Texto y conversación

Lógica formal e informal en la argumentación

Para orientarte: Retórica desde la tradición clásica hasta la teoría contemporánea, Estructura del argumento y modelo de Toulmin.

Ver secciones del texto
  1. De la inferencia cotidiana a un lenguaje formal
  2. Validez, verdad y solidez
  3. Conectivas y patrones deductivos elementales
  4. Cuantificadores, conjuntos y ambigüedades de alcance
  5. Demostrar y encontrar contraejemplos
  6. Inducción y fuerza de una generalización
  7. Abducción y comparación de explicaciones
  8. Probabilidad, tasas de base y actualización de creencias
  9. Causalidad y límites de las relaciones temporales
  10. La lógica informal y el análisis de argumentos reales
  11. Aceptabilidad, pertinencia y suficiencia
  12. Esquemas argumentativos y preguntas críticas
  13. Falacias y límites del diagnóstico por etiquetas
  14. Discusión crítica, carga de prueba y diálogo
  15. Dos escalas de evaluación para una misma discusión
  16. Referencias

DESARROLLO COMPLETO · BIBLIOGRAFÍA INCLUIDA

Una asociación de vecinos discute si debe suspender una actividad prevista en un parque. Alguien afirma que, si las instalaciones eléctricas son inseguras, habrá que suspenderla; otra persona responde que la actividad se suspendió la semana anterior y deduce que entonces las instalaciones eran inseguras. La segunda conclusión parece seguir naturalmente de la primera afirmación, pero contiene un error, porque puede haber muchas razones para una suspensión, incluidas condiciones meteorológicas, problemas administrativos o una decisión de los organizadores. La regla inicial solo indica qué ocurriría bajo una condición determinada, sin hacer de esa condición la única capaz de producir el resultado.

Una formulación lógica sencilla vuelve visible el problema. Si usamos P para indicar «las instalaciones son inseguras» y Q para «la actividad se suspende», la afirmación inicial adopta la forma «si P, entonces Q»; sabemos después que ocurrió Q y se pretende concluir P. Esa transición es inválida en la lógica proposicional clásica, porque Q puede ser verdadero aunque P sea falso. Al identificar el patrón, la lógica formal aporta un criterio preciso, válido tanto para un parque como para un laboratorio, que evita que una relación condicional termine presentada como diagnóstico de lo sucedido.

El debate, sin embargo, seguirá abierto después de corregir la inferencia. Los vecinos necesitarán averiguar qué dicen los informes técnicos, cuánto riesgo es aceptable, quién tiene autoridad para decidir y qué alternativas están disponibles. Esas preguntas exigen examinar testimonios, contextos, reglas de decisión y posibles objeciones que las letras P y Q no recogen. La lógica informal estudia justamente las formas de razonamiento que aparecen en discusiones ordinarias y profesionales, con criterios que atienden a la aceptabilidad de las razones y a su pertinencia para una conclusión. Ambos enfoques forman parte de la evaluación racional de argumentos; entender sus diferencias evita pedirles pruebas que no están diseñados para dar.

De la inferencia cotidiana a un lenguaje formal

Los argumentos expresados en lenguas naturales contienen ambigüedades, elipsis y recursos pragmáticos. «Si termina temprano, lo revisamos» puede ser una promesa condicionada, una sugerencia de horario o una forma indirecta de rechazar una revisión inmediata; la expresión lo depende del contexto y terminar temprano carece de una hora fija. Una formalización abstrae parte de esas propiedades y retiene aquellas que resultan relevantes para el problema lógico, con la ventaja de que la inferencia puede investigarse con reglas explícitas.

Formalizar es interpretar. Antes de reemplazar oraciones por símbolos hay que decidir qué proposiciones se están afirmando, dónde termina el alcance de una negación y qué relación se expresa realmente. «No todos aprobaron» admite una representación diferente de «Todos reprobaron». La primera niega que todos pertenezcan al conjunto de aprobados; la segunda afirma que todos pertenecen al conjunto de reprobados, algo más fuerte en una situación donde podría haber ausentes o calificaciones todavía pendientes. Un sistema formal puede representar la distinción con precisión, pero el analista debe reconocerla primero en la lengua.

La lógica contemporánea incluye numerosos sistemas y métodos. La lógica proposicional trabaja con proposiciones completas y conectivas. La de predicados introduce cuantificadores y relaciones entre individuos; las lógicas modales formalizan ciertas formas de necesidad y posibilidad y otras extensiones se ocupan del tiempo, de las obligaciones o del cambio de creencias. Haack (1978) examinó tanto las capacidades de la lógica clásica como las motivaciones de varios sistemas no clásicos. El término lógica formal designa, por tanto, un conjunto de técnicas mucho más amplio que las tablas de verdad.

