Considérese la secuencia «La paciente llegó temprano. Saturno tiene anillos. El informe fue enviado ayer. Los perros son mamíferos». Cada una de sus oraciones es gramatical y cada una puede ser verdadera, pero el conjunto no forma con facilidad un discurso coherente. La comparación con «La paciente llegó temprano. Había dormido poco y se sentía ansiosa. El informe de ingreso fue enviado esa misma mañana», donde sí existe una relación interpretable entre las oraciones, muestra la diferencia.
El contraste obliga a distinguir dos propiedades. La cohesión corresponde a los recursos lingüísticos que conectan explícitamente partes de un texto, como los pronombres, la elipsis, la repetición lexical, los conectores y los tiempos verbales; la coherencia, a la posibilidad de interpretar el discurso como una unidad significativa. Que ambas propiedades no coincidan necesariamente se advierte en que un texto puede ser cohesivo y poco coherente, así como coherente con escasa señalización cohesiva explícita. La lectura examina qué mecanismos permiten que varias oraciones formen una representación discursiva integrada y qué papel desempeñan en ese proceso la gramática, el léxico, el conocimiento del mundo y el contexto. La cuestión tiene consecuencias para la narración, el razonamiento, la escritura científica, la entrevista clínica, el análisis de la desorganización del pensamiento y los sistemas de resumen automático.
La teoría de la cohesión textual en la que se apoya esta exposición fue desarrollada por Halliday y Hasan (1976). Su idea general es que determinadas expresiones remiten a otras partes del discurso y crean continuidad; los mecanismos principales son la referencia, la sustitución, la elipsis, la conjunción y la cohesión lexical. En «María llegó. Ella estaba cansada», la forma «ella» vincula la segunda oración con la primera (María~i~ → ella~i~) y contribuye a la cohesión. La cohesión no garantiza por sí sola la coherencia, puesto que en «María llegó. Ella es un número primo» el pronombre mantiene la cohesión referencial y la relación semántica global sigue siendo extraña.
Referencia cohesiva
La anáfora recupera un elemento previo del discurso. En «Entró un médico. Él pidió los exámenes», el pronombre «él» remite a «un médico» y permite que la segunda oración no repita el sustantivo completo; la cohesión reduce de ese modo la redundancia del texto.
También existe referencia hacia adelante, la catáfora. En «Cuando llegó, Juan estaba agotado», el sujeto tácito de «llegó» puede interpretarse catafóricamente respecto de Juan. En «Esto es lo importante: el tratamiento no funcionó», el demostrativo anticipa un contenido posterior. Los dos casos indican que la cohesión referencial puede orientarse en ambas direcciones.
Los demostrativos discursivos amplían el repertorio. En «El ensayo no mostró diferencias. Esto obligó a revisar la hipótesis», esto puede referir al hecho completo de no encontrar diferencias y no a un sustantivo aislado. La referencia discursiva puede tener como antecedente una proposición, un evento o un segmento textual, como han analizado Webber, Stone, Joshi y Knott (2003), posibilidad que permite construir continuidad argumentativa entre oraciones.
Sustitución y elipsis
Una expresión puede reemplazar material previo. En «Necesito un bolígrafo. ¿Tienes uno?», la forma «uno» sustituye a «un bolígrafo» y la cohesión se mantiene sin repetir toda la expresión.
La elipsis, por su parte, omite material recuperable. En «Juan leyó el artículo y María también», la segunda cláusula omite «leyó el artículo» y la interpretación se recupera desde el contexto. La elipsis crea así cohesión estructural, aunque requiere que el antecedente sea suficientemente accesible para el destinatario.
El mecanismo puede introducir ambigüedad, visible en «Juan dijo que vendría y Pedro también», secuencia que admite dos lecturas, que Pedro dijo que vendría o que Pedro vendría. La cohesión existe aun cuando la estructura elidida es ambigua. De ahí que los mecanismos cohesivos puedan generar problemas de interpretación cuando el antecedente no está claramente determinado.
