LS-018 / Morfología y léxico

Flexión nominal: género, número y caso

Flexión nominal de género, número y caso

Ver secciones del texto
  1. Qué significa flexionar un nombre
  2. Una categoría gramatical no es una categoría ontológica
  3. Tres niveles de análisis
  4. Qué es el género gramatical
  5. Género inherente y género flexivo
  6. La terminación no define el género
  7. Género y referentes animados
  8. Sistemas de género y clases nominales en otras lenguas
  9. Asignación de género
  10. Qué es el número gramatical
  11. Dual, trial y paucal
  12. El plural en español
  13. Nombres contables y de masa
  14. Qué es el caso gramatical
  15. Caso morfológico, caso abstracto y sincretismo
  16. Alineamiento morfosintáctico
  17. Animacidad y marcación diferencial de objeto
  18. Concordancia
  19. Marcación
  20. Almacenamiento, frecuencia y regularidad
  21. Adquisición de la flexión
  22. Género, sociedad y cambio
  23. Flexión nominal en la clínica
  24. Flexión nominal y sistemas de IA
  25. Cómo analizar una categoría flexiva
  26. Categorías nominales, realidad y relativismo
  27. Género, número y caso como sistemas
  28. Síntesis
  29. Referencias

DESARROLLO COMPLETO · BIBLIOGRAFÍA INCLUIDA

Qué significa flexionar un nombre

El texto LS-017 distinguió la palabra, el lexema y el morfema. Mostró, además, que una misma unidad léxica aparece en distintas formas. La flexión nominal estudia las modificaciones gramaticales que afectan a los nombres, los adjetivos, los determinantes y otras expresiones nominales sin crear necesariamente un nuevo lexema. Gato aparece como gato, gata, gatos y gatas. La descripción parece sencilla, porque bastaría hablar de género y de número. Estas categorías se vuelven mucho más complejas cuando se pregunta qué significan exactamente, cómo se expresan, qué relación mantienen con la sintaxis y hasta qué punto corresponden a propiedades del referente. El español carece, además, de una categoría morfológica nominal que ocupa un lugar de primer orden en muchas otras lenguas, el caso. En latín, alemán, ruso, finés o turco, la forma de un nombre cambia según su función gramatical o su relación semántica dentro de la oración.

La flexión nominal plantea, así, una pregunta general, que es cómo codifican las lenguas propiedades gramaticales de los participantes de una oración y qué relación existe entre esas propiedades y las entidades del mundo. La respuesta exige separar tres niveles, que son las propiedades del referente, las categorías gramaticales y las marcas morfológicas concretas. Estas dimensiones solo coinciden en parte.

Una categoría gramatical no es una categoría ontológica

Mesa es gramaticalmente femenina y libro es gramaticalmente masculino, aunque ni la mesa ni el libro tienen sexo. El género gramatical no equivale, por tanto, al sexo del referente como regla general. En ciertos nombres de personas y animales existe una relación entre ambas dimensiones, como en niño y niña, e incluso allí hay que distinguir la propiedad del referente, la clasificación léxica, la morfología y la concordancia. La gramática no reproduce de manera transparente una ontología del mundo y organiza las expresiones mediante categorías propias.

Esa diferencia no prueba que el género gramatical y las propiedades del referente sean siempre independientes. En los nombres de personas puede haber correlaciones productivas y restricciones de referencia, mientras que en mesa no existe esa relación. El argumento excluye una identidad universal, sin excluir toda relación semántica o social.

Tres niveles de análisis

En la médica cansada pueden distinguirse tres niveles. El referente es una persona particular. El sustantivo médica presenta, en ese uso, género femenino. La concordancia hace que el determinante y el adjetivo adopten formas compatibles con él, la y cansada; una relación sintáctica se manifiesta así morfológicamente. El género no pertenece solo al nombre, porque organiza también las dependencias dentro del sintagma nominal.

