Si una persona señala un árbol y dice árbol, parece natural imaginar que la palabra se conecta directamente con el objeto. Según esta imagen, el mundo contiene cosas ya delimitadas y las lenguas les asignan nombres. Ferdinand de Saussure propuso una arquitectura diferente. El signo lingüístico une un significante con un significado, dos caras de una unidad que existe dentro de un sistema social de lengua.
La distinción cambia el problema. El significante no es el objeto físico externo ni simplemente el sonido acústico medido por un micrófono. El significado es el contenido conceptual asociado con la forma dentro del sistema. El árbol individual que tenemos delante queda fuera de ese contenido. El vínculo entre significante y significado es arbitrario en un sentido técnico. Nada en el concepto de árbol exige que se exprese mediante la secuencia sonora /aɾbol/, tree, arbre o Baum. Cada lengua estabiliza históricamente asociaciones diferentes.
La arbitrariedad no implica que los hablantes elijan libremente las palabras, que las lenguas carezcan de estructura o que todo vínculo entre forma y contenido sea inmotivado. Tampoco significa que la relación entre una emisión concreta y su referente sea arbitraria en cada ocasión. La tesis concierne al principio que une las dos caras del signo dentro de la lengua. Para comprenderla hay que reconstruir la teoría saussureana sin convertirla en el eslogan «las palabras son arbitrarias».
El Cours y el problema de las fuentes
El Cours de linguistique générale apareció en 1916, tres años después de la muerte de Saussure. Charles Bally y Albert Sechehaye lo editaron a partir de apuntes de estudiantes de los cursos dictados en Ginebra y de materiales disponibles. El libro no es una monografía escrita por Saussure, un dato importante porque muchas fórmulas célebres pertenecen a una reconstrucción editorial. Los manuscritos publicados posteriormente y los estudios historiográficos han mostrado una obra más compleja que la versión escolar del Cours (Engler, 1968; Bouquet y Engler, 2002). Aun así, el libro editado fijó el vocabulario con que el estructuralismo posterior leyó a Saussure.
El análisis debe distinguir dos preguntas. Una se refiere a lo que Saussure sostuvo históricamente en sus cursos y manuscritos. La otra, a la teoría saussureana que la tradición recibió a través del Cours. Para estudiar el estructuralismo ambas importan.
La presente exposición usa el Cours como texto de referencia y señala sus conceptos sin suponer que cada formulación reproduzca literalmente una doctrina definitiva del autor.
El signo como unidad de dos caras
Saussure rechazó la idea de que la lengua sea una nomenclatura, es decir, una lista de nombres que se asignan a cosas preexistentes. Según esa imagen, primero existiría el concepto completamente formado y después se le añadiría una etiqueta sonora. La teoría del signo propone que la lengua organiza simultáneamente el plano de las formas y el de los conceptos.
El signo lingüístico consta de un significante y un significado. En el Cours, los términos iniciales fueron imagen acústica y concepto. Saussure propuso después llamarlos signifiant y signifié para evitar ambigüedades. El significante es la cara expresiva del signo, el significado es la cara conceptual y el signo es la unión de ambas. En un esquema, el significante /árbol/ ocupa un polo y el significado «árbol» el otro, unidos por una relación recíproca.
El esquema no incluye todavía un árbol particular del mundo. Esa ausencia es deliberada. Saussure estudia la organización interna de la lengua y no construye una teoría referencial completa. La relación entre signo y referente pertenece a otra dimensión que la semántica posterior desarrollará con mayor detalle.
La tesis central es relacional. No existe primero un significante independiente al que luego se pegue un significado. En la lengua, ambos se definen como caras de una misma unidad.
La imagen acústica no es la onda sonora
La expresión imagen acústica puede inducir a un error. Saussure no identifica el significante con la señal física del habla. La onda acústica es un fenómeno material que puede medirse en frecuencia, intensidad y duración. La imagen acústica pertenece al sistema psicológico y social del hablante. Es la forma sonora reconocible que permite distinguir una unidad de otra.
Podemos pronunciar casa con voces, intensidades y velocidades distintas y reconocer el mismo significante lingüístico. Las realizaciones físicas varían. La lengua abstrae una forma suficientemente estable para que esas realizaciones cuenten como instancias de la misma unidad.
La fonología estructural desarrollará esta intuición al distinguir los rasgos funcionales de la variación fonética. El significante tampoco debe confundirse con un fonema aislado, porque puede ser una palabra, un morfema u otra unidad significante, dependiendo del nivel de análisis.