Conjunción y relaciones discursivas
Palabras como «y», «pero», «porque», «por tanto», «sin embargo» y «además» marcan relaciones entre segmentos del discurso. En «El tratamiento redujo síntomas, pero aumentó efectos adversos», la conjunción introduce contraste. En «El tratamiento redujo síntomas y aumentó efectos adversos», las condiciones de verdad pueden ser similares y la relación discursiva señalada, distinta.
Los conectores causales exigen una distinción adicional. Frente a «La paciente no asistió porque estaba enferma», donde la subordinación marca la causa del evento, en «Debe estar enferma, porque no asistió» la segunda cláusula introduce la evidencia que justifica la inferencia. El conector «porque» puede unir la causa del evento o la justificación del razonamiento, diferencia que corresponde a la distinción entre relaciones de fuente semántica y relaciones de fuente pragmática propuesta por Sanders, Spooren y Noordman (1992). La coherencia depende de que se identifique correctamente cuál de las dos relaciones está en juego.
Los conectores no crean por sí solos coherencia. En «Saturno tiene anillos. Por tanto, la paciente está triste», la expresión «por tanto» marca consecuencia sin que exista una relación inferencial plausible entre las proposiciones; la cohesión formal está presente y la coherencia racional falta. Como un conector no equivale a una relación justificada, en escritura científica un conector lógico puede ocultar un salto argumentativo.
Cohesión léxica
La repetición lexical puede mantener el tópico. «El tratamiento comenzó en junio. El tratamiento fue bien tolerado» es claro pero estilísticamente pesado, a diferencia de «El tratamiento comenzó en junio. Fue bien tolerado», que conserva la continuidad gracias a la elipsis del sujeto que permite el español.
La sinonimia y la reformulación ofrecen otra vía. En «El paciente presentó insomnio. La alteración del sueño persistió dos semanas», la segunda expresión reformula la primera y la relación cohesiva se apoya en la proximidad semántica. El recurso exige cuidado, pues insomnio y alteración del sueño no son equivalentes exactos y la cohesión lexical puede introducir, por esa vía, cambios de nivel conceptual.
La hiperonimia opera de modo similar. En «Compró una bicicleta. El vehículo era usado», vehículo es hiperónimo de bicicleta y crea cohesión a costa de especificidad, reducción que puede ser problemática en ciencia o en clínica cuando se requiere precisión.
Existen además asociaciones temáticas. Un texto sobre un hospital puede contener médico, paciente, sala y enfermera, palabras que comparten un dominio temático sin ser sinónimos ni hipónimos. La cohesión lexical puede surgir también de redes asociativas, punto de contacto con la lectura LS-038, aunque la asociación temática no equivale a una relación semántica elemental.
Coherencia
La coherencia describe, de manera preteórica, la posibilidad de construir una interpretación discursiva integrada. A falta de una única definición formal aceptada, distintas tradiciones la modelan mediante relaciones de discurso (Asher & Lascarides, 2003), actualización dinámica (Kamp & Reyle, 1993), estructura retórica (Mann & Thompson, 1988) o mecanismos de construcción de representación mental (van Dijk & Kintsch, 1983; Gernsbacher, 1990).
Considérese «Juan dejó caer el vaso. El suelo quedó mojado». Sin conector explícito, el lector infiere que el vaso contenía líquido, que se rompió o derramó y que el líquido llegó al suelo. El texto es coherente gracias al conocimiento del mundo y a la inferencia causal, en un caso en que la cohesión superficial es mínima y la coherencia, alta.
Debe distinguirse la coherencia local, que conecta segmentos cercanos, de la coherencia global, que organiza el discurso completo alrededor de un tema, un objetivo o una tesis. Un texto puede tener transiciones locales claras y carecer de argumento global, situación frecuente en manuscritos en los que cada párrafo parece correcto y la tesis central se pierde.
Van Dijk (1977; van Dijk & Kintsch, 1983) desarrolló el concepto de macroestructura para representar el contenido global de un discurso. Un texto puede contener muchas proposiciones (p₁, p₂, ..., pₙ), pero el lector construye una representación más abstracta. Una historia con síntomas, duración, antecedentes y examen, por ejemplo, se comprende bajo la macroestructura «evolución clínica del paciente». El discurso se procesa jerárquicamente y no como una lista de frases.
