La diferencia entre yo y Jonathan
La palabra mesa puede usarse para hablar de mesas aunque cambie el hablante, igual que el nombre Jonathan designa a una persona determinada con independencia de quién lo pronuncie. La palabra yo funciona de otra manera y designa a Ana cuando Ana la dice y a Pedro cuando Pedro pronuncia exactamente la misma forma. El signo permanece y el referente cambia con cada acto de habla. Algo semejante ocurre con tú, aquí, ahora, ayer y otras expresiones cuya interpretación depende de la situación en que se producen.
Émile Benveniste convirtió esa propiedad en la puerta de entrada de una teoría general de la enunciación. La lengua no es únicamente un sistema de signos disponible de manera abstracta, porque en cada acto de discurso alguien se apropia de ese sistema, establece una relación con otro y organiza un mundo desde una posición. Decir yo no se reduce a elegir un pronombre, ya que deja al hablante constituido lingüísticamente como sujeto de una enunciación frente a un tú. La idea tuvo gran influencia en lingüística, semiótica, teoría literaria, análisis del discurso y filosofía del lenguaje.
Émile Benveniste, lengua y discurso
Émile Benveniste nació en Alepo en 1902 y desarrolló su carrera en Francia. Fue lingüista, indoeuropeísta y profesor del Collège de France. Su obra combina trabajos históricos y comparativos muy técnicos con ensayos teóricos sobre lenguaje, significado, persona y discurso. Muchos de sus textos más influyentes están reunidos en los dos volúmenes de Problèmes de linguistique générale (Benveniste, 1966, 1974), con traducción inglesa del primero (Benveniste, 1971).
Benveniste heredó la tradición estructural derivada de Saussure y al mismo tiempo desplazó su foco. El sistema lingüístico seguía siendo central, aunque el lenguaje solo funciona plenamente cuando alguien lo actualiza en discurso. La tensión entre lengua y uso se transforma así en una teoría de la enunciación. Una lengua contiene posibilidades como pronombres, tiempos verbales, adverbios, construcciones y reglas. La enunciación es el acto individual por el que un hablante pone en funcionamiento ese sistema y el enunciado es el producto de ese acto (Normand, 1986). La distinción debe formularse con cuidado, porque el enunciado es aquello que se produce y la enunciación es el acontecimiento de producirlo.
La frase Llegaré mañana, que puede estudiarse como secuencia lingüística, exige para su interpretación concreta reconstruir quién habla y cuándo. Su enunciado es la cadena misma y su enunciación, el hecho de que una persona determinada la pronuncie ante un interlocutor en un momento y una situación determinados. Como la misma cadena puede corresponder a enunciaciones diferentes, el análisis no debe reducirse a las palabras pronunciadas. La situación de producción deja dentro del enunciado marcas como pronombres, tiempos y deícticos, que son huellas de la enunciación.
Benveniste describe la enunciación como una apropiación de la lengua por parte del hablante. El término suena posesivo, pero indica que el hablante actualiza un sistema colectivo desde una posición singular, sin hacerse propietario del idioma. La lengua tiene formas como yo, que cada hablante convierte en referencia propia al usarlas. Una estructura social compartida hace posible una subjetividad singular, la de un sujeto que queda constituido dentro de un sistema que no ha inventado.
Persona, yo, tú y reversibilidad
La categoría de persona ocupa un lugar privilegiado. Benveniste opone especialmente la relación entre la primera y la segunda persona a la tercera. Yo y tú participan directamente de la situación de interlocución. Él o ella pueden designar a alguien de quien se habla y que no participa en el intercambio. La oposición es morfológica y tiene además consecuencias para la estructura del discurso.
Yo no tiene una referencia estable fuera de su uso, porque no hay una clase de objetos llamados yoes a la que la palabra se aplique. Yo significa algo como 'la persona que produce esta instancia de discurso que contiene yo'. La palabra es repetible y su referente, que se determina en el acto, se renueva en cada uso, propiedad que hace de yo un signo singular dentro de la lengua.
