Saussure había propuesto que la lengua es un sistema de diferencias y que el signo lingüístico une un significante con un significado. Esa formulación transformó el estudio del lenguaje porque desplazó la atención desde las cosas aisladas hacia las relaciones. Louis Hjelmslev llevó el programa más lejos. Si el lenguaje debe analizarse como una estructura autónoma de dependencias, no basta distinguir sonido y concepto. Es necesario describir de manera simétrica los dos planos del signo y separar, en cada uno, la organización formal de la materia que esa organización recorta.
El resultado es una arquitectura exigente. El lenguaje posee un plano de la expresión y un plano del contenido, cada uno de los cuales puede analizarse en forma y sustancia. La relación entre ambos planos es la función semiótica. Ninguno de los dos existe, desde el punto de vista de la teoría, como una lista de sustancias previamente dadas que el lenguaje se limitaría a emparejar. Las lenguas organizan materiales sonoros, gráficos y conceptuales mediante formas propias.
Esta tesis vuelve más radical el principio saussureano del valor. La organización lingüística alcanza tanto las diferencias de expresión como las de contenido. El mundo no llega a las lenguas dividido en categorías universales a las que bastaría con asignar nombres distintos. Hjelmslev quería una teoría capaz de describir esa organización con la máxima generalidad posible y de extenderse, en principio, más allá de las lenguas naturales hacia otros sistemas de signos.
El Círculo de Copenhague y la glossemática
Louis Hjelmslev nació en 1899 y desarrolló su trabajo en el entorno del Círculo Lingüístico de Copenhague, fundado en 1931. Junto con Hans Jørgen Uldall elaboró un programa conocido como glossemática. Su texto más influyente, Omkring sprogteoriens grundlæggelse, apareció en danés en 1943 y fue traducido al inglés como Prolegomena to a Theory of Language (Hjelmslev, 1961).
La glossemática pretendía construir una teoría rigurosa y general del lenguaje. El nombre procede del griego glôssa ('lengua') y subraya que el objeto no debe reducirse a la fonética ni a la psicología de los hablantes. Hjelmslev buscaba una descripción inmanente, en la que la estructura debía explicarse mediante las dependencias internas del sistema antes de recurrir a causas psicológicas, sociológicas o físicas.
La palabra inmanente es importante. Una teoría inmanente reconoce que el lenguaje existe en la historia, en los cuerpos y en la sociedad, pero exige identificar primero las relaciones que forman el sistema. Preguntar por la fisiología de la articulación, por la biografía de un hablante o por el origen histórico de una forma puede ser legítimo, aunque ninguna de esas preguntas sustituye la descripción de cómo funciona esa forma dentro de la lengua.
Esta separación metodológica es comparable a la distinción entre sincronía y diacronía examinada en la lectura Sincronía, diacronía y transformación del sistema. Hjelmslev la lleva a un nivel mayor de abstracción. La teoría pretende describir una red de funciones que pueda realizarse en sustancias diferentes.
El principio empírico
Hjelmslev llamó principio empírico a una regla metodológica según la cual una descripción debe ser no contradictoria, exhaustiva y tan simple como sea posible. El término puede resultar engañoso para un lector contemporáneo, que podría entenderlo como un empirismo basado únicamente en observación inductiva. En Hjelmslev designa condiciones de adecuación de la teoría.
La no contradicción exige que las categorías y reglas sean compatibles entre sí y la exhaustividad, que el análisis dé cuenta de los elementos pertinentes del objeto. La simplicidad obliga a preferir, entre descripciones igualmente adecuadas, la organización menos compleja.
El orden de las tres exigencias establece una jerarquía. La simplicidad no autoriza a ignorar datos. Una teoría que explica solo la mitad de un sistema con tres reglas no es superior a una teoría algo más compleja que explica el conjunto. La economía teórica opera después de la coherencia y de la cobertura.
Esta preocupación anticipa criterios contemporáneos de modelización. Un buen modelo debe ser coherente, cubrir los datos relevantes y evitar complejidad innecesaria. Hjelmslev formula el problema en el marco de una teoría estructural, ajena a la estadística actual, aunque la intuición metodológica sigue siendo reconocible.