Tampoco toda forma simbólica vuelve bueno un argumento. Si una conclusión se deduce correctamente de premisas falsas, la estructura puede ser válida aunque el razonamiento no aporte una razón aceptable para creerla. Si, además, las premisas del argumento original se formalizaron mal, una demostración formal correcta prueba algo acerca de la reconstrucción, que podría diferir de lo que alguien afirmó. El rigor comienza en el contacto entre las expresiones del texto y la estructura elegida.

Validez, verdad y solidez

En la lógica deductiva clásica, un argumento es válido cuando no existe una interpretación bajo la cual todas sus premisas sean verdaderas y su conclusión falsa. La validez pertenece a la relación entre premisas y conclusión. La verdad de las premisas y su comprobación empírica son cuestiones aparte. Una deducción parte de condiciones y pregunta qué se sigue de ellas necesariamente dentro del sistema empleado.

Consideremos «Todos los planetas están hechos de vidrio. Marte es un planeta. Por lo tanto, Marte está hecho de vidrio». La primera premisa es falsa, pero la conclusión se sigue de ambas premisas bajo el sentido usual del cuantificador universal, de manera que el argumento tiene forma válida y carece de solidez factual. Un argumento deductivamente sólido (sound, en inglés) requiere validez y premisas verdaderas. Por eso refutar una premisa impide aceptar la conclusión basándose en ella, si bien la estructura de la demostración sigue siendo válida.

Lo inverso también sucede. «Todas las vacunas autorizadas pertenecen a alguna categoría regulatoria. Este producto pertenece a una categoría regulatoria. Por lo tanto, es una vacuna autorizada» presenta una conclusión que podría ser verdadera por motivos independientes, mientras que el paso deductivo es inválido, porque pertenecer a una categoría regulatoria es una característica demasiado amplia. Una conclusión verdadera por accidente convive aquí con una inferencia inválida.

En los argumentos ordinarios interviene, además, una noción más amplia de aceptabilidad. Algunas premisas son observaciones verificadas, otras son testimonios confiables bajo ciertas condiciones y otras expresan normas o valoraciones que necesitan discusión. La lógica informal examina estos fundamentos y su relación con el público y con la pregunta, en una evaluación que complementa la definición de validez deductiva al ocuparse de problemas que esa definición no aborda.

Conectivas y patrones deductivos elementales

La lógica proposicional clásica simboliza operaciones mediante negación (¬), conjunción (∧), disyunción (∨), condicional (→) y bicondicional (↔), cuyos significados técnicos están definidos por condiciones de verdad y difieren en aspectos importantes del uso cotidiano. La disyunción lógica suele ser inclusiva, salvo que el sistema o la representación indiquen otra cosa. «A o B» resulta verdadero si ambos lo son. Como una persona puede emplear la palabra o para presentar alternativas excluyentes, es necesario comprobar su intención antes de formalizar.

Una inferencia deductiva válida muy conocida es el modus ponens, cuya forma es la siguiente.

P→Q,P∴Q.

Si una norma válida establece que determinado tipo de solicitud debe contar con firma y el documento corresponde efectivamente a ese tipo, de las premisas se sigue la exigencia de firma. El argumento puede ser discutido si la norma tiene excepciones o si el documento fue mal clasificado; esos problemas afectan la verdad o adecuación de las premisas, sin alterar la estructura de la regla de inferencia.

Otra forma válida es el modus tollens.

P→Q,¬Q∴¬P.

Si el sistema emite certificados únicamente después de una verificación y consta que la verificación no se completó, podemos concluir que no está autorizado a emitir el certificado bajo esa regla. La dirección del condicional es decisiva. «Solo si se verifica, se emite» equivale a «si se emite, se verificó», una frase que no afirma que verificar baste para emitir. Las expresiones si, solo si y si y solo si plantean problemas frecuentes al convertir un procedimiento real en un esquema lógico.

La falacia formal de afirmar el consecuente adopta la forma «P implica Q; Q; por tanto P»; negar el antecedente adopta «P implica Q; no P; por tanto no Q». En ambos casos puede existir un contraejemplo donde las premisas son verdaderas y la conclusión falsa. Dibujar ese contraejemplo prueba la invalidez. La utilidad de la formalización está en permitir localizar el error sin distraerse con lo verosímil que resulta la historia concreta.

Cuantificadores, conjuntos y ambigüedades de alcance

Las relaciones entre «todos», «algunos» y «ninguno» tienen una historia antigua en la silogística de Aristóteles (s. IV a. C./1984); la lógica de predicados permite expresarlas con más generalidad como relaciones entre entidades y propiedades. «Todos los estudiantes recibieron una notificación» se puede representar, en una lectura universal simple, mediante ∀x(Estudiante(x)→Notificado(x)), una forma que exige decidir quién integra el dominio de estudiantes y en qué periodo cuenta la notificación como recibida. La notación ayuda a explicitar condiciones cuya interpretación sigue dependiendo del caso.

