Semiótica y multimodalidad

Arquitectura general de la semiótica de Charles S. Peirce

Para orientarte: Saussure y Peirce: dos programas para pensar el signo, Fuentes, problemas y objeto de estudio, Críticas y transformaciones posestructuralistas.

Ver secciones del texto
  1. Charles Sanders Peirce
  2. Semiótica, semeiotic y lógica
  3. Primeridad, segundidad y terceridad
  4. Por qué la semiosis es triádica
  5. Signo y representamen
  6. El objeto entra en la teoría
  7. El interpretante entra en la teoría
  8. El interpretante como signo ulterior
  9. Representar bajo un aspecto
  10. Iconicidad, indicialidad y simbolicidad
  11. Qualisign, sinsign y legisign
  12. Rheme, dicent y argumento
  13. Tres tricotomías y diez clases
  14. Semiosis y temporalidad
  15. Falibilismo
  16. La máxima pragmática
  17. Hábito
  18. Abducción, deducción e inducción
  19. Comunidad de investigación y objetividad
  20. Semiosis e investigación como un mismo continuo
  21. Dos preguntas distintas en Peirce y Saussure
  22. Un mapa como ejemplo general
  23. Signo clínico y síntoma
  24. Los datos científicos como signos
  25. Inteligencia artificial y semiosis
  26. Qué define la arquitectura peirceana
  27. Referencias

DESARROLLO COMPLETO · BIBLIOGRAFÍA INCLUIDA

Las lecturas anteriores siguieron principalmente la tradición que parte de Saussure, con el signo lingüístico como articulación de significante y significado, el valor diferencial, la estructura, las oposiciones y las extensiones del estructuralismo hacia la cultura. El punto de partida de Charles Sanders Peirce es distinto. Su pregunta fue ante todo cómo algo puede representar otra cosa y participar en un proceso de interpretación. Cómo se organiza una lengua quedó en segundo plano.

Esta diferencia cambia la arquitectura completa. En Peirce, el signo no se entiende de manera suficiente como una unidad que une dos caras. La semiosis es irreductiblemente triádica. En ella intervienen signo, objeto e interpretante. El objeto no queda fuera del modelo y la interpretación no es una operación posterior que un observador añade desde el exterior. Ambos forman parte de la relación semiótica.

La teoría peirceana es además más amplia que una teoría lingüística. Una palabra puede ser signo, pero también una fotografía, un diagrama, una huella, una fiebre, un gesto, un mapa, una fórmula, una señal de tránsito o un razonamiento completo. Lo que permite tratarlos semióticamente es la función que desempeñan dentro de una relación de representación, con independencia de su sustancia.

Peirce desarrolló esta teoría durante varias décadas y modificó repetidamente su terminología y sus clasificaciones. Por eso, antes de memorizar una tabla de tipos de signos, conviene reconstruir la arquitectura filosófica que hace posibles esas clasificaciones, es decir, las categorías de primeridad, segundidad y terceridad, la relación triádica, el vínculo entre signo e inferencia, el papel de los hábitos y el lugar de la semiótica dentro de una teoría más amplia de la investigación.

Charles Sanders Peirce

Charles Sanders Peirce nació en Cambridge, Massachusetts, en 1839 y murió en 1914. Fue hijo del matemático Benjamin Peirce y recibió una formación extraordinariamente amplia. Trabajó en lógica, matemáticas, filosofía, geodesia, astronomía, metrología y metodología científica. Durante décadas estuvo vinculado a la United States Coast Survey, donde realizó investigaciones empíricas de precisión, entre ellas trabajos sobre gravitación y medición.

Esta trayectoria importa porque el pensamiento de Peirce surgió en estrecha relación con la lógica, la investigación científica y la filosofía de la representación. Peirce no elaboró su semiótica como una teoría literaria de los signos. El signo era para él una pieza de una pregunta mayor acerca de cómo conocemos, inferimos, corregimos errores y avanzamos desde la duda hacia creencias más estables.

Su obra tiene una dificultad editorial considerable. Peirce publicó artículos importantes, pero dejó una cantidad enorme de manuscritos. Después de su muerte, sus textos fueron organizados en colecciones como los Collected Papers y, más tarde, los Essential Peirce. La numeración de los Collected Papers se cita habitualmente con la abreviatura CP seguida del volumen y el párrafo, por ejemplo CP 2.228.