Análisis como red de dependencias
Para Hjelmslev, analizar consiste en describir dependencias. Una totalidad se descompone en componentes y se determina qué relaciones mantienen esos componentes. Las unidades no tienen prioridad sobre las relaciones. La teoría intenta mostrar qué elementos se presuponen mutuamente, cuáles dependen de otros y cuáles pueden aparecer con mayor independencia.
Esta orientación continúa la tesis de la lectura Distribución, conmutación y unidades, según la cual una unidad se identifica por su comportamiento dentro del sistema. Hjelmslev formaliza esa idea mediante el concepto general de función. Una función es una dependencia entre dos términos, llamados funtivos. La terminología es deliberadamente abstracta para poder aplicarse a distintos niveles.
La ventaja de este vocabulario es su generalidad. La desventaja es que puede alejarse con rapidez de la experiencia lingüística ordinaria. Una buena lectura de Hjelmslev debe traducir constantemente la formalización a ejemplos concretos. De otro modo, palabras como función, funtivo, forma o sustancia corren el riesgo de convertirse en un sistema terminológico que solo se explica a sí mismo.
Los planos de la expresión y del contenido
La primera distinción de la teoría separa el plano de la expresión del plano del contenido. La expresión corresponde al lado mediante el cual un signo se manifiesta. El contenido corresponde al lado de aquello que el sistema organiza como significado. La diferencia recuerda a la pareja saussureana significante/significado, aunque Hjelmslev intenta formularla con mayor generalidad. El plano de la expresión no se identifica con el sonido, puesto que una lengua puede expresarse oralmente, escribirse o representarse mediante otros medios. El contenido, por su parte, es un plano estructurado dentro de la función semiótica y no se identifica con objetos del mundo ni con imágenes mentales privadas.
Considérese la palabra española perro. En la modalidad oral existe una realización acústica y en la escritura aparece una secuencia gráfica. Ambas pertenecen a sustancias de expresión diferentes. La lengua permite reconocerlas como realizaciones de una misma unidad en virtud de una organización formal. Del lado del contenido, perro participa en relaciones con animal, gato, cachorro, lobo y muchas otras palabras. Su contenido no es simplemente una imagen individual de un perro.
La relación entre expresión y contenido es una función de signo. Un signo existe porque una forma de expresión y una forma de contenido se presuponen dentro del sistema. Hjelmslev rechaza así una concepción del signo como una cosa material que porta un significado añadido desde fuera.
La función semiótica
La función semiótica une los planos de expresión y contenido. Ninguno de ellos es un plano semiótico por sí solo. Una diferencia acústica se vuelve lingüísticamente pertinente cuando participa en la organización del plano de la expresión y se relaciona con diferencias del contenido. Una distinción conceptual se vuelve parte de una lengua cuando está articulada mediante recursos del sistema.
La relación no exige que exista una correspondencia uno a uno entre unidades de ambos planos. Un morfema puede tener varias realizaciones, una misma forma puede ser ambigua y un contenido puede expresarse mediante una construcción compleja. La arquitectura semiótica no es una tabla en la que cada significante tiene un único significado.
Esa ausencia de isomorfismo simple es central. El lenguaje puede tener más distinciones en un plano que en otro, distribuir de modo diferente las unidades y permitir relaciones de muchos a uno o de uno a muchos. La función semiótica conecta dos organizaciones que no se reducen a dos inventarios paralelos.
Forma y sustancia
La segunda distinción separa forma y sustancia. En cada plano existe una organización formal y una realización sustancial. La forma corresponde a las relaciones que el sistema establece. La sustancia corresponde al material ya organizado por esa forma.
En el plano de la expresión, la sustancia puede ser fónica, gráfica, gestual u otra, según el sistema. En una lengua oral, las ondas acústicas y los gestos articulatorios proporcionan material para la expresión. La lengua no reproduce todas las diferencias físicas posibles. Selecciona y organiza algunas como pertinentes. La forma de la expresión es ese sistema de oposiciones y combinaciones.
En el plano del contenido ocurre algo análogo. La experiencia humana tiene un continuo potencial de distinciones. Cada lengua lo organiza mediante categorías propias. La forma del contenido determina qué diferencias son lingüísticamente pertinentes. La sustancia del contenido es el material conceptual o semántico tal como ha sido organizado por esa forma. Esta simetría es uno de los rasgos más originales de Hjelmslev, para quien hay forma tanto del lado de los sonidos como del lado de las ideas.