La diferencia entre cuantificadores puede modificar por completo una conclusión. «Cada investigador revisó algún documento» es compatible con que todos hayan revisado el mismo, mientras que «Existe un documento que todos los investigadores revisaron» afirma una entidad compartida. En símbolos, las estructuras ∀x∃yR(x,y) y ∃y∀xR(x,y) no son equivalentes en general, porque el orden de los cuantificadores cambia lo que se afirma.

Algo semejante ocurre con la negación. «No todos los participantes completaron la tarea» puede representarse como la negación de una afirmación universal, de la cual se sigue que al menos uno no la completó, suponiendo un dominio no vacío y el marco bivalente habitual. Que la mayoría no la completara ya no se sigue, pues el paso desde alguno a la mayoría es un salto que puede parecer menor en la escritura y que, cuantitativamente, es sustantivo.

En los documentos científicos son frecuentes las generalizaciones formuladas con un alcance superior al de sus datos. Una muestra reclutada en tres centros permite hacer afirmaciones acerca de sus participantes y, bajo condiciones adicionales de representatividad, sobre poblaciones mayores. Pasar de «algunas personas de la muestra» a «las personas» introduce una ampliación que debe justificarse. La lógica ayuda a reconocer la diferencia formal; el método empírico debe decidir si esa ampliación es razonable.

Demostrar y encontrar contraejemplos

Cuando el número de variables es manejable, una tabla de verdad permite comprobar relaciones entre proposiciones; para demostrar que una inferencia es válida se verifica que ninguna fila tenga todas las premisas verdaderas y la conclusión falsa. El mismo principio puede expresarse mediante modelos semánticos o demostraciones sintácticas, con procedimientos formales distintos según el sistema. En la lógica moderna la relación entre semántica y prueba es un problema central, que abarca la corrección de las reglas y, bajo condiciones especificadas, su capacidad para demostrar todas las inferencias válidas del sistema.

Un método intuitivo consiste en buscar el contraejemplo. «Si hay fuego, se activa la alarma; se activó la alarma; luego hubo fuego». Supongamos que la alarma se activó durante una prueba rutinaria y que nunca hubo fuego; si la regla «todo fuego activa la alarma» seguía siendo verdadera en ese escenario, hemos mostrado que la conclusión no se sigue necesariamente de las premisas. El contraejemplo muestra que el esquema deductivo admite esa posibilidad, sin afirmar que jamás haya fuego cuando suena la alarma.

La prueba tiene limitaciones prácticas. Al formalizar un argumento en lenguaje natural pueden quedar fuera conocimientos que sus participantes consideraban pertinentes. Quizá la alarma está diseñada para activarse únicamente ante una señal física de combustión, condición que se omitió en el enunciado y que, incorporada como una nueva premisa verdadera, daría al argumento otra forma. Lo decisivo es declarar qué se añadió, ya que una validez obtenida mediante supuestos inventados no fortalece el razonamiento original.

También hay casos donde una deducción es impecable y, aun así, la discusión necesita continuar porque sus premisas son difíciles de aceptar. «Si toda intervención eficaz debe aprobarse y esta intervención es eficaz, entonces debe aprobarse» resulta formalmente directa, pero descansa en una regla de decisión que ignora costos y posibles perjuicios. Una evaluación razonable puede preservar la validez del condicional como estructura y rechazar el antecedente normativo, distinción que evita usar la etiqueta de falacia para cualquier conclusión con la que se discrepa.

Inducción y fuerza de una generalización

Gran parte de las investigaciones empíricas no produce conclusiones deductivamente necesarias, pues se observa una muestra y se intenta aprender algo acerca de una población o de un proceso. La inferencia puede ser razonable aunque siga siendo posible que la conclusión resulte falsa. En el lenguaje tradicional se habla de inducción para muchas de estas transiciones, si bien el término agrupa problemas diferentes, como la generalización, la predicción, la estimación estadística y el razonamiento causal.

Supongamos que una fábrica inspecciona cien unidades escogidas al azar de un lote y no encuentra defectos. Los datos permiten aumentar la confianza en la calidad del lote bajo ciertas condiciones, sin garantizar que todas las unidades estén libres de defectos. El valor de la observación depende del tamaño y del método de selección, de la frecuencia probable de defectos y de cómo se hizo la inspección; si la muestra se tomó de una sola caja convenientemente ubicada, la extrapolación será más débil. La cifra cien debe interpretarse, por tanto, a la luz del procedimiento de muestreo.

La inducción requiere una evaluación diferente de la de los argumentos deductivos. La mera posibilidad de un contraejemplo es insuficiente para declararla defectuosa, porque toda inferencia ampliativa admite posibilidades no observadas; lo decisivo es cuánto respaldo aporta la información, qué supuestos permiten extrapolar y qué resultados podrían cambiar la estimación. Por eso una muestra limitada puede sostener una conclusión cautelosa y resultar insuficiente para una generalización universal.