Esta situación explica parte de los desacuerdos interpretativos. Una definición de 1867 no debe tratarse automáticamente como idéntica a una formulación de 1907. Peirce revisó sus categorías, amplió sus taxonomías y cambió algunos términos. Una presentación rigurosa debe buscar continuidades sin fingir una doctrina estática.

Semiótica, semeiotic y lógica

Peirce utilizó formas como semeiotic para referirse a una teoría general de los signos. En varios momentos identificó la lógica, entendida en sentido amplio, con la teoría de los signos (CP 2.227). La afirmación puede sorprender si se asocia la lógica únicamente con silogismos o cálculo formal.

Para Peirce, razonar implica signos. Una inferencia parte de signos, transforma relaciones entre ellos y produce nuevos signos. Por eso estudiar la validez del razonamiento exige comprender cómo funcionan los signos.

En una clasificación madura de las ciencias normativas, Peirce distinguió estética, ética y lógica. La estética estudia aquello que puede ser admirable en sí mismo; la ética estudia la conducta deliberada orientada hacia fines; la lógica estudia la conducta del pensamiento orientada hacia la verdad. En sentido amplio, esa lógica coincide con la semiótica, porque todo pensamiento deliberado opera mediante signos.

No conviene derivar de aquí que todo fenómeno humano sea reducible a lógica. La tesis es más precisa. La representación y la inferencia pertenecen al dominio de los signos, por lo que una teoría de la razón necesita una teoría semiótica.

Primeridad, segundidad y terceridad

La arquitectura peirceana se apoya en tres categorías extremadamente generales, que Peirce llamó primeridad, segundidad y terceridad. Las presentó por primera vez, con otros nombres, en «On a New List of Categories» (1867; CP 1.545–559) y las reelaboró después en su fenomenología o faneroscopía. Con ellas organizó muchas de sus clasificaciones semióticas.

La primeridad corresponde, de manera aproximada, a cualidad, posibilidad y modo de ser considerado sin referencia necesaria a otra cosa. Un ejemplo pedagógico es el rojo como cualidad posible, antes de afirmar que un objeto determinado es rojo. La segundidad corresponde a hecho, reacción, choque y relación efectiva entre dos términos. Una puerta que resiste al empujarla, un impacto, una existencia que se impone o una relación factual entre dos eventos ejemplifican esta dimensión. La terceridad corresponde a mediación, ley, hábito, regla y generalidad. Una convención lingüística que relaciona una palabra con ciertas interpretaciones, una regularidad que permite predecir o una inferencia que conecta premisas y conclusión pertenecen a este dominio.

Las categorías no designan tres tipos de cosas mutuamente excluyentes. Un mismo fenómeno puede tener dimensiones de primeridad, segundidad y terceridad. Una señal roja posee una cualidad sensible, existe en una situación concreta y funciona mediante una convención general.

La importancia semiótica aparece en la terceridad. Un signo media entre objeto e interpretante. Esa mediación excede la conexión física entre dos elementos e involucra una regla, un hábito o una posibilidad de interpretación.

Por qué la semiosis es triádica

Peirce sostiene que la relación semiótica no puede descomponerse sin pérdida en las dos relaciones independientes signo-objeto y signo-interpretante. Un signo representa un objeto para un interpretante y el interpretante se determina precisamente como interpretación de ese signo respecto de ese objeto.

Considérese una huella en el barro. La conexión física entre la huella y el animal puede describirse causalmente, aunque esa conexión diádica no basta todavía para dar cuenta de toda la semiosis. La huella funciona como signo cuando puede determinar un interpretante, por ejemplo, que un animal pasó por allí.

La persona concreta que observa la huella es un posible intérprete y no es uno de los tres términos en el sentido técnico. El interpretante es el efecto semiótico o el signo ulterior mediante el cual la relación se desarrolla.

La tríada tampoco implica que todo signo necesite tres objetos físicos presentes. El objeto puede no estar delante del intérprete. Una palabra puede referirse a Napoleón, a un número, a una posibilidad o a un personaje ficticio dentro de determinadas prácticas semióticas. La teoría es relacional y no describe tres cosas alineadas en el espacio.