Materia o continuum
Hjelmslev utiliza además una noción traducida de diversas maneras como materia, sentido o purport. Se refiere al continuo todavía no organizado por una forma semiótica. La traducción es difícil porque el término no coincide con el significado lingüístico ya estructurado.
Puede pensarse en el espectro cromático. Físicamente existe una variación continua de longitudes de onda. Las lenguas no necesariamente recortan ese continuo con las mismas categorías. Una puede distinguir mediante términos básicos regiones que otra agrupa bajo una sola palabra. La materia perceptiva no contiene por sí misma las fronteras léxicas. Las lenguas imponen formas de contenido diferentes sobre un campo de experiencia.
Las categorías lingüísticas no pueden deducirse únicamente de la continuidad física, aunque la lengua no cree la percepción desde cero y los límites biológicos sigan siendo pertinentes.
Algo equivalente ocurre con la expresión. El aparato vocal puede producir un número enorme de sonidos posibles. Cada lengua selecciona ciertas diferencias y las organiza en un sistema fonológico. La materia fónica es un continuo de posibilidades en el que la forma de la expresión recorta oposiciones funcionales. La sustancia de expresión es la realización concreta de esas categorías en un medio.
Una matriz de cuatro posiciones
La arquitectura puede resumirse en la tabla conceptual siguiente.
| Forma | Sustancia | |
|---|---|---|
| Expresión | oposiciones y relaciones que organizan la expresión | realizaciones fónicas, gráficas o gestuales |
| Contenido | categorías y relaciones que organizan el contenido | contenido experiencial ya articulado por el sistema |
La tabla es útil, aunque puede inducir a error si se toma de manera demasiado material. La sustancia del contenido no es una «cosa» que pueda separarse físicamente de la forma. La distinción es analítica y permite comparar la organización que impone un sistema con el material que esa organización hace pertinente.
La expresión tampoco coincide con la señal bruta. Un archivo de audio contiene una cantidad enorme de variación acústica, de la que solo una parte cuenta para las oposiciones lingüísticas. El plano de la expresión comienza cuando ese material es estructurado.
Un ejemplo fonológico
Supóngase que dos hablantes pronuncian /s/ con diferencias acústicas apreciables. Un espectrograma puede mostrar variaciones de duración, intensidad y distribución de energía. Si esas diferencias no distinguen unidades en la lengua, pertenecen a la variación de la sustancia de expresión sin llegar a ser una diferencia de forma.
En cambio, la oposición entre /s/ y /t/ participa en contrastes como casa frente a cata. Allí la forma de la expresión establece dos categorías distintas. Las realizaciones concretas pueden variar entre hablantes y contextos sin destruir la oposición.
La distinción ayuda a comprender por qué la fonología no se reduce a la acústica. La física describe la señal. La lingüística describe qué diferencias del material son funcionales dentro del sistema. Los dos niveles se necesitan para una explicación completa y no son intercambiables.
Un ejemplo en el contenido
Considérese la manera en que distintas lenguas organizan relaciones de parentesco. El mundo social contiene genealogías, edades, sexos, alianzas y roles. Las lenguas seleccionan diferentes dimensiones para lexicalizar esas relaciones. Una lengua puede usar una misma palabra para ciertos parientes que otra distingue mediante términos diferentes.
No se sigue que los hablantes sean incapaces de percibir una relación para la que su lengua carece de una palabra simple. La tesis es estructural y afirma que el plano del contenido de cada lengua establece oposiciones lexicalizadas distintas. La sustancia experiencial puede ser comparable mientras la forma de contenido difiere. El análisis evita dos extremos, el de suponer que todas las categorías están determinadas de manera universal antes del lenguaje y el de creer que el lenguaje fabrica sin restricciones la realidad social o perceptiva. Hjelmslev estudia cómo un sistema semiótico articula un continuo mediante oposiciones propias.