La evaluación de la fuerza inductiva tampoco se reduce a un calificativo como probable. A veces es posible estimar incertidumbre con procedimientos estadísticos explícitos; en otros contextos, el material es demasiado heterogéneo o escaso para justificar una cifra. Lo adecuado es conservar la clase de inferencia y reconocer qué aspectos dependen del conocimiento de fondo. Presentar una inducción como deducción suele producir afirmaciones excesivas, del mismo modo que descartarla por no dar certeza absoluta le exige algo ajeno a su finalidad.

Abducción y comparación de explicaciones

Una forma de razonamiento cercana y distinta aparece cuando se observa un hecho y se busca una explicación. Charles S. Peirce (1878) distinguió la inferencia de hipótesis de la deducción y de la inducción; más tarde llamó abducción a esa operación, que permite formular hipótesis explicativas. A partir de un resultado sorprendente se propone una condición bajo la cual dejaría de resultar sorprendente. La propuesta puede orientar nuevas comprobaciones, pero su verdad requiere pruebas que van más allá de su capacidad explicativa, porque varias hipótesis pueden producir el mismo resultado observable.

Una paciente describe somnolencia durante el día. Podría deberse a una noche de mal descanso, un medicamento sedante, una afección médica o un cambio de horarios. La presencia del fenómeno hace pertinente investigar esas posibilidades y compararlas con antecedentes independientes, temporalidad, otros hallazgos y respuestas a preguntas específicas. Si solo se conoce que la somnolencia aparece después de una modificación farmacológica, existe una pista causal que todavía necesita más evidencia para convertirse en prueba.

El razonamiento abductivo puede volverse circular si se usa una hipótesis para explicar un hecho y después se considera la capacidad de explicarlo como confirmación suficiente de la misma hipótesis. Una propuesta debe arriesgar predicciones o comparaciones capaces de distinguirla de alternativas. En un estudio histórico, encontrar una carta que menciona una disputa puede ayudar a explicar una decisión política, sin excluir motivos financieros que el texto no recoge; la hipótesis interpretativa debe reconocer la diferencia entre plausibilidad narrativa y respaldo documental.

En la lógica informal, evaluar una explicación exige preguntar si sus supuestos son aceptables, si dispone de poder discriminativo y si deja hechos importantes sin atender. En algunos dominios existen modelos formales de selección de hipótesis y actualización probabilística; en otros, las evidencias se integran cualitativamente. En ambos casos, cuando se afirma que la hipótesis propuesta explica mejor los datos que sus competidoras, hay que especificar por qué.

Probabilidad, tasas de base y actualización de creencias

El razonamiento probabilístico aporta herramientas para evaluar inferencias donde las observaciones modifican la incertidumbre, entre ellas una relación elemental, el teorema de Bayes, que expresa cómo cambia la probabilidad de una hipótesis H después de observar un dato E.

P(H∣E)=P(E∣H)P(H)P(E).

La fórmula requiere que alguien defina las hipótesis, estime la frecuencia inicial o probabilidad previa y determine con qué frecuencia aparece la evidencia bajo escenarios diferentes. Una actualización puede ser matemáticamente correcta y basarse en datos mal obtenidos, de modo que la evaluación de una inferencia probabilística incluye la construcción de las probabilidades que se introducen. Esas probabilidades admiten, además, interpretaciones distintas, como frecuencias, grados de creencia o propensiones; Gillies (2000) examinó estas teorías filosóficas de la probabilidad y lo que cada una supone para la inferencia.

Un ejemplo numérico muestra el peso de la tasa de base. Imaginemos una prueba ficticia con sensibilidad del 90 % y especificidad del 90 % para una condición presente en el 1 % de la población a la que se aplica. Entre diez mil personas, unas cien tendrían la condición; la prueba marcaría alrededor de noventa de ellas y generaría cerca de novecientas noventa alertas entre quienes no la tienen, con lo cual el valor predictivo positivo sería aproximadamente 8,3 %. Estas cifras son inventadas para ilustrar la inferencia y no corresponden al rendimiento de ninguna prueba clínica real.

El error habitual consiste en confundir la probabilidad de un resultado positivo dada la condición con la probabilidad de la condición dado el resultado positivo. Son probabilidades condicionales diferentes. Para llegar a una conclusión individual hace falta conocer la distribución de la condición en una población pertinente y considerar otras fuentes de evidencia, además del porcentaje de sensibilidad y del resultado de la persona.

Una probabilidad alta tampoco resuelve qué decisión corresponde adoptar. El umbral para solicitar una evaluación adicional puede ser distinto del necesario para iniciar una intervención invasiva. Las consecuencias de los errores, las preferencias informadas y las alternativas disponibles pertenecen al problema práctico. La probabilidad ayuda a describir incertidumbre; los criterios de decisión requieren otras justificaciones.

