Lenguaje, mente y cognición

Agencia, autoría y lenguaje del pensamiento

Para orientarte: Planificación, formulación y articulación en la producción del habla, Emoción, interocepción y lenguaje, Fenomenología lingüística de las alucinaciones verbales, Delirios, referencia y estructura de creencia.

Ver secciones del texto
  1. El pensamiento que aparece y no parece propio
  2. Agencia, propiedad y autoría
  3. La diversidad del habla interna
  4. La voz interior no siempre dice «yo»
  5. Inserción, retirada y difusión del pensamiento
  6. Pensamientos intrusivos y experiencias de extrañeza
  7. Del movimiento propio al modelo comparador
  8. Del habla articulada al habla imaginada
  9. La agencia se construye con información anterior y posterior
  10. Monitorear la fuente de un pensamiento
  11. Ipseidad y extrañeza de lo implícito
  12. La pertenencia del pensamiento insertado
  13. Cuerpo, automatismo y conciencia de sí
  14. La entrevista debe separar experiencia y explicación
  15. Autoría en la escritura y con sistemas generativos
  16. Agencia, responsabilidad y tratamiento
  17. Una frontera para la psicopatología del lenguaje
  18. Referencias

DESARROLLO COMPLETO · BIBLIOGRAFÍA INCLUIDA

El pensamiento que aparece y no parece propio

La frase está en mi cabeza, pero yo no la pensé. Un paciente pronuncia esas palabras sin vacilar y explica que distingue los pensamientos que le surgen habitualmente de otros que atribuye a una influencia externa. Los segundos no son necesariamente voces y en ellos no escucha un sonido ni reconoce una localización en el espacio. La frase aparece «como pensamiento» y, sin embargo, carece de la familiaridad con que suelen presentarse sus contenidos mentales.

La experiencia es difícil de describir incluso para quien la vive. Está en mi cabeza parece indicar pertenencia, mientras no la pensé yo expresa una ruptura con esa pertenencia. Un segundo paciente relata otra experiencia con la frase La idea es mía, pero aparece sin que yo quiera. En palabras de una tercera persona, A veces siento que actúo en automático; sé que soy yo quien mueve las manos. Los tres describen diferentes relaciones con la actividad mental o motora. El hecho de que algo ocurra sin intención previa no significa que se experimente como ajeno.

Las experiencias de inserción, retirada o difusión del pensamiento hicieron visible un problema que la vida cotidiana suele mantener oculto. Pensamos frases durante todo el día y, salvo en situaciones excepcionales, apenas nos preguntamos quién es su autor. La atribución de «mío» parece acompañar a la actividad mental sin necesitar una comprobación explícita. Estudiar su alteración obliga a distinguir funciones que el lenguaje ordinario reúne bajo pensar, querer y hacer.

Agencia, propiedad y autoría

Por sentido de agencia se suele entender la experiencia de iniciar o controlar una acción. La propiedad de la experiencia designa que un estado aparece como parte de la propia vida mental. La autoría incorpora la atribución de ese contenido o acción a uno mismo como fuente. Las tres nociones se solapan y su delimitación es objeto de debate filosófico y empírico.

Cuando alguien levanta voluntariamente la mano, intención, acción y autoría suelen coincidir con una facilidad que invita a pensar que forman un único fenómeno. La separación aparece en otros casos, en los que una persona puede mover la mano de forma automática y reconocer inmediatamente el movimiento como suyo. Puede sentir un pensamiento intrusivo sin haberlo convocado y conservar la certeza de que procede de su mente. También puede realizar una acción deliberada y después dudar de si la decisión fue realmente suya.

La inserción de pensamiento plantea un problema particularmente agudo. Algunos modelos interpretan que la persona pierde agencia o autoría y conserva un sentido básico de propiedad, porque el contenido aparece en su campo de conciencia. Otros cuestionan esa separación y proponen que la experiencia podría alterar la manera misma en que el pensamiento se presenta como propio. Ratcliffe y Wilkinson (2015) mostraron las dificultades de formular una definición universal a partir de la distinción entre propiedad y agencia. Las palabras mío y ajeno pueden referirse a capas fenomenológicas diferentes según el relato.