En la escritura ocurre algo parecido. La palabra casa puede aparecer en distintas tipografías y tamaños. La variación gráfica no impide reconocer una forma lingüística estable. La escritura introduce un sistema material diferente que representa la lengua mediante convenciones gráficas.
El significado no es una imagen mental privada
El segundo riesgo consiste en convertir el significado en una representación subjetiva individual. Saussure usa el término concepto, aunque su proyecto se aparta de una psicología privada de asociaciones. La lengua es social. Un signo existe porque una comunidad mantiene oposiciones y asociaciones suficientemente compartidas para que los hablantes puedan usarlo.
Dos personas pueden imaginar árboles diferentes al oír árbol. Una puede pensar en un pino y otra en un sauce. Esa diferencia de imágenes mentales no implica que usen signos distintos. El significado lingüístico se estabiliza en una práctica colectiva y en relaciones con otros signos.
Esta dimensión social distingue la lengua de una colección de asociaciones personales. El sistema no pertenece por entero a ningún individuo. Cada hablante adquiere una parte de él y puede innovar en el habla, aunque no decide unilateralmente que árbol pase a significar océano. El significado saussureano es, por eso, mental en un sentido amplio y social en su estabilización.
El referente queda fuera del signo
Cuando alguien dice Ese árbol está enfermo, la expresión ese árbol refiere a un individuo concreto. La teoría saussureana del signo no da por sí sola una explicación completa de esa referencia. Su unidad básica vincula significante y significado. Conviene distinguir tres niveles. El significante es la forma lingüística, el significado es el contenido conceptual dentro del sistema y el referente es la entidad a la que una expresión se aplica en una ocasión.
Otras teorías usan términos distintos y discuten sus fronteras. Frege distinguió sentido y referencia, la semántica formal construyó denotaciones y la pragmática estudió cómo el contexto selecciona referentes. Nada de eso vuelve inútil la distinción saussureana, que evita el error de identificar significado con objeto. La palabra unicornio posee significación aunque no tenga un referente real ordinario. El actual rey de Francia puede ser comprendido aunque la descripción no encuentre un individuo que satisfaga sus condiciones. Estos ejemplos muestran que entender una expresión no puede reducirse a señalar un objeto.
La arbitrariedad del signo
Saussure formuló como primer principio del signo lingüístico la arbitrariedad. El vínculo entre significante y significado carece de una conexión natural necesaria. El concepto asociado con árbol no exige la forma sonora española y otras lenguas usan otras formas. La diversidad lingüística da una evidencia inmediata. El mismo dominio conceptual puede expresarse mediante secuencias diferentes. Si existiera una relación natural obligatoria entre concepto y sonido, las lenguas tenderían a usar la misma forma para el mismo significado.
La arbitrariedad debe entenderse como ausencia de motivación natural necesaria, algo distinto del azar histórico puro. Una forma puede tener una historia etimológica, derivarse de otra palabra o pertenecer a un patrón morfológico. La relación sigue siendo convencional en el sentido de que las lenguas podrían organizarla de otra manera.
Tampoco se trata de elección individual. Precisamente porque el signo es social, un hablante hereda asociaciones que no puede sustituir libremente. La relación es arbitraria respecto de la naturaleza y obligatoria respecto de la comunidad en un momento determinado.
Arbitrario no significa caprichoso
La palabra arbitrario sugiere en el uso cotidiano una decisión sin razones. El sentido técnico es otro. El sistema lingüístico tiene regularidades estrictas. Los hablantes no pueden alterar una conjugación, una oposición fonológica o un término sin consecuencias comunicativas. La arbitrariedad describe la relación entre las caras del signo y deja intacto el funcionamiento regular de la lengua en su conjunto. Que no exista una razón natural para llamar mesa a una mesa no implica que cualquier secuencia sea igualmente aceptable en español. Una vez que la comunidad estabilizó mesa, la convención restringe a los hablantes.
La ausencia de necesidad natural corresponde a la arbitrariedad y la estabilización social, a la convención y la norma. La combinación explica que las lenguas sean históricamente variables y localmente obligatorias.
Onomatopeyas e interjecciones
Las onomatopeyas parecen desafiar la arbitrariedad. Miau, tic-tac, bum y otras formas imitan sonidos. Si el significante se parece a aquello que representa, la relación parece motivada.