Causalidad y límites de las relaciones temporales

Las afirmaciones causales suelen construirse con secuencias observadas. «Comenzó una campaña y disminuyeron los accidentes» presenta dos hechos temporalmente ordenados, compatibles tanto con que la campaña haya contribuido a la disminución como con cambios estacionales, modificaciones del tránsito o fluctuaciones previas. Concluir causalidad únicamente porque una variable precedió a otra corresponde a una forma clásica de razonamiento defectuoso, aunque su diagnóstico exacto depende de lo que el hablante afirme.

Las investigaciones causales necesitan comparar qué habría ocurrido bajo alternativas pertinentes. En experimentos aleatorizados se intenta crear grupos comparables respecto de factores conocidos y desconocidos, bajo condiciones de diseño específicas, mientras que en estudios observacionales se aplican estrategias de ajuste y de identificación que descansan en supuestos adicionales. Ningún diseño elimina todas las dificultades por definición. La evidencia debe evaluarse a partir de cómo se obtuvieron los datos y de qué explicación rival permite descartar.

Una asociación puede ser real y una inferencia causal ser débil. Si un estudio encuentra que las personas que hacen más ejercicio presentan menor frecuencia de una enfermedad, para sostener que el ejercicio produjo esa diferencia hay que considerar, entre otros factores, la edad, el estado inicial de salud y la posibilidad de causalidad inversa. La lógica distingue la conclusión descriptiva de la causal e identifica las premisas que falta justificar; el método científico aporta procedimientos para someter esas premisas a prueba.

La narración da especial fuerza intuitiva a la causalidad. Cuando se cuenta una serie de acontecimientos con inicio y desenlace, el lector tiende a integrar lo sucedido mediante explicaciones. Una crónica convincente puede organizar hechos auténticos dentro de una relación causal errónea, ya que la claridad expositiva dice poco sobre la validez causal. Por eso hay que conservar las expresiones de incertidumbre y separar explícitamente temporalidad, mecanismo hipotético y evidencia de intervención.

La lógica informal y el análisis de argumentos reales

La lógica informal adquirió una identidad propia durante la segunda mitad del siglo XX, especialmente por la necesidad de evaluar razonamientos presentes en la educación, los medios de comunicación y las instituciones. Johnson y Blair contribuyeron a esa orientación con Logical Self-Defense (1977), en un contexto de crítica a la enseñanza de ejercicios puramente artificiales. El programa buscaba métodos rigurosos capaces de distinguir los argumentos buenos de los malos cuando las premisas son discutibles, el lenguaje es ambiguo y la actividad comunicativa impone restricciones concretas. Johnson (2000) desarrolló después una teoría pragmática según la cual la racionalidad de un argumento debe hacerse manifiesta, lo que incluye responder a las objeciones previsibles.

Los sistemas de lógica informal comparten problemas sin responderlos todos de una sola manera, entre ellos la identificación de conclusiones, el análisis de las premisas, el reconocimiento de razones implícitas, la evaluación de fuentes y las condiciones de una discusión responsable. La entrada de Groarke (2026) sobre lógica informal en la Stanford Encyclopedia of Philosophy muestra la diversidad del campo y la continuidad de sus relaciones con la retórica, la filosofía, la lingüística y la inteligencia artificial.

Es frecuente organizar la evaluación mediante tres criterios, que son la aceptabilidad, la pertinencia y la suficiencia. La aceptabilidad pregunta si las razones pueden sostenerse; la pertinencia, si realmente cuentan a favor de la conclusión; la suficiencia, si su conjunto permite el grado de aceptación que se reclama. La ventaja del esquema está en separar objeciones que en la discusión corriente tienden a confundirse. La decisión sigue en manos de quien evalúa.

Pensemos en la frase «Un arquitecto famoso aprobó el diseño; por tanto, el edificio resistirá cualquier terremoto». La fuente puede tener credenciales en el ámbito pertinente y, aun así, su opinión necesita una descripción del procedimiento y de las condiciones de resistencia; la autoridad profesional quizá aporte información relevante, pero es insuficiente para una afirmación universal. Si además el arquitecto nunca revisó el edificio, la aceptabilidad del dato queda comprometida, con lo cual tres dificultades diferentes coexisten dentro de una oración persuasiva.

Aceptabilidad, pertinencia y suficiencia

Una premisa aceptable puede ser falsa y sin embargo aceptada por error. Por eso el criterio debe distinguir entre lo que un auditorio cree y lo que existen buenas razones para creer. Un documento oficial puede tener una procedencia verificable y contener una cifra equivocada, del mismo modo que un testimonio puede ser sincero y basarse en una percepción incompleta. La evaluación pregunta qué justificación tiene la premisa en el contexto, sin suponer que el prestigio de una fuente resuelva todas las cuestiones.

