Texto y conversación

Framing y construcción del problema

Para orientarte: Retórica desde la tradición clásica hasta la teoría contemporánea, Estructura del argumento y modelo de Toulmin, Falacias, entimemas y premisas implícitas.

Ver secciones del texto
  1. Del marco de la experiencia al encuadre del discurso
  2. Selección, prominencia e interpretación
  3. Encuadre, agenda y criterios de evaluación
  4. Definir un problema antes de proponer su solución
  5. Qué se representa como problemático
  6. Historias causales y atribución de responsabilidad
  7. Nombrar actores, omitir agentes y construir categorías
  8. Metáforas que proponen mecanismos
  9. Qué hacen las cifras dentro de un marco
  10. Marcos de decisión y equivalencia descriptiva
  11. Encuadre y autonomía del receptor
  12. El tiempo como dimensión del problema
  13. Encuadres institucionales difíciles de conciliar
  14. Movimientos sociales y tareas de movilización
  15. Narración clínica y responsabilidad por la reformulación
  16. Framing digital, plataformas y circulación entre públicos
  17. Medir los encuadres sin confundir etiquetas y efectos
  18. Modelos generativos y encuadres por omisión
  19. Una controversia reconstruida en cuatro documentos
  20. Reencuadrar sin borrar el desacuerdo
  21. Referencias

DESARROLLO COMPLETO · BIBLIOGRAFÍA INCLUIDA

Una ciudad registra un aumento de las consultas de urgencia durante una ola de calor. En una reunión municipal se presentan tres explicaciones. La primera sostiene que la población no reconoce las señales de alarma y propone reforzar las campañas educativas; la segunda insiste en que los barrios con menos árboles y viviendas mal aisladas soportan las temperaturas más altas, por lo que propone intervenciones urbanas y habitacionales. La tercera señala que numerosos trabajadores pasan la jornada al aire libre y plantea medidas sobre horarios y condiciones laborales. Ninguna descripción tiene que ser necesariamente falsa, pero cada una delimita el acontecimiento mediante causas, actores y responsabilidades distintas que conducen a soluciones diferentes.

El número de personas que acudieron al hospital puede ser correcto y resultar compatible con los tres enfoques. La discusión versa sobre qué relaciones merecen ocupar el centro, qué condiciones se consideran modificables y quién debería intervenir. Toda institución necesita seleccionar un problema sobre el que pueda actuar; la selección se vuelve discutible cuando pasa inadvertida y una formulación particular se presenta como si fuera la única lectura posible de los hechos.

El concepto de framing, habitualmente traducido como encuadre o enmarcamiento, permite estudiar esos procesos. Su historia atraviesa la sociología de la interacción, la comunicación, la psicología del juicio, la investigación de movimientos sociales y el análisis de políticas públicas, disciplinas que emplean palabras parecidas para operaciones que no siempre son equivalentes. Reconocer una actividad, presentar un asunto en un texto y modificar decisiones o expectativas mediante una formulación son cosas distintas. La lectura examina estos niveles a partir de ejemplos y de las principales tradiciones académicas, con la precaución de no atribuir efectos psicológicos a una frase solo porque el analista haya identificado en ella un encuadre.

Del marco de la experiencia al encuadre del discurso

Erving Goffman (1974) abordó los marcos desde una pregunta acerca de la experiencia cotidiana, la de cómo reconocemos qué está ocurriendo en una situación determinada. Un grupo de personas que corre detrás de otra puede estar jugando, entrenando, persiguiendo a alguien o participando en una representación teatral. Como los movimientos físicos son insuficientes para establecer el tipo de actividad, los participantes emplean señales y conocimientos compartidos que permiten interpretar el episodio bajo determinado marco.

Este sentido sociológico del marco ayuda a entender por qué unas palabras cambian su alcance entre situaciones. «Queda usted detenido» puede formar parte de una escena de ficción o de una actuación policial con consecuencias institucionales, según los derechos de quien habla y el acontecimiento que los presentes reconocen. Una broma, un ensayo y una orden oficial pueden compartir un enunciado sin que se trate del mismo acto, por lo que estudiar el marco obliga a recuperar la actividad y los procedimientos mediante los cuales los participantes la reconocen.

