Cuando un signo dice más de una cosa
Una fotografía publicitaria muestra un paquete de pasta, tomates, pimientos y una red de compras parcialmente abierta. En un primer nivel parece comunicar objetos reconocibles, como unos alimentos, ciertos colores, un envase y una disposición visual. La misma imagen puede sugerir también frescura, abundancia, cocina casera, italianidad o cierta idea de vida mediterránea, significados que no necesitan estar escritos y forman un segundo conjunto que se apoya en el primero y lo reorganiza.
Roland Barthes hizo de este desplazamiento uno de los problemas centrales de la semiótica cultural del siglo XX. Una imagen, una palabra, una prenda de vestir o un relato pueden participar simultáneamente en varios niveles de significación. El primero presenta lo que parece más inmediato y el segundo usa esa significación como materia para construir otras asociaciones históricas y culturales. La distinción suele resumirse con dos términos, denotación y connotación. La oposición es útil, aunque engaña si se la presenta como la separación entre un significado completamente objetivo y otro puramente subjetivo, porque en Barthes incluso lo que parece natural o literal puede estar organizado por códigos. La importancia de la connotación reside en mostrar cómo una cultura transforma construcciones históricas en evidencias de apariencia natural.
La teoría alcanza su forma más influyente cuando Barthes analiza el mito. Para él la palabra designa, además de un relato sobre dioses o héroes, un mecanismo semiótico por el que un signo ya formado pasa a ser significante de una segunda estructura. El mito toma materiales históricos y los hace pasar por obvios, necesarios o naturales.
Roland Barthes y el desplazamiento hacia la cultura
Roland Barthes nació en 1915 y desarrolló una obra que atravesó varias etapas difíciles de reducir a una doctrina única (Moriarty, 1991; Stafford, 2015). En sus trabajos de las décadas de 1950 y 1960 recibió la influencia del estructuralismo, de Ferdinand de Saussure, de Louis Hjelmslev y de la antropología estructural, mientras que más tarde se ocupó de los problemas del texto, el placer, la escritura, la autoría, la lectura y la fotografía (Barthes, 1980). La trayectoria importa porque los conceptos de denotación, connotación y mito pertenecen sobre todo a una fase de su trabajo y no deben proyectarse sin más sobre su obra posterior.
En Mythologies, Barthes (1957) examinó fenómenos de la cultura francesa contemporánea, entre ellos la publicidad, la lucha libre, los automóviles, el cine, los juguetes, los alimentos, el turismo y los discursos políticos. La elección de esos objetos tenía peso metodológico, porque la semiótica podía estudiar también lo que parecía trivial y la cultura cotidiana estaba llena de signos.
De Saussure a Barthes y la influencia de Hjelmslev
Saussure había descrito el signo lingüístico como la unión de un significante y un significado. La secuencia sonora o gráfica árbol es el significante, el concepto asociado es el significado y la unidad resultante es el signo. Barthes conserva esta arquitectura como punto de partida y la extiende a sistemas culturales más amplios, en los que una fotografía, una prenda, un plato o un automóvil se convierten en vehículos de significación. Al usar herramientas lingüísticas para investigar esos otros dominios, sin suponer que todos funcionen exactamente como una lengua natural, Barthes participa en el proyecto semiológico que Saussure había imaginado.
La distinción entre denotación y connotación gana precisión gracias al lingüista danés Louis Hjelmslev (1961), que distinguió el plano de la expresión y el plano del contenido. Un sistema semiótico ordinario relaciona una forma de la expresión con una forma del contenido. En un sistema connotativo, un sistema semiótico completo puede ocupar el plano de la expresión de un segundo sistema. En el primer sistema, una expresión₁ se relaciona con un contenido₁ y ambos forman el signo₁. En el segundo, ese signo₁ entero ocupa el lugar de la expresión₂ y se relaciona con un nuevo contenido₂. La connotación reutiliza una relación semiótica ya constituida para producir otra, operación distinta de añadir una emoción alrededor de una palabra. Barthes hará de esta arquitectura la base de su propia teoría (Barthes, 1964a).