La pertinencia señala una relación probatoria. «La candidata ganó un premio de poesía» puede ser relevante si se evalúa su trayectoria literaria y mucho menos si se intenta justificar una certificación de seguridad industrial. En algunos casos la relación es indirecta y necesita explicarse, como cuando el premio aporta alguna evidencia de capacidad de escritura sin certificar conocimientos técnicos. Una buena razón para una tesis puede dejar de serlo cuando se la desplaza hacia otra.

La suficiencia pregunta por el conjunto de razones y depende del grado de la pretensión. Una inspección favorable puede justificar abrir provisionalmente una instalación, pero quizá sea insuficiente para garantizar su seguridad durante décadas; un ensayo pequeño puede justificar un estudio más amplio y difícilmente una recomendación de uso general. Reunir argumentos débiles no asegura un argumento fuerte, en particular si todos proceden del mismo supuesto o de una fuente repetida.

Los criterios son también exigencias de escritura. Una conclusión categórica requiere más respaldo que una posibilidad. Un lector debe saber si una premisa proviene de observación directa, de una inferencia, de la declaración de otra persona o de una fuente secundaria, porque las relaciones entre datos y conclusiones deben poder reconstruirse. Un texto elegante puede disimular esas lagunas, mientras que una exposición algo más sobria permite detectar con facilidad qué falta comprobar.

Esquemas argumentativos y preguntas críticas

Muchos argumentos cotidianos siguen patrones que se vuelven razonables bajo condiciones identificables. Walton, Reed y Macagno (2008) describieron una amplia colección de esquemas, entre ellos los argumentos basados en analogías, precedentes, opinión experta, signos o relaciones causales. A diferencia de una regla deductiva universal, varios de estos patrones admiten objeciones que deben examinarse antes de aceptar una conclusión, porque una generalización útil para orientar una decisión es distinta de una garantía sin excepciones. Walton (2006) presentó estos esquemas de manera didáctica, junto con su uso en la evaluación crítica.

En un argumento de opinión experta, alguien cita a una persona competente para justificar una afirmación. Las preguntas críticas incluyen si la fuente tiene conocimiento pertinente, si se representó fielmente lo que dijo, si existe acuerdo razonable entre especialistas y qué datos permiten contrastar su juicio. La mera presencia de un experto no hace falaz el argumento ni lo vuelve concluyente, ya que su fuerza depende del lugar que ocupa el conocimiento experto en la inferencia y de la posibilidad de someterlo a revisión.

La analogía plantea otra dificultad. «Este sistema funcionó en una ciudad semejante, de modo que podría funcionar aquí». Para evaluar la inferencia hay que preguntar en qué se parecen ambas ciudades y si las diferencias afectan las condiciones necesarias del funcionamiento. Una analogía puede generar una hipótesis fértil sin demostrarla; su calidad depende de las semejanzas relevantes para la conclusión, con independencia del número de rasgos superficiales compartidos.

Estos esquemas complementan el modelo de Toulmin (1958/2003), porque permiten identificar el tipo de garantía que parece estar operando y formular preguntas específicas para probar su adecuación, sobre todo cuando los participantes comparten una conclusión pero discuten qué clase de evidencia merecería cambiar su decisión.

Falacias y límites del diagnóstico por etiquetas

Una falacia es un problema argumentativo que puede adoptar formas recurrentes, a las que la tradición clásica dio nombres conocidos, como ad hominem, petición de principio, falsa causa o generalización precipitada. Es tentador etiquetar una intervención apenas aparece una forma semejante. Sin embargo, algunas expresiones cumplen funciones razonables según el contexto. Examinar la credibilidad de un testigo puede ser pertinente; descalificar cualquier razón presentada por alguien mediante un ataque personal es otra cosa.

Hamblin (1970) cuestionó las clasificaciones habituales de falacias y abrió debates sobre sus definiciones y las condiciones dialógicas de los argumentos. Una etiqueta aislada suele decir poco. En «Usted se beneficia del contrato que recomienda», señalar un interés puede ser relevante para evaluar la independencia del testimonio, si bien para juzgar inadecuado el contrato se necesitan otras razones. Si se usa como único motivo para rechazar una demostración técnica correcta, su función cambia y puede convertirse en un ataque impropio.

La falsa dicotomía es otro ejemplo. «O aprobamos esta propuesta o renunciamos a resolver el problema» presupone que solo existen dos alternativas, cuando puede haber opciones intermedias, plazos diferentes o diseños alternativos. En cambio, una elección de respuesta única entre dos candidaturas efectivamente disponibles plantea una disyuntiva real dentro del procedimiento. Para decidir si una presentación es falaz hay que conocer las alternativas pertinentes y el contexto de la decisión.