Signo y representamen

En algunas formulaciones Peirce utiliza representamen para designar aquello que ocupa la función de signo. En presentaciones introductorias ambos términos suelen tratarse como sinónimos. Esa equivalencia es útil como primera aproximación, aunque no debe proyectarse sobre toda la evolución de su obra.

Según una definición célebre de Peirce, que aquí se parafrasea, un signo o representamen es algo que está para alguien por algo en algún respecto o capacidad y que crea en esa persona un signo equivalente o quizá más desarrollado, llamado interpretante (CP 2.228). La formulación contiene casi toda la arquitectura básica, aunque cada parte necesita cuidado.

Que el signo esté por algo quiere decir que lo representa, sin sustituirlo materialmente. Un mapa no ocupa el lugar físico de una ciudad y una palabra no reemplaza un objeto.

Decir que representa bajo algún respecto es igualmente importante. Ningún signo representa necesariamente todos los aspectos de su objeto. Un mapa del metro representa conexiones y estaciones y deja fuera el color de cada edificio. Una fotografía clínica puede mostrar una lesión sin representar toda la historia del paciente.

El signo es, por tanto, selectivo. Representar es representar algo como algo o bajo ciertas determinaciones.

El objeto entra en la teoría

Una diferencia importante respecto del esquema saussureano es que el objeto forma parte explícita de la relación semiótica. Saussure estudia el signo lingüístico como relación entre significante y significado dentro de la lengua. Peirce pregunta además por aquello que el signo representa.

Esto no convierte su teoría en un referencialismo simple. El objeto excede la idea de una cosa externa a la que una etiqueta apunta. Peirce distinguirá, en formulaciones maduras, objeto inmediato y objeto dinámico, distinción que ocupará la lectura Objeto inmediato y objeto dinámico.

Por ahora basta con retener que el signo está constreñido por aquello que representa. Un mapa de Santiago puede ser correcto o incorrecto porque pretende representar una ciudad y sus relaciones espaciales.

La teoría debe dar cabida a la posibilidad de error. Si el signo solo pudiera funcionar cuando representa perfectamente, no podríamos explicar mapas defectuosos, testimonios falsos ni teorías científicas equivocadas. Una representación puede ser semióticamente genuina y epistemológicamente incorrecta.

El interpretante entra en la teoría

El tercer término es el interpretante. Es uno de los conceptos más importantes y peor simplificados de Peirce.

El interpretante es aquello que el signo determina como desarrollo de su relación con el objeto. No debe confundirse con la persona que interpreta ni identificarse necesariamente con una imagen mental privada.

Si una columna de humo funciona como signo de combustión, un interpretante puede ser la comprensión de que hay fuego, una inferencia sobre su localización o una disposición a investigar. Peirce desarrolló varios tipos de interpretantes para distinguir dimensiones posibles, efectivas y normativas del proceso. Esa clasificación será objeto específico de la lectura Interpretante inmediato, dinámico y final.

La idea central es que el signo produce o determina otro momento de significación. La semiosis se despliega mediante interpretaciones y va más allá de una asociación estática entre signo y objeto.

El interpretante como signo ulterior

Una manera útil de comprender la idea consiste en pensar que el interpretante puede funcionar a su vez como signo. La palabra fuego puede generar la interpretación hay combustión. Esa interpretación puede conducir a debo evacuar, que organiza una acción posterior.

Cada etapa puede convertirse en punto de partida para otra semiosis. De aquí proviene la idea de semiosis potencialmente ilimitada, que la lectura Semiosis ilimitada y hábito interpretativo desarrollará con más precisión.

La cadena no obliga a una persona a ejecutar conscientemente infinitas interpretaciones. El proceso puede detenerse operativamente cuando se forma un hábito, se ejecuta una acción o se satisface la tarea. Lo ilimitado describe una propiedad lógica de la posibilidad de reinterpretación y nada dice de una regresión psicológica interminable.

Representar bajo un aspecto

Peirce utiliza en definiciones tempranas la noción de ground o fundamento para referirse al respecto en virtud del cual el signo representa. La terminología evolucionó y el fundamento no debe transformarse en una cuarta pieza fija junto a signo, objeto e interpretante.

