Un mismo mundo organizado de varias maneras
Una persona entra en un bosque. Un botánico distingue allí especies, poblaciones, competencia y sucesión ecológica, mientras un propietario identifica límites, recursos y valor económico. Una comunidad religiosa reconoce en él lugares sagrados, un excursionista lo organiza según senderos, distancias y peligros y un niño lo divide entre los lugares permitidos y aquellos donde no debe entrar. El bosque físico no necesita cambiar para que cambie radicalmente el mundo significativo que habita cada uno. Esas diferencias no son simples opiniones agregadas a una realidad comprendida antes de manera neutral, porque cada sistema selecciona relaciones, construye categorías, establece jerarquías y autoriza inferencias específicas.
La Escuela Semiótica de Tartu-Moscú llamó sistemas de modelización a las estructuras de signos capaces de organizar algún dominio de la experiencia (Salupere et al., 2013). Desde esta perspectiva es posible estudiar la cultura como una red de sistemas que modelan el mundo y se modelan mutuamente. El caso más importante es el lenguaje natural, junto al cual el mito, la religión, el arte, la ciencia, el derecho y los rituales construyen modelos parcialmente distintos. La lectura anterior presentó la semiosfera como el espacio en que interactúan esos lenguajes culturales. Esta lectura examina qué hacen dentro de ella.
Qué es modelizar y la reducción del modelo
En el uso cotidiano se llama modelo a una miniatura, a una representación matemática o a una simulación. La noción semiótica es más general. Un sistema modeliza cuando establece una correspondencia estructurada entre sus elementos y algún dominio que permite conocer, interpretar o regular. Un mapa modeliza un territorio porque selecciona posiciones y relaciones espaciales. Una ecuación modeliza un proceso mediante variables, una narración modeliza acontecimientos mediante personajes, acciones, temporalidad y causalidad y una clasificación médica modeliza un espacio de fenómenos clínicos mediante categorías. Ningún modelo reproduce la totalidad de su objeto. Modelizar implica seleccionar, operación de la que dependen a la vez la utilidad y la limitación del modelo.
Si un mapa reprodujera cada molécula del territorio, dejaría de servir de mapa, porque su valor depende de la reducción. Un mapa del metro conserva las conexiones entre estaciones y distorsiona las distancias geográficas. Esa pérdida es funcional para viajar en la red e inadecuada para calcular una ruta a pie por la superficie. La calidad de un modelo depende de la tarea, lo que evita una oposición demasiado simple entre representación verdadera y representación falsa. Un modelo puede ser útil y preciso respecto de ciertas relaciones mientras omite deliberadamente otras. Corresponde preguntar qué estructura conserva, qué estructura elimina y para qué operación.
Sistemas de modelización y lenguaje natural como sistema primario
En la tradición de Tartu-Moscú, un sistema de modelización es una estructura compuesta por elementos y reglas de combinación que mantiene una analogía con algún dominio de conocimiento, comprensión o regulación. La palabra sistema importa, porque un signo aislado no forma un modelo suficiente sin reglas que determinen qué combinaciones son posibles y cómo se interpretan. Un sistema cartográfico contiene convenciones para representar orientación, distancia, límites y tipos de objetos, un sistema musical organiza alturas, duraciones, relaciones tonales y formas y una lengua dispone de léxico, gramática y prácticas discursivas. Con estos sistemas se produce un número abierto de representaciones particulares.
La escuela llamó al lenguaje natural sistema primario de modelización, denominación que expone Lotman (1977a). La elección refleja el lugar extraordinario del lenguaje en la cultura humana. Gran parte de la memoria cultural, la enseñanza, las instituciones y los demás sistemas semióticos se relacionan con lenguas naturales. El lenguaje permite segmentar la experiencia mediante categorías, describir objetos ausentes, construir relaciones temporales y expresar posibilidades contrafácticas. Una comunidad que dispone de palabras distintas para ciertas relaciones puede codificarlas de manera estable y transmitirlas. El calificativo primario designa la posición estructural privilegiada que la escuela atribuía al lenguaje dentro de la cultura, sin afirmar que cada proceso cognitivo humano tenga primero una formulación verbal ni que la percepción, el gesto o el espacio dependan históricamente del lenguaje para existir.