Denotación, connotación y efecto de naturalidad
En una formulación introductoria, la denotación es el nivel relativamente inmediato de significación. Una fotografía de un tomate denota un tomate, mientras que la palabra perro o una señal gráfica denotan, respectivamente, cierta clase de animales y una acción específica dentro de un código. Este nivel suele presentarse como literal y la dificultad comienza al preguntar qué significa exactamente literal. Reconocer que una fotografía muestra un tomate requiere ya capacidades perceptivas, categorías culturales y conocimiento de la representación fotográfica. Identificar una escena depende de convenciones. De ahí que Barthes terminara por problematizar la idea de una denotación totalmente pura, pues la denotación puede ser un efecto de naturalidad.
La connotación aparece cuando el signo denotativo pasa a sostener significados adicionales. Un automóvil puede denotar un modelo específico y connotar también lujo, velocidad, juventud, masculinidad, innovación o estatus. Lo mismo ocurre con una bata blanca, que denota una prenda y connota ciencia, higiene, medicina o autoridad profesional. Las connotaciones dependen de códigos culturales y no son propiedades físicas inevitables de los objetos. Un color puede asociarse con el luto en una comunidad y con otras funciones rituales en otra. El análisis semiótico debe reconstruir esas asociaciones sin darlas por universales.
Supóngase que una persona asocia el olor del café con su abuela, con quien lo tomaba durante la infancia. La asociación es psicológicamente real, aunque no es necesariamente una connotación cultural pertinente en sentido semiológico. Una connotación analizable tiene que circular socialmente en algún grado, sea en un grupo pequeño, en una generación, en una profesión o en una comunidad particular, sin necesidad de ser universal. La diferencia tiene alcance metodológico. La semiología cultural intenta describir sistemas compartidos y deja de lado la enumeración ilimitada de asociaciones privadas.
Las connotaciones más poderosas pueden dejar de sentirse como connotaciones. Una fotografía institucional de un médico con bata blanca, estetoscopio y postura segura parece simplemente la imagen de un médico, aunque su composición selecciona atributos que condensan autoridad, competencia y legitimidad. La cultura ha naturalizado el código. El observador puede no experimentar ninguna inferencia consciente y por eso mismo el código funciona. Una construcción histórica adquiere la apariencia de una evidencia inmediata, transformación de la que depende la comprensión del mito.
Fotografía, paradoja fotográfica y procedimientos de connotación
Barthes dedicó especial atención a la fotografía y en «Le message photographique» propuso la conocida idea de una paradoja fotográfica (Barthes, 1977). La fotografía parece contener un mensaje sin código porque mantiene una relación analógica con lo fotografiado. Para reconocer que la fotografía de una casa representa una casa no hace falta aprender una gramática completa. Al mismo tiempo, la fotografía periodística está intensamente codificada. El fotógrafo selecciona el encuadre, la institución escoge la imagen, la edición modifica el contraste y el tamaño, el pie de foto orienta la interpretación y la ubicación en una página crea relaciones con otros textos. La aparente transparencia de la fotografía convive con una enorme producción cultural de significado.
Barthes describió varios procedimientos por los que la fotografía adquiere connotaciones. Unos pertenecen a la producción. Una pose corporal puede sugerir dignidad, derrota o desafío y los objetos que rodean al sujeto pueden activar asociaciones. La composición permite jerarquizar elementos y la iluminación sirve para dramatizar. Otros dependen de la relación con textos. Un mismo rostro entra en marcos interpretativos diferentes según lo acompañe la palabra acusado, testigo o víctima, porque el pie de foto nombra lo visible y puede dirigir la lectura.
Anclaje y relevo
En «Rhétorique de l'image», Barthes (1964b) analiza la relación entre imagen y lenguaje y propone uno de sus conceptos más conocidos, el de anclaje. Las imágenes tienen cierta polisemia y activan varias cadenas de significados posibles, apertura que el texto puede restringir. Cuando un anuncio muestra un paisaje ambiguo acompañado de una frase que indica cómo interpretarlo, el lenguaje selecciona algunos significados y reduce otros. La función de anclaje pesa sobre todo en la publicidad, el periodismo y la comunicación política, donde la imagen parece abierta y el texto intenta controlar su lectura.