La investigación de encuadres informativos tomó otra dirección. Su pregunta principal es qué aspectos de un objeto se seleccionan y vuelven prominentes al comunicarlo. Ambos enfoques comparten el interés por la organización del sentido, aunque operan a escalas diferentes, de modo que para examinar una noticia sobre un sistema de transporte hay que saber que pertenece al género periodístico y estudiar, además, si presenta el asunto como problema de inversión, de seguridad, de desigualdad o de planificación urbana.

Selección, prominencia e interpretación

Robert Entman (1993) propuso una formulación del encuadre en la comunicación según la cual encuadrar es seleccionar aspectos de la realidad percibida y volverlos más prominentes en un texto para favorecer determinada definición del problema, interpretación causal, evaluación moral o recomendación de tratamiento. Las cuatro funciones pueden aparecer con distinta claridad. Un reportaje puede describir un problema sin proponer soluciones; una campaña institucional, en cambio, puede anteponer una respuesta práctica y dejar casi implícita la explicación causal.

Volvamos a la ola de calor. El titular «Crece el número de consultas por desconocimiento de las medidas preventivas» presenta una hipótesis sobre el origen de las consultas, mientras que «Los barrios sin sombra soportan la mayor carga del calor» dirige la atención hacia diferencias territoriales y «Trabajadores al aire libre enfrentan altas temperaturas» pone en primer plano una categoría laboral y una situación de exposición. Cada titular puede ser descriptivamente legítimo si la evidencia lo respalda, aunque ninguno contiene la totalidad de las relaciones relevantes.

La prominencia se construye mediante la ubicación de los datos, los títulos, el orden de los testimonios, la repetición y los recursos visuales. Un informe puede incluir en su última página una limitación que cambia la lectura y, aun así, presentar el resultado principal con gran seguridad en la portada. Mencionar algo es distinto de darle peso. Por eso la investigación debe estudiar tanto la presencia de la información como su posición en la arquitectura del texto.

Encuadre, agenda y criterios de evaluación

Es frecuente llamar framing a cualquier influencia del lenguaje sobre la opinión pública, uso tan amplio que vuelve difícil comparar investigaciones. La teoría de la agenda se ocupa, en general, de qué asuntos reciben atención. El encuadre examina desde qué atributos y relaciones se los presenta. El priming estudia cómo la accesibilidad de determinadas consideraciones puede modificar los criterios que una persona usa para emitir un juicio; las fronteras entre los tres conceptos se han discutido mucho, si bien cada uno responde a una pregunta propia.

Una campaña informativa puede aumentar la frecuencia con que se habla de accidentes de tránsito, cambio que pertenece a la atención concedida al asunto. Si insiste sistemáticamente en la conducta de los conductores y deja en segundo plano las condiciones de las vías, propone un encuadre causal; si esa exposición lleva a que el público valore las decisiones de una autoridad principalmente según los accidentes, aparece una cuestión sobre criterios de evaluación. Confundir los tres procesos conduce a atribuir a un mensaje efectos que no se han medido.

Scheufele (1999) distinguió los encuadres presentes en los medios de los esquemas interpretativos de sus audiencias y propuso estudiar la construcción de marcos, su circulación y sus efectos como etapas de un mismo proceso. Chong y Druckman (2007) insistieron en la necesidad de identificar de manera explícita los marcos en los mensajes y comprobar empíricamente su influencia. Entre la exposición y la interpretación intervienen conocimientos, preferencias previas, confianza en la fuente y experiencias personales, por lo que el investigador no puede presuponer que toda persona adopta el encuadre que encontró en la noticia.

Definir un problema antes de proponer su solución

Una administración puede disponer de buenas herramientas para evaluar alternativas y seguir sin tener claro qué problema debe resolver. Si las dificultades de acceso a una biblioteca se describen como falta de información, la solución probable será comunicar mejor sus horarios; si se describen como incompatibilidad entre horarios y jornadas de trabajo, mejorar la publicidad apenas tocará el obstáculo principal. Ambas hipótesis requieren evidencia. Cada una invita, sin embargo, a recolectar información diferente.

La definición del problema tiene, por tanto, consecuencias metodológicas. Determina qué indicadores se recogen, qué población se considera afectada y cómo se evaluará el éxito de una intervención. Medir cuántas personas conocían los horarios responde a una pregunta sobre información; los tiempos de traslado o la disponibilidad de transporte responden a otras. Un conjunto amplio de datos puede aclarar poco si procede de una definición que excluyó de antemano dimensiones pertinentes.