Esta tesis recibió críticas de peso. Sebeok (1991) señaló que, desde una perspectiva biosemiótica y evolutiva, los sistemas no verbales preceden al lenguaje humano tanto filogenética como ontogenéticamente. Un bebé interpreta señales antes de hablar y los animales tienen complejos sistemas de orientación y comunicación sin lenguaje humano. Llamar primario al lenguaje puede ser razonable dentro de una teoría de la cultura específicamente humana y resultar engañoso si se interpreta como una tesis sobre la evolución de toda semiosis. La terminología debe, por tanto, contextualizarse. Primario significa básico en la arquitectura cultural propuesta por Tartu-Moscú. El término nada dice sobre cuál fue el primer sistema semiótico de la vida.
Sistemas secundarios de modelización y su cronología
Los investigadores de Tartu-Moscú denominaron sistemas secundarios de modelización a las estructuras culturales que se construyen sobre la base del lenguaje natural o mantienen con él una relación especialmente estrecha. Son ejemplos habituales el mito, la literatura, la religión, el arte y otros lenguajes culturales. Una novela usa una lengua natural y le añade reglas de género, narración, focalización, ritmo y convenciones estéticas. Un mito construye con el lenguaje oposiciones, personajes y relaciones cosmológicas. Un sistema jurídico agrega al lenguaje cotidiano definiciones, procedimientos y categorías normativas. La palabra secundario tampoco indica menor importancia y describe un nivel adicional de organización.
Sería incorrecto imaginar una sociedad que primero desarrolló una lengua completa y solo después añadió religión, mito, arte y organización social. No hay evidencia de una etapa humana históricamente reconocible formada por lenguaje natural sin otros sistemas culturales complejos. La distinción entre primario y secundario es estructural y teórica, sin valor de cronología antropológica demostrada. Los desarrollos posteriores de la propia semiótica de Tartu hicieron mucho más compleja la relación entre sistemas. Las culturas funcionan desde el principio con múltiples códigos interdependientes.
Modelización espacial y corporal
Lotman llegó a conceder especial importancia a la organización espacial. Las culturas nombran el mundo y también lo dividen espacialmente según oposiciones como interior y exterior, arriba y abajo, centro y periferia, casa y camino, ciudad y campo o sagrado y profano, capaces de organizar relatos, instituciones y conductas. El espacio físico se vuelve un modelo para relaciones sociales y conceptuales. Ascender puede significar aumentar de rango y caer expresar una pérdida moral, mientras marginal transforma una relación espacial en posición social. La estructura espacial es uno de los mecanismos más persistentes con que la cultura modela ámbitos abstractos.
Muchas oposiciones culturales se relacionan con la experiencia corporal, como adelante y atrás, cerca y lejos, limpio y sucio, dentro y fuera o recto y torcido. Estas distinciones se proyectan hacia la moralidad, la identidad, la política o la religión, aunque no todas las culturas realizan las mismas proyecciones. La experiencia corporal impone posibilidades que las prácticas culturales organizan de modos diferentes. La semiótica cultural estudia precisamente el paso desde una relación material hacia una estructura significativa.
Pluralidad de modelos, lenguajes culturales y códigos
Una misma sociedad mantiene modelos incompatibles. La muerte puede modelizarse simultáneamente como evento biológico, tránsito religioso, hecho jurídico, pérdida familiar y problema administrativo. Ninguna de estas representaciones agota el fenómeno y una persona usa varias según el contexto. La cultura es poliglota y no tiene la coherencia de una teoría única. Los conflictos entre sistemas forman parte normal de su organización, rasgo que la vincula directamente con la heterogeneidad de la semiosfera.
Lotman usa la noción de lenguaje en un sentido ampliado, según el cual pueden tener un lenguaje una moda, la arquitectura o un ritual (véanse Andrews, 2003; Semenenko, 2012). Con la expresión se indica que estos sistemas disponen de unidades, contrastes y reglas suficientes para organizar significado, sin pretender que tengan sustantivos, verbos y sintaxis equivalentes a los de una lengua natural. La analogía exige cautela, porque cuanto más se extiende la palabra lenguaje, mayor es el riesgo de perder las propiedades específicamente lingüísticas.