De Saussure a Hjelmslev
Saussure había distinguido significante y significado y había insistido en que la lengua es forma, no sustancia. Hjelmslev convierte esa intuición en una arquitectura explícitamente simétrica. El significante saussureano se generaliza como plano de la expresión y el significado, como plano del contenido. En ambos lados se introduce la oposición entre forma y sustancia.
La radicalización resuelve una ambigüedad frecuente. Cuando se dice que una lengua tiene «forma», puede parecer que solo su gramática está estructurada mientras el significado llega ya dividido desde fuera. Hjelmslev niega esa asimetría y atribuye al contenido una forma propia.
De ello se sigue una consecuencia para la semiótica. Si cualquier sistema de signos organiza un plano de expresión y un plano de contenido, la teoría no depende necesariamente de la sustancia sonora y puede aplicarse, en principio, a imágenes, señales gráficas, gestos y otros sistemas. La expansión debe justificarse caso por caso, pero la arquitectura la hace posible.
Invariantes y variantes
La distinción entre forma y sustancia se conecta con la conmutación de la lectura Distribución, conmutación y unidades. Una invariante es una unidad cuya sustitución por otra produce una diferencia funcional. Una variante puede cambiar sin producir una conmutación pertinente.
En fonología, dos realizaciones condicionadas de un fonema pueden considerarse variantes. En otros niveles, una misma unidad puede admitir realizaciones alternativas. La teoría busca abstraer la estructura que permanece a través de esas variaciones. Esa abstracción ordena el material sin eliminarlo. Dos realizaciones pueden pertenecer a la misma invariante porque el sistema no las usa para establecer un contraste. Si una comunidad empieza a usar la diferencia para distinguir contenidos, el estatuto estructural puede cambiar. La frontera entre variante e invariante depende del funcionamiento del sistema y es independiente de cualquier distancia física fija.
Forma de contenido y semántica estructural
La forma del contenido abre una ruta hacia la semántica estructural. Si las categorías semánticas se definen por oposiciones, pueden analizarse mediante rasgos y relaciones. Un campo léxico como el de parentesco puede describirse mediante dimensiones como generación, línea, sexo o vínculo. El objetivo es mostrar que el contenido tiene organización interna, sin afirmar por ello que todos los significados se reduzcan a unos pocos rasgos universales.
Este programa influyó en el análisis componencial, en la semántica estructural europea y en autores posteriores como Greimas. También influyó en la semiología de Barthes. La idea de que el contenido posee una forma permite tratar la significación como una red de diferencias entre conceptos, que dejan de verse como elementos aislados.
La dificultad aparece cuando el contenido depende del contexto, de la inferencia, de la experiencia enciclopédica o de la práctica social. Una teoría exclusivamente estructural puede describir oposiciones y no explicar cómo los hablantes interpretan expresiones en situaciones concretas. Las lecturas anteriores mostraron precisamente la importancia del contexto, la intención y la inferencia. Hjelmslev propone una arquitectura del sistema que deja fuera una pragmática completa.
Sustancia de expresión y cambio de medio
Una misma estructura lingüística puede trasladarse entre sustancias. La oración Marta llegó puede pronunciarse, escribirse, aparecer en braille o codificarse digitalmente. Los medios son distintos, pero conservan suficiente estructura para que reconozcamos la misma secuencia lingüística.
Esta posibilidad apoya la autonomía relativa de la forma. Si la lengua fuera idéntica a una sustancia acústica particular, la escritura sería otro sistema completamente diferente sin continuidad lingüística. Hjelmslev permite explicar que una misma forma pueda realizarse en sustancias distintas.
La transferencia nunca es perfecta. La escritura pierde prosodia y agrega puntuación. El braille introduce restricciones táctiles y el chat permite emojis y temporalidades propias. Por eso no debe entenderse la forma como una entidad completamente independiente de cualquier realización. La tesis es metodológica y sostiene que la estructura no se identifica con una sustancia particular.
La multimodalidad contemporánea complica todavía más esta relación. Una página combina texto, imagen, tipografía y espacio. Allí puede ser necesario describir varios sistemas parcialmente coordinados, un problema que aparecerá en las lecturas Fundamentos de semiótica visual a Métodos para analizar textos multimodales.