El problema tampoco antecede siempre de manera limpia a la solución. Las competencias y los presupuestos institucionales vuelven atractivas ciertas respuestas, de modo que un servicio dedicado a impartir talleres puede formular muchas dificultades como necesidades educativas, mientras que una unidad de infraestructura tenderá a describirlas materialmente. Parte del análisis consiste en comprobar si las herramientas disponibles están definiendo el problema.

Qué se representa como problemático

Carol Bacchi (2009) desarrolló el enfoque conocido como What's the Problem Represented to Be? (WPR), que propone examinar qué problema queda representado mediante las intervenciones mismas, sin suponer que las políticas responden a problemas ya definidos. Una política destinada a capacitar a quienes no consiguen empleo puede construir implícitamente el problema como déficit de habilidades; otra centrada en condiciones de contratación y disponibilidad de puestos sitúa la dificultad en un conjunto distinto de relaciones.

El análisis reconoce la existencia de experiencias materiales, ya que el desempleo, las largas esperas o las dificultades de atención pueden documentarse; su pregunta es cómo se transforman esas condiciones en un objeto de intervención y qué supuestos se naturalizan al hacerlo. El enfoque invita a estudiar los orígenes de las formulaciones, lo que dejan sin problematizar y los efectos de las categorías que usan. También exige someter a examen las propias propuestas del investigador.

Una ventaja del procedimiento consiste en invertir la dirección habitual de la lectura, pues ante una lista de medidas puede preguntarse qué clase de déficit tendría que existir para que ellas parezcan la respuesta pertinente. La conclusión sigue siendo una hipótesis interpretativa. Para mostrar que una política produjo consecuencias concretas se necesita evidencia adicional sobre su aplicación, sus destinatarios y los resultados observados.

Historias causales y atribución de responsabilidad

Deborah Stone (1989) examinó cómo los acontecimientos se convierten en problemas públicos a través de historias causales, en las que la atribución de causas distribuye responsabilidades y define quién está en condiciones de intervenir. Un retraso puede describirse como producto de una decisión administrativa, de una falla tecnológica, de condiciones meteorológicas o de una combinación de factores; la elección del agente principal modifica qué intervención parece necesaria y a quién se dirigirán las exigencias.

En el lenguaje, estas atribuciones se materializan mediante sujetos, verbos y complementos causales. «El sistema perdió datos» presenta al dispositivo como agente gramatical, «Se perdieron datos» omite el agente y «La institución eliminó los registros» señala un actor institucional e introduce una acción de otra naturaleza. Las tres formulaciones podrían referirse a un mismo incidente sin ser intercambiables. Evaluar su fidelidad exige conocer qué sucedió.

La causalidad de un problema puede ser compleja y estar distribuida, ya que una explicación estructural puede incluir decisiones personales y una explicación individual puede necesitar condiciones institucionales. La prioridad de un encuadre depende de su respaldo, con independencia del nivel en que opera. El trabajo consiste en comparar mecanismos posibles, distinguir causas de correlaciones y reconocer el alcance de la responsabilidad atribuida, ya que cuando una explicación causal está mal sustentada su fuerza retórica puede agravar el error.

Nombrar actores, omitir agentes y construir categorías

Los marcos se apoyan en categorías que permiten agrupar experiencias. Usuario, beneficiario, paciente, contribuyente, cliente y ciudadano presentan a la misma persona bajo relaciones institucionales diferentes, cada una con sus propios derechos, obligaciones o expectativas. Un servicio que llama clientes a quienes reciben atención puede acentuar la elección y la satisfacción; otro que los denomina usuarios puede poner en primer plano la interacción con un sistema. La calidad del trato se decide en prácticas que exceden cualquier palabra aislada.

La gramática puede volver visibles o invisibles ciertas posiciones. «Se registró una demora» describe el hecho sin identificar a quien pudo evitarla, construcción que puede ser prudente si las causas aún se investigan o servir para eludir una responsabilidad conocida. La forma pasiva o impersonal se reconoce lingüísticamente; atribuirle una intención exige observar el contexto, las alternativas disponibles y cómo la institución trata después la cuestión de la responsabilidad.