Qué es el género gramatical

En tipología lingüística, el género gramatical se define como un sistema de clases de nombres que se manifiesta sobre todo mediante la concordancia (Corbett, 1991). Un nombre pertenece a una clase; otras palabras modifican su forma según esa pertenencia. En el libro rojo y la casa roja, el género del sustantivo condiciona el artículo y el adjetivo, lo que convierte el género en una propiedad gramatical relacional. Observar la terminación del sustantivo no basta.

La concordancia aporta la evidencia más firme del género, porque permite identificarlo incluso cuando la forma del nombre no lo expresa con claridad. Crisis no tiene un sufijo femenino transparente, mientras que la crisis aguda revela su género a través del artículo y del adjetivo.

Género inherente y género flexivo

En algunos nombres, el género es relativamente fijo. Mesa y libro no alternan productivamente. Nadie forma meso como versión masculina de mesa. En otros existen pares, como niño y niña o gato y gata. Esta diferencia llevó a distinguir el género como propiedad inherente del lexema del género expresado mediante una alternancia morfológica. La frontera no es simple. Estudiante se combina con el y con la sin cambiar de forma. La concordancia revela su género en cada contexto.

El estatuto flexivo o derivativo de alternancias como gato y gata es objeto de análisis. Ese par no debe usarse para probar por definición que todo género es flexión de un mismo lexema. Roca (1989) propuso, por ejemplo, que las vocales finales -o y -a del español son marcas de clase de palabra, distintas del género propiamente dicho. Lo empírico es la alternancia formal, la referencia posible y la concordancia. Su representación léxica se justifica después (Spencer, 1991).

La terminación no define el género

En español existe una fuerte tendencia a que los nombres en -o sean masculinos y los nombres en -a, femeninos. No es una regla absoluta, como muestran la mano, el día, el mapa o los numerosos masculinos de origen griego en -ma, como el problema o el tema. El género de algunos nombres varía, además, entre variedades. En España y en Chile se dice la radio para el aparato, mientras que en México y en parte de Centroamérica se dice el radio. La terminación aporta una pista probabilística, sin definir el género, que pertenece a la estructura léxica y gramatical. Es otro ejemplo de una relación no biunívoca entre forma y función.

Género y referentes animados

En los nombres de personas y animales, el género gramatical puede correlacionarse con el sexo o el género del referente, como en médico y médica. La relación no es universal, porque existen nombres epicenos, nombres comunes en cuanto al género, nombres de género fijo y formas supletivas. Persona es gramaticalmente femenino con independencia del sexo o la identidad del referente, de modo que «Juan es una persona muy tranquila» mantiene la concordancia femenina dentro del sintagma. El género del referente no coincide con el género gramatical de cada sustantivo usado para referirse a él.

Estudiante, psiquiatra o artista se combinan con distintos determinantes, como el psiquiatra y la psiquiatra, sin que la palabra cambie. La concordancia externa expresa aquí el género, a diferencia de médico y médica, que muestran una alternancia visible. La gramática codifica, así, la misma categoría con mecanismos diferentes. Un sustantivo epiceno mantiene su género gramatical aunque el sexo del referente varíe. Víctima sigue siendo femenino en «Juan fue la víctima principal»; jirafa lo sigue siendo en la jirafa macho. Estos casos muestran con claridad la independencia parcial entre gramática y ontología.

Sistemas de género y clases nominales en otras lenguas

No todas las lenguas distinguen solo masculino y femenino. El alemán tiene masculino, femenino y neutro. Otras lenguas tienen sistemas mucho más amplios. En las lenguas bantúes, los sustantivos se organizan en numerosas clases asociadas a patrones de concordancia. En suajili, mtu 'persona' forma el plural watu; kitabu 'libro' forma vitabu. Sus prefijos pertenecen a clases distintas y se repiten en las palabras concordantes. Estas clases pueden correlacionarse históricamente con la animacidad, la forma, el número o el tipo semántico, aunque la relación es parcial. El género es, en lingüística, una categoría tipológica más amplia que la oposición entre masculino y femenino (Corbett, 2013).