Tú se define de manera correlativa y corresponde a aquel a quien el hablante se dirige en la instancia de discurso. Como no hay yo sin la posibilidad de un tú, la subjetividad lingüística es relacional y el hablante queda constituido como primera persona al dirigirse a otra posición. La estructura de persona es intersubjetiva desde el comienzo y la comunicación no se añade después a un sujeto ya formado por completo.
Yo y tú tienen la propiedad de la reversibilidad. Quien dice Yo te escucho ocupa la posición de yo y asigna a su interlocutor la de tú. Cuando este responde pasa a ser yo y quien habló antes queda como tú. Las posiciones son roles discursivos que se intercambian sin pertenecer permanentemente a individuos específicos, reversibilidad que distingue el par yo/tú de los nombres propios.
La tercera persona como no-persona
Benveniste caracterizó provocativamente la tercera persona como no-persona. La expresión, paradójica en apariencia, se refiere a que la tercera persona no participa de la misma manera en la correlación de interlocución, sin negar que las personas mencionadas en ella sean seres humanos. Él puede designar a alguien ausente y, como la forma no identifica al locutor ni al alocutario, queda en ese sentido estructural fuera del eje yo-tú.
La formulación ha recibido críticas, porque las lenguas muestran sistemas de persona muy diversos. La tercera persona puede tener funciones discursivas complejas y participar en mecanismos de empatía, evidencialidad y perspectiva. La noción de no-persona debe entenderse dentro de la arquitectura específica de Benveniste, sin tomarla por una descripción exhaustiva de toda gramática pronominal.
Subjetividad e intersubjetividad en el lenguaje
Uno de los textos más conocidos de Benveniste (1966) sostiene que la subjetividad se funda en el ejercicio del lenguaje. La tesis concierne a una forma específicamente lingüística de subjetividad, sin afirmar que una persona carezca de experiencia subjetiva antes de hablar. El hablante puede instalarse como yo dentro del discurso y la lengua proporciona la forma con que una conciencia se presenta a sí misma como sujeto frente a otro. La subjetividad lingüística es así una posición enunciativa.
La tesis suele condensarse en la fórmula «es ego quien dice ego». El yo se identifica por el acto de enunciación y obtiene su referencia sin descripción externa. Quien habla no necesita llamarse por su nombre ni describirse, porque la primera persona realiza una autoindicación formal que dota al lenguaje de un mecanismo reflexivo.
Como el yo existe discursivamente frente a un tú, Benveniste sitúa la intersubjetividad en el centro del lenguaje. La comunicación, además de transmitir información, establece posiciones entre los participantes. Cada acto puede reconocer, convocar o excluir interlocutores, relaciones para las que la gramática de persona es una infraestructura.
Deixis, centro deíctico y tiempo lingüístico
Los pronombres personales pertenecen a una familia más amplia de expresiones deícticas, como aquí, ahora, hoy, mañana, este y ese, cuya referencia depende de la situación de enunciación (Lyons, 1977). El hablante es un centro deíctico desde el que se organizan persona, espacio y tiempo. Aquí no designa un lugar fijo, porque su referente es un espacio definido respecto de la instancia de enunciación. Cuando una persona cambia de habitación y vuelve a decir aquí, el signo mantiene su función con un referente distinto y la interpretación necesita conocer la situación.
Ahora tiene una estructura semejante y no designa un intervalo cronológico único, porque se ancla en el momento de la enunciación. Pronunciada cinco minutos después, la misma expresión recibe otro valor temporal. La lengua dispone así de formas cuyo contenido depende constitutivamente del acontecimiento discursivo. Hoy, ayer y mañana crean una temporalidad egocéntrica en la que hoy es el día que contiene la enunciación, ayer el día anterior y mañana el siguiente, todos calculados desde el presente del hablante. Las fechas calendáricas como 6 de octubre de 2026 contrastan con ellas porque conservan la misma referencia entre enunciaciones distintas.