Barthes distingue el anclaje del relevo, en el que texto e imagen aportan informaciones complementarias sin repetirse. En los cómics, un ejemplo sencillo, la imagen muestra acciones o situaciones, los globos de diálogo introducen información que no está codificada visualmente y el significado surge de la cooperación entre ambos modos. La relación entre lenguaje e imagen no debe reducirse, por tanto, a que uno explique al otro, porque ambos pueden repartirse el trabajo semiótico.
El anuncio de Panzani y el problema de la italianidad
El análisis de un anuncio de Panzani es uno de los ejemplos clásicos de Barthes (1964b). En la imagen, que mostraba paquetes de pasta, productos frescos y una bolsa de compras, Barthes identificó varios mensajes. Las etiquetas contenían un mensaje lingüístico, los objetos que aparecían en la imagen formaban un mensaje icónico denotado y había también un mensaje icónico connotado. Los colores verde, blanco y rojo, el nombre Panzani y los productos podían sugerir italianidad. La disposición de alimentos frescos alrededor de productos envasados podía construir una asociación entre industria y naturalidad y la bolsa abierta podía evocar la llegada reciente del mercado. El análisis muestra cómo un anuncio produce un mundo cultural con recursos aparentemente simples.
La interpretación de Barthes ha sido criticada porque algunas de sus connotaciones dependen de una posición cultural particular. La italianidad de ciertos colores o alimentos no es una propiedad universal y vale para ciertos públicos y contextos. La crítica deja en pie el análisis y obliga a especificar el intérprete cultural implícito. Toda reconstrucción de connotaciones debería preguntarse para quién valen, en qué época y dentro de qué repertorio cultural. Una connotación sin una comunidad interpretativa definida corre el riesgo de convertirse en una intuición del analista.
Del signo al mito y el soldado de la portada
El mito barthesiano usa la misma estructura de segundo orden, en la que el signo completo del primer sistema se convierte en significante del segundo. Esquemáticamente, un significante₁ y un significado₁ forman en el primer sistema un signo₁. En el sistema mítico ese signo₁ pasa a ser un significante₂, que se une a un significado₂ para dar el signo mítico. El primer significado no desaparece y se vuelve forma para otra significación, de modo que el mito se alimenta de signos ya existentes.
Uno de los ejemplos más conocidos de Mythologies es una portada de Paris Match que mostraba a un joven soldado negro saludando a la bandera francesa. En el primer nivel hay una escena concreta, un soldado que hace un gesto determinado. En el segundo, según Barthes, la imagen puede significar una Francia imperial armoniosa, integradora y legítima. El acontecimiento particular se convierte en material de una afirmación ideológica más amplia. Sin necesidad de formular explícitamente que el imperio francés es justo, la imagen naturaliza esa lectura.
Forma, sentido, concepto y significación del mito
Barthes introduce aquí una distinción sutil. El signo del primer sistema tiene ya un sentido. Cuando entra en el mito, ese signo se vacía parcialmente y se convierte en forma, aunque no pierde por completo su contenido histórico y lo mantiene disponible de manera debilitada. La fotografía sigue mostrando a una persona específica y esa especificidad se vuelve, al mismo tiempo, soporte de un concepto más amplio. El mito oscila entre ambos niveles y necesita la materialidad histórica del signo inicial para dar apariencia concreta a su mensaje.
El segundo componente es el concepto, que organiza una interpretación cultural amplia, sea patriotismo, normalidad, familia, progreso, masculinidad, eficiencia, tradición u otra categoría. El concepto, que no es necesariamente una palabra pronunciada, es la matriz conceptual que orienta el sentido del signo mítico. Una misma forma puede ponerse al servicio de conceptos distintos y un mismo concepto, materializarse en múltiples signos.
La unión de forma y concepto produce la significación del mito, cuyo resultado parece mostrar el concepto como una propiedad natural del objeto. Una determinada organización familiar puede presentarse como la familia, una preferencia estética histórica como buen gusto y una distribución social del trabajo como consecuencia de características naturales. Que el mito transforma contingencias históricas en evidencias es una de las principales tesis políticas de Barthes.
