Escritura y comunicación

Hedging, stance y calibración de afirmaciones

Para orientarte: Estructura del argumento y modelo de Toulmin, Persuasión, evidencia, ethos, pathos y logos, Retórica científica y comunicación pública, Citación, atribución y verbos epistémicos.

Ver secciones del texto
  1. Stance, posicionamiento del autor y voz
  2. El hedging como familia de recursos contextuales
  3. Modalidad epistémica frente a deóntica y dinámica
  4. El alcance de «probablemente», «puede» y «parece»
  5. Cuantificación y restricciones poblacionales
  6. Boosters y afirmaciones legítimamente categóricas
  7. Incertidumbre estadística y duda lingüística
  8. Ausencia de significación, equivalencia y ausencia de efecto
  9. Resultados compatibles frente a demostración de mecanismo
  10. Evidencia descriptiva, causal y normativa
  11. La calibración de las citas
  12. Cortesía, desacuerdo y diferencias disciplinares
  13. Revisión de un párrafo
  14. Sobrecalibración y vaguedad defensiva
  15. Calibración en tablas y pies de figura
  16. Referencias

DESARROLLO COMPLETO · BIBLIOGRAFÍA INCLUIDA

Un estudio hipotético mide los tiempos de lectura de oraciones con subjuntivo en un grupo de hablantes adultos y encuentra que esas oraciones se leen, en promedio, algo más despacio que las versiones en indicativo usadas en la comparación. El resultado plantea un problema que atraviesa la escritura académica, el de qué fuerza puede tener una afirmación cuando se conoce la evidencia que la respalda. Todos los ejemplos, frases y cifras de esta lectura son construidos con fines didácticos y no provienen de estudios reales.

Con ese mismo resultado pueden redactarse dos conclusiones muy distintas. La primera, sobredimensionada, diría lo siguiente.

El subjuntivo exige un procesamiento más costoso en todos los hablantes del español.

La segunda, calibrada, se limitaría a lo observado.

En esta muestra, las oraciones con subjuntivo se leyeron más despacio, lo que resulta compatible con un mayor costo de procesamiento.

Los datos son idénticos en ambos casos y lo que cambia es la fuerza asertiva, es decir, el alcance poblacional, la relación entre dato e interpretación y el grado de compromiso de quien escribe. La lectura examina cómo ajustar esa fuerza a la evidencia disponible y por qué deben separarse dos fenómenos que a menudo se confunden. La mitigación interpersonal atenúa el efecto de lo dicho sobre el lector; la incertidumbre epistémica expresa cuánto sabe realmente el autor.

Stance, posicionamiento del autor y voz

Hyland (2005) propuso un modelo de la interacción en el discurso académico que organiza los recursos con que el autor se hace presente en el texto. El modelo distingue dos dimensiones. La primera, el stance, reúne los medios con que el autor expresa su juicio y su compromiso, entre ellos los hedges (que atenúan la fuerza de una proposición), los boosters (que la refuerzan), los marcadores de actitud (que valoran lo dicho) y la automención, por la cual el autor se nombra a sí mismo. La segunda dimensión, el engagement, agrupa los recursos con que el autor se dirige al lector y lo incorpora a la argumentación.

El stance debe distinguirse de la voz autoral. El primero consiste en decisiones locales y observables, tomadas frase a frase, sobre cuánto se compromete el autor con cada afirmación, mientras que la voz es una impresión global que el lector construye a partir de muchas decisiones acumuladas, como el léxico, el ritmo sintáctico, la selección de ejemplos y la manera de plantear el problema. Por eso dos textos pueden compartir un stance muy cauteloso y sonar, sin embargo, completamente distintos.

En la frase «Sostenemos que este patrón es sorprendente» aparecen a la vez la automención («sostenemos») y un marcador de actitud («sorprendente»); «Los resultados podrían indicar una tendencia» contiene, en cambio, un hedge modal sin presencia explícita del autor. Ambas frases toman posición con recursos diferentes y producen efectos distintos sobre la imagen de quien escribe. El análisis del stance permite describir esas diferencias con precisión y evita reducirlas a una intuición difusa sobre el tono del texto.