Un modelo necesita convenciones que relacionen formas y significados y esas convenciones se describen como códigos. El azul de un mapa puede representar agua, una vestimenta señalar un rol en una ceremonia, un icono indicar una función en una interfaz y ciertas estructuras de una narración policial hacer reconocibles las pistas y los sospechosos. Los códigos no operan aisladamente y una misma forma puede pertenecer a varios. La lectura Códigos culturales y traducción semiótica desarrolla cómo organizan las culturas sus códigos y qué ocurre cuando deben traducir entre ellos.
Cultura como memoria no hereditaria
Lotman y Uspensky (1978) describieron la cultura como una forma de memoria no hereditaria de la colectividad, expresión que distingue la transmisión cultural de la genética. Una sociedad conserva información mediante textos, rituales, monumentos, técnicas, instituciones y prácticas de enseñanza. Nacer dentro de una cultura no transmite biológicamente el significado de sus símbolos, que debe aprenderse. La cultura permite que la información adquirida durante la vida de una generación sobreviva a sus individuos. Un manuscrito conserva una formulación, una ceremonia reactualiza un relato y una universidad transmite procedimientos. El sistema cultural modeliza el mundo y conserva los modelos.
La memoria cultural nunca preserva el pasado completo. Selecciona acontecimientos, construye secuencias, establece periodizaciones, identifica héroes y derrotas y define qué textos forman el patrimonio. El pasado recordado es un modelo del pasado, más o menos fiel a la evidencia, sin ser por eso ficticio. La semiótica estudia los mecanismos que producen su forma. Un archivo y una conmemoración modelizan el pasado de maneras diferentes, ya que el primero prioriza la conservación documental y la segunda puede organizar la identidad colectiva.
Cultura, no-cultura y autodescripción
Las Theses on the Semiotic Study of Cultures (Ivanov et al., 1973) señalan una oposición básica. Una cultura se define en parte al distinguirse de aquello que considera no-cultura. La oposición es relativa al punto de vista interno. Una sociedad puede considerar primitivas, caóticas o incivilizadas determinadas prácticas que, desde la perspectiva de quienes las realizan, están altamente estructuradas. La categoría de no-cultura informa sobre el modelo de quien clasifica, sin demostrar que el otro carezca de organización semiótica. La distinción da así a la semiótica cultural un medio para analizar las autodescripciones colectivas.
Además de funcionar, las culturas producen representaciones de sí mismas. Una constitución dice qué es un Estado, un canon escolar decide cuáles son los textos principales de una tradición, un manual define qué cuenta como lenguaje correcto y una institución produce organigramas, protocolos y misiones. Lotman concede especial importancia a estas autodescripciones porque suelen generarse en las regiones centrales de la cultura (Lotman, 1990). La autodescripción simplifica la heterogeneidad real. Una sociedad multilingüe puede imaginarse monolingüe y una institución llena de prácticas informales representarse como un sistema de reglas perfectamente coherente. El modelo oficial y la práctica real no tienen por qué coincidir.
Metalenguaje, centro y canon
La autodescripción requiere un metalenguaje, como la gramática que describe una lengua, la teoría literaria que clasifica géneros, el manual jurídico que organiza normas o la nosología que define categorías clínicas. El metalenguaje selecciona las diferencias que considera relevantes y, una vez institucionalizado, puede modificar el sistema que pretendía describir. Una gramática escolar influye en cómo escriben las personas y una clasificación diagnóstica modifica la práctica clínica y la investigación. La descripción se vuelve así parte del objeto, en una reflexividad característica de muchos sistemas culturales.
Algunos modelos alcanzan una posición central y adquieren mayor autoridad. Un relato nacional puede convertirse en la versión oficial de la historia, un paradigma científico organizar la investigación, una estética definir qué cuenta como arte legítimo y un manual diagnóstico estructurar servicios de salud, investigación y reembolsos. Los modelos centrales conviven con alternativas periféricas sin monopolizar toda la cultura, aunque su centralidad les da mayor capacidad para organizar instituciones y traducir otros discursos bajo sus categorías.
Arte y estructura del texto artístico
La literatura fue uno de los laboratorios teóricos principales de Lotman. Una obra artística no se limita a transmitir mediante adornos un contenido que podría expresarse igual en prosa ordinaria, porque su estructura forma parte del significado. El ritmo, la perspectiva, la composición, el género y la repetición construyen un modelo. Una novela modeliza relaciones sociales al decidir qué personajes pueden hablar, quién conoce qué información y qué acciones reciben consecuencias, mientras una película modeliza el espacio y el tiempo mediante el encuadre, el montaje y el sonido. La obra no necesita representar un mundo real para modelizar y puede construir un mundo posible cuyas relaciones sirvan para explorar el real.