El mito como habla y la historia convertida en naturaleza
Barthes afirma que el mito es un tipo de habla, sin restringir con ello el término a la expresión oral. Una fotografía, una película, un objeto, una ceremonia o una noticia pueden funcionar míticamente. Algo puede convertirse en habla mítica siempre que pueda significar y un discurso se lo apropie. Como función semiótica, el mito no es una sustancia. Ningún objeto es mítico por esencia y lo que existe son usos míticos.
Barthes resume una operación central del mito como la transformación de la historia en naturaleza. Una estructura que surgió en condiciones concretas se presenta como espontánea, necesaria o eterna. El análisis mítico realiza la operación inversa y devuelve historicidad preguntando cómo apareció la categoría, quién la produce, qué alternativas excluye y qué instituciones la sostienen. Desnaturalizar es mostrar que algo podría haberse organizado de otro modo, sin afirmar que todo sea falso.
Mito, ideología e inocencia aparente
El mito se relaciona con la ideología porque puede ocultar la contingencia de las relaciones sociales. Barthes escribió Mythologies en un contexto político específico y dirigió su crítica sobre todo contra los mitos de la burguesía francesa. No debe concluirse que todo mito sea una mentira diseñada deliberadamente por una clase social. El mecanismo no necesita una conspiración consciente para operar. Las personas reproducen categorías naturalizadas porque forman parte de sus códigos cotidianos y la ideología puede funcionar mediante la normalidad.
Un mito eficaz rara vez se anuncia con una frase como voy a convencerte de una posición ideológica. Aparece como una descripción sencilla del tipo Así son las cosas, Así funciona la gente o Esto es sentido común. La ausencia aparente de argumentación aumenta su fuerza, porque una afirmación que se percibe como natural deja de parecer una tesis necesitada de justificación. La semiología muestra que la ausencia de debate puede ser el producto de una operación de significación.
La fotografía del soldado sigue siendo la fotografía de un soldado y el anuncio de un automóvil sigue mostrando un automóvil. El mito necesita esa base, porque si el primer significado desapareciera por completo la naturalización perdería su soporte. La relación entre los niveles es parasitaria y el segundo sistema usa la credibilidad perceptiva o lingüística del primero. Esta estructura explica por qué una crítica del mito tiene que ir más allá de decir que la imagen es falsa. La imagen puede ser perfectamente verdadera en el nivel denotativo y producir una lectura ideológica en el nivel connotativo.
Publicidad, objetos cotidianos y moda
En la publicidad, dominio particularmente fértil, una bebida puede presentarse como libertad, un banco como confianza, un automóvil como autonomía y una marca tecnológica como creatividad. La relación rara vez es deductiva y el producto aparece rodeado de signos capaces de transferir valores. La eficacia semiótica no exige credulidad literal y los consumidores pueden reconocer perfectamente el carácter comercial y seguir respondiendo a sus connotaciones.
Barthes analizó objetos como el Citroën DS, los detergentes o los juguetes preguntándose qué mundo cultural construía cada uno. Un automóvil puede ser máquina y símbolo de modernidad, un detergente, inscribirse en una narrativa de pureza y un juguete, anticipar roles sociales adultos. Los objetos materiales participan en discursos y la semiología cultural extiende así el análisis más allá de los textos explícitos.
En Système de la mode, Barthes (1967) llevó el análisis estructural al lenguaje de la moda. La ropa tiene materialidad física, aunque buena parte del sistema de la moda circula mediante descripciones, revistas y categorías. Una prenda puede adquirir significado porque se presenta como elegante, juvenil, formal o estacional. La moda muestra con especial claridad cómo las diferencias se producen dentro de sistemas. Un detalle vale porque contrasta con otros y el análisis enlaza así con la noción saussureana de valor.
Clínica, mitos en salud y naturalización científica
Una ficha clínica puede contener términos que parecen puramente denotativos y transportan connotaciones, como paciente difícil, poco colaborador o demandante. Cada expresión puede pretender resumir conductas y también activar evaluaciones sobre la personalidad, la legitimidad y la relación profesional. La connotación importa porque afecta a los lectores posteriores y la elección léxica no es neutral. Una descripción más específica, como solicita reiteradamente cambios de indicación y eleva el tono de voz al recibir límites, distribuye de otro modo las inferencias.