El hedging como familia de recursos contextuales

En su estudio sobre los artículos de investigación científica, basado en el examen de artículos de revistas y en entrevistas con investigadores, Hyland (1998) describe el hedging como un fenómeno polipragmático. Un mismo recurso puede servir a varios propósitos a la vez y su función concreta depende del contexto en que aparece, de manera que ninguna lista cerrada de palabras identifica de antemano todos los atenuadores de la certeza.

Los recursos de hedging forman una familia amplia. Entre los léxicos están los verbos modales («puede», «podría»), los adverbios («probablemente», «quizá») y los adjetivos («posible», «aparente»); entre los sintácticos, las construcciones condicionales y las formulaciones impersonales que desplazan la responsabilidad de la afirmación. Otros recursos cuantifican y restringen el alcance mediante expresiones como «en la mayoría de los casos» o «en esta muestra». Los de atribución, por último, presentan una idea como procedente de otra fuente o de una interpretación particular.

La dependencia contextual se aprecia en tres usos del mismo modal. En «El efecto podría deberse a la frecuencia léxica» el modal señala incertidumbre sobre la explicación. Dicho a un coautor, «Podría usted revisar la tabla 2» es una fórmula de cortesía que no expresa duda epistémica alguna; en «Este verbo podría aparecer también en posición final», el modal describe una posibilidad gramatical. Interpretar correctamente un hedge exige, por tanto, leer la frase completa, su posición en el argumento y la relación entre el autor y su destinatario.

Modalidad epistémica frente a deóntica y dinámica

La modalidad epistémica expresa el grado de conocimiento o de confianza del hablante respecto de la verdad de una proposición. Se distingue de la modalidad deóntica (obligación o permiso) y de la dinámica (capacidad o disposición del sujeto). Los verbos «deber» y «poder» ilustran bien estas distinciones porque pueden recorrer los tres valores. En «El archivo debe de estar en la carpeta compartida», la perífrasis con «de» expresa una inferencia del hablante, mientras que «El protocolo debe revisarse antes de la recogida de datos» expresa una obligación. «La participante puede nadar dos kilómetros» describe, por su parte, una capacidad.

En los textos académicos estas distinciones se difuminan con frecuencia y el lector no siempre puede decidir qué valor tiene el modal. Una frase como «Los resultados deben interpretarse con cautela» admite una lectura deóntica (una recomendación de prudencia) y otra que el lector percibe como hedge sobre los propios resultados. Del mismo modo, «Este análisis puede detectar diferencias pequeñas» puede referirse a la capacidad del método o a una posibilidad incierta.

La ambigüedad disminuye cuando se explicita el valor que se quiere transmitir. Para una inferencia puede escribirse «Es probable que el archivo esté en la carpeta»; para una obligación, «El protocolo exige revisar el archivo». La presencia o ausencia de «de» tampoco resuelve todos los casos de «deber», porque también se documentan usos epistémicos sin esa preposición. Si se trata de capacidad estadística, corresponde especificar el tamaño de efecto, el diseño y la potencia calculada. En todos los casos, la reformulación debe conservar el compromiso original sin añadir una garantía que el procedimiento no da.

El alcance de «probablemente», «puede» y «parece»

Un atenuador no siempre afecta a la frase completa. Su alcance puede ser oracional, cuando modula la verdad de toda la proposición, o limitarse a un constituyente. En «Probablemente, el efecto se debe a la frecuencia», el adverbio afecta a la explicación entera; en «El efecto se debe probablemente a la frecuencia y no a la longitud», el lector tiende a entender que la atenuación recae sobre la causa elegida y que el contraste con la longitud se afirma con firmeza. Como la posición del adverbio orienta esa lectura, lo prudente es colocarlo junto a aquello sobre lo que realmente existe duda.

El verbo «puede» plantea otra dificultad. En «La latencia puede aumentar con oraciones largas» cabe entender una posibilidad incierta o una variabilidad observada, es decir, que la latencia aumenta en algunos casos y en otros no. Para expresar variabilidad es más preciso escribir «En algunos participantes, la latencia aumentó con las oraciones largas»; para expresar posibilidad, «Es posible que la latencia aumente», con lo que la incertidumbre queda reservada para la hipótesis.