Saussure respondió que las onomatopeyas son relativamente pocas y que su forma está filtrada por cada lengua. Basta comparar cómo se representa el ladrido en español (guau), en inglés (woof) y en japonés (wan wan). La fuente acústica restringe la forma, aunque no la determina por completo. Cada sistema selecciona sonidos compatibles con su fonología y convenciones.
Las interjecciones plantean otro caso. Expresiones como ay pueden parecer respuestas naturales al dolor. Su distribución y forma también varían entre lenguas. La existencia de una base expresiva no elimina la convencionalización. La tesis más defendible admite que hay relaciones lingüísticas con algún grado de motivación. Afirma que la lengua permite un alto grado de arbitrariedad y que incluso los signos parcialmente motivados se integran en sistemas convencionales.
Iconicidad y simbolismo sonoro
La lingüística contemporánea ha documentado relaciones no arbitrarias entre forma y significado. El simbolismo sonoro describe asociaciones sistemáticas entre propiedades fonéticas y dimensiones semánticas. El conocido efecto bouba/kiki muestra que muchas personas asocian formas con consonantes sonoras y vocales redondeadas a figuras redondeadas y formas con oclusivas sordas y vocales anteriores a figuras puntiagudas (Ramachandran y Hubbard, 2001; Sidhu y Pexman, 2018).
Los ideófonos son otro dominio. En muchas lenguas, ciertas palabras evocan de manera marcada propiedades sensoriales o eventos mediante patrones sonoros. Dingemanse (2012) ha mostrado que estas formas desafían la idea de un léxico completamente arbitrario.
Blasi et al. (2016), al analizar vocabularios de miles de lenguas, encontraron asociaciones estadísticamente recurrentes entre algunos sonidos y ciertos significados. Estas correspondencias son tendencias débiles y parciales que coexisten con una arbitrariedad predominante y que no alcanzan a formar un diccionario universal.
La evidencia actual obliga a matizar una lectura absoluta de Saussure. La relación entre forma y significado puede contener grados de iconicidad, simbolismo sonoro y motivación. La tesis de la arbitrariedad conserva su peso porque ninguna de estas regularidades determina por sí sola el vocabulario completo de una lengua.
Arbitrariedad absoluta y arbitrariedad relativa
El propio Saussure distinguió entre lo radicalmente arbitrario y lo relativamente motivado. Diez es radicalmente arbitrario. Diecinueve se analiza en español mediante elementos que aportan estructura. La forma compleja está motivada por sus componentes y por las reglas morfológicas de la lengua.
Algo parecido ocurre con panadero. La relación entre la forma pan y su significado es arbitraria. Una vez establecido pan, la derivación panadero está parcialmente motivada por el sufijo y por patrones productivos. El sistema reduce así la arbitrariedad de algunas unidades mediante relaciones internas. La motivación es relativa porque depende de otros signos y no establece una relación natural entre sonido y concepto. Su interés está en que muestra cómo la lengua organiza familias de formas en las que el hablante puede reconocer regularidades.
Este punto anticipa la lectura Valor y relaciones diferenciales. La identidad de una unidad depende de la unión interna entre significante y significado y también de las relaciones diferenciales y asociativas con otras unidades.
Linealidad del significante
Como segundo principio, Saussure formuló que el significante lingüístico se desarrolla en el tiempo y tiene carácter lineal. En el habla, los elementos se suceden. No podemos pronunciar dos cadenas completas en el mismo punto temporal del mismo modo en que una imagen muestra múltiples elementos a la vez.
La linealidad permite ordenar las unidades y hace posible una dimensión sintagmática. El perro mordió al hombre y El hombre mordió al perro contienen las mismas palabras y expresan relaciones distintas porque cambia el orden.
La tesis se aplica con claridad al habla y debe matizarse en otros modos. La escritura ocupa una superficie bidimensional. Las lenguas de señas usan espacio, simultaneidad y movimiento. La lingüística contemporánea no puede generalizar sin modificaciones la linealidad de la cadena sonora a todo lenguaje humano. El principio sigue siendo útil para entender por qué Saussure vinculó el significante con relaciones sintagmáticas y con una estructura temporal.
Inmutabilidad y mutabilidad
El signo es arbitrario y, paradójicamente, resistente al cambio. Un individuo no puede sustituir árbol por otra forma y esperar que toda la comunidad lo siga. La lengua se recibe como herencia social. Su amplitud, complejidad y dependencia de hábitos colectivos la vuelven relativamente inmutable para el hablante individual.