Benveniste dedicó al tiempo una atención especial. El tiempo vivido y el tiempo físico no coinciden por completo con el tiempo lingüístico, que la lengua organiza alrededor del presente de la enunciación y respecto del cual se sitúan el pasado y el futuro. Ese presente es el momento renovado en que el hablante habla, algo distinto de una simple posición en una línea cronológica. Cada vez que alguien dice ahora instituye un nuevo ahora y el presente lingüístico se regenera en cada acto. Esta propiedad conecta temporalidad y subjetividad, porque la enunciación produce un centro desde el que el tiempo adquiere organización discursiva. En el análisis narrativo habrá que distinguir después el tiempo de la narración del tiempo de los acontecimientos.
Índices de enunciación, Peirce y Jakobson
Las formas ligadas al acto de habla, como pronombres, demostrativos, adverbios temporales y tiempos verbales, se consideran índices de enunciación. No se limitan a describir objetos, porque conectan el enunciado con su situación de producción. Esta propiedad aproxima algunos aspectos de Benveniste a la indexicalidad estudiada en filosofía del lenguaje, aunque las tradiciones no son idénticas.
La palabra índice puede recordar la semiótica de Peirce. Existe cierta afinidad, dado que los deícticos mantienen una relación con la situación. Benveniste, sin embargo, no aplica sin más la clasificación peirceana, porque su preocupación se centra en cómo la lengua construye posiciones de subjetividad y referencia dentro de la enunciación. La similitud terminológica no debe borrar la diferencia teórica.
Roman Jakobson (1957) llamó shifters a las formas cuyo referente cambia con la situación, de las que los pronombres personales son ejemplos paradigmáticos. Su discusión dialoga con Benveniste y con trabajos anteriores de Otto Jespersen. La tradición lingüística convergió así en reconocer una clase de expresiones que no se interpretan sin conocer parámetros de la emisión.
Empleo de las formas y aparato formal de la enunciación
Benveniste distingue el sistema abstracto de la lengua del empleo de las formas. Aunque una gramática describa pronombres y tiempos, eso no explica cómo un hablante los moviliza en discurso. La enunciación convierte posibilidades paradigmáticas en una instancia concreta y el estudio del lenguaje necesita, por tanto, una teoría del acto de uso.
En «L’appareil formel de l’énonciation», Benveniste (1974) intenta sistematizar los mecanismos lingüísticos que se movilizan cuando alguien habla. La enunciación introduce un locutor, un alocutario, una referencia, una temporalidad, formas de persona, modalidades y actitudes. El aparato se distribuye por diferentes sistemas de la lengua y no existe una marca única que señale esto es una enunciación.
El locutor es quien asume la posición de productor del discurso y el alocutario, aquel a quien se dirige. La enunciación crea una relación e incluso un monólogo puede construirse respecto de un destinatario real, imaginado o internalizado. Una carta conserva la estructura yo-tú aunque los participantes no estén copresentes, porque la situación de interlocución puede diferirse. La teoría abarca también el texto escrito, que contiene huellas de enunciación como En este artículo sostenemos…, Como mostraré más adelante… o Estimado lector…, con las que el escritor construye una posición y un destinatario. La falta de copresencia modifica la deixis sin que el aparato enunciativo deje de funcionar.
Historia, discurso y objetividad científica
Benveniste formuló una distinción influyente entre historia y discurso (Benveniste, 1966; Maingueneau, 1994). En el modo de historia los acontecimientos parecen presentarse sin referencia explícita al acto de enunciación, mientras que en el discurso la presencia del hablante y del interlocutor es más visible. La oposición influyó enormemente en la narratología. Su terminología procede sobre todo del análisis de los tiempos verbales en francés y no debe universalizarse sin cautela a todas las lenguas.