«Parece» oscila entre un valor evidencial que remite a lo observado y un valor epistémico que expresa una conjetura. La frase «Los datos parecen mostrar una asimetría» suele leerse como hedge, aunque quizá el autor quería decir que la asimetría se aprecia a simple vista en la figura. La reescritura «En la figura 3 se observa una asimetría, cuya fiabilidad evaluamos en la sección siguiente» lo aclara, porque separa la evidencia de su valoración y deja a cada una con su propia fuerza.

Cuantificación y restricciones poblacionales

Buena parte de la calibración depende del alcance cuantitativo de lo afirmado. Las oraciones genéricas del tipo «Los hablantes prefieren el orden sujeto-verbo» no especifican cuántos hablantes, en qué condiciones ni en qué población. Su fuerza retórica procede precisamente de esa indeterminación, pues suenan a ley general aunque el estudio que las respalda haya observado a un grupo concreto en una tarea concreta. De ahí que los genéricos funcionen a menudo como una sobregeneralización encubierta, difícil de advertir porque no contiene ningún booster visible.

Los cuantificadores explícitos corrigen el problema sin debilitar el argumento. Frente al genérico anterior, una versión como «En nuestro corpus, el 70 % de las cláusulas presenta orden sujeto-verbo» indica qué se midió y dónde, con lo cual afirma con exactitud algo que puede comprobarse.

La segunda operación consiste en restringir la afirmación a la muestra estudiada. Si los datos provienen de hablantes adultos de un corpus oral de una región determinada, la conclusión debería mencionarlo («Entre los hablantes adultos de este corpus, la preferencia fue clara») y dejar la extrapolación a otras poblaciones, como niños, hablantes de herencia o registros escritos, para una hipótesis declarada como tal. Así se distingue el dato, que vale para la muestra, de la interpretación que se extiende más allá de ella con la cautela correspondiente. Restringir la población es una forma de precisión que el lector suele recibir como rigor.

Boosters y afirmaciones legítimamente categóricas

En el modelo de Hyland, los boosters son los recursos con que el autor refuerza su adhesión a una proposición y cierra el espacio para interpretaciones alternativas. Expresiones como «claramente», «sin duda», «es evidente que» o «demuestra» tienen esa función. Su presencia es legítima cuando señala al lector dónde el autor considera firme la evidencia y da relieve argumentativo al texto. El problema aparece cuando el refuerzo excede lo que los datos permiten afirmar.

Algunas afirmaciones pueden formularse directamente porque establecen convenciones o describen operaciones verificadas. «En este estudio, la etiqueta Q identifica las apariciones explícitas de quizá» establece una regla de anotación cuya utilidad puede discutirse sin necesidad de atenuar el acto de definirla. Si un recuento comprobado registra 412 ocurrencias de un conector, esa cantidad puede informarse tal cual. Cuando la identificación de las ocurrencias es incierta, lo que corresponde es explicar esa incertidumbre. Del mismo modo, una consecuencia que se sigue de premisas explícitas puede afirmarse con firmeza, siempre que esa seguridad no se extienda a la verdad empírica de las premisas.

Por esa razón, el hedge innecesario es un error de calibración del mismo rango que el booster injustificado. Una frase como «El corpus parece contener aproximadamente 412 ocurrencias» transmite una duda que el autor no tiene, puesto que contó las ocurrencias. Cuando encuentra atenuaciones donde no hay incertidumbre, el lector pierde la capacidad de distinguir las dudas reales de las fórmulas, de modo que la calibración pide tanta firmeza donde corresponde como prudencia donde la evidencia es limitada.

Incertidumbre estadística y duda lingüística

La incertidumbre estadística debe informarse con los recursos propios del análisis. Un intervalo de confianza expresa la precisión de una estimación bajo los supuestos del procedimiento y deja fuera la incertidumbre que procede de sesgos de selección, errores de medición o una especificación inadecuada del modelo. Informar una estimación con su intervalo suele ser más claro que acumular atenuadores verbales sobre el mismo resultado. Las restricciones metodológicas adicionales se explican aparte, ya que pueden seguir siendo relevantes con un intervalo estrecho.

Una versión sobrecargada de un mismo resultado diría lo siguiente.

Los resultados parecen sugerir que posiblemente las oraciones con subjuntivo podrían leerse algo más despacio, con una diferencia aproximada de unos 40 ms (IC 95 %: 12 a 68 ms).

La versión calibrada se reduce a la estimación.

Las oraciones con subjuntivo se leyeron 40 ms más despacio (IC 95 %: 12 a 68 ms).