Esquemas y scripts
Schank y Abelson (1977) desarrollaron la idea de scripts para las secuencias típicas de eventos. El script del restaurante incluye entrar, sentarse, pedir, comer y pagar, secuencia de la que un texto puede omitir pasos que el lector repone. Ante «Juan fue al restaurante. Dejó una buena propina», el lector infiere que probablemente comió y recibió servicio. La inferencia indica que la coherencia depende de conocimiento estructurado.
En medicina, un relato como «comenzó con fiebre, luego tos y finalmente disnea» se interpreta dentro de esquemas causales y temporales. El esquema puede sesgar la interpretación, ya que un clínico que espera un patrón conocido puede completar información no expresada. La coherencia inferida no siempre coincide entonces con lo dicho, discrepancia que obliga a distinguir la inferencia plausible del dato explícito.
Coherencia causal
Los discursos narrativos suelen organizar los eventos mediante causalidad. Ante «Perdió el trabajo. Se deprimió», el lector puede inferir que la pérdida laboral llevó a la depresión, sin que la secuencia textual demuestre causalidad clínica; la coherencia narrativa favorece una inferencia que la explicación científica debe respaldar con evidencia adicional, exigencia que pesa especialmente en la anamnesis.
El riesgo corresponde a la falacia clásica post hoc ergo propter hoc y consiste en que un relato temporal puede producir la impresión de que, si A ocurrió antes que B, entonces A causó B. La inferencia puede ser correcta sin ser necesaria; la narración tiende a organizar causalidad y la epistemología debe controlar ese sesgo.
Coherencia temporal
Considérese «Llegó a urgencias. Había comenzado con fiebre dos días antes. Esa mañana presentó disnea». La morfología verbal y los adverbios permiten reconstruir la secuencia fiebre < disnea < llegada. La narración es coherente sin seguir el orden cronológico puro, dado que la estructura temporal se reconstruye mediante tiempos verbales, adverbios y contexto.
Si un resumen reordena los eventos («Llegó a urgencias y luego comenzó con fiebre»), ha cambiado la secuencia. La coherencia puede mantenerse superficialmente mientras la fidelidad factual se pierde, disociación que impide equiparar coherencia con exactitud.
Coherencia referencial
Un discurso coherente mantiene claro quién actúa, quién habla y a quién se refiere cada pronombre. En el ejemplo deficiente «María habló con Ana. Ella llamó a la médica. Después le dijo que estaba peor», las formas «ella», «le» y «estaba peor» son ambiguas, de suerte que la secuencia puede ser gramatical y temáticamente coherente con una referencia insuficiente.
En escritura técnica, repetir nombres puede mejorar la coherencia referencial. «María habló con Ana. Ana llamó a la médica y le informó que María estaba peor» es estilísticamente menos fluido y más claro, ganancia de claridad que puede justificar la repetición.
Coherencia argumentativa
Considérese «El estudio fue pequeño. Por tanto, el tratamiento es ineficaz». La conclusión no se sigue, ya que un tamaño pequeño puede reducir la precisión o el poder estadístico sin demostrar ineficacia. El conector crea cohesión argumentativa sin garantizar validez, dado que la coherencia racional requiere relaciones inferenciales justificadas.
A veces una inferencia necesita una premisa no expresada. «Juan es cirujano, así que es médico» descansa en la premisa implícita ∀x[Cirujano(x) → Médico(x)]; la inferencia es coherente porque esa relación conceptual está disponible para los interlocutores. Los discursos dependen así del conocimiento compartido entre los participantes (Clark, 1996).
Un argumento con premisas omitidas se denomina tradicionalmente entimema. La comunicación cotidiana los utiliza constantemente y gana eficiencia con ello. En ciencia, en cambio, omitir una premisa controvertida puede ocultar el punto débil del argumento, razón por la cual una auditoría lógica debe reconstruirla.