Género y clases nominales suelen designar el mismo tipo de sistema cuando una clasificación de los sustantivos se refleja en la concordancia. Los clasificadores, en cambio, requieren un análisis distinto. Son palabras que acompañan al nombre en ciertos contextos, como al contar, sin que su elección se refleje en la concordancia de otras palabras (Aikhenvald, 2000). El número de clases y su nombre tradicional no deciden por sí solos cómo clasificar un sistema.

Asignación de género

Un hablante asigna género a una palabra nueva a partir de pistas semánticas, fonológicas y morfológicas. En español, una palabra en -ción tiene una probabilidad muy alta de ser femenina, como la organización o la clasificación. El hablante no consulta una regla consciente. Aprendió regularidades distribucionales. La asignación de género combina, así, el conocimiento léxico con patrones productivos.

Qué es el número gramatical

El número codifica distinciones relacionadas con la cantidad de referentes. En español, la oposición principal es la de singular y plural, como en libro y libros, aunque la categoría tipológica es más rica. El singular no significa siempre uno. En «El tigre está en peligro de extinción» o «El ser humano necesita agua», el singular recibe una interpretación genérica y designa una especie. El plural tampoco significa simplemente más de uno. «Los perros son mamíferos» es genérico, mientras que «Los perros están en el jardín» se refiere a un grupo particular. Algunas lenguas usan, además, el plural para expresar respeto, aproximación o asociación. La categoría gramatical restringe la interpretación sin determinarla por sí sola. La semántica del número excede, además, una operación aritmética.

Dual, trial y paucal

Algunas lenguas tienen una categoría de dual, reservada a dos referentes. El esloveno opone prijatelj 'amigo', prijatelja 'dos amigos' y prijatelji 'amigos'. El árabe tiene un dual nominal; el mapudungun lo marca en sus pronombres, como mostró el texto LS-006. En esas lenguas, el hablante debe elegir una forma específica para los pares, lo que muestra que la oposición entre singular y plural no es la única organización posible.

El paucal expresa una cantidad pequeña de referentes. Su frontera con el plural depende de la lengua y del contexto. El fiyiano de Boumaa distingue en sus pronombres singular, dual, paucal y plural. Algunas lenguas de Oceanía tienen, además, un trial para tres referentes (Corbett, 2000). Las categorías de número incorporan, así, umbrales conceptuales distintos, sin una partición universal de la cantidad.

El plural en español

El plural español tiene dos realizaciones principales, -s en casas y -es en papeles, que dependen de propiedades fonológicas y léxicas y pueden analizarse como alomorfos de un mismo morfema, como vieron las lecturas LS-005 y LS-017. Algunos sustantivos tienen la misma forma en singular y en plural, como el lunes y los lunes o la crisis y las crisis. En ellos, el número se expresa mediante el determinante y la concordancia, por lo que una categoría gramatical puede estar presente aunque una palabra particular no la exprese fonológicamente.

En las casas grandes, el plural aparece en el determinante, el sustantivo y el adjetivo. Esa redundancia no es inútil, porque la concordancia ayuda a integrar los constituyentes, a mantener las relaciones y a recuperar la estructura cuando hay ruido. La expresión de un mismo rasgo en varios puntos de la oración se llama exponencia múltiple.

Nombres contables y de masa

La semántica nominal interactúa con el número. Tres libros es normal, mientras que tres aguas resulta extraño si se pretende contar la sustancia sin introducir porciones ni tipos. Libro es un nombre contable y agua, un nombre de masa, que suele requerir unidades de medida, como en tres litros de agua. El contraste no es absoluto, porque dos aguas puede designar dos botellas, dos vasos o dos tipos de agua. El contexto cambia la interpretación.

Un mismo referente material puede conceptualizarse como sustancia, como porción o como tipo, como en mucho café y dos cafés. La morfología y la sintaxis participan en esa recategorización. La gramática no refleja una ontología fija. Aporta maneras de conceptualizar un mismo dominio.