En The Structure of the Artistic Text, Lotman (1977b) analiza el texto artístico como un sistema altamente organizado en el que la información estética emerge de las relaciones entre niveles, sin agregarse después al contenido. Una repetición fonológica puede interactuar con una oposición semántica, la estructura narrativa reforzar un contraste espacial o un personaje ocupar una posición determinada dentro del sistema de valores de la obra. Esta concepción se opone a la idea de que el contenido sea independiente de la forma. En el arte, cambiar el código puede cambiar el objeto modelizado.
Mito, religión, derecho y ciencia
El mito es otro sistema de modelización, que organiza personas, dioses, espacios, orígenes, causalidad y normas según una lógica que no tiene por qué coincidir con la de una descripción científica. Una narrativa mítica puede hacer inteligible una institución mediante un relato de origen, organizar el tiempo de forma cíclica o vincular categorías sociales con oposiciones cosmológicas. Analizar el mito como modelo evita dos reducciones, porque no hace falta considerarlo una ciencia defectuosa ni tomarlo literalmente para reconocer su capacidad estructurante.
Un sistema religioso modeliza el mundo mediante distinciones entre sagrado y profano, puro e impuro, salvación y condenación, ritual y transgresión. Estas categorías afectan la acción al definir calendarios, espacios, alimentos, vestimenta y relaciones sociales. La modelización religiosa está en las proposiciones doctrinales y también incorporada en prácticas y objetos, cuyo funcionamiento escaparía en gran parte a una teoría exclusivamente lingüística de la cultura.
El derecho es un ejemplo particularmente claro. En él una acción física se convierte en una acción jurídicamente tipificada. Tomar un objeto es préstamo, hurto, apropiación legítima o evidencia según las relaciones institucionales. El sistema jurídico modeliza a las personas mediante categorías como ciudadano, menor, representante, acusado o heredero, que producen consecuencias materiales. Un modelo cultural no es una representación puramente contemplativa, pues puede regular el mundo.
La ciencia es también un sistema de modelización, que construye variables, clasificaciones, modelos matemáticos, diagramas y teorías. Su particularidad reside en los procedimientos explícitos con que confronta las representaciones con la evidencia. El carácter cultural de la ciencia no elimina su objetividad. Que una ecuación sea un signo producido históricamente no impide que sirva para predecir fenómenos reales, porque la semiotización del conocimiento y su validez empírica pertenecen a niveles distintos. La ciencia usa modelos culturales para entrar en contacto controlado con procesos que no dependen de esos modelos.
Que mito, ciencia, derecho y arte sean sistemas de modelización no implica que todos tengan el mismo estatuto epistemológico ni la misma función. Una novela explora posibilidades sin pretender describir hechos efectivos, una ley establece normas, una teoría científica formula afirmaciones susceptibles de contraste empírico y un mito puede organizar identidad. La semiótica identifica propiedades estructurales comunes sin borrar las diferencias en criterios de verdad, autoridad y uso.
Modelos cotidianos, narrativa y persona
La modelización está presente también fuera de las grandes instituciones. Una familia puede tener un modelo tácito de quién es responsable de qué, una persona construye un mapa mental de su ciudad, un equipo desarrolla categorías informales para tipos de problemas y una amistad tiene expectativas sobre disponibilidad y confianza. Estos modelos, escritos o no, se manifiestan en inferencias y conductas. Parte de la cultura existe como conocimiento práctico incorporado.
Una narración selecciona acontecimientos y los vincula, decide dónde comienza la historia, distingue las causas de los antecedentes irrelevantes y distribuye la agencia. Una secuencia como perdió el trabajo, cayó en depresión y se aisló construye una relación temporal y potencialmente causal, en tanto que otra narración podría comenzar años antes y organizar los mismos hechos de forma distinta. Narrar es modelizar porque impone estructura sobre la sucesión. Las lecturas posteriores dedicados a la narratología retomarán este problema con instrumentos más específicos.