Las categorías se estabilizan mediante formularios, indicadores y documentos. Si una plataforma solo permite clasificar una consulta como «falta de información» o «incumplimiento de instrucciones», los problemas de acceso pueden quedar dispersos en casillas inadecuadas. El informe agregado resultante reproducirá fielmente las categorías del sistema y quizá describirá mal lo ocurrido, porque el encuadre quedó incorporado al procedimiento de recolección mucho antes de que alguien escribiera una noticia o una recomendación.

Metáforas que proponen mecanismos

Las metáforas condensan relaciones complejas mediante imágenes conocidas. Hablar de una ola de solicitudes sugiere un fenómeno que llega desde fuera y puede desbordar la capacidad instalada; describir una organización como una máquina pone en primer plano piezas y procedimientos, a diferencia de la imagen de una red, que hace visibles las interdependencias. Esas expresiones pueden facilitar la comprensión y orientar el tipo de intervención que parece razonable.

Un problema sanitario descrito como batalla invita a identificar amenazas, defensas y victorias, mientras que una descripción centrada en el cuidado continuo vuelve más visibles la persistencia del trabajo, los recursos y los vínculos. Ningún vocabulario sirve para todo. La imagen bélica puede movilizar a ciertos públicos y generar culpa o agotamiento en otros; un marco de cuidado puede ayudar a diseñar apoyos y resultar insuficiente frente a una urgencia que exige medidas inmediatas.

El análisis de metáforas debe evitar inferir directamente lo que cada lector piensa. Una persona puede comprender la metáfora y rechazar su implicación; otra puede usar una expresión convencional sin activar todas las propiedades que el analista imagina en ella. Frente al patrón discursivo que establece la recurrencia de una imagen en un corpus, un efecto cognitivo solo puede sostenerse con datos sobre interpretación, recuerdo, elección o comportamiento.

Qué hacen las cifras dentro de un marco

Los datos numéricos parecen abrir una salida de los conflictos interpretativos, porque conocer el número de accidentes, la tasa de ausentismo o el volumen de solicitudes permite someter las descripciones a comprobación. Toda cifra exige, sin embargo, denominadores, periodos y comparadores. «Aumentaron los incidentes notificados» puede reflejar una agravación del problema o una mejora del registro.

Presentar un valor absoluto o una tasa puede cambiar qué aspecto resulta visible, ya que una comuna grande puede tener más accidentes en total y una tasa menor por habitante. Una tendencia ascendente puede reflejar un cambio de población o un aumento genuino del riesgo bajo condiciones comparables. El gráfico también selecciona. Recortar el eje temporal, omitir la incertidumbre o agrupar categorías heterogéneas puede hacer que una variación parezca más significativa de lo que es.

El sesgo deliberado es distinto del formato elegido por una razón legítima. Una tasa permite comparaciones y puede ocultar el número total de personas afectadas, que también cuenta para asignar recursos. Por eso el análisis de un encuadre cuantitativo pregunta qué comparación se invita a hacer y qué información necesaria queda fuera, con respuestas que deben sostenerse en los datos y en la finalidad del documento, sin presumir que cualquier representación parcial sea manipulación.

Marcos de decisión y equivalencia descriptiva

La psicología del juicio estudia otro uso del término. Tversky y Kahneman (1981) mostraron que describir opciones equivalentes como ganancias o como pérdidas puede modificar las preferencias de los participantes, de modo que la manera de representar la elección altera la valoración de alternativas cuyo conjunto de resultados y probabilidades es el mismo.

En un ejemplo didáctico, afirmar que un procedimiento tiene una supervivencia del 90 % y decir que presenta una mortalidad del 10 % describe frecuencias complementarias cuando corresponden a la misma población, al mismo periodo y al mismo desenlace. La formulación puede hacer más prominente un resultado favorable o uno adverso, aunque la reacción de los lectores varía con su experiencia con estadísticas, con los objetivos de la decisión y con la confianza en quien comunica, factores que solo un estudio de recepción puede medir.

Los encuadres por equivalencia, que modifican la descripción de resultados sustantivamente iguales, son distintos de los encuadres de énfasis, que seleccionan dimensiones diferentes de un problema. Presentar supervivencia y mortalidad complementarias se aproxima al primer caso; comparar un programa por su costo y por su equidad territorial introduce consideraciones distintas, que podrían ser relevantes a la vez. Suponer que ambos efectos responden al mismo mecanismo psicológico oscurece la diversidad del campo.