Una taxonomía de errores es útil cuando ayuda a explicar por qué una inferencia fracasa y pierde valor si sustituye el examen de premisas y consecuencias por una competencia para encontrar nombres. La lectura siguiente trata con detalle las falacias, los entimemas y las premisas implícitas; aquí basta reconocer que la forma visible de una frase puede orientar el análisis y rara vez lo concluye.

Un argumento aparece muchas veces como respuesta a una duda planteada por otro participante. El peso de justificar una tesis depende del tipo de afirmación y del procedimiento, por lo que quien sostiene que una medida será eficaz debe aportar razones proporcionadas al alcance de esa pretensión. Quien cuestiona un dato concreto, en cambio, puede señalar por qué su medición es insuficiente sin quedar obligado por ello a probar la tesis contraria. La distribución de la carga de prueba forma parte de la organización del diálogo.

Van Eemeren y Grootendorst (2004) propusieron un modelo de discusión crítica para examinar cómo pueden resolverse racionalmente diferencias de opinión, con reglas que buscan impedir movimientos que bloquean la confrontación o alteran indebidamente las posiciones de los interlocutores. Esto añade a la evaluación de premisas una dimensión comunicativa, ya que un argumento podría ser razonable por su contenido y presentarse en una discusión donde la otra parte no recibe oportunidad de cuestionarlo.

Los desacuerdos pueden avanzar cuando las partes identifican qué aceptan y qué permanece abierto. Alguien puede reconocer la calidad de una medición y discutir su relevancia normativa; otro puede aceptar una necesidad práctica y poner en duda la eficacia de la solución propuesta. Separar estas posiciones evita que cualquier crítica se interprete como oposición total y ayuda a reconocer cambios genuinos de opinión, que pueden consistir en reducir la fuerza de una tesis sin abandonarla completamente.

La lógica informal estudia estos intercambios con una orientación normativa, según la cual la calidad de una discusión se mide por la posibilidad de presentar, examinar y corregir las razones pertinentes, con independencia de la rapidez con que produzca consenso. Un desacuerdo persistente puede ser racional cuando refleja incertidumbres que los datos disponibles todavía no permiten eliminar.

Dos escalas de evaluación para una misma discusión

Volvamos a la asociación de vecinos que debe decidir si mantiene una actividad en el parque. La lógica formal permite mostrar que de una suspensión anterior no se deduce que hubiera una falla eléctrica; la lógica informal pregunta después qué evidencias existen sobre el estado actual de las instalaciones y si la decisión propuesta respeta el alcance de esas evidencias. También obliga a separar una explicación del hecho pasado de una recomendación para el encuentro futuro, de manera que una inspección reciente, relevante para ambas cuestiones, tendrá un lugar distinto en cada argumento.

Escribir bien una justificación requiere, por ello, identificar qué tipo de inferencia está en juego. Si se pretende una deducción, debe comprobarse la relación necesaria entre premisas y conclusión; si se generaliza desde datos limitados, se evalúan el muestreo y la incertidumbre. Una explicación causal obliga a considerar hipótesis alternativas y evidencias capaces de distinguirlas, mientras que una decisión exige añadir los criterios prácticos y normativos que la fundamentan. Estas operaciones pueden convivir en una sola página sin perder sus diferencias.

El rigor argumentativo consiste en reconocer qué pretende probar una persona y qué autoriza realmente la evidencia presentada, sin convertir cada frase en símbolos ni clasificar cada desacuerdo como falacia. Los sistemas formales aportan procedimientos exactos allí donde la estructura inferencial puede representarse con suficiente fidelidad, mientras que la lógica informal permite examinar las razones en su contexto, sus fuentes y las obligaciones del intercambio. Juntas dan un repertorio para discutir con precisión y corregir un argumento sin sustituirlo por otro.

Referencias

  • Aristóteles. (1984). Analíticos primeros. En J. Barnes (Ed.), The Complete Works of Aristotle: The Revised Oxford Translation. Princeton University Press. (Obra original compuesta en el siglo IV a. C.).
  • Gillies, D. (2000). Philosophical Theories of Probability. Routledge.
  • Groarke, L. (2026). Informal logic. En E. N. Zalta & U. Nodelman (Eds.), The Stanford Encyclopedia of Philosophy (revisión del 28 de enero de 2026). https://plato.stanford.edu/entries/logic-informal/
  • Haack, S. (1978). Philosophy of Logics. Cambridge University Press. https://doi.org/10.1017/CBO9780511812866
  • Hamblin, C. L. (1970). Fallacies. Methuen.
  • Johnson, R. H. (2000). Manifest Rationality: A Pragmatic Theory of Argument. Lawrence Erlbaum Associates.
  • Johnson, R. H., & Blair, J. A. (1977). Logical Self-Defense. McGraw-Hill Ryerson.
  • Peirce, C. S. (1878). Deduction, induction, and hypothesis. Popular Science Monthly, 13, 470–482. https://www.peirce.org/writings.html
  • Toulmin, S. E. (2003). The Uses of Argument (ed. actualizada). Cambridge University Press. (Obra original publicada en 1958). https://doi.org/10.1017/CBO9780511840005
  • van Eemeren, F. H., & Grootendorst, R. (2004). A Systematic Theory of Argumentation: The Pragma-Dialectical Approach. Cambridge University Press.
  • Walton, D. (2006). Fundamentals of Critical Argumentation. Cambridge University Press.
  • Walton, D., Reed, C., & Macagno, F. (2008). Argumentation Schemes. Cambridge University Press. https://doi.org/10.1017/CBO9780511802034