Al mismo tiempo, las lenguas cambian. Los sonidos evolucionan, las palabras adquieren nuevos sentidos, desaparecen formas, aparecen préstamos y cambian las oposiciones. La arbitrariedad permite esa mutabilidad porque nada natural fija de una vez para siempre la relación entre significante y significado. Saussure describió así una tensión entre continuidad y transformación. La convención mantiene el sistema en el corto plazo. La historia modifica gradualmente las relaciones. El cambio deja en pie la lengua como sistema y produce estados sucesivos de ese sistema. La idea de estados sucesivos conecta con la oposición entre sincronía y diacronía, que la lectura Sincronía, diacronía y transformación del sistema desarrollará de manera específica.
La lengua no recorta un mundo ya clasificado
Una consecuencia de mayor alcance de la teoría es que las lenguas no se limitan a poner nombres sobre categorías universales completamente formadas. Saussure describió el pensamiento previo a la lengua como una masa amorfa en la que el sistema lingüístico introduce delimitaciones. La metáfora debe manejarse con cuidado, porque no implica que una persona sin lenguaje carezca de cognición ni que toda categorización dependa de palabras.
Su tesis estructural es que las categorías lingüísticas se definen por oposiciones internas antes que por corresponder a divisiones naturales. Las lenguas pueden diferir en cómo lexicalizan colores, parentesco, movimiento, evidencialidad, aspecto o espacio. Una traducción palabra por palabra no siempre conserva las mismas fronteras conceptuales.
El significado depende así de diferencias dentro del sistema. Este principio es más radical que la simple arbitrariedad del sonido porque la lengua organiza también el contenido.
Valor y significado
Saussure distinguió la significación interna del signo de su valor dentro del sistema. El signo oveja puede asociarse con un concepto y, a la vez, ocupar un lugar determinado por las unidades vecinas. El ejemplo clásico del Cours es el francés mouton, que puede tener la misma significación que el inglés sheep sin tener el mismo valor. El inglés llama mutton a la carne preparada y servida, mientras que mouton cubre el animal y la carne. Los dominios no se distribuyen de manera idéntica.
El ejemplo muestra que conocer el significado de una unidad requiere saber qué contrastes mantiene con las demás. Dos términos pueden aproximarse en referencia y diferir en valor porque sus redes de oposición no coinciden.
La lectura Valor y relaciones diferenciales se concentrará en esta tesis diferencial. Por ahora basta señalar que la arbitrariedad y el valor están conectados. Como no existe una unión natural entre forma y concepto, el sistema puede organizar sus unidades mediante oposiciones propias.
Arbitrariedad y traducción
La traducción hace visible la arbitrariedad. Si cada lengua segmentara el contenido del mismo modo, bastaría sustituir signos. En la práctica, las equivalencias son parciales.
El español bosque y el inglés forest se superponen ampliamente, aunque sus usos no coinciden en todos los contextos. Los verbos de movimiento pueden codificar trayectoria, manera o dirección de forma distinta entre lenguas. Las formas de tratamiento distribuyen relaciones sociales con sistemas diferentes. Traducir exige reconstruir una función dentro de otra lengua.
La arbitrariedad no implica inconmensurabilidad. Las personas traducen porque comparten mundo, capacidades cognitivas y prácticas. Traducen también porque pueden negociar equivalencias. La falta de correspondencia uno a uno significa que la unidad de traducción no puede reducirse siempre a la palabra.
La semiótica estructural convierte así la traducción en un problema de relaciones entre sistemas.
Nombres propios
Los nombres propios parecen menos arbitrarios porque designan individuos específicos. Santiago refiere a una ciudad mediante una historia social de denominación. Nada en la ciudad exige esa secuencia sonora y la relación sigue siendo convencional e histórica.
La filosofía del lenguaje estudiada en las lecturas anteriores mostró que la referencia de los nombres no se explica necesariamente mediante significados descriptivos. Kripke sostuvo que los nombres pueden ser designadores rígidos sostenidos por cadenas histórico-causales. Esa teoría es compatible con la arbitrariedad del significante y se ocupa de otro problema, el de cómo una forma lingüística mantiene una referencia.
La semiótica debe distinguir las capas. La forma Santiago es arbitraria respecto de la ciudad. Su referencia actual puede estabilizarse por prácticas históricas y sociales. Su valor cultural puede incorporar asociaciones que exceden la referencia.