Esta discusión aconseja una prudencia descriptiva. Pensamiento insertado puede ser una síntesis clínica apropiada, pero conviene conservar cómo lo explicó el paciente. No es lo mismo que alguien diga me aparece una idea que detesto y que afirme siento las palabras de otra persona dentro de mi mente.

La diversidad del habla interna

Una parte del pensamiento consciente adopta forma verbal. Ensayamos cómo pedir una explicación, recordamos una tarea pendiente o evaluamos una decisión sin hablar en voz alta. Se denomina habla interna a ese lenguaje silencioso, aunque las personas difieren considerablemente en cuánto lo utilizan y en la forma en que lo experimentan.

Alderson-Day y Fernyhough (2015) revisaron los modelos de habla interna y propusieron tratarla como un fenómeno multicomponente. Puede presentarse como frases completas o como fragmentos condensados que apenas conservan indicios sintácticos. A veces contiene rasgos fonológicos; otras veces parece más cercana al significado que a un sonido imaginado. También puede ser monológica o dialogante. Una persona puede ensayar qué diría su madre ante un problema o anticipar una conversación con un colega sin creer que esas voces estén realmente presentes.

La tradición de Vygotsky (1934/1986) sitúa parte del origen de esta capacidad en el habla social que progresivamente se internaliza. El niño recibe instrucciones y después comienza a formularlas para regular su propia conducta. Durante ese proceso, el lenguaje puede abreviarse porque el hablante ya no necesita comunicar toda la información a otro. Esta explicación del desarrollo ayuda a comprender por qué una misma persona puede alternar pensamientos muy condensados y diálogos internos casi completos.

La diversidad normal introduce un límite a las teorías de alucinación que invocan el habla interna. Una mente dialogante no es por sí sola psicopatología. La pregunta clínica surge cuando una representación pierde el carácter habitual de imaginación o pensamiento propio y adquiere la condición de intervención de otro.

La voz interior no siempre dice «yo»

En la autoindicación cotidiana aparecen con frecuencia expresiones en segunda persona como vamos, concéntrate o tú puedes hacerlo. La gramática coloca un destinatario dentro del diálogo mental y no implica que exista un segundo agente. El hablante puede utilizar la forma con plena conciencia de ser quien la genera.

Una alucinación verbal puede emplear exactamente la misma persona gramatical y sentirse pronunciada por otro. Eres inútil adquiere entonces una posición interpersonal distinta de un pensamiento autocrítico. Si además la voz tiene timbre, identidad y localización externa, el fenómeno incorpora propiedades perceptivas que el habla interna ordinaria no exige.

En el pronombre yo aparece una disociación complementaria. Un paciente puede formular yo pienso que estos pensamientos no son míos sin cometer ningún error de deixis. La primera persona funciona correctamente en la oración y lo alterado es la experiencia de autoría atribuida a ciertos contenidos. La gramática del sujeto hablante no da por sí sola una teoría del yo vivido.

En la evaluación de alucinaciones e inserción de pensamiento, por tanto, registrar qué pronombres aparecen puede ser útil para describir la escena verbal. No permite decidir quién siente el paciente que los pronunció.

Inserción, retirada y difusión del pensamiento

Schneider (1959) incluyó las experiencias de inserción, retirada y difusión del pensamiento entre los llamados síntomas de primer rango de esquizofrenia. La pretensión histórica de especificidad diagnóstica se ha debilitado, pero su interés fenomenológico permanece.

La inserción designa pensamientos experimentados como introducidos por una fuente distinta del yo. Pueden aparecer con una explicación elaborada, como una máquina o un agente que los envía. En otros relatos predomina la cualidad de extrañeza y la persona no sabe a quién atribuirlos. Conviene distinguir la experiencia inicial de la teoría sobre su origen, que puede haber aparecido más tarde.

