (1), médico podría sustituirse por psiquiatra, residente, enfermero o investigador. Estas palabras no son sinónimos, pero pueden ocupar una posición estructural comparable. La relación paradigmática depende de que exista una alternativa estructuralmente disponible, con independencia de la identidad semántica.

El sintagma

Un sintagma no se reduce a un conjunto de palabras puestas una tras otra. La secuencia el paciente tranquilo forma un grupo organizado, mientras que paciente el tranquilamente no forma en español una estructura equivalente. La diferencia depende de relaciones gramaticales, además del orden lineal. Conviene distinguir, por eso, la contigüidad física de la combinación lingüística estructurada. Dos elementos pueden aparecer juntos sin formar una unidad sintáctica directa. A la inversa, pueden relacionarse estrechamente sin estar juntos.

(2) El paciente que ingresó ayer duerme.

En (2), paciente y duerme están separados por una oración de relativo y mantienen, sin embargo, una relación de sujeto y predicado. La relación sintagmática no siempre coincide con la adyacencia inmediata. La lingüística introduce jerarquías, dependencias y constituyentes justamente porque la estructura de una oración no puede describirse solo mediante la posición lineal. El eje sintagmático es el dominio de las relaciones de combinación efectivamente realizadas, organizado de manera jerárquica.

El paradigma

(3) El paciente está triste.

En la posición de triste pueden aparecer, según el contexto, ansioso, tranquilo, irritable, cansado o preocupado, que forman un conjunto de alternativas para esa posición. También puede reemplazarse la expresión completa está triste por parece triste, refiere tristeza o se muestra triste. En ese caso cambia la estructura entera. El paradigma opera, por tanto, en distintos niveles, del fonológico al discursivo. El hablante selecciona construcciones, tiempos verbales, pronombres, grados de explicitud, registros y géneros, además de palabras. El eje paradigmático es, en este sentido, un espacio de posibilidades lingüísticas restringidas.

Valor y exclusión

Una elección adquiere parte de su significado porque otras alternativas no fueron elegidas. Para informar de una muerte, el español dispone de murió, falleció, se fue o nos dejó. Las cuatro formas comparten la referencia y difieren en registro y en grado de eufemismo; la elección de una de ellas comunica algo que las demás no comunican. La selección paradigmática introduce, así, un valor diferencial. El texto LS-002 mostró el mismo fenómeno con los verbos que pueden introducir una ideación suicida en una nota clínica.

Esta descripción no autoriza, sin embargo, una inferencia excesiva. Que una palabra pudiera haber sido reemplazada por otra no demuestra que el hablante haya considerado conscientemente todas las alternativas. El paradigma es una herramienta descriptiva del sistema, distinta de una reconstrucción de la deliberación psicológica.

Paradigmas fonológicos y morfológicos

La relación paradigmática es especialmente clara en fonología. En /pala/, la /p/ puede sustituirse por /b/ o por /s/. Cada sustitución genera otra palabra, bala o sala. El conjunto de fonemas que pueden ocupar una posición determinada forma un paradigma, aunque el sistema impone restricciones. La fonotáctica de cada lengua define qué secuencias se permiten. En español, por ejemplo, muy pocas consonantes aparecen a final de palabra; finales como los de club o álbum se encuentran casi solo en préstamos. Las alternativas disponibles en una posición dependen, así, del contexto de combinación. Selección y combinación son procesos interdependientes.

La morfología da un ejemplo todavía más explícito. Las formas canto, cantas, canta, cantamos y cantan pertenecen a un paradigma flexivo, en el que cada forma expresa una combinación de persona y número. Cantaba, canté, cantaré o cantaría amplían ese paradigma a otros tiempos y modos. Las formas mantienen relaciones de oposición; canto y cantaba, por ejemplo, contrastan en tiempo y aspecto. Los paradigmas pueden tener, además, huecos. El verbo soler carece en el uso general de futuro y de condicional, algo difícil de explicar si el paradigma fuera una simple lista memorizada. Una forma obtiene parte de su función del lugar que ocupa en el conjunto.