La segunda frase informa la estimación con su intervalo. Para decidir si esa diferencia es pequeña o relevante hace falta conocer la tarea y contar con un criterio de relevancia, porque el número de milisegundos no resuelve esa cuestión. Un intervalo frecuentista tampoco debe leerse como una probabilidad posterior asignada al parámetro, salvo que se adopte explícitamente otro marco estadístico.

La atenuación verbal reaparece con legitimidad en otro nivel, el de la interpretación. Una vez informada la estimación, el autor puede escribir que la diferencia «es compatible con un mayor costo de procesamiento», porque ahí sí hay una inferencia incierta que va más allá de los datos. Separar el informe numérico, que se afirma con exactitud, de la interpretación, que se formula con la cautela que merece, es la operación central de esta parte de la lectura.

Ausencia de significación, equivalencia y ausencia de efecto

Un resultado no significativo es compatible con un efecto nulo y también con efectos pequeños que el estudio no tuvo precisión suficiente para detectar. Las pruebas de equivalencia responden a otra pregunta, la de si los datos permiten excluir efectos que superarían unos límites de relevancia justificados de antemano. Lakens (2017) presenta el procedimiento TOST, formado por dos contrastes unilaterales, que en su formulación habitual con un nivel de 0,05 establece la equivalencia cuando el intervalo de confianza del 90 % queda enteramente dentro de los límites, bajo los supuestos del análisis. Que la estimación puntual caiga dentro de esos límites resulta insuficiente; el mismo autor pide que los límites se fijen a partir del menor tamaño de efecto que se considera relevante.

Esta distinción da lugar a tres redacciones diferentes para un mismo caso, en el que se comparan dos tipos de conectores en una tarea de comprensión. Si la diferencia no es significativa y no se ha hecho una prueba de equivalencia, lo calibrado es escribir «No encontramos evidencia de una diferencia entre ambos conectores; el estudio no permite concluir que sean equivalentes». Si la prueba de equivalencia, con límites fijados antes de recoger los datos, resulta significativa, puede escribirse «La diferencia entre ambos conectores quedó dentro de los límites de equivalencia que habíamos establecido previamente». La frase «Ambos conectores no tienen ningún efecto diferencial» afirma, en cambio, una ausencia de efecto que ningún análisis puede establecer por completo.

La segunda redacción es más fuerte que la primera y está mejor fundamentada, porque se apoya en un contraste diseñado para esa conclusión. La tercera extiende la afirmación más allá de cualquier evidencia posible. En este terreno, calibrar consiste en elegir la formulación que corresponde exactamente al análisis que se hizo.

Resultados compatibles frente a demostración de mecanismo

Los verbos y expresiones que vinculan un resultado con una hipótesis forman una escala de compromiso. «Compatible con» indica que el resultado no contradice la hipótesis, aunque podría ser igualmente compatible con otras; «consistente con» suele emplearse con un valor parecido, a veces algo más favorable. «Apoya» sugiere que el resultado aumenta la plausibilidad de la hipótesis frente a las alternativas. «Demuestra», en el extremo de la escala, implica que excluye las explicaciones rivales relevantes. Para elegir entre ellos hay que preguntarse qué otras hipótesis predicen el mismo patrón.

Un caso de priming sintáctico lo ilustra. En un experimento hipotético, los participantes que leen una oración pasiva producen después más descripciones en pasiva. El resultado es compatible con la hipótesis de que se reactiva la estructura sintáctica abstracta, si bien también podría explicarse por la repetición de palabras funcionales comunes a ambas oraciones o por una estrategia consciente de imitar el estímulo. Mientras el diseño no separe esas hipótesis rivales, la redacción adecuada es «El aumento de pasivas es compatible con una reactivación de la estructura sintáctica».

Si un segundo experimento elimina el solapamiento léxico entre estímulo y respuesta y el efecto persiste, el autor puede escribir que el resultado «apoya» la hipótesis estructural, porque una de las alternativas quedó descartada. «Demuestra el mecanismo» seguiría siendo excesivo mientras subsista la explicación estratégica. La escala de verbos acompaña así el estado de las hipótesis rivales, de manera que cada escalón se gana con un diseño que excluya una alternativa concreta.