Encuadre y autonomía del receptor

Una noticia puede proponer una definición del problema y fracasar en hacerla aceptable. El público dispone de experiencias previas, conocimientos, vínculos institucionales y marcos alternativos, de modo que puede desconfiar de la fuente, advertir que el encuadre excluye información relevante o combinar aspectos de textos distintos en una interpretación que no coincide con ninguno de ellos. La investigación de efectos necesita estudiar estas respuestas, sin deducirlas de las palabras publicadas.

Druckman (2001) mostró experimentalmente que la credibilidad atribuida a la fuente puede limitar los efectos del encuadre en ciertos contextos; Chong y Druckman (2007) sintetizaron después la investigación sobre condiciones de recepción y competencia entre encuadres. Estos trabajos permiten formular hipótesis acerca de cuándo el mismo mensaje podría recibir un peso diferente, sin convertir el prestigio de la fuente en una regla universal de persuasión.

El análisis de corpus y el estudio experimental responden aquí a preguntas complementarias. El primero describe cómo se organizó la oferta discursiva; el segundo puede examinar qué cambia en determinadas poblaciones al variar la presentación y controlar, en lo posible, otros factores. Una asociación entre exposición mediática y opinión puede deberse a la selección, porque las personas eligen a menudo mensajes acordes con sus posiciones previas. Afirmar un efecto requiere distinguir estas posibilidades.

El tiempo como dimensión del problema

Un fenómeno presentado como emergencia exige una respuesta diferente del mismo fenómeno descrito como condición prolongada. «La ciudad sufre una crisis de acceso a vivienda» puede favorecer medidas inmediatas; «el déficit habitacional se ha acumulado durante dos décadas» dirige la atención a procesos largos. Las dos afirmaciones podrían ser compatibles. El problema surge si la urgencia borra las causas históricas o si una explicación estructural impide reconocer necesidades que requieren protección inmediata.

La escala temporal determina también la evaluación de resultados. Una campaña preventiva puede modificar conocimientos en semanas, mientras que los cambios duraderos de conducta requieren un seguimiento más largo; una reforma urbana puede tardar años en producir efectos observables y necesitar indicadores intermedios. Si el marco solo admite resultados rápidos, una intervención lenta puede parecer fallida pese a seguir un mecanismo plausible. La situación inversa ocurre cuando se usan horizontes demasiado largos para evitar rendir cuentas sobre decisiones presentes.

En las narrativas públicas, una historia de declive, de progreso o de recuperación da sentido a datos sucesivos. El investigador puede examinar el punto de inicio elegido, los acontecimientos tratados como ruptura y los periodos omitidos, sin dejar de admitir que algunas trayectorias tienen mejor respaldo histórico que otras. La tarea consiste en contrastar la narrativa temporal con evidencia que no haya sido escogida únicamente para confirmarla.

Encuadres institucionales difíciles de conciliar

Donald Schön y Martin Rein (1994) estudiaron controversias en políticas públicas donde los participantes organizan los hechos desde marcos de interpretación diferentes, a tal punto que dos instituciones pueden discrepar incluso sobre qué contaría como una solución satisfactoria. Quien considera que el problema principal es la falta de eficiencia medirá tiempos y costos; quien lo formula como cuestión de acceso equitativo pondrá atención en la distribución de las oportunidades. El debate puede mantenerse estancado aunque ambas partes acepten ciertas estadísticas.

La reflexión sobre los marcos comienza por hacer explícitos los supuestos que orientan cada diagnóstico. Una organización puede reconocer que privilegiaba los costos porque su mandato formal se concentraba en el presupuesto; otra puede admitir que interpretaba cualquier demora como vulneración de un derecho. Ese reconocimiento permite averiguar qué objetivos son compatibles y dónde persisten conflictos reales. Cambiar una palabra sin revisar decisiones, recursos y responsabilidades rara vez resuelve la controversia.

En asuntos distributivos pueden existir intereses incompatibles o desacuerdos normativos persistentes que ninguna negociación entre marcos disuelve. El enfoque resulta útil porque distingue esos desacuerdos de los malentendidos creados por definiciones divergentes. A veces se puede diseñar una evaluación conjunta de la calidad, el costo y el acceso que deja para más adelante las decisiones acerca de su ponderación; la diferencia se vuelve entonces discutible en términos más precisos.