Las culturas proporcionan también modelos de qué es una persona, a la que se concibe principalmente como individuo autónomo, miembro de un linaje, sujeto jurídico, alma, consumidor, trabajador o nodo de relaciones. Estos modelos no son necesariamente excluyentes y una misma persona ocupa categorías distintas según la práctica, diferencias que afectan responsabilidades y expectativas. Un sistema jurídico puede tratar a alguien como agente responsable mientras una explicación médica modeliza su conducta mediante la enfermedad. Del conflicto entre esos modelos surgen problemas reales.
Modelización clínica y diagnóstico
Una experiencia clínica atraviesa varios sistemas. Un paciente dice Desde que murió mi hermano siento que todo perdió sentido. Esa descripción organiza la experiencia mediante una relación biográfica y narrativa. El clínico la modeliza mediante síntomas afectivos, un sistema diagnóstico pregunta si cumple determinados criterios y una aseguradora puede traducir el cuadro a incapacidad laboral. Cada sistema selecciona aspectos diferentes y ninguna traducción debe confundirse con el fenómeno completo.
Una categoría diagnóstica es una estructura que agrupa determinados fenómenos bajo criterios definidos, muy distinta de una fotografía de la persona. Su valor depende de lo que ayude a discriminar, predecir o decidir. El modelo puede ser útil y seguir siendo incompleto, porque dos pacientes con el mismo diagnóstico pueden diferir enormemente y una nosología organiza tratamiento e investigación sin ser una teoría total de la experiencia. Pensar el diagnóstico en términos de modelización ayuda a evitar la reificación. La categoría modeliza un conjunto de fenómenos sin convertir al paciente en la categoría.
Considérese una persona con insomnio, preocupación y deterioro laboral. Un modelo diagnóstico puede preguntar por un trastorno de ansiedad, uno psicoterapéutico poner el acento en patrones de evitación, uno social examinar la precariedad laboral y uno neurobiológico estudiar la regulación del estrés. Estas explicaciones pueden competir y ser complementarias. El uso de varios niveles no garantiza una integración correcta, porque cada modelo debe mostrar qué aspecto explica y qué evidencia lo respalda. La pluralidad es productiva mientras no se transforme en una yuxtaposición sin criterios.
Traducción, incompatibilidad y cambio de modelo
El problema aparece cuando la información pasa de un sistema a otro. Una variable estadística se convierte en recomendación clínica, un diagnóstico se transforma en lenguaje comprensible para un paciente, un hallazgo de laboratorio ingresa en un relato médico o una experiencia subjetiva se codifica para investigación. No existe traducción automática, porque cada sistema tiene unidades y criterios diferentes. La traducción necesita reglas y puede introducir errores.
Cuando dos modelos organizan el mismo fenómeno de maneras incompatibles, la incompatibilidad puede bloquear la comunicación y también revelar supuestos ocultos. Así ocurre cuando una discusión entre un historiador y un economista muestra que uno explica un acontecimiento mediante secuencias contingentes y el otro mediante regularidades agregadas. Traducir exige identificar qué cuenta como explicación en cada sistema. La diferencia no necesita eliminarse y puede dar lugar a una teoría nueva que incorpore restricciones de ambos. Lotman convierte la no equivalencia en motor cultural (Lotman, 1990).
Un modelo se vuelve insuficiente cuando aparecen hechos que no logra organizar. Una disciplina desarrolla entonces nuevas categorías o una sociedad redefine una práctica y el sistema anterior desaparece, coexiste o queda en segundo plano. El cambio va más allá de sustituir palabras y puede modificar qué objetos son visibles. Antes de la teoría microbiana, muchos fenómenos médicos se clasificaban mediante otros modelos causales y después del cambio ciertas relaciones adquirieron una relevancia nueva. Modificar el modelo puede modificar el campo de los observables.
Autodescripción oficial, poder de los modelos y realidad
Un sistema que construye una descripción demasiado completa de sí mismo puede ocultar su propia heterogeneidad. Es el caso de la institución que afirma que todas sus decisiones siguen protocolos aunque en la práctica existan negociaciones, excepciones y hábitos informales. La autodescripción central tiende a simplificar y la periferia conserva fenómenos que el metalenguaje oficial no representa. De ahí que el estudio de una cultura no deba limitarse a sus documentos oficiales. Cómo dice una comunidad que funciona y cómo funciona efectivamente son datos diferentes.