La salud pública está atravesada por mitos en el sentido cultural amplio, como La persona fuerte supera sola sus problemas, Lo natural es seguro, La medicación cambia quién eres o La salud depende únicamente de disciplina personal. Algunas de estas afirmaciones pueden contener fragmentos de experiencias reales. El mecanismo mítico aparece cuando se transforman en explicaciones naturales y universales que ocultan la historia, las probabilidades, las condiciones sociales o los mecanismos biológicos. Analizar el mito consiste en reconstruir cómo una creencia se volvió obvia, tarea que va más allá de llamarla falsa.
La ciencia puede desnaturalizar mitos y también producir sus propias naturalizaciones cuando categorías históricas se presentan como entidades completamente evidentes. Una clasificación puede adquirir tal estabilidad institucional que sus fronteras parezcan existir exactamente del mismo modo en la naturaleza. La utilidad de una categoría no demuestra que esta sea una clase natural homogénea. La crítica semiológica invita a distinguir la existencia de los fenómenos, la estructura de una clasificación y la naturalización de esa clasificación.
Periodismo y redes sociales
La oposición entre denotación y connotación sigue siendo útil para analizar noticias visuales. Una fotografía puede registrar realmente a una persona que levanta el brazo. Según el encuadre aparecerá aislada frente a una multitud y según el titular la acción quedará anclada como triunfo, desafío o desesperación. Nada de esto exige manipular digitalmente la imagen. La selección ya construye significado y la objetividad periodística necesita considerar también esos niveles.
Las redes sociales intensifican el problema. Una fotografía circula fuera de su contexto, un texto breve la ancla y otros usuarios agregan comentarios. La misma imagen puede ser resignificada repetidamente. Los memes funcionan muchas veces mediante connotaciones compartidas. En ellos el reconocimiento del formato aporta un segundo nivel que excede el contenido literal y una plantilla visual se convierte en código.
Inteligencia artificial, naturalización algorítmica y datos
Los sistemas generativos pueden reproducir las connotaciones presentes en sus datos de entrenamiento. Una solicitud para representar a un científico puede producir sistemáticamente determinados rasgos de edad, género, vestuario o entorno. La imagen denota a una persona que realiza cierta actividad y la recurrencia puede connotar una idea social de quién parece científico. El problema no requiere que el sistema tenga una ideología consciente, porque los patrones culturales son estadísticamente reproducibles. La teoría de Barthes permite analizar el resultado sin antropomorfizar el mecanismo.
Hay además una forma nueva de naturalización, en la que una clasificación producida por un sistema puede presentarse como consecuencia objetiva de los datos. Una frase como El algoritmo determinó que… puede ocultar decisiones previas sobre las variables, las etiquetas, la población, la función de pérdida y los umbrales. Una construcción sociotécnica adquiere así la apariencia de un resultado natural. El mecanismo recuerda el mito barthesiano, ya que una historia de decisiones desaparece detrás de una salida presentada como evidencia directa.
La expresión los datos hablan por sí solos es un buen candidato para el análisis mítico. Los datos dependen de lo que se midió, los instrumentos de diseños, las categorías de definiciones y el análisis de modelos. Estas dependencias no vuelven arbitrarios los resultados e indican que entre el mundo y la afirmación hay una cadena de mediaciones. El mito consiste en borrar esa cadena y presentar la conclusión como si surgiera sin interpretación.
Autor, lector y texto plural
La obra posterior de Barthes desplazó parte de la atención desde los códigos hacia la productividad del texto y del lector. En «La mort de l'auteur» cuestionó la idea de que la intención autoral garantice el significado de un texto (Barthes, 1977). En S/Z, Barthes (1970) distinguió entre textos más cerrados y textos que invitan a una actividad productiva de lectura. Sin afirmar que cualquier interpretación sea válida, estas ideas muestran un alejamiento respecto de una semiología estructural demasiado rígida. El texto puede producir una pluralidad irreducible a un código único.