En la retirada, el paciente siente que una idea se interrumpe o desaparece porque alguien se la extrae. El bloqueo del habla es un dato observable que podría coincidir temporalmente con esa experiencia. Un bloqueo ordinario también puede ocurrir durante fatiga, ansiedad o dificultad para recuperar palabras. La atribución de una extracción ajena necesita documentarse a partir del relato, sin deducirla del silencio.

La difusión o thought broadcasting modifica sobre todo el límite de privacidad. La persona puede sentir que sus pensamientos se transmiten y resultan accesibles a otros. En este caso la autoría puede mantenerse, como en son mis pensamientos, pero los demás pueden oírlos. La creencia de que alguien tiene tecnología capaz de leer la mente puede construirse como explicación adicional. Una descripción cuidadosa distingue la vivencia de difusión de una inferencia persecutoria sobre aparatos y observadores.

Estos fenómenos a menudo coexisten. Separarlos sigue siendo útil porque cada uno sitúa el problema en una relación diferente, ya sea el origen del contenido, la continuidad de la experiencia o el acceso de terceros a ella.

Pensamientos intrusivos y experiencias de extrañeza

Las obsesiones son un término de comparación clínica necesario. Una persona puede describir una idea completamente indeseada, recurrente y contraria a sus valores. Me viene que podría hacer daño a mi hijo; me aterra pensarlo. La intrusión puede ser intensa y seguir experimentándose como propia. El rechazo del contenido se dirige a lo que la idea significa para la persona, sin poner necesariamente en duda quién la produjo.

La diferencia se pierde cuando el entrevistador utiliza intrusivo y ajeno como sinónimos. En TOC, con frecuencia, la persona sabe que la idea procede de su propia mente aunque no quiera tenerla. En una experiencia típica de inserción, describe una alteridad cualitativamente distinta. Ante casos ambiguos y niveles variables de convicción, la distinción requiere explorar las palabras exactas del paciente.

La despersonalización agrega otra posibilidad. Siento como si mis pensamientos no fueran míos, aunque sé que sí lo son puede expresar extrañeza subjetiva con juicio de realidad conservado. La expresión como si no es un detalle decorativo y puede marcar que lo descrito es una apariencia vivida, distinta de una proposición sostenida literalmente. En el pensamiento insertado pueden aparecer grados diferentes de insight, por lo que la modalidad de la respuesta debe interpretarse en conjunto.

Algunas experiencias disociativas también alteran la percepción de control. La semejanza superficial con pasividad psicótica no elimina diferencias de historia, contexto y estructura subjetiva. La clasificación transdiagnóstica obliga a especificar el fenómeno que se intenta explicar antes de usar una teoría exclusiva de la esquizofrenia.

Del movimiento propio al modelo comparador

La neurociencia motora propone una explicación de cómo se distingue una consecuencia autogenerada de una externa. Al iniciar un movimiento, el sistema nervioso dispone de información sobre el comando y genera predicciones sobre sus consecuencias sensoriales. Estas predicciones pueden compararse con la información que llega después desde el cuerpo y el entorno.

Frith (1992) y más tarde Frith, Blakemore y Wolpert (2000) utilizaron esta arquitectura para estudiar alteraciones de la conciencia de acción. Si las predicciones se producen o utilizan de manera anómala, ciertas acciones propias podrían sentirse menos controladas. El modelo resultó especialmente atractivo para los delirios de control, en los que una persona afirma que una fuerza externa mueve su cuerpo.

Un ejemplo clásico del papel de la predicción es la atenuación de consecuencias sensoriales autogeneradas (Blakemore et al., 2002). La presión producida por la propia mano no se experimenta exactamente igual que la misma presión aplicada desde fuera. En determinadas tareas, las personas tienden a aplicar más fuerza de la necesaria cuando intentan igualar una presión experimentada previamente. Parte del efecto se relaciona con la atenuación sensorial de la acción propia. Estos paradigmas permiten estudiar mecanismos de predicción sin exigir que el participante describa verbalmente su experiencia de agencia.