Un modelo se vuelve políticamente relevante cuando organiza decisiones. Una clasificación administrativa determina quién recibe un beneficio, una definición jurídica determina qué conducta se sanciona y una categoría escolar distribuye a los estudiantes. Los modelos interpretan y también intervienen. Por eso sus límites tienen consecuencias. Un caso que queda fuera de una clasificación puede perder el acceso a una institución aunque la experiencia material exista. En este punto la semiótica cultural necesita dialogar con las teorías del poder, porque la estructura del modelo no explica por sí sola quién puede imponerlo.
Reconocer la mediación cultural no obliga a sostener que la realidad sea creada íntegramente por los modelos. Un terremoto ocurre aunque ninguna cultura lo clasifique. Las culturas construyen categorías para interpretarlo y lo explican como proceso tectónico, castigo divino o señal política. Esas interpretaciones no son equivalentes respecto de la evidencia. Por tanto, hay que distinguir entre que nuestro acceso esté modelizado y que el objeto dependa enteramente del modelo. La semiótica estudia la primera relación sin demostrar automáticamente la segunda.
Las culturas modelizan de maneras diferentes. Esto introduce una relatividad perspectival que no implica que cualquier modelo sea igualmente adecuado. Un mapa puede ser mejor que otro para cierta tarea, una teoría predecir con mayor precisión, una clasificación tener mayor fiabilidad y una traducción preservar mejor la información relevante. La comparación entre modelos requiere especificar criterios, de modo que el pluralismo no obliga al indiferentismo.
Digitalización y modelos que modifican su objeto
Las plataformas digitales crean sistemas de modelización extremadamente influyentes. Una red social representa la relación entre personas mediante seguidores, contactos, reacciones y métricas, un buscador modeliza la relevancia con algoritmos de ordenamiento y una aplicación de salud transforma la actividad física en pasos, minutos y objetivos. Las variables elegidas no son neutrales, porque convierten ciertos aspectos de la conducta en datos visibles y dejan otros fuera. Una métrica puede terminar reorganizando la actividad que pretendía medir cuando las personas empiezan a actuar para mejorar la representación.
El fenómeno tiene un peso particular en los sistemas sociales, donde una clasificación puede modificar la conducta de quienes son clasificados. Un ranking universitario cambia las decisiones de las universidades, una métrica laboral cambia cómo trabajan los empleados y una categoría diagnóstica llega a dar a una persona un lenguaje con el que reinterpretar su historia. El modelo entra así en el sistema que modeliza y aparece un bucle reflexivo. Las ciencias sociales y humanas necesitan considerar estos efectos con mucha mayor frecuencia que las ciencias de objetos que no responden a nuestras descripciones.
Inteligencia artificial, compresión y autodescripción
Un modelo de lenguaje recibe cantidades enormes de datos y aprende regularidades con las que produce nuevas secuencias. La palabra modelo tiene aquí un sentido técnico diferente del de Lotman y no debe identificarse sin más con él. Aun así, un sistema de inteligencia artificial participa culturalmente en procesos de modelización cuando resume documentos, clasifica imágenes, transforma descripciones, propone categorías o genera explicaciones. Sus salidas pueden convertirse en modelos que los humanos usan para comprender situaciones. La pregunta pertinente abarca lo que el algoritmo representa internamente y también los modelos que introduce en la cultura mediante su uso.
Todo modelo hace visibles unas diferencias y comprime otras. Un sistema automático que resume una entrevista puede conservar diagnósticos y medicamentos, perder vacilaciones, temporalidad o fuentes y entregar una salida factual en cada frase que cambia la estructura del caso. El problema no es necesariamente una alucinación y puede ser una compresión modelizante. Al decidir qué información merece sobrevivir, el sistema construye una representación del fenómeno. Evaluar un resumen exige examinar los errores explícitos y también la arquitectura de lo que selecciona.
Los modelos de inteligencia artificial generan también explicaciones sobre su propio funcionamiento. Una explicación como Llegué a esta conclusión porque… debe tratarse con cautela, porque puede ser una reconstrucción lingüísticamente plausible, sin acceso directo al mecanismo computacional que produjo la salida. Existe una diferencia entre el sistema y su autodescripción y la distinción lotmaniana entre práctica semiótica y metalenguaje es aquí pertinente. Un sistema puede producir una descripción coherente de sí mismo sin que esa descripción sea causalmente fiel.