Una narración como Napoleón entró en la ciudad. El ejército lo siguió prescinde de yo, tú, aquí y ahora. En ella los acontecimientos parecen hablar por sí mismos, apariencia que, según muestra Benveniste, es producto de recursos gramaticales. La ausencia de marcas explícitas de enunciación es también una opción discursiva y la objetividad textual puede construirse. La frase Hoy quiero contarles por qué Napoleón entró en la ciudad hace visible, en cambio, la situación, porque hoy depende del momento, quiero introduce la primera persona y les construye destinatarios. La enunciación se inscribe directamente en el enunciado. La diferencia entre las dos versiones no se limita al contenido factual, porque cambia la relación entre texto y situación.
La ciencia ha usado tradicionalmente recursos de impersonalización, como Se observó un aumento o Los datos fueron analizados. La voz pasiva puede ocultar al agente y presentar el hallazgo como independiente del investigador. Ese efecto puede ser funcional y también borrar decisiones metodológicas. La teoría de la enunciación ayuda a preguntar quién afirma, desde qué posición y con qué grado de compromiso. El uso de nosotros en artículos científicos ha aumentado en muchas disciplinas, con fórmulas como Encontramos que… o Proponemos… que hacen visible la autoría del acto epistémico. La forma personal no significa subjetivismo y puede mejorar la trazabilidad. La elección entre forma personal e impersonal distribuye de manera distinta la responsabilidad enunciativa.
Modalidad, aserción, interrogación y orden
La enunciación incluye también la posición del hablante respecto de lo que dice. Formas como Es cierto que…, Probablemente…, Creo que… o Debe ser… expresan grados de compromiso, evaluación y modalidad, con lo que el enunciado contiene contenido proposicional y postura. La subjetividad lingüística no se limita al pronombre yo y se distribuye en numerosos recursos.
Benveniste distingue funciones con las que el locutor actúa sobre el interlocutor y que hacen de la enunciación también una acción. Una aserción establece una posición, una pregunta solicita respuesta y una orden orienta la conducta. Aquí la teoría se aproxima a problemas de Austin y del análisis de conversación, aunque las tradiciones surgieron por caminos diferentes.
Persona gramatical, persona social y formas de nosotros
La categoría lingüística de persona no debe confundirse con la identidad social completa. Decir yo no expresa por sí solo género, profesión, edad o posición institucional, identidades que pueden aparecer mediante otros signos. La primera persona crea un centro enunciativo y la persona social se construye con recursos mucho más amplios. La teoría de Benveniste es básica, aunque no exhaustiva.
Muchas lenguas distinguen formas de nosotros que incluyen o excluyen al interlocutor, oposición que el español estándar no gramaticaliza de la misma manera. La variación tipológica muestra que los sistemas de persona pueden codificar relaciones más complejas que la tríada simple yo-tú-él. La teoría general debe incorporar esa diversidad lingüística y la intuición relacional de Benveniste sigue siendo útil.
Nosotros tampoco es simplemente el plural de yo, porque dos personas no pueden pronunciar simultáneamente yo para producir automáticamente nosotros. El pronombre incluye al locutor y agrega otros participantes, en combinaciones como yo + tú, yo + él, yo + ustedes o yo + ellos. Como la composición depende del contexto, las categorías de persona vuelven a mostrarse distintas de los nombres.
Las instituciones usan nosotros de manera estratégica, en frases como Nos preocupamos por nuestros pacientes o Creemos en la innovación. El pronombre puede construir una voz colectiva aunque no todos los miembros hayan participado necesariamente en la enunciación. Un portavoz ocupa el lugar de la institución y la gramática permite producir un sujeto colectivo discursivo. Nosotros puede designar al equipo en un artículo de autoría múltiple, usarse como plural académico en un texto de autor único o incluir al lector, como en Veamos ahora…. Como cada uso organiza relaciones distintas, la forma superficial no basta y la referencia y la función deben inferirse del género y del contexto.