REVISIÓN CIENTÍFICA DOCUMENTADA

Argumentación informal: fiabilidad de expertos y preguntas críticas

Actualización académica ·

La validez de una inferencia formal y la calidad de un argumento cotidiano responden a criterios relacionados pero distintos. Dos estudios estudian cómo las personas valoran testimonios expertos y aplican preguntas particulares a esquemas de argumento, sin confundir descripción psicológica y norma racional.

La credibilidad de un experto depende de competencia, confiabilidad y desacuerdo

Evidencia: Harris, Hahn y colaboradores construyeron experimentos con argumentos de autoridades ficticias y un modelo de red bayesiana. Las evaluaciones cambiaron con la profesión atribuida, la relación de confianza y el acuerdo o desacuerdo de otros expertos.

Limitaciones: El modelo reprodujo patrones de valoraciones en situaciones ficticias y no demuestra que los participantes calculen conscientemente probabilidades bayesianas. Los escenarios no son decisiones profesionales de alto riesgo.

Implicaciones: En la evaluación de testimonios distinguir competencia, incentivos, conflicto de interés y corroboración independiente. Una cita autorizada no garantiza por sí sola una conclusión.

Pregunta de contraste

Si una experta confiable discrepa de varios especialistas independientes, ¿qué preguntas sobre credibilidad y calidad de la evidencia serían relevantes antes de aceptar su conclusión?

Fuente vinculada: Harris, A. J. L., Hahn, U., Madsen, J. K. y colaboradores

Los lectores utilizan criterios distintos para evaluar diferentes esquemas argumentativos

Evidencia: Schellens y colaboradores (2017) entrevistaron a 108 personas sin formación formal en teoría de la argumentación. Hallaron referencias espontáneas a experiencia y fiabilidad en argumentos de autoridad, y a semejanza, relevancia o suficiencia en otros esquemas.

Limitaciones: Las entrevistas son un estudio cualitativo de tareas seleccionadas y no miden la frecuencia poblacional de estos criterios. El procedimiento puede haber favorecido categorías sugeridas por los materiales.

Implicaciones: Presentar preguntas críticas por tipo de argumento, en vez de identificar cualquier desacuerdo con una etiqueta de falacia. Separar criterio normativo y práctica real observada.

Pregunta de contraste

Si dos personas rechazan una analogía por diferencias relevantes, ¿cómo distinguir una evaluación razonable de una preferencia intuitiva que no examina la estructura del argumento?

Fuente vinculada: Schellens, P. J., Šorm, E., Timmers, R. y colaboradores

Publicaciones científicas y DOI (2)

Cada referencia se relaciona con uno de los dos problemas examinados. Sus hallazgos se interpretan de acuerdo con el diseño y la población del estudio.

  1. Harris, A. J. L., Hahn, U., Madsen, J. K. y colaboradores (2015). The Appeal to Expert Opinion: Quantitative Support for a Bayesian Network Approach. Cognitive Science.

    DOI 10.1111/cogs.12276 · Experimentos de valoración de argumentos · Fuente complementaria incorporada · Texto completo examinado

    El modelo reprodujo patrones de valoraciones en situaciones ficticias y no demuestra que los participantes calculen conscientemente probabilidades bayesianas. Los escenarios no son decisiones profesionales de alto riesgo.

  2. Schellens, P. J., Šorm, E., Timmers, R. y colaboradores (2017). Laypeople’s Evaluation of Arguments: Are Criteria for Argument Quality Scheme-Specific? Argumentation.

    DOI 10.1007/s10503-016-9418-2 · Entrevistas cualitativas · Fuente complementaria incorporada · Texto completo examinado

    Las entrevistas son un estudio cualitativo de tareas seleccionadas y no miden la frecuencia poblacional de estos criterios. El procedimiento puede haber favorecido categorías sugeridas por los materiales.

Alcance: dos cuestiones científicas contrastadas, una búsqueda temática independiente, dos DOI verificados y 2 textos completos examinados; el manuscrito original se conserva íntegro.

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Lógica formal e informal en la argumentación. (2026). Lingüística y Semiótica. https://linguisticaysemiotica.org/temas/logica-formal-e-informal-en-la-argumentacion

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