Una institución modelizada de cuatro maneras
Considérese un hospital. Un plano lo representa como distribución espacial, un organigrama como jerarquía, un sistema informático como camas, pacientes, episodios y prestaciones y la narración de un paciente mediante encuentros, esperas y personas significativas. Los cuatro modelos se refieren al mismo hospital y ninguno es sustituible por los demás. El plano muestra que dos servicios están cerca y omite por completo las relaciones jerárquicas, el organigrama representa la autoridad sin mostrar recorridos físicos, el sistema administrativo cuantifica actividades y el relato del paciente organiza la experiencia. Preguntar cuál es el modelo verdadero sin especificar el propósito es plantear mal la cuestión.
Un modelo debe evaluarse según el uso al que se destina. Para evacuar el edificio hace falta un plano, para estudiar la distribución de la autoridad un organigrama y para comprender la experiencia de hospitalización testimonios y observación. Usar un modelo fuera de su dominio genera errores. Este principio parece evidente y se viola constantemente cuando una métrica creada para la investigación se utiliza para decidir casos individuales, una categoría administrativa se interpreta como diagnóstico clínico o un algoritmo predictivo se transforma en explicación causal. En todos estos casos el problema es un error de tipo entre modelos.
Método de análisis y límites de la teoría
El análisis de un sistema de modelización comienza por identificar sus elementos y sus reglas de combinación. Después se pregunta qué dominio modeliza y qué relaciones de ese dominio conserva. El tercer paso examina sus omisiones, los aspectos que el sistema no alcanza a representar. Luego se determina para qué prácticas se utiliza y se siguen sus traducciones hacia otros sistemas, así como las posiciones institucionales que hacen posible imponer el modelo. Finalmente se evalúan los efectos reflexivos, esto es, si el modelo modifica aquello que representa. Así la noción general de modelización se convierte en preguntas empíricas.
La tradición de los sistemas de modelización enfrenta varias objeciones. La primera es el riesgo de linguocentrismo, el de que al tomar la lengua natural como sistema primario la teoría subordine formas perceptivas, corporales y no verbales que tienen una organización propia. La segunda es la amplitud del término lenguaje, porque si cualquier sistema estructurado se llama lenguaje pueden desaparecer las diferencias entre habla, música, imagen y ritual. La tercera es el fuerte énfasis estructural, ya que los modelos culturales tienen historia, agentes, instituciones, materiales y relaciones de poder irreductibles a códigos. La cuarta es metodológica, pues decir que una cultura modeliza el mundo explica poco mientras no se especifique qué estructura se analiza y qué evidencia demuestra su funcionamiento.
Pese a esas limitaciones, la idea de modelización conserva una utilidad considerable, porque obliga a abandonar la imagen de la cultura como depósito de contenidos y vuelve dinámica la relación entre signo y mundo. Una cultura proporciona mecanismos para segmentar, relacionar, recordar y valorar la experiencia. Esos mecanismos no son necesariamente conscientes y pueden coexistir y entrar en conflicto, cambiar, traducirse de manera imperfecta e influir en la realidad social que pretenden describir.
Semiosfera, modelización y paso a los códigos
Las lecturas Lotman y la semiosfera y Cultura como sistema de modelización se integran ahora. La semiosfera describe el espacio heterogéneo en que interactúan los sistemas semióticos (Lotman, 2005; Torop, 2005), mientras los sistemas de modelización describen las estructuras con que esos sistemas organizan dominios de la experiencia. La primera noción pone el acento en las relaciones, las fronteras y las traducciones y la segunda en cómo se construyen las representaciones culturales. Una cultura funciona porque múltiples modelos conviven dentro de una semiosfera sin que ninguno tenga control absoluto. Las fricciones entre ellos generan traducciones, conflictos e innovación.
Queda por resolver cómo puede pasar un contenido de un sistema a otro si cada uno modeliza mediante reglas propias. Un código jurídico organiza el mundo de otra manera que el lenguaje cotidiano, una imagen codifica la información de modo distinto a una oración y una cultura transforma todo elemento extranjero que adopta. La comunicación cultural depende, por tanto, de mecanismos de codificación y traducción. La lectura Códigos culturales y traducción semiótica examina cómo funcionan los códigos culturales, cómo se relacionan sistemas parcialmente incompatibles y por qué la traducción no traslada intacto un significado ya formado y lo reconstruye dentro de otra organización semiótica.
Referencias
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