La extrapolación al pensamiento necesita más trabajo. Pensar una frase no es idéntico a ejecutar un movimiento, aunque ambos procesos puedan compartir principios de predicción y monitoreo. El comparador motor es un modelo mecanístico y de él no se deduce que todo pensamiento insertado surja del mismo circuito.

Del habla articulada al habla imaginada

Al pronunciar una frase en voz alta, el sistema motor puede predecir parte de la señal auditiva que va a producir. La respuesta cerebral ante estímulos autogenerados suele diferir de la respuesta a sonidos externos. Ford y Mathalon (2005) propusieron que una alteración de esta señal de descarga corolaria podría contribuir a alucinaciones verbales.

El paso hacia el habla interna parece natural. Si una representación verbal silenciosa también incorpora señales de planificación, quizá pueda llevar marcas de autogeneración. La hipótesis explicaría por qué algunas frases internas dejan de sentirse propias y adquieren perceptualidad, aunque tiene dos dificultades. La primera, de orden experimental, es que en el habla interna no existe un sonido externo equivalente que permita medir directamente toda la predicción. La segunda, de orden fenomenológico, es que hay inserciones de pensamiento sin cualidad auditiva y voces con una identidad social compleja que requieren explicaciones adicionales.

Las investigaciones sobre supresión sensorial y alucinaciones han encontrado asociaciones interesantes, con resultados heterogéneos a partir de los cuales no puede deducirse un mecanismo universal. Tampoco toda alteración de autogeneración produce voces, ni todas las personas que experimentan voces presentan el mismo patrón experimental.

La agencia se construye con información anterior y posterior

Sentirse autor de una acción puede depender de señales disponibles antes de actuar y de la interpretación del resultado. Una intención consciente, la predicción de una consecuencia y la coincidencia temporal entre ambas son fuentes potenciales de agencia. La sensación de control puede reducirse si el resultado difiere y fortalecerse si encaja.

Wegner (2002) desarrolló una teoría provocadora sobre la experiencia de voluntad consciente, según la cual lo que sentimos como autoría podría depender en parte de inferencias acerca de la relación entre pensamientos y acciones. Su libro mostró que la experiencia subjetiva no es una medición transparente del proceso causal que generó la conducta. La tesis fuerte de que la voluntad consciente es una «ilusión» sigue siendo discutida. Sus ejemplos ayudan a distinguir el sentir que se causó algo de haberlo causado efectivamente.

Esta distinción es relevante para pensamientos espontáneos. Muchas ideas aparecen sin intención previa y se integran de inmediato como propias. Si la falta de planificación bastara para producir alienación, la vida mental normal estaría llena de pensamientos insertados. La explicación debe identificar qué cambia en la presentación subjetiva de ciertos contenidos y no limitarse a señalar su carácter involuntario.

Paradigmas como el intentional binding, que estudia cómo se percibe el intervalo entre una acción y su consecuencia, permiten investigar aspectos implícitos de agencia. Sus medidas no son traducciones directas de la experiencia de inserción. Un cambio en la estimación temporal puede tener diversas explicaciones y su valor clínico requiere validación específica.

Monitorear la fuente de un pensamiento

Otra vía de estudio es el monitoreo de fuente. Johnson, Hashtroudi y Lindsay (1993) estudiaron cómo atribuimos recuerdos y representaciones a percepción, imaginación o producción propia. Esas decisiones utilizan cualidades de la experiencia y pueden incorporar inferencias deliberadas. La fuente no siempre se reconoce mediante una etiqueta inequívoca.

En condiciones ordinarias confundimos a veces algo imaginado con algo dicho o recordamos una idea ajena como si fuera propia. Un ejemplo es la criptomnesia, en la que se reproduce un contenido aprendido y se experimenta como original. El error muestra que la memoria de fuente es reconstruida y falible, incluso sin psicopatología.

Algunas tareas en esquizofrenia encuentran dificultades para diferenciar material generado por uno mismo de material externo. Estos hallazgos son compatibles con modelos de inserción y alucinación, pero una tarea de laboratorio tiene un alcance restringido. Clasificar palabras escuchadas y palabras imaginadas después de unos minutos no reproduce la certeza vivida de que una mente externa está produciendo pensamientos propios.