La intuición sigue siendo importante. Un retrato representa a una persona por ciertos rasgos visuales, una palabra lo hace mediante hábitos convencionales y una veleta representa la dirección del viento por conexión física. La relación semiótica siempre tiene una modalidad. Nada representa otra cosa en todos sus aspectos posibles.

Esto evita una concepción ingenua de semejanza. Una fotografía preserva ciertas relaciones visuales dentro de una práctica interpretativa. Su parecido global con el objeto no basta para explicar que sea signo.

Iconicidad, indicialidad y simbolicidad

La clasificación más famosa de Peirce distingue icono, índice y símbolo según la relación entre signo y objeto. La lectura Icono, índice y símbolo estudiará esta tríada en detalle. En una primera aproximación, un icono representa mediante semejanza o estructura compartida; un índice mediante conexión factual; un símbolo mediante regla, hábito o convención.

Icono, índice y símbolo no deben entenderse como cajas físicas. Un mismo signo concreto puede combinar dimensiones. Una fotografía puede ser icónica por semejanza e indicial por la conexión física entre luz y superficie sensible. Una palabra escrita es simbólica por convención y puede incorporar rasgos icónicos en ciertos usos tipográficos.

Por eso la pregunta adecuada suele ser «¿qué relación semiótica está operando aquí?», incluso antes de «¿qué tipo de signo es esto?».

Esta formulación es especialmente útil para sistemas multimodales.

Qualisign, sinsign y legisign

Peirce también clasificó los signos según el modo de ser del signo mismo. Distinguió, en una de sus taxonomías, qualisign, sinsign y legisign. Un qualisign es una cualidad que puede funcionar como signo. Un sinsign es una ocurrencia o existente individual que funciona como signo. Un legisign es una ley o tipo general que funciona como signo.

La luz roja concreta que aparece ahora en un semáforo es una ocurrencia individual. La regla general según la cual el rojo significa detenerse corresponde a otro nivel. Una cualidad cromática puede participar como posibilidad sensible. La lectura Qualisign, sinsign y legisign estudiará esta distinción en detalle. Aquí importa ver que, en la arquitectura general, las categorías peirceanas se aplican a distintos aspectos de la relación semiótica.

Rheme, dicent y argumento

Otra clasificación distingue signos según la manera en que representan a su interpretante la relación con el objeto. Peirce habla de rheme, dicent sign o dicisign y argumento. Un rheme presenta una posibilidad, aproximadamente como un término o predicado. Un dicent presenta algo como hecho. Un argumento presenta una relación que pretende conducir racionalmente desde premisas hacia una conclusión.

La lectura Rheme, dicent y argumento desarrollará esta clasificación. Su presencia aquí muestra nuevamente que la semiótica peirceana está ligada a la lógica. La teoría de los signos alcanza desde una cualidad aislada hasta una inferencia compleja.

Tres tricotomías y diez clases

Las tres tricotomías anteriores pueden combinarse. En formulaciones clásicas, Peirce obtuvo diez clases principales de signos a partir de las combinaciones compatibles. La combinatoria no consiste en multiplicar mecánicamente (3 \times 3 \times 3) para obtener veintisiete tipos igualmente posibles. Las categorías imponen restricciones y no todas las combinaciones son coherentes.

Posteriormente Peirce desarrolló taxonomías todavía más amplias, hasta llegar a sistemas de múltiples tricotomías. Por eso las presentaciones que reducen toda su semiótica a icono, índice y símbolo capturan solo una pequeña parte.

La lectura Las tricotomías peirceanas como sistema reconstruirá las tricotomías como sistema. Hasta entonces conviene conservar una imagen sencilla en la que Peirce clasifica los signos según dimensiones diferentes y relacionadas.

Semiosis y temporalidad

La semiosis tiene una dimensión procesual. Un signo determina un interpretante, que puede orientar otro signo y modificar hábitos. Esta temporalidad diferencia a Peirce de una lectura puramente estática del sistema. La significación puede desarrollarse a través de una investigación.