Evidencia descriptiva, causal y normativa

Un texto académico suele combinar tres tipos de enunciado. Los datos describen lo que se observó, las interpretaciones proponen por qué se observó y las recomendaciones indican qué debería hacerse. Cada tipo exige un respaldo diferente, por lo que la calibración falla con frecuencia cuando se pasa de uno a otro sin advertirlo. Un dato descriptivo puede afirmarse con seguridad, mientras que una interpretación causal necesita un diseño que la sostenga y una recomendación requiere, además, un criterio normativo explícito.

Tomemos un caso sobre la enseñanza de conectores. Un corpus de textos de estudiantes universitarios muestra que «sin embargo» aparece con mucha más frecuencia que «no obstante», un dato descriptivo que puede afirmarse sin hedges. A partir de él, alguien podría interpretar que «no obstante» resulta menos accesible para los estudiantes, una lectura plausible que el corpus no permite distinguir de otras, como una preferencia estilística aprendida o la influencia de los textos de lectura. Por último, podría proponerse que los profesores enseñen «no obstante» con más insistencia.

Esa última recomendación excede lo que el corpus informa. Un corpus descriptivo dice lo que se hace; para prescribir lo que debería hacerse haría falta un criterio adicional, por ejemplo que la variedad de conectores mejore la calidad percibida de los textos, junto con evidencia sobre ese criterio. Una redacción calibrada mantendría separados los tres planos, pues afirmaría la frecuencia, presentaría la interpretación como hipótesis y formularía la recomendación como condicionada a un objetivo pedagógico declarado y todavía no evaluado.

La calibración de las citas

Citar una fuente también es calibrar, porque el verbo de reporte transmite cuánta fuerza atribuye el autor a la afirmación ajena. «Sugiere» presenta una idea como tentativa y «muestra» la presenta como establecida por la evidencia de la fuente; «sostiene», por su parte, la atribuye a una postura del autor citado sin que quien cita se comprometa con su verdad. Un verbo mal elegido altera la fuente aunque su contenido se reproduzca con exactitud.

La atribución debe representar fielmente la posición de la fuente y distinguirla de la evaluación propia. Si un estudio formuló una conclusión cautelosa, informarla con «demuestra» la refuerza indebidamente. Si la fuente exagera sus resultados, el nuevo autor puede explicar qué sostienen sus autores y por qué considera que el respaldo es más limitado, sin hacer suya esa exageración. Cuando un artículo afirma que sus datos son compatibles con una explicación fonológica, por ejemplo, escribir «Según ese trabajo, el fenómeno es fonológico» convierte una hipótesis en un hecho atribuido.

El problema se agrava en las citas en cadena. Cuando un autor cita a otro que a su vez citaba una tercera fuente, cada paso puede reforzar un poco la afirmación original, hasta que una conjetura inicial circula como resultado consolidado. La prevención consiste en consultar la fuente primaria siempre que sea posible e indicar, cuando no lo sea, que la afirmación se toma de una cita secundaria. Ese cuidado protege al lector y al propio autor, que de otro modo asumiría como suya una fuerza asertiva que nadie llegó a justificar.

Cortesía, desacuerdo y diferencias disciplinares

Parte de la atenuación que aparece en los textos académicos responde a razones interpersonales. Discrepar de un colega, señalar una limitación ajena o proponer una interpretación alternativa son actos que pueden amenazar la imagen del interlocutor y que la mitigación permite emprender sin hostilidad. El riesgo está en que esa cortesía se lea como incertidumbre epistémica. Si el autor escribe que un trabajo previo «quizá no consideró del todo» una variable, el lector puede entender que duda de la omisión cuando en realidad está seguro de ella.

Es posible discrepar con cortesía sin fingir duda. Una formulación como «El análisis de ese trabajo no incluye la frecuencia léxica, una variable que, en nuestra opinión, modifica la interpretación de sus resultados» afirma con claridad el hecho y atribuye la valoración al autor. La mitigación recae sobre la evaluación, que es opinable, mientras que el hecho, que es comprobable, se afirma sin rodeos. De ese modo se separa lo que se sabe de lo que se juzga y la cortesía consiste en reconocer explícitamente que se trata de una postura.