El monitoreo de fuente también puede cambiar por edad, memoria, atención o fatiga. Las diferencias experimentales requieren controles adecuados antes de atribuirlas a un mecanismo específico de síntomas psicóticos.

Ipseidad y extrañeza de lo implícito

La tradición fenomenológica estudia otro nivel del problema. Habitualmente, la experiencia consciente tiene una cualidad prerreflexiva de pertenencia, en la que el pensamiento se da en primera persona antes de que formulemos explícitamente esto es mío. Sass y Parnas (2003) propusieron que determinadas experiencias del espectro de la esquizofrenia pueden comprenderse como alteraciones de esa relación básica con el yo, llamada ipseidad.

Dos nociones aparecen en su modelo. La hiperreflexividad describe una atención inusual a procesos que normalmente transcurren de manera tácita. La disminución de autoafección alude al debilitamiento del sentido básico de presencia propia. Una persona puede comenzar a observar los pasos de su pensamiento como si fueran operaciones separadas y extrañas. En ese contexto, una frase interna puede sentirse menos integrada al flujo ordinario de experiencia.

Parnas y Henriksen (2014) revisaron estudios fenomenológicos de estas alteraciones, incluidas evaluaciones mediante instrumentos especializados como la Examination of Anomalous Self-Experience (EASE). Esta línea de investigación dispone de descripciones clínicas detalladas y evidencia de asociación con el espectro de la esquizofrenia. Su lenguaje conceptual es exigente y plantea un problema de traducción hacia tareas neurocognitivas medibles. Una experiencia de autoextrañeza no puede identificarse automáticamente con una alteración de copia eferente, aunque ambas teorías intenten iluminar parte del mismo fenómeno.

La ventaja de la aproximación fenomenológica es que mantiene a la vista lo que el paciente describe. Su límite principal está en explicar qué mecanismos producen la experiencia y cómo diferenciar con precisión ciertas formas de extrañeza de estados disociativos u otras alteraciones de conciencia. La neurociencia y la fenomenología realizan trabajos distintos y la relación entre ambas requiere hipótesis que puedan ponerse a prueba.

La pertenencia del pensamiento insertado

Puede parecer una cuestión puramente verbal preguntar en qué sentido no es mío un pensamiento que ocurre en mi mente. Stephens y Graham (2000) propusieron distinguir la ubicación subjetiva del contenido y el reconocimiento de agencia. Bajo esa explicación, la persona conserva el pensamiento como parte de su campo de experiencia mientras atribuye su producción a otro. La objeción que recibe esta solución es que puede dejar fuera precisamente la sensación de falta de pertenencia que describe el paciente.

Ratcliffe y Wilkinson (2015) analizaron críticamente esta tensión y defendieron atender con mayor cuidado a la diversidad de experiencias reportadas. La definición no debería decidir de antemano qué dimensión está conservada. Las expresiones clínicas pueden condensar fenómenos que requieren descripciones diferentes. En algunos relatos domina una experiencia perceptiva o cuasi perceptiva; en otros, la extrañeza del pensamiento y una explicación delirante posterior.

La situación se complica porque el paciente dispone del mismo lenguaje que utilizamos para hablar de pertenencia material, en expresiones como alguien me puso una idea, me la sacaron o mis pensamientos salen. Estas expresiones tienen una estructura espacial o de transferencia que podría funcionar literalmente para el paciente, metafóricamente o de manera intermedia. El entrevistador necesita averiguar qué operaciones experienciales designan. Pedir un ejemplo reciente suele ayudar más que discutir el sentido filosófico del verbo poner.

Cuerpo, automatismo y conciencia de sí

La autoría del pensamiento puede compararse con otras experiencias de pertenencia. En algunos experimentos, la sincronía entre estímulos visuales y táctiles modifica la sensación de que una mano artificial pertenece al propio cuerpo. La ilusión de la mano de goma muestra que la propiedad corporal depende de integración multisensorial y puede alterarse mediante condiciones específicas.