Qué es el caso gramatical

El caso es una categoría nominal que marca las relaciones gramaticales o semánticas de una expresión dentro de la oración (Haspelmath, 2009). En español actual, los sustantivos comunes no tienen flexión de caso, mientras que los pronombres conservan distinciones, como yo, me y , que aparecen en contextos sintácticos distintos. Otras lenguas marcan el caso extensamente en nombres, adjetivos y determinantes (Malchukov y Spencer, 2009).

En un sistema nominativo-acusativo, la lengua distingue formalmente el sujeto del objeto directo. En latín, puer canem videt significa 'el niño ve al perro' y canis puerum videt, 'el perro ve al niño', porque puer y canis están en nominativo y puerum y canem en acusativo. Canem puer videt conserva el significado de la primera oración pese al cambio de orden. La marcación de caso contribuye a identificar a los participantes, aunque no garantiza por sí sola un orden libre. Las lenguas con caso mantienen restricciones sintácticas y pragmáticas; las lenguas con poca flexión también admiten varios órdenes. El orden sirve, además, para organizar la información y el énfasis. La relación entre caso y orden de palabras es una pregunta comparativa, que no se deduce causalmente de la presencia de terminaciones.

El genitivo suele asociarse con la posesión, la pertenencia y el origen, relaciones que el español expresa con preposiciones, como en libro de Juan. Un mismo caso puede cubrir varias relaciones semánticas, sin un significado único elemental. El dativo aparece con receptores, beneficiarios y experimentantes. El pronombre le de «Le di el libro a María» conserva una distinción relacionada con él. La relación entre caso morfológico y papel semántico tampoco es biunívoca. Algunas lenguas distinguen, por último, casos espaciales. El finés opone talossa 'en la casa', taloon 'a la casa' y talosta 'desde la casa', relaciones que el español expresa con preposiciones. Nichols (1986) mostró, además, que las lenguas difieren en dónde marcan estas relaciones, ya sea en el dependiente, como hace el caso, o en el núcleo, como hace la concordancia verbal.

Caso morfológico, caso abstracto y sincretismo

Una lengua puede carecer de morfología de caso visible y distinguir, aun así, las funciones sintácticas. En «Juan vio a María», el orden y la preposición ayudan a identificar los papeles. La teoría generativa usa, además, el concepto de caso abstracto, según el cual ciertas posiciones sintácticas requieren una licencia estructural aunque la palabra no muestre una terminación específica. Caso abstracto y caso morfológico no deben confundirse.

Una misma forma puede expresar varios casos, un fenómeno llamado sincretismo. La tabla 18.1 muestra el singular de rosa en latín.

Tabla 18.1. Singular de rosa en latín

Caso Forma Función principal
Nominativo rosa sujeto
Genitivo rosae complemento del nombre
Dativo rosae destinatario
Acusativo rosam objeto directo
Ablativo rosā complementos circunstanciales

El genitivo y el dativo comparten la forma rosae. Todos los sustantivos neutros latinos tienen, además, la misma forma en nominativo y en acusativo. El paradigma contiene, así, distinciones funcionales que no siempre se realizan con formas diferentes, un caso comparable a otras neutralizaciones morfológicas.

Alineamiento morfosintáctico

Los tipólogos usan tres etiquetas para comparar sistemas, S para el único argumento de un verbo intransitivo, A para el argumento de tipo agente de un verbo transitivo y P para el de tipo paciente (Comrie, 1989). En un sistema nominativo-acusativo, S se agrupa con A y se distingue de P, un patrón familiar en muchas lenguas europeas que no es universal.

En un sistema ergativo-absolutivo, S se agrupa con P, mientras que A recibe otra marca (Dixon, 1994). En vasco, gizona etorri da significa 'el hombre ha venido', con gizona en absolutivo, mientras que gizonak ogia jan du significa 'el hombre ha comido el pan', con el agente gizonak marcado por el ergativo -k y el paciente ogia en absolutivo. Categorías como sujeto no corresponden, por tanto, a un único patrón morfológico. La tipología obliga a separar los conceptos comparativos de las categorías propias de cada lengua.