Supóngase que una persona observa humo. Primero lo interpreta como posible señal de combustión. Se acerca, encuentra un cable recalentado y revisa un tablero eléctrico. Nuevos signos modifican la hipótesis inicial. El significado se vincula con la inferencia y con la corrección.

Falibilismo

Peirce defendió el falibilismo, según el cual ninguna creencia empírica está absolutamente a salvo de revisión. El falibilismo no vuelve igualmente dudosas todas las creencias. Una investigación puede estar muy bien sustentada y seguir siendo, en principio, corregible ante nueva evidencia.

La semiótica encaja con esta epistemología. Los signos nos permiten representar objetos y razonar sobre ellos, pero ninguna representación individual garantiza una visión completa.

Un signo muestra el objeto bajo cierto aspecto. Nuevos signos pueden ampliar, corregir o reemplazar interpretaciones previas. La posibilidad de error es interna al sistema semiótico y forma parte de las condiciones de una investigación abierta.

La máxima pragmática

Peirce formuló el pragmatismo como un método para aclarar conceptos. En su formulación de 1878 (CP 5.402), comprender un concepto exige considerar qué efectos prácticos concebibles atribuimos a su objeto.

La máxima pragmática busca aclarar el contenido de conceptos mediante sus consecuencias concebibles para la práctica y la investigación. Identificar lo verdadero con lo útil es otra tesis, que Peirce no sostiene. Si dos formulaciones no producen ninguna diferencia posible en experiencia, inferencia o acción, Peirce pregunta si existe realmente una diferencia conceptual significativa entre ellas. Esta orientación conecta significado con hábitos y consecuencias sin reducirlo a conducta inmediata.

La lectura Pragmaticismo, investigación y fijación de la creencia volverá sobre pragmatismo, investigación y fijación de la creencia.

Hábito

La terceridad aparece de manera especialmente clara en el hábito. Un símbolo funciona porque existe una regla o hábito de interpretación. La palabra perro no necesita parecerse a un perro ni ser causada por el perro al que se refiere. Funciona porque una comunidad ha adquirido hábitos lingüísticos que conectan esa secuencia con determinados usos e interpretaciones.

El hábito no es necesariamente una decisión consciente. Puede ser una regularidad general de conducta y expectativa.

Para Peirce, la formación de hábitos tiene un papel importante en el pensamiento. La interpretación culmina muchas veces en una modificación de disposiciones futuras. Esto da a la semiótica una dimensión dinámica que excede la asociación entre forma y significado.

Abducción, deducción e inducción

Peirce distinguió tres formas fundamentales de inferencia. La deducción extrae consecuencias necesarias de premisas. La inducción contrasta predicciones con casos y ajusta grados de confianza. La abducción propone hipótesis que podrían explicar un fenómeno sorprendente.

La semiosis y la investigación están conectadas porque interpretar un signo puede requerir abducción. Encontrar huellas desconocidas puede llevar a formular la hipótesis de que cierto animal pasó por allí. La deducción permite extraer lo que seguiría de esa hipótesis. La inducción compara esas consecuencias con nueva evidencia.

La lectura Abducción, deducción e inducción desarrollará la arquitectura inferencial. Aquí basta observar que la teoría del signo está unida a la teoría del razonamiento científico.

Comunidad de investigación y objetividad

La epistemología de Peirce no concibe la investigación como una actividad puramente privada. Una creencia puede parecer evidente a un individuo y resultar corregida cuando se somete a observación, discusión y contraste público. La comunidad de investigación cumple por eso una función epistémica.

El carácter comunitario de la investigación ayuda a comprender qué significa que un interpretante pueda orientarse hacia algo más estable que la reacción inmediata de una persona. Las interpretaciones individuales difieren, pero la investigación no termina necesariamente en esa diversidad. Los signos pueden someterse a nuevas observaciones, comparaciones e inferencias que restringen el campo de interpretaciones aceptables.

Peirce vinculó esta idea con una concepción regulativa de la verdad. La verdad no se reduce a lo que una comunidad cree en un momento histórico concreto. La investigación apunta hacia una opinión que resistiría la indagación suficientemente prolongada bajo condiciones adecuadas. La formulación fue revisada a lo largo de su obra. No debe convertirse en la tesis ingenua de que toda comunidad alcanzará inevitablemente consenso.