Esto no prueba que la propiedad de un pensamiento se construya con el mismo algoritmo. Permite reconocer un problema común, el de una experiencia de «mío» que utiliza información que el sistema integra sin presentarla habitualmente como cálculo. La acción motora, el cuerpo y el pensamiento pueden depender de fuentes distintas que convergen en una experiencia de sí relativamente continua.

La interocepción es otra de esas fuentes posibles. Señales corporales sobre respiración, actividad cardíaca o estado visceral participan en la experiencia afectiva y corporal. Algunas teorías proponen que su integración contribuye a la continuidad subjetiva. Todavía es difícil establecer cuánto de un fenómeno específico de inserción del pensamiento depende de esa vía.

Hay además experiencias normales que ayudan a delimitar el problema. En meditación una persona puede observar pensamientos surgir sin intervenir, en el pensamiento creativo una solución aparece de improviso y en la escritura a veces una frase parece «venir sola». La falta de deliberación no suele amenazar la pertenencia. El interés psicopatológico está en la alteración cualitativa de la relación con ese contenido, con independencia de su espontaneidad.

La entrevista debe separar experiencia y explicación

Una exploración clínica puede comenzar por una pregunta sencilla, como ¿Qué le pasa exactamente cuando aparece ese pensamiento? Después conviene precisar si se trata de palabras, imágenes, impulsos o una sensación difícil de verbalizar. La siguiente cuestión es cómo se experimenta la producción, es decir, si aparece voluntariamente, si puede interrumpirse, si se siente propio y qué diferencia establece la persona respecto de sus pensamientos habituales.

Solo entonces es útil preguntar quién cree que lo genera y por qué. Un paciente puede describir una frase que aparece de forma involuntaria y atribuirla a un dispositivo externo. Otro puede experimentar una extrañeza intensa y mantener la hipótesis de que procede de su propia mente. La convicción explicativa y la vivencia de autoría merecen registros separados.

Considérense tres notas clínicas posibles. Refiere pensamientos verbales intrusivos que reconoce como propios, aunque indeseados y difíciles de interrumpir. Refiere frases internas sin cualidad sonora que no experimenta como generadas por él y atribuye a una fuente externa. Describe pausas abruptas durante las cuales siente que alguien le extrae el pensamiento. Las formulaciones muestran procesos distintos y permiten seguir cada uno de ellos. La etiqueta global «alteración del pensamiento» los haría indistinguibles.

La entrevista necesita además atender al lenguaje de la persona. Como si me movieran puede expresar una comparación sin convicción literal. No parece mío puede referirse al contenido moralmente ajeno o a una alteración de autoría. Pedir aclaraciones evita que el vocabulario técnico del examinador sustituya a la experiencia del paciente.

Autoría en la escritura y con sistemas generativos

La producción de texto con herramientas de inteligencia artificial introduce otra distinción. Al aceptar una sugerencia de autocompletado, una persona puede considerar propio el mensaje final aunque no haya formulado cada palabra. Ese juicio combina responsabilidad editorial, intención comunicativa y atribución social de autoría. Su estructura difiere de la sensación clínica de inserción. En este caso el origen externo es conocido y la decisión de incorporar el texto puede ser voluntaria.

También existen errores ordinarios de memoria de fuente cuando se mezclan ideas leídas, escuchadas y producidas. Una persona puede recordar una formulación como original y descubrir luego que provenía de otro autor. El fenómeno muestra la fragilidad de la atribución retrospectiva y no tiene, por sí mismo, significado psicopatológico.

Estas comparaciones son útiles en un tratado de lenguaje porque impiden utilizar autoría como un término único. La autoría jurídica de un texto, la responsabilidad por una decisión, la producción causal de una frase y la experiencia subjetiva de haberla pensado se relacionan sin coincidir necesariamente. Cualquier modelo clínico que quiera explicar inserción del pensamiento necesita indicar cuál de esos niveles pretende abordar.