Algunas lenguas usan más de un patrón, un fenómeno llamado ergatividad escindida. En hindi, el agente de un verbo transitivo recibe la marca ergativa ne en el aspecto perfectivo y carece de ella en el imperfectivo. El alineamiento puede cambiar, así, según el tiempo, el aspecto, la persona o la animacidad, lo que impide construir tipologías demasiado simples.

Animacidad y marcación diferencial de objeto

Muchas lenguas distinguen a los participantes según escalas de persona y de animacidad, que suelen ordenar la primera y la segunda persona por encima de los humanos, los humanos por encima de los animados y estos por encima de los inanimados. Esas escalas pueden influir en el caso, la concordancia, el orden de palabras y la marcación diferencial.

El español tiene un caso claro. Se dice veo la casa y veo a María, porque la llamada a personal aparece sobre todo con objetos directos humanos, definidos o específicos. «Busco a una enfermera» sugiere que se busca a una persona concreta, mientras que «Busco una enfermera» sugiere que sirve cualquiera. La a personal no es una marca de caso flexivo como las del latín, aunque cumple funciones de diferenciación del objeto que dependen de múltiples factores. La gramática responde, así, a jerarquías semánticas y pragmáticas.

Concordancia

La concordancia hace que una forma refleje rasgos asociados a otra unidad (Corbett, 2006). En esas pacientes cansadas hay concordancia de género y de número. El sustantivo controla el rasgo dentro del sintagma. El determinante y el adjetivo expresan valores compatibles. La terminología tipológica no es uniforme. En inglés suele reservarse agreement para la relación entre el sujeto y el verbo y concord para la concordancia interna del sintagma nominal, dos dominios distintos de propagación de rasgos (Wechsler y Zlatić, 2003).

La concordancia no siempre sigue la forma morfológica. En «La mayoría de los pacientes estaban cansados», el núcleo mayoría es singular, aunque la concordancia plural resulta posible o preferida según la construcción y la variedad. «Su Majestad está cansado», dicho de un rey, combina un sustantivo femenino con un adjetivo masculino que concuerda con el referente (Real Academia Española y Asociación de Academias de la Lengua Española, 2009). Estos casos muestran la competencia entre la estructura formal y la interpretación conceptual, que la gramática resuelve de más de una manera.

Marcación

En los paradigmas nominales, una categoría puede tener una marca explícita mientras otra carece de ella. En gato y gatos, el plural tiene -s y el singular puede analizarse como no marcado. El término no marcado puede significar, sin embargo, cosas distintas, como la ausencia formal, la mayor frecuencia, la interpretación más amplia o la menor complejidad, dimensiones que no siempre coinciden. La marcación debe definirse, por tanto, respecto de cada fenómeno.

En teoría lingüística, no marcado no significa más correcto, más natural, mejor ni normativo. Es una relación estructural. Confundir la marcación gramatical con una valoración social produce errores conceptuales graves.

Almacenamiento, frecuencia y regularidad

Queda abierta la pregunta de si el hablante almacena todas las formas, como canto, cantas y cantamos, o almacena una base y genera las demás mediante reglas. La respuesta depende probablemente de la frecuencia, de la regularidad y del tipo de palabra. Las formas muy frecuentes pueden almacenarse aunque sean regulares; las raras pueden generarse productivamente. La oposición entre almacenamiento y regla puede ser gradual.

Una forma irregular puede sobrevivir porque es frecuente. Las formas irregulares de muchas lenguas se concentran en las palabras de mayor frecuencia, como los verbos ser, ir o tener en español o be, have y go en inglés, que resisten la regularización (Bybee, 1985). La memoria, las reglas y la frecuencia interactúan en la morfología. Los paradigmas no son sistemas abstractos separados del uso.