Hyland (2005) estudió estos recursos en un corpus de 240 artículos de investigación de ocho disciplinas, complementado con entrevistas a informantes de esos campos. Las diferencias que encontró describen las prácticas examinadas y permiten investigar cómo se construyen las posiciones disciplinares, sin fijar una densidad obligatoria de hedges ni una regla aplicable a cualquier lengua, género o época. Quien escribe en un campo distinto del propio necesita examinar ejemplos pertinentes de ese campo y las funciones de cada recurso. La adaptación a esas convenciones tiene que conservar la correspondencia entre la fuerza de la afirmación y la evidencia disponible.

Revisión de un párrafo

El párrafo siguiente reúne varios de los problemas descritos.

Este estudio demuestra que los hablantes de español procesan el subjuntivo con mayor dificultad. Las oraciones con subjuntivo parecen leerse posiblemente unos 40 ms más despacio (IC 95 %: 12 a 68 ms). Por tanto, el subjuntivo debe enseñarse antes en el currículo.

Una versión revisada podría ser la siguiente.

En esta muestra de hablantes adultos, las oraciones con subjuntivo se leyeron 40 ms más despacio que las de indicativo (IC 95 %: 12 a 68 ms). Este resultado es compatible con un mayor costo de procesamiento del subjuntivo, aunque el diseño no permite descartar la influencia de la longitud de las oraciones. Si se confirmara, podría considerarse su implicación para la secuencia de enseñanza.

La primera frase original combina un booster («demuestra») con un genérico que abarca a todos los hablantes, que la revisión sustituye por el dato restringido a la muestra. La segunda acumulaba tres hedges sobre una estimación que el intervalo ya calibra, por lo que la nueva versión informa la cifra sin atenuaciones verbales y reserva para la frase siguiente la interpretación, introducida con «compatible con» y acompañada de una hipótesis rival concreta, la longitud, que justifica esa cautela. La recomendación original saltaba de un dato descriptivo a una prescripción; en la revisión pasa a ser una implicación condicionada a la confirmación.

Sobrecalibración y vaguedad defensiva

La calibración también puede fallar por exceso de cautela. Su forma más visible es la acumulación de hedges, en frases donde un verbo modal, un adverbio de probabilidad y un verbo evidencial atenúan la misma proposición hasta que el lector ya no sabe qué grado de confianza tiene el autor. «Podría tal vez parecer que este factor quizá influya en cierta medida» expresa la misma prudencia que «Este factor podría influir» y entrega menos información.

Más grave es la afirmación infalsable. Cuando una conclusión se formula con tanta vaguedad que ningún resultado futuro podría contradecirla, deja de ser una afirmación empírica. Decir que «en ciertos contextos, algunos hablantes pueden mostrar alguna sensibilidad a la modalidad» protege al autor de cualquier refutación a costa de no decir nada comprobable; una versión útil especificaría qué contextos, qué hablantes y qué medida de sensibilidad.

Con frecuencia, esta vaguedad protege al autor frente a revisores y críticos. Su motivación es comprensible, aunque el costo recae en el lector, que debe reconstruir la afirmación real, no puede comparar el resultado con otros estudios y desconoce qué hipótesis quedan respaldadas. A mediano plazo el costo alcanza también al autor, porque un texto donde todo está atenuado impide distinguir sus hallazgos sólidos de sus conjeturas. La sobrecalibración es, por eso, otro desajuste entre la fuerza de las afirmaciones y la evidencia que las sostiene.

La calibración también debe mantenerse cuando una afirmación pasa del cuerpo del texto al título o al resumen. Si el resultado depende de un corpus delimitado, comprimirlo como «El contexto determina la interpretación» puede borrar la restricción poblacional junto con la diferencia entre asociación y causalidad. Una formulación más ajustada indicaría que ciertas pistas contextuales acompañaron las interpretaciones observadas en ese material. El resumen dispone de menos espacio y conserva, aun así, la responsabilidad de representar el resultado, de modo que la solución puede consistir en resumir menos afirmaciones para mantener completas las condiciones de la principal.

Calibración en tablas y pies de figura

Las mismas decisiones aparecen fuera de la prosa. Un pie de figura también afirma, restringe o interpreta; una tabla puede presentar estimaciones con su incertidumbre sin necesidad de atenuaciones verbales. Si el pie dice que una diferencia «demuestra» un efecto mientras el cuerpo la presenta como compatible con él, el documento transmite dos grados de compromiso distintos para el mismo dato. En cualquiera de esos planos el error puede venir del exceso de firmeza o del exceso de cautela. La mitigación interpersonal, a su vez, debe seguir siendo distinguible de la duda epistémica.