Lo importante para la semiótica es la separación entre interpretación efectiva y corrección. Un interpretante puede ocurrir y ser erróneo. La comunidad, los métodos y la experiencia permiten revisar esa interpretación. La semiosis tiene así una dimensión normativa. Algunos desarrollos del signo son mejores que otros porque responden de manera más adecuada al objeto y a la evidencia.

Esta dimensión distingue el pluralismo interpretativo del relativismo. Un signo puede admitir más de un interpretante pertinente sin que todos los interpretantes posibles tengan el mismo respaldo.

Semiosis e investigación como un mismo continuo

La teoría de Peirce permite describir la investigación científica como una cadena organizada de signos. Una observación produce signos y esos signos generan hipótesis. Las hipótesis permiten deducir consecuencias. Los experimentos producen nuevos signos que confirman, debilitan o reformulan la hipótesis. El proceso admite la siguiente representación esquemática.

[ \text{signos observados} \rightarrow \text{hipótesis} \rightarrow \text{predicciones} \rightarrow \text{nuevos signos} ]

La flecha no describe una simple cadena causal. Cada transición está mediada por inferencias y hábitos metodológicos.

De ahí que Peirce no separe tajantemente teoría del signo y lógica de la investigación. Comprender un signo puede ser ya una operación inferencial. Investigar consiste en producir interpretantes controlados por métodos de prueba.

El modelo tiene una consecuencia metodológica importante. Ningún dato llega completamente interpretado. Incluso una medición sencilla exige saber qué instrumento la produjo, qué variable representa y qué inferencias autoriza. Al mismo tiempo, la dependencia de signos no elimina el contacto con el objeto. Los experimentos pueden sorprender y obligar a cambiar el sistema de interpretaciones. La semiótica de Peirce evita así tanto una concepción ingenua de datos transparentes como una concepción en la que toda interpretación queda encerrada en el lenguaje. La investigación es mediada y falible, pero está abierta a restricciones provenientes de aquello que intenta conocer.

Dos preguntas distintas en Peirce y Saussure

La comparación entre Saussure y Peirce es indispensable, aunque produce errores cuando se fuerza una correspondencia término a término. El significante saussureano no equivale al signo peirceano ni el significado saussureano al objeto. El interpretante tampoco equivale al significado ni al intérprete.

Saussure pregunta cómo una unidad lingüística adquiere valor dentro de un sistema de diferencias. Peirce pregunta cómo algo representa un objeto de manera que determine un interpretante. El primer modelo privilegia relaciones internas del sistema lingüístico. El segundo integra representación, objeto e interpretación en una semiosis general. Las dos teorías pueden iluminar dimensiones diferentes sin necesidad de reducir una a la otra.

Un mapa como ejemplo general

Un mapa permite reunir varias ideas. Es un objeto físico concreto, pero funciona como signo dentro de convenciones cartográficas. Representa un territorio, aunque no en todos sus aspectos. Selecciona calles, distancias, estaciones, fronteras o alturas según su propósito.

Su relación con el objeto contiene elementos icónicos porque preserva relaciones espaciales. Puede incorporar símbolos convencionales para estaciones o carreteras. Un punto que marca «usted está aquí» puede adquirir una función indicial respecto de una localización.

El mapa determina interpretantes, como rutas posibles, estimaciones de distancia o decisiones de movimiento. Puede contener errores y seguir siendo un mapa. Su objeto restringe su corrección sin garantizarla. El ejemplo muestra por qué la semiótica peirceana es una teoría de relaciones y por qué una taxonomía de objetos no basta para describirla.

Signo clínico y síntoma

En medicina, signo tiene un sentido técnico que no coincide exactamente con el de Peirce. Un signo clínico suele ser un hallazgo objetivable. Un síntoma suele corresponder a una experiencia reportada por el paciente.

Desde la semiótica, ambos pueden participar en procesos de significación. Una fiebre puede ser indicio de un proceso inflamatorio y un relato de tristeza puede ser evidencia para formular hipótesis clínicas. El hallazgo no «significa» por ello automáticamente un diagnóstico, porque un mismo signo clínico puede ser compatible con varias causas.