Adquisición de la flexión

Los niños producen formas regulares donde la lengua adulta usa una irregular, como andé por anduve, sabo por o rompido por roto. Estos errores muestran que el niño no repite simplemente formas oídas, porque extrajo una regularidad productiva. La sobrerregularización es evidencia de generalización morfológica.

Los niños deben aprender también el género de miles de nombres, a partir de las terminaciones, los determinantes, la concordancia y la semántica. Una palabra desconocida terminada en -a se interpreta probabilísticamente como femenina, con excepciones como el mapa. El aprendizaje combina reglas y memoria léxica.

Género, sociedad y cambio

Las discusiones actuales sobre el lenguaje inclusivo muestran la importancia de separar el género gramatical, la referencia a personas, las prácticas sociales, las identidades de género y las convenciones discursivas, que no mantienen una equivalencia simple. La lingüística puede estudiar la productividad de las formas nuevas, sus patrones de concordancia, su aceptabilidad y su difusión social. La pregunta normativa o política es diferente. Este atlas analiza los mecanismos lingüísticos sin derivar de ellos una posición normativa.

Las categorías de género y número cambian históricamente. Una palabra puede cambiar de género, desarrollar alternancias nuevas o perder marcas. Las innovaciones pueden difundirse socialmente. La vacilación de el radio y la radio entre variedades es un resto visible de esos procesos. Las convenciones actuales son el resultado de una historia.

Flexión nominal en la clínica

En la evaluación clínica pueden aparecer errores como la niño o los casa, que admiten múltiples explicaciones, como una adquisición incompleta, el aprendizaje de una segunda lengua, una afasia, una variación dialectal o un error ocasional. Un error de concordancia aislado no basta para identificar una alteración, porque importa el patrón. Algunos perfiles afásicos muestran dificultades con el género, el número, el caso o la concordancia. Una misma alteración puede manifestarse de manera distinta en una lengua con flexión rica de caso y en español. La clínica lingüística debe respetar la estructura de cada idioma.

La concordancia ayuda también a identificar antecedentes en la documentación clínica, sin resolver todos los casos. En «La paciente habló con su hermana cuando estaba cansada», el sujeto omitido de estaba puede referirse a cualquiera de las dos mujeres, porque ambas son femeninas y singulares. El contexto debe decidir. En «La paciente refiere que su hermana estaba angustiada y cansada», en cambio, ambos adjetivos se atribuyen normalmente a su hermana, porque forman parte del mismo predicado. La ambigüedad depende de la estructura. Un registro clínico que quiera evitarla debe nombrar explícitamente a la persona en los casos del primer tipo (Real Academia Española y Asociación de Academias de la Lengua Española, 2005).

Flexión nominal y sistemas de IA

Los modelos de lenguaje deben aprender dependencias como la de las pacientes cansadas y evitar formas como las pacientes cansado. En oraciones largas, la concordancia exige mantener información a distancia, lo que convierte el género y el número en pruebas útiles de representación gramatical.

Los modelos aprenden también asociaciones estadísticas entre profesiones, géneros y pronombres. Stanovsky et al. (2019) tradujeron automáticamente a ocho lenguas con género gramatical, entre ellas el español, oraciones inglesas que asignaban a los participantes papeles no estereotípicos, como «The doctor asked the nurse to help her in the operation». Cuatro sistemas comerciales y dos modelos académicos cometieron errores de género significativamente sesgados en todas las lenguas, por ejemplo al traducir con forma masculina a una médica. La concordancia gramatical interactúa, así, con los estereotipos del corpus. Evaluar un modelo exige separar la gramática, la distribución de los datos y las inferencias sociales.

Los sistemas entrenados sobre todo con inglés encuentran, además, problemas al transferirse a lenguas con caso, con género o con concordancia compleja. La riqueza morfológica multiplica las formas posibles. La tokenización y el modelado deben adaptarse a ella, como mostró el texto LS-017. La tipología gramatical es pertinente para la ingeniería lingüística.