Paradigmas y categorías gramaticales

Una categoría gramatical puede definirse en parte por sus alternativas. El número del español opone singular y plural. Otras lenguas tienen sistemas más complejos. El árabe tiene formas de dual, como kitābāni 'dos libros' frente a kitāb 'libro'. El mapudungun distingue singular, dual y plural en los pronombres personales, con iñche 'yo', iñchiw 'nosotros dos' e iñchiñ 'nosotros'. El contenido de los paradigmas varía, por tanto, entre lenguas. El español tiene ciertos conjuntos de opciones porque su gramática está organizada de una manera específica. Convertir los paradigmas de una lengua en propiedades necesarias del lenguaje humano sería un error que la comparación tipológica pone en evidencia.

Sintagma y dependencia

(4) La paciente parece muy cansada.

En (4), cansada concuerda en género y número con paciente. Si el sustantivo cambia, como en «El paciente parece muy cansado», las relaciones internas se ajustan, porque la combinación impone restricciones sobre la selección. La elección del sustantivo condiciona la forma del adjetivo. Algunas posiciones admiten, con todo, una amplia libertad, mientras otras están fuertemente restringidas. La gramática puede entenderse, en parte, como un sistema que define qué unidades pueden combinarse, en qué posiciones, bajo qué condiciones y con qué consecuencias interpretativas.

La dimensión probabilística y las colocaciones

La lingüística estructural clásica tendía a concebir paradigmas y sintagmas de manera categórica, en términos de lo posible y lo imposible. La lingüística actual ha mostrado que muchas preferencias son graduales. En español se dice cometer un error, mientras que hacer un error, calcado del inglés, resulta extraño aunque se comprende. Ciertas palabras tienden a aparecer juntas con mucha mayor frecuencia que otras. Esas asociaciones se denominan colocaciones (Sinclair, 1991). Muchas expresiones, además, se almacenan y se usan como secuencias prefabricadas (Wray, 2002). El estudio actual del eje sintagmático combina restricciones gramaticales, preferencias léxicas y expectativas probabilísticas.

La frecuencia de una combinación no dice, sin embargo, qué significa. Trastorno depresivo es una colocación frecuente, pese a que trastorno y depresivo no significan lo mismo. La coaparición tampoco demuestra una relación causal. Las estadísticas de aparición conjunta identifican patrones de uso cuya interpretación requiere teoría adicional. Esta distinción importa para los sistemas de IA, porque muchos modelos distribucionales obtienen sus representaciones de regularidades de coaparición, como se vio en el texto LS-002 a propósito de Harris.

Selección, combinación y figuras

Jakobson transformó la distinción saussureana en la de selección y combinación. La vinculó, además, con la metáfora y la metonimia (Jakobson, 1956). El texto LS-003 expuso esa propuesta y sus límites. Aquí interesa lo que la distinción aclara sobre la elección de las figuras.

(5) La depresión es un pozo.

En (5), el hablante selecciona pozo para representar ciertas propiedades de una experiencia, como la profundidad, la dificultad para salir y el aislamiento. Podría haber dicho «La depresión es un peso». La selección cambia la organización conceptual, porque pozo pone el acento en la profundidad y el encierro, mientras que peso lo pone en la carga. La metáfora reorganiza, así, inferencias completas, algo que va más allá de poner una palabra en lugar de otra.

La metonimia, en cambio, se apoya en la contigüidad. En «Estoy leyendo a Borges» se lee una obra producida por Borges. En «Se tomó dos copas» se nombra el recipiente por su contenido. Jakobson relacionó este mecanismo con el eje de la combinación; la teoría actual de la metonimia es bastante más compleja.

La función poética, que el texto LS-003 definió como la proyección del principio de equivalencia del eje de la selección sobre el de la combinación (Jakobson, 1960), vuelve visible el paradigma dentro del sintagma. Palabras como casa, masa y pasa pertenecen normalmente a un conjunto de alternativas. Un juego verbal como «La casa pasa a ser masa» las combina de manera deliberada. La semejanza sonora se vuelve entonces relevante dentro de la cadena.