Escritura, grafía y signo
Saussure concedió prioridad metodológica a la lengua hablada y criticó la tendencia a confundir la lengua con la escritura. La tradición gramatical y escolar podía tratar la forma gráfica como si fuera la lengua misma, cuando la escritura representa el sistema lingüístico mediante otro conjunto de signos.
La crítica sigue siendo útil. Una letra no equivale a un sonido de manera simple. La ortografía puede conservar distinciones históricas, representar morfología y responder a convenciones que no reproducen exactamente la pronunciación.
La teoría contemporánea reconoce, además, que la escritura tiene propiedades semióticas propias. La tipografía, la diagramación, el espacio y los recursos digitales añaden significación. La escritura no es únicamente una copia transparente del habla. La prioridad del habla en Saussure pertenece a un contexto histórico y teórico concreto. La semiótica multimodal posterior ampliará el análisis hacia sistemas gráficos y visuales sin abandonar la distinción entre soporte material y organización lingüística.
La arbitrariedad en la morfología
La morfología muestra cómo la arbitrariedad y la motivación se combinan. El plural español se marca frecuentemente con -s o -es. Nada en la pluralidad natural exige esos sonidos. La asociación es arbitraria. Una vez establecida, la regla produce regularidad y permite interpretar formas nuevas.
Si un hablante encuentra una palabra inventada como narpas, puede inferir un plural en ciertos contextos porque reconoce la morfología. El significado de la marca se vuelve sistemático.
Las irregularidades recuerdan que la motivación nunca es completa. Fui expresa pasado de ir sin conservar una semejanza formal transparente. La supleción se aprende como parte del sistema. El contraste entre regularidad y arbitrariedad ayuda a explicar por qué una lengua puede ser productiva sin ser perfectamente lógica.
El cambio semántico
Un signo puede mantener su significante y modificar su significado. Ratón adquirió una lectura informática además de la zoológica. La semejanza visual y funcional entre el dispositivo y el animal motivó históricamente la extensión. Una vez convencionalizada, los hablantes pueden usar ratón en informática sin reconstruir conscientemente la metáfora.
También puede cambiar el significante mientras se conserva parte del contenido. Los cambios fonológicos transforman las formas heredadas y la relación entre ambas caras del signo se reconfigura a lo largo del tiempo. La arbitrariedad hace posible esta movilidad. Si la forma estuviera naturalmente unida al concepto, el cambio sería difícil de explicar.
Convención sin contrato
Hablar de convención no implica que una comunidad se haya reunido para decidir las palabras. Las convenciones lingüísticas emergen, se transmiten y se modifican mediante uso, aprendizaje, contacto y cambio, sin necesidad de un contrato explícito. La palabra mesa es convencional porque una comunidad la usa de manera suficientemente coordinada y espera que los demás la entiendan. La existencia de alternativas posibles muestra su arbitrariedad. La historia de transmisión explica su estabilidad.
Esto aproxima la teoría del signo a problemas que la filosofía posterior analizó mediante reglas, prácticas y coordinación. Wittgenstein estudiará el seguimiento de reglas, Lewis (1969) formalizará convenciones como soluciones estables a problemas de coordinación y Brandom las relacionará con normas discursivas. Saussure no anticipó estas teorías en detalle, aunque colocó la dimensión social en el centro.
Significante y significado en la entrevista clínica
La distinción puede parecer abstracta y tiene consecuencias prácticas. Un paciente dice Estoy vacío. El significante es la forma lingüística que produce. El significado convencional de vacío se relaciona con ausencia de contenido. En ese contexto, la expresión puede usarse metafóricamente para comunicar anhedonia, tristeza, despersonalización, falta de propósito u otra experiencia.
La palabra no trae incorporado un diagnóstico. El clínico debe reconstruir qué significado adquiere en la experiencia del paciente. Preguntar ¿Qué quiere decir con sentirse vacío? permite separar el signo producido de la interpretación profesional. La documentación puede conservar la expresión literal y la aclaración. Refiere sentirse «vacío»; al explorar, describe ausencia de interés y dificultad para experimentar placer. La nota mantiene la forma original y registra la interpretación que el propio paciente ayudó a establecer. La distinción entre significante y significado no reemplaza la fenomenología, pero ayuda a no convertir una palabra en una categoría clínica por asociación automática.