Movimientos sociales y tareas de movilización

Los movimientos colectivos también construyen marcos para hacer reconocibles ciertas situaciones como problemas que merecen una respuesta. Snow y Benford (1988) estudiaron tareas de encuadre diagnósticas, pronósticas y motivacionales. Las primeras identifican algo considerado problemático y sus responsables, las segundas proponen respuestas y las terceras aportan razones para que los participantes actúen, de manera que la relación entre estas tareas ayuda a explicar por qué la descripción de una injusticia puede generar acuerdo sin producir necesariamente acción organizada.

Las audiencias de las formulaciones colectivas son heterogéneas. Un mensaje puede coincidir con experiencias personales y chocar con otros valores del mismo público. Sus recursos retóricos pueden incluir narraciones, imágenes, comparaciones y categorías de identidad; para conocer su eficacia movilizadora hace falta estudiar la recepción, las condiciones institucionales, las redes de organización y los cambios de conducta.

El análisis requiere neutralidad respecto del contenido. Un movimiento social puede formular una demanda fundada o difundir afirmaciones falsas; tener un marco reconocible es independiente de esa corrección. El investigador describe los procedimientos mediante los que se construye un asunto y somete las afirmaciones que contienen a una evaluación independiente, pues de otro modo el análisis del encuadre quedaría reducido a un elogio de la capacidad persuasiva.

Narración clínica y responsabilidad por la reformulación

Las historias clínicas transforman relatos espontáneos en formulaciones profesionales. Una persona explica «Me cuesta seguir el tratamiento porque el transporte hasta el hospital es caro y no siempre puedo faltar al trabajo». Si la ficha registra únicamente baja adherencia, desplaza el centro del problema hacia una característica del paciente; la etiqueta quizá sea pertinente para describir que hubo interrupciones, pero deja fuera las condiciones que la persona mencionó y que podrían orientar decisiones diferentes.

Otra formulación podría decir «Refiere dificultades de continuidad del tratamiento relacionadas con costo de traslado e incompatibilidad de horarios laborales». Esta descripción conserva la fuente y las circunstancias relatadas sin asumir que estén plenamente verificadas. El cambio de encuadre abre la posibilidad de preguntar por alternativas de acceso, mientras los factores clínicos y las decisiones personales siguen disponibles para la exploración. La calidad de la nota depende de qué datos se obtuvieron y de qué inferencias autorizan.

En salud mental el problema es especialmente delicado. Allí los términos profesionales adquieren a menudo una vida documental prolongada, porque una etiqueta inicial se copia y aparece después como antecedente confirmado, aunque varias notas que repiten el mismo juicio siguen dependiendo de una sola apreciación. Revisar el encuadre exige conservar, cuando sea relevante, la diferencia entre las palabras del paciente, la interpretación del profesional y la decisión institucional derivada de ambas.

Framing digital, plataformas y circulación entre públicos

En las plataformas digitales la prominencia depende de operaciones adicionales, porque la imagen de portada, el recorte del texto, los comentarios visibles, el orden algorítmico y la posibilidad de reenviar cambian el contexto de recepción. Una frase que originalmente matizaba un informe puede convertirse en título y circular separada de sus limitaciones; un sistema de recomendaciones, por su parte, puede aumentar la exposición a ciertas formulaciones sin alterar su contenido.

Los mensajes pueden ser contestados mediante imágenes, ironía, fragmentos de video y otros recursos que modifican el marco inicial; una acusación presentada como afirmación seria puede reaparecer parodiada en otro hilo. Los participantes reconstruyen el objeto con capas de comentario que una lectura aislada del primer mensaje no recupera. Por eso el análisis debe conservar la procedencia de los fragmentos y reconocer que una misma publicación puede adquirir funciones distintas al circular entre comunidades.

Las relaciones entre diseño técnico y significado necesitan evidencia. Que una plataforma favorezca mensajes breves puede imponer restricciones materiales sobre la exposición de argumentos, pero concluir que por ello todos sus usuarios razonan superficialmente sería una generalización injustificada. Para estudiar efectos específicos hacen falta muestras representativas, comparaciones entre prácticas y datos sobre recepción.