Sintagma y expectativa

La secuencia lingüística genera expectativas. Después de «El paciente refiere…», un oyente anticipa la mención de un síntoma o de un antecedente. Una continuación como «El paciente refiere triangularmente el jueves» resulta inesperada aunque cada palabra sea conocida, porque la combinación viola patrones sintácticos y semánticos. Kutas y Hillyard (1980) mostraron que las palabras semánticamente incongruentes al final de una oración producen en el cerebro una respuesta eléctrica característica, la onda N400, que se volvió un índice clásico del procesamiento del significado. La comprensión depende, en parte, de anticipar continuaciones plausibles, lo que conecta el eje sintagmático con las teorías actuales del procesamiento predictivo. La existencia de expectativas no implica, sin embargo, que el cerebro use un modelo probabilístico equivalente al de los sistemas computacionales. Una semejanza funcional no demuestra una identidad de mecanismo.

Selección léxica y fuerza epistémica

La selección léxica es uno de los lugares donde el paradigma importa más en la escritura científica. «La evidencia demuestra que…» y «La evidencia sugiere que…» ocupan posiciones comparables y difieren en fuerza epistémica. Del mismo modo, causa no equivale a se asocia con. La escritura académica dispone de escalas como las que van de lo posible a lo probable y a lo demostrado, o de la asociación a la predicción y a la causalidad. El rigor depende de elegir una forma cuya fuerza corresponda a la evidencia.

Formulación clínica y procedimiento de obtención

En la documentación clínica, refiere, niega, confirma y no se exploró no son equivalentes. El verbo niega no demuestra por sí solo que haya existido una pregunta directa, porque una negación puede ser espontánea. A la inversa, «no refiere» es ambiguo si no se indica si alude a la ausencia de mención espontánea o a una respuesta negativa ante una pregunta. Para conservar el procedimiento pueden usarse formulaciones como las siguientes.

(6) Preguntado directamente por consumo reciente, responde que no.

(7) No menciona consumo durante el relato espontáneo.

(8) No se exploró consumo en esta entrevista.

Las tres notas describen situaciones clínicas distintas. La diferencia verificable queda en el registro, sin necesidad de atribuir al verbo una historia conversacional que la ficha no documenta.

Evidencia y selección

Elegir una formulación supone también elegir una relación con la evidencia.

(9) Paciente presenta delirio persecutorio.

(10) Paciente refiere que sus vecinos instalaron cámaras para vigilarlo; sostiene esta creencia con alta convicción pese a no identificar evidencia verificable.

La nota (9) clasifica, mientras que (10) describe los elementos que permiten evaluar la clasificación. En una síntesis clínica, (9) puede ser apropiada si el análisis ya está documentado; las dos notas pertenecen, con todo, a niveles epistemológicos distintos. La selección léxica puede comprimir inferencias, como se vio en el texto LS-001 al comparar notas clínicas.

Omisión, orden y causalidad

En sentido estructural, una elección se define frente a alternativas posibles. Puede ser útil, por eso, preguntar qué otras formulaciones podrían haber ocupado la misma posición. Que una alternativa no aparezca no significa, sin embargo, que el hablante haya querido excluirla. Si un paciente dice que está «cansado» y no que está «deprimido», no sabemos si evita un diagnóstico, si desconoce el término, si considera que no le corresponde o si describe con precisión otra experiencia. La ausencia de una palabra puede deberse también al olvido, a la economía expresiva o a la estructura del turno. El paradigma permite describir alternativas estructurales sin autorizar a inferir motivaciones ocultas.

El orden plantea un problema semejante. «Tomó el medicamento y mejoró» sugiere que el medicamento produjo la mejoría, aunque la oración solo coordina dos hechos. «Después del despido comenzó el insomnio» hace explícita una relación temporal. Aun así, la relación causal necesita evaluación. La proximidad temporal aumenta la plausibilidad de una causa sin demostrarla. La vieja falacia post hoc, ergo propter hoc consiste justamente en tomar la sucesión por causalidad. En la escritura científica y en la divulgación, el orden de las frases puede sugerir más de lo que la evidencia demuestra, por lo que hay que distinguir la sucesión, la asociación y la explicación causal.

Sintagma y paradigma en la narración

La noción de combinación puede extenderse de la oración a las secuencias narrativas.

(11) Perdí el trabajo, después terminé mi relación y finalmente dejé de salir de casa.

(12) Dejé de salir de casa, después perdí el trabajo y terminó mi relación.

Los mismos hechos, ordenados de otro modo, producen configuraciones causales diferentes. El orden narrativo puede sugerir antecedentes, consecuencias, un deterioro o una recuperación; el orden narrado, sin embargo, no equivale a la causalidad real.