Agencia, responsabilidad y tratamiento

Una persona puede sentir que no controla una acción y seguir produciéndola corporalmente. La descripción fenomenológica merece atención y no decide por sí sola cuestiones de responsabilidad jurídica o capacidad decisional. Esas evaluaciones dependen de criterios normativos adicionales y del funcionamiento completo en la situación concreta.

El tratamiento tampoco exige imponer desde el inicio una explicación única del fenómeno. Puede ser útil explorar alternativas sobre su origen, trabajar las creencias que producen sufrimiento o favorecer estrategias para responder a pensamientos y voces sin sentirse obligado por ellos. Una intervención farmacológica puede modificar intensidad y frecuencia en algunos cuadros. La evolución del síntoma necesita documentarse mediante las dimensiones que inicialmente fueron descritas, es decir, modalidad, autoría, control, convicción y repercusión.

La distinción entre experiencia y explicación tiene aquí un valor práctico. Se puede reconocer que un pensamiento se siente impuesto sin confirmar que una entidad externa lo haya producido. La escucha fenomenológica y la evaluación de realidad pueden mantenerse simultáneamente.

Una frontera para la psicopatología del lenguaje

La experiencia de pensamiento propio suele ser tan inmediata que es difícil describirla antes de que falle. Las perturbaciones de autoría muestran que el lenguaje interno, la conciencia de sí y el juicio sobre las fuentes pueden separarse de varias maneras. Los modelos motores, los estudios de memoria y la fenomenología explican parcialmente esas disociaciones. Todavía falta un puente suficientemente preciso entre los mecanismos experimentales y la experiencia clínica completa.

Esa dificultad conduce a la lectura siguiente. Muchas personas recurren al cuerpo y a la metáfora para expresar experiencias de extrañeza, invasión o pérdida de control con frases como algo entró en mi cabeza, estoy vacío o mi mente quedó expuesta. Comprender esas frases exige reconocer qué pueden comunicar mediante recursos figurados antes de decidir si deben interpretarse literalmente. La frontera entre experiencia y lenguaje vuelve a ser el problema central.

Referencias

Alderson-Day, B., y Fernyhough, C. (2015). Inner speech: Development, cognitive functions, phenomenology, and neurobiology. Psychological Bulletin, 141(5), 931-965.

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Ford, J. M., y Mathalon, D. H. (2005). Corollary discharge dysfunction in schizophrenia: Can it explain auditory hallucinations? International Journal of Psychophysiology, 58(2-3), 179-189.

Frith, C. D. (1992). The cognitive neuropsychology of schizophrenia. Lawrence Erlbaum Associates.

Frith, C. D., Blakemore, S.-J., y Wolpert, D. M. (2000). Abnormalities in the awareness and control of action. Philosophical Transactions of the Royal Society B: Biological Sciences, 355(1404), 1771-1788.

Johnson, M. K., Hashtroudi, S., y Lindsay, D. S. (1993). Source monitoring. Psychological Bulletin, 114(1), 3-28.

Parnas, J., y Henriksen, M. G. (2014). Disordered self in the schizophrenia spectrum: A clinical and research perspective. Harvard Review of Psychiatry, 22(5), 251-265.

Ratcliffe, M., y Wilkinson, S. (2015). Thought insertion clarified. Journal of Consciousness Studies, 22(11-12), 246-269.

Sass, L. A., y Parnas, J. (2003). Schizophrenia, consciousness, and the self. Schizophrenia Bulletin, 29(3), 427-444.

Schneider, K. (1959). Clinical psychopathology (M. W. Hamilton, Trad.). Grune & Stratton.

Stephens, G. L., y Graham, G. (2000). When self-consciousness breaks: Alien voices and inserted thoughts. MIT Press.

Vygotsky, L. S. (1986). Thought and language (A. Kozulin, Ed.). MIT Press. (Obra original publicada en 1934)

Wegner, D. M. (2002). The illusion of conscious will. MIT Press.

REFERENCIA DE LA EDICIÓN WEB

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Agencia, autoría y lenguaje del pensamiento. (2026). Lingüística y Semiótica. https://linguisticaysemiotica.org/temas/agencia-autoria-y-lenguaje-del-pensamiento

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