Denotación, connotación y metasemiótica
Hjelmslev elaboró una extensión de su modelo. Un sistema semiótico puede convertirse, completo, en uno de los planos de otro sistema. Esta idea permite distinguir semióticas denotativas, connotativas y metasemióticas.
En una semiótica denotativa, la relación básica conecta expresión y contenido. En una semiótica connotativa, una semiótica completa es el plano de expresión de otra significación. Una manera de hablar puede, por ejemplo, comunicar un contenido literal y, al mismo tiempo, indicar procedencia social, formalidad, ironía o pertenencia a un grupo. La expresión lingüística completa se vuelve portadora de un segundo contenido.
Barthes desarrollará esta arquitectura para analizar mito, moda y cultura de masas. En el esquema de la connotación, un signo de primer nivel puede convertirse en significante de un sistema de segundo nivel (Barthes, 1964). La genealogía pasa por Hjelmslev, aunque las teorías no deben identificarse.
La metasemiótica invierte la relación. Allí una semiótica es el contenido de otra. La lingüística que describe una lengua es un caso intuitivo. En ella usamos un lenguaje para hablar de otro lenguaje. La teoría del lenguaje contiene así un problema reflexivo, porque el instrumento descriptivo es también un sistema semiótico.
Un diagnóstico médico como sistema de segundo orden
Considérese la expresión trastorno depresivo mayor escrita en una historia clínica. En un primer nivel, la secuencia gráfica expresa una categoría clínica. Esa categoría está definida por convenciones diagnósticas, criterios, prácticas y literatura especializada. En un segundo nivel, la presencia de la etiqueta en ese registro puede adquirir otros contenidos institucionales. Puede activar una ruta administrativa, justificar una licencia, orientar decisiones o modificar cómo otros profesionales leen el caso.
No todo ese segundo nivel es connotación en el sentido técnico de Hjelmslev. El ejemplo sirve para mostrar que un signo puede insertarse en sistemas superiores donde adquiere funciones adicionales. El analista debe distinguir el contenido clínico de los efectos institucionales y sociales de su inscripción.
La distinción es especialmente importante cuando una etiqueta se trata como si agotara la experiencia. La forma diagnóstica organiza un contenido según un sistema profesional. No sustituye la totalidad de la experiencia del paciente ni demuestra por sí misma una etiología.
La relación entre forma y materia no es arbitraria en todos los sentidos
El énfasis de Hjelmslev en la autonomía de la forma puede interpretarse de manera excesiva. Una lengua no puede organizar cualquier materia de cualquier manera. La percepción humana, la articulación, la memoria, la cognición, la historia y la interacción imponen restricciones. La teoría glossemática abstrae esas condiciones para describir la estructura interna.
La abstracción es útil mientras no se confunda con una afirmación causal. Decir que la oposición /p/-/b/ puede describirse formalmente sin explicar la fisiología de la voz equivale a reconocer que las preguntas son distintas. La fonología sigue necesitando hablantes y órganos articulatorios.
La lingüística contemporánea combina niveles. Puede estudiar la estructura fonológica, el procesamiento perceptivo, la variación sociolingüística y el cambio histórico. Hjelmslev recuerda que ninguna de esas explicaciones debe borrar el nivel formal. Su límite aparece si se pretende convertir el nivel formal en la única explicación legítima.
Más allá del lenguaje verbal
La arquitectura de expresión y contenido facilitó la expansión del estructuralismo hacia la semiótica. Una señal de tránsito posee una sustancia visual, una organización formal y un contenido convencional. Un uniforme puede ser la expresión de un rol institucional. Una secuencia cinematográfica organiza imágenes y sonidos para construir contenidos narrativos.
La transferencia necesita cautela. Las lenguas naturales tienen propiedades que otros sistemas no comparten, como la productividad extrema, la sintaxis recursiva, la morfología, la capacidad metalingüística y la adquisición espontánea en comunidades. Aplicar a una fotografía las mismas unidades que a una oración puede producir un análisis artificial.
La contribución de Hjelmslev está en proporcionar una arquitectura suficientemente abstracta para preguntar por planos, dependencias, formas y sustancias en sistemas distintos. Esa arquitectura no demuestra que todo sistema de signos tenga exactamente la estructura de una lengua.