Existen también alternativas narrativas. Una persona puede comenzar su relato con «Todo empezó cuando murió mi padre», con «Yo siempre había sido así, pero empeoré después de la muerte de mi padre» o con «Mi familia dice que empezó con la muerte de mi padre, pero yo no lo veo así». El primer relato privilegia un desencadenante; el segundo combina vulnerabilidad previa y cambio; el tercero introduce un desacuerdo entre fuentes. En este caso el paradigma está formado por estructuras explicativas alternativas, algo que importa en la narratología y en la entrevista clínica.

Paradigmas culturales

Las alternativas disponibles no son solo lingüísticas. Cada cultura dispone de repertorios conceptuales para describir la experiencia. Una persona puede interpretar su malestar como estrés, depresión, trauma, burnout, crisis espiritual, agotamiento o desequilibrio hormonal. Estas categorías no forman un paradigma lingüístico estricto del mismo tipo que el singular y el plural, aunque funcionan como repertorios discursivos alternativos para organizar la experiencia. La semejanza de método entre el paradigma lingüístico y el repertorio cultural de interpretación es útil, siempre que no se confundan los niveles.

Formulación, sesgo y estigma

Las palabras elegidas pueden introducir evaluaciones. «Rechazó el tratamiento» pone el acento en la oposición; «decidió no iniciar el tratamiento», en la decisión. «Paciente manipulador» condensa una atribución disposicional, mientras que «utiliza amenazas para intentar modificar la conducta de terceros» describe una conducta con mayor especificidad. Los conceptos disposicionales no siempre deben evitarse, a condición de saber cuándo se usan y qué inferencias contienen. El análisis paradigmático ayuda a detectar cómo las elecciones léxicas construyen marcos.

En salud mental, algunas elecciones también posicionan socialmente a una persona. Esquizofrénico convierte el diagnóstico en un sustantivo que identifica a la persona, mientras que persona con esquizofrenia lo presenta como una propiedad entre otras. La diferencia tiene efectos medibles. Granello y Gibbs (2016) aplicaron un cuestionario de actitudes a estudiantes, adultos de la comunidad y consejeros profesionales. La mitad de cada grupo respondió una versión que hablaba de the mentally ill y la otra mitad, una que hablaba de people with mental illnesses. Quienes recibieron la primera versión mostraron menos tolerancia. La diferencia fue mayor, además, entre los consejeros profesionales. Los efectos dependen, con todo, del contexto y de la comunidad de uso; ninguna forma elimina el estigma por sí sola.

Traducción y terminología científica

Traducir obliga a confrontar paradigmas diferentes. El inglés distingue consciousness de conscience, mientras que el español usa conciencia para ambas nociones, aunque admite consciencia para la primera. Un traductor debe elegir entre alternativas que conservan dimensiones distintas, como el significado denotativo, el registro, el tono, las asociaciones culturales o el ritmo. No siempre puede conservarlas todas. La traducción es, en buena medida, un problema de selección bajo restricciones. Que dos palabras figuren como equivalentes en un diccionario no significa que ocupen la misma posición en sus sistemas respectivos.

La ciencia crea términos para reducir la ambigüedad, aunque también genera problemas cuando distintos campos usan la misma palabra de maneras diferentes. Agencia puede designar la capacidad de actuar, la experiencia de autoría, el control causal, la autonomía o un rol institucional. Un artículo que cambia en silencio entre estos sentidos incurre en un equívoco conceptual. Una definición rigurosa especifica qué incluye el término, qué excluye y con qué conceptos contrasta.

Coherencia argumentativa y estilo

Un argumento científico tiene también estructura sintagmática, porque sus afirmaciones deben conectarse inferencialmente.

(13) Los modelos de lenguaje son cada vez más fluidos. Los pacientes usan herramientas digitales. La alianza terapéutica es importante. Por tanto, la IA transformará la psiquiatría.

Cada oración de (13) puede ser defendible por separado, aunque la conclusión no se sigue de ellas. La cadena carece de garantías inferenciales explícitas. Analizar sintagmáticamente un argumento consiste en preguntar qué relación hay entre las premisas y dónde aparece un salto. La escritura rigurosa exige controlar la combinación de las proposiciones, además de seleccionar buenos conceptos.