Etiquetas científicas y arbitrariedad
Los términos técnicos también son signos convencionales. La secuencia N400 abrevia una convención de los potenciales evocados (polaridad negativa y latencia cercana a 400 ms) y podría haber recibido otro nombre. Una vez establecida, designa un componente electrofisiológico definido por propiedades temporales, topográficas y funcionales. La etiqueta es convencional. Los criterios empíricos asociados no lo son en el mismo sentido.
Que el nombre de una categoría sea convencional no vuelve arbitraria la evidencia que la sostiene. Hidrógeno es una palabra histórica. La estructura atómica a la que refiere se investiga empíricamente. La convención lingüística y la realidad del objeto pertenecen a planos diferentes.
Una crítica que dice «las categorías son solo etiquetas» confunde la arbitrariedad del significante con la arbitrariedad de la clasificación. Una clasificación puede ser mejor o peor según su validez, fiabilidad y utilidad aunque sus nombres sean convencionales.
Inteligencia artificial y representación distribuida
Un modelo de lenguaje procesa secuencias de tokens cuyo formato depende de un algoritmo de segmentación. La unidad árbol puede aparecer como un token o dividirse en subunidades según el sistema. Esa segmentación es técnica y no coincide necesariamente con el signo lingüístico saussureano.
Los embeddings codifican patrones distribucionales aprendidos y no son significados saussureanos en sentido estricto. Pueden recoger regularidades que permiten al modelo usar una palabra de manera adecuada, aunque el marco teórico y la arquitectura son diferentes.
La comparación es útil para evitar dos errores. El primero consiste en identificar un token con una palabra o un significante humano. El segundo consiste en pensar que el significado se almacena en una coordenada fija. En los modelos contemporáneos, la representación depende de redes distribuidas y del contexto.
La tesis saussureana de que el valor depende de relaciones encuentra aquí una analogía funcional. Un vector obtiene gran parte de su utilidad por su posición respecto de otros vectores. La analogía no basta para demostrar que un embedding implemente la teoría de Saussure, aunque indica que las representaciones relacionales pueden producir propiedades semánticas sin asignar a cada unidad una definición aislada.
Límites de una lectura absoluta de Saussure
Tres correcciones son necesarias.
La primera afecta la arbitrariedad. La lingüística ha documentado iconicidad, simbolismo sonoro e ideófonos. El vínculo forma-contenido no es absolutamente arbitrario en todos los casos. La segunda afecta la concepción del significado. La referencia, la pragmática y la interacción muestran que una teoría del sistema no explica por sí sola cómo una expresión adquiere un referente concreto ni qué quiere comunicar un hablante en una situación. La tercera afecta la homogeneidad de la lengua. Las comunidades contienen variación social, dialectal, estilística y multilingüe. La idea de un sistema compartido sigue siendo útil y debe incorporar esa heterogeneidad.
Estas correcciones sitúan el aporte estructuralista sin eliminarlo. Saussure da una teoría de la identidad relacional de las unidades y de la convencionalidad del signo, pero no una teoría completa de toda significación.
Un análisis saussureano mínimo
Ante una unidad lingüística, el análisis comienza separando forma, contenido y referente. Luego pregunta qué oposición mantiene la forma con otras unidades y qué contraste semántico mantiene el contenido. Después se evalúa cuánto de la relación forma-contenido es convencional y cuánto está motivado por morfología, iconicidad, etimología u otras relaciones.
La siguiente pregunta se refiere a la estabilidad social, es decir, si la asociación es compartida por una comunidad o si varía por región, registro o grupo. Después se examina la historia, porque la relación puede haberse motivado en su origen y funcionar hoy como convencional.
Por último, se distingue el sistema del uso. El significado lingüístico abre posibilidades y una emisión concreta selecciona un referente, una fuerza y una interpretación mediante el contexto.
Este procedimiento impide usar arbitrariedad como explicación total. La palabra nombra una propiedad de la relación entre las caras del signo. El análisis todavía debe explicar cómo la unidad obtiene su identidad dentro del sistema.
Hacia el valor
La teoría del signo sería incompleta si significante y significado pudieran definirse de manera aislada. Para Saussure, la lengua carece de unidades positivas que se relacionen después de existir. Las unidades existen por diferencias. Una palabra vale porque se distingue de las demás y porque ocupa una posición específica dentro de una red de oposiciones. Esta tesis llevará a una formulación más fuerte, según la cual en la lengua solo hay diferencias sin términos positivos. El sonido, el concepto y la unidad gramatical adquieren identidad por contraste.
La lectura Valor y relaciones diferenciales examina ese concepto de valor.
Referencias
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