El precio de la abstracción
La glossemática es una de las teorías más abstractas de la lingüística estructural. Esa abstracción da precisión terminológica y permite comparar sistemas sin quedar atrapado en una sustancia particular. También tiene costos.
El primero es descriptivo. Una teoría muy general puede alejarse de los detalles de las lenguas concretas. El segundo es cognitivo, ya que la descripción de funciones internas no explica cómo los hablantes procesan, aprenden o representan el sistema. El tercero es pragmático. El contexto, las intenciones y la interacción reciben un tratamiento insuficiente. El cuarto es histórico y social. Una descripción inmanente puede dejar en segundo plano el modo en que las instituciones, los conflictos y los cambios sociales reorganizan los signos.
Estas limitaciones indican el alcance de la teoría sin invalidar la distinción entre forma y sustancia.
Separar variable y realización en la investigación científica
La oposición entre forma y sustancia puede trasladarse con cautela a la metodología científica. Un constructo no se identifica con una única medición. La depresión, la memoria de trabajo o la cohesión discursiva pueden operacionalizarse mediante instrumentos diferentes. La variable teórica mantiene una relación con sus realizaciones empíricas sin ser idéntica a ninguna de ellas.
La analogía tiene límites, ya que una variable científica no es una forma hjelmsleviana. Aun así, la distinción ayuda a evitar la reificación de un instrumento. Obtener 18 puntos en una escala no equivale a afirmar que la depresión «es» ese número. El puntaje es una realización dentro de un sistema de medición.
El mismo principio vale para los datos lingüísticos. Una categoría fonológica no es idéntica a una frecuencia acústica particular ni una categoría narrativa a una frase. La teoría y la medición deben conectarse sin que una se reduzca a la otra.
Palabras, categorías y experiencia en la entrevista clínica
Un paciente puede decir Tengo un vacío por dentro. La expresión posee una forma lingüística y organiza una experiencia. El clínico puede interpretar esa experiencia como tristeza, anhedonia, despersonalización, soledad o una metáfora corporal. Ninguna equivalencia es automática.
La distinción entre forma y sustancia del contenido ayuda a recordar que la experiencia no llega a la entrevista ya segmentada en categorías diagnósticas. El lenguaje del paciente organiza una parte de ella. El lenguaje clínico vuelve a organizarla mediante otras categorías. Traducir una expresión a una etiqueta profesional implica una operación semiótica adicional. Una nota rigurosa puede conservar ambas capas, como en Refiere «vacío por dentro», que describe como ausencia persistente de interés y disfrute. La documentación distingue la expresión original de la paráfrasis clínica. El análisis no necesita adoptar toda la ontología de Hjelmslev para beneficiarse de la disciplina de separar niveles.
Tokens, representaciones y contenido en los modelos de lenguaje
Los modelos de lenguaje procesan secuencias de tokens. Esos tokens pertenecen a una forma computacional de expresión y no coinciden necesariamente con palabras ni morfemas. El texto de entrada se transforma después en vectores internos cuya estructura depende del entrenamiento.
Una analogía superficial con Hjelmslev diría que una misma secuencia lingüística puede realizarse como caracteres, tokens o señales acústicas y mantener relaciones formales. La analogía se vuelve peligrosa si se afirma que los vectores internos son automáticamente un plano de contenido en el sentido semiótico. Un vector es un estado computacional. Determinar qué contenido representa requiere evidencia adicional.
El marco de Hjelmslev sí ayuda a formular una pregunta útil, la de qué diferencias del material de entrada conserva el sistema como pertinentes y cuáles descarta. Una tokenización puede ignorar límites morfológicos y conservar regularidades estadísticas. Una representación contextual puede acercar expresiones que aparecen en entornos similares. El sistema construye una organización interna de la expresión que no coincide necesariamente con las categorías lingüísticas tradicionales.
También resulta útil para pensar la multimodalidad. Un modelo puede recibir texto, audio e imágenes. Es tentador decir que las tres sustancias expresan un mismo contenido, pero cada modalidad preserva y pierde información distinta. La integración multimodal exige aprender correspondencias entre estructuras y no se reduce a traducir una sustancia neutra a otra.