Tú genérico, uno, discurso referido y cambio de centro
La segunda persona también puede perder una referencia individual concreta. Cuando llegas tarde, tienes que explicar por qué puede describir una situación general, en la que tú opera casi como una forma impersonal. Esta extensión muestra que los pronombres pueden desarrollar usos que exceden el esquema prototípico. Las categorías de Benveniste son un punto de partida y el uso real requiere un análisis más fino.
El español dispone además de uno como recurso de impersonalización, con el que el hablante puede incluirse sin decir yo, como en Uno nunca sabe. La elección modifica la responsabilidad enunciativa, porque Yo no sé es más localizada y Uno nunca sabe generaliza. El aparato de la enunciación permite distribuir la subjetividad en grados diferentes.
Cuando alguien dice María dijo: «Yo volveré mañana», aparecen dos centros de enunciación. El yo de la cita corresponde a María y mañana se interpreta respecto de su momento de habla original. Si el enunciado se transforma en María dijo que volvería al día siguiente, los deícticos se reajustan. El discurso referido hace visible la dependencia de las expresiones respecto de centros enunciativos. Esta transformación se denomina en otras tradiciones deictic shift. La narración puede desplazar temporalmente el centro hacia un personaje y el lector interpreta aquí y ahora desde otra perspectiva. Benveniste proporciona una base lingüística para comprender estos desplazamientos, centrales en la narrativa.
Subjetividad, estilo y evaluación
La presencia de un hablante puede marcarse sin primera persona, mediante adjetivos evaluativos, modalizadores, selección léxica, orden de la información o ironía (Kerbrat-Orecchioni, 1980). La enunciación deja múltiples huellas y una frase en apariencia impersonal puede estar cargada de posición, de modo que subjetividad y primera persona no son equivalentes.
En Evidentemente, el tratamiento fracasó, el adverbio evidentemente introduce una evaluación del hablante sobre el estatuto epistémico de la proposición y puede presionar al lector a tratarla como obvia. Eliminar el adverbio cambia la postura, porque la enunciación incluye la manera en que el hablante sitúa su afirmación respecto de las alternativas.
Enunciación en la práctica clínica
Cuando un paciente dice Yo siento que me observan, el pronombre y el verbo importan, porque la formulación puede presentar una experiencia subjetiva. Transformarla en Lo observan elimina el marcador de perspectiva. La documentación clínica debe conservar las diferencias entre experiencia, creencia y afirmación factual, capas que la teoría de la enunciación ayuda a identificar.
La fuente también aparece mediante marcas enunciativas. Me dijeron que el médico quiere hospitalizarme reporta discurso ajeno y no tiene la misma fuente que El médico quiere hospitalizarme, que puede interpretarse como conocimiento directo. Eliminar la fuente fortalece injustificadamente el compromiso y la trazabilidad documental depende de mantener estas marcas. Entre Parece que no funcionó y No funcionó el contenido básico es semejante, pero la segunda versión elimina una modalidad y cambia el grado de compromiso. En una ficha o un resumen automatizado, perder estos operadores puede transformar hipótesis en hechos, consecuencia epistémica de la enunciación.
El clínico también ocupa una posición, porque no es un observador externo al discurso y su enunciación organiza opciones de respuesta. Una pregunta como ¿Desde cuándo sabe que lo persiguen? construye una presuposición y otra como ¿Qué le hace pensar que podría estar siendo perseguido? construye otra relación. La forma de preguntar participa en la producción del dato.
Las alteraciones en el uso de pronombres se han estudiado en diferentes condiciones clínicas, pero debe evitarse la sobreinterpretación. La frecuencia de yo varía según género, tema, personalidad y contexto. Un patrón lingüístico aislado no es un diagnóstico. La teoría de Benveniste explica el funcionamiento de la persona, en tanto que la psicopatología requiere evidencia empírica independiente.