Cómo analizar una categoría flexiva

Ante un paradigma nominal, el análisis identifica primero las formas y determina qué rasgo cambia. Compara después su significado y su función, identifica la concordancia y busca la alomorfía. Distingue luego las propiedades del referente de las categorías gramaticales y compara, por último, con otras lenguas antes de universalizar.

Médico, médica, médicos y médicas combinan un lexema con los rasgos de género y de número. Queda por decidir si médico y médica son formas flexivas del mismo lexema o lexemas relacionados, una cuestión que las teorías morfológicas responden de manera distinta, porque la descripción empírica precede a la decisión teórica. En la crisis y las crisis, el sustantivo no cambia y el número se observa en la concordancia, lo que muestra que un rasgo gramatical puede estar presente sin una marca visible en cada palabra. En el latín rosa, las terminaciones de la tabla 18.1 deben compararse con las de otros sustantivos antes de generalizar, porque un único paradigma no basta. La comparación muestra, por ejemplo, que la segunda declinación forma el acusativo en -um, como en puerum. El acusativo latino no tiene, por tanto, una sola forma.

Categorías nominales, realidad y relativismo

Las categorías nominales muestran con especial claridad que la gramática organiza el mundo sin copiarlo. El género clasifica objetos inanimados, el singular puede referirse genéricamente a una especie y el caso codifica funciones sintácticas que no corresponden a propiedades intrínsecas del referente. Categoría gramatical y categoría ontológica no coinciden. Tampoco cabe concluir que la gramática sea arbitraria sin límites, porque existen correlaciones con la animacidad, la cantidad, los papeles y la percepción. La relación es estructurada y parcialmente motivada.

Las lenguas obligan a marcar ciertas distinciones y no otras. Una lengua con dual exige distinguir dos de más de dos en ciertos contextos; una lengua con casos espaciales codifica las direcciones en la morfología. Esto no implica que sus hablantes sean incapaces de pensar otras distinciones. La gramática modifica qué información debe expresarse rutinariamente, un problema relacionado con la comparación y la traducción entre lenguas. Del hecho de que las lenguas codifiquen categorías diferentes no se sigue que cada comunidad habite una realidad incomparable. Los seres humanos comparten capacidades perceptivas, restricciones corporales, entornos físicos y posibilidades inferenciales. La diversidad lingüística organiza la experiencia de maneras distintas sin impedir la traducción ni la comparación. La tipología existe precisamente porque es posible comparar sistemas distintos.

Género, número y caso como sistemas

Las tres categorías organizan paradigmas nominales y relaciones de concordancia o de función, con diferencias entre ellas. El género clasifica nombres y desencadena concordancia; el número expresa distinciones de cantidad y de estructura referencial; el caso marca relaciones sintácticas o semánticas. Una lengua puede tener las tres, algunas o ninguna con morfología visible, porque no existe un paquete universal obligatorio.

La flexión nominal depende de la estructura sintáctica. El caso señala funciones y la concordancia refleja relaciones entre constituyentes; morfología y sintaxis están estrechamente conectadas. Su división es analítica. El número y el género interactúan también con el significado, aunque la gramática puede generalizar, clasificar y neutralizar, lo que obliga a distinguir el rasgo formal de su interpretación. La elección entre formas nominales puede depender, por último, del respeto, del foco, de la identidad y del registro, como en el plural de modestia que usa nosotros por yo en la escritura académica. Una categoría formal puede ser reclutada, así, para usos discursivos.