Referencias

REVISIÓN CIENTÍFICA DOCUMENTADA

Hedging académico: convenciones discursivas y fuerza de evidencia

Actualización académica ·

Las expresiones de cautela y afirmación revelan una postura retórica sin medir automáticamente calidad científica. Dos investigaciones de corpus permiten comparar el posicionamiento epistémico entre géneros biomédicos y periodos históricos, sin confundir cambios de estilo con cambios en la fuerza de la evidencia.

La fuerza expresada en un texto varía según el género institucional

Evidencia: Millar y Batalo (2024) examinaron posicionamiento epistémico en resúmenes de publicaciones biomédicas y solicitudes de financiamiento relacionadas con NIH a lo largo de 1985–2020. El contraste permite analizar el papel del género en la voz del autor.

Limitaciones: Un corpus documental permite identificar tendencias de marcadores, pero no verifica por sí solo si los experimentos presentan mayor certeza, menor sesgo o una justificación más robusta.

Implicaciones: Al revisar un resumen, contrastar cada verbo y mitigador con diseño, tamaño del efecto e incertidumbre medida, evitando sustituir esa comparación por un conteo de palabras cautelosas.

Pregunta de contraste

Si dos resúmenes contienen igual frecuencia de hedges, ¿qué datos sobre sus investigaciones permitirían determinar cuál expresa mejor la evidencia disponible?

Fuente vinculada: Millar, N. y Batalo, B.

La reducción diacrónica de expresiones cautelosas no implica más certeza

Evidencia: Yang y Guo (2025) estudiaron 240 artículos de educación, historia, ingeniería mecánica y física correspondientes a tres periodos entre 1960 y 2020. La frecuencia normalizada de hedges disminuyó en las cuatro disciplinas, aunque con ritmos distintos.

Limitaciones: La selección de revistas y periodos restringe la extrapolación; además, la frecuencia lingüística no mide directamente solidez de metodología, reproducibilidad o verdad de las afirmaciones.

Implicaciones: Evitar recomendar porcentajes arbitrarios de mitigadores en escritura científica; evaluar su pertinencia frente a lo que los datos y las alternativas realmente permiten concluir.

Pregunta de contraste

¿Qué variables externas permitirían comprobar si escribir con menos hedges refleja avances metodológicos y no un cambio de convenciones editoriales?

Fuente vinculada: Yang, Y. y Guo, X.

Publicaciones científicas y DOI (2)

Cada referencia se relaciona con uno de los dos problemas examinados. Sus hallazgos se interpretan de acuerdo con el diseño y la población del estudio.

  1. Millar, N. y Batalo, B. (2024). Comparative analysis of epistemic stance in abstracts of published biomedical research and associated National Institutes of Health funding applications (1985–2020). Applied Linguistics.

    DOI 10.1093/applin/amae072 · Publicación académica contrastada · Fuente complementaria incorporada

    Un corpus documental permite identificar tendencias de marcadores, pero no verifica por sí solo si los experimentos presentan mayor certeza, menor sesgo o una justificación más robusta.

  2. Yang, Y. y Guo, X. (2025). “We find that…” changing patterns of epistemic positioning in research writing. Frontiers in Psychology.

    DOI 10.3389/fpsyg.2025.1634848 · Publicación académica contrastada · Fuente complementaria incorporada · Texto completo examinado

    La selección de revistas y periodos restringe la extrapolación; además, la frecuencia lingüística no mide directamente solidez de metodología, reproducibilidad o verdad de las afirmaciones.

Alcance: dos cuestiones científicas contrastadas, una búsqueda temática independiente, dos DOI verificados y 1 textos completos examinados; el manuscrito original se conserva íntegro.

REFERENCIA DE LA EDICIÓN WEB

Citar esta lectura

Hedging, stance y calibración de afirmaciones. (2026). Lingüística y Semiótica. https://linguisticaysemiotica.org/temas/hedging-stance-y-calibracion-de-afirmaciones

Referencia encabezada por el título: la dirección editorial del proyecto no se presenta como autoría individual de cada texto. Consulta los criterios de citación y el registro de cambios.

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