Autoría literaria y narrador
En una obra literaria el pronombre yo pertenece al narrador y no debe identificarse automáticamente con el autor biográfico. La distinción entre instancia enunciativa y persona real es necesaria. Cuando un novelista escribe Yo maté a mi hermano, la frase no es una confesión del autor, porque el género crea una instancia de voz.
La teoría de la enunciación prepara la narratología del narrador y la focalización. Un narrador puede estar presente como yo, mantenerse fuera de la historia o dirigirse directamente al lector y cada opción organiza la subjetividad.
Periodismo, instituciones, derecho y redes sociales
El periodismo tiende a regular la presencia del locutor. Una noticia puede evitar la primera persona, una columna la admite y una entrevista distribuye voces explícitamente. La ausencia de yo construye un efecto de impersonalidad sin eliminar la selección ni la perspectiva. El análisis debe distinguir la falta de una marca gramatical de la inexistencia de un punto de vista.
Las instituciones producen enunciados sin un hablante individual visible, como Se informa que… o La institución ha decidido…, en los que la voz puede presentarse como colectiva o impersonal aunque alguien haya producido el texto. La enunciación institucional distribuye responsabilidad y un análisis crítico puede preguntar quién está autorizado para hablar en nombre del colectivo. En documentos jurídicos, formas como se resuelve, se declara y se ordena expresan actos institucionales en los que la persona gramatical puede borrarse sin que desaparezca la autoridad. La impersonalización puede reforzar la apariencia de que la decisión emana del sistema y de ningún individuo. La teoría de la enunciación ayuda a separar la forma lingüística de la estructura institucional.
Las plataformas digitales producen nuevas configuraciones de persona. Una cuenta puede representar a una persona, a una organización o a un personaje ficticio, el yo de una marca no corresponde a un individuo y hay usuarios que mantienen varios perfiles. La identidad enunciativa se vuelve parcialmente separable de la identidad biográfica y la infraestructura técnica participa en la construcción de la voz.
Sistemas conversacionales y yo artificial
Un sistema artificial puede decir Creo que…, Entiendo… o Puedo ayudarte…, expresiones que ocupan formalmente posiciones de primera persona. La cuestión es qué relación hay entre esa forma enunciativa y las capacidades reales del sistema. Benveniste explica cómo funciona yo lingüísticamente, pero no demuestra que todo usuario de yo tenga subjetividad fenomenológica. La distinción es necesaria para analizar la comunicación humano-IA.
Cuando un modelo dice yo, el pronombre identifica funcionalmente al emisor del turno. Eso basta para una referencia conversacional básica y no resuelve si existe un yo psicológico. La primera persona gramatical y la subjetividad fenomenológica son problemas diferentes y confundirlos produce antropomorfismo. La forma crea una posición de interlocución y deja la ontología del sistema para otra investigación.
Un asistente que dice Como te dije antes… construye continuidad enunciativa. El pronombre te mantiene al usuario como interlocutor y la referencia a un turno previo produce una identidad discursiva a través del tiempo. Esa continuidad puede implementarse técnicamente mediante memoria de contexto y no necesita equivaler a la memoria autobiográfica humana. La teoría de la enunciación permite describir la superficie funcional sin inferir de ella experiencia.
En sistemas con varias herramientas o agentes la primera persona puede volverse ambigua, porque bajo yo caben el modelo principal, la plataforma, una herramienta o la organización que provee el servicio. La interfaz puede condensar varias entidades bajo una única voz y la claridad enunciativa adquiere un valor ético, porque el usuario necesita saber quién afirma y quién actúa.
Cuando un texto generado con ayuda de IA dice En este artículo argumentamos…, queda por determinar a quién incluye nosotros, si a los autores humanos, al equipo completo o también al sistema. Las convenciones actuales de autoría científica tienden a reservar la autoría para agentes humanos responsables. La gramática admite una ambigüedad que corresponde resolver a las normas institucionales, porque la enunciación no decide por sí sola la responsabilidad.