El estilo puede entenderse, en parte, como un patrón de elecciones reiteradas. Un autor puede preferir oraciones largas o breves, sustantivos abstractos o verbos, la voz activa o la pasiva, términos técnicos o cotidianos, metáforas o formulaciones literales. El estilo surge cuando ciertas opciones se seleccionan de manera sistemática, aunque no se reduce a frecuencias, porque su efecto depende de cómo esas selecciones interactúan con la estructura global del texto.

Expectativa y desviación en el lenguaje literario

La literatura puede explotar deliberadamente las expectativas paradigmáticas y sintagmáticas. En «La noche respiraba», noche ocupa una posición que normalmente corresponde a un ser vivo. La expresión viola una expectativa semántica y funciona metafóricamente dentro de un texto literario, mientras que en un informe clínico sería inadecuada. La aceptabilidad depende también del género discursivo, de modo que una construcción no puede evaluarse sin considerar la actividad comunicativa que organiza el texto.

Aplicación a la psicopatología

La distinción entre los dos ejes ayuda a describir alteraciones del discurso. Los problemas predominantes de combinación aparecen como fragmentación, pérdida de las relaciones sintácticas, secuencias difíciles de integrar o pérdida de la meta discursiva. Los de selección aparecen como neologismos, sustituciones léxicas extrañas, asociaciones por sonido o elecciones idiosincrásicas de términos. La dicotomía no basta, sin embargo, como clasificación clínica, porque los fenómenos reales pueden afectar ambos ejes y una selección inusual puede ser deliberada en la poesía, el humor o el habla creativa.

(14) Los vecinos me neuroconectaron por el techo.

La estructura sintagmática de (14) es comprensible, con un sujeto, un pronombre en función de complemento directo, un verbo y un complemento circunstancial. En el eje paradigmático, neuroconectaron es una selección inusual, que puede ser un neologismo, un término técnico reinterpretado o una creación idiosincrásica. Semánticamente, la oración atribuye una relación tecnológica entre los vecinos, el cerebro del hablante y el techo. La evaluación clínica necesita, además, conocer la convicción, el contexto, el significado personal, las demás creencias, la evidencia y el impacto funcional. La rareza paradigmática no equivale a un diagnóstico.

Modelos de lenguaje y los dos ejes

Los modelos de lenguaje autorregresivos generan una secuencia eligiendo cada unidad según las anteriores, es decir, estimando la probabilidad de cada token posible dado el contexto previo. En cada posición existe un conjunto de alternativas, lo que recuerda el eje paradigmático. La secuencia generada es, a su vez, una combinación, lo que recuerda el sintagmático. No todos los sistemas computacionales del lenguaje usan esta arquitectura. Los que la usan operan con representaciones numéricas y optimización estadística a gran escala, lo que los aleja de cualquier implementación de Saussure o de Jakobson. La semejanza está en una intuición abstracta, según la cual el lenguaje implica alternativas y combinaciones condicionadas.

Después de «El paciente refiere», un modelo asigna probabilidades distintas a continuaciones como ansiedad, insomnio, dolor o que. Esas alternativas no forman un paradigma lingüístico puro, porque incluyen unidades de tokenización definidas por el sistema, como se vio en el texto LS-005. La distribución refleja, sin embargo, regularidades aprendidas del corpus. Muestra, además, una diferencia con el estructuralismo clásico, porque los paradigmas computacionales son graduales y probabilísticos. Una opción puede ser más o menos probable sin ser imposible.

Que un sistema prediga bien las continuaciones no demuestra que comprenda en sentido humano, aunque tampoco demuestra lo contrario. El análisis sintagmático y paradigmático describe qué alternativas maneja el sistema y cómo una secuencia condiciona la siguiente. Qué propiedades adicionales justificarían atribuirle comprensión es una pregunta que requiere criterios independientes, propios de la filosofía de la mente.

La selección condicionada por el contexto

Los paradigmas no existen como listas universales aisladas. La palabra adecuada depende de la estructura gramatical, del significado previo, del interlocutor, del género, del registro y de la situación. Después de «La paciente se encuentra…», en una ficha clínica cabe esperar estable, orientada o acompañada. En una novela, la misma secuencia puede continuar como «La paciente se encuentra con su pasado», con otra estructura. El contexto redefine qué alternativas son plausibles, lo que vuelve el paradigma dinámico y local.