Relaciones retóricas
Mann y Thompson (1988) desarrollaron la Rhetorical Structure Theory (RST) para representar relaciones discursivas entre segmentos, como elaboración, causa, contraste, evidencia, condición y motivación. La teoría, en la que un segmento puede desempeñar el papel de núcleo o de satélite, intenta explicar por qué un texto se percibe como unidad funcional.
En «Juan probablemente está en casa. Su auto está afuera», la segunda oración aporta evidencia. El dato del auto apoya la hipótesis de que está en casa, en una relación de carácter epistémico y no causal.
En «El paciente presentó insomnio. Dormía menos de tres horas por noche y despertaba repetidamente», la segunda oración elabora la primera. La cohesión lexical contribuye a la continuidad y la relación discursiva de elaboración organiza la información.
Contexto
Se distinguen habitualmente tres tipos de contexto. El contexto lingüístico corresponde a lo dicho previamente; el situacional abarca lugar, tiempo y participantes; el de conocimiento reúne la información cultural y enciclopédica. La interpretación discursiva puede depender de cualquiera de los tres.
«Eso también ocurrió ayer» exige discurso previo para interpretar «eso» y «también», sin el cual la frase queda subdeterminada; «Ponlo ahí» necesita un objeto y un lugar que el entorno físico completa. En «Dejó caer el vaso. El suelo quedó mojado», el lector infiere el líquido sin que esté codificado, de modo que es el conocimiento del mundo el que crea la coherencia.
Coherencia y topicidad
Un texto suele ser más fácil de seguir si mantiene tópicos relativamente estables. En «El modelo A mostró mayor precisión. Este modelo también fue más rápido. Sin embargo, presentó mayor varianza», la cadena que va de «modelo A» a «este modelo» y al sujeto tácito mantiene la continuidad temática.
Compárese con «El modelo A fue más preciso. La muestra tenía 200 pacientes. La regulación emocional es compleja. El modelo B usa regularización». Cada oración puede ser relevante en un artículo amplio, pero la transición local es débil y el lector debe reconstruir demasiadas conexiones. La coherencia mejora, en tales casos, mediante el orden, las transiciones y la jerarquía temática.
Clínica
Un paciente puede producir un relato extremadamente coherente y falso, con secuencia causal clara, referencias estables y detalles consistentes. Nada de ello demuestra veracidad, ya que la coherencia no equivale a verdad. Del mismo modo, un relato verdadero puede estar fragmentado por ansiedad, afasia o fallas de memoria. La organización narrativa no debe confundirse, en consecuencia, con credibilidad.
En psicopatología, términos como descarrilamiento, tangencialidad e incoherencia describen alteraciones discursivas que deben analizarse por niveles. Una respuesta puede ser sintácticamente correcta, semánticamente interpretable a nivel local y globalmente difícil de integrar, perfil que sugiere una alteración discursiva antes que sintáctica.
La tangencialidad ilustra ese análisis por niveles. Ante «¿Por qué dejó de tomar el medicamento?», la respuesta «Los medicamentos vienen de laboratorios, y los laboratorios son grandes empresas, y las empresas tienen empleados que viajan mucho» ofrece asociaciones locales en cada transición sin converger en la pregunta, fenómeno que puede describirse como cohesión asociativa con pérdida de relevancia global. La categoría clínica debe apoyarse en ejemplos concretos y no en la sola impresión de «habla rara».
Debe separarse, además, la incoherencia de la asociación distante. Una cadena como hospital → blanco → nieve → frío → muerte muestra asociaciones débiles entre conceptos, en las que la relación discursiva global puede perderse sin que cada palabra carezca de significado. Este comportamiento sugiere que la alteración puede residir en el control de la coherencia global.
Documentación clínica
Una anamnesis fragmentaria puede tentar al clínico a reconstruir una historia demasiado limpia. Si el paciente dice «Primero no sé... después creo que fue cuando me echaron... aunque ya estaba mal antes», una nota excesivamente ordenada podría escribir «Tras perder el trabajo inició cuadro depresivo», formulación que añade una relación temporal y causal más fuerte que la reportada. Una versión rigurosa, en la que la documentación mejora la legibilidad sin fabricar causalidad, sería «Refiere empeoramiento en torno al periodo de pérdida laboral, aunque señala síntomas previos y no precisa con claridad la secuencia temporal».