Lengua, sujeto, sociedad y críticas a la teoría
Para Benveniste la subjetividad lingüística no es puramente individual. El sujeto solo puede decir yo porque existe un sistema social que le da esa posición y solo puede hacerlo frente a la posibilidad de un tú. La individualidad discursiva se construye dentro de una estructura compartida. La idea evita dos extremos, porque el sujeto no es una entidad completamente previa al lenguaje ni desaparece dentro del sistema y se actualiza en cada acto.
La teoría enfrenta varias críticas. La primera se refiere a su generalización tipológica, porque las lenguas organizan persona, deixis y tiempo de maneras muy diferentes. La segunda afecta a la relación entre lenguaje y subjetividad, porque el hecho de que la lengua exprese subjetividad no demuestra que esta quede enteramente constituida por ella. La tercera se refiere a la tercera persona y a la noción de no-persona, demasiado fuerte para algunos sistemas. La cuarta es histórica, pues la teoría se construyó principalmente desde lenguas indoeuropeas y su universalidad necesita evaluación empírica.
Pese a esas críticas, varias intuiciones de Benveniste conservan su fuerza. La referencia de ciertas expresiones depende del acto de habla, la primera y la segunda persona forman una relación reversible, la enunciación crea un centro de persona, tiempo y espacio, la lengua contiene marcas de la posición del hablante y el enunciado no se comprende completamente separado de las condiciones de su producción. Estas ideas atraviesan hoy pragmática, análisis del discurso y narratología.
Un procedimiento de análisis enunciativo
Ante un enunciado hay que preguntar quién ocupa la posición de locutor, quién es construido como destinatario, qué pronombres indexan esas posiciones, qué expresiones dependen del aquí y el ahora, qué modalidad expresa el hablante, qué fuente tiene la información, qué marcas de evaluación aparecen y qué voces están citadas o reportadas. El análisis reconstruye así la situación inscrita en el texto.
Sea la nota Paciente refiere: «Siento que desde ayer me siguen». Señala que su hermana le dijo que podría tratarse de una impresión suya. En ella conviven tres voces, la de la nota profesional, la citada del paciente y la reportada de la hermana. El me de la cita se interpreta desde el paciente, desde ayer depende de su temporalidad, podría introduce modalidad y le dijo conserva la fuente. Reducir todo a Paciente perseguido desde ayer destruiría gran parte de esa arquitectura enunciativa y modificaría el contenido.
Benveniste muestra que la lengua contiene formas cuya función solo se realiza plenamente cuando alguien habla y la subjetividad lingüística emerge dentro de esa actualización. El paso siguiente es examinar la diferencia entre el producto y el acto, es decir, qué pertenece al enunciado, qué pertenece a la instancia que lo produce y cómo pueden los textos inscribir su propia situación de enunciación. La lectura Enunciado y enunciación examina directamente enunciado y enunciación y desarrolla la arquitectura que permitirá abordar después deixis, embrague, perspectiva, polifonía y voces, bloque para el que Benveniste proporciona la base.
Referencias
Benveniste, É. (1966). Problèmes de linguistique générale (Vol. 1). Gallimard.
Benveniste, É. (1971). Problems in general linguistics (M. E. Meek, Trad.). University of Miami Press.
Benveniste, É. (1974). Problèmes de linguistique générale (Vol. 2). Gallimard.
Benveniste, É. (2014). Dernières leçons: Collège de France 1968 et 1969 (J.-C. Coquet e I. Fenoglio, Eds.). EHESS/Gallimard/Seuil.
Jakobson, R. (1957). Shifters, verbal categories, and the Russian verb. Harvard University.
Kerbrat-Orecchioni, C. (1980). L’énonciation: De la subjectivité dans le langage. Armand Colin.
Lyons, J. (1977). Semantics (Vols. 1-2). Cambridge University Press.
Maingueneau, D. (1994). L’énonciation en linguistique française. Hachette.
Normand, C. (1986). Les termes de l’énonciation de Benveniste. Histoire Épistémologie Langage, 8(2), 191-206.