La semiosis clínica es inferencial. El profesional integra signos, síntomas, contexto y pruebas para construir hipótesis, las contrasta y las revisa. Peirce resulta especialmente pertinente porque su teoría conecta signo, abducción y falibilismo.

Los datos científicos como signos

Un valor de laboratorio no habla por sí solo. Funciona como signo dentro de un sistema de medición, una teoría y un contexto. Una concentración elevada puede representar un estado fisiológico bajo determinadas condiciones. Su interpretación depende de calibración, referencia, variabilidad y modelo causal.

El dato es distinto del objeto estudiado y media entre el fenómeno y una inferencia.

Esta distinción permite evitar dos errores. El primero es el realismo ingenuo según el cual la medición entrega la realidad sin mediación. El segundo es el relativismo según el cual, como existe mediación, cualquier interpretación vale. El objeto restringe la interpretación. Los métodos y la evidencia permiten comparar interpretantes.

Inteligencia artificial y semiosis

Los sistemas de inteligencia artificial procesan signos y producen nuevos signos. Su descripción funcional es evidente. Reciben texto, imágenes o audio y generan salidas interpretables.

La cuestión filosófica de si existe en ellos semiosis en sentido peirceano es más difícil. La respuesta depende de cómo se interpreten objeto, interpretante, hábito y normatividad.

Un modelo puede transformar una señal en otra de forma regular. Eso no basta para demostrar que posea experiencia consciente. Peirce tampoco define la semiosis por conciencia humana individual, por lo que la ausencia de fenomenología no resuelve por sí sola el problema.

Conviene separar niveles. Podemos analizar las salidas de un sistema como signos para usuarios humanos. Podemos estudiar relaciones internas de representación. También podemos debatir si el sistema participa de manera autónoma en procesos semióticos completos. Confundir estas preguntas produce conclusiones excesivas.

Qué define la arquitectura peirceana

Esta arquitectura permite entender por qué Peirce construyó tantas clasificaciones. Intentaba describir dimensiones sistemáticas de cualquier relación semiótica.

El siguiente paso es detenerse en la tríada básica. La lectura Representamen, objeto e interpretante examina con precisión qué significa hablar de representamen, objeto e interpretante y por qué ninguna de esas posiciones puede entenderse aisladamente. Las subdivisiones del objeto y del interpretante quedarán para las lecturas Objeto inmediato y objeto dinámico y Interpretante inmediato, dinámico y final.

Referencias

Atkin, A. (2022). Peirce’s theory of signs. Stanford Encyclopedia of Philosophy. https://plato.stanford.edu/entries/peirce-semiotics/

De Waal, C. (2013). Peirce: A guide for the perplexed. Bloomsbury.

Hookway, C. (1985). Peirce. Routledge & Kegan Paul.

Liszka, J. J. (1996). A general introduction to the semeiotic of Charles Sanders Peirce. Indiana University Press.

Peirce, C. S. (1931–1958). Collected papers of Charles Sanders Peirce (C. Hartshorne, P. Weiss y A. W. Burks, Eds., Vols. 1–8). Harvard University Press.

Peirce, C. S. (1992). The essential Peirce: Selected philosophical writings, Volume 1 (1867–1893) (N. Houser y C. Kloesel, Eds.). Indiana University Press.

Peirce, C. S. (1998). The essential Peirce: Selected philosophical writings, Volume 2 (1893–1913) (Peirce Edition Project, Ed.). Indiana University Press.

Savan, D. (1987–1988). An introduction to C. S. Peirce’s full system of semeiotic. Toronto Semiotic Circle.

Short, T. L. (2007). Peirce’s theory of signs. Cambridge University Press.

REFERENCIA DE LA EDICIÓN WEB

Citar esta lectura

Arquitectura general de la semiótica de Charles S. Peirce. (2026). Lingüística y Semiótica. https://linguisticaysemiotica.org/temas/arquitectura-general-de-la-semiotica-de-charles-s-peirce

Referencia encabezada por el título: la dirección editorial del proyecto no se presenta como autoría individual de cada texto. Consulta los criterios de citación y el registro de cambios.

Publicación web: .

CONTINUAR EXPLORANDO

Buscar lecturas y conceptos

Títulos, conceptos y secciones · las tildes no cambian los resultados.