Una buena nota utiliza referencias claras, tiempos consistentes y conectores apropiados, si bien la cohesión no debe borrar incertidumbres. Una expresión como «por lo tanto» solo debe aparecer cuando la inferencia está justificada.
Escritura científica
Un artículo puede utilizar varias palabras para el mismo concepto y debilitar así su cohesión. Si modelo, sistema, arquitectura y herramienta designan exactamente la misma entidad, la variación estilística crea una falsa multiplicidad conceptual. De ahí que la consistencia terminológica suela ser, en ciencia, una virtud.
Un buen párrafo suele poseer una función, un tópico, un desarrollo y una transición. No necesita seguir una plantilla rígida, aunque cada oración debería contribuir a una progresión reconocible. Un párrafo que acumula hechos sin relación explícita tiene, según ese criterio, cohesión débil o coherencia global insuficiente.
La coherencia también se juega a escala del artículo completo. Si la introducción plantea el problema A, los métodos miden B y la discusión responde C, cada sección puede estar bien escrita y el conjunto carecer de alineación. La coherencia científica exige la cadena pregunta → método → resultado → conclusión.
Inteligencia artificial
Los modelos generativos pueden producir un resumen que «suena mejor» que la fuente, ordenando eventos, añadiendo conectores y completando causas, con un resultado que es coherente y puede ser falso. La optimización por fluidez puede privilegiar la coherencia aparente por sobre la fidelidad, de modo que la evaluación debe medir ambas propiedades.
La correferencia plantea un riesgo específico. Un sistema debe mantener separadas entidades como el paciente, la madre y la hermana; si intercambia pronombres, el texto puede seguir siendo fluido aun con la coherencia referencial rota. Tales errores resultan difíciles de detectar en una prosa que permanece natural.
En conversaciones largas aparece el topic drift, fenómeno en el que cada respuesta puede relacionarse localmente con la anterior mientras el objetivo global se pierde, de manera análoga a la pérdida de coherencia global descrita en la clínica. Los sistemas conversacionales necesitan, por ello, representar el objetivo, el tópico y las restricciones acumuladas.
Filosofía del contexto
La coherencia no está completamente en el texto, dado que dos oraciones pueden parecer desconectadas para un lector y coherentes para otro con conocimiento especializado. Ante «El sodio era 118. Se indicó solución hipertónica», un clínico reconoce la relación de inmediato y un lector sin formación médica quizá no lo haga. La coherencia es, por consiguiente, función del texto, del conocimiento y del contexto; no es una propiedad puramente superficial.
De que el contexto sea relevante no se sigue que cualquier secuencia pueda volverse coherente con imaginación suficiente. Los textos imponen restricciones. Como una interpretación necesita conexiones justificables, antecedentes y relaciones compatibles, el contextualismo no implica arbitrariedad.
Al interpretar un discurso se suele buscar una lectura racional y coherente. Este principio de caridad puede ser útil y puede llevar, a la vez, a reconstruir más coherencia de la que el hablante produjo. En el análisis clínico o científico se necesita, por eso, equilibrar la interpretación caritativa con la fidelidad al dato.
Método de análisis
Considérese el texto «El paciente dejó el tratamiento. Presentó insomnio. Su madre llamó. Por eso fue hospitalizado». La cohesión referencial es clara (el paciente, su madre). La cohesión temporal es incompleta, pues no se indica cuándo ocurrió cada evento. La relación causal es ambigua, con un «por eso» que puede referir al abandono, al insomnio o a la llamada de la madre. La coherencia global existe como secuencia clínica plausible. Una reescritura rigurosa sería la siguiente. «Tras suspender el tratamiento presentó insomnio. Posteriormente, la madre contactó al equipo y el paciente fue hospitalizado. Con la información disponible no queda claro cuál de estos factores motivó directamente la hospitalización». La nueva versión mejora la cohesión sin inventar causalidad.