Medir los encuadres sin confundir etiquetas y efectos

Una investigación de framing debe declarar primero qué entiende por encuadre, sea una definición causal, una evaluación moral, una propuesta de solución o un conjunto de expresiones recurrentes que seleccionan un aspecto del asunto. El marco operacional tiene que corresponder a la pregunta. Buscar en un corpus la palabra responsabilidad identificará algunas formulaciones y perderá otras que la distribuyen mediante verbos, construcciones pasivas o citas.

Una estrategia posible comienza con un conjunto diverso de documentos y una lectura exploratoria, a partir de la cual el equipo define categorías con ejemplos, contraejemplos y reglas para casos mixtos. Después puede codificar una muestra de prueba y revisar desacuerdos antes de comparar la distribución de las categorías en el corpus. La cantidad de textos permite estimar tendencias si el muestreo es adecuado. El acuerdo entre anotadores mide la consistencia con que se aplican las categorías; que estas capturen todas las dimensiones pertinentes del fenómeno es otra cuestión, que exige una validación propia.

Es útil distinguir el análisis de contenido del estudio de efectos. Un texto puede contener un encuadre de responsabilidad individual, pero para mostrar que aumentó la atribución individual de responsabilidad entre lectores hay que medir ese cambio en un diseño apropiado. Scheufele (1999) y Chong y Druckman (2007) proponen marcos metodológicos para mantener la distinción. Los modelos computacionales pueden ayudar a localizar candidatos o aplicar categorías ya validadas, aunque su rendimiento debe evaluarse en cada lengua, género y periodo.

Modelos generativos y encuadres por omisión

Un sistema generativo puede resumir diez testimonios correctos y producir una versión cuyo centro argumentativo difiere del conjunto, por ejemplo cuando pone el conflicto en primer plano mientras la mayoría de los documentos describe soluciones tentativas. Tal desplazamiento puede ocurrir por selección de párrafos, por el vocabulario aprendido por el modelo o por una instrucción que pide un resumen «ejecutivo» centrado en riesgos. La fluidez del resultado dificulta advertir qué relaciones recibieron más peso y cuáles desaparecieron.

La evaluación requiere comparar el resumen con las fuentes y registrar por separado omisiones, atribuciones, causalidades y recomendaciones añadidas. Toda síntesis selecciona, de modo que acortar es legítimo; el problema surge cuando esa selección altera afirmaciones necesarias para comprender la evidencia o convierte una hipótesis minoritaria en una conclusión de consenso. La fidelidad incluye preservar la estructura de incertidumbre y la procedencia de los juicios.

Estos modelos pueden usarse también para explorar cómo cambia una formulación bajo instrucciones explícitas. Un mismo conjunto de datos puede redactarse desde un encuadre de eficiencia o de acceso, siempre que se advierta que se trata de ejercicios de representación, distintos de diagnósticos demostrados. Esa comparación puede revelar preguntas omitidas. Dejar que el sistema decida cuál es el marco correcto sin criterios independientes solo desplaza el problema hacia una salida difícil de auditar.

Una controversia reconstruida en cuatro documentos

Recuperemos el ejemplo inicial de las consultas por calor y supongamos que una comisión dispone de un registro de atenciones, información de temperaturas por barrio y entrevistas con trabajadores (el caso es enteramente ficticio y solo sirve para mostrar el análisis de encuadres). El primer documento propone una campaña preventiva porque considera que la población desconoce las medidas de cuidado. El segundo pide aumentar la sombra en espacios urbanos, el tercero solicita modificar los horarios de trabajo y un cuarto informe propone mejorar la coordinación de los servicios de salud durante episodios de calor intenso.

Los cuatro documentos pueden compartir una definición mínima del fenómeno (el incremento de consultas durante el calor) y divergir respecto de su mecanismo principal. En el primero se privilegia el conocimiento individual, en el segundo la distribución territorial de la exposición, en el tercero las condiciones laborales y en el cuarto la capacidad de respuesta del sistema sanitario. Cada enfoque hace visible un tipo de intervención y deja otros asuntos en segundo plano, por lo que una evaluación seria necesitaría estimar qué proporción del problema aborda cada medida, qué evidencia sustenta su mecanismo y cómo se relacionan sus efectos.

Un debate organizado solo en torno a la pregunta «¿Cuál de las cuatro explicaciones es la verdadera?» podría resultar improductivo, porque las causas pueden coexistir y operar con intensidades diferentes según la población. Una comparación más informativa distingue problemas de exposición, vulnerabilidad, prevención y atención, siempre que los términos se definan de manera operativa. La decisión final requeriría considerar recursos, tiempos y objetivos legítimos.