Síntesis

La flexión nominal organiza propiedades gramaticales sin crear necesariamente lexemas nuevos. Sus principales categorías son el género, el número y el caso. El género gramatical se manifiesta sobre todo mediante la concordancia. No debe confundirse con el sexo o la identidad del referente. Puede ser inherente o variable, expresarse morfológicamente o hacerse visible solo en la concordancia. Las lenguas tienen dos, tres o numerosas clases nominales. El número no se limita al singular y el plural, porque existen el dual, el trial y el paucal. El singular y el plural adquieren, además, interpretaciones genéricas o contextuales. La morfología del número presenta alomorfía y formas invariantes. El caso marca relaciones gramaticales o semánticas, con sistemas que distinguen nominativo, acusativo, genitivo, dativo, casos espaciales y otros. Sus alineamientos pueden ser nominativo-acusativos, ergativo-absolutivos o escindidos. La concordancia distribuye rasgos entre diferentes elementos y responde tanto a la estructura formal como al significado. La marcación es una relación estructural, ajena a cualquier valoración normativa. En la adquisición, las sobrerregularizaciones son evidencia de productividad. En la clínica, las alteraciones flexivas deben distinguirse de las diferencias dialectales o de segunda lengua. En la inteligencia artificial, el género, el número y el caso permiten evaluar dependencias gramaticales y revelan sesgos aprendidos de los corpus. Las categorías gramaticales organizan la representación lingüística del mundo sin copiar sus categorías ontológicas.

El texto LS-019 estudia la flexión verbal, con la persona, el número, el tiempo, el aspecto y el modo. Presta especial atención a la diferencia entre el tiempo gramatical y el tiempo real y entre la modalidad lingüística y el compromiso epistémico.

Referencias

Aikhenvald, A. Y. (2000). Classifiers: A typology of noun categorization devices. Oxford University Press.

Bybee, J. L. (1985). Morphology: A study of the relation between meaning and form. John Benjamins.

Comrie, B. (1989). Language universals and linguistic typology (2.ª ed.). University of Chicago Press.

Corbett, G. G. (1991). Gender. Cambridge University Press.

Corbett, G. G. (2000). Number. Cambridge University Press.

Corbett, G. G. (2006). Agreement. Cambridge University Press.

Corbett, G. G. (2013). Number of genders. En M. S. Dryer y M. Haspelmath (Eds.), The world atlas of language structures online (cap. 30). Max Planck Institute for Evolutionary Anthropology. https://wals.info/chapter/30

Dixon, R. M. W. (1994). Ergativity. Cambridge University Press.

Haspelmath, M. (2009). Terminology of case. En A. Malchukov y A. Spencer (Eds.), The Oxford handbook of case (pp. 505–517). Oxford University Press.

Malchukov, A. y Spencer, A. (Eds.). (2009). The Oxford handbook of case. Oxford University Press.

Nichols, J. (1986). Head-marking and dependent-marking grammar. Language, 62(1), 56–119.

Real Academia Española y Asociación de Academias de la Lengua Española. (2005). Diccionario panhispánico de dudas. Santillana.

Real Academia Española y Asociación de Academias de la Lengua Española. (2009). Nueva gramática de la lengua española. Espasa.

Roca, I. M. (1989). The organisation of grammatical gender. Transactions of the Philological Society, 87(1), 1–32.

Spencer, A. (1991). Morphological theory. Blackwell.

Stanovsky, G., Smith, N. A. y Zettlemoyer, L. (2019). Evaluating gender bias in machine translation. En Proceedings of the 57th Annual Meeting of the Association for Computational Linguistics (pp. 1679–1684). Association for Computational Linguistics. https://doi.org/10.18653/v1/P19-1164

Wechsler, S. y Zlatić, L. (2003). The many faces of agreement. CSLI Publications.

Cómo citar esta lectura

Publicación en la web: · LS-018

APA 7

Alarcón Covarrubias, J. (2026). Flexión nominal: género, número y caso. Lingüística y Semiótica. https://linguisticaysemiotica.org/temas/ls-018

Chicago

Alarcón Covarrubias, Jonathan. «Flexión nominal: género, número y caso». Lingüística y Semiótica. 22 de septiembre de 2026. https://linguisticaysemiotica.org/temas/ls-018.

CONTINUAR EXPLORANDO

Buscar en el atlas

Títulos, conceptos y secciones · las tildes no cambian los resultados.