El mismo método se aplica a un párrafo científico. En «El grupo intervención mejoró 4 puntos. El tamaño muestral fue pequeño. Por tanto, el tratamiento es eficaz», hay cohesión (el conector «por tanto») con coherencia argumentativa defectuosa, porque el tamaño pequeño no respalda la conclusión. Una versión mejor sería «El grupo intervención mejoró 4 puntos. Sin embargo, el tamaño muestral pequeño limita la precisión de la estimación, por lo que estos resultados no permiten establecer con certeza la eficacia», donde la relación inferencial es adecuada.
Síntesis
La cohesión describe los recursos lingüísticos que conectan segmentos del discurso, entre ellos la referencia, la sustitución, la elipsis, la conjunción y la repetición lexical (Halliday & Hasan, 1976). La coherencia corresponde a la posibilidad de interpretar el discurso como una unidad significativa. Ambas propiedades no coinciden, pues un texto puede tener conectores y pronombres correctos y seguir siendo incoherente, así como ser coherente con poca marcación cohesiva explícita.
La coherencia puede ser local o global. La local conecta oraciones próximas y la global organiza el discurso alrededor de un tópico, un objetivo o una tesis. El conocimiento del mundo y los scripts permiten completar relaciones no expresadas, aunque esas inferencias pueden producir falsas causalidades; la narración temporal favorece el sesgo de leer «A antes que B» como «A causó B». La coherencia referencial exige mantener claros los participantes, los pronombres y las fuentes. La coherencia argumentativa exige, a su vez, que conectores como «por tanto», «porque» y «sin embargo» correspondan a relaciones inferenciales reales. Las teorías del discurso, como la RST, representan relaciones de elaboración, evidencia, contraste y causa.
En clínica, una producción puede ser sintácticamente correcta y perder coherencia global, lo que permite distinguir la desorganización discursiva de la alteración gramatical. En documentación clínica, ordenar una historia no debe implicar inventar una secuencia causal, del mismo modo que en escritura científica la coherencia exige alinear pregunta, método, resultado y conclusión. En inteligencia artificial, por último, un resumen puede ser extremadamente coherente y al mismo tiempo infiel a la fuente.
La enseñanza metodológica de la lectura consiste en que un discurso no se vuelve coherente por contener conectores ni por la posibilidad de inventar una historia que una sus frases. La coherencia exige relaciones interpretativas justificables entre segmentos, sostenidas por el texto, el contexto y el conocimiento compartido.
La lectura LS-044 cierra este bloque mediante el análisis integrado de un intercambio, combinando fonología, morfología, sintaxis, semántica, pragmática, referencia, actos de habla y coherencia en una única interacción.
Referencias fundamentales y ampliadas
Asher, N., & Lascarides, A. (2003). Logics of Conversation. Cambridge University Press.
Clark, H. H. (1996). Using Language. Cambridge University Press.
Gernsbacher, M. A. (1990). Language Comprehension as Structure Building. Lawrence Erlbaum.
Halliday, M. A. K., & Hasan, R. (1976). Cohesion in English. Longman.
Kamp, H., & Reyle, U. (1993). From Discourse to Logic. Kluwer.
Mann, W. C., & Thompson, S. A. (1988). Rhetorical Structure Theory: Toward a functional theory of text organization. Text, 8(3), 243–281.
Sanders, T. J. M., Spooren, W. P. M., & Noordman, L. G. M. (1992). Toward a taxonomy of coherence relations. Discourse Processes, 15(1), 1–35.
Schank, R. C., & Abelson, R. P. (1977). Scripts, Plans, Goals and Understanding. Lawrence Erlbaum.
van Dijk, T. A. (1977). Text and Context. Longman.
van Dijk, T. A., & Kintsch, W. (1983). Strategies of Discourse Comprehension. Academic Press.
Webber, B. L., Stone, M., Joshi, A., & Knott, A. (2003). Anaphora and discourse structure. Computational Linguistics, 29(4), 545–587.