El ejercicio deja ver una posibilidad adicional. La comisión podría haber omitido una dimensión importante, como la disponibilidad de agua en espacios públicos o la información sobre personas que no llegan a consultar. Esas ausencias señalan los límites de la información y las preguntas aún pendientes; atribuirlas a un sesgo intencional requeriría otra clase de pruebas. Un encuadre más riguroso puede recuperar complejidades que la descripción inicial omitía.

Reencuadrar sin borrar el desacuerdo

Una revisión reflexiva de un problema comienza por recuperar qué se ha dado por supuesto. Hay que observar quién aparece como actor, qué causa se privilegia, cuál se menciona como secundaria, qué criterio define la gravedad y qué resultado contaría como mejoría. La lectura puede identificar información ausente o una categoría que se ha usado con más de un sentido, en un trabajo parecido a la reconstrucción de premisas implícitas, porque obliga a explicitar los puentes que unen los hechos disponibles con una recomendación.

Reencuadrar es algo distinto de buscar una expresión más atractiva, ya que cambiar falla por oportunidad de mejora puede suavizar el tono sin mejorar la precisión. Una nueva formulación merece preferencia analítica si permite formular mejores preguntas, reconocer alternativas relevantes y conservar la evidencia disponible; puede mostrar, por ejemplo, que dos enfoques antes contrapuestos describían partes diferentes de una situación o que uno de ellos ignoraba datos importantes. El criterio depende de lo que se necesita comprender y decidir.

Hay situaciones en que los marcos responden a valores irreconciliables y no es posible integrarlos por completo. Una investigación puede mostrar esa divergencia con claridad aunque el resultado no desemboque en consenso, porque su aporte consiste en volver visible la arquitectura del desacuerdo, sin confundir la representación de un problema con su solución ni el efecto persuasivo de un mensaje con su verdad.

Al estudiar un texto, el encuadre se identifica preguntando qué mundo permite ver desde su punto de partida y qué queda fuera del campo; al escribir, la misma pregunta obliga a examinar las consecuencias de elegir un título, un sujeto gramatical, una causa o una categoría. Una descripción responsable conserva, por ello, caminos para que el lector cuestione lo elegido y considere qué otras relaciones sería necesario investigar.

Referencias

  • Bacchi, C. (2009). Analysing Policy: What's the Problem Represented to Be? Pearson Education.
  • Chong, D., & Druckman, J. N. (2007). Framing theory. Annual Review of Political Science, 10, 103–126. https://doi.org/10.1146/annurev.polisci.10.072805.103054
  • Druckman, J. N. (2001). On the limits of framing effects: Who can frame? The Journal of Politics, 63(4), 1041–1066. https://doi.org/10.1111/0022-3816.00100
  • Entman, R. M. (1993). Framing: Toward clarification of a fractured paradigm. Journal of Communication, 43(4), 51–58. https://doi.org/10.1111/j.1460-2466.1993.tb01304.x
  • Goffman, E. (1974). Frame Analysis: An Essay on the Organization of Experience. Harper & Row.
  • Scheufele, D. A. (1999). Framing as a theory of media effects. Journal of Communication, 49(1), 103–122. https://doi.org/10.1111/j.1460-2466.1999.tb02784.x
  • Schön, D. A., & Rein, M. (1994). Frame Reflection: Toward the Resolution of Intractable Policy Controversies. Basic Books.
  • Snow, D. A., & Benford, R. D. (1988). Ideology, frame resonance, and participant mobilization. En B. Klandermans, H. Kriesi & S. Tarrow (Eds.), International Social Movement Research (vol. 1, pp. 197–217). JAI Press.
  • Stone, D. A. (1989). Causal stories and the formation of policy agendas. Political Science Quarterly, 104(2), 281–300. https://doi.org/10.2307/2151585
  • Tversky, A., & Kahneman, D. (1981). The framing of decisions and the psychology of choice. Science, 211(4481), 453–458. https://doi.org/10.1126/science.7455683

REFERENCIA DE LA EDICIÓN WEB

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Framing y construcción del problema. (2026). Lingüística y Semiótica. https://linguisticaysemiotica.org/temas/framing-y-construccion-del-problema

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