Hay, por tanto, una transformación dentro de Barthes. En la fase semiológica inicial el análisis reconstruye códigos y sistemas de segundo orden, en tanto que en los trabajos posteriores la escritura aparece como un campo de pluralidad, intertextualidad y placer. Las dos etapas no deben fundirse en una doctrina completamente uniforme. El Barthes de Mythologies y el de Le plaisir du texte (Barthes, 1973) comparten la preocupación por cómo se produce el significado, aunque cambian las herramientas y el tono filosófico.
Límites de la oposición y riesgo de sobreinterpretación
La oposición entre denotación y connotación tiene varios problemas. En primer lugar, puede sugerir que existe un nivel denotativo culturalmente neutro. Una misma interpretación puede ser, además, denotativa para una comunidad y connotativa para otra. Los niveles pueden multiplicarse cuando una connotación se convierte en soporte de otra. Por último, la reconstrucción de connotaciones depende de la evidencia sobre códigos compartidos. Al analista no le basta su parecer para declarar que una imagen connota poder, porque necesita contexto, recurrencias, textos relacionados o recepción.
La semiología cultural tiene una enorme capacidad para encontrar significado y esa fortaleza puede convertirse en debilidad. Una corbata roja admite lecturas como signo de autoridad, agresividad, pasión, partido político o simple preferencia estética. Sin evidencia contextual, la proliferación no tiene límite. El análisis tiene que diferenciar la posibilidad interpretativa de la interpretación culturalmente respaldada, distinción que exige demostrar la existencia del código.
Método para analizar una connotación y un mito
Para analizar una connotación cabe seguir un procedimiento simple. Primero se describe el soporte sin introducir evaluaciones innecesarias y después se identifica el nivel denotativo pertinente. A continuación se enumeran las asociaciones culturalmente disponibles. Cada asociación debe vincularse con evidencia, sea la recurrencia histórica, las convenciones de género, otros textos, las declaraciones institucionales o la recepción. Luego se examina qué asociaciones se naturalizan y, por último, se pregunta qué alternativas quedan ocultas. El método intenta contener la tendencia del análisis semiológico a volverse ilimitado.
Un mito se reconstruye en dos niveles. En el primero se pregunta qué signo ya constituido es el material del mito y en el segundo qué concepto cultural usa ese signo como forma. El análisis continúa preguntando qué historia se eliminó o simplificó para que la asociación parezca natural. También conviene identificar quién produce la representación, para qué público, en qué institución y con qué alternativas disponibles. El interés de la palabra mito, que no debe usarse como simple sinónimo de falsedad, reside en la estructura de naturalización.
Del mito a la enciclopedia
La teoría de Barthes explica con gran fuerza cómo los signos adquieren connotaciones culturales y cómo ciertas connotaciones pueden naturalizar ideologías. Queda por resolver cómo organiza un intérprete el vasto conocimiento cultural necesario para reconocer esas asociaciones, por qué una misma expresión activa algunos significados y no todos los posibles y cómo se limita una interpretación sin volver a un diccionario rígido. Umberto Eco desarrolló estas preguntas mediante las nociones de código, enciclopedia, lector modelo y cooperación interpretativa. La lectura Códigos, enciclopedia y cooperación interpretativa en Eco estudia ese paso desde la estructura del signo cultural hacia una teoría de la competencia interpretativa.
Referencias
Barthes, R. (1957). Mythologies. Éditions du Seuil.
Barthes, R. (1964a). Éléments de sémiologie. Communications, 4, 91-135.
Barthes, R. (1964b). Rhétorique de l’image. Communications, 4, 40-51.
Barthes, R. (1967). Système de la mode. Éditions du Seuil.
Barthes, R. (1970). S/Z. Éditions du Seuil.
Barthes, R. (1973). Le plaisir du texte. Éditions du Seuil.
Barthes, R. (1977). Image, music, text (S. Heath, Trad.). Fontana.
Barthes, R. (1980). La chambre claire: Note sur la photographie. Gallimard/Seuil.
Hjelmslev, L. (1961). Prolegomena to a theory of language (F. J. Whitfield, Trad.). University of Wisconsin Press.
Moriarty, M. (1991). Roland Barthes. Polity Press.
Stafford, A. (2015). Roland Barthes. Reaktion Books.