La señal roja del semáforo
Una luz roja en un semáforo es un ejemplo sencillo. La materia física incluye una distribución continua de longitudes de onda, intensidades y condiciones de iluminación. El sistema selecciona una región reconocible como rojo. Esa selección pertenece a la organización de la expresión.
La sustancia de expresión es la realización luminosa concreta. La forma de expresión incluye la oposición entre rojo, amarillo y verde y su posición dentro del dispositivo. Del lado del contenido, las categorías corresponden a instrucciones y estados convencionales como detenerse, prepararse o avanzar. La forma del contenido organiza esas posibilidades dentro del código de tránsito.
La relación entre rojo y detenerse es convencional en el sistema. Cambiar ligeramente la intensidad sin abandonar la categoría puede no cambiar el contenido. Sustituir el rojo por verde sí produce una conmutación, porque cambia el contenido. El ejemplo reúne los conceptos de la lectura Distribución, conmutación y unidades con la arquitectura de Hjelmslev. Es también un caso límite, porque cada color corresponde a un único contenido y cada contenido a un único color. Hjelmslev llama conformes a esos planos y considera que un sistema con planos conformes es un sistema simbólico, distinto de una semiótica biplanar como la lengua (Hjelmslev, 1961).
La comparación tiene un límite. Un semáforo es un código pequeño y cerrado. Una lengua natural es productiva, ambigua, histórica y capaz de hablar sobre sí misma. La misma teoría puede dar categorías para ambos sistemas sin borrar sus diferencias.
Hjelmslev ante Saussure, Peirce y la pragmática
La comparación con Saussure es directa. Ambos conciben el signo relacionalmente y rechazan identificar la lengua con una nomenclatura. Hjelmslev añade una arquitectura más formal y simétrica entre expresión y contenido.
El caso de Peirce es distinto. Peirce concibe el signo de manera triádica, mediante relaciones entre representamen, objeto e interpretante. Hjelmslev trabaja con una función entre expresión y contenido dentro de un sistema, en la que el objeto externo y el proceso interpretativo no ocupan el mismo lugar estructural. Las lecturas Arquitectura general de la semiótica de Charles S. Peirce a Alcances, límites y malentendidos del Peirce contemporáneo mostrarán que la teoría peirceana pregunta por la semiosis de un modo diferente.
La pragmática estudiada en las lecturas anteriores introduce otra tensión. Grice, Austin, Roberts o Clark estudian intenciones, acciones, agendas y coordinación. Hjelmslev abstrae buena parte de esas dimensiones para aislar la estructura semiótica. Las perspectivas no son rivales directas porque responden a preguntas distintas. Una descripción completa del lenguaje necesita explicar cómo se organiza un sistema y cómo los participantes lo usan.
Qué conservar de Hjelmslev
Hjelmslev dejó un vocabulario difícil y varias intuiciones teóricas. Entre ellas están la idea de que la expresión y el contenido son planos estructurados en los que forma y sustancia deben distinguirse, la dependencia de las unidades respecto de funciones y oposiciones, la posibilidad de abstraer una teoría semiótica de una sustancia particular y la superposición de sistemas en niveles de denotación, connotación y metalenguaje.
La tradición estructural europea no siguió un único camino. Mientras Copenhague buscaba una formalización muy abstracta, el Círculo de Praga desarrolló un estructuralismo más funcional, atento a la oposición, la marcación y las tareas comunicativas de las unidades. La lectura Función, oposición y marcación en el Círculo de Praga examina ese contraste.
Referencias
Barthes, R. (1964). Éléments de sémiologie. Communications, 4, 91–135.
Eco, U. (1976). A theory of semiotics. Indiana University Press.
Fischer-Jørgensen, E. (1975). Trends in phonological theory: A historical introduction. Akademisk Forlag.
Hjelmslev, L. (1961). Prolegomena to a theory of language (F. J. Whitfield, Trad.). University of Wisconsin Press. (Obra original publicada en 1943)
Hjelmslev, L. (1970). Language: An introduction. University of Wisconsin Press.
Nöth, W. (1990). Handbook of semiotics. Indiana University Press.
Saussure, F. de. (1916). Cours de linguistique générale. Payot.
Siertsema, B. (1965). A study of glossematics: Critical survey of its fundamental concepts (2.ª ed.). Martinus Nijhoff.