Método de análisis

El análisis sintagmático y paradigmático puede seguir cuatro pasos. El primero identifica la unidad, que puede ser un fonema, un morfema, una palabra, una construcción, una frase o una secuencia narrativa. El segundo identifica la combinación, es decir, con qué elementos aparece la unidad y qué relaciones mantiene con ellos. El tercero identifica las alternativas, los elementos que podrían ocupar posiciones comparables en las mismas condiciones. El cuarto evalúa qué cambia al sustituir una opción por otra. Solo después cabe explorar los efectos estilísticos, las implicaciones clínicas o las consecuencias discursivas. Este orden reduce la tendencia a interpretar antes de describir.

Síntesis

Las relaciones sintagmáticas y paradigmáticas describen dos dimensiones complementarias de la organización lingüística. El sintagma corresponde a las unidades efectivamente combinadas dentro de una estructura; el paradigma, a las alternativas posibles definidas por relaciones de contraste, semejanza o sustituibilidad. Ambos ejes operan en fonología, morfología, sintaxis, léxico y discurso. La distinción es, por eso, una herramienta transversal, que conecta el valor saussureano, las oposiciones estructurales y la selección y combinación de Jakobson.

El valor de una elección depende en parte de las opciones disponibles, si bien una alternativa ausente no equivale a una intención reprimida o evitada. El orden de una secuencia puede sugerir relaciones sin demostrar causalidad. La lingüística actual añade una dimensión probabilística, en la que las alternativas tienen distintos grados de frecuencia y expectativa. En la clínica, la herramienta permite distinguir problemas de combinación y de selección; no basta, con todo, como clasificación diagnóstica. En la escritura científica ayuda a calibrar los términos y la fuerza epistémica de las afirmaciones. Aplicada a los sistemas de IA, es una analogía útil para entender la generación secuencial, siempre que no se confundan las categorías lingüísticas con los mecanismos computacionales. Toda expresión lingüística resulta de ciertas combinaciones realizadas y de ciertas alternativas no seleccionadas, pero solo la evidencia contextual permite decidir qué relevancia interpretativa tienen esas relaciones.

El texto LS-007 deja la panorámica conceptual y comienza el bloque técnico dedicado a la producción del habla y a la transcripción fonética.

Referencias

Chandler, D. (2017). Semiotics: The basics (3.ª ed.). Routledge.

Granello, D. H. y Gibbs, T. A. (2016). The power of language and labels: “The mentally ill” versus “people with mental illnesses”. Journal of Counseling & Development, 94(1), 31–40. https://doi.org/10.1002/jcad.12059

Jakobson, R. (1956). Two aspects of language and two types of aphasic disturbances. En R. Jakobson y M. Halle, Fundamentals of language (pp. 55–82). Mouton.

Jakobson, R. (1960). Closing statement: Linguistics and poetics. En T. A. Sebeok (Ed.), Style in language (pp. 350–377). MIT Press.

Kutas, M. y Hillyard, S. A. (1980). Reading senseless sentences: Brain potentials reflect semantic incongruity. Science, 207(4427), 203–205. https://doi.org/10.1126/science.7350657

Lyons, J. (1977). Semantics (Vols. 1–2). Cambridge University Press.

Saussure, F. de (1916). Cours de linguistique générale (C. Bally y A. Sechehaye, Eds.). Payot.

Sinclair, J. (1991). Corpus, concordance, collocation. Oxford University Press.

Trask, R. L. (1999). Key concepts in language and linguistics. Routledge.

Wray, A. (2002). Formulaic language and the lexicon. Cambridge University Press.

Cómo citar esta lectura

Publicación en la web: · LS-006

APA 7

Alarcón Covarrubias, J. (2026). Relaciones sintagmáticas y paradigmáticas. Lingüística y Semiótica. https://linguisticaysemiotica.org/temas/ls-006

Chicago

Alarcón Covarrubias, Jonathan. «Relaciones sintagmáticas y paradigmáticas». Lingüística y Semiótica. 22 de septiembre de 2026. https://linguisticaysemiotica.